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Tango
que me hiciste bien:
Por César Magrini - Julio de 2002
Varias, y sumamente valiosas, son las características
que singularizan a los cuadros de Roberto Scatutto, eximio grabador,
conspicuo dibujante y certero pintor, quien se halla en el país
luego de haber residido y trabajado en lo propio en Estados Unidos
durante nada menos que a lo largo de tres décadas. Y cultiva,
en general, un tema que se ha puesto de rigurosa moda en nuestro
ambiente, aunque lo hace con extremada originalidad: El Tango. Con
un aire de nobleza y con una entrega por demás lúcida,
como no suelen verse, por lo común en las distintas exposiciones
dedicadas a esa música. Que ha llegado a ser, por sus valores,
emblema histórico, en el apogeo de su difusión y elemento
propicio para que varios encumbrados artistas –entre ellos
Scadutto– lo conviertan en un verdadero símbolo, con
ondas raíces históricas, lejos de desdeñar
tiene rigurosamente en cuenta, y son el fecundo sustrato del que
surge la totalidad de su basta y admirable producción.
Según sus propias palabras, el artista aprendió a
descubrir en las humildes cosas mucho más de lo que aparentan.
Y cumple con esta afirmación, que se enraíza a lo
más profundo de si mismo, en los personajes de sus cuadros,
hombres golpeados por la existencia o quizás también
abandonados por la esperanza, a través de sus rostro que,
al son de sus instrumentos musicales (en especial el elocuente bandoneón,
para muchos, para el intangible pero seguro corazón del tango)
van diciéndole a la existencia, a los sentimientos, al destino.
Un sostenido aire de nostalgia (tal vez el recuerdo de que todo
tiempo pasado fue mejor), un nubarrón de melancolía
circulan por sus cuadros. El diseño rememora lo que Scadutto
afirma en cuanto a la humildad de las cosas: todos sabemos de la
penosa génesis del tango, de su lucha sin cuartel por vencer
obstáculos sociales en el fondo vacíos, en su lenta
afirmación hasta llegar a ser, después de los sacrificios
y hasta la inmolación de muchos ficticios ideales, su actual
ejemplo de esplendor. Como dibujante, el artista trabaja cuidadosamente
la línea hasta hacer de ella en sus composiciones un quieto
oleaje de concordancias: los rostros son los que vuelcan en cada
uno de sus cuadros, un ceñido mundo de melancolía,
y hasta de dolor, ya que el verdadero creador (y es así como
puede llamarse a sus transidas figuras) es el que extrae sentimientos
y experiencias de su interior (cosa que Scadutto realiza de lo más
hondo de si mismo), para expresarlas por medio de su arte: en el
caso de nuestro artista, son el contenido anímico y espiritual
de cada uno de sus trabajos, y en el de sus criaturas (llamativamente,
casi sin excepciones, hombres, como recordando que el tango nació
masculino), por medio de sus rostros, desilusionados, afincados
a una añoranza entretejida de recuerdos, porque él
sabe muy bien, y en las antípodas esta de olvidarlo, que
el tango nació en los arrabales, mal visto socialmente, y
con todo un destino adverso por delante.
Destino que, por suerte, no cuajó en forma definitiva. El
fluir del tiempo hizo reflexionar a muchos (compositores, escritores,
cantantes, intérpretes) sobre el enorme contenido, no ya
de las letras (que en esto ayudaron mucho) sino de los compases
tangueros, viriles, afinados, rotundos, bailados como una especie
de popular y un poco de dolorosa liturgia. El artista ensalza al
que es el corazón de esta música, el bandoneón,
cuyos compases vienen desde bien adentro, sorprenden y engalanan,
en un lenguaje maduro y en extremo sensible. Colorista sensato,
Scadutto desea que su pintura se vuelva fácil ni haga concesiones
populares: allí está como plegándose y replegándose
en sus recuerdos, que son todos los de una vida con sus alegrías
y con sus pesares, narrando sus historias que a menudo provienen
de muy lejos. Especial interés tienen, en estos cuadros,
los estilizados pies que están marcando los compases de una
disciplina que sale del corazón. Ventanas abiertas a al luz,
terrazas fantásticas, hasta una vieja estación con
su locomotora detenida en el tiempo del espíritu, ofician
de complementos de las estructuras principales de las telas, porque
el autor no quiere distraer la atención, ni la propia ni
la ajena, con elementos que no tengan que ver fundamentalmente con
el tango. Algún balcón se insinúa (testimonio
de una salida a lo extremo) pero ni plantas ni árboles invaden
las superficies de estos cuadros austeros, graves, homenaje d un
corazón noble y sincero (el del pintor) a un universo que,
como él, muchos son los que llevan adentro esperando una
voz que los saque de su aislamiento y de su interior y rico letargo.
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| Roberto
Scadutto
Por Rubén Rey
“Como el poeta, Roberto Scatutto llega a la vida
del arte con fe en sus poderes naturales:
Ver, Sentir, Pensar, Hacer y una rara aptitud para la imagen.
Los dioses le dieron a cumplir arduos trabajos que él aceptó
confiado y sin gruñir, abriendo su fuente de afecto y optimismo.
Y debio construir su vida, su prensa y su arte.
Por fin un día, en un acto mágico, grabó una forma
bella y se liberó.
Ahora vuela. Por suerte muchos lo hemos advertido.”
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| Roberto
José Scadutto
Amadeo Dell´Acqua
Septiembre de 1970
“Roberto José Scadutto, realiza ésta
su primera exposición de grabados. Ello no significa que se iniciara
recién ahora en la tarea de expresar su emoción por intermedio
de una adaptación de la antigua técnica xilográfica,
remozada con el uso de un material debido a la época actual.
Así sus linoleografías guardan la limpia frescura del
corte dulce, directo, incisivo y elocuente, dado con sincera honestidad.
Aún cuando en su manera de hacer hay cabal exactitud artesanal,
no tiene virtuosismos, ya que lo importante en él es la profunda
expresividad contenida en sus temas, cuajados de emotivas secuencias
de lo popular ciudadano.
Scadutto, es un artista empecinado en busca de la superación
en el trabajo, de estudio meditado, tanto de las partes compositivas
como de la propia ejecución, siempre acorde a su fina sensibilidad.
La interpretación del motivo la hace fuera de cualquier posibilidad
ilustrativa, ya que no interesa el asunto presentado, sino aquello que
emerge como contenido.
Es lógico y auspicioso esperar de este artista cambios esenciales
en cuanto vaya edificando su personalidad sobre bases reales, otorgadas
por la experiencia obtenida en esas aristas llamadas fracasos, insatisfacción
y desilusiones, que, vencidas, llevan al artista a seguir haciendo,
por hacer arte.
Quién hoy nos muestra sus posibilidades, lo hace con una ejemplarizadora
humildad y vocación, sintiendo lo suyo sencillamente, sin tropiezos
conceptuales de lo estético y muy al margen de todo tipo de escuelas
y tendencias.”
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Roberto
José Scadutto:
Un ejemplo de honestidad Por Leonardo
Estarico
Especial para Nueva Ciudad, Julio de 1971 No
está muy distante el día en que emprendimos una experiencia
que tu escasa repercusión. Una muestra de grabados en un supermercado.
Con dicho motivo reunimos, aproximadamente, cien piezas.
Cuando me quedé a solas con ellas inicié un somero análisis
del conjunto y, de inmediato llamaron mi atención tres estampas,
muy limpias de factura y de inspiración popular. “Linoleografía”,
rezaba en el epígrafe.
Este material sirvió a muchos artistas, entre otros Pompeyo Audivert.
Pero este era otra cosa. Al final llegué a la conclusión
de que el origen de mi asombro, provenía de algo superior, había
que descartar las grafías y el material, era algo simple: la
Emoción.
En esta contradanza de técnicas y tendencias a que asistimos
en cualquier exposición gráfica, nos tiene que subyugar
una imagen nítida, aparentemente espontánea y, digo espontáneamente,
porque cuando se las observa con detenimiento, en sus detalles y en
su concepción general, aflora una clara conciencia de artista
que se hace plenitud en un ordenamiento bien meditado, en un dominio
artesanal muy refinado sometido el todo a una fina sensibilidad. Estas
cualidades se consustancian con la emoción.
Una emoción que dista mucho de lo sentimental, a pesar de su
raíz popular. Más tarde he visto otras piezas, experiencias
muy lisonjeras realizadas con otro material. Diría que en toda
su producción hay una inclinación temperamental a lo cadencioso,
a los musical, que no actúa como el eco de un determinado ritmo,
sino que se impone en función creativa.
Los dedos del bandoneonista no son iguales a los del violinista. En
unos se palpa una energía briosa, los otros sostienen tenuemente
el arco, dejándose llevar por un movimiento de vaivén,
pero todos los personajes de Scadutto flotan en un universo musical
de melódica sonoridad.
Nació en 1935. En 1952 ingresó como alumno de la Escuela
de Arte Manuel Belgrano, de la que pronto se aleja para proseguir como
autodidacto. No ha expuesto con la asiduidad a que sus méritos
lo hacen acreedor, lo cual tiene muy poca importancia, lo que sí
es de desear que prosiga sus búsquedas con la perseverancia y
seriedad con que hasta ahora ha procedido.
La personalidad se afirma hasta en los errores de las primeras horas,
pero cuando sus aristas definen un carácter, tan vigorosamente
como en este caso, tenemos la certidumbre de que el mejor éxito
coronará tanto esfuerzo.” |
Roberto
Scadutto por Roberto Scadutto
Nací el 28 de febrero de 1935, desde ese día
creo que sentí una rara atracción por la imagen; con
el tiempo fue una obsesión que traté de plasmar en
el papel, el lápiz fue en el comienzo el único instrumento
accesible que me permitió recrear esa forma, despertando
en mi el sentido de la observación.
En mi pobre entorno, aprendí a descubrir en las humildes
cosas mucho más de lo que aparentan, así, conociendo
la obscuridad disfruté de la luz.
Soy autodidacta, de este modo no tengo a quién echarle la
culpa de mis errores, respeté siempre a los maestros, especialmente
a aquellos que fueron grandes seres humanos tanto así, como
los que fueron abrazados por la fiebre de la creatividad hasta casi
aparentemente perder la razón. Tal vez se traspasa el límite
de lo que es común llegando a ese estado donde se confunde
la genialidad con la locura. En mis trabajos, he tratado de dejar
en imágenes, todos estos sentimientos. Rindo también
mi humilde homenaje a todos esos seres que, teniendo la sensibilidad
y el alma de artista, desarrollan tareas que destruyen sus manos
y jamás llegan a ser reconocidos por el mundo del arte, pero
amenizan reuniones donde la amistad y la emoción nos hacen
vivir momentos gratos.
Mis músicos tienen esas manos, sus ojos miran desde adentro.
I was born on February 28, 1935. Since then I believe
to have felt a rare attraction for images that with time became
on obsession which I have tried to create on paper, the pencil was
at the beginning the only instrument accessible to me which allowed
me to create those forms, awakening in me a sense of observation.
In my poor enviroment, I learned to discover in simple things more
than what they really pretended to be, thus from darkness I saw
light.
I authored my own life, so I have no one to blame for my mistakes.
I always respected great human beings, so much like those who were
overwhelmed by the obsession of creativity to the extent of becoming
insane. Maybe we extend the limit of what is common, reaching a
state where we confuse a stroke of genius with madness. In all my
works I have attemped to project in my images all those feelings.
My work goes to all those people who having the sensitivity and
the spirit of an artist. Engage in work that destroy their hands
and never receive recognition from the art world, but who teke part
in reunions where friendship and emotions allow us to live pleasant
moments.
My musicians have those hands, their eyes see from within.
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