Luces y Sombras
Por Eduardo Alejandro Vian

Un vecino del Barrio
Octubre fue un mes muy activo por las elecciones en nuestra cooperativa. Un período lleno de esperanzas y algunos desengaños. Desengaños porque me sorprendieron las actitudes de diferentes personas, posturas que, por cierto, no se relacionan con sus formas de vida.
No me desengañó, sin embargo, alguien a quien tengo un alto respeto intelectual y calor espriritual: Leticia Grisendi, ex presidenta de Coopecur. El punto más alto de mi satisfacción, más allá del apoyo recibido, lo aportaron sus declaraciones en la última asamblea. Ella supo indicar a los presentes cuál era la verdadera verdad; la única, contradiciendo de esa manera los dichos que con un fin único y real utilizó el vecino Horacio Barri.
Grisendi encendió una luz dentro de las sombras que caracterizaron a las acusaciones de un grupo de vecinos con intereses comunes, y con una procedencia común. Muchos más fueron los vecinos que decidieron dejar la oscuridad, para seguir la luz que abrió la ex presidenta. Muchos fueron los que eligieron la luz, lamentablemente algunos pocos decidieron permanecer entre las sombras.

 


 

Más allá de las luces y sombras a las que me referí, en el medio de ello se despidió de nosotros, al menos físicamente, Susana Romero. Ella fue, volviendo a la metáfora anterior, una luz que iluminó a los chicos de Barrio Marítimo. Dos generaciones recibieron de ella un aporte importantísimo para la formación del ser humano: la educación.
Fue una docente de las de antes, una mujer entregada a su vocación. Supo ser mi segunda madre en 4º, 5º y 6º grado. Sin duda forjó una parte importante de mi personalidad, en esos días en que los chicos se moldean semana a semana.
Recuerdo, al respecto, el impacto que provocó en mí el día en que ingresó llorando al aula. Había fallecido el presidente Juan Domingo Perón. En ese entonces, no pude entender que ella no lloraba solamente por su muerte, sino porque en ese momento se caía un régimen democrático. "Junten sus útlies y vayan a su casa, se murió Juan Domingo Perón" fueron sus palabras, quizás la democracia hacía en ese momento lo mismo que nosotros.
Con el paso de los años esa imagen fue tomando diferentes significados, ese día estábamos contentos porque nos íbamos a casa y a jugar a la pelota. Hoy comprendo que el luto para la sociedad fue doble, e interpreto también las lágrimas de mi maestra Susana; quien, a la vez, me estaba educando para el futuro.

El autor es presidente de COOPECUR

 

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