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r t i s t a i n v i t a d a d
e l m e s
Entrevista con Silvia Vera Guevara
por Rocío
Heredia
Silvia, platícanos sobre ti y cómo descubriste tu
talento. ¿De qué manera aprendiste a expresarlo?
Mi pasión por la pintura viene con los genes de mi nono Antonio
Marzio Marsico. Él era un italiano pintor y dibujante autodidacta,
que también trabajaba la madera. Después de la guerra donde
lucho y fue prisionero, vino a la Argentina con mi Nona y
mi Mamá. Aquí perfeccionó su arte y pintó hasta el último
día de su vida.
Crecí viéndolo trabajar en su atelier y en la carpintería
y sus cuadros forman parte de mi historia. Estudiando en Artes
Visuales comprendí que muchos de esos cuadros eran perfectas
reproducciones de pintores renacentistas y no auténticos Marsico.
Heredé su valija de trabajo, con óleos y pinceles, aunque
nuestros estilos pictóricos son muy diferentes. Empecé mis
estudios de magisterio en artes visuales en la ciudad de Mar
del Plata en 1990 y me recibí en 1994. Después me mudé a Buenos
Aires donde me gradué en el profesorado nacional de bellas
artes con orientación en pintura en 1997.
¿Consideras que tu admiración hacia algún otro artista
ha influenciado tu trabajo?
En un principio mis cuadros estaban poblados de seres extraterrestres,
planetas y naves espaciales. El color era brillante y el ritmo
de las líneas que marcaban los recorridos de las historias
era vertiginoso. Un desborde constante. En esta etapa la influencia
de Miró, Kandisky y Klee, es muy importante.
Luego los personajes se transformaron en personas y el espacio
sideral bajó a la Tierra. Aparecieron paisajes poblados por
árboles y troncos con cielos grises tormentosos, amenazantes
y en los cuales el espectador podía encontrar más de un punto
de fuga, más de un horizonte. Las características de ésta
serie son las variaciones rítmicas de la estructura, que está
articulada simplemente al cambiar cada vez de punto de vista,
tal como el ordenamiento y la interpretación de los distintos
paisajes que, por el sólo juego de líneas, expresan a la vez
el espacio interior y exterior. Tal vez recuerden a los paisajes
de figura fondo de Dalí.
Los cielos se tranquilizaron, la noche dio paso al día y la
aurora promete un nuevo comienzo. Después de una serie de
amaneceres y atardeceres nace el último cuadro marplatense
antes de mi partida a Buenos Aires, una gran tela de más de
1x1m con un cielo limpio y promisorio, un horizonte sin obstáculos
y una banderita blanca que flamea libre y decidida.
Ya en la Capital aparecen los espacios urbanos, un cierta
turbación entre el claro y el oscuro, surge un espacio en
el más alto punto dinámico. La tensión entre la luz y la sombra
tiene algo de flexible, en cuanto descubre una movilidad rápida.
Un espacio fluido sirve de fondo mediador entre la ciudad
y yo. Grises y rosas con esgrafiados, aerografiados y técnicas
mixtas con escritos propios inundan el paisaje y lo desbordan
nuevamente. Aquí la influencia de Tapies, Kant, Nietszche,
San Agustín, Santo Tomás, Buda, Mahoma y tantos otros, son
más que evidentes. No en la imagen pictórica, pero sí en el
contenido fundamental de la obra y de mi vida personal.
La tríada primaria rojo, azul y amarillo, dio paso al blanco,
negro y rojo. Nacieron las Constelaciones y la búsqueda de
coordenadas, de un Norte. La lucha entre la Silla y el Caballo,
el artista que sólo con su alma y su voluntad debe vencer
obstáculos económicos, éticos, etc.. Increíblemente como respuesta
a esta lucha, el día después del vernissage de ésta muestra,
llegó la carta desde Italia con la noticia de que había ganado
la beca de perfeccionamiento. El sol de ferragosto inundó
los paisajes al óleo, las cúpulas y los sueños. Una vez más
había que tomar una decisión: irse o quedarse. Obviamente,
volví a mi tierra y a mis seres queridos.
Toda la producción posterior al viaje está marcada por el
color y el ritmo. Así nacieron "Las Camas", objetos-personajes
que interactuaban con el espacio y sus protagonistas en un
extenuante juego sexual donde todas las partes involucradas
terminaban derretidas por el calor o fagositadas por alguno
de los personajes. La serie "El Vestido", muestra la transición
de una mujer que debe convertirse, según la situación, cual
súper héroe en ama de casa, esposa, amante, profesional, etcétera.
Utilicé la técnica de litografía y óleo.
En "Los Animales" se deja ver la cara oculta de algunos monstruos
disfrazados de corderos. Aquí la técnica es mixta de serigrafía
y óleo. También es protagonista absoluto el color en la serie
"Gestación de Humores", donde represento los diversos estadios
por los cuales atraviesa una mujer embarazada. El valor expresivo
de los colores es una liberación de luz y un efecto más que
potente. La "realidad interior" no se expresa más que por
las limitaciones formales del dibujo y está subordinada a
la intensidad y a la profundidad colorística.
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