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El hombre de Corrientes y Esmeralda
Este hombre es el instrumento que permitirá
hincar la viva carne de los hechos actuales, y en la vivisección descubrir
ese espíritu de la tierra que anhelosamente busco. Será la guía, la
linterna de Diógenes con. que rastrearé el hombre en quien ese espíritu
encamar. Lo muy grande hay que inducirlo de la observación de una
partícula, no del enfocamiento directo. El que mira todo el bosque de
manzanos, no ve más que el bosque. Pero el que se reduce a mirar
profundamente una sola manzana puede inferir el régimen de todas las
manzanas.
El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un
ritmo de las vibraciones comunes, un magnetismo en que todo lo porteño se
¡mana, una aspiración que sin pertenecer en dominio a nadie está en todos
alguna vez. Lo importante es que todos sientan que hay mucho de ellos en
él y presientan que en condiciones favorables pueden ser enteramente
análogos. El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ente ubicuo: es el
hombre de las muchedumbres, el croquis activo de sus líneas genéricas,
algo así como la columna vertebral de sus pasiones. Es, además, el
protagonista de una novela planeada por mí, que ojalá alguna vez alcance
el mérito de no haber sido publicada.
No se alboroten, pues, los políticos ni los
granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es
ladero para sus ambiciones. Su nombre no figura en los padrones
electorales, ni en las cuentas corrientes de los bancos, ni en los
directorios de las grandes compañías ni en las redacciones de los diarios,
ni en las nóminas de comerciantes o profesionales. No es un obrero, ni un
empleado anónimo.
El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el
vértice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más
sojuzgador frenesí espiritual. Lo que se distancia de él, puede tener más
inconfundible sabor externo, peculiaridades más extravagantes, ser más
suntuoso en su costumbrismo, pero tiene menos espíritu de la tierra.
Por todos los ámbitos, la república se
difumina, va desvaneciéndose paulatinamente. Tiene sabor peruano y
boliviano en el norte pétreo de Salta y Jujuy; chileno, en la demarcación
andina; cierta montuosidad de alma y de paisaje en el litoral que colinda
con el Paraguay y Brasil y un polimorfismo sin catequizar en las
desolaciones de la Patagonia.
El Hombre de Corrientes y Esmeralda está en el
centro de la cuenca hidrográfica, comercial, sentimental y espiritual que
se llama República Argentina. Todo afluye a él, y todo emana de él. Un
escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San
Juan, rodando en los cauces algún día llega a Buenos Aires. El Hombre de
Corrientes y Esmeralda está en el centro mismo, es el pivote en que Buenos
Aires gira.
El mismo Hombre vertió las palabras
puntualizadoras de su efectividad en el arresto sin cálculo de un
acaloramiento, de un querer demasiado tirante o de un pequeño descuido del
recelo personal, pacientemente incubado por mí. El Hombre nació en apuntes
apresurados de un partido de fútbol o de un asalto de box. en la agresión
a un indefenso, en la palpitación de las muchedumbres de varones que
escuchan un tango en un café. en el atristado retorno a la monotonía de
sus barrios de los hombres que el sábado a la noche invaden el centro
ansiosos de aventuras, en las confesiones amicales arrancadas por el alba,
en los bailes de sociedad, en la embriaguez sin ambages de un cabaret. en
algunos comentarios perspicaces y también en personas que exageraban
involuntariamente un motivo mitigado en los demás. En todos y en cada uno vive el Hombre de Corrientes y Esmeralda. Se le desconocía. porque el conocimiento es casi una verbalidad, y los hombres que podían metrificar su voz se irritaban la garganta amaestrando oraciones extranjeras o evaporaban sus propósitos en un silencio lleno de mañanas que perezosamente se trocaban en ayeres.
Raúl Scalabrini Ortiz
(De "El hombre que está solo y espera")
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