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Tuvo
que matar a dos guardias más con la Thomson y observó que al final de los
setos había un hombre
armado apostado a cada lado. Eliminó a ambos sin gran problema, ya que al
ser tan grandes, sus
disparos pasaban por encima de la cabeza de Carnby cuando este se acercaba a
ellos. Sin embargo
la puerta de la casa estaba cerrada, al igual que una que daba a otra parte
del jardín.
Volvió sobre sus pasos y observó en el camino dos estatuas de unas criaturas
indefinibles entre
las que había otra de un ancla, la cual empujó a un lado y pudo entrar entre
los setos. Avanzó
un poco y a su izquierda apreció un tipo al que mató y del que obtuvo una
foto que mostraba una
extraña pareja flanqueada por varios tipos curiosos. Retornó al camino de
los setos y llegó a
una bifurcación a la derecha donde había otro vigilante que al morir dejó un
cargador para la
Thomson y un frasco que Carnby bebió. En el suelo había un gran as de
diamantes junto al que
encontró una cuerda. Una vez más en el camino principal de los setos llegó a
una encrucijada.
Apareció un tipo al fondo y otro a la izquierda. Carnby los mató y del
segundo obtuvo un libro
que contaba la historia del pirata Jeremiah Johnson Tecker, mas conocido
como Pata Palo, que al
parecer se había unido a la tripulación de Jack el Tuerto en 1717.
En la encrucijada, teniendo a su espalda el paso de las estatuas, giró a la
izquierda, dejó
también a su izquierda un callejón sin salida y llegó a un lugar con cuatro
gigantescos ases de
póquer en el suelo. Aparecieron dos tipos más, uno por delante y otro por
detrás a los que tuvo
que liquidar. Cogió un garfio que había en el suelo y pisó el as de
diamantes, que resultó ser
una trampilla bajo la que se encontraba una gruta que se prolongaba a
izquierda y derecha. A la
derecha, y tras eliminar de un solo golpe a un gordinflón y coger del suelo
un cuaderno de notas
ilegible, empujó un baúl y provocó que surgiera del suelo un altar, y de la
nada un fantasma con
4 brazos que desapareció tras un certero puñetazo dejando un sable de
pirata. A la izquierda
había un frasco que bebió inmediatamente y otra trampilla, esta cerrada.
Salió de la gruta por
donde había entrado.
Retornó a la encrucijada. Sabía que un camino llevaba a la zona de los ases
y por el otro había
venido la primera vez. En esta ocasión fue hacia el camino de la derecha
(siendo el de la iz-
quierda el de los ases), llegó hasta el fondo, giró a su derecha y llegó a
un callejón sin
salida en que halló un cargador para la Thomson. Otra vez en la encrucijada
tomó el camino que
le quedaba. En el primer cruce giró a la derecha, en el segundo siguió recto
y en el tercero fue
a su izquierda, hasta dar con un tipo al que fulminó con la Thomson y que
soltó un frasco.
Siguió Carnby, pero unas ramas le impedían el paso, por lo que se abrió
camino con el sable de
pirata, resultando este roto, pero a pesar de ello pudo continuar. Estaba
llegando a una gran
estatua cuando salió a su encuentro un pirata que respondía a la descripción
del libro de Pata
Palo, que al morir tras varias ráfagas de la Thomson dejó una página de
periódico. Frente a la
estatua, que representaba un pirata entre dos seres alados, había otro
frasco. Usó el garfio
uniéndolo a la cuerda y lo lanzó hasta engancharlo en el brazo de la
estatua. Se abrió una
puerta y Carnby entró.
LOS SÓTANOS
La puerta resultó llevar a una gran cueva por la que Carnby rodó, lo que le
hizo perder su
armamento, que cayó al agua por un precipicio. En un puente de madera
encontró una palanca y un
poco más adelante una bolsa de papel. Se dio la vuelta y vio una moneda al
otro lado del puente,
la cogió, volvió a cruzarlo y tras avanzar encontró un cadáver que no era
otro que el de su
amigo Striker. Junto a él había un limpiador de pipas y el trozo de cuaderno
de notas que falta-
ba, que unió al que ya tenía y resultó ser una nota póstuma de Striker,
dándole consejos para
investigar por la casa. Se encontraba al lado de una puerta cerrada, bajo la
que Carnby introdu-
jo el papel de periódico y después metió el limpiador de pipas por la
cerradura para empujar la
llave y que cayera sobre el papel, con lo que pudo recogerla. Estudió más
detenidamente el papel
de periódico, que resulto ser un pacto con el diablo firmado por un tal Sean
O´Leary, quien por
lo visto era músico y había conseguido la inmortalidad gracias a él.
Finalmente abrió la puerta
y entró en la casa.
Estaba en sótano, que albergaba una bodega. Al fondo había un fortachón
sentado de espaldas con
una escopeta. Tras él había una palanca que haría que un gran barril
derribara al enemigo de
Carnby, pero como era complicado acertarle optó por matarle a golpes. No le
fue difícil arrin-
conarle contra la pared y acabar con él. Consiguió de él un frasco, una
escopeta y un libro que
contaba una de las oscuras hazañas de Jack el Tuerto. Introdujo en un reloj
la manivela que
había encontrado en el puente de madera y se abrió un pasadizo, en el que
encontró un libro
sobre O´Leary, una caja de cartuchos y un ascensor, en el que se introdujo y
subió.
Le estaba esperando un pirata sobre el que tuvo que vaciar la escopeta para
matarle y hacerse
con su garfio. Frente al ascensor había una puerta que cruzó. Había otra
puerta y unas escaleras
Cogió una pala de madera del suelo y abrió la puerta. Había dos tipos
practicando el tiro al
blanco, y sobre una mesa cartuchos para la escopeta que Carnby cogió para
aplicárselos al tira-
dor de camisa blanca, y después matar al otro de un solo golpe. Al fondo de
la sala había cuatro
cartas giratorias. Carnby observó que dándolas con el puño izquierdo golpes
consecutivos podía
pararlas en la posición que deseara. Cuando colocó en primer plano cuatro
ases de diamantes se
abrió una puerta y de ella salió un mafioso al que Carnby mató antes de
entrar. Allí encontró un
frasco, una botella de whisky y dos libros, el primero de los cuales hablaba
de billar y el
segundo de T. Bone, un cocinero pirata. Introdujo en una máquina de la pared
la moneda y ganó
dos fichas. Volvió a la sala de tiro y descubrió que había aparecido un
sujeto en paños menores
con un saco. Carnby lo mató, cogió su saco, lo abrió y encontró un traje de
Santa Claus que se
puso para disfrazarse. Finalmente subió las escaleras que había visto en la
sala de al lado.
LA MANSIÓN
Se encontraba en un gran vestíbulo por donde pasaba un cocinero enano al que
ignoró. Había una
puerta doble cerrada, que sin duda era la de la calle, unas escaleras y
otras puertas. También
vio una estatua armada con un tridente, por lo que procuró no ponerse frente
a ella, se acercó
por el lateral y cogió una corona. Después entró a la cocina pasando lo más
alejado posible de
la estatua, pegado a la puerta de enfrente, que estaba cerrada. Sobre una
mesa halló una sartén
y unos huevos fritos que se comió. Un cocinero le habló de vino y al poco
comenzó a atacarle con
una cerbatana, pero Carnby pudo despejar los disparos con la sartén y cuando
se quedó sin muni-
ción le liquidó con el mismo instrumento culinario. Cogió una botella de
vino, otra de veneno y
mezcló ambas. Salió de la cocina y puso el vino envenenado en la puerta que
había frente a la
estatua del tridente. Los tipos de dentro lo cogieron y salieron muriendo
allí mismo y dejando
la puerta abierta. Carnby entró e introdujo las fichas en la ranura de un
órgano. Una hizo apa-
recer un doblón y la otra abrió una puerta donde consiguió una Thomson, un
cargador y un chaleco
antibalas que se puso inmediatamente. Antes de buscar más en ese piso
decidió subir al de arriba
Con la Thomson liquidó a un gángster armado con dos pistolas y abrió una
puerta que había frente
a la escalera. Llegó a un pasillo en el que había una puerta a la izquierda,
otra enfrente y
otra a la derecha. En la izquierda había un cuarto de baño sin nada
interesante. Entró en la de
enfrente y un tipo que jugaba al billar le lanzó una pistola Derringer que
Carnby usó para
matarle, tras lo cual le quitó un bastón-espada. En una estantería cogió un
libro, que hablaba
de la tripulación del Tuerto, y un trozo de pergamino que parecía
interesante. Debía encontrar
el pedazo que faltaba. Volvió al pasillo y abrió la puerta que seguía
cerrada. Era un gran
dormitorio, y en un rincón había un pedestal protegido por dos brazos
fantasmales que manejaban
espadas. Carnby los eliminó con su baston-espada y pudo así hacerse con la
otra parte del perga-
mino, con lo que pudo leer un texto sobre una reina blanca y un amuleto en
una señal que abría
la puerta al espacio. Había por allí un busto de una mujer al que le puso la
corona para conver-
tirla en reina. A su derecha había otra habitación, una especie de
laboratorio. En el suelo vio
una señal y sobre él un amuleto que le hizo flotar en el aire y fue
transportado a otra estancia
Se encontraba en el piso más alto de la mansión. En un rincón había una nota
para Jack el Tuerto
notificándole que no quedaban bolas de Navidad. En otro rincón había un
frasco. Abrió una puerta
y girando a la izquierda cogió de un cofre un cargador y una Thomson, que
fue la que utilizó
para matar a un saltarín y a un mafioso que le atacaron, ya que la que tenía
previamente parecía
en mal estado. Del primero obtuvo un frasco y una granada, y del segundo una
llave. Entró en una
habitación sin puerta y usó el doblón en una caja con una cabeza sobre un
muelle, consiguiendo
así un pompón. Después, en la sala principal, abrió una puerta y por la
izquierda se acercó un
payaso con intenciones poco amistosas. Carnby lanzó el pompón a un pequeño
jardín lleno de
serpientes que había a la derecha y el payaso y los reptiles lo siguieron,
muriendo así el
primero. Tiró la granada por una chimenea que había en aquel jardín y Carnby
se dejó caer detrás
de ella cuando hubo explotado.
Había tres indeseables armados con metralletas a los que no fue fácil
eliminar. Después cogió
una bola del árbol de Navidad y subió a la sala de billar, donde introdujo
la bola en una gran
caja que había junto a la mesa de billar, lo que hizo correrse una
estantería tras la que había
una puerta, que Carnby abrió con la llave que había obtenido del mafioso del
piso de arriba. La
sala estaba oscura y alguien le agarró y le metió en una celda. Era Jack el
Tuerto, que estaba
con Grace. Antes de irse contó su historia. Jack había abordado el Flying
Duchtman y matado a su
capitán, el cual le había dicho que algún día moriría por su espada. Allí
conoció a Elisabeth,
que estaba presa, y con ella había firmado un pacto de inmortalidad. Carnby
pensó que debería
encontrar la espada del antiguo capitán para matar al Tuerto. Cuando se
fueron abrió la celda
con el garfio y les siguió. Bajó las escaleras y al pasar frente a la puerta
de la calle entró
Elisabeth, que usando un muñeco vudú le dejó fuera de combate.
GRACE
Carnby despertó encadenado en el barco, con Grace a su lado. Ahora tuvo que
oír la historia de
Elisabeth. Al parecer aprendió vudú 200 años atrás en Haití y tras ser
apresada por el ejército
y liberada por Jack, habían alcanzado la inmortalidad. Pero para mantenerla
era necesario sacri-
ficar a una niña pequeña cada 100 años y en esta ocasión Grace era la
elegida. Cuando Elisabeth
desapareció Carnby le dijo a Grace que fuera a buscar la llave de los
grilletes.
Grace empujó una tabla que había sobre la pared para salir del calabozo por
un agujero. Sobre
una mesa había unas semillas, pimienta y un sandwich. Le dio las semillas a
un loro y este le
dijo que había un bastón en el camarote de Jack, también le pidió que no
estornudara. En una
pared vio un mapa que mostraba una conexión entre el barco y la mansión.
Salió de allí y observó
a su derecha a un guardia, por lo que corrió a su izquierda y después giró a
la derecha hasta
esconderse en un hueco en la pared. Cuando pasó el guardia volvió hacia
puerta de donde ella
había salido, la dejó a su derecha y siguió hasta una escalera que había al
fondo, ignorando
otra que quedaba a la izquierda. Subió y apareció junto a otra escalera por
la que también trepó
Estaba en la cubierta exterior, que se encontraba plagada de piratas. La
mayoría de ellos esta-
ban borrachos. Solo presentaban peligro uno que tocaba el acordeón y otro
que bailaba. Grace fue
a su izquierda ocultándose sucesivamente tras un barril, una caja y otro
barril. Vio algo dorado
y brillante en el suelo junto a una trampilla y un barril más. Procurando
pasar inadvertida
cogió el objeto, que resultó ser un yesquero, y bajó por la trampilla.
Desgraciadamente la
cuerda cayó cuando ella ya estaba abajo. Tendría que buscar otro camino para
salir. Estaba en un
camarote. De un cofre sacó un cañón de juguete, en una estantería cogió un
vaso de cristal y
junto a una cama encontró el bastón del capitán Nichols. Colocó el cañón
frente a la puerta, lo
llenó con la pimienta, lanzó el vaso contra pared y entró un pirata. Grace
usó el yesquero para
encender el cañón y el pirata murió de un estornudo, dejando una campana.
Grace salió y se dirigió a la habitación de enfrente. Cogió una pata de
pollo de la mesa, hizo
sonar la campana y esto hizo que se abriera un conducto en la pared, por el
que llegó a la man-
sión. Apareció en la cocina. Junto al mueble de la derecha estaba la llave
que lo abría, y así
encontró un tarro de melaza y una nevera. Se dirigió al piso de arriba pero
antes de salir de la
cocina apareció un tipo. Grace vació la nevera en el suelo y puso el hielo
entre ella y su
atacante, con lo que este resbaló y murió. Por fin subió las escaleras,pero
había otro malhechor
por lo que echó la melaza en el suelo para que se quedara pegado y no la
molestara. Se dirigió a
la sala de billar y a la habitación secreta que junto a ella había. Allí
tuvo una visión y supo
que debía usar el bastón del capitán en el escritorio para obtener la llave
de los grilletes.
También se hizo con un libro que contaba las maravillas que podía hacer una
pata de pollo contra
el vudú. Después se encaminó al dormitorio que había en aquel mismo piso,
concretamente al labo-
ratorio contiguo, donde uso el bastón en la marca del suelo para convertirlo
en un bastón de Loa
Volvió al piso de abajo, y en la cocina había otro tipejo, que murió al
resbalar con el hielo.
Grace usó la campana para abrir el conducto de vuelta al barco. La estaban
esperando dos insig-
nificantes cocineros que la apresaron y la devolvieron a la celda.
EL BARCO
Carnby vio la llave que Grace había soltado y moviendo ambos brazos
alternativamente pudo hacer-
se con ella y soltarse. Mató a golpes al pirata que maltrataba a la pobre
Grace y se hizo con su
espada. Abrió la puerta,salió, mató a otro individuo con la espada y de él
consiguió una Thomson
Salió al corredor y, espada en mano, mató al guardia que circulaba por allí,
consiguiendo una
mecha y una pistola pirata. Había una puerta enfrente, donde entró, mató a
dos piratas y cogió
unos alicates de una mesa y un atizador de un horno. En un rincón encontró
una llave bastante
útil. Salió, enfrente tenía dos puertas. De una había salido, la otra se
abría con la llave útil
Tras ella le esperaba un tipo bastante elegante y hábil con la espada. Se
encontraba en la Santa
Bárbara, y no era buena idea usar armas de fuego, ya que todo saltaría por
los aires. Por suerte
Carnby era experto en esgrima. El pirata a su muerte dejó un barril de
pólvora y un libro que
hablaba de un tal Danny Boy, quien había hecho volar un gran barco. Salió de
allí y fue por el
pasillo hacia la derecha, hasta llegar a dos puertas. En la de su derecha le
atacó un tipo con
una botella, que a su muerte dejó un frasco, una pistola, munición y una
cota de malla que
Carnby vistió. En la del fondo tuvo que luchar con un hombre armado con dos
pistolas y del que
consiguió munición para la pistola y un frasco. En aquella cubierta no
quedaba nada por hacer,
por lo que salió al corredor y se dirigió a la de arriba. Tuvo que matar a
un último guardia que
protegía una escalera y subió por ella.
Había dos puertas a su derecha. La primera estaba cerrada, en la segunda
dormían muchos piratas,
por lo que salió inmediatamente y se dirigió a la que había justo enfrente.
Había otro sujeto
durmiendo y un cañón atado a la pared por cables que Carnby cortó con los
alicates. El ruido
despertó al guardia y tuvo que matarlo, consiguiendo más munición. Después
giró el cañón empu-
jándolo y le puso la mecha. Estaba apuntando ahora a la habitación donde los
piratas dormían. Se
dirigió allí y puso el barril de pólvora en el suelo, dentro de ella y
frente a la boca del
cañón. Volvió y con el atizador encendió la mecha y disparó, lo que hizo
volar por los aires el
camarote entero. Retornó a él y en el suelo encontró una bolsa de monedas de
oro. Carnby salió
al pasillo y agitó la bolsa de monedas, lo que hizo salir a dos cocineros
enanos a los que mató
sin problema. Entró por la puerta que habían dejado abierta y cogió un
frasco de una estantería.
Había allí otra puerta tras la que se enfrentó a un cocinero armado con
cerbatana y del que
obtuvo una carta metálica que abría la última puerta cerrada de aquella
cubierta, la que había
junto a la del cañón. Sin embargo, otra vez Elisabeth tomó control sobre él
cuando entró.
JACK EL TUERTO
Por suerte llegó Grace, que usando el bastón de Loa sobre una estatua del
capitán Nichols, abrió
un acceso a la sala donde estaba Elisabeth. Frente al altar donde se hallaba
la bruja agitó la
pata de pollo provocando su muerte.
Carnby se vio liberado, pero del suelo salió un monstruo del que huyó
inmediatamente saliendo al
pasillo y subiendo a la cubierta exterior mediante la escalera de la
derecha. Allí estaba cla-
vada la espada del capitán Nichols, la que podía acabar con Jack el Tuerto,
pero un saltarín la
cogió y huyó con ella. Carnby acabó con varios piratas que le atacaron,
consiguió un garfio de
uno de ellos y trepó al palo mayor. Arriba mató a otro tipo y usó el garfio
para colgarse de una
cuerda y llegar a otro mástil donde mató al saltarín, saltó a cubierta y se
hizo con la espada
de Nichols.
Grace estaba atada a un mástil y Carnby la liberó con los alicates, después
se dirigió a un
cañón que apuntaba al interior del barco y evitó que disparara pasando junto
a él. Finalmente se
enfrentó a Jack el Tuerto empuñando la espada del capitán. Jack no era muy
hábil, pero daba
problemas por manejar dos espadas simultáneamente. Cuando parecía que había
muerto volvía a
levantarse, pero una de las veces fue definitiva y Carnby huyó con Grace en
un bote mientras
todo se desmoronaba...
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