
Bitácora
No sé si yo
habré adornado la anécdota o lo habrá hecho ella, pero a mi madre le gusta
recordar mi nacimiento así: fue en el dormitorio que daba a un jardín de rosas
(rosas que ella miraba entre el padecimiento físico y la ansiedad), el día
apenas decidiéndose a aparecer, y ella y la partera y, de pronto, yo, diminuta
y gimiente, "sabiendo que me había equivocado".
Nací en Cutral Co, una ciudad de la provincia de Neuquén que supo hacerse
famosa por sus levantamientos populares luego de que se privatizara YPF y se
nos birlara un futuro digno; una ciudad otrora llamada "Barrio peligroso" fue
entonces la cuna donde resulté mecida por la furia del viento patagónico y el
andar compadrito de los cardos rusos, allá por un junio geminiano de 1963 (y
como Fito, "tengo 200 años"); furia que circula aún y por siempre bajo mi
piel.
Vivo en la actualidad en Neuquén capital, donde hube de radicarme, primero,
por razones de estudio y de trabajo, más tarde. En la universidad me recibí de
trabajadora social, pero trabajo como periodista. También, junto a mi
compañera, Valeria, edito una boletina lésbico-feminista llamada "La sociedad
de las extrañas" y formo parte de las "Fugitivas del desierto", lesbianas
feministas de Neuquén.
De tanto en tanto doy talleres de poesía, hago traducciones de poesía en
inglés para mi propio consumo (Ted Hughes, Anne Sexton, Carson Mc Cullers) y
he publicado, hasta ahora, dos libros: La Pasajera de Arena (Tierra Firme,
1992) e Inferno (Tierra Firme, 1999), y hay uno más en la gatera.
En síntesis, soy poeta, neuquina, geminiana, lesbiana, de Boca y adoro a los
animales, bichitos, pájaros, plantitas, piedras, aire, cielo, colores
cambiantes del cielo, música, y otros mil etcéteras que me constituyen.