Fundación Presbítero Oscar Amado

  

       

        Caminando al Reino

    

   

   INTRODUCCIÓN 

   por Daniel Torino

 

Los años inmediatos a la constitución de la Fundación Pbro. Dr.OSCAR AMADO, se vivieron con una intensa labor editorial, expresada en la publicación, de la desgrabación de las homilías del Padre Amado, pronunciadas en la Parroquia San Pío X de Mar del Plata, en distintos años de su ejercicio sacerdotal. Tarea que comenzara en el tiempo litúrgico del Adviento de 1984.

En ese entonces, la Fundación presentaba la primera serie de homilías bajo el título "Reflexiones sobre la Cuaresma", la cual tuvo una segunda edición nuevamente en el tiempo de Adviento esta vez, en el año 1987.  

En ese mismo año de 1984, y casi para la misma fecha, se publica el segundo cuadernillo de homilías, bajo el nombre de "Reflexiones sobre el Adviento y la Navidad", edición que reunía las homilías pronunciadas por el padre Amado durante el Adviento y la Navidad de 1980.  

A estas primeras publicaciones, le siguió "Reflexiones sobre la Pascua" en Junio de 1985, centrada en su prédica de la Semana Santa, y posteriormente en la fiesta de San Pedro y San Pablo, 29 de Junio de 1986, se editó "A la luz de la Pascua", reuniendo las reflexiones de las grandes fiestas litúrgicas siguientes a la Pascua.

Posteriormente, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, en Junio del año 1989, se presentó una nuevo cuadernillo de homilías del Padre Amado, titulado "Caminando a la Navidad", que reunía su sermones sobre las fiestas de Navidad y varias reflexiones sobre las Jornadas Mundiales de la Paz, de diferentes años.  

En el mismo año, en el mes de Noviembre, se pudo editar "Meditando la Palabra de Dios", una recopilación de las guías parroquiales, pertenecientes a los domingos del ciclo litúrgico Anual A, que el padre Amado entregara a sus feligreses cada celebración dominical del año 1981.  

Tanto escuchando los numerosos sermones grabados durante distintos años, de su acción parroquial en San Pío X, como de la lectura de las homilías publicadas, descubrimos en el padre Amado un hombre de profunda contemplación de la verdad, y una búsqueda incansable de la "inteligencia de la fe". Sin duda, se puede aplicar a su vida el saludo inicial de la carta Apostólica "Fides et Ratio" de Juan Pablo II, de fecha setiembre de 1998, en la cual dice:  

"La Fe y la Razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerlo a él para que, conociéndolo amándolo pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo."  

Ese espíritu contemplativo y de búsqueda inteligente, lo lIevaron a pensar la Casa de retiros Santa Clara y San Francisco de Asís, en el Bosque de Peralta Ramos en Mar del Plata, cuya piedra fundamental logró poner el 11 de Agosto de 1978, y que luego de varios años de construcción se encuentra hoy en pleno funcionamiento. Obra que expresa la síntesis de su vida, "oración y pensamiento creyente".  

Los años siguientes a la última publicación (noviembre de 1989) abocaron a la Fundación en diferentes tareas pastorales y de divulgación de la Palabra de Dios, y del pensamiento del padre Amado, sobre la misma. Pero no se continuó, con nuevas ediciones de sus homilías. Se fue viviendo el tiempo ordinario de la vida, como camino a la plenitud de la verdad. Y tratando de vivir este espíritu de contemplación y pensar creyente, que se plasmara en la Casa de Retiros.  

Hoy a veintidós años del fallecimiento del padre Amado, presentamos nuevamente una serie de cuadernillos homiléticos. En esta oportunidad son siete homilías que cubren el llamado " tiempo litúrgico ordinario" (o durante el año); abarcando desde el Domingo Decimoséptimo al Domingo Vigésimo Cuarto. Al igual que las ubicadas con anterioridad, éstas homilías fueron predicadas en la Parroquia San Pío X durante el correr del año 1981.  

Ellas configuran el pensamiento bíblico/teológico del último periodo de su actividad sacerdotal y son el testimonio vivo de un pastor abnegado, de un teólogo eminente, de un hombre de Dios.  

El titulo escogido "Caminando al Reino", refleja este tiempo ordinario de un caminar seguro y pausado a la Casa del Padre, al Reino de los Cielos prometido y esperado.

Se han dejado de lado los denominados "tiempos fuertes" del año litúrgico, como son los del Adviento y Navidad que lo inician, y la Cuaresma y Pascua que lo centran; ya que ellos fueron motivo de nuestras ediciones primeras. Esta vez, se decidió adentrarse en el llamado "tiempo ordinario", aquel que tiene un matiz diferente, en el cual no se rememoran los grandes centros de la Fe cristiana, sino que se profundiza en el conjunto del Misterio de la vida de Cristo, y se penetra en él con una contemplación menos festiva, pero más interiorizante.  

En este tiempo litúrgico "durante el año", se va desarrollando en las lecturas de los domingos, la Historia de la Salvación, preparada e iniciada en el Antiguo Testamento, consumada y realizada en el misterio de Cristo. Se siguen los pasos del Señor desde Nazaret, su pueblo natal de la Galilea, hasta la entrada en Jerusalén y concluyendo con la fiesta de Cristo Rey, que cierra el ciclo del tiempo ordinario.  

Cada. lectura dominical de la Palabra de Dios, en lo que respecta al Evangelio, se hace de forma continuada y contemplativa del obrar y hablar del Señor, y nos permite caminar junto a Él y reflexionar su misterio y misión. He aquí el motivo del titulo del presente cuadernillo, ya que es "caminar junto a Jesús", con el anhelo profundo del encuentro con el Padre. Es rezar con la actitud del salmista en el Salmo 122 que recoge la alegría de los peregrinos al emprender la marcha hacia Jerusalén, cuando exclama ( v 1-2 ): "Que alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la Casa del Señor"!. Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén."  

La labor del padre Amado fue ir explicando en el lenguaje del hombre contemporáneo, con sabiduría y fecundidad, la riqueza y profundidad que los textos bíblicos poseen, extrayendo desde una comprensión exegética totalizante del misterio de la vida de Cristo, una interpretación vivida y orada de la Palabra de Dios celebrada en la liturgia.  

En analogía con el Evangelio, el padre Amado, hizo suyos los pasajes del libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando el ángel del Señor le hablo a Felipe, y le mando unirse al coche del funcionario etíope que iba leyendo al profeta Isaías. Quien, ante la pregunta de Felipe, acerca de la comprensión o no del texto leído, respondió en forma precisa: ¿Cómo voy a entender, si nadie me lo explica? La narración continúa diciendo que, Felipe lleno del Espíritu Santo, fue caminando junto al etíope, y partiendo desde ese texto le anunció a Jesús. (Hch 8, 26-40)  

Camino, anuncio, interpretación, fuerza del Espíritu Santo, son ellos la semejanza en la tarea pastoral del padre Amado. Con paciencia, con un carisma propio y único, exclusivo de aquellos que el Señor ha elegido para el anuncio de su Reino, cada domingo explicaba a sus feligreses la Palabra de Dios. Y al igual que Felipe, llevaba nuevamente a su pequeña grey, a sentir una vez más, los efectos renovadores y santificantes del "agua bautismal".  

Tuvo conciencia clara de que el evangelio para una mayor comprensión, necesita ser interpretado, de manera que una vez comprendido pueda ser vivido, llevado a la cultura del hombre de hoy. En muchos aspectos su predica dominical, retornó las

líneas de los grandes profetas de Israel, en lo que hace a la denuncia de la falsa religiosidad, de la hipocresía frente a Dios, de la dificultad de la vida comunitaria por falta de un corazón convertido, de la oración interesada y mezquina, de la falta de compromiso en la construcción del Reino, y tantos otros aspectos eclesiales y personales, que se desprenden de sus homilías.  

Sacerdote, teólogo, exégeta, pastor, amigo, supo llegar al corazón de los cristianos que el Señor le encomendó en su corta vida sacerdotal. Apuntó siempre a la excelencia y como tantas veces repitiera, "a tomarse en serio al Señor". En el recuerdo ya distante pero vivos, los que tuvimos la dicha de conocerlo y compartir con él la vida de la fe, con sólo cerrar los ojos, volvemos a aquellas celebraciones de la parroquia de San pío X, nuevamente escuchamos la Palabra del Señor, oímos los cantos alegres de la asamblea reunida, y vuelve a nuestros oídos su prédica fuerte, comprometida, inspirada. Hoy seguimos unidos desde la comunión de los santos, en una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia, un único Pan -Cristo, el Señor-.  

Todos que aquellos que conocimos al padre Amado, sabemos que sus homilías nunca fueron pensadas para una edición escrita. El fervor y la fuerza que su predica transmitía, no puede ser transcripta. Sin embargo se ha puesto el máximo esfuerzo, para que esa vitalidad y fortaleza lleguen desde la palabra escrita y aquellos que escuchamos sus sermones podamos evocar nuevamente su voz, sus expresiones y su carisma.  

Al finalizar las homilías hemos anexado las respectivas hojas guías que el padre Amado entregaba cada domingo, para que se pudiera continuar meditando la Palabra de Dios y resaltando sus líneas fuertes y centrales.

Caminando al Reino, quiere ser vehículo de reflexión y maduración de la fe comunitaria y personal. Quiere ayudamos a caminar, siguiendo las huellas de Jesús en lo cotidiano de la vida y también a vivir el compromiso eclesial. En el decir de Amado: "la comprensión de la vida y el lograr vivirla con alegría, ciertamente que es gracia, pero exige de parte nuestra esfuerzo, búsqueda de la verdad y oración constante. Es un camino de dialogo con Dios sobre la autenticidad de la vida".  

En el fondo, el contenido de la fe, es la aceptación de todo lo que Dios hace para salvamos y la confianza de que el Señor camina junto a nosotros y nos indica el camino a su Reino, a la Casa del Padre.  

Es convicción profunda, "que Jesús enseña con toda fidelidad el camino de Dios". (Lc 20,21).

Peregrinos en la historia, herederos de un Reino, caminos al encuentro del Señor, recordando las palabras del apóstol Pablo: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de toda misericordia y de todo consuelo, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos nosotros también consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios." (2 Cor 1,3-4).  

Agradecemos a todos los que hicieron posible la publicación de este cuadernillo, tanto en el esfuerzo de la desgrabación como en la corrección literaria y armado del mismo. Verdaderamente demandó muchas horas de trabajo, pero valió la pena.  

Le pedimos al Señor que bendiga abundantemente a quienes han de leer y meditar estas homilías.

 

 

OSCAR AMADO, IMAGEN DEL SEÑOR EN UN ROSTRO

 

"Doy gracias al Señor que confió en mí, para anunciar el Evangelio, no agradando a los hombres sino a Dios "

 

El escrito cabezal, no es una cita bíblica, es el lema de la vida de Oscar.  

La trayectoria de todo hombre está llena de mojones significativos. Aun la del bebé que termina sus días, tiene su buena historia significativa. Así Oscar, tuvo y tiene su historia significativa. Esto es, ha dejado en su camino señales, que nos ayudan a descubrirlo y descubrimos.  

Todo hombre se conoce y es conocido por los "gestos", actitudes y comportamientos" .que hablan de su interioridad. Más allá de las palabras y los hechos, ellos poseen un rico lenguaje que se expresa corporal mente, que habla del interior de la persona humana.  

Esto conforma entre nosotros la presencia espiritual de Oscar. Espiritual y presencia, ambas cosas. No subjetividad ilusoria, sino "hecho concreto", cosa dada, aparte de nosotros e independiente de todo y de todos.

  Los cuadernillos de la homilías presentadas, expresan esa realidad de Oscar. Ellas son una reflexión evangélica, expresada en un lenguaje no sólo oral, sino también corporal. Ahí está la carne de su vida, y nosotros, ahora comunicamos lo que hemos visto, oído y tocado de él y con él.  

Cuando Oscar, en sus últimos meses de su vida expresa: "si yo tuviera miedo a la muerte, toda mi vida y mi predicación, habrían sido una mentira". Tal actitud ante la hermana muerte, es la que me lleva a expresar, la coherencia de su vida con su sacerdocio, en la ofrenda de sí y del Evangelio hecho anuncio gozoso.  

Tal lenguaje y gesto, hecho coherencia y predicación, son el cuerpo camal que hoy gozamos todos. Son la ofrenda hecha sacrificio, que a todos nos revela la "fidelidad" de su vida, para nuestra luz. Fue fiel al Señor, quien confió en el. Y Oscar le respondió con la totalidad de sí a tal confianza.  

Pbro. Jesús José Domaica

 


DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL CICLO ANUAL A  

Homilía predicada el 26/7/1981  

Lecturas:  

Libro Primero de los Reyes 3, 5- J 2

Carta de San Pablo a los Romanos 8,28-30

 Evangelio de San Maleo J 3, 44-52  

La celebración de la Eucaristía de hoy está motivada por estos textos bíblicos, que acabamos de recibir. Una lectura del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento, cuyo sentido es darle un contenido y una espiritualidad concreta a esta Misa que vamos a celebrar.  

Las misas nunca son iguales. Cada domingo, partir el pan tiene un sentido diverso y ese sentido diverso, que lo es por plenitud, se va sucediendo y enriqueciendo en el llegar de Dios a nosotros. Ese sentido hace que cada Eucaristía sea nueva.  

Por eso, vamos a tratar de dejamos invadir por esta Palabra de Dios de modo tal que, cuando celebremos la Eucaristía, no lo hagamos por rutina. Porque la rutina es anticristiana y es la negación de la fe. Sino que lo hagamos con la conciencia profunda de que, realmente, el Señor llega hoy también a nosotros. Y llega, precisamente, para fortalecer, para iluminar los aspectos propuestos por la Palabra de Dios.  

Naturalmente, estos textos que hoy la iglesia propone, son muy ricos y pueden ser abordados desde distintas vertientes. Nosotros vamos a elegir una de esas vertientes y vamos a seguirla, reflexionando lo que los textos nos proponen sobre el sentido de rezar.  

Muchas veces, la oración también cae bajo la mediocridad del pecado humano y nuestras quejas de que no sabemos rezar son porque nunca nos ponemos a rezar en serio o nunca nos detenemos a pensar qué puede ser la oración en la vida de un hombre o de una mujer.  

En la PRIMERA LECTURA del Libro de los Reyes, el redactor bíblico narra un sueño de Salomón quien, después de una serie de vicisitudes, es designado rey por su padre David, poco antes de morir.  

Al asumir el reinado, Salomón tiene un sueño. Ustedes saben que los sueños son un estilo literario para expresar determinadas modalidades de la fe o determinadas modalidades del obrar de Dios en nosotros  

En ese sueño Salomón se imagina que está frente a Dios, entonces Dios le habla y le dice lo siguiente: "Salomón, puedes pedirme lo que más quieras".  

Uno puede decir "está bien". Los abuelos también le dicen a ]os chicos "hoy es tu cumpleaños, pedime lo que quieras".  

E] sentido de la oferta de Dios es mucho más hondo, lo podríamos expresar agregando esa palabra "más". "Pídeme lo que más quieras".  

Fíjense: la oración es, en el fondo, una definición de nuestra vida frente a Dios. y si a veces, la oración es aburrida o no nos atrae, es porque nosotros nunca nos hemos decidido frente a Dios o porque tenemos una imagen muy vaga de Dios, o porque nunca nos hemos detenido a pensar, seriamente, quiénes somos nosotros, quién es Dios, qué es la vida, qué es la muerte, qué es el trabajo, qué es el tiempo, qué es la salud,' qué es el mundo que nos rodea. O sea, lo que le viene a decir Dios a Salomón es esto: "Pídeme aquello que, realmente, consideres lo más importante en tu vida, que Yo te lo voy a conceder".  

Salomón entonces, hace una oración y le pide a Dios tres cosas:  

En primer lugar: "un corazón bien dispuesto".  

Otros traductores de la Biblia, en lugar de esta frase, expresan: "enséñame a escuchar". Esto es muy curioso, Salomón le pide a Dios el don de saber escuchar. Uno puede decir: qué tontería. No lo es tanto.  

La mayoría de nosotros, como consecuencia de la historia del pecado en nuestra vida, por regla general, no sabemos escuchar. Cuando estamos unos frente a otros, monologamos en presencia del otro, pero no escuchamos.  

Salomón pide el don de saber escuchar, lo primero que pide.  

En segundo lugar pide otra cosa: "saber ayudar, saber conducir a su pueblo", tengamos en cuenta que él es el rey de Israel y debe saber regir a su pueblo.  

Salomón le pide a Dios saber escuchar, tener un corazón abierto y saber ayudar y gobernar a su pueblo.

Lo tercero que pide es: "saber discernir entre lo bueno y lo malo".  

Que interesantes las tres cosas que pide Salomón y que, además, él considera lo más importante de la vida y que, no son para él, sino en beneficio de su pueblo.  

Salomón considera que, lo más importante de su vida son los demás. Por eso pide el don de saber escucharlos, pide el don de saber conducirlos y pide el don de saber discernir para ellos lo bueno y lo malo.  

Lo curioso es cómo reacciona Dios, dentro del sueño. Dios lo felicita a Salomón y esto es curioso porque muy pocas veces aparece en la Escritura que Dios felicite a alguien. Hay en la Escritura a veces, rasgos estupendos. Por ejemplo, cuando Dios quiere definir cómo considera a Abraham, no dice Abraham es mi hijo, es un hombre fiel, es un líder, sino dice: "Abraham es mi amigo".  

Aquí es curioso entonces, porque Dios lo felicita a Salomón y le dice: "mira Salomón, te voy a conceder todo lo que has pedido, porque no pediste para ti una larga vida, ni pediste riquezas, ni pediste la muerte de tus enemigos sino que, me pediste el don de la inteligencia, entonces Yo te voy a dar un corazón sabio y prudente, como no lo tuvo nadie antes de ti, ni nadie lo tendrá jamás.  

En el fondo, la razón por la cual Dios lo felicita a Salomón, es porque ha superado la tentación del egoísmo, que es la tentación primera de cualquier ser viviente.  

Ustedes ven que los nenes, los bebés, son fundamentalmente egoístas, siempre. La primera manifestación del ser humano es el amor y la búsqueda de si mismo y de que todo, esté para él. Es, yo diría, el mínimo ser humano. Y el síntoma primero de crecimiento es cuando uno rompe el cascarón del egoísmo - algunos no lo rompen nunca - y parte a la búsqueda del sentido de la vida, del tiempo, de la salud, del dinero, de la familia, de todo.  

Dios alaba a Salomón porque Salomón tomó conciencia de que la vida es servicio y que vivir es servir y que el hombre, a imagen de Dios, vive para los demás. Se considera a si mismo como un don para los hombres y considera que su vida, cada pensamiento, cada deseo, cada gesto, cada actitud, debe ser para vivir una bendición para los demás. O sea, Dios lo felicita a Salomón porque sabe vivir y porque sabe orar. Y eso, del corazón sabio y prudente tiene un hondo sentido. 

Sabio es el que sabe comprender las cosas, el que las entiende. Lamentablemente nosotros, muchas veces, avanzamos en la vida sin entender las cosas y sin preocupamos de entenderlas. De ahí nuestras angustias, nuestros dolores, nuestras tensiones. La sabiduría y luego la virtud de la prudencia. Es decir, no cegarse con cualquier tipo de acción sino, debemos reflexionar y hacer aquello que vale la pena sea hecho.

Se podría decir mucho más y analizar mucho más de este texto. Pero, la gran enseñanza que tiene este sueño de Salomón es mostrar cómo Dios ve la oración y qué sentido tiene dialogar con Dios.  

El sentido de un diálogo con Dios es pedirle a Dios que nos ayude a descubrir y a vivir las cosas importantes y fundamentales de la vida. Lo importante y lo fundamental de la vida.  

A veces, nosotros fracasamos en nuestra oración porque nunca desbordamos el nivel de lo periférico. Le pedimos a Dios salud, le pedimos a Dios que nos vaya bien en el trabajo, le pedimos a Dios por nuestros parientes enfermos, le pedimos a Dios por los que sufren. Todo está bien, ¿pero es esa la oración fundamental del hombre? Esas son las consecuencias.  

A veces escucho, cuando se hacen las peticiones generales de la comunidad, que no existe el sentido profundo de la oración a Dios. Se que no es por mala voluntad, quizá es por falta de educación religiosa, (que es el drama de nuestra Iglesia, acá en Argentina al menos). Escucho que no existe la sensibilidad por las cosas realmente fundamentales de la existencia del hombre y de su relación con el mundo.  

Se pide por la tía, por el eterno descanso de fulano de tal... Está bien pero, no nace ese padecer la búsqueda de lo verdadero y ese padecer el dolor del mundo que camina, que camina a veces en la verdad y a veces en la mentira. Más en la injusticia que en la justicia y puedo incluso lIorar frente a Dios, pero en mi corazón no ha entrado la pasión por lo importante, por lo vá1ido, por lo grande. Por eso, nos debatimos en la mediocridad, somos incapaces de hacer cualquier cosa que tenga envergadura y no ha entrado en nuestro corazón el dolor del mundo.  

Entonces, me preocupo por mi tía que está enferma, pero no ha afectado mi corazón los que están muriendo, por ejemplo, a causa de la guerra de guerrillas de Latinoamérica, o la numerosa cantidad de muertos por las guerras tribales de Africa o los muertos por hambre en tantas regiones del mundo. O los que, en nuestro país, están padeciendo la dificil situación económica que vivimos, con su secuela de analfabetismo, desnutrición infantil, desempleo, etc. Eso no ha entrado en nuestro corazón.  

Hay que pedir lo importante y lo fundamental de la vida y lo que toca a toda la comunidad y no a nuestros intereses. Porque vivir es darse y el sentido de la vida es ser una bendición para el mundo. Fuera de aquí, no hay sentido. Habrá miles de teorías pero, no hay sentido, no hay horizonte y no hay esperanza.  

¡Cuánto podríamos seguir analizando en esta lectura! Pero, reléanla en casa y piénsenla.

En la SEGUNDA LECTURA, la Carta a los Romanos, San Pablo habla de cómo no existe en nosotros lo casual. No existe, la casualidad. Es decir, todo es resultante de algo. Y la pasión por la vida, ese deseo de vivir, es la resultante de que Dios nos llamó y nos llama a la vida; por eso, todos tenemos deseo de vivir y nadie, en primera instancia, tiene deseo de morir.  

Pero, lo interesante, es cómo trasunta este texto, de la Carta a los Romanos, el sentido de la oración. Es oración, siempre en el ámbito de lo que estamos diciendo, el pedirle a Dios las cosas importantes de la vida, lo fundamental. Es expresar y alabar con Dios todo lo que puede ser el drama de nuestras comunidades: la familia, la parroquia, el municipio, el país, el mundo.  

Hay algo más, dice la Carta a los Romanos que, en el fondo, al hacerle a Dios las proposiciones de nuestra existencia en la oración, tenemos que pedirle un don y es: el don de saber pedir lo que está encerrado en los designios de Dios.

En una palabra, en el diálogo de la oración, tenemos que procurar que nuestra existencia se vaya insertando en el misterio de la vida que Dios ha creado y lleva adelante, y no al revés, buscar que Dios sea cómplice de nuestros proyectos o que se ponga al servicio de nuestros proyectos.  

El problema, es pedirle a Dios que yo sepa descubrir sus designios y sepa embarcarme en la corriente de la vida y no de la muerte. Es muy importante esto, porque a veces, nos quejamos de que Dios no nos concede cosas ,y a veces, Dios no nos concede cosas porque nos hacen mal. Es decir, si mi abuelita está grave y se va a morir, y yo le pido a Dios que mi abuelita no se muera; Dios no puede a mi quitarme el misterio de la muerte, porque, pertenece al misterio de la vida. Dios tiene que hacer morir a mi abuelita aunque, a mi no me guste. Para que yo crezca, para que madure y aprenda una lección de vida.  

La bondad de Dios no es que siempre me evite lo que no me guste, al contrario, a veces la misericordia de Dios me hace padecer cosas para que yo recupere el sentido del camino. La clave está en que yo me incorpore a los proyectos de Dios sobre el mundo y no que quiera que Dios venga a avalar mis proyectos que, muchas veces, por ser míos, pueden estar empapados de pecado o de egoísmo.  

Y dice esto la Carta a los Romanos: pedirle a Dios así y pedirle con la absoluta certeza de que, aunque Dios nos conceda lo contrario, es porque ha escuchado nuestra oración. Porque Dios siempre escucha la oración. Lo que ocurre es que la respuesta que da Dios a nuestra oración, la da siempre desde el ángulo de su omnipotencia y su sabiduría; no de acuerdo a nuestros deseos. Dios siempre da como respuesta a nuestra oración algo bueno, aunque en una primera instancia nos duela o parezca malo para nosotros. 

    En la Tercera lectura del Evangelio de San Mateo, la liturgia de hoy propone dos parábolas

Parábolas son ejemplos, una metodología propia de la enseñanza de aquel tiempo. Jesús usaba mucho el ejemplo, porque le ayudaba a sintetizar lo que Él iba continuamente diciendo.  

La primera es "El tesoro escondido".  

Un hombre descubre un tesoro, vende todo lo que puede, todo lo que tiene y compra ese campo donde está encerrado el tesoro.  

La segunda es "la perla"  

Un hombre, buscando perlas finas, descubre que un joyero tiene una perla valiosa, entonces, vende todo lo que tiene y se la compra.  

Como si hoy dijéramos: "he encontrado exactamente el número de la Lotería de Navidad", vendo todo y compro la serie completa porque sé cuál es el número que va a salir.  

     Es decir, detrás de los ejemplos, Jesús va a esto: que la opción por el Reino de Dios, por los designios de Dios, tiene que ser una opción tan fundamental que uno se juegue todo por conseguirla.

     El camino solamente lo encuentran los que pelean y los que buscan y no los cómodos o los instalados en la vida.  

Si hay algo que no viene de arriba, ciertamente, es la comprensión de la vida y el logro de la alegría de vivir; eso no viene de arriba. Es el resultado de una búsqueda, es el resultado de un proceso, es el resultado de una vida de oración, de diálogo con Dios sobre la vida. Porque orar, muchas veces lo hemos dicho, no es otra cosa que hablarle a Dios de la vida, sabiendo que a Dios no se le puede mentir. Podemos mentir con el vecino pero, hablando de la vida a Dios, no le podemos mentir. Entonces, le hablamos como a un interlocutor absolutamente veraz al cual no se le miente y frente al cual hay que pensar y tomar conciencia de lo que se dice.  

Por eso es que el tipo de oración define la calidad de nuestra vida. Porque la oración es el momento en el cual, realmente, llegamos al meollo de nuestro ser y ahí definimos lo que somos o lo que no somos. O sea, la oración es una definición de uno mismo, frente a uno mismo y frente a Dios.  

Ahí está la verdad de lo que somos y Jesús pone dos parábolas. Pone primero la parábola de la red barredera. Vieron que cuando los pescadores pescan con red, después hacen una selección de los peces y hay algunos que los guardan y otros que los tiran, porque no sirven. Y dice: "El Reino de los Cielos se parece a la red barredera". Es decir, la opción hay que hacerla aunque otros hagan otras opciones. Nosotros vivimos en un mundo post - cristiano, un occidente que fue cristiano hace tiempo y que ya no lo es. Y a veces pensamos que las únicas opciones de la vida, son aquellas que nos ofrece la prensa, los libros, la televisión, la radio, las revistas y no es asÍ, dejamos de lado la opción por Dios. Olvidamos que aunque muchos hagan la opción por la muerte, el sin sentido, el vacío, la "pavada", a mi como cristiano siempre se me exige la responsabilidad de la opción por la vida en serio.

Yo soy pez chico o pez grande, me tiran o me guardan según lo que yo he elegido ser. No importa que venga una multitud, la definición siempre se me va a pedir. y si no me definí, no voy a poder cumplir el proyecto de Dios para conmigo. Ustedes saben que la no definición es el modo más sutil del pecado humano, más grave que pecar. Lo que dice el libro del Apocalipsis: "Porque no eres ni frío ni caliente, porque eres tibio, voy a escupirte de mi boca"... El que no se define.  

La otra parábola que propone Jesús - muy linda - dice: "El Reino de los Cielos se parece a un señor que en su casa saca cosas nuevas y cosas viejas". Es decir, el sentido de esta brevísima parábola, cortísima parábola es este: no ideologisemos la fe y la oración, sino seamos auténticos en vivirla.  

No se ofenda nadie de los que están aquí pero, voy a plantear un problema: qué sentido tiene que yo venga a celebrar la Misa, llegando diez minutos tarde, perturbando a los que están escuchando la lectura. Llego tarde, apurado, sin la preparación para orar, sin esa especie de catarsis, o sea de decantamiento, que debe darse en nosotros. Porque, en la oración, no ingresamos cuando nosotros queremos sino, cuando el Señor nos da el don.  

En el fondo: ¿por qué sucede esa llegada tarde? Porque hay una ideologización de la Misa.  

Se puede llegar antes del Ofertorio porque hasta ahí no es pecado. No. No he descubierto la oración ni he descubierto la Misa. Juego, solamente, al pecado y a la gracia. Con lo cual, es jugar a apostar al pecado directamente, porque Dios no está sujeto a la moral y el misterio de la Palabra, que fecunda nuestra vida, tampoco está sujeto a la moral.  

Y el pan no se puede comer. No se puede comer, según Dios, si primero el corazón no ha sido moldeado por la Palabra. Y la Palabra no puede prender, si el corazón no se ha serenado y no nos hemos puesto primero de acuerdo, muy fraternalmente, en lo que vamos a hacer.

El que viene tarde no comete pecado. Pero no es porque no sea pecado, ya que lo es, sino porque no se da cuenta del misterio de Cristo celebrado en la liturgia.  

¿Dónde está el pecado? En haber ideologizado la Misa. Pensando que la Palabra de Dios es leer textos antiguos y que consagrar y compartir el pan es arte de magia. Que Dios viene como un planeador, se mete en el pan y uno se lo come. No es eso. Es el misterio de Dios, que está en nosotros, que por eso nos reúne.  

Yo diría: trabaja sin cesar cada día y cada hora, y en un determinado momento ese pan de la Eucaristía aflora como Palabra. Y en la medida en que esa Palabra de Dios, realmente logre penetrar nuestra existencia por lo menos en este instante, entenderemos que el pan que compartimos y comemos hoy tiene sentido.  

Debemos dejar que el Señor nos recuerde el sentido de la oración, como si nos dijera: "si venís a rezar para pedir lo sustancial de la vida, yo te lo concedo. Si venís a rezar para pedir calidad para tu vida, para que tu servicio al mundo sea plenificante, yo te lo concedo. Si venís a pedir saber descifrar mis designios en tu trabajo, en tu familia, en el país, en el mundo, si venís para eso, Yo te lo voy a susurrar en el corazón. Y si te da miedo, Yo voy a ser tu fuerza y Yo te voy a ayudar a que la opción de tu fe sea una opción fundamental que penetre todos los estratos de tu ser"  

Es entonces cuando, este pan de hoy que viene hablado, produce efecto abundante en nuestra vida.  

Por eso, decíamos al comienzo que cada Misa es distinta. Cada pan que se come es diverso. Porque Dios no es un muerto a quien recordamos. Tampoco es un ser lejano que está arriba de una nube. No sabemos quién es Dios, pero sí sabemos porque lo dijo Jesús, que Él está Vivo, y que Él está Aquí cuando estamos juntos. Cuando tenemos ánimo de rezar, en el sentido en que lo dijimos. Cuando rezamos juntos nos dejamos penetrar por su Palabra, que no es la que estoy pronunciando yo, porque lo importante de este momento no es lo que yo estoy diciendo, sino lo que Dios está haciendo y diciendo en el corazón de cada uno de ustedes. Lo mío es solamente, el ser un instrumento; es un ministerio, nada más...  

Esta palabra que yo pronuncio, dura menos de un segundo porque inmediatamente es Dios quien pronuncia la Palabra en el corazón de ustedes y empapados por esa Palabra y sabiendo que buscamos una oración auténtica el Señor se nos da como pan para decimos: acá estoy, no anden caminando dando vueltas. Si quieren vivir la vida con envergadura y respondiendo al momento y respondiendo a ustedes mismos, no importa que sean débiles porque yo estoy acá, para ser la fortaleza en la fragilidad de ustedes.

Entonces, comulgar tiene un sentido distinto que se da cuando, en el fondo, se comienza a comulgar con la Palabra. No se improvisa la comunión en el momento comiendo una hostia, ya comenzó o no, de acuerdo a mi disposición frente a ese pan hablado  

Todo esto da para mucho más, tomemos la guía, releamos los textos en casa y pidamos sinceramente al Señor que nos enseñe. Porque cuando uno le pide, como decíamos, al Señor cosas serias, Él siempre las concede.

 

Oremos unos instantes.

 

 

DECIMONOVENO DOMINGO DEL CICLO ANUAL A  

Homilía predicada el 9/8/1981  

Lecturas:  

Libro Primero de los Reyes 19, 9-13

Carta de San Pablo a los Romanos 9,1-5

Evangelio de San Maleo 14, 22-23

 

Muchas veces, en nuestras meditaciones de los domingos, hemos dicho que para leer la Biblia, para penetrar la Palabra de Dios hay que tener en cuenta que la literatura hebrea usa mucho los simbolismos, de modo tal que, si uno no llega a desentrañar esos símbolos a través de los cuales se ha expresado la Palabra de Dios, puede ser que no se llegue a captar, realmente, lo que Dios ha querido y quiere decimos.  

Las lecturas bíblicas de hoy, son un ejemplo del uso de esos géneros literarios, cargados de simbolismos. Tanto la lectura del Libro de los Reyes del Antiguo Testamento, como la del Evangelio de San Mateo, que nos habla de Jesús caminando sobre las aguas y la segunda lectura, de la Carta de San Pablo a los Romanos, todas están escritas con muchos símbolos.  

Mi tarea será entonces, en esta primera parte de la meditación que hacemos en común, previa a la otra que cada uno debe realizar en su corazón, ir explicándoles cómo se arma o cómo se expresa la Palabra de Dios, en estas lecturas, a través de esos simbolismos que acabamos de escuchar.  

Vamos a la PRIMERA LECTURA sobre un tema que en varias oportunidades hemos citado pero que hoy, viene expresamente formulado en este capítulo diecinueve del Libro Primero de los Reyes.  

Elías era un profeta, prácticamente, el padre del profetismo en Israel. Vivía en el monte Carmelo, es decir, en lo que hoy es Jaifa en Israel. El monte Carmelo les tiene que resultar familiar por la Virgen del Carmen, viene de ahí; precisamente es Elías el que ve una nube con forma de mujer, en otra profecía, y de ahí viene la devoción (nace posteriormente, es lógico) a la Virgen del Carmen, del monte Carmelo.

Elías vivía en el monte Carmelo, el relato nos dice que Elías se va del monte Carmelo al monte Horeb, la montaña de Dios, donde Dios había hecho grandes revelaciones a los patriarcas. Recuerden a Moisés, a quien Dios se le había revelado en esa montaña santa.  

Entre todas las realidades geográficas cargadas de simbolismo, la montaña ocupa en lugar eminente. No es, solamente decir, que el hombre quiere estar más cerca de Dios, tocarlo en lo alto; sino que el subirla, significa la tarea del hombre. Ya que escalar una montaña santa es un acto religioso, que supone la búsqueda de Dios y encontrarlo en lo alto.  

Supone la búsqueda y la búsqueda con el esfuerzo, como produce esfuerzo subir a una montaña.  

Los que no quieren subir la montaña nunca tienen, en lenguaje bíblico, las revelaciones de Dios, terminan como dice el Libro del Éxodo, quedándose abajo y haciendo un becerro de oro. Un monigote. Porque no pueden acceder al conocimiento del Señor.  

Elías se va a la montaña, incluso toma actitudes muy parecidas a la de Moisés, como queriendo indicar que su experiencia va a ser muy importante. Entonces, estando ahí en la puerta de una gruta, donde se había refugiado, Dios le dice que se quede en la montaña delante de El.  

Uno pregunta: qué iba a buscar Elías a la montaña si, al fin y al cabo, Elías era un hombre creyente. Era un hombre a quien Dios ya se le había manifestado. Más aún, era un profeta. Hoy, diríamos un obispo, un sacerdote, un hombre con mucha experiencia de Dios, por qué tiene que ir a la montaña y por qué Dios le dice que se quede ahí, porque se le va a manifestar.  

En esta ida de Elías a la montaña hay un hondo contenido y una enseñanza. Es esta: siempre en la vida es menester volver a las fuentes, es decir, al origen de las cosas.  

Yo, por más que sea sacerdote, por más que haya estudiado en el seminario, que haya dado clases, que haya predicado, que haya confesado, que mi vida, por necesidad y por vocación y porque Dios lo dispuso así, esté, prácticamente, llena de la Palabra de Dios; yo no estoy eximido de volver a las fuentes. Es decir, yo debo volver continuamente al Evangelio y a un encuentro profundo con Dios. Debo volver a hacerme las grandes preguntas, ¿quién soy yo? ¿qué es la vida? ¿quién es Él, el Señor?  

Volver a las fuentes ¿por qué? Porque, sin afán de ser pecadores, sin echamos la culpa, debemos reconocer que el vértigo de la vida y el peso de las obligaciones nos alienan. Y sin que nosotros queramos, por un proceso inconsciente, se va desfigurando en nosotros la imagen de Dios; la imagen de nosotros mismos; la imagen de lo que es un sacramento, de lo que es la Iglesia. En fin, nuestra fe.  

Entonces, hay que volver a los orígenes, a las fuentes, para volver a reencontramos con toda la pureza de la manifestación de Dios, de las exigencias de la fe, de los postulados del Evangelio. Y esto lo debe hacer cualquiera, incluso el Papa. Hay una carta encíclica, estupenda, del Papa Pablo VI, de 1964, donde dice precisamente eso: "aún la Iglesia entera tiene que volver a los orígenes y preguntarse". Se hizo famosa, una frase suya que, en un discurso, en ese tiempo de la encíclica, "Eclessian Suam", Pablo VI decía: "la Iglesia tiene que hacerse la pregunta, ¿Iglesia, qué piensas de ti misma?  

Y todas estas preguntas, confrontarlas con la Palabra de Dios y con una experiencia de oración, como va a decir ahora enseguida el Libro de los Reyes. Elias va a la montaña, precisamente, para volver a los orígenes; para volver a lo fundamental. Como tratando de rescatar las fuentes de su vida interior, Dios le dice que se quede ahí, parado en la puerta de la gruta, porque Él se le va a manifestar.

Esto es muy interesante, porque ustedes saben que, para los pueblos antiguos las manifestaciones de Dios siempre se realizaban a través de situaciones espectaculares, por ejemplo, cuando Moisés sube al monte Sinaí, viene una tormenta, con truenos... y Dios se manifiesta así, en ella. De igual modo, cuando el pueblo de Israel cruza el Mar Rojo, Dios separa las aguas, quedando su cauce seco. Vean que siempre lo hace en forma espectacular.  

De igual modo, yo tendría que hacerme las preguntas, volviendo al Evangelio, volviendo a un encuentro personal con el Señor: ¿qué pienso de mí mismo?, ¿qué pienso de Jesucristo? ¿qué pienso del Evangelio? ¿qué pienso de Dios? ¿qué pienso de la vida?  

Pero Elias descubre otra cosa. Vamos a releer y comentar el texto. Dios le había dicho: " sal afuera de la gruta y quédate en la montaña delante del Señor". Entonces, pasó el Señor, sopló un viento huracanado, que partía las montañas y quebraba las rocas, pero el Señor no estaba en el viento. El huracán, que era uno de los signos como ellos representaban la presencia de Dios. Luego, cesó el viento y se produjo un temblor de tierra, pero el Señor no estaba en el temblor de tierra, que era otra de las modalidades como se manifestaba Dios. Después del temblor se encendió una llama de fuego. Hoy diríamos un rayo, una tormenta. Pero el Señor no estaba en el fuego.

¿Qué curioso no? Se repite lo de Moisés, pero Dios no estaba allí. Dios no estaba en lo espectacular. Y dice, (o sea, pasó todo eso, hubo un silencio...), enseguida, se oyó el susurro de una brisa suave, esa brisa que siempre está pero que nosotros no percibimos, estamos apurados y no nos damos cuenta de que hay una brisa suave... que incluso produce ruido, pero que no la contabilizamos porque andamos ocupados con otras cosas, es lógico...  

Retornemos: "enseguida, se oyó el susurro de una brisa suave, al oirIo, Elías se cubrió el rostro con su manto...". Es decir, es el signo de que Elías ha visto a Dios. Elías se cubre por la pequeñez del hombre frente a la grandeza de Dios, por la pobreza de uno, por el pecado, por la miseria, por la limitación..  

La grandiosidad, la inmensidad de Dios, a uno..., yo diría... lo encandila. Elias se cubrió el rostro con su manto, salió afuera de la gruta y permaneció de pie ante la hendidura de la roca. Es decir, se quedó en silencio escuchando a Dios.  

Fíjense: así como la actitud de ir a la montaña significaba volver a las fuentes, a las raíces, Elias, lo que quiere expresar acá, o mejor dicho, el redactor del Libro de los Reyes, es que a Dios se lo encuentra en muchos lugares. Se lo encuentra en el hermano, se lo encuentra en la Eucaristía, se lo encuentra en la fraternidad, se lo encuentra en la Palabra. Es verdad pero, hay un momento, hay una actitud fundamental en que a Dios se lo encuentra de una manera absolutamente inigualable, que es el momento en que, en nosotros, se produce el silencio interior de elaboración persona1. Y allí, se tiene la experiencia de la presencia locuaz. No es una presencia muda. Es una presencia locuaz de Dios, que nos educa en los criterios de Dios y nos enseña. También, nos ilumina el sentido, el horizonte y la misión de nuestra propia vida.  

Ese es el momento cúlmine en la vida de una persona, cúlmine en lo que respecta a una experiencia de Dios. Si no se da esa experiencia es muy difícil que uno sienta la necesidad de volver siempre a las raíces para purificar la propia fe y liberar la vida del pecado y de la mediocridad, que se nos pega, inevitablemente, en las obligaciones cotidianas.  

Esta lectura, naturalmente, es una invitación a meditar sobre nuestra búsqueda de Dios. Sobre nuestro encuentro personal con Él. Y también, es ver si realmente deseamos un encuentro de este tipo, que se nos puede escapar.  

En la SEGUNDA LECTURA de la Carta a los Romanos, San Pablo hace una reflexión muy dura, muy seria, él dice: ¿qué pasó con los judíos? Los judíos eran un pueblo que durante siglos había sido preparado para ser la cuna del Mesías, durante siglos. Y habían sido realmente preparados y ellos mismos se consideraban preparados. Sin embargo, dice San Pablo, llegado el momento no se dieron cuenta. Es terrible esto. Durante siglos estuvieron preparándose para un momento, llegó el momento y no se dieron cuenta. Es la gran tragedia...Dice San Pablo, de ellos, "no se dieron cuenta"... Y es, en el fondo, la tragedia posible para todos, que no nos demos cuenta que Dios pasa. Que nos sintamos muy preparados, que nos sintamos muy educados en la fe, pero que no nos demos cuenta del paso de Dios y que no lleguemos a descubrir esa presencia vigorosa, silenciosa, pero locuaz de Dios, en nuestras vidas. Por ausencia de silencio, por ausencia de humildad, quizás también, por ausencia de una fe plena y madura.  

En la TERCERA LECTURA, el Evangelio continúa la reflexión de la semana pasada. Recuerden, entonces decíamos que Jesús, según San Mateo, había salido de Cafarnaún había cruzado el lago de Tiberíades, y se había ido a la otra orilla. Pero la gente lo supo y dejando las ciudades lo siguió a pie. Al ver a la muchedumbre, Jesús se compadeció de ellos, curó enfermos, predicó y realizó la primera multiplicación de los panes. Dice el evangelio que todos comieron hasta saciarse.. Terminada la multiplicación de los panes, Jesús toma una actitud, que se repite varias veces en su vida, le dice a los discípulos: "suban a la barca y vayan a Cafarnaún, que Yo me quedo acá". Para llegar a Cafarnaún los discípulos debían cruzar el lago de punta a punta. Entonces, los apóstoles suben a la barca y se van. Y Jesús, dice San Mateo, se queda en tierra despidiéndose de la gente, a la cual había alimentado con el pan multiplicado, y así reitera la actitud de Elías, que subió a la montaña para orar a solas.  

Esto lo vamos a encontrar muchas veces en el Evangelio, Jesús va o, a la montaña o al desierto como situaciones límites; la montaña el esfuerzo de subir; el desierto, el esfuerzo de la soledad. Porque la soledad es dolorosa, sí. Como el parto. Pero son principios de vida nueva.  

El que es incapaz de padecer dolorosamente el meterse en la soledad; posiblemente no descubra nunca a Jesús.  

Bien, volviendo al relato, Jesús se va y los Apóstoles navegan por el lago e imprevistamente se desata una tormenta (el lago de Genesaret es una olla de modo tal que cuando el viento se embolsa se producen tormentas bastante serias). Pero acá hay un simbolismo muy hondo, el agua es el símbolo de la vida, en todo sentido, por eso se bautiza con agua. Si ustedes recuerdan, cuando Dios crea el mundo separa las aguas inferiores de las superiores, y después Dios ordena las cosas separando a la tierra del agua, y haciendo que del agua nazcan los peces. Todo está siempre partiendo del agua. El agua es la imagen de la vida.  

Posiblemente recuerdan esa frase, cuando Dios termina el primer gesto creador dice el Libro del Génesis- que el Espíritu de Dios sobrevolaba las aguas. Es decir, el dominio sobre la vida. O sea, Dios es el Señor de la vida. Y los Apóstoles se encuentran ahí en las aguas embravecidas por la tormenta. Un poco el símbolo de la existencia humana; la vida llena de problemas, de tensiones, de angustias. Es esa la imagen.

Quién puede decir que no tiene alguna dosis de desazón en su corazón, de pecado, de infidelidad, de angustias...  

Volviendo al texto del Evangelio, los discípulos tienen miedo y de repente aparece Jesús caminando sobre el agua. En el fondo, lo que Jesús hace no es, sino decir con un gesto, otra cosa: "Yo soy el Señor de la vida"

Esto es lo que quiere decir, porque Él no se hunde en el agua embravecida, la supera, pasa por arriba, Él es el dueño de la vida, Él es el Señor del universo. Tanto, que los Apósto]es quedan totalmente deslumbrados y Pedro le pide la experiencia total, le dice: "Señor si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".  

¿Qué quiere decir esta frase? Hoy lo diríamos así: Señor qué ganas tengo de vivir, dominando la vida y no dejándome enredar en las dificultades, en los problemas, perdiendo el horizonte, eso es lo que quiere decir.  

Y Jesús le dice a Pedro que vaya hacia EL y Pedro, de hecho sale de la barca y empieza a caminar sobre el agua. Y evidentemente la domina, es decir, llega un momento en el que tiene la experiencia de lo que es dominar la vida. Pero ¿qué sucede? Pedro en un determinado momento tiene miedo.  

El miedo, el tema del miedo, Jesús ya en un momento les había dicho "no tengan miedo". El tema del miedo es el temor a meterse en lo absoluto de la vida, en su misterio profundo y tratar de darle una respuesta, no andar esquivándolo, aunque duela.  

Pedro tiene miedo y comienza a hundirse. Esto quiere simbolizar, que lo está tragando la vida. En vez de vivir, él está siendo ahogado, destruído por las cosas. Entonces Pedro grita, como símbolo del grito humano: "Señor sálvame".  

Entonces, Jesús le tiende la mano y lo ayuda a Pedro a salir del agua y le dice esa frase famosa, pero al mismo tiempo dura: "Hombre de poca fe".  

A Pedro se lo dice ¡Nada menos que a Pedro! Aquél en quien va a confiar absolutamente ¡Nada menos que a él! "Hombre de poca fe por qué dudas".  

Esto es como si hoy se lo dijera al Papa Juan Pablo II en el momento de ser herido en la plaza de San Pedro. "Juan Pablo, por qué dudaste?”, en el supuesto de que Juan Pablo haya dudado, es una frase cruda porque está dicha no a un hombre malo sino a un hombre bueno, no a un ateo sino a un gran creyente.  

Es decir, la duda es el signo de que nuestra fe todavía necesita crecer, no es algo malo la duda, es algo bueno.  

Y dice el texto, que subieron a la barca y el viento se calmo y entonces los discípulos que estaban en la barca le dicen a Jesús: "verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios".  

Hacen una profesión de fe. Pero no una profesión de fe teórica, del Dios del Cielo. Porque hablar de Dios es tan fácil, sino del Dios que nos da el dominio sobre la vida. "Tú eres el Hijo del Dios vivo. Tú que caminaste sobre las aguas eres el Hijo del Padre que dominaba las aguas al comienzo del mundo, cuando las creó. Ahora nos damos cuenta".  

Es decir, los discípulos tienen una experiencia límite de Jesús. Lo curioso es esto: a partir de esta primera multiplicación de los panes y de esta experiencia en el lago de Genezaret, Jesús ya no volvió a andar con la multitud, sino que en adelante deja de ser, digamos... un rabino ambulante, y se dedica a ser el formador de quienes Él ha llamado a seguirlo, sus discípulos.  

Cuántas cosas hay para meditar en los textos de la Palabra de Dios de este domingo. Yo les sintetizaba ahí en la guía parroquial los aspectos principales del modo siguiente:  

Primero: siempre es imprescindible un contacto personal y continuado con el Evangelio, volver a las raíces, el que no hace esto corre el peligro de perder el camino. No de hacerse malo, de perder a Jesús.  

Segundo: La oración personal y silenciosa, absolutamente necesaria, nos lleva a la experiencia de un encuentro profundo con Jesús, no hay otro camino. Podemos a veces ser cristianos toda la vida, de buena fe y con gran entereza pero sin haber nunca conocido al Señor.  

Tercero: Nunca debemos pensar que ya hemos hecho lo suficiente en estas cosas. Lo hemos dicho, para mí no es ningún argumento el hecho de ser sacerdote hace tantos años. Para mí el planteo es exactamente igual al de ustedes, como lo es también para el Papa y para nuestro Obispo. Es igual para todos. Nunca debemos pensar que ya hemos hecho lo suficiente en estas cosas.  

Dejémonos educar por Jesús, recordemos esa última observación, Jesús no necesita gente que lo aplauda, Jesús necesita gente que lo siga, discípulos que con Él, quieran construir el mundo nuevo y el Reino de los Cielos. No necesita Jesús, gente que vaya a aplaudirlo y a pedirle pan y a comer con Él, sino gente que lo siga. El tema del seguimiento que habría que tocarlo alguna vez.

Los discípulos se definen a sí mismos como seguidores de Jesús, y ser discípulo no es cuestión de aplaudirlo, de nombrarlo, de comer con Él, de recibir su enseñanza, sino de seguirlo y de optar uno por ser su discípulo y dejarse educar por Él. Y en Él encontrar a Dios Padre y de Él recibir el Espíritu Santo que nos hace cristianos y nos hace libres.  

Como les decía al comienzo, a través de estos simbolismos hay muchas cosas hermosas y serias. Que la segunda parte de nuestra meditación personal, con la ayuda del Señor, nos haga profundizar más estos textos que hemos leído y meditado juntos.  

Oremos unos instantes.  

 

VIGÉSIMO DOMINGO DEL CICLO ANUAL A  

Homilía predicada el 16/8/1981  

Lecturas:  

Libro del Profetas Isaías 56, 6- 7

Carta de San Pablo a los Romanos 11, /3-/5.29-32

Evangelio de San Mateo 15, 2/-28

Muchas veces, en las meditaciones que hacemos los domingos sobre los textos bíblicos, dijimos que la Palabra de Dios no es la formulación teórica de un pensamiento, como puede hacer, por ejemplo un profesor en clase, o como hace el autor de un libro de texto. Sino que, la Palabra de Dios se da siempre como respuesta a situaciones concretas del hombre o del pueblo.  

Hoy nos encontramos con estas tres lecturas bíblicas que la liturgia nos propone, en las cuales a propósito de situaciones concretas, hay una observación que nos puede hacer mucho bien y que a veces no suele ser tratada en las meditaciones que hacemos los domingos.  

Vamos a ver brevemente que nos dicen y después vamos a meditar ese aporte, esa observación que nace de la reflexión que sobre ellas haremos.  

La PRIMERA LECTURA, del profeta Isaías, trae una observación del profeta o una profecía como se suele decir. Es ésta: "En el monte Sión adorarán a Dios no solamente los judíos sino todos los hombres de toda la tierra".

Esto que para nosotros no tiene nada de extraño, para ellos era una novedad enorme, porque los judíos, y aún hoy vemos el rastro de esta característica, los judíos tenían como modalidad sustancial de su ser nacional la impermeabilidad. Es decir, mantener pura su raza, su religión, etc. No mezclarse con los otros pueblos y sus religiones.  

El Dios de Israel, era el Dios que protegía a su pueblo y destruía a los demás pueblos. De modo tal que, un buen judío pensaba que un extranjero era necesariamente, un pagano y no debía relacionarse con él.  

Y el profeta Isaías les dice: "No, este Dios de Israel es el Dios de todos" y se los dice sobre el monte Sión.  

Es decir, a la ciudad de Jerusalén podrá venir cualquier hombre de la tierra a adorar a Dios, porque Dios se revela para todos. Esto es lo que dice el profeta Isaías, traducido a nuestra manera de hablar, en la primera lectura.  

En la SEGUNDA LECTURA que ofrece la liturgia hoy, son unos breves pasajes de la Carta a los Romanos de San Pablo, veamos primero un poco el contexto histórico de ella. En el momento en que nace la Iglesia, después de la Ascensión del Señor, nos encontramos con tres tipos de personas, así para tipificar de algún modo: el judío, el griego, (es decir, no el griego de Grecia sino el que está en el Imperio Romano y considerado por Israel como el "pagano" que adora a muchos dioses) y el cristiano, que puede ser judío o griego, no importa. Entonces, el autor de la Carta a los Romanos, probablemente un discípulo de San Pablo, dice: "no, nadie tiene el monopolio de Dios, ni el judío, ni el griego, ni el cristiano." Nadie tiene el monopolio de Dios. Retengamos esa idea.  

En la TERCERA LECTURA, si ustedes prestaron atención, este milagro Jesús lo hace no en Jerusalén (zona sur de la región) sino en Caná, un antiguo pueblo que estaba al norte, considerado un pueblo idólatra, totalmente pagano. Y Jesús, a pesar que primero lo advierte, cura o accede al deseo de esta mujer cananea. Es decir, ante el asombro de todos, Jesús hace un milagro, no sólo fuera de su tierra sino también, con una pagana, con una atea, con una idólatra. y no sólo hace el milagro que esa mujer pedía sino que, alaba la fe de esa mujer que no era judía y que no pertenecía a la religión de Israel.  

Esto naturalmente, como otros gestos similares de Jesús narrados en los Evangelios, debió impresionar mucho a los Apóstoles. Porque, como decíamos a propósito de la primera lectura, todavía en tiempos de Jesús subsistía la idea de que los judíos tenían la salvación y los demás pueblos no.  

Y qué hay en el trasfondo de estas lecturas escritas en tiempos muy diversos, sobre todo la del profeta Isaías, muy antigua. Hay esto: - ya entrando en la meditación ., yo lo que hago es tomar elementos de la lectura y proponérselos a ustedes con un lenguaje de meditación, de reflexión.  

En el trasfondo está esta idea: una característica psicológica de quien es cristiano es tener un corazón abierto a todos los hombres y a todo, a todas las cosas. Un corazón abierto, o si ustedes lo quieren decir de otra manera, una psicologia de apertura o un universalismo interior que hace que uno no este cerrado a nadie ni a nada. De aquí nace ese postulado fundamental, todas las cosas de la vida son buenas, todo hombre es mi hernano y es mi amigo. Esta psicologia de apertura evidentemente es la definición de lo contrario, el egoísmo. Es decir el egoísmo es una psicologia de cerrazón sobre sí mismo, poniendo a las cosas y a los hombres a mi servicio o usándolos o abriéndome a ellos según mis intereses. Para entender bien qué significa esta psicología de apertura, podríamos analizar cuáles serían las actitudes contrarias, que son actitudes que nosotros muchas veces padecemos, incluso en la familia o en la parroquia.  

La psicología de apertura se opone a la psicología de secta, esto se puede ver bien en algunas sectas modernas, por ejemplo los testigos de Jehová o los mormones, que son muy sectarios, es decir ghetos prácticamente. Pero esa psicología sectaria la podemos tener todos, en la medida en que amamos a los que piensan como nosotros, nos juntamos con los que son como nosotros, pasamos el tiempo con quienes nos resultan simpáticos y en vez de dejar que la vida vaya haciendo su misterio en nuestra vida personal o en la vida de la parroquia. Pongamos otro ejemplo, con nuestra mentalidad sectaria nos vamos quedando con lo que nos gusta y eso es una actitud sectaria, es carecer de apertura, como es carecer de apertura hacer siempre en la vida lo que a uno le gusta y no lo que vale la pena ser hecho. Es un poco la psicología del grupismo, que a veces algunas personas en los movimientos de Iglesia la tienen. Ejemplo, un individuo es de Acción Católica y piensa que por ser de Acción Católica él es bueno y todos los demás son malos, o porque hizo el cursillo de cristiandad él está salvado y los otros no, o porque está en el Movimiento Familiar Cristiano, él entendió el Evangelio y los demás no, o porque hizo el curso de Catequesis en el Cedier o en la escuela de teología, estudió teología, él sabe y los otros no.  

Son actitudes sectarias que se manifiestan en el temperamento, en el trato, en la manera de pensar, de querer, y se traducen a veces en el chisme, en la crítica o en el silencio. El silencio puede ser sectario.  

Actitudes sectarias o grupistas o parcialistas que engendran lo contrario a lo que Dios quiere hacer con los hombres. ¿Qué queda de la venida de Jesús?, la Iglesia. ¿Iglesia, qué quiere decir? Comunión. Es decir el que no tiene una actitud de apertura no puede vivir una actitud de comunión porque el sectario es siempre el que divide. Divide, no porque grite sino porque está la actitud divisionista por ejemplo del que no habla con fulano, lo evita, cuando está fulano se va mengano, cuando hay una reunión que no le interesa no va o si le puede echar leña al fuego contra fulano lo hace, es la anti-Iglesia, es el obrar contra Dios.

En el lenguaje bíblico el que tiene mentalidad cerrada y por lo tanto es sectario está definido como el diablo. En una homilía hace tiempo yo les explicaba la etimología de dos palabras que son parecidas y son muy importantes, la palabra "diálogo" y la palabra "diablo". "Logos" quiere decir palabra, "día" quiere decir "extremos". Diálogo, es la palabra que une los extremos. "Bolos" quiere decir "separar", en griego. "Día", extremos. "Diablo" quiere decir el que separa, es lo contrario al diálogo. Por eso Dios a sí mismo se llama Palabra, es decir diálogo, apertura. El sectario es el diablo, el diábolos, el que divide, el que no se inserta en el proyecto, el que no se abre a las cosas. Fíjense que entonces esa característica de apertura llevaría a que el cristiano es un hombre que siempre es puente, que une, y no barrera que separa y que con esa psicología de apertura es perfectamente consciente de construir la Iglesia. El término Iglesia, comunidad, lo entendemos en la universalidad, que abarca los distintos estamentos eclesiales; la diócesis, la parroquia, la Iglesia doméstica (la familia).  

Con esa psicología de apertura el cristiano es un hombre que asume el dolor de construir las comunidades, el dolor de construir. Porque hacer la pareja, hacer la familia, hacer el país, hacer la parroquia, hacer la diócesis, es fruto de un dolor, porque la psicología de apertura significa el continuo morir de esa tensión innata que todos tenemos de ponemos nosotros primero y el resto después y de usar las cosas y los hombres en nuestro provecho, el egoísmo.  

Por eso la fe cuando realmente ha calado hondo en el corazón de una persona, varón o mujer se traduce en esa psicología de apertura por la cual uno está abierto a todas las cosas, no se cierra a nada, yo diría es un hombre que intrínsecamente asume el pasado, el presente y el futuro porque no se cierra al futuro para hacerse conservador ni se cierra al pasado para hacerse progresista, ni se cierra al presente para alienarse. Se abre a todos los hombres, partiendo de la base del valor fundamental de la comunicación humana, del diálogo y no poniendo este valor fundamental, no condicionando el diálogo a si me gusta o no la persona con la cual dialogo. Es decir la opción por los demás y por el mundo fundamental sin cerrarse a nada, entendiendo de que mi fe y mi vida crecen y maduran en la medida en que están insertas en el crecimiento y la madurez de todos.  

Al hablar de la Iglesia podríamos decir esto, lo que el Señor quiere es que lo encontremos juntos porque si no lo encontramos juntos, ninguno podrá aisladamente encontrarlo. Hablaremos de Dios, hablaremos de mil cosas, pero no lo vamos a encontrar.