- Travesía por la Llanura Chaqueña -

      > Cuarta parte: La Sabana - Resistencia

"Amanecer en La Sabana"

-  P o r   F e d e   P a l l é s   y   G u s t a v o   B o n e t t o  -


Despierto... Estoy acostado en un colchón dentro de lo que parece ser un subte de la línea A. Escucho un motor diesel regulando a unos metros. Un par de luces ténues iluminan el salón. A mi lado, veo el cuerpo de un amigo dormido profundamente y hacia el otro lado, veo varias piernas de paisanas...

Así comenzó la madrugada del miércoles 29 de enero de 2003. El coche motor de SEFECHA ya estaba en marcha e incluso había gente a bordo. Los conductores quisieron darnos unos minutos mas "de gracia", por lo que esperaron hasta último momento para despertarnos. 

Rápidamente, cuando mi sistema consciente permitió que ingresara en el principio de realidad, me puse de pie, bajé el colchón a la estación y, junto con Elvis, busqué una ubicación para hacer el viaje de regreso. Tras sacar nuestros correspondientes pasajes el tren arrancó, y abandonamos las penumbras de La Sabana cuando mi reloj marcaba las 4 AM.

En el camino hacia el Noreste, cargamos algunos pasajeros en varios pasos a nivel. Pero lo increíble fue ver la multitud que aguardaba en Charadai. Eran casi todos chicos que iban a pasar el día en Cote Lai. Por otra parte, unas cuantas personas se dirigían a Resistencia por trabajo o para realizar trámites.

Una vez que todos los chicos ascendieron a la formación, emprendimos viaje. Pero, a los pocos minutos, nos detuvimos. Habíamos atropellado un guasuncho, que quedó atrapado en una de las zapatas de freno. Por falta de herramientas, hubo que improvisar una cuña de madera para sacar los restos del animal y poder seguir viaje, lo que logramos enseguida.

Después de algunas paradas en medio del campo para descender pasajeros, llegamos a Río Tapenaga. La imagen fantasmagórica de la estación se enmarcaba con el tinte azulado de las primeras luces del amanecer.

Seguidamente, arribamos a Cote Lai, en donde aguardaban unas 30 personas y donde descendieron los chicos de Charadai. Como en todas las estaciones del ramal, un perro nos despedía con ladridos debajo del alero.

A los pocos minutos de andar, nuevamente nos detuvimos en medio del campo. Con Gustavo estábamos viajando en la amplia cabina del Ferrostal, por ende, esta vez veíamos el paisaje alejándose hacia atrás. A poco de estar estacionados sin razón aparente, entre las sombras de la madrugada apareció, corriendo, una pareja con un bebé en los brazos. O llegaron tarde a la vía o el conductor no los había divisado. Por suerte, esta gente no quedó varada en ese lugar.

Con todas estas demoras, ya habíamos acumulado unos 15 minutos de atraso. El caso era que teníamos que recuperar el horario FUERA COMO FUERA, si teníamos en cuenta que en Cacui debíamos combinar con el local para que la gente pudiese llegar al centro de Resistencia. Entonces, el coche motor, literalmente "tomó vuelo" y emprendió una vertiginosa carrera contra reloj para llegar a tiempo a Cacui. 

En algunos tramos circulamos a 80 km/h., que es una hazaña para este tipo de ramales. Los conductores se mostraban confiados en las vías y los coches y le dieron rosca "a lo macho". De esa forma, recuperamos en tan solo unos kilómetros, 10 de los 15 minutos de atraso, habiendo levantado, además, una polvareda memorable.

Brevemente paramos en Gral. Obligado, y esta vez sí pudimos ver el terraplén de lo que fuera el ramal a Laguna Limpia (que cruza a nivel con la vía a Roque Saenz Peña en Lapachito).

El sol se paró a mirarnos en la mañana chaqueña. Un hermoso día había comenzado para estos dos exploradores ferroviarios que, realmente, no sabían que la travesía estaba en pañales.

Como no podía faltar en todo viaje, apareció la chinita linda en el tren. Si bien es cierto que no vimos muchas, las que había no estaban nada mal. Pero la verdad es que el horno no estaba para bollos. Nos hacia falta una buena ducha y una cambiada de ropa urgente. Los coches estaban completos como el día anterior e incluso vimos algunas encomiendas muy particulares.

(A toda velocidad pasamos con la dupla de coches sobre el Río Salado. Foto: Gustavo Bonetto)

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A una velocidad espectacular y colgados de la bocina, pasamos el Río Salado y las últimas estaciones del ramal, hasta que nos juntamos con la vía de Roque Sáenz Peña. El motor del MAN estaba a pleno... Evidentemente seguíamos atrasados. Cuando me asomé para ver si ya llegábamos, vi que el local ya estaba marchando a nuestra par, por lo tanto, lo estábamos corriendo para alcanzarlo. Finalmente lo pasamos y llegamos antes nosotros a Cacui (jejeje, una interesante carrera de coches en SEFECHA, para comenzar el día a pura adrenalina).

Al instante apareció la dupla del local que habíamos pasado, conformada por dos coches Ferrostal modificados, con aire acondicionado y asientos longitudinales. Al oeste del predio de Cacui, se eleva el galpón de reparaciones que, en ese momento, estaba en construcción (ahora está terminado / enero 2004).

Como nosotros vamos por donde va el viento, subimos al tren local y emprendimos camino hacia el Puerto de Barranqueras, siendo éste nuestro último viaje antes de partir rumbo al corredor de Chorotis.


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("Travesía por la Llanura Chaqueña" - Quinta parte)


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Revisado: 23 de Febrero de 2004 .
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