INTRODUCCIÓN
por Daniel Torino
Los
años inmediatos a la constitución de la Fundación Pbro. Dr.OSCAR
AMADO, se vivieron con una intensa labor editorial, expresada en la
publicación, de la desgrabación de las homilías del Padre Amado,
pronunciadas en la Parroquia San Pío X de Mar del Plata, en distintos años
de su ejercicio sacerdotal. Tarea que comenzara en el tiempo litúrgico
del Adviento de 1984.
En
ese entonces, la Fundación presentaba la primera serie de homilías
bajo el título "Reflexiones sobre la Cuaresma", la cual tuvo
una segunda edición nuevamente en el tiempo de Adviento esta vez, en el
año 1987.
En
ese mismo año de 1984, y casi para la misma fecha, se publica el
segundo cuadernillo de homilías, bajo el nombre de "Reflexiones
sobre el Adviento y la Navidad", edición que reunía las homilías
pronunciadas por el padre Amado durante el Adviento y la Navidad de
1980.
A
estas primeras publicaciones, le siguió "Reflexiones sobre la
Pascua" en Junio de 1985, centrada en su prédica de la Semana
Santa, y posteriormente en la fiesta de San Pedro y San Pablo, 29 de
Junio de 1986, se editó "A la luz de la Pascua", reuniendo
las reflexiones de las grandes fiestas litúrgicas siguientes a la
Pascua.
Posteriormente, en la
fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, en Junio del año 1989, se
presentó una nuevo cuadernillo de homilías del Padre Amado, titulado
"Caminando a la Navidad", que reunía su sermones sobre las
fiestas de Navidad y varias reflexiones sobre las Jornadas Mundiales de
la Paz, de diferentes años.
En
el mismo año, en el mes de Noviembre, se pudo editar "Meditando la
Palabra de Dios", una recopilación de las guías parroquiales,
pertenecientes a los domingos del ciclo litúrgico Anual A, que el padre
Amado entregara a sus feligreses cada celebración dominical del año
1981.
Tanto
escuchando los numerosos sermones grabados durante distintos años, de
su acción parroquial en San Pío X, como de la lectura de las homilías
publicadas, descubrimos en el padre Amado un hombre de profunda
contemplación de la verdad, y una búsqueda incansable de la
"inteligencia de la fe". Sin duda, se puede aplicar a su vida
el saludo inicial de la carta Apostólica "Fides et Ratio" de
Juan Pablo II, de fecha setiembre de 1998, en la cual dice:
"La
Fe y la Razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano
se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el
corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de
conocerlo a él para que, conociéndolo amándolo pueda alcanzar también
la plena verdad sobre sí mismo."
Ese
espíritu contemplativo y de búsqueda inteligente, lo lIevaron a pensar
la Casa de retiros Santa Clara y San Francisco de Asís, en el Bosque de
Peralta Ramos en Mar del Plata, cuya piedra fundamental logró poner el
11 de Agosto de 1978, y que luego de varios años de construcción se
encuentra hoy en pleno funcionamiento. Obra que expresa la síntesis de
su vida, "oración y pensamiento creyente".
Los
años siguientes a la última publicación (noviembre de 1989) abocaron
a la Fundación en diferentes tareas pastorales y de divulgación de la
Palabra de Dios, y del pensamiento del padre Amado, sobre la misma. Pero
no se continuó, con nuevas ediciones de sus homilías. Se fue viviendo
el tiempo ordinario de la vida, como camino a la plenitud de la verdad.
Y tratando de vivir este espíritu de contemplación y pensar creyente,
que se plasmara en la Casa de Retiros.
Hoy a veintidós años
del fallecimiento del padre Amado, presentamos nuevamente una serie de
cuadernillos homiléticos. En esta oportunidad son siete homilías que
cubren el llamado " tiempo litúrgico ordinario" (o durante el
año); abarcando desde el Domingo Decimoséptimo al Domingo Vigésimo
Cuarto. Al igual que las ubicadas con anterioridad, éstas homilías
fueron predicadas en la Parroquia San Pío X durante el correr del año
1981.
Ellas
configuran el pensamiento bíblico/teológico del último periodo de su
actividad sacerdotal y son el testimonio vivo de un pastor abnegado, de
un teólogo eminente, de un hombre de Dios.
El
titulo escogido "Caminando al Reino", refleja este tiempo
ordinario de un caminar seguro y pausado a la Casa del Padre, al Reino
de los Cielos prometido y esperado.
Se han dejado de lado los
denominados "tiempos fuertes" del año litúrgico, como son
los del Adviento y Navidad que lo inician, y la Cuaresma y Pascua que lo
centran; ya que ellos fueron motivo de nuestras ediciones primeras. Esta
vez, se decidió adentrarse en el llamado "tiempo ordinario",
aquel que tiene un matiz diferente, en el cual no se rememoran los
grandes centros de la Fe cristiana, sino que se profundiza
en el conjunto del Misterio de la vida de Cristo, y se
penetra en él con una contemplación menos festiva, pero más
interiorizante.
En
este tiempo litúrgico "durante el año", se va desarrollando
en las lecturas de los domingos, la Historia de la Salvación, preparada
e iniciada en el Antiguo Testamento, consumada y realizada en el
misterio de Cristo. Se siguen los pasos del Señor desde Nazaret, su
pueblo natal de la Galilea, hasta la entrada en Jerusalén y concluyendo
con la fiesta de Cristo Rey, que cierra el ciclo del tiempo ordinario.
Cada.
lectura dominical de la Palabra de Dios, en lo que respecta al
Evangelio, se hace de forma continuada y contemplativa del obrar y
hablar del Señor, y nos permite caminar junto a Él y reflexionar su
misterio y misión. He aquí el motivo del titulo del presente
cuadernillo, ya que es "caminar junto a Jesús", con el anhelo
profundo del encuentro con el Padre. Es rezar con la actitud del
salmista en el Salmo 122 que recoge la alegría de los peregrinos al
emprender la marcha hacia Jerusalén, cuando exclama ( v 1-2 ):
"Que alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la Casa del Señor"!.
Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén."
La
labor del padre Amado fue ir explicando en el lenguaje del hombre
contemporáneo, con sabiduría y fecundidad, la riqueza y profundidad
que los textos bíblicos poseen, extrayendo desde una comprensión exegética
totalizante del misterio de la vida de Cristo, una interpretación
vivida y orada de la Palabra de Dios celebrada en la liturgia.
En
analogía con el Evangelio, el padre Amado, hizo suyos los pasajes del
libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando el ángel del Señor le
hablo a Felipe, y le mando unirse al coche del funcionario etíope que
iba leyendo al profeta Isaías. Quien, ante la pregunta de Felipe,
acerca de la comprensión o no del texto leído, respondió en forma
precisa: ¿Cómo voy a entender, si nadie me lo explica? La narración
continúa diciendo que, Felipe lleno del Espíritu Santo, fue caminando
junto al etíope, y partiendo desde ese texto le anunció a Jesús. (Hch
8, 26-40)
Camino,
anuncio, interpretación, fuerza del Espíritu Santo, son ellos la
semejanza en la tarea pastoral del padre Amado. Con paciencia, con un
carisma propio y único, exclusivo de aquellos que el Señor ha elegido
para el anuncio de su Reino, cada domingo explicaba a sus feligreses la
Palabra de Dios. Y al igual que Felipe, llevaba nuevamente a su pequeña
grey, a sentir una vez más, los efectos renovadores y santificantes del
"agua bautismal".
Tuvo
conciencia clara de que el evangelio para una mayor comprensión,
necesita ser interpretado, de manera que una vez comprendido pueda ser
vivido, llevado a la cultura del hombre de hoy. En muchos aspectos su
predica dominical, retornó las
líneas de los grandes profetas de Israel, en lo que
hace a la denuncia de la falsa religiosidad, de la hipocresía frente a
Dios, de la dificultad de la vida comunitaria por falta de un corazón
convertido, de la oración interesada y mezquina, de la falta de
compromiso en la construcción del Reino, y tantos otros aspectos
eclesiales y personales, que se desprenden de sus homilías.
Sacerdote,
teólogo, exégeta, pastor, amigo, supo llegar al corazón de los
cristianos que el Señor le encomendó en su corta vida sacerdotal.
Apuntó siempre a la excelencia y como tantas veces repitiera, "a
tomarse en serio al Señor". En el recuerdo ya distante pero vivos,
los que tuvimos la dicha de conocerlo y compartir con él la vida de la
fe, con sólo cerrar los ojos, volvemos a aquellas celebraciones de la
parroquia de San pío X, nuevamente escuchamos la Palabra del Señor, oímos
los cantos alegres de la asamblea reunida, y vuelve a nuestros oídos su
prédica fuerte, comprometida, inspirada. Hoy seguimos unidos desde la
comunión de los santos, en una sola fe, un solo bautismo, una sola
Iglesia, un único Pan -Cristo, el Señor-.
Todos
que aquellos que conocimos al padre Amado, sabemos que sus homilías
nunca fueron pensadas para una edición escrita. El fervor y la fuerza
que su predica transmitía, no puede ser transcripta. Sin embargo se ha
puesto el máximo esfuerzo, para que esa vitalidad y fortaleza lleguen
desde la palabra escrita y aquellos que escuchamos sus sermones podamos
evocar nuevamente su voz, sus expresiones y su carisma.
Al
finalizar las homilías hemos anexado las respectivas hojas guías que
el padre Amado entregaba cada domingo, para que se pudiera continuar
meditando la Palabra de Dios y resaltando sus líneas fuertes y
centrales.
Caminando
al Reino, quiere ser vehículo de reflexión y maduración de la fe
comunitaria y personal. Quiere ayudamos a caminar, siguiendo las huellas
de Jesús en lo cotidiano de la vida y también a vivir el compromiso
eclesial. En el decir de Amado: "la comprensión de la vida y el
lograr vivirla con alegría, ciertamente que es gracia, pero exige de
parte nuestra esfuerzo, búsqueda de la verdad y oración constante. Es
un camino de dialogo con Dios sobre la autenticidad de la vida".
En
el fondo, el contenido de la fe, es la aceptación de todo lo que Dios
hace para salvamos y la confianza de que el Señor camina junto a
nosotros y nos indica el camino a su Reino, a la Casa del Padre.
Es
convicción profunda, "que Jesús enseña con toda fidelidad el
camino de Dios". (Lc 20,21).
Peregrinos
en la historia, herederos de un Reino, caminos al encuentro del Señor,
recordando las palabras del apóstol Pablo: "Bendito sea el Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de toda misericordia y de todo
consuelo, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que
podamos nosotros también consolar a los que están en cualquier
tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos
consolados por Dios." (2 Cor 1,3-4).
Agradecemos
a todos los que hicieron posible la publicación de este cuadernillo,
tanto en el esfuerzo de la desgrabación como en la corrección
literaria y armado del mismo. Verdaderamente demandó muchas horas de
trabajo, pero valió la pena.
Le
pedimos al Señor que bendiga abundantemente a quienes han de leer y
meditar estas homilías.
OSCAR AMADO, IMAGEN DEL SEÑOR EN UN ROSTRO
"Doy
gracias al Señor que confió en mí, para anunciar el Evangelio, no
agradando a los hombres sino a Dios "
El
escrito cabezal, no es una cita bíblica, es el lema de la vida de
Oscar.
La
trayectoria de todo hombre está llena de mojones significativos. Aun la
del bebé que termina sus días, tiene su buena historia significativa.
Así Oscar, tuvo y tiene su historia significativa. Esto es, ha dejado
en su camino señales, que nos ayudan a descubrirlo y descubrimos.
Todo
hombre se conoce y es conocido por los "gestos", actitudes y
comportamientos" .que hablan de su interioridad. Más allá de las
palabras y los hechos, ellos poseen un rico lenguaje que se expresa
corporal mente, que habla del interior de la persona humana.
Esto
conforma entre nosotros la presencia espiritual de Oscar. Espiritual y
presencia, ambas cosas. No subjetividad ilusoria, sino "hecho
concreto", cosa dada, aparte de nosotros e independiente de todo y
de todos.
Los
cuadernillos de la homilías presentadas, expresan esa realidad de
Oscar. Ellas son una reflexión evangélica, expresada en un lenguaje no
sólo oral, sino también corporal. Ahí está la carne de su vida, y
nosotros, ahora comunicamos lo que hemos visto, oído y tocado de él y
con él.
Cuando
Oscar, en sus últimos meses de su vida expresa: "si yo tuviera
miedo a la muerte, toda mi vida y mi predicación, habrían sido una
mentira". Tal actitud ante la hermana muerte, es la que me
lleva a expresar, la coherencia de su vida con su sacerdocio, en la
ofrenda de sí y del Evangelio hecho anuncio gozoso.
Tal
lenguaje y gesto, hecho coherencia y predicación, son el cuerpo camal
que hoy gozamos todos. Son la ofrenda hecha sacrificio, que a todos nos
revela la "fidelidad" de su vida, para nuestra luz. Fue fiel
al Señor, quien confió en el. Y Oscar le respondió con la totalidad
de sí a tal confianza.
Pbro.
Jesús José Domaica
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL CICLO ANUAL A
Homilía predicada el 26/7/1981
Lecturas:
Libro
Primero de los Reyes 3,
5- J 2
Carta
de San Pablo a los Romanos 8,28-30
Evangelio
de San Maleo J 3,
44-52
La
celebración de la Eucaristía de hoy está motivada por estos textos bíblicos,
que acabamos de recibir. Una lectura del Antiguo Testamento y dos del
Nuevo Testamento, cuyo sentido es darle un contenido y una espiritualidad
concreta a esta Misa que vamos a celebrar.
Las
misas nunca son iguales. Cada domingo, partir el pan tiene un sentido
diverso y ese sentido diverso, que lo es por plenitud, se va sucediendo y
enriqueciendo en el llegar de Dios a nosotros. Ese sentido hace que cada
Eucaristía sea nueva.
Por
eso, vamos a tratar de dejamos invadir por esta Palabra de Dios de modo
tal que, cuando celebremos la Eucaristía, no lo hagamos por rutina.
Porque la rutina es anticristiana y es la negación de la fe. Sino que lo
hagamos con la conciencia profunda de que, realmente, el Señor llega hoy
también a nosotros. Y llega, precisamente, para fortalecer, para iluminar
los aspectos propuestos por la Palabra de Dios.
Naturalmente,
estos textos que hoy la iglesia propone, son muy ricos y pueden ser
abordados desde distintas vertientes. Nosotros vamos a elegir una de esas
vertientes y vamos a seguirla, reflexionando lo que los textos nos
proponen sobre el sentido de rezar.
Muchas
veces, la oración también cae bajo la mediocridad del pecado humano y
nuestras quejas de que no sabemos rezar son porque nunca nos ponemos a
rezar en serio o nunca nos detenemos a pensar qué puede ser la oración
en la vida de un hombre o de una mujer.
En la PRIMERA LECTURA del Libro de los Reyes, el
redactor bíblico narra un sueño de Salomón quien, después de una serie
de vicisitudes, es designado rey por su padre David, poco antes de morir.
Al
asumir el reinado, Salomón tiene un sueño. Ustedes saben que los sueños
son un estilo literario para expresar determinadas modalidades de la fe o
determinadas modalidades del obrar de Dios en nosotros
En
ese sueño Salomón se imagina que está frente a Dios, entonces Dios le
habla y le dice lo siguiente: "Salomón, puedes pedirme lo que más
quieras".
Uno
puede decir "está bien". Los abuelos también le dicen a ]os
chicos "hoy es tu cumpleaños, pedime lo que quieras".
E]
sentido de la oferta de Dios es mucho más hondo, lo podríamos expresar
agregando esa palabra "más". "Pídeme lo que más
quieras".
Fíjense:
la oración es, en el fondo, una definición de nuestra vida frente a
Dios. y si a veces, la oración es aburrida o no nos atrae, es porque
nosotros nunca nos hemos decidido frente a Dios o porque tenemos una
imagen muy vaga de Dios, o porque nunca nos hemos detenido a pensar,
seriamente, quiénes somos nosotros, quién es Dios, qué es la vida, qué
es la muerte, qué es el trabajo, qué es el tiempo, qué es la salud,' qué
es el mundo que nos rodea. O sea, lo que le viene a decir Dios a Salomón
es esto: "Pídeme aquello que, realmente, consideres lo más
importante en tu vida, que Yo te lo voy a conceder".
Salomón entonces, hace una oración y le pide a Dios
tres cosas:
En primer lugar: "un corazón bien
dispuesto".
Otros
traductores de la Biblia, en lugar de esta frase, expresan: "enséñame
a escuchar". Esto es muy curioso, Salomón le pide a Dios el don de
saber escuchar. Uno puede decir: qué tontería. No lo es tanto.
La
mayoría de nosotros, como consecuencia de la historia del pecado en
nuestra vida, por regla general, no sabemos escuchar. Cuando estamos unos
frente a otros, monologamos en presencia del otro, pero no escuchamos.
Salomón pide el don de saber escuchar, lo primero que
pide.
En
segundo lugar pide otra cosa: "saber ayudar, saber conducir a su
pueblo", tengamos en cuenta que él es el rey de Israel y debe saber
regir a su pueblo.
Salomón
le pide a Dios saber escuchar, tener un corazón abierto y saber ayudar y
gobernar a su pueblo.
Lo
tercero que pide es: "saber discernir entre lo bueno y lo malo".
Que
interesantes las tres cosas que pide Salomón y que, además, él
considera lo más importante de la vida y que, no son para él, sino en
beneficio de su pueblo.
Salomón
considera que, lo más importante de su vida son los demás. Por eso pide
el don de saber escucharlos, pide el don de saber conducirlos y pide el
don de saber discernir para ellos lo bueno y lo malo.
Lo
curioso es cómo reacciona Dios, dentro del sueño. Dios lo felicita a
Salomón y esto es curioso porque muy pocas veces aparece en la Escritura
que Dios felicite a alguien. Hay en la Escritura a veces, rasgos
estupendos. Por ejemplo, cuando Dios quiere definir cómo considera a
Abraham, no dice Abraham es mi hijo, es un hombre fiel, es un líder, sino
dice: "Abraham es mi amigo".
Aquí
es curioso entonces, porque Dios lo felicita a Salomón y le dice:
"mira Salomón, te voy a conceder todo lo que has pedido, porque no
pediste para ti una larga vida, ni pediste riquezas, ni pediste la muerte
de tus enemigos sino que, me pediste el don de la inteligencia, entonces
Yo te voy a dar un corazón sabio y prudente, como no lo tuvo nadie antes
de ti, ni nadie lo tendrá jamás.
En
el fondo, la razón por la cual Dios lo felicita a Salomón, es porque ha
superado la tentación del egoísmo, que es la tentación primera de
cualquier ser viviente.
Ustedes
ven que los nenes, los bebés, son fundamentalmente egoístas, siempre. La
primera manifestación del ser humano es el amor y la búsqueda de si
mismo y de que todo, esté para él. Es, yo diría, el mínimo ser humano.
Y el síntoma primero de crecimiento es cuando uno rompe el cascarón del
egoísmo - algunos no lo rompen nunca - y parte a la búsqueda del sentido
de la vida, del tiempo, de la salud, del dinero, de la familia, de todo.
Dios
alaba a Salomón porque Salomón tomó conciencia de que la vida es
servicio y que vivir es servir y que el hombre, a imagen de Dios, vive
para los demás. Se considera a si mismo como un don para los hombres y
considera que su vida, cada pensamiento, cada deseo, cada gesto, cada
actitud, debe ser para vivir una bendición para los demás. O sea, Dios
lo felicita a Salomón porque sabe vivir y porque sabe orar. Y eso, del
corazón sabio y prudente tiene un hondo sentido.
Sabio
es el que sabe comprender las cosas, el que las entiende. Lamentablemente
nosotros, muchas veces, avanzamos en la vida sin entender las cosas y sin
preocupamos de entenderlas. De ahí nuestras angustias, nuestros dolores,
nuestras tensiones. La sabiduría y luego la virtud de la prudencia. Es
decir, no cegarse con cualquier tipo de acción sino, debemos reflexionar
y hacer aquello que vale la pena sea hecho.
Se
podría decir mucho más y analizar mucho más de este texto. Pero, la
gran enseñanza que tiene este sueño de Salomón es mostrar cómo Dios ve
la oración y qué sentido tiene dialogar con Dios.
El
sentido de un diálogo con Dios es pedirle a Dios que nos ayude a
descubrir y a vivir las cosas importantes y fundamentales de la vida. Lo
importante y lo fundamental de la vida.
A
veces, nosotros fracasamos en nuestra oración porque nunca desbordamos el
nivel de lo periférico. Le pedimos a Dios salud, le pedimos a Dios que
nos vaya bien en el trabajo, le pedimos a Dios por nuestros parientes
enfermos, le pedimos a Dios por los que sufren. Todo está bien, ¿pero es
esa la oración fundamental del hombre? Esas son las consecuencias.
A
veces escucho, cuando se hacen las peticiones generales de la comunidad,
que no existe el sentido profundo de la oración a Dios. Se que no es por
mala voluntad, quizá es por falta de educación religiosa, (que es el
drama de nuestra Iglesia, acá en Argentina al menos). Escucho que no
existe la sensibilidad por las cosas realmente fundamentales de la
existencia del hombre y de su relación con el mundo.
Se
pide por la tía, por el eterno descanso de fulano de tal... Está bien
pero, no nace ese padecer la búsqueda de lo verdadero y ese padecer el
dolor del mundo que camina, que camina a veces en la verdad y a veces en
la mentira. Más en la injusticia que en la justicia y puedo incluso
lIorar frente a Dios, pero en mi corazón no ha entrado la pasión por lo
importante, por lo vá1ido, por lo grande. Por eso, nos debatimos en la
mediocridad, somos incapaces de hacer cualquier cosa que tenga envergadura
y no ha entrado en nuestro corazón el dolor del mundo.
Entonces,
me preocupo por mi tía que está enferma, pero no ha afectado mi corazón
los que están muriendo, por ejemplo, a causa de la guerra de guerrillas
de Latinoamérica, o la numerosa cantidad de muertos por las guerras
tribales de Africa o los muertos por hambre en tantas regiones del mundo.
O los que, en nuestro país, están padeciendo la dificil situación económica
que vivimos, con su secuela de analfabetismo, desnutrición infantil,
desempleo, etc. Eso no ha entrado en nuestro corazón.
Hay
que pedir lo importante y lo fundamental de la vida y lo que toca a toda
la comunidad y no a nuestros intereses. Porque vivir es darse y el sentido
de la vida es ser una bendición para el mundo. Fuera de aquí, no hay
sentido. Habrá miles de teorías pero, no hay sentido, no hay horizonte y
no hay esperanza.
¡Cuánto
podríamos seguir analizando en esta lectura! Pero, reléanla en casa y piénsenla.
En
la SEGUNDA LECTURA, la Carta a los Romanos, San Pablo habla de cómo
no existe en nosotros lo casual. No existe, la casualidad. Es decir, todo
es resultante de algo. Y la pasión por la vida, ese deseo de vivir, es la
resultante de que Dios nos llamó y nos llama a la vida; por eso, todos
tenemos deseo de vivir y nadie, en primera instancia, tiene deseo de
morir.
Pero,
lo interesante, es cómo trasunta este texto, de la Carta a los
Romanos, el sentido de la oración. Es oración, siempre en el ámbito
de lo que estamos diciendo, el pedirle a Dios las cosas importantes de la
vida, lo fundamental. Es expresar y alabar con Dios todo lo que puede ser
el drama de nuestras comunidades: la familia, la parroquia, el municipio,
el país, el mundo.
Hay
algo más, dice la Carta a los Romanos que, en el fondo, al hacerle
a Dios las proposiciones de nuestra existencia en la oración, tenemos que
pedirle un don y es: el don de saber pedir lo que está encerrado en los
designios de Dios.
En una palabra, en el diálogo
de la oración, tenemos que procurar que nuestra existencia se vaya
insertando en el misterio de la vida que Dios ha creado y lleva adelante,
y no al revés, buscar que Dios sea cómplice de nuestros proyectos o que
se ponga al servicio de nuestros proyectos.
El
problema, es pedirle a Dios que yo sepa descubrir sus designios y sepa
embarcarme en la corriente de la vida y no de la muerte. Es muy importante
esto, porque a veces, nos quejamos de que Dios no nos concede cosas ,y a
veces, Dios no nos concede cosas porque nos hacen mal. Es decir, si mi
abuelita está grave y se va a morir, y yo le pido a Dios que mi abuelita
no se muera; Dios no puede a mi quitarme el misterio de la muerte, porque,
pertenece al misterio de la vida. Dios tiene que hacer morir a mi abuelita
aunque, a mi no me guste. Para que yo crezca, para que madure y aprenda
una lección de vida.
La bondad
de Dios no es que siempre me evite lo que no me guste, al contrario, a
veces la misericordia de Dios me hace padecer cosas para que yo recupere
el sentido del camino. La clave está en que yo me incorpore a los
proyectos de Dios sobre el mundo y no que quiera que Dios venga a avalar
mis proyectos que, muchas veces, por ser míos, pueden estar empapados de
pecado o de egoísmo.
Y
dice esto la Carta a los Romanos: pedirle a Dios así y pedirle con
la absoluta certeza de que, aunque Dios nos conceda lo contrario, es
porque ha escuchado nuestra oración. Porque Dios siempre escucha la oración.
Lo que ocurre es que la respuesta que da Dios a nuestra oración, la da
siempre desde el ángulo de su omnipotencia y su sabiduría; no de acuerdo
a nuestros deseos. Dios siempre da como respuesta a nuestra oración algo
bueno, aunque en una primera instancia nos duela o parezca malo para
nosotros.
En la Tercera lectura del Evangelio de San Mateo, la liturgia de
hoy propone
dos
parábolas
Parábolas
son ejemplos, una metodología propia de la enseñanza de aquel tiempo.
Jesús usaba mucho el ejemplo, porque le ayudaba a sintetizar lo que Él
iba continuamente diciendo.
La primera es "El tesoro escondido".
Un
hombre descubre un tesoro, vende todo lo que puede, todo lo que tiene y
compra ese campo donde está encerrado el tesoro.
La segunda es "la perla"
Un
hombre, buscando perlas finas, descubre que un joyero tiene una perla
valiosa, entonces, vende todo lo que tiene y se la compra.
Como
si hoy dijéramos: "he encontrado exactamente el número de la Lotería
de Navidad", vendo todo y compro la serie completa porque sé cuál
es el número que va a salir.
Es decir, detrás de los ejemplos, Jesús va a esto: que la opción
por el Reino de Dios, por los designios de Dios, tiene que ser una opción
tan fundamental que uno se juegue todo por conseguirla.
El camino solamente lo encuentran los que
pelean y los que buscan y no los cómodos o los instalados en la vida.
Si
hay algo que no viene de arriba, ciertamente, es la comprensión de la
vida y el logro de la alegría de vivir; eso no viene de arriba. Es el
resultado de una búsqueda, es el resultado de un proceso, es el resultado
de una vida de oración, de diálogo con Dios sobre la vida. Porque orar,
muchas veces lo hemos dicho, no es otra cosa que hablarle a Dios de la
vida, sabiendo que a Dios no se le puede mentir. Podemos mentir con el
vecino pero, hablando de la vida a Dios, no le podemos mentir. Entonces,
le hablamos como a un interlocutor absolutamente veraz al cual no se le
miente y frente al cual hay que pensar y tomar conciencia de lo que se
dice.
Por eso es
que el tipo de oración define la calidad de nuestra vida. Porque la oración
es el momento en el cual, realmente, llegamos al meollo de nuestro ser y
ahí definimos lo que somos o lo que no somos. O sea, la oración es una
definición de uno mismo, frente a uno mismo y frente a Dios.
Ahí está la verdad de lo que somos y Jesús pone dos
parábolas. Pone primero la parábola de la red barredera. Vieron que
cuando los pescadores pescan con red, después hacen una selección de los
peces y hay algunos que los guardan y otros que los tiran, porque no
sirven. Y dice: "El Reino de los Cielos se parece a la red
barredera". Es decir, la opción hay que hacerla aunque otros hagan
otras opciones. Nosotros vivimos en un mundo post - cristiano, un
occidente que fue cristiano hace tiempo y que ya no lo es. Y a veces
pensamos que las únicas opciones de la vida, son aquellas que nos ofrece
la prensa, los libros, la televisión, la radio, las revistas y no es asÍ,
dejamos de lado la opción por Dios. Olvidamos que aunque muchos hagan la
opción por la muerte, el sin sentido, el vacío, la "pavada", a
mi como cristiano siempre se me exige la responsabilidad de la opción por
la vida en serio.
Yo soy pez chico o pez
grande, me tiran o me guardan según lo que yo he elegido ser. No
importa que venga una multitud, la definición siempre se me va a pedir.
y si no me definí, no voy a poder cumplir el proyecto de Dios para
conmigo. Ustedes saben que la no definición es el modo más sutil del
pecado humano, más grave que pecar. Lo que dice el libro del
Apocalipsis: "Porque no eres ni frío ni caliente, porque eres
tibio, voy a escupirte de mi boca"... El que no se define.
La
otra parábola que propone Jesús - muy linda - dice: "El Reino de
los Cielos se parece a un señor que en su casa saca cosas nuevas y
cosas viejas". Es decir, el sentido de esta brevísima parábola,
cortísima parábola es este: no ideologisemos la fe y la oración,
sino seamos auténticos en vivirla.
No
se ofenda nadie de los que están aquí pero, voy a plantear un
problema: qué sentido tiene que yo venga a celebrar la Misa, llegando
diez minutos tarde, perturbando a los que están escuchando la lectura.
Llego tarde, apurado, sin la preparación para orar, sin esa especie de
catarsis, o sea de decantamiento, que debe darse en nosotros. Porque, en
la oración, no ingresamos cuando nosotros queremos sino, cuando el Señor
nos da el don.
En
el fondo: ¿por qué sucede esa llegada tarde? Porque hay una ideologización
de la Misa.
Se
puede llegar antes del Ofertorio porque hasta ahí no es pecado. No. No
he descubierto la oración ni he descubierto la Misa. Juego, solamente,
al pecado y a la gracia. Con lo cual, es jugar a apostar al pecado
directamente, porque Dios no está sujeto a la moral y el misterio de la
Palabra, que fecunda nuestra vida, tampoco está sujeto a la moral.
Y
el pan no se puede comer. No se puede comer, según Dios, si primero el
corazón no ha sido moldeado por la Palabra. Y la Palabra no puede
prender, si el corazón no se ha serenado y no nos hemos puesto primero
de acuerdo, muy fraternalmente, en lo que vamos a hacer.
El
que viene tarde no comete pecado. Pero no es porque no sea pecado, ya
que lo es, sino porque no se da cuenta del misterio de Cristo celebrado
en la liturgia.
¿Dónde
está el pecado? En haber ideologizado la Misa. Pensando que la
Palabra de Dios es leer textos antiguos y que consagrar y compartir el
pan es arte de magia. Que Dios viene como un planeador, se mete en el
pan y uno se lo come. No es eso. Es el misterio de Dios, que está en
nosotros, que por eso nos reúne.
Yo
diría: trabaja sin cesar cada día y cada hora, y en un determinado
momento ese pan de la Eucaristía aflora como Palabra. Y en la medida en
que esa Palabra de Dios, realmente logre penetrar nuestra existencia por
lo menos en este instante, entenderemos que el pan que compartimos y
comemos hoy tiene sentido.
Debemos
dejar que el Señor nos recuerde el sentido de la oración, como si nos
dijera: "si venís a rezar para pedir lo sustancial de la vida, yo
te lo concedo. Si venís a rezar para pedir calidad para tu vida, para
que tu servicio al mundo sea plenificante, yo te lo concedo. Si venís a
pedir saber descifrar mis designios en tu trabajo, en tu familia, en el
país, en el mundo, si venís para eso, Yo te lo voy a susurrar en el
corazón. Y si te da miedo, Yo voy a ser tu fuerza y Yo te voy a ayudar
a que la opción de tu fe sea una opción fundamental que penetre todos
los estratos de tu ser"
Es
entonces cuando, este pan de hoy que viene hablado, produce efecto
abundante en nuestra vida.
Por
eso, decíamos al comienzo que cada Misa es distinta. Cada pan que se
come es diverso. Porque Dios no es un muerto a quien recordamos. Tampoco
es un ser lejano que está arriba de una nube. No sabemos quién es
Dios, pero sí sabemos porque lo dijo Jesús, que Él está Vivo, y que
Él está Aquí cuando estamos juntos. Cuando tenemos ánimo de rezar,
en el sentido en que lo dijimos. Cuando rezamos juntos nos dejamos
penetrar por su Palabra, que no es la que estoy pronunciando yo, porque
lo importante de este momento no es lo que yo estoy diciendo, sino lo
que Dios está haciendo y diciendo en el corazón de cada uno de
ustedes. Lo mío es solamente, el ser un instrumento; es un ministerio,
nada más...
Esta
palabra que yo pronuncio, dura menos de un segundo porque inmediatamente
es Dios quien pronuncia la Palabra en el corazón de ustedes y empapados
por esa Palabra y sabiendo que buscamos una oración auténtica el Señor
se nos da como pan para decimos: acá estoy, no anden caminando dando
vueltas. Si quieren vivir la vida con envergadura y respondiendo al
momento y respondiendo a ustedes mismos, no importa que sean débiles
porque yo estoy acá, para ser la fortaleza en la fragilidad de ustedes.
Entonces,
comulgar tiene un sentido distinto que se da cuando, en el fondo, se
comienza a comulgar con la Palabra. No se improvisa la comunión en el
momento comiendo una hostia, ya comenzó o no, de acuerdo a mi disposición
frente a ese pan hablado
Todo
esto da para mucho más, tomemos la guía, releamos los textos en casa y
pidamos sinceramente al Señor que nos enseñe. Porque cuando uno le
pide, como decíamos, al Señor cosas serias, Él siempre las concede.
Oremos
unos instantes.
DECIMONOVENO
DOMINGO DEL CICLO ANUAL A
Homilía predicada el 9/8/1981
Lecturas:
Libro
Primero de los Reyes 19,
9-13
Carta
de San Pablo a los Romanos 9,1-5
Evangelio
de San Maleo 14,
22-23
Muchas
veces, en nuestras meditaciones de los domingos, hemos dicho que para
leer la Biblia, para penetrar la Palabra de Dios hay que tener en cuenta
que la literatura hebrea usa mucho los simbolismos, de modo tal que, si
uno no llega a desentrañar esos símbolos a través de los cuales se ha
expresado la Palabra de Dios, puede ser que no se llegue a captar,
realmente, lo que Dios ha querido y quiere decimos.
Las
lecturas bíblicas de hoy, son un ejemplo del uso de esos géneros
literarios,
cargados
de simbolismos. Tanto la lectura del Libro de los Reyes del
Antiguo Testamento, como la del Evangelio de San Mateo, que nos habla de
Jesús caminando sobre las aguas y
la segunda lectura, de la Carta de San Pablo a los Romanos, todas están escritas con muchos símbolos.
Mi
tarea será entonces, en esta primera parte de la meditación que
hacemos en común, previa a la otra que cada uno debe realizar en su
corazón, ir explicándoles cómo se arma o cómo se expresa la Palabra
de Dios, en estas lecturas, a través de esos simbolismos que acabamos
de escuchar.
Vamos
a la PRIMERA LECTURA sobre un tema que en varias oportunidades
hemos citado pero que hoy, viene expresamente formulado en este capítulo
diecinueve del Libro Primero de los Reyes.
Elías
era un profeta, prácticamente, el padre del profetismo en Israel. Vivía
en el monte Carmelo, es decir, en lo que hoy es Jaifa en Israel. El
monte Carmelo les tiene que resultar familiar por la Virgen del Carmen,
viene de ahí; precisamente es Elías el que ve una nube con forma de
mujer, en otra profecía, y de ahí viene la devoción (nace posteriormente, es lógico) a la Virgen del Carmen, del monte Carmelo.
Elías
vivía en el monte Carmelo, el relato nos dice que Elías se va del
monte Carmelo al monte Horeb, la montaña de Dios, donde Dios había
hecho grandes revelaciones a los patriarcas. Recuerden a Moisés, a
quien Dios se le había revelado en esa montaña santa.
Entre
todas las realidades geográficas cargadas de simbolismo, la montaña
ocupa en lugar eminente. No es, solamente decir, que el hombre quiere
estar más cerca de Dios, tocarlo en lo alto; sino que el subirla,
significa la tarea del hombre. Ya que escalar una montaña santa es un
acto religioso, que supone la búsqueda de Dios y encontrarlo en lo
alto.
Supone
la búsqueda y la búsqueda con el esfuerzo, como produce esfuerzo subir
a una montaña.
Los
que no quieren subir la montaña nunca tienen, en lenguaje bíblico, las
revelaciones de Dios, terminan como dice el Libro del Éxodo, quedándose
abajo y haciendo un becerro de oro. Un monigote. Porque no pueden
acceder al conocimiento del Señor.
Elías
se va a la montaña, incluso toma actitudes muy parecidas a la de Moisés,
como queriendo indicar que su experiencia va a ser muy importante.
Entonces, estando ahí en la puerta de una gruta, donde se había
refugiado, Dios le dice que se quede en la montaña delante de El.
Uno
pregunta: qué iba a buscar Elías a la montaña si, al fin y al cabo,
Elías era un hombre creyente. Era un hombre a quien Dios ya se le había
manifestado. Más aún, era un profeta. Hoy, diríamos un obispo, un
sacerdote, un hombre con mucha experiencia de Dios, por qué tiene que
ir a la montaña y por qué Dios le dice que se quede ahí, porque se le
va a manifestar.
En
esta ida de Elías a la montaña hay un hondo contenido y una enseñanza.
Es esta: siempre en la vida es menester volver a las fuentes, es decir,
al origen de las cosas.
Yo,
por más que sea sacerdote, por más que haya estudiado en el seminario,
que haya dado clases, que haya predicado, que haya confesado, que mi
vida, por necesidad y por vocación y porque Dios lo dispuso así, esté,
prácticamente, llena de la Palabra de Dios; yo no estoy eximido de
volver a las fuentes. Es decir, yo debo volver continuamente al
Evangelio y a un encuentro profundo con Dios. Debo volver a hacerme las
grandes preguntas, ¿quién soy yo? ¿qué es la vida? ¿quién es Él,
el Señor?
Volver
a las fuentes ¿por qué? Porque, sin afán de ser pecadores, sin
echamos la culpa, debemos reconocer que el vértigo de la vida y el peso
de las obligaciones nos alienan. Y sin que nosotros queramos, por un
proceso inconsciente, se va desfigurando en nosotros la imagen de Dios;
la imagen de nosotros mismos; la imagen de lo que es un sacramento, de
lo que es la Iglesia. En fin, nuestra fe.
Entonces, hay que volver a los orígenes, a las
fuentes, para volver a reencontramos con toda la pureza de la
manifestación de Dios, de las exigencias de la fe, de los postulados
del Evangelio. Y esto lo debe hacer cualquiera, incluso el Papa. Hay una
carta encíclica, estupenda, del Papa Pablo VI, de 1964, donde dice
precisamente eso: "aún la Iglesia entera tiene que volver a los orígenes
y preguntarse". Se hizo famosa, una frase suya que, en un discurso,
en ese tiempo de la encíclica, "Eclessian Suam", Pablo
VI decía: "la Iglesia tiene que hacerse la pregunta, ¿Iglesia, qué
piensas de ti misma?
Y
todas estas preguntas, confrontarlas con la Palabra de Dios y con una
experiencia de oración, como va a decir ahora enseguida el Libro de
los Reyes. Elias va a la montaña, precisamente, para volver a los
orígenes; para volver a lo fundamental. Como tratando de rescatar las
fuentes de su vida interior, Dios le dice que se quede ahí, parado en
la puerta de la gruta, porque Él se le va a manifestar.
Esto es
muy interesante, porque ustedes saben que, para los pueblos antiguos las
manifestaciones de Dios siempre se realizaban a través de situaciones
espectaculares, por ejemplo, cuando Moisés sube al monte Sinaí, viene
una tormenta, con truenos... y Dios se manifiesta así, en ella. De
igual modo, cuando el pueblo de Israel cruza el Mar Rojo, Dios separa
las aguas, quedando su cauce seco. Vean que siempre lo hace en forma
espectacular.
De
igual modo, yo tendría que hacerme las preguntas, volviendo al
Evangelio, volviendo a un encuentro personal con el Señor: ¿qué
pienso de mí mismo?, ¿qué pienso de Jesucristo? ¿qué pienso del
Evangelio? ¿qué pienso de Dios? ¿qué pienso de la vida?
Pero
Elias descubre otra cosa. Vamos a releer y comentar el texto. Dios le
había dicho: " sal afuera de la gruta y quédate en la montaña
delante del Señor". Entonces, pasó el Señor, sopló un viento
huracanado, que partía las montañas y quebraba las rocas, pero el Señor
no estaba en el viento. El huracán, que era uno de los signos
como ellos representaban la presencia de Dios. Luego, cesó el viento y
se produjo un temblor de tierra, pero el Señor no estaba en el temblor
de tierra, que era otra de las modalidades como se manifestaba Dios.
Después del temblor se encendió una llama de fuego. Hoy diríamos un
rayo, una tormenta. Pero el Señor no estaba en el fuego.
¿Qué
curioso no? Se repite lo de Moisés, pero Dios no estaba allí. Dios no
estaba en lo espectacular. Y dice, (o sea, pasó todo eso, hubo un
silencio...), enseguida, se oyó el susurro de una brisa suave, esa
brisa que siempre está pero que nosotros no percibimos, estamos
apurados y no nos damos cuenta de que hay una brisa suave... que incluso
produce ruido, pero que no la contabilizamos porque andamos ocupados con
otras cosas, es lógico...
Retornemos:
"enseguida, se oyó el susurro de una brisa suave, al oirIo, Elías
se cubrió el rostro con su manto...". Es decir, es el signo de que
Elías ha visto a Dios. Elías se cubre por la pequeñez del hombre
frente a la grandeza de Dios, por la pobreza de uno, por el pecado, por
la miseria, por la limitación..
La
grandiosidad, la inmensidad de Dios, a uno..., yo diría... lo
encandila. Elias se cubrió el rostro con su manto, salió afuera de la
gruta y permaneció de pie ante la hendidura de la roca. Es decir, se
quedó en silencio escuchando a Dios.
Fíjense:
así como la actitud de ir a la montaña significaba volver a las
fuentes, a las raíces, Elias, lo que quiere expresar acá, o mejor
dicho, el redactor del Libro de los Reyes, es que a Dios se lo
encuentra en muchos lugares. Se lo encuentra en el hermano, se lo
encuentra en la Eucaristía, se lo encuentra en la fraternidad, se lo
encuentra en la Palabra. Es verdad pero, hay un momento, hay una actitud
fundamental en que a Dios se lo encuentra de una manera absolutamente
inigualable, que es el momento en que, en nosotros, se produce el
silencio interior de elaboración persona1. Y allí, se tiene la
experiencia de la presencia locuaz. No es una presencia muda. Es una
presencia locuaz de Dios, que nos educa en los criterios de Dios y nos
enseña. También, nos ilumina el sentido, el horizonte y la misión de
nuestra propia vida.
Ese
es el momento cúlmine en la vida de una persona, cúlmine en lo que
respecta a una experiencia de Dios. Si no se da esa experiencia es muy
difícil que uno sienta la necesidad de volver siempre a las raíces para
purificar la propia fe y liberar la vida del pecado y de la mediocridad,
que se nos pega, inevitablemente, en las obligaciones cotidianas.
Esta
lectura, naturalmente, es una invitación a meditar sobre nuestra búsqueda
de Dios. Sobre nuestro encuentro personal con Él. Y también, es ver si
realmente deseamos un encuentro de este tipo, que se nos puede escapar.
En
la SEGUNDA LECTURA de la Carta a los Romanos, San Pablo hace una
reflexión muy dura, muy seria, él dice: ¿qué pasó con los judíos?
Los judíos eran un pueblo que durante siglos había sido preparado para
ser la cuna del Mesías, durante siglos. Y habían sido realmente
preparados y ellos mismos se consideraban preparados. Sin embargo, dice
San Pablo, llegado el momento no se dieron cuenta. Es terrible esto.
Durante siglos estuvieron preparándose para un momento, llegó el
momento y no se dieron cuenta. Es la gran tragedia...Dice San Pablo, de
ellos, "no se dieron cuenta"... Y es, en el fondo, la tragedia
posible para todos, que no nos demos cuenta que Dios pasa. Que nos
sintamos muy preparados, que nos sintamos muy educados en la fe, pero
que no nos demos cuenta del paso de Dios y que no lleguemos a descubrir
esa presencia vigorosa, silenciosa, pero locuaz de Dios, en nuestras
vidas. Por ausencia de silencio, por ausencia de humildad, quizás también,
por ausencia de una fe plena y madura.
En
la TERCERA LECTURA, el Evangelio continúa la reflexión de la
semana pasada. Recuerden, entonces decíamos que Jesús, según San
Mateo, había salido de Cafarnaún había cruzado el lago de Tiberíades,
y se había ido a la otra orilla. Pero la gente lo supo y dejando las
ciudades lo siguió a pie. Al ver a la muchedumbre, Jesús se compadeció
de ellos, curó enfermos, predicó y realizó la primera multiplicación
de los panes. Dice el evangelio que todos comieron hasta saciarse..
Terminada la multiplicación de los panes, Jesús toma una actitud, que
se repite varias veces en su vida, le dice a los discípulos:
"suban a la barca y vayan a Cafarnaún, que Yo me quedo acá".
Para llegar a Cafarnaún los discípulos debían cruzar el lago de punta
a punta. Entonces, los apóstoles suben a la barca y se van. Y Jesús,
dice San Mateo, se queda en tierra despidiéndose de la gente, a la cual
había alimentado con el pan multiplicado, y así reitera la actitud de
Elías, que subió a la montaña para orar a solas.
Esto
lo vamos a encontrar muchas veces en el Evangelio, Jesús va o, a la
montaña o al desierto como situaciones límites; la montaña el
esfuerzo de subir; el desierto, el esfuerzo de la soledad. Porque la
soledad es dolorosa, sí. Como el parto. Pero son principios de vida
nueva.
El
que es incapaz de padecer dolorosamente el meterse en la soledad;
posiblemente no descubra nunca a Jesús.
Bien,
volviendo al relato, Jesús se va y los Apóstoles navegan por el lago e
imprevistamente se desata una tormenta (el lago de Genesaret es una olla
de modo tal que cuando el viento se embolsa se producen tormentas
bastante serias). Pero acá hay un simbolismo muy hondo, el agua es el símbolo
de la vida, en todo sentido, por eso se bautiza con agua. Si ustedes
recuerdan, cuando Dios crea el mundo separa las aguas inferiores de las
superiores, y después Dios ordena las cosas separando a la tierra del
agua, y haciendo que del agua nazcan los peces. Todo está siempre
partiendo del agua. El agua es la imagen de la vida.
Posiblemente
recuerdan esa frase, cuando Dios termina el primer gesto creador dice el
Libro del Génesis- que el Espíritu de Dios sobrevolaba las
aguas. Es decir, el dominio sobre la vida. O sea, Dios es el Señor de
la vida. Y los Apóstoles se encuentran ahí en las aguas embravecidas
por la tormenta. Un poco el símbolo de la existencia humana; la vida
llena de problemas, de tensiones, de angustias. Es esa la imagen.
Quién
puede decir que no tiene alguna dosis de desazón en su corazón, de
pecado, de infidelidad, de angustias...
Volviendo
al texto del Evangelio, los discípulos tienen miedo y de repente
aparece Jesús caminando sobre el agua. En el fondo, lo que Jesús hace
no es, sino decir con un gesto, otra cosa: "Yo soy el Señor de la
vida"
Esto es lo
que quiere decir, porque Él no se hunde en el agua embravecida, la
supera, pasa por arriba, Él es el dueño de la vida, Él es el Señor
del universo. Tanto, que los Apósto]es quedan totalmente deslumbrados y
Pedro le pide la experiencia total, le dice: "Señor si eres Tú, mándame
ir a tu encuentro sobre el agua".
¿Qué
quiere decir esta frase? Hoy lo diríamos así: Señor qué ganas tengo
de vivir, dominando la vida y no dejándome enredar en las dificultades,
en los problemas, perdiendo el horizonte, eso es lo que quiere decir.
Y
Jesús le dice a Pedro que vaya hacia EL y Pedro, de hecho sale de la
barca y empieza a caminar sobre el agua. Y evidentemente la domina, es
decir, llega un momento en el que tiene la experiencia de lo que es
dominar la vida. Pero ¿qué sucede? Pedro en un determinado momento
tiene miedo.
El
miedo, el tema del miedo, Jesús ya en un momento les había dicho
"no tengan miedo". El tema del miedo es el temor a meterse en
lo absoluto de la vida, en su misterio profundo y tratar de darle una
respuesta, no andar esquivándolo, aunque duela.
Pedro
tiene miedo y comienza a hundirse. Esto quiere simbolizar, que lo está
tragando la vida. En vez de vivir, él está siendo ahogado, destruído
por las cosas. Entonces Pedro grita, como símbolo del grito humano:
"Señor sálvame".
Entonces,
Jesús le tiende la mano y lo ayuda a Pedro a salir del agua y le dice
esa frase famosa, pero al mismo tiempo dura: "Hombre de poca
fe".
A
Pedro se lo dice ¡Nada menos que a Pedro! Aquél en quien va a confiar
absolutamente ¡Nada menos que a él! "Hombre de poca fe por qué
dudas".
Esto
es como si hoy se lo dijera al Papa Juan Pablo II en el momento de ser
herido en la plaza de San Pedro. "Juan Pablo, por qué dudaste?”,
en el supuesto de que Juan Pablo haya dudado, es una frase cruda porque
está dicha no a un hombre malo sino a un hombre bueno, no a un ateo
sino a un gran creyente.
Es
decir, la duda es el signo de que nuestra fe todavía necesita crecer,
no es algo malo la duda, es algo bueno.
Y
dice el texto, que subieron a la barca y el viento se calmo y entonces los
discípulos que estaban en la barca le dicen a Jesús:
"verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios".
Hacen
una profesión de fe. Pero no una profesión de fe teórica, del Dios del
Cielo. Porque hablar de Dios es tan fácil, sino del Dios que nos da el
dominio sobre la vida. "Tú eres el Hijo del Dios vivo. Tú que
caminaste sobre las aguas eres el Hijo del Padre que dominaba las aguas al
comienzo del mundo, cuando las creó. Ahora nos damos cuenta".
Es
decir, los discípulos tienen una experiencia límite de Jesús. Lo
curioso es esto: a partir de esta primera multiplicación de los panes y
de esta experiencia en el lago de Genezaret, Jesús ya no volvió a andar
con la multitud, sino que en adelante deja de ser, digamos... un rabino
ambulante, y se dedica a ser el formador de quienes Él ha llamado a
seguirlo, sus discípulos.
Cuántas
cosas hay para meditar en los textos de la Palabra de Dios de este
domingo. Yo les sintetizaba ahí en la guía parroquial los aspectos
principales del modo siguiente:
Primero:
siempre es
imprescindible un contacto personal y continuado con el Evangelio, volver
a las raíces, el que no hace esto corre el peligro de perder el camino.
No de hacerse malo, de perder a Jesús.
Segundo:
La oración
personal y silenciosa, absolutamente necesaria, nos lleva a la experiencia
de un encuentro profundo con Jesús, no hay otro camino. Podemos a veces
ser cristianos toda la vida, de buena fe y con gran entereza pero sin
haber nunca conocido al Señor.
Tercero:
Nunca debemos
pensar que ya hemos hecho lo suficiente en estas cosas. Lo hemos dicho,
para mí no es ningún argumento el hecho de ser sacerdote hace tantos años.
Para mí el planteo es exactamente igual al de ustedes, como lo es también
para el Papa y para nuestro Obispo. Es igual para todos. Nunca debemos
pensar que ya hemos hecho lo suficiente en estas cosas.
Dejémonos
educar por Jesús, recordemos esa última observación, Jesús no necesita
gente que lo aplauda, Jesús necesita gente que lo siga, discípulos que
con Él, quieran construir el mundo nuevo y el Reino de los Cielos. No
necesita Jesús, gente que vaya a aplaudirlo y a pedirle pan y a comer con
Él, sino gente que lo siga. El tema del seguimiento que habría que
tocarlo alguna vez.
Los discípulos se
definen a sí mismos como seguidores de Jesús, y ser discípulo no es
cuestión de aplaudirlo, de nombrarlo, de comer con Él, de recibir su
enseñanza, sino de seguirlo y de optar uno por ser su discípulo y
dejarse educar por Él. Y en Él encontrar a Dios Padre y de Él recibir
el Espíritu Santo que nos hace cristianos y nos hace libres.
Como
les decía al comienzo, a través de estos simbolismos hay muchas cosas
hermosas y serias. Que la segunda parte de nuestra meditación personal,
con la ayuda del Señor, nos haga profundizar más estos textos que hemos
leído y meditado juntos.
Oremos
unos instantes.
VIGÉSIMO DOMINGO DEL CICLO ANUAL A
Homilía predicada el 16/8/1981
Lecturas:
Libro
del Profetas Isaías 56,
6- 7
Carta
de San Pablo a los Romanos 11, /3-/5.29-32
Evangelio
de San Mateo 15, 2/-28
Muchas
veces, en las meditaciones que hacemos los domingos sobre los textos bíblicos,
dijimos que la Palabra de Dios no es la formulación teórica de un
pensamiento, como puede hacer, por ejemplo un profesor en clase, o como
hace el autor de un libro de texto. Sino que, la Palabra de Dios se da
siempre como respuesta a situaciones concretas del hombre o del pueblo.
Hoy
nos encontramos con estas tres lecturas bíblicas que la liturgia nos
propone, en las cuales a propósito de situaciones concretas, hay una
observación que nos puede hacer mucho bien y que a veces no suele ser
tratada en las meditaciones que hacemos los domingos.
Vamos
a ver brevemente que nos dicen y después vamos a meditar ese aporte,
esa observación que nace de la reflexión que sobre ellas haremos.
La
PRIMERA LECTURA,
del profeta Isaías, trae una observación del profeta o una profecía
como se suele decir. Es ésta: "En el monte Sión adorarán a Dios
no solamente los judíos sino todos los hombres de toda la tierra".
Esto que para nosotros no
tiene nada de extraño, para ellos era una novedad enorme, porque los
judíos, y aún hoy vemos el rastro de esta característica, los judíos
tenían como modalidad sustancial de su ser nacional la impermeabilidad.
Es decir, mantener pura su raza, su religión, etc. No mezclarse con los
otros pueblos y sus religiones.
El Dios de Israel, era el Dios que protegía a su
pueblo y destruía a los demás pueblos. De modo tal que, un buen judío
pensaba que un extranjero era necesariamente, un pagano y no debía
relacionarse con él.
Y
el profeta Isaías les dice: "No, este Dios de Israel es el Dios de
todos" y se los dice sobre el monte Sión.
Es decir, a la ciudad de Jerusalén podrá venir
cualquier hombre de la tierra a adorar a Dios, porque Dios se revela
para todos. Esto es lo que dice el profeta Isaías, traducido a nuestra
manera de hablar, en la primera lectura.
En
la SEGUNDA LECTURA que ofrece la liturgia hoy, son unos breves pasajes
de la Carta a los Romanos de San Pablo, veamos primero un poco el
contexto histórico de ella. En el momento en que nace la Iglesia, después
de la Ascensión del Señor, nos encontramos con tres tipos de personas,
así para tipificar de algún modo: el judío, el griego, (es decir, no
el griego de Grecia sino el que está en el Imperio Romano y considerado
por Israel como el "pagano" que adora a muchos dioses) y el
cristiano, que puede ser judío o griego, no importa. Entonces, el autor
de la Carta a los Romanos, probablemente un discípulo de San
Pablo, dice: "no, nadie tiene el monopolio de Dios, ni el judío,
ni el griego, ni el cristiano." Nadie tiene el monopolio de Dios.
Retengamos esa idea.
En
la TERCERA LECTURA, si ustedes prestaron atención, este milagro Jesús
lo hace no en Jerusalén (zona sur de la región) sino en Caná, un
antiguo pueblo que estaba al norte, considerado un pueblo idólatra,
totalmente pagano. Y Jesús, a pesar que primero lo advierte, cura o
accede al deseo de esta mujer cananea. Es decir, ante el asombro de
todos, Jesús hace un milagro, no sólo fuera de su tierra sino también,
con una pagana, con una atea, con una idólatra. y no sólo hace el
milagro que esa mujer pedía sino que, alaba la fe de esa mujer que no
era judía y que no pertenecía a la religión de Israel.
Esto
naturalmente, como otros gestos similares de Jesús narrados en los
Evangelios, debió impresionar mucho a los Apóstoles. Porque, como decíamos
a propósito de la primera lectura, todavía en tiempos de Jesús
subsistía la idea de que los judíos tenían la salvación y los demás
pueblos no.
Y
qué hay en el trasfondo de estas lecturas escritas en tiempos muy
diversos, sobre todo la del profeta Isaías, muy antigua. Hay esto: - ya
entrando en la meditación ., yo lo que hago es tomar elementos de la
lectura y proponérselos a ustedes con un lenguaje de meditación, de
reflexión.
En
el trasfondo está esta idea: una característica psicológica de quien
es cristiano es tener un corazón abierto a todos los hombres y a todo,
a todas las cosas. Un corazón abierto, o si ustedes lo quieren decir de
otra manera, una psicologia de apertura o un universalismo interior que
hace que uno no este cerrado a nadie ni a nada. De aquí nace ese
postulado fundamental, todas las cosas de la vida son buenas, todo
hombre es mi hernano y es mi amigo. Esta psicologia de apertura
evidentemente es la definición de lo contrario, el egoísmo. Es decir
el egoísmo es una psicologia de cerrazón sobre sí mismo, poniendo a
las cosas y a los hombres a mi servicio o usándolos o abriéndome a
ellos según mis intereses. Para entender bien qué significa esta
psicología de apertura, podríamos analizar cuáles serían las
actitudes contrarias, que son actitudes que nosotros muchas veces
padecemos, incluso en la familia o en la parroquia.
La
psicología de apertura se opone a la psicología de secta, esto se
puede ver bien en algunas sectas modernas, por ejemplo los testigos de
Jehová o los mormones, que son muy sectarios, es decir ghetos prácticamente.
Pero esa psicología sectaria la podemos tener todos, en la medida en
que amamos a los que piensan como nosotros, nos juntamos con los que son
como nosotros, pasamos el tiempo con quienes nos resultan simpáticos y
en vez de dejar que la vida vaya haciendo su misterio en nuestra vida
personal o en la vida de la parroquia. Pongamos otro ejemplo, con
nuestra mentalidad sectaria nos vamos quedando con lo que nos gusta y
eso es una actitud sectaria, es carecer de apertura, como es carecer de
apertura hacer siempre en la vida lo que a uno le gusta y no lo que vale
la pena ser hecho. Es un poco la psicología del grupismo, que a veces
algunas personas en los movimientos de Iglesia la tienen. Ejemplo, un
individuo es de Acción Católica y piensa que por ser de Acción Católica
él es bueno y todos los demás son malos, o porque hizo el cursillo de
cristiandad él está salvado y los otros no, o porque está en el
Movimiento Familiar Cristiano, él entendió el Evangelio y los demás
no, o porque hizo el curso de Catequesis en el Cedier o en la escuela de
teología, estudió teología, él sabe y los otros no.
Son
actitudes sectarias que se manifiestan en el temperamento, en el trato,
en la manera de pensar, de querer, y se traducen a veces en el chisme,
en la crítica o en el silencio. El silencio puede ser sectario.
Actitudes
sectarias o grupistas o parcialistas que engendran lo contrario a lo que
Dios quiere hacer con los hombres. ¿Qué queda de la venida de Jesús?,
la Iglesia. ¿Iglesia, qué quiere decir? Comunión. Es decir el que no
tiene una actitud de apertura no puede vivir una actitud de comunión
porque el sectario es siempre el que divide. Divide, no porque grite
sino porque está la actitud divisionista por ejemplo del que no habla
con fulano, lo evita, cuando está fulano se va mengano, cuando hay una
reunión que no le interesa no va o si le puede echar leña al fuego
contra fulano lo hace, es la anti-Iglesia, es el obrar contra Dios.
En
el lenguaje bíblico el que tiene mentalidad cerrada y por lo tanto es
sectario está definido como el diablo. En una homilía hace tiempo yo
les explicaba la etimología de dos palabras que son parecidas y son muy
importantes, la palabra "diálogo" y la palabra
"diablo". "Logos" quiere decir palabra, "día"
quiere decir "extremos". Diálogo, es la palabra que une los
extremos. "Bolos" quiere decir "separar", en griego.
"Día", extremos. "Diablo" quiere decir el que
separa, es lo contrario al diálogo. Por eso Dios a sí mismo se llama
Palabra, es decir diálogo, apertura. El sectario es el diablo, el diábolos,
el que divide, el que no se inserta en el proyecto, el que no se abre a
las cosas. Fíjense que entonces esa característica de apertura llevaría
a que el cristiano es un hombre que siempre es puente, que une, y no
barrera que separa y que con esa psicología de apertura es
perfectamente consciente de construir la Iglesia. El término Iglesia,
comunidad, lo entendemos en la universalidad, que abarca los distintos
estamentos eclesiales; la diócesis, la parroquia, la Iglesia doméstica
(la familia).
Con
esa psicología de apertura el cristiano es un hombre que asume el dolor
de construir las comunidades, el dolor de construir. Porque hacer la
pareja, hacer la familia, hacer el país, hacer la parroquia, hacer la
diócesis, es fruto de un dolor, porque la psicología de apertura
significa el continuo morir de esa tensión innata que todos tenemos de
ponemos nosotros primero y el resto después y de usar las cosas y los
hombres en nuestro provecho, el egoísmo.
Por
eso la fe cuando realmente ha calado hondo en el corazón de una
persona, varón o mujer se traduce en esa psicología de apertura por la
cual uno está abierto a todas las cosas, no se cierra a nada, yo diría
es un hombre que intrínsecamente asume el pasado, el presente y el
futuro porque no se cierra al futuro para hacerse conservador ni se
cierra al pasado para hacerse progresista, ni se cierra al presente para
alienarse. Se abre a todos los hombres, partiendo de la base del valor
fundamental de la comunicación humana, del diálogo y no poniendo este
valor fundamental, no condicionando el diálogo a si me gusta o no la
persona con la cual dialogo. Es decir la opción por los demás y por el
mundo fundamental sin cerrarse a nada, entendiendo de que mi fe y mi
vida crecen y maduran en la medida en que están insertas en el
crecimiento y la madurez de todos.
Al
hablar de la Iglesia podríamos decir esto, lo que el Señor quiere es
que lo encontremos juntos porque si no lo encontramos juntos, ninguno
podrá aisladamente encontrarlo. Hablaremos de Dios, hablaremos de mil
cosas, pero no lo vamos a encontrar.
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