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Entrevista
a Adrián Herrera
Grupo
pionero en lo que a rock stone se refiere, busca afirmarse en la
escena sin traicionar su esencia.
A
esta altura, con cuatro décadas de historia, el rock argentino
tendría que disponer de algún tipo de control de calidad. Podría
ser un software, que tenga como objetivo realzar a aquellos
proyectos que, dentro de su estilo, apuestan a subir la media
artística. Si esta utopía a la que hacemos referencia se
instrumentara, seguramente Blues
Motel saldría
del circuito casi de culto en el que se mueve para ascender a
las ligas mayores. Con 15 años de historia en la mochila, la
banda que lidera Adrián Herrera abrevó en las fuentes del rock
stone mucho antes de que apelativos como “barrio”, “chabón”
o “viejita” fueran sinónimos de estadios llenos.
Lo más extraño e interesante de todo esto es que los Blues
Motel saben
perfectamente que actitudes tendrían que haber tomado para que
hoy sus discos figuren en las listas de ventas al lado de Callejeros,
Jóvenes Pordioseros
y
La
25.
Sin embargo, desecharon la idea de involucionar y en cada una de
sus siete placas apostaron al crecimiento musical y, por
supuesto, se alejaron de cualquier atisbo de demagogia. Desde la
independencia absoluta, para doblar la apuesta, Blues
Motel se
embarcó en un proyecto inédito para el mercado local: editar
en el mismo años tres discos totalmente opuestos entre si.
Con el nombre de Golpea,
acaba de salir el primero de esta trilogía que contiene un
sonido completamente eléctrico y visceral. El segundo será
absolutamente acústico, mientras que el tercero es un gran
misterio. Para hablar del destino que les tocó en suerte y de
todos los pormenores de una trayectoria a la sombra, 10 Música
fue a la búsqueda de Adrián Herrera, guitarrista y vocalista
de un grupo que conoce bien eso que algunos llaman “hacerse de
abajo”.
¿Ves
una línea ascendente en la trayectoria de Blues Motel?
Sí, creo que tuvimos en los dos primeros discos un proceso de
despegar de lo que era ser una banda under. Cuando nosotros
grabamos nuestro primer disco en el ’94, no había una movida
independiente que generara algo. Para sacar un disco tenías que
estar sí o sí en una compañía, y a eso no llegaba cualquier
banda. Podríamos haber esperado un momento mejor pero, para
nosotros, era un salto enorme. A partir de ahí fue todo para
arriba, pero en el tercer disco nos escapamos de lo que la gente
esperaba de nosotros y allí hubo un quiebre.
Siendo
una de las primeras bandas que levantó la bandera de lo que hoy
se conoce como rock barrial, ¿por qué quedaron tan a la sombra
de la popularidad?
Creo que el fenómeno del rock barrial que, evidentemente,
convoca mucha gente, no tenía tanto que ver con nosotros. Se
nos encasilló en ese lugar, pero no teníamos tanto que ver con
eso. Ese movimiento comenzó con Viejas
Locas
para acá y nuestro primer disco salió antes de que ellos la
pegaran. Nosotros teníamos otra visión del rock&roll y
otra manera de hacerlo. Nuestro estilo no es tan crudo, es más
elaborado. A partir de ese momento se empezó a valorar el hecho
de ser común, de pertenecer a determinado clan de la esquina o
la vereda. Nosotros nunca tiramos ese mensaje, ni en una letra o
en lo que hacíamos.
¿Pensas
que esa movida de rock barrial le agregó algo a la escena
musical?
Cada corriente musical aporta algo. Peor sería que no hubiera
variantes. Evidentemente, tienen una especie de sistema de código
que funcionó. Musicalmente, después es discutible que es mejor
o peor y todo se remite a una cuestión de gustos. En
definitiva, el rock tiene otros valores y escapa de lo que es el
virtuosismo y lo académico.
Con
la misma fórmula que ustedes hicieron el primer disco hace 12 años,
muchos grupos hoy llenan estadios. ¿Nunca sintieron que habían
perdido el tren?
En realidad, nunca hicimos esto pensando metas o en un patrón a
seguir. Nosotros hicimos una carrera para arriba, dentro de lo
que se puede entender como una banda independiente. Nunca
tuvimos un corte de difusión sonando en la radio todo el día.
Cuando vos llegas a una cantidad determinada de gente, tenes que
tener un apoyo más grande y eso nunca lo tuvimos. Nosotros
nunca salimos a buscar ese apoyo ni hicimos lo que la lógica
indicaba. Nosotros no escuchamos sólo Rolling Stones,
escuchamos Led Zeppelin, The Who…
¿No
sentís que el nombre del grupo los encasilló?
Sí. Pero cuando nosotros pusimos el nombre, en la Argentina el
blues no era muy popular y nos remitía al origen de las bandas
que nos gustaban. Ni siquiera había venido BB King al país. Lo
de Motel sí, está inspirado en un tema de los Stones pero,
también, es una imagen rutera, que tenía que ver con la música
que hacíamos en ese momento.
¿De
donde surge este proyecto faraónico de hacer tres discos en un
año?
A fines del año pasado, nos planteamos la idea de editar tres
discos en un año y lo hicimos porque nos gusta grabar. Fijate
que en 15 años y 7 discos nunca hicimos un álbum en vivo. Si
bien el vivo es buenísimo, a nosotros siempre nos gustó
trabajar en el estudio, para buscar sonidos y climas para los
temas. Como este año venía complicado tocar en vivo, era una
manera de generar cosas y de que la banda le de un incentivo
extra a la gente. El proyecto era estar todo el año grabando y
una manera de generar algo distinto.
Sinceramente,
¿nunca se dijeron “bueno, vamos a tratar de pegarla y veamos
un poco por donde viene la onda”?
No. Nunca planificamos nada ni nunca nos fijamos en lo que se
estaba haciendo para decir “hagamos una letra en este estilo o
un rock así”. Jamás. Hasta nos proponíamos ir en contra de
la corriente. Si todo el mundo hacía algo, nosotros nos íbamos
para el otro lado. Nuestra visión comercial fue cero todo el
tiempo.
Gustavo
Bove
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