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Yo soy el camino

La verdad

Y la vida...

 

   

   Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; 

    tuve sed, y no me disteis de beber;  

    fui forastero, y no me recogisteis;  

    estuve desnudo, y no me cubristeis;  

    enfermo, y en la cárcel, y no me visitásteis.  

  Entonces también ellos le responderán diciendo: 

   Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento,

   forastero,  desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no

   te servimos?  

  Entonces les responderá diciendo: De cierto os

   digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos 

   más pequeños,  tampoco a mí lo hicisteis.   

                  MATEO  25:31        

 

 

 

 ...  “Y Yo te digo: Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi 

Iglesia, y el poder la Muerte no prevalecerá contra ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos.

Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el Cielo, y todo lo que

desates en la tierra, quedará desatado en el Cielo”.

 

Mt.16.1819

 

...”El que quiera venir detrás de mi, que renuncie a sí mismo, que

cargue con su cruz y me siga.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida

a causa de mí, la encontrará”.

 

Mt. 16.2426  

"A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo le

confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.  Y a cualquiera

que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante

de mi Padre que está en los cielos".

" Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar;

temed mas bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el

infierno".

Mt. 10.283233  

 



Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:


De oído oiréis, y no entenderéis; 
Y viendo veréis, y no percibiréis. 
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, 
Y con los oídos oyen pesadamente, 
Y han cerrado sus ojos; 
Para que no vean con los ojos, 
Y oigan con los oídos, 
Y con el corazón entiendan, 
Y se conviertan, 
Y yo los sane. 


Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:


Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, 
y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. 
Este es el que fue sembrado junto al camino.

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.
El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

MATEO 13



 

 

 

 

                          

 

* Tan solo quiero ver, a aquel que me hace daño para   poder con mi mirada amarlo.

 B.M.                                              02/06/04

 

 

 

 El Presbítero Adrián Santarelli efectúa reuniones de sanación

 los dias martes y viernes, en nuestra Parroquia Santo Tomas

 Moro, Urquiza 1450 - Vicente Lopez.

 Aquellos interesados comunicarse con la Sra. Ana al

                         T.E. 4513 - 6748

 

 

  

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La celebración de la Fiesta del Corpus Christi, es la Fiesta del Sacramento de la presencia del Señor. No tanto de la celebración de la eucaristía cosa que recordamos el jueves Santo, sino del Sacramento esa presencia del Señor, en ese pan que guardamos en todas las comunidades cristianas.

¿Por qué la Iglesia una vez por año se centra nuevamente a reflexionar en el misterio de esa presencia? Lo hace por una sencilla razón, porque la Iglesia, nosotros, debemos ir rescatando siempre el verdadero sentido de las cosas, que la vida cotidiana, aún la religiosa con sus tensiones y preocupaciones puede ir desdibujando. Yo les cité en una oportunidad recuerdo, aquel refrán chino, que dice, que todo debe comenzar cada día rescatando el sentido verdadero de las palabras. ¿Por qué? Porque cuando nos acostumbramos a hablar corremos el peligro de que a fuerza de hablar gastemos las palabras. Entonces terminamos diciéndole amigo a la persona que no es nuestro amigo, terminamos diciéndole querido a la persona que luego criticamos, terminamos diciéndole Padre a Dios, cuando en realidad nunca lo hemos aceptado como Padre, terminamos comiendo el Pan, el sacramento, habiendo perdido el sentido del sacramento, comulgando con nadie diríamos, no con el Señor. Ese refrán chino es muy importante, todo debe comenzar por rescatar el sentido verdadero de las palabras. Y la Iglesia todos los años por eso celebra sus grandes misterios, los vuelve a celebrar, y entre ellos éste, del Corpus Christi, del; Cuerpo del Señor.

Vamos a dejar que en una primera instancia nos hablen las tres lecturas bíblicas. Como siempre, es la única garantía que tenemos que la reflexión de la fe, no es reflexión de nuestros intereses o de nuestros gustos, sino de la verdadera palabra del Señor.

La primera lectura del libro del Exodo, (24, 3-8) es un relato, que nos trae ese rito sacrifical, que es una costumbre muy antigua. Así Moisés concluye la Alianza con Dios en el Sinaí celebrando un rito, sacrificando un animal y realizando una comida. La alianza con Dios. ¿Qué quiere decir, hacer una alianza con Dios?

Naturalmente alianza en el lenguaje nuestro moderno es como un contrato. Es como cuando uno alquila la casa en verano y hace un contrato con el turista, en el cual cada uno se compromete a algo. Naturalmente no se refiere a un contrato con Dios. Siempre cuando uno habla de Dios tiene que usar conceptos análogos, palabras análogas, es decir palabras que usamos en el uso vulgar, pero les transferimos un sentido más hondo. La alianza con Dios quiere decir ponerse de acuerdo con Dios, y ponerse de acuerdo con Dios no quiere decir que yo me porte bien para que Dios esté contento, o que los judíos le prometían a Dios que se iban a portar bien. No se trata de eso. Se trata de algo mucho más hondo y es lo que celebra Moisés con ese rito sacrifical.

Ponerse de acuerdo con Dios, es sincronizar el obrar nuestro, nuestra vida, o el obrar de un pueblo, en un momento de la historia, con el obrar de Dios. Esto significa hacer una alianza. Es como cuando ustedes ven las regatas, imagínense qué lío si los remeros, los que reman, cada uno remara por su cuenta. La velocidad de la canoa, ¿a qué se debe?, a que todos los que reman están sincronizados. De modo tal que todos mueven las paletas al mismo tiempo; y al mover las paletas al mismo tiempo la canoa tiene velocidad y tiene dirección.

Eso es la alianza, el estar de acuerdo en algo; y la alianza de Moisés con Dios, del pueblo judío con Dios, arquetipo de toda alianza, de toda vida religiosa y retomada por Jesús como arquetipo de toda vida cristiana, es eso, sincronizar el propio obrar con el obrar de Dios. Y quien no entiende esto y quien no descubre que es esto en último término lo que Dios pide, va a pasar la vida pretendiendo ser bueno. Cuando en realidad lo que Dios pide no es que seamos buenos, sino es que construyamos a nivel personal, a nivel familiar, a nivel profesional, a todos los niveles, construyamos una historia plenamente humana o una historia de salvación como solemos decir. Y eso es lo que celebrada Moisés, a la bajada del monte Sinaí, y lo celebraba como se celebra el estar de acuerdo. Nosotros cuando estamos de acuerdo con alguien, o estamos contentos lo invitamos a comer o a tomar una copa. Moisés come con Dios y bebe con Dios, digamos dentro de los esquemas rituales que usaban en aquel entonces.

Y hay una cosa muy interesante, porque de esa celebración sale una idea, vamos a seguir celebrando esto “para no olvidarnos”.

Un poco el tema que reflexionamos la semana pasada, para no olvidarnos, se aplica aquí, o sea es un paralelo del refrán chino. El refrán chino decía: “tenemos que rescatar el sentido verdadero de las palabras porque si no se nos gastan las palabras”. Y acá es lo mismo, tenemos que seguir esta celebración para no olvidarnos que la clave de todo está en la alianza es decir, en sincronizar nuestro obrar con el obrar de Dios.

En la segunda lectura, la carta de San Pablo a los Hebreos (9, 11-15) completa la idea, evidentemente esta carta pertenece al nuevo testamento, está escrita casi al mismo tiempo que los evangelios. Dice una cosa muy interesante el autor; con Cristo ha pasado algo nuevo, y es esto: que cuando uno celebra para recordar y para tomar conciencia de esa comunión con Dios, lo que come no es pan o vino, sino que Dios quiere El ser comida o bebida. Porque en el fondo, la calidad de lo que uno come es lo que mide la fuerza que uno después va a tener. Por eso tomamos vitaminas, o nos dan regímenes. Cuando sobran calorías nos hacen comer cosas más pobres, cuando nos faltan nos hacen comer cosas más ricas. Cuando uno se debilitó o fue operado le dan vitaminas; la calidad de lo que comemos, muestra o condiciona la calidad de lo que vivimos.

Esta empresa de sincronizar la propia vida con Dios y en el fondo hacerla Historia, pero con mayúscula, la historia del tiempo y la historia de la eternidad, la historia del tiempo corto, nuestra vida, y la otra historia que va a seguir después de cada uno de nosotros, necesita una fuerza enorme, una fuerza que en alguna medida nos desborda como hombres. Por eso la comida tiene que cambiar sustancialmente, tiene que ser una comida capaz de darnos la fuerza que de nosotros no nace con las comidas humanas, y por eso dice Pablo, es Dios el que se deja comer. Después vamos a ver qué significa que Dios se deja comer. Se transforma en comida para que uno sea capaz de hacer más de lo que sólo por sus propias fuerzas podría hacer. Y entonces el obrar de uno con una comida nueva, de este tipo, cobra una posibilidad enorme, nace una nueva fuerza en la historia, comer a Dios. Por eso no se trata de comer algo para celebrar el estar de acuerdo con Dios, el vivir sincronizados con Dios, sino se trata un poco de comerlo a Dios.

Esto lo escuchamos cuando leímos el Evangelio de San Marcos (14, 12-16) el cual plantea este punto: Comer a Dios. ¿Qué es comer a Dios, o qué significa tener a Dios como comida? ¿Qué es lo que Jesús pone en el gesto que leímos de la celebración de la última cena pascual? Toma el pan y les dice: tomen esto es mi cuerpo, toma la copa con vino y les dice, tomen esta es mi sangre, sangre que va a tener que ser derramada para la salvación.

Para los judíos los términos, cuerpo y sangre, no significan exactamente lo que significan para nosotros hoy. Para nosotros cuerpo es el cuerpo, este material, y sangre es el líquido colorado que está adentro. Para los judíos lo que nosotros llamamos cuerpo, para ellos se llamaba carne, no cuerpo, el cuerpo para el judío era la persona. Y la sangre a la cual ellos no le daban mucha importancia en el orden biológico, tenía una importancia de significación. La sangre era para el judío un poco el signo de la vida, pero no de la vida comparada con la muerte, sino de la fecundidad de la vida, el empuje de la persona, el dinamismo de la persona, el obrar. Eso significaba la sangre. Por eso la carne sin sangre no obra, nosotros diríamos hoy, está muerto.

Y Cristo toma esos gestos como signos de su presencia, y para que su misterio, el misterio de por qué él predicó las bienaventuranzas, de por qué él asumió la muerte, y de por qué Dios lo resucitó, ese misterio siga siempre actual. Jesús les dice: tomen, coman mi cuerpo, lo cual quiere decir coman mi persona. ¿Qué es comer la persona de alguien? No es antropofagia, masticarle los músculos. En alguna medida podríamos poner un ejemplo. Cuando en la pareja hay auténtico amor, no sensualidad, sino encuentro, un cónyuge lo come al otro cónyuge, lo hace suyo. Se apropia la persona, no en el sentido posesivo, egoísta, es que la convivencia lo va haciendo propio, por eso el marido va tomando las mañas de la mujer, y la mujer va tomando las mañas del marido, y por ahí se casó un porteño con una santiagueña y al porteño con el tiempo le cae el acento santiagueño. Es decir, hay como una simbiosis de la persona, lo que es, lo que piensa, lo que vive, de modo tal que llega un momento en que dice ya sin ti no puedo vivir, porque si tú te mueres yo me muero contigo. Diríamos si bien están las personas, la simbiosis es tan honda que si muere uno, muere una parte del otro, ya no se sabe donde empieza el uno y dónde termina el otro. Ese es el misterio del amor humano. Comer a Cristo es eso. Por eso de nada sirve las comuniones donde uno sin cuestionarse nada, va y comulga como si fuera una especie de sandwich espiritual que uno come cuado tiene hambre. Eso es absurdo. O la gente que nunca se confiesa y comulga, perdió el sentido de que para captar las cosas de la vida hay que ponerse anteojos profundos. Como el médico o el químico para descubrir la verdad tiene un microscopio, pero tiene que limpiar las lentes, es decir, purificar la visión para poder ver. En un microscopio con las lentes llenas de grasa no se puede captar lo que pasa. Y a veces hay una pérdida del sentido del pecado, del sacramento de la penitencia, aunque uno no tenga pecados graves. Porque la penitencia no es un lavarropas espiritual, sino es volver a centrarse en la verdad, en la verdad de uno mismo. Ese es el sentido del sacramento de la penitencia, por eso el que no se confiesa perdió la necesidad de centrarse en la verdad de sí mismo, y vive su propia mentira muy contento. A lo mejor no tiene ningún pecado, pero perdió, porque es necesario tener esa verdad para poder apropiarse de Cristo, comulgar, hacer la opción por la persona de Cristo, lo que él fue, por lo que él dijo, por lo que él vivió, por lo que él ofreció; como alternativa de vida, y eso es comulgar. No es algo mágico, que yo ; digo en este pedacito de hostia de pan, y por arte de magia está Cristo. No, en este pedacito de pan está realmente Cristo, pero para descubrirlo es menester una tarea. Si no, yo no llego a comulgar con Cristo por el solo hecho de comer un pedazo de pan. Como todas las cosas de la vida cuestan. Por eso les dice tomen y coman esto es mi cuerpo, este soy yo, y después les dice tomen la copa y beban, porque esta es mi sangre, es decir, beban no solamente de mi persona sino de todo el dinamismo de mi ser, a ver si ustedes son capaces de tener también el mismo dinamismo. Y un dinamismo para la construcción del mundo, para el amor, porque la vida se gana cuando se da. Por eso les dice tomen de esta copa que va a ser derramada. Hay como un juego, como si yo tuviera que beber ese vino, pero ese vino que yo bebo no se va a quedar en mi cuerpo, tiene que ser derramado. Así como el pan yo lo como para que se transforme en mí, el vino en cambio yo lo bebo para que sea derramado, dado. Es decir el dinamismo de la vida es para darlo. De modo tal que cuando yo comulgo el pan yo estoy haciendo la opción por la persona y por el ser de Cristo. Y cuando yo tomo la copa, yo lo que estoy haciendo es una opción por dar la vida como la dio Cristo. Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, es decir, el dinamismo de estar de acuerdo con Dios, del estar sincronizado plenamente con Dios y que va a ser derramada por muchos; ese dinamismo que va a ser dado por los demás. Esta festividad del cuerpo de Cristo, exige un centrarse en este signo sacramental pero tratando de superar todas las soluciones periféricas y superficiales que nos hacemos para seguir a veces viviendo mediocremente, con la palabra evangelio en la boca pero sin Cristo en el corazón. Porque es fácil declamar los misterios cristianos, pero la salvación del mundo no viene, por una profesión literaria del evangelio, o por una religiosidad individualista donde yo busco salvar mi almita, sin importarme de los grandes designios de Dios sobre la historia y sobre los hombres.

Cuando uno celebra el misterio del pan y del vino, la eucaristía, recuerda un gesto, de una alianza, de una sincronía con Dios que empezó en la historia, con Moisés y un pueblo, y que se dio plenamente en Cristo. Porque en El, Dios y el hombre estuvieron funcionando a pleno, perfectamente ensamblados.

Y ensamblados para crear, para dar, para ser. Por eso comulgar no es un mero recibir al Señor, y algunos tienen esa idea.

Comulgar es, hacer una comunión, es hacer la opción una vez más por Cristo, y vivo, aquí, ahora. Si yo no capto al nivel del signo del pan, y por lo que fue su vida, su obra, su entregarse, si no ubicamos estas hondas verdades en su exacta dimensión caemos en el folklore religioso, de mucha gente que va a misa y comulga, de la gente que discute que si los curas, si confesar o no confesar, si le tengo que decir los pecados si no se los tengo que decir, cada cuánto, etc. Es decir, es el mejor modo de nunca llegar a aceptar a Cristo, el discutir estas cosas en vez de vivirlas, y en vez de preocuparse por profundizarlas. El sentido de las cosas en la vida nunca es evidente, hay que conquistarlo.

Y el que no tiene inquietud de búsqueda, el que no invierte tiempo y vida en descubrir el sentido de las cosas, va a vivir sin haberlo entendido. Lo cual es lo mismo que va a vivir sin haber nacido, porque de qué sirve vivir, si uno no entiende el para qué. El para qué del amor, el para qué del trabajo, el para qué de la familia, el para qué de la fe, el para qué de los hombres, el para qué de la historia, el para qué de la justicia, el para qué de la libertad, y el para qué del sacramento. del pan y del vino.

Por eso yo les proponía como pautas de reflexión, creo que eran cinco puntos: 

   Volver a centrar nuestra atención en Cristo, en quien encontramos la perfecta sincronía con Dios, la alianza. 

   Segundo, profundizar la presencia viva del Señor. 

   Tercero, descubrir el mensaje, la realidad encerrada, renovar el sentido de la esperanza, en la medida en que uno se lo apropia, lo viva. 

   Cuarto, mirar con ojos nuevos y ahondar el misterio cristiano de la eucaristía.

Y quinto, jamás acostumbrarnos a estos signos, porque el que se acostumbra a la eucaristía, la destruye,  porque es una realidad continuamente nueva, porque es la realidad de Dios.

Cuántas cosas para reflexionar y cuántas cosas para alegrarnos en lo hondo del corazón. Porque en el fondo, el Señor está más cerca de nosotros de lo que nosotros pensamos. Y el misterio de la vida encerrado en nosotros es mucho más rico de lo que a veces nosotros suponemos.

Meditemos unos instantes estas cosas.

 Presbítero Oscar Amado.

 

 

  

LAS SIETE PALABRAS

 “Padre, perdónalos, porque no saben lo que

hacen…”

 “En verdad te aseguro que hoy mismo

estarás Conmigo en el Paraíso”

 “Mujer, ahí tienes a tu hijo…

Hijo, ahí tienes a tu Madre…”

 “Tengo Sed…”

 “Señor, Señor… ¿Por qué Me Has abandonado…?”

 

¡Todo está consumado…!

 

Padre… ¡En Tus manos encomiendo Mi Espíritu…!

 

 “Di a las almas consagradas, que la cruz que llevan, no es únicamente para que adorne su pecho o los identifique superficialmente Conmigo. Primero deben revestirse de ella, aprender a ‘acomodarse’ en ella, en lugar de huir de ella. Diles que no pueden ambicionar el Tabor si no han pasado antes por el Gólgota; que aquí, en la Cruz, es donde aprenderán la caridad, la humildad, la pobreza de espíritu, la templanza en todos los actos de su vida.”

“Asegúrales que Yo doy prueba y testimonio de que, desde la experiencia de la cruz, se puede vencer fácilmente al demonio.  Contémplame: Soy verdadero Hombre, en el cual la carne manifiesta sus limitaciones, y verdadero Dios al demostrarles la fuerza implacable del Amor agápico.”

“Oren por aquellos que no conocen de sufrimientos, porque de cierto, no están entre los Míos… Observa a estos dos condenados que Me flanquean y medita acerca de las formas en que los hombres llevan sus cruces.”

“Unos la llevan con rabia, con rencor, en medio de mucho pesar.  Quien carga una cruz en semejantes circunstancias y con esos sentimientos, de hecho carga una cruz que no tiene sentido, puesto que en lugar de acercarlo, lo aleja de Mí. Por lo general esa es la cruz de aquellos que se niegan a comprender el sentido del sufrimiento que adquiere dimensiones sobrenaturales. Esa es la cruz que tiene el ladrón de Mi izquierda: es la cruz que siempre será pesada y que nunca podrá redimir.”

“Dimas, a Mi derecha, acepta su cruz con resignación, y hasta con dignidad, asumiéndola primero, porque no le queda más remedio.  Pero de pronto, cuando Me reconoce y sabe que Soy el Hijo de Dios, acepta esa cruz reconociéndose pecador y pidiendo que a través de ella, la Misericordia se acuerde de Él.”

“Finalmente, Me tienes a Mí aquí, frente a ti. Abrazado a Mi Cruz redentora, para enseñarles a cargar la suya. Los invito a ser corredentores Conmigo, reparando sus propios pecados y los de todos los hombres. Sepan que esta forma de cargar la cruz se refleja en su conducta, cuando frente a ustedes tienen contrariedades y dolores y a través de ellos se acercan a Mí, y sacan utilidad de ellos para testimoniar ante los hombres; cuando abrazan su cruz y desde allá pueden sentir que lo único que desean es fortaleza, porque la sed de almas los abrasa a ustedes.”

  Mensajes de Vassula.

 

 

Virgen de Fátima

 

MENSAJE URGENTE DE NUESTRA MADRE SANTÍSIMA A VASSULA

RECIBIDO EL 7 DE ENERO DE 2008

 

Queridos amigos de la VVED:

 

Anoche Nuestra Señora me tuvo despierta desde las 3.10 de la madrugada hasta las 4.00 para darme un mensaje para todos nosotros. Nuestra Señora me dio a entender que en este momento Cristo está siendo atacado más que nunca. Nuestra Bendita Madre me habló desde las 3.30 hasta las 4.00 de la madrugada. No me pidió que me levantara para escribirlo inmediatamente y a mí me preocupaba que se me olvidase lo que me estaba diciendo, pero Ella me dijo que me lo recordaría cuando lo estuviera escribiendo para enviároslo y que se difundiera. El mensaje consistía en esto:

 

La primera parte del mensaje me concernía personalmente y el resto era para el público. La primera parte, dirigida a mí, era para tranquilizarme  y consolarme. Nuestra Señora me dijo que estaba siempre a mi lado, especialmente en estos tiempos difíciles en que Satanás está desatando su cólera contra mí y contra el mundo entero. Que Dios está siempre muy cerca de mí y me quiere, y que el cielo no está ciego a las dificultades y los ardientes sufrimientos que estoy atravesando, pero que Dios necesita esas

inmolaciones y esos sacrificios; que Dios es fiel a Su Palabra y que a Ella le encantaría oírme rezar el Rosario con más consistencia… Luego dijo: “Recógete más en tus oraciones…(Recogeos más en vuestras oraciones)”

 

La segunda parte del mensaje es la siguiente:

 

Que estamos muy cerca de los acontecimientos que han sido predichos, a los que debe enfrentarse la humanidad y que están ante nuestra puerta; acontecimientos provocados por la maldad, el egoísmo, la falta de amor del mundo, acontecimientos que son el resultado del rechazo del mundo a la Palabra de Dios, de su rencor, hipocresía e impiedad. La tierra está en peligro y sufrirá el fuego. La ira de Dios no puede contenerse por más tiempo y caerá sobre ellos porque el hombre se niega a romper con el pecado. Que la Misericordia de Dios todos estos años era para atraer al mayor número posible a Él, extendiendo Su Brazo para salvarlos, pero sólo unos pocos lo entendieron y escucharon. Que Su tiempo de Misericordia no durará mucho más y que está llegando el momento en el que todos serán puestos a prueba y la tierra vomitará de sus entrañas ríos de fuego, y las personas de la tierra que no han tenido a Dios en sus corazones comprenderán su  insignificancia y su impotencia. Dios es firme y fiel a Su Palabra. Ha llegado el momento en que los de la casa de Dios serán puestos a prueba y los que rechazaron Su Misericordia probarán el Fuego de Dios.  

Nuestra Señora continuó hablando del sacrificio. Me ha pedido que recuerde a todos que Dios nuestro Creador nos pide que nos comprometamos más con Él y que estar convertido no es suficiente sin sacrificio y oraciones constantes. Si alguien dice que se convirtió y encontró a Dios a través de “La Verdadera Vida en Dios”, debería ofrecer más sacrificios como acto de inmolación. Hay varias maneras de demostrar a Dios nuestro amor y generosidad; que nadie puede decir “somos personas de verdadera vida en Dios” sin ofrecer un amor expiatorio; que los que aman a Dios de verdad están benditos y no deberán temer durante esos días. Nuestra Bendita Madre dijo que los que perseveran a través de las dificultades son bendecidos; que está contenta con todos los sacerdotes que comparten y promueven estas Obras de Dios (como los que siguen  La Verdadera Vida en Dios y que están abiertos al Espíritu) y deben permanecer confiados porque han recibido gracias especiales del Espíritu de Dios; que a través del Espíritu se han hecho más fuertes en el Señor y para Sus planes de salvación. Que Cristo les concede Su paz.

 

Si alguien sirve y se inmola como ofrenda, el juicio que llegará con fuego no será tan severo para él  porque estará gozando en su espíritu de la llamada de Dios que le trajo a la vida.

 

Muchos han caído pero muchos serán levantados. Muchos han fallado en guardar bien segura en sus corazones la Palabra de Dios y han transgredido la Palabra que se les dio no sólo a través de los mensajes de La Verdadera Vida en Dios sino también a través de la Escritura.

 

Después Nuestra Señora dijo: “Vassula, quienquiera que te juzgue, también será juzgado severamente por Dios. Continúa esperando con impaciencia recibir la Palabra de Dios en tus oídos y sé feliz, hijita Mía, tu Madre no te abandonará jamás”.  “Habla sin miedo y no temas a los que se te oponen. El Señor y Yo te bendecimos y te concedemos  paz y amor”.

 

Esto es todo. Por favor, leedlo y meditadlo cuidadosamente.

 

En Cristo,

Vassula

 

 

MENSAJE DE NUESTRA SEÑORA A VASSULA:

¿CÓMO DEBEMOS REACCIONAR?

 

Primero que nada, es importante mencionar que lo único nuevo en este Mensaje es la declaración de que estamos más cerca de acontecimientos que ya han sido profetizados. Los Mensajes de la VVeD contienen elementos apocalípticos, y algunos pasajes son dramáticos.  Como ejemplo, vean el Mensaje 28 de abril de 1995, en el que Jesús está, aparentemente, hablando de lo que la Biblia llama “El Día del Señor”.

“Apareceré en un caballo blanco, como un guerrero de la justicia y juzgaré por todos Mis Santos, Apóstoles y Profetas, en contra del dragón, la Bestia, el falso profeta, alias la segunda bestia, y los tres  falsos espíritus, y con Mi Espada golpearé a cada uno de ellos.

Habla también de los seguidores de la Bestia, algunos que parece que se han infiltrado en la Iglesia. Dice:

“Extirparé a cada uno de ellos y los quemaré en el fuego, y Mi Aliento devorará a los demás como fuego…”

¿Qué es este fuego? Nuestro Señor habla de Su Aliento como “fuego”. En este Mensaje la palabra Aliento se escribe con “A mayúscula”, y así debe ser, porque el Espíritu Santo es el Aliento de Dios. El Espíritu Santo es el “fuego” que viene del Cielo.

Vassula nos ha aconsejado que cuando leamos este tipo de Mensajes, debemos buscar el significado espiritual. No debemos pensar solamente sobre acontecimientos físico-geográficos, sino sobre los cambios espirituales que el Nuevo Pentecostés traerá para cada uno de nosotros y cómo la clara revelación de la verdad (la “Espada”) actuará como juicio, especialmente sobre aquellos que han rechazado el Evangelio. Todo esto está profetizado en las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Por supuesto que, al leer el Mensaje de Nuestra Señora, debemos admitir que el castigo que viene (si es que de eso estamos hablando) incluirá de hecho acontecimientos físicos. El lenguaje del mismo innegablemente señala acontecimientos geográficos e históricos: la tierra escupirá, de sus entrañas, ríos de fuego.

Imágenes similares se pueden encontrar en los Mensajes dados al Padre Gobbi del Movimiento Sacerdotal Mariano (MSM se menciona al inicio de los Mensajes de la VVeD). Un Mensaje, en particular el del 15 de septiembre de 1993, habla sobre la venida del fuego y dice que una gran parte de la humanidad será destruida. En el mismo Mensaje, aunque no por nombre, se mencionan las Apariciones y el Mensaje de Akita, Japón. Imágenes similares se pueden encontrar en parte del Mensaje de Garabandal (mencionado en los Mensajes de la VVeD y en el libro del MSM).

Hay más que decir sobre esto, pero lo más importante es saber cómo tenemos que responder. Mantengámonos en el significado espiritual, ya que ésta es la interpretación más importante en este tipo de Mensajes.

Para empezar, el Mensaje es retador. Se nos pone frente a un espejo y se nos pide que nos miremos a nosotros mismos. ¿Somos verdaderamente seguidores de Cristo? ¿En verdad aceptamos los Mensajes de la VVeD? Estamos viviendo en tiempos peligrosos. Nuestros enemigos no siempre son visibles, pero son reales. ¿Estamos tomando en serio esta batalla? Los primeros Cristianos sufrieron, y muchos de ellos murieron, antes que negar a Cristo. Hicieron muchos sacrificios, los cuales algunas veces culminaron en el sacrificio máximo. ¿Estamos viviendo vidas cómodas? ¿Qué sacrificios estamos haciendo? Si volvemos al Mensaje de Fátima (1917), veremos que Nuestra Señora nos pide que “vivamos vidas buenas”, y eso significa ofrecer al Cielo todos los sacrificios que debemos enfrentar como resultado de esto. En otras palabras, los primeros sacrificios que ofrecemos son los que llegan mientras tratamos de vivir la vida Cristiana de acuerdo con nuestras vocaciones, posiciones en la vida (por ejemplo, seamos casados o no), y la ubicación geográfica. En muchos casos, esto será suficiente. ¡Sólo piensen en los Cristianos que viven en Pakistán!

Para muchos en el Oeste, afluente económicamente, se necesita más, pero “más” no siempre significa “grande”. Nunca debemos de dejar que pase un solo día sin hacer algún sacrificio. Podemos ofrecer varios pequeños sacrificios. No debemos de tratar de hacer más de lo que Dios nos pide, ni presumir que se nos está pidiendo que hagamos sacrificios más allá de nuestras fuerzas. Debemos evitar el orgullo espiritual. Igualmente, no se nos está dando permiso de dañar nuestra salud. No hay necesidad de hacer una lista del tipo de sacrificios voluntarios que podemos hacer. No requiere mucho de nuestro esfuerzo decidir qué podemos hacer. Sin embargo, lo principal es aceptar los sacrificios que siguen a nuestro compromiso de vivir una Verdadera Vida en Dios, ya sea que esto implique más y mejor oración, servir a los pobres, dar testimonio o el sufrimiento real en unión con Cristo.  La aceptación paciente de la persecución es parte del compromiso.

Al mismo tiempo, no se nos está pidiendo que estemos constantemente tristes. Santa Teresa de Ávila oraba: “¡Señor, líbranos de santos tristes!”. No se nos pide que renunciemos a todas las actividades placenteras. En estos tiempos, frecuentemente necesitamos relajarnos y algo de entretenimiento no es malo. Pero debemos de asegurarnos que todo sea hecho con el Señor. Si nos invitan a algún lado o a hacer algo que sabemos que no podemos hacer en Su Compañía, entonces no debemos de aceptar. Esto es un ejemplo del tipo de sacrificio que debemos hacer si queremos permanecer fieles a nuestro compromiso.  El Señor no nos pide que estemos tristes y Él no nos pide que todos vivamos como ermitaños. Si eres un ermitaño, entonces tienes que vivir como tal, pero ni siquiera a los ermitaños se les pide que estén tristes. Todas nuestras actividades se realizan en Su Presencia, ya sea que lo sepamos o no. Como lectores de la Verdadera Vida en Dios, se nos pide que vivamos el “nosotros”. Lo que esto implica es que no pequemos y que ofrezcamos TODO lo que hacemos, pensamos y decimos, en unión con los Dos Corazones. Jesús está con nosotros ya sea si estamos en la Iglesia o en el cine. Puesto que Él va con nosotros, debemos de estar conscientes de lo que Él quiere y decidir lo que debemos ver y no ver, hacer y no hacer, en función a ello. Esto no significa que estemos ansiosos en relación con nuestras actividades de entretenimiento, sino mantener un equilibrio sano en nuestras vidas diarias.

Uno de los temas más retadores del Mensaje dado por Nuestra Señora se encuentra al final. Ella le pide a Vassula (y a nosotros) que “se recoja más al orar”. Nuevamente, nos encontramos  con la necesidad de hacer sacrificios. Uno de los grandes secretos de la vida espiritual es la concentración.  Podemos describirlo de la siguiente manera: todo lo que hacemos puede convertirse en oración. No necesitamos pelear y luchar con esto, sino simplemente decir “Señor, te ofrezco esto”, y después hacer nuestro mejor esfuerzo para concentrarnos en lo que sea que estemos haciendo. Por ejemplo, en el caso de un monje benedictino, su trabajo en el jardín o en la fábrica de velas (o cualquier otro) es importante y puede ser ofrecido a Dios. Para ofrecerlo de manera correcta, es decir, una buena oración, el monje debe de prestar atención a lo que está haciendo. La buena oración nos puede enseñar a concentrarnos y a ser conscientes de Dios a diferentes horas del día. La oración constantemente distraída y la oración en la que estamos pensando a futuro, por ejemplo, pensando en lo que vamos a hacer después, necesita ser cambiada. No podemos evitar las distracciones, pero podemos recogernos y recuperar nuestra concentración. Es el esfuerzo lo que cuenta, junto con la intención de nuestro corazón.

La palabra “inmolación” puede causar algo de problemas. ¿Qué significa? Una definición es “morir a través del fuego”. Esta definición es buena, ya que hay partes y cosas de nosotros que tienen que morir. El yo, consentido y egoísta, tiene que ser sanado y la medicina es “morir a sí mismo”. Esto significa decir “¡No!” a esa parte de nosotros mismos. Significa disciplina y significa sacrificio. El ayuno forma parte del proceso de sanación. Otro aspecto de la inmolación es que tiene algo del significado de ofrecimiento. ¿Qué le estoy ofreciendo a Dios? Si permito al fuego del Espíritu Santo que me purifique, lo que está espiritualmente muerto en mí, puede ser finalmente destruido y removido. Lo que puedo entonces ofrecer a Dios es a mí mismo, purificado por el fuego (inmolado). El amor de Dios puede arder dentro de mí y matar los pecados e imperfecciones. Esto no es trabajo de un día o un año, pero tener la intención es importante. Al final del día, es el trabajo de Dios, y yo coopero con Él. También soy inmolado a través del sacrificio de la obediencia. La obediencia puede ser un verdadero sacrificio, la negación del orgullo y una elección de humildad (inclusive en algunos casos, la humillación). “Aquél que se humilla a sí mismo será exaltado”.

Como dije al principio, no hay nada nuevo aquí. ¿No estamos familiarizados con la invitación a “aniquilar” todo lo que somos, para que podamos recibir “todo lo que es” Cristo? Básicamente, estamos leyendo el mismo llamado a la santidad que ya tenemos en los Mensajes. Vivan los Mensajes y estaremos en unión con Dios. ¿Qué más necesitamos saber?

Padre John Abberton

 

 

 

 

 

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