Fundación Presbítero Oscar Amado

  

       

        Reflexiones sobre el Adviento y la Navidad

 

PRESENTAClON

Con estas reflexiones sobre el Adviento y la Navidad, la Fundación Pbro. Oscar Amado, presenta el segundo volumen, sobre las homilías del Pbro. Oscar Amado.

Al igual que en el trabajo anterior (Reflexiones sobre la Cuaresma) este cuadernillo contiene sus homilías para el ciclo de Adviento y Navidad de 1980, habiendo sido transcriptas literalmente, como fueron pronunciadas en el Templo San Pío X de Mar del Plata, en las Misas dominicales de mediodía.

Somos concientes de que es diferente una improvisación verbal a un escrito para ser publicado, y que nunca el Pbro. Amado, pensó ni soñó en la impresión gráfica de su prédica. Sabemos de su preocupación por la catequesis, por el anuncio de la Palabra, por el cuidado y responsabilidad que ponía en todos sus trabajos y que no son éstas líneas el reflejo total de su pensamiento ni lo mejor de su producción literaria, ya que jamás fueron pronunciadas para ser escritas sino para ser reflexionadas durante la liturgia.

Pero hemos querido imprimidas, para que así, como para nosotros fueron base de crecimiento espiritual y nos ayudaron a comprender la Palabra de Dios; vuelvan hoy como esbozo de una reflexión personal, para una nueva adhesión a Cristo y su Iglesia.

El Reino es una realidad “hoy” y una tarea para todos los cristianos; por eso es nuestro deseo, que la prédica del padre Amado sobre la palabra de Dios, su ejemplo de pastor incansable, de hombre de oración y de testimonio constante, nos anime, nos impulse y nos contagie toda la fuerza, que el Señor da a aquellos que lo aman, lo buscan y lo anuncian.

Que en este Adviento, vayamos dando cada vez mas un sí incondicional al proyecto y a la propuesta de Dios y abramos nuestro corazón y nuestra mente al Señor que viene.

Vaya nuestro saludo y nuestra oración.

Buenos Aires, Adviento de 1984.

FUNDACION PBRO. OSCAR AMADO

  

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Una vez más, en nuestras vidas de adultos, o de jóvenes, volvemos a comenzar un Adviento.

¿Qué es el Adviento? ¿Por qué, todos los años, prácticamente un mes antes de Navidad, se comienza el ciclo litúrgico nuevo, en vez de empezarlo el día de Navidad o el 1º de enero?

Es por lo siguiente: nosotros, todos, nos acostumbramos a vivir, y los característico de la vida, es que la vida es algo a lo cual uno no se puede acostumbrar, porque la vida es siempre novedad, la vida es siempre lo diverso que llega, es lo absolutamente nuevo que se nos ofrece.

También es necesario el Adviento porque, hablando tanto de Dios, terminamos teniendo de Dios una imagen humana, y perdemos la imagen de Dios que Dios mismo ofreció. Por eso, de vez en cuando, una vez al año, la Iglesia vuelve a replantear su propia fe, vuelve a sus raíces. Vuelve a plantearse el problema de su propio ser, de su razón de ser, de su existencia, de su validez. Es como volver a empezar desde cero, si ustedes quieren. Y eso, lo hace todos los años la Iglesia, para rescatar, valga el término, el sentido de su ser, el sentido de la historia de los hombres, y el genuino sentido de Dios.

Fíjense, ¿quién de nosotros no busca la alegría y la felicidad?, ¿quién de nosotros no quisiera encontrar o tener una genuina experiencia de Dios?, ¿quién de nosotros no quisiera ver un mundo distinto? Es el tiempo para, volver a hacerse estas preguntas; es el tiempo para preguntarnos si realmente Dios da un sentido a nuestra vida o no, si la vida tiene un sentido o no, si hay posibilidades para el mundo que vivimos o no las hay, si vale la pena, tener algún tipo de esperanza o no, si conviene invertir en una lucha por la justicia, o mejor dejar que el mundo siga como está. Tiempo para volver a hacerse muchas preguntas.

Por eso, el tiempo del Adviento, si uno quisiera sintetizarlo, tendría que decir, que es un tiempo de autosensibilización (volver a sensibilizarse). No porque seamos malos; acá el problema no es si uno es bueno o si uno es malo. Es honestamente admitir que la vida a nosotros nos gasta. Nos gasta. Lo cotidiano nos gasta: el trabajo. la familia, las responsabilidades, los proyectos. Y cuando uno está gastado, cuando uno está cansado, evidentemente no puede hacerse las grandes preguntas y no puede partir a la búsqueda de las grandes respuestas. Yo puedo tener una hermosa orquesta, acá, y puedo tener un hermoso aparato de grabación, pero hace falta una tercera cosa: que la cinta que está colocada en el aparato de grabación sea una cinta de calidad, un casette de calidad, porque si la cinta es de mala calidad, o si la cinta está muy usada, ¿qué sucede?, la orquesta podrá tocar una sinfonfa maravillosa, el aparato podrá funcionar con su sensibilidad más honda, pero la grabación sale mala. Si no hay sensibilidad para captar, no vale la pena que la orquesta sea buena, ni que el grabador sea bueno. Sería eso, tratar de recuperar en nosotros la sensibilidad, no solo frente a Dios, sino frente a la vida, frente a la historia, frente al momento en que vivimos, frente a nuestro pasado o a nuestro futuro, frente a todo.

Vamos a celebrar la Navidad. ¿Qué es celebrar la Navidad? No vamos ahora a entrar en esto, porque para eso está el 25 de diciembre. Pero, celebrar la Navidad es celebrar la entrada de Dios en la historia, o la visualización de Dios en la historia.

Y esta Navidad de Dios en la historia tiene tres momentos: por eso decimos que la Navidad es al mismo tiempo un recuerdo, una celebración y una esperanza.

Navidad es recordar, ciertamente, lo que pasó hace dos mil años en Belén, allá. Es eso, sí. Pero aquella Navidad no acabó con el misterio de la Navidad, sino, yo diría, fue el tímido comienzo de la gran Navidad final en la cual Dios realmente se manifestará totalmente en la historia de los hombres. Navidad que en la vida de cada uno de nosotros se dará cuando muramos, naturalmente, si hemos preparado en la fe, el pesebre de nuestra vida, para cobijar esa Navidad. Navidad que en la historia de los hombres se dará, cuando los hombres, quizás después de muchos fracasos, hayan logrado un mundo humano. Dios vendrá a plenificar ese mundo humano. Pero entre ambas Navidades, aquella de Belén y la otra, está la Navidad, la silenciosa Navidad que Dios continúa realizando en los hombres. y es la Navidad de la Gracia, es decir, la Navidad donde Dios se ofrece como don. Don quiere decir: Dios se ofrece como sentido, Dios se ofrece como fuerza. Dios se ofrece como esperanza.

Una Navidad sumamente silenciosa, como la de Belén. Fíjense, que mientras Jesús nacía en Belén, allá, totalmente descentrado de la historia de los hombres, que estaba en ese momento polarizada en Roma, Jesús nace silenciosamente y cuatro o cinco personas entienden el problema. Y la Navidad, este año, es igual, porque Dios obra así.

La Escritura dice: “Dios es como la suave brisa, que si uno no se para a pensar que está, no la siente”; “Dios cae como el rocio –dice el profeta Isaías- sobre las plantas, no hace ruido”. La Navidad es así. No es la Navidad del consumo, no es la Navidad de los niñitos Jesuses que están en las vidrieras de las jugueterías, ni de los pandulces, porque nada de eso va a cambiar el mundo. Derroteros nuevos para el mundo, no van a venir por los turrones o por los empachos que vamos a tener en la Navidad. La Navidad es otra cosa. Y fíjense que no debe extrañamos ésto, porque mientras Jesús nacía en Belén y poca gente captaba el misterio, el mundo comía, pan dulce, turrones, hacía propaganda y vendía sus cosas.

Ahora bien, la Iglesia, para que frente a esta sensibilización y frente al camino que hay que recorrer hacia la Navidad (porque la Navidad se conquista, no viene de arriba, y en la Navidad uno define en sí mismo si realmente lo ama a Dios y lo ama a Cristo), para que realmente responda a los deseos de Dios, (porque acá las reglas del juego las pone Dios), la Iglesia nos ofrece tres lecturas bíblicas, que fueron las que recién nos proclamaron, con la dificultad de que las tres lecturas tienen un lenguaje muy complicado, sobre todo la primera y la tercera. Lo que voy a hacer (es el sentido que tiene el ministerio del sacerdote), es tratar de traducir a nuestra manera de hablar lo que el profeta Isaías, San Pablo y San Mateo dijeron en estas tres lecturas.

La primera lectura, del profeta Isaías, tiene una idea en la cual a veces reparamos muy poco, y es ésta: que la Navidad, más que un problema individual, es un problema social. Isaías vendría a decir en nuestras palabras de hoy, actuales: Hay Navidad, porque el mundo anda como anda, por eso Dios entra en la historia. El mundo. ciertamente, de acuerdo a la metodología con que se mueve, no tiene futuro, no hay horizontes; a lo más, podemos pensar que se va ir deteriorando, en la injusticia, en la crisis de libertad, en el hambre, en el deterioro ecológico en un montón de cosas. Es decir, el mundo no ofrece esperanzas; por eso es necesario que haya una Navidad. Y por la Navidad no es sencillamente el Niñito que entra en la historia, sino que es Dios con su alternativa, que entra en la historia; por eso, celebrar la Navidad es tratar de ver desde el Niño del Evangelio, con el Evangelio en la mano (es decir, al Niño lo tenemos con el Evangelio en la mano, o no lo tenemos), ver, si desde el Niño si desde los designios del Evangelio, es posible hacer humano el mundo; ver, si desde ese proyecto de Dios es posible tener esperanza en la paz. No en la paz como mero equilibrio de fuerzas, sino en la paz como fruto de una comunidad auténticamente humana.

Eso es lo que, decía el profeta Isaías, a propósito de la circunstancia histórica de su pueblo y que, diríamos, la Iglesia lee en la perspectiva de la Navidad, como diciendo: “Cuidado, porque a Dios lo tenemos, pero no lo tenemos”, “somos cristianos, pero todavía no somos”. Siempre, en nuestras vidas y en la historia del mundo, el haber recibido a Dios se puede traducir como un “ya sí, . pero todavía no”, “yo ya soy cristiano, pero todavía no”, “yo ya vivo, pero todavía no vivo”, “yo ya trabajo por un mundo mejor, pero todavía no trabajo por un mundo mejor”. Porque la vida siempre es un “ya sí, y todavía no”. y ese “todavía no”, es lo que da sentido a la vida, aún en la vejez, aún en la enfermedad, en cualquier hipótesis, en la peor de las contradicciones.

La segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Romanos. En nuestra manera de hablar, San Pablo dice esto: “Avívense”. Textualmente usa tres palabras: despertar, ver y redescubrir. En el lenguaje vulgar: “avívense”. “Avínvese”. Avívense, dice San Pablo, porque en medio de ustedes, se está realizando el misterio de la historia, tanto social como personal, como familiar, como de pareja, como... a cualquier nivel; en medio de ustedes, se está realizando la historia, con enormes posibilidades, con horizontes estupendos, pero ustedes no se dan cuenta. .. “Avívense” de lo que está pasando en sus vidas, “.avívense”, porque Dios no está en el Cielo, Dios está con nosotros haciendo la historia. Avivarse, leer, descubrir, esa presencia actúa, fecunda de Dios. Creer en Dios no es creer en el Dios del Cielo, porque eso es fácil; creer en Dios es confiar, que Dios está salvando la historia de los hombres, a pesar de la guerra entre Irán e Irak, a pesar de las monstruosidades que están sucediendo en El Salvador, a pesar de los millones de personas que mueren de hambre, a pesar del despilfarro blasfemo de los países ricos, en las carreras armamentistas, a pesar de las incertidumbres de nuestro país y de las alegrías. Dios está obrando. Hay que saber leer la vida, hay que saber leer la propia persona, la propia pareja. Y allí está Dios. “Avívense”, y descubran, dice San Pablo, que hay un clima nuevo, una ética, un ethos nuevo, es decir, una manera de vivir para la cual el hombre fue creado descúbranla, y allí a encontrar a Dios; y piensen, y acá viene una idea fundamental de San Pablo, que la salvación se les -ofrece a ustedes, no para salvar sus almitas, sino para salvar al mundo.

Si lo vertimos en los conceptos que venimos hablando, celebrar la Navidad no es un problema mío; yo celebro la Navidad para que la Navidad llegue al mundo. Es decir, hoy, el Niño, soy yo, o no hay Niño; soy yo para mi familia, para mi trabajo, para mis obligaciones de cualquier índole, para mi opción política, para mi ideología; si hay alternativa de Dios, soy yo, Y si no estoy yo, no hay alternativa de Dios. Como si María hubiera dicho “no”, no hubiera habido Jesús; ,como si Jesús hubiera dicho ”no”, no habría habido Cruz. Siempre es necesario un “sí”, y en el fondo, el Adviento, es, decir “sí”, como María, y dejarse preñar por el misterio de la Navidad para que crezca en uno, pero no para uno, para los demás; porque si quisiéramos celebrarla sólo para nosotros, destruiríamos al Niño, porque el Niño no fue dado ni para María, ni para José, ni para los pastores; fue dado para el mundo; y la santidad de María, de José, y de los pastores, y de los magos, fue que no se guardaron al Niño, sino que lo entregaron, y ellos pasaron a la oscuridad y quedó el Niño. Nosotros somos responsables frente al mundo de la Navidad; o nosotros somos Navidad o no hay Navidad para el mundo; o nosotros planteamos la alternativa de la esperanza descubierta por nosotros, en la Navidad, o para el mundo no hay esperanzas.

El rostro de Dios, para el mundo, somos nosotros, y si el mundo cae en el materialismo, tanto liberal como marxista” si el mundo cae en el consumo y en las brutalidades en que cae tenemos que preguntarnos si no es porque nosotros, que somos el rostro de Dios, tenemos un rostro prostituído, de un Dios prostituído, gastado, mezquino, aburrido, incapaz de convencer a nadie, y un Evangelio tan mal leído y tan reducido que no convence a nadie ni ofrece alternativa válida para nada.

“Ser responsables de la Navidad”, les decía San Pablo, y de ahí la urgencia, de volver al Evangelio, no a un Evangelio declamado, no a un Cristo besado en las estampitas, sino al Evangelio que rompe las estructuras, que nos hace sufrir interiormente, volver a meditar las bienaventuranzas volver a seguir el proceso de Jesús para ver por qué murió Jesús, redescubrir la esperanza del espíritu que resucitó a Jesús para nosotros ser gente esperanza. Adviento es una tarea para conquistar la Navidad, porque la Navidad no es para los cómodos, la Navidad no es para los superficiales, la Navidad no es para quienes han sucumbido a la civilización del placer, del tener, o del poder; todos esos no estaban en el pesebre, estaban en Jerusalén o en Roma. Para ellos, no hubo Navidad. Dios no se interesó por ellos. Como dice la primer bienaventuranza: hay que tener alma “de pobres. Volver al Evangelio.

En el texto de San Mateo, la tercera lectura, Jesús viene a decides esto: que a Dios, y fíjense, cuando habla de Dios, Jesús no habla del Dios teórico, para Jesús siempre Dios va con su proyecto en la mano. Ustedes saben que los antiguos, cuando comenzaron a pintar, tanto a Dios como a Cristo, en las primitivísimas iglesias cristianas, siempre aparece Dios, y sobre todo Jesucristo, el pantócrator del arte bizantino o del arte románico primitivo, siempre aparece con un libro en la mano. Siempre. Los cristianos primitivos se daban cuenta que el problema de Dios no es la persona de Dios, que se nos escapa, sino son los designios de Dios. Es fácil creer en Dios, pero hay que creer en Dios a través de los designios de Dios, o, como decimos a veces, no hay que creer en Dios, sino que hay que creerle a Dios, que es distinto. Que es distinto. Creerle a Dios es tremendo, no porque sea monstruoso, es que es tremendo por la envergadura que supone. Y vivir es una vocación para cosas de gran envergadura. Por eso, solamente teme a la muerte aquel que tiene una vida, chiquitita así, sin ninguna envergadura; pero, el que optó por las cosas grandes no le teme a la muerte, porque sabe que su tarea y su vida van mucho más allá que ese accidente. Jesús dice: para descubrir eso, hay que estar atentos y vigilantes; hay como una psicología de sensibilidad; es como si dijéramos ahora: “A ver, cállense un poquito porque me parece que hay un farol que vibra”, y se produjese en nosotros un absoluto silencio. O “vamos a escuchar los pajaritos de afuera”. Ustedes se dan cuenta que los pajaritos están cantando, y quizás muchos de ustedes no se dieron cuenta que estaban cantando los pajaritos afuera.

O sea, que si no hay eso, dice Jesús, es inútil, y plantea dos ejemplos: cuando se estaba preparando el diluvio, se les dijo que venía el diluvio, pero la gente seguía comiendo y bebiendo, no le daban bolilla, y se mataban de risa de Noé pero, a pesar de que se mataban de risa, la cosa se acercaba, es decir, por más que comieran y bebieran, la realidad venía; y es claro, cuando la realidad vino arrasó. Los arrasó. Solamente Noé y su familia se salvaron. Miren, el problema de la Navidad no es una opción, la Navidad va a venir, de todos modos. El problema es si va a penetrar en nuestras vidas y a través nuestro se va a transformar en una bendición, o sencillamente, la Navidad va a pasar al margen. Hay una frase en la Biblia, no recuerdo dónde, que dice ésto: “Tengo miedo del Señor que pasa”, pero ¿saben por qué?, porque tengo miedo que pase, y que no me dé cuenta y entonces perdí el tren de la vida y el tren de la historia.

Y el otro ejemplo que pone Jesús es: si ustedes supieran que les van a robar esta noche, no se van al cine; dicho de otro modo, cuando ustedes tienen unos pesos, empiezan a recorrer a ver quién, a plazo fijo, paga más. La Navidad es fruto de una inversión de vida, la gran interpelación es, si tenemos interés o si somos capaces de hacer esa inversión de silencio. En el fondo, Jesús dice: “sin atención, sin sensibilidad no se descubre la Navidad’, aunque uno se empache de pan dulce.

Yo les sintetizaba esto en la guía parroquial en tres puntos ( y fíjense que esto, que es duro, es un replanteo fundamental, que se lo tiene que hacer cualquiera, incluso el Papa. Por ser Papa no tiene garantizado nada. Ni yo, por ser sacerdote, tengo garantizado nada. O yo conquisto la Navidad o la pierdo, o yo soy una bendición para el mundo grande o pequeño en el cual me muevo, o soy una maldición, porque no hay término medio; y el mundo anda como anda, porque hay muchos que son maldición para la sociedad):

Primero, el punto de reflexión, y es un poco síntesis de lo que decíamos, yo les ponía en la guía: Nuestro mundo necesita la Navidad, pero una Navidad al estilo del Evangelio, y no según nuestra superficial sociedad de consumo. La Navidad no es la fraternidad, que todos somos hermanos. Es mucho más. La Navidad no es la familia reunida. Es mucho, más. La Navidad no es que ese día nos sintamos contentos, nos abracemos, nos, reunamos. .. No, no. Es mucho más. La Navidad no ‘es el pandulce, ni la sidra” ni el Niño, ni el pesebre, ni el muñeco, ni el regalo, no es nada de eso, algunos signos son válidos, otros son signos blasfemos pero la Navidad es muchos más.

¿Qué es la Navidad? Sumerjámonos en el Evangelio.

Segundo sólo nosotros debemos ofrecer la Navidad, pero para ello, nosotros debemos descubrirla y celebrarla. El Adviento es un llamado, a ver quiénes quieren; como a María, el ángel le dijo: ¿querés, y porque María dijo ‘.sí” hubo un Niño; y la pregunta es la misma. Y tercero: por eso el Adviento es tiempo de sensibilizar nuestra atención, no sea que la Navidad nos tome desprevenidos y se nos .escape. Por eso, Adviento es tiempo de meditación. Pensar no es pararse cinco minutos a rezar un Padrenuestro. Pensar, es detener dolorosamente la vida, porque da dolor frenar, y ponerse a pensar. Es tiempo de silencio. El silencio es doloroso, da miedo. La primera media hora es fácil y divertida, la segunda es tranquila, pero después, da miedo el silencio. Porque el silencio, en alguna medida, es la imagen de la muerte. Y da miedo. Pero tengamos cuidado, que, sumergirnos en el silencio, trae siempre la muerte de muchas cosas, que no mueren, sino que están muertas, pero nosotros las llevamos como si estuviesen vivas. Silencio.

Oración. Pero la oración, no solamente de chamuyar algunas preces, sino, esa oración que uno va haciendo y que recién va entrando en profundidad después de quince o veinte minutos. Es tiempo de relectura del Evangelio, pero de leerlo, no así como si fuera una novela, sino de dejarse... yo diría, más que leer el Evangelio, leemos nosotros a la luz del Evangelio. Leernos nosotros, y leer nuestro mundo. Es tiempo de súplica, de pedirle a Dios que nos dé el don de la Navidad, y si somos tontos, superficiales, egoístas, que nos cambie. Y, si estamos bien encaminados, que nos fortalezca para llegar más hondo. Es tiempo de conversión, sí, donde hay que cambiar muchas cosas en la vida.. Yo diría, es tiempo apto para recuperar en plenitud nuestro ser cristiano. Es más hondo. Es tiempo apto para recuperar la alegría de vivir la alegría de creer, que son la misma alegría. Porque sólo la fe da sentido, esperanza, y por lo tanto, alegría a la vida. Es tiempo de recuperar la alegría, porque sólo los corazones alegres ven a Dios. Lo dice la bienaventuranza: los que no están atados, los que son serenos y tranquilos, los que se las aguantan (estoy haciendo la traducción, ¿no es cierto?, a nuestra manera de hablar), ven a Dios.

Bueno, el primer domingo de Adviento, camino a la Navidad (está la guía parroquial ahí. ¡Cuántas cosas!, esto sería para seguir muy, muy largo, sobre todo con la última frase que les decía, que en el fondo es celebrar o recuperar la alegria .de vivir, a la luz de la fe. Es redescubrir el sentido de la vida Y de las cosas), partamos con el Adviento, camino a la Navidad, poniendo nuestro esfuerzo y pidiéndole a Dios que nos dé el don de la Navidad, porque la últitna. plenitud de la Navidad es siempre un don de Dios, que Dios da a quienes piden insistentemente, porque lo descubrieron, lo desean, lo aman, y se dan cuenta que no se puede vivir sin Navidad.

Hagamos un silencio y una oración.

 

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

El domingo pasado, decíamos que, la Navidad no es algo que viene por arte de magia (la Navidad según el Señor, ¿no?), sino que es, un don de Dios, ciertamente, pero es algo que uno debe conquistar, algo por lo cual uno debe luchar, algo que uno puede encontrar.

Y esto, fijensé, que no es idea que se me ocurre a mí, sino que responde hondamente a la Biblia, al Evangelio. Hay dos gestos (ustedes saben que la Biblia está escrita de acuerdo a una manera de pensar oriental, y hay que darle mucha importancia a los detalles). la Navidad no sucede en Belén, sino fuera de Belén, en la soledad del campo, y Jesús, para cuando empieza su predicación, no empieza en Nazareth, sino que se va precisamente, donde está Juan, en el desierto. Tanto el nacimiento de Jesús como la definición de su vida, ambas cosas, suceden fuera de la ciudad, fuera del ambiente donde viven los hombres. Esto, en la Biblia, aparece como una manera de ser de Dios. El Adviento es un poco, si seguimos la idea de que la Navidad hay que conquistarla, un poco salir de donde uno está; no me refiero al lugar físico, me refiero a todo el contexto vital; supone también, irse al desierto, es decir, evidentemente, adentrarse en una. . “ yo diría, interioridad, que, a veces, genera miedo, miedo por la soledad, miedo por lo que uno puede encontrar, miedo por lo que uno quizá tiene que dejar.

Decíamos que a la Navidad hay que conquistarla. Lo decíamos el domingo pasado y decíamos que el hacerlo es una responsabilidad. Es decir, la Navidad no es un don para nuestra vida espiritual. para nuestro provecho, primariamente; la Navidad es un don para el mundo, y si el Señor nos ha dado el don de la fe, y de poder prepararnos, es porque a través nuestro desea llegar al mundo. Lo que se nos pide a nosotros, es lo mismo que lo que se le pidió a María. El ángel llega a María y le hace esta pregunta: si ella estaría dispuesta a dejar que, a través de ella la Navidad llegara al mundo. La pregunta es la misma, si nosotros estamos dispuestos a aceptar que Dios, a través nuestro, se haga Navidad para muchos. La única alternativa para que la Navidad llegue a los corazones de mucha gente, somos nosotros. La alternativa de Dios, para muchos, somos nosotros. Por eso decíamos que era una gran responsabilidad, y que teníamos que evitar a toda costa, el caer en la Navidad fácil de la sociedad de consumo, la Navidad del pandulce y la sidra, de las lagrimitas ante el Niño Jesús, de la vaquita... No, no, no... Esto, si está bien O está mal no es el momento de analizarlo ahora, pero lo que ciertamente es verdad, es que eso no es la Navidad de Dios. .. Bueno, el domingo pasado, todo esto, lo habíamos reflexionado.

Hoy, vamos a dejar que nos hablen estas tres lecturas bíblicas que van aportando nuevos elementos de reflexión para guiar nuestra tarea de encontrar la Navidad.

La primera lectura, del profeta Isaías. (Está el problema del lenguaje, vamos a tratar de traducirlo a nuestra manera de hablar” como hacemos siempre). La reflexión de Isaías está hecha a propósito de lo siguiente: Israel, como pueblo, experimentó hondas frustraciones. Y experimentó hondas frustraciones porque tuvo malos gobernantes. Es un poco el misterio del pueblo judío; cómo, a pesar de haber tenido malos gobernantes, sin embargo, cuando se disolvió como estado continuó subsistiendo hasta este siglo. Tuvo malos gobernantes. Pero, el alma de Israel fue forjada por dos o tres hombres, que entre los malos gobernantes, fueron buenos gobernantes. La semana pasada habíamos visto el ejemplo de uno, el, rey David. Hoy, Isaías hace la reflexión sobre otro personaje, el rey Ezequías; y hace un poco el análisis de por qué el reinado de Ezequías fue estupendo para Israel, reconcilió interiormente al pueblo, le dio una cohesión interior que pudo hacer rechazar invasiones Esto está expresado en el lenguaje, no sé si ustedes escucharon, el ternero jugaba con el león. el lobo vivía en el misma cueva que la pantera, y todo así, los niños jugaban con las fieras; es decir, logró que realmente se diese en Israel un momento fuerte, y que Israel quedase marcado por la orientación de este hombre, Ezequías; y que las concepciones de justicia y fraternidad se adentraran en el pueblo. Pero, se hace la pregunta Isaías: ¿por qué Ezequías fue un hombre así?, o sea, ¿por que Ezequías pudo ser realmente una excepción?, ¿por qué Ezequías llegó a ser un hombre maravilloso, que la Iglesia lo lee, un poco para que entendamos, por una parte lo que puede ser Jesús, si uno lo encuentra, y por otra parte, cómo uno debe prepararse, si quiere que en su vida el misterio mismo de la vida y de Dios afloren con una fortaleza estupenda?

Dice Isaías: lo que sucedió, es que Ezequías fue un hombre permeable a los dones del Espíritu Santo (diríamos hoy), fue permeable a Dios, dejó que Dios lo moldeara y entonces, dice, al dejarse moldear por Dios. en Ezequías penetró algo de la sabiduría de Dios v por eso. Ezequías, desde la sabiduría de Dios, llegó a entender a su pueblo y supo aconsejar, supo conducir, supo captar los momentos históricos, y sobre todo, supo vencer (recueden que Israel era un pueblo teocrático, organizado todo en función de Dios, del templo de Jerusalem), supo rescatar el verdadero sentido de lo que es adorar a Dios. ¿Qué es adorar a Dios? Adorar a Dios no es ponerme de rodillas y decirle: Yo te adoro. Fíjense que en el relato del Evangelio, Juan les dice: ‘hipócritas” ” raza de víboras”, a los que iban a bautizarse, como si hoy dijésemos que Jesús nos llama ‘hipócritas” y “raza de víboras”, a nosotros, los que venimos a misa. Pero, ¿por qué Jesús hace eso?, y en esto coincide con Isaías, porque adorar a Dios no es poner un rito o profesar un culto. Esto debe ser expresión de otra realidad mucho más honda.

Adora, quiere decir (viene de oro), considerar lo más preciado de la vida. Eso es adorar. Adorar a Dios significa: dejar que Dios pueda realizar en mí el misterio de la vida. Por eso Jesús, en una oportunidad, va a decir que los verdaderos adoradores son los que adoran al Padre, dice, en espíritu y en verdad, es decir, en lo hondo de su corazón y de su vida y en verdad, es decir, sin mentira. Y Ezequías fue un hombre que, dejándose penetrar por Dios, se convirtió en la salvación para su pueblo, y pudo realizar cosas, vulgarmente irrealizables, como son la justicia y la paz.

Esto trae hondas consecuencias porque, la Iglesia lee en este hombre Ezequías y en la interpretación que hace Isaías, la expresión de como Dios obra las cosas. La Navidad no es algo que hacemos nosotros y eso, hay que convencerse, la Navidad es lo que Dios hace en nosotros. Lo que Dios hace en nosotros. La Navidad que podemos hacer nosotros se agota en veinticuatro horas. No podemos confundir la emoción de una fiesta, emoción que aumenta en la medida de las copas de sidra que uno toma. No podemos confundir la, emoción de una fiesta con la experiencia serena, sutil, profunda, con la cual Dios obra en los hombres; porque no crean que Dios obra como nosotros queremos; a veces nosotros pensamos que Dios está en una parroquia donde, en fin se reúne la gente, la misa se improvisa, llega tarde un montón de gente, los chicos gritan, otros se van antes. .. No, eso es folklore religioso, esa es una celebración blasciónfema, ahí no está Dios, eso es consumo religioso para tapar el dolor de conciencias que no se convierten. Es una droga. Habría que cerrar las parroquias que celebran misas así, porque eso no es lo que Jesús quiso, bajo ningún punto de vista; eso es una parodia, eso es una burla, porque Dios es el Señór de la vida y de la historia, y no lo debemos manejar, lo debemos recibir.. como se reciben las grandes cosas, con delicadeza, con silencio, con apertura, de corazón; y así, entonces, uno va encontrando la alegría, la vida,. la paz, la esperanza, que son los dones de” Dios. Y ésto no es idea mía, lo dice la Escritura: Dios nunca está ‘donde hay ruido, Dios nunca está con el que habla de labios afuera, como vamos a ver lo que dice Juan en el Evangelio. Juan el Bautista.

En la segunda lectura de la Carta a los Romanos, San Pablo les hace una reflexión sobre lo que puede llegar a obrar en un hombre y en un grupo humano, la palabra de Dios. Pero fíjense que, cuando el Evangelio habla. de palabra de Dios, no solamente entiende ésto, el Evangelio. ¿Esto es palabra de Dios? Sí, ésto es palabra de Dios; ¿pero solamente ésto es palabra de Dios? ¿Es ésta la. principal palabra de Dios? No. ¿Cuál es la palabra de Dios?: La principal palabra de Dios no es un concepto, no es un libro, sino, es una persona; la palabra de Dios es Jesús, la persona de Jesús, y secundariamente ésto. Entonces es importante, porque nosotros estamos frente a la Navidad, que es Jesús que llega, como decíamos el domingo pasado. Recordando que un día vino, hace dos mil años, y recordando que vendrá al final, -al final de nuestra vida o al final de la historia, celebramos que hoy viene como interpelación, y es la palabra de Dios.

La Navidad nos trae la palabra de Dios, lo que hoy Dios dice, el hoy de Dios en nuestra vida, en nuestro tiempo, en nuestro mundo.

Dice San Pablo; si uno realmente se presta al juego de la palabra de Dios, uno empieza a entender muchas cosas (él, textualmente dice: “uno es instruido por la palabra de Dios”), uno empieza a entender. Muchas veces nos quejamos de que no entendemos muchas cosas de la. vida, pero no las entendemos porque vivimos con el oído cerrado y el corazón duro, porque Dios nos está continuamente. enseñando a vivir. No entendemos porque somos sordos y ciegos deliberadamente. Y dice San Pablo, o sea, va concatenando ideas: el que escucha la palabra de Dios, empieza, a entender, y, el que empieza a entender, se transfonna en un hombre constante. Contante. ¿Qué es la constancia? La constancia es seguir creciendo en una misma dirección. Lo vamos a. entender mejor si lo planteamos por su oposición, la inconstancia. ¿Qué es? Es estar siempre empezando. Inconstante es el que está siempre empezando, el que siempre se va convertir, el que siempre va a ser más bueno, el que siempre se arrepiente. No, no, no. El inconstante nunca llega a ningún lado. Porque es como si yo quiero ir a Buenos Aires, salgo de acá en auto, llegó a Viboratá, me vuelvo a Mar del Plata. Salgo de vuelta en auto, llego a Camet, y me vuelvo a Mar del Plata. Salgo en auto, llego a Vidal y me vuelvo a Mar del Plata. Ese es el inconstante. Vuelve siempre al punto de partida, nunca avanza.

San Pablo dice: “el que. aceptó la palabra, y empieza a entender, se transforma en un hombre constante; empieza a crecer en él la vida, no está siempre naciendo”. Empieza a crecer. Y entonces, agrega una cuarta idea: es cuando viene el consuelo de la vida, la consolación,es decir, que aún en el momento del dolor de la cruz o de la muerte, uno no pierde la alegría. ¿De dónde viene el consuelo?

El consuelo viene de saber que uno está creciendo. De ahí viene el consuelo. De que uno interiormente está creciendo; y ésto llega a ser una certeza tan honda, que aún la muerte es un acto de crecimiento. Puede parecer una paradoja. Pero es así. Lo dice la Escritura. Y agrega otra cosa más: y porque experimenta ese consuelo, es un hombre de esperanza, camino hacia adelante. La esperanza no es “espero llegar a Buenos Aires”, sino, “porque sé que estoy creciendo y que hay una dirección, y porque sé que la vida todavía no llegó a mí, que todavía no estoy vivo del todo, entonces, hoy me juego por vivir”. Me juego por vivir. No por perdurar no por consumir, no por poseer, no por gozar. Por vivir, que es mucho más: la esperanza. Y acá, lo interesante que dice San Pablo: cuando se recibió la palabra, se empezó a comprender, se logró la constancia en el crecimiento, se experimentó el consuelo y la alegría, y se descubrió la esperanza, entonces nace la unidad fratema, porque se empieza a comunicar y se quiere concelebrar la vida. Concelebrar la vida. Porque se descubre que la vida es algo estupendo pero que me desborda a mí, y entonces busco al otro, que a su vez es desbordado, y juntos con celebramos esta maravilla: la unidad fraterna, que no nace de un pacto de querernos, sino nace en la medida en que la calidad de nuestra vida va creciendo. Y que en la unidad fraterna nace el servicio, es decir, el querer ayudar, el querer servir a los demás, para que encontrando el sentido de la vida se encuentren a sí mismos, encuentren horizontes y ellos también se enrolen en la gestación de un mundo más humano.

La Navidad es eso. La Navidad es ponerse frente a una palabra de Dios que llega y que llega hecha Niño, pero no un Niño solito, un bebé ahí, en los pesebres de consumo hechos en serie, sino un bebé que trae abajo un Evangelio, un mensaje, una interpelación, una propuesta, una alternativa, que evidentemente, supone de nosotros la tentativa de una respuesta. Por eso, la Navidad es don de Dios, si Dios vé que nuestro corazón está lo suficientemente cálido, sensible, como para dar una respuesta.

La tercera lectura del Evangelio de San Mateo narra la predicación de Juan el Bautista. Es muy importante la predicación de Juan el Bautista porque él, es que introduce a Jesús en la vida pública, en la predicación.

Y Juan el Bautista, estaba bautizando junto al río Jordán (un rito muy antiguo de penitencia el bautizarse) y entonces Juan les hace una reflexión (también hay ideas concatenadas. Las vamos a ver brevemente), les hace ésta reflexión: ”Miren, está bien bautizarse, pero no sirve para nada si no pasa algo más”; o sea, el bautismo no produce nada si eso no es signo de otra cosa, y es la conversión del corazón. Convertirse no es cuestión de ser pagano y hacerse cristiano. Convertirse tampoco es dejar de ser malo para ser bueno Convertirse es, volver a centrarse en Dios. Eso es convertirse. Volver a centrarse en Dios. Y dice Juan el Bautista: “Y ésto es absolutamente necesario para entrar en el Reino de Dios”. ¿El Reino de Dios, qué es? El Reino de Dios no son unas nubes con unos angelitos puestos arriba. El Reino de Dios es la vida, que es una gestación de otra vida más plena, no solo personal, sino social, que Dios realizará según sus designos para la cual fuimos creados; porque nosotros no fuimos creados para éste mundo sino que fuimos creados para el Reino. Entonces convertirse es volver a centrarse en la vida como dinamismo y como teleología, es decir como dirección. ¿Adónde vamos? No sea que nuestra vida sea un caminar hacia ningún lado. ¡Qué horrible I Caminar, caminar, caminar, y cuando a uno ya le fallan las fuerzas darse cuenta que no llegó a ningún lado, que muere solo. Porque no llegó a ningún lado. Es necesaria para entrar al Reino de Dios y es necesaria, ¿para qué?: para facilitarle las cosas a Dios. Porque miren, Dios nos ama. Dios piensa o al pensamos eternamente a cada uno de nosotros, al pensar ésta parroquia, a los que son de aquí, al pensar el mundo, pensó en categorías de plenitud, de felicidad, de paz, pero tenemos que dejar que Dios haga eso. Muchas veces estamos tristes, ¿Dios elegió la tristeza para nosotros?: No. Lo que sucede es que nosotros no le dejamos a Dios generar la alegría en nuestra vida. Somos mediocres. Dios, ¿nos creó para la mediocridad?: No. Nos creó para la calidad de vida, y, ¿por qué somos mediocres? Porque no dejamos que Dios nos haga crecer en calidad. Dios nos llamó para hacer una comunidad cristiana en la cual cada domingo se toque a flor de piel la presencia del Espíritu en medio de nosotros. Y decimos, ¿por qué no lo experimentamos? Claro, transformamos las parroquias en supermercados religiosos. Y eso no es, allí no juega el Espíritu, y nos quejamos de que la comunidad parroquial no anda; es que no anda porque no le facilitamos a Dios el que ande, las misas son unos ‘plomos, porque no le facilitamos al Espíritu que se muestre. Es necesario convertirse, volver a encontrarse en Dios, pera facilitarle a Dios el camino.

Y agrega Juan el Bautista.: “Y ésto, haciéndolo en serio, no quedamos en puras palabras”, que es lo que le dice Juan ‘a la gente. Les dice: “Raza de víboras”, “¡¿Quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca,?!” “¡ Manifiesten la conversión con obras y no se contenten con decir: tenemos por padre a Abraham!” Es decir, no nos contentemos con decir somos cristianos, venimos a misa, o tengo la conciencia tranquila, no mato, no robo, no, no, no... Eso está todo bien. Pero es algo más. Es algo... pero infinitamente más pleno lo que Dios quiere hacer. No quedamos en las palabras, no mentimos. Si uno realmente se convierte, entonces recibe el don del Espíritu, y si no, se produce el rechazo de Dios. No porque Dios nos rechace a nosotros, sino porqúe nosotros lo rechazamos a Dios y a Dios se lo rechaza no solamente diciendo “Andáte”, a Dios se lo rechaza cuando Dios toca la. puerta de mi vida y yo, a veces concientemente, a veces por pereza, o, a veces porque ya me ha atrapado el consumo, el placer, el poder y el tener, no abro. Es decir, cuando el cauce del río de la vida llega a mi campo y yo pongo vallas, y entonces el curso del río de la vida se desvía, y se va por otros campos, y yo después me quejo, protesto, sufro.

Como punto de reflexión yo les proponía tres cosas frente a la Navidad: Y ésto, está en continuidad con lo que reflexionamos el domingo pasado: 1º) nos exige una opción, ahora, no en la Navidad, y es abrir el corazón, para que el Espíritu Santo pueda educarnos en la Navidad. Miren, si ustedes no oran en este tiempo, si ustedes no buscan momentos de silencio, momentos de silencio interior. si ustedes no toman el Evangelio, miren, en la Navidad, se van a divertir soberanamente, pero se les va a escapar de las manos; el 26 van a ser exactamente igual que el 23, Dios no va a poder hacer nada en ustedes, mejor dicho, Dios los va a envolver por todos lados, pero ustedes no se van a dar cuenta. Hay que abrir el corazón, sobre todo por la oración.

Hay que preguntarnos por el mensaje, si realmente amamos el mensaje que Dios pueda eventualmente ofrecernos. ¿Queremos una Navidad, o vivimos suficientemente cómodos como vivimos?, ¿esperamos algo más de la vida o estamos contentos con lo que la vida nos dió? ¿nos sentimos tristes porque todavía hay lugar para muchas cosas más en nuestro corazón, o ya estamos saciados?, porque los que están saciados, los que están llenos, los que están cómodos no necesitan Navidad y entonces no la buscan. No la buscan. Si yo tengo la heladera con bifes, con ensalada, con tomates, con frutas, no salgo a hacer compras. El ama de casa sale a hacer compras cuando en la heladera no tiene carne, entonces va a la carnicería; cuando no tiene verduras entonces va a la verduleria. Pero si tiene no va a buscar. ¿Deseamos la Navidad o ya nos hemos empachado con cosas más simples?, ¿queremos sentarnos en la mesa de la vida o, como los chicos, no nos vamos a sentar porque no tenemos hambre, ya que, nos hemos saturado comiendo caramelos?, los caramelos tontos de la. vida.

Y por último, descubramos que es necesario volver a centrarse en Dios. Aún Juan Pablo II, aunque sea Papa, debe volver a centrarse en Dios. Y, por último, pidamos también por la Navidad de los que no quieren la. Navidad, o no la entienden, de los ateos, de los que sucumbieron al materialismo y a la corrupción de los que matan, de los que odian, de los que destruyen, de los que dividen. Pidamos por ellos, porque a lo mejor son sinceros en el error, y en su sinceridad, Dios, les dá el don de la Navidad. Bueno, continuemos buscando, continuemos abriendo el corazón, continuemos viviendo el Adviento.

Hoy, esta mañana, estaba leyendo, no me acuerdo de quién era, un padre de la Iglesia, un texto del. siglo Il, que decía ésto: “’La vida, si uno la quiere definir, puede reducirla a dos palabras: la vida es lucha, y la vida es esperanza. Lucha y esperanza. Y el Adviento es lucha; por lo tanto no hay Navidad para los que buscan lo fácil; y el Adviento es esperanza. La Navidad llega para los que la esperan.

Bueno, de acá en más, todo pertenece a nuestra reflexión personal. Hagamos ahora unos breves minutos de reflexión en silencio.

 

 

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

En este tercer domingo de Adviento, nuevamente tenemos tres textos bíblicos ofrecidos por la Liturgia, para continuar nuestra sensibilizacidn en orden a celebrar la Navidad.

Todo lo que vamos a ver está muy relacionado con lo que hemos meditado en los dos domingos anteriores. Fundamentalmente, si queremos buscar una conclusión de las dos domingos anteriores, podríamos encontrarla diciendo ésto: que es verdad que la Navidad es un don de Dios. Pero, también es cierto que la Navidad no es la Navidad del consumo, la Navidad que aparece en la televisión, en las revistas, sino, la Navidad de Dios es la alternativa de Dios para el mundo. Y entonces, decíamos, es verdad que la Navidad de Dios es un don de Dios. Pero en el mundo en que vivimos, la Navidad es también una tarea, un trabajo. A la Navidad hay que buscarla, pelearla, encontrarla, porque si no, no se puede celebrarla; a lo más, se pone en rito, es decir, todo aquello que pertenece al folklore navideño, que podrá ser legítimo o no, pero, lo que ciertamente es verdad, es que no es la Navidad de Dios. Es la Navidad de los hombres. La. Navidad que, yo diría, puede ofrecer ciertas alegrías y satisfacciones religiosas, entre comillas, pero que no es la Navidad de Dios. El primer día decíamos: la Navidad es un misterio, que, recordando el pasado, es decir, que hace dos mil años, en los suburbios de un pueblo llamado Belén, Dios se hizo hombre o apareció en la historia, recordando aquello, y pensando que en el horizonte de nuestras vidas y de la historia misma está Dios, la gran. Navidad final; recordando aquello y esperando lo otro, nos damos cuenta que hoy, Dios, también está llegando a la historia de los hombres, está aflorando en la historia de los hombres, está muchísimo más presente de lo que pensamos, incluso, más intensamente presente en nosotros mismos de lo que nosotros mismos estamos presentes en nuestras vidas. Hay que pelear la Navidad.            .

Bien, sobre la base de aquellas seis lecturas, dos domingos, hoy encontramos estas tres. Vamos a ver qué nos dicen, a sacar algún tipo de conclusión y después, naturalmente, responsabilidad de cada uno es silenciar su corazón, tener el coraje de meterse dentro, y ver qué es lo que Dios le susurra ahí, en lo más íntimo de su ser.

La primer lectura, del profeta Isaías. (Naturalmente, como hacemos siempre, traducimos a nuestra manera de hablar el contenido de las lecturas bíblicas). El profeta Isaías toca un tema, y por ese se eligió la lectura, muy interesante, y muy en serio. Toca el tema de la alegría. Evidentemente, en Navidad vamos a estar contentos, alegres pero. “ el problema es qué es la alegría y qué alegría ofrece la Navidad. Lo primero que dice Isaías es esto: que la verdadera alegría, es decir, que no es la alegría de estar contentos, pues el estar contentos es un estado de ánimo, nada más, que tampoco es una emoción, esa emoción por la cual decimos: estoy contento, estoy triste; que tampoco es la satisfacción del tener, o del gozar, o ejercer poder, o de tener prestigio, o de experimentar una buena salud, es decir, la, alegría que no es todo eso lo puede suponer, pero no es eso; la alegría que es en el fondo esa experiencia de saciedad, es decir, que la vida en el fondo, me lo da todo, que no me debe nada y que yo no le debo nada a la vida (cuando hablo de todo, no hablo de cositas, hablo del misterio de la vida).

Esa alegría, que en alguna medida se confunde con la paz, con la serenidad, con el equilibrio, con la sabiduría, con la esperanza. Esa alegría, que es la alegría para la cual Dios nos ha creado. La tristeza es una opción que hacemos nosotros, no es algo querido por Dios. Esa alegría, dice Isaías, viene. de experimentar la salvación. Decíamos que la alegría es saber que la vida será en plenitud, hoy. La salvación, precisamente, es que la vida se dé en plenitud, hoy. Salvamos de ser tontos, salvamos de auto engañamos, salvarnos de cifrar nuestra alegría, nuestra. paz, nuestro futuro, en seguridades inseguras, que nos van a traicionar, que van a generar tristeza: la alegría verdadera viene -dice Isaías- de la experiencia de la salvación. O sea, de la salvación -en cuanto concientizada, y en cuanto aceptada. Se dan cuenta que no es la alegría del pan dulce o de la sidra, que no es la alegría como fenómeno psicológico-social, es decir, en un día feriado donde todo el mundo mutuamente se influye, nace un clima de alegría, pero no es esa la alegría de la Navidad.

La alegría de la Navidad es la alegría de la vida, es decir, es el sentirse vivir, en plenitud y eso nace en el silencio del corazón, nace en la contemplación del pesebre y su mensaje, nace en el silencio de la Nochebuena..., nace por otros caminos.

Y ésto es muy concreto, porque fíjense, Isaías en su lenguaje decía: la salvación trae fuerza para los débiles, coraje para los temerosos, libertad para. los oprimidos, capacidad de ver para los que andan a oscuras, fortaleza para caminar a quienes están bloqueados, deseosos de cantar para los tristes... lenguaje. Es decir, ¿qué alegría vamos a ir a buscar en la Navidad? Los que estamos aquí, ¿estamos saciados de la vida?, ¿experimentamos dimensiones existenciales que no andan?, ¿estamos poniendo nuestra seguridad, o nuestra confianza, en seguridades inseguras que nos van a traicionar?, ¿estamos haciendo hijos o monstruos? ¿estamos construyendo un mundo mejor, o estamos poniendo el granito de arena para la hecatombe?, la pareja, ¿se ama, o se usa? Es decir, una serie de preguntas... ¿Necesitamos la salvación?

Era esa la primera pregunta del primer día. Realmente, en el horizonte de nuestras vidas, ¿sentimos de algún modo la necesidad de una Navidad?, ¿de que algo deba ser distinto en nuestras vidas?, ¿nos sentimos defraudados por lo que somos?, porque si no se parte de la Navidad buscando la salvación, evidentemente, ¿qué es lo que se sale a buscar? La Navidad no es para los que están salvados, sino para los dolientes que andan buscando ser mejores, ser felices, curar la heridas superar los lastres, comprometerse con una sociedad mejor, etcétera,. La alegría viene de la salvación, pero, en cuanto concientizada y en cuanto aceptada.

La alegría de la Navidad no nace por arte de magia el 24. Si hoy uno no hace la opción por la salvación, y descubre en esa opción, el principio de la alegría, de la alegría que no se destruye por el dolor, por la contradicción ni por la muerte, si uno no lo hace hoy, el 24 no nace por arte de magia, porque las cosas más hondas de la vida no se gestan como los mosquitos, en pocas horas, suponen ritmos interiores del hombre. Por eso, un poco aludiendo a la frase final, o el contexto del profeta Isaías, sería el tiempo de vivir el sacramento de la penitencia,. ( Yo, cuando toco este tema, tiemblo, porque es el sacramento llamado vulgarmente de la Confesión, es el sacramento en torno al cual más se miente, se macanea y se deforma).

Sería el tiempo de vivir el sacramento de la penitencia en el sentido en que lo explicaba, Paulo VI; la penitencia no es un lavarropas espiritual. Confesarse. Ni tampoco es urguetear en la vida del penitente. Celebrar el sacramento de la penitencia -decía Paulo VI-, es celebrar desde nuestra miseria, desde nuestros pecados, desde nuestros problemas, desde nuestras angustias, desde nuestras frustraciones, desde nuestros miedos, desde nuestros temores, desde nuestras inseguridades, desde allí, celebrar que, a pesar de toda esa mugre, grande o pequeña mugre, pensar que desde. esa mugre es posible la alegría, porque es Dios quien da la alegría, al ser Dios quien recrea en nosotros, la vida que nuestras mugres deterioran.

Se puede llegar a la Navidad solamente así. Ustedes dirán..., claro, este cura hoy se levantó... poético, y empieza a poner las cosas difíciles. Yo no sé si es difícil o no, pero si uno se vale del Evangelio, se encuentra con una gran paradoja: en aquella Navidad de Belén, la mayor parte de la gente le importó un pepino de lo que pasaba, y fue María, y fue José, y fue un grupo de gente pobre, los pastores, y la gente que le importaba un pepino siguió. el curso de la historia, no se hizo problema; pero la maravilla de la vida, del mundo, de la creación, de la historia, la captaron esos pobres hombres, que salieron a buscar, y... ¡cuidado!, porque el Evangelio no relata hechos históricos, sino propone arquetipos humanos de obrar, las opciones de Dios son desechadas por los hombres, salvo por los locos que parten a buscarla y la encuentran, y que por encontrarla, precisamente, son llamados locos por los demás.

El peor ateísmo no está en la calle, el peor ateísmo está en las iglesias, donde se pronuncia el nombre de un Cristo en el cual no se cree, cuyo Evangelio no nos importa, y cuya misión no nos interesa; y cuya alternativa ante el mundo, ni la entendemos, ni la buscamos, ni la proponemos. No es que sea difícil. Es que la alternativa de la, vida, la vida, es una cosa de envergadura. Yo diría, es una realidad de mucha envergadura.

La alegría de la Navidad. Pensemos mucho. No separemos la vida de la fe. No separemos, o no confundamos, la alegría fácil de los tres vasos de sidra, con la alegría profunda del hombre que encuentra la vida; no transformemos la mesa de Nochebuena en un empacho,  sino que sea como la tradicional fiesta judía de la pascua donde se comía en familia, sí, pero para, recordar el gran misterio de la vida y de la historia. Ustedes se acuerdan (y aún hoy, los judíos piadosos lo siguen haciendo), la Pascua se comía de pie, no sentados. se comía parado; se comían verduras hervidas con un poco de carne asada, y nada más, es decir, livianito, queriendo indicar, ¿qué?: que se come para caminar. Por eso no se sentaban, por eso no se llenaban; y en ese comer para caminar, ellos veían la presencia de Dios Como la Eucaristía, que es comer para caminar, no para salvar mi almita. Eso es una blasfemia. Dios no vino para salvar mi almita.Dios vino a la historia de los hombres, para ofrecer una alternativa humana a la historia de los hombres; y un horizonte válido que dé sentido a la vida de todos y de cada hombre: la alegría.

En la segunda lectura del Apostol Santiago (escrita mucho tiempo después, y en otro contexto distinto y con otra mentalidad) , a propósito de una cosa parecida, Santiago dice: “Y bueno, ¿cómo se tendría que ubicar uno frente a la Navidad?”. Y dice Santiago, el Apostol Santiago: “Primero, con una paciencia operante”. Porque, miren, duele. Paciencia viene de padecer. Paciencia no es sentarse y aguantar. eso es aguantar. Paciencia es esa actitud por la cual Yo acepto lo doloroso de los procesos. Eso es la paciencia. Y es siempre activa, no pasiva. Yo lo aguanto. El aguantar es pasivo. Lo aguanto. total va a estar dos días, después se va. La paciencia operante es el padecer el dolor de los procesos grandes de la vida, y amar ese dolor, esa distorsión interior que produce la búsqueda de lo verdadero, de lo bueno y de lo hennoso. Paciencia operante. Si uno no se ubica en esa dimensión, la Navidad. . ., sí, va a ser muy lindo, porque.;. ¿quién no se emociona ante un niño, un pesebre, la vaquita, todos, que cantan villancicos, ¿eh?, se regalan cosas, todo el mundo contento, y es claro, como todo el mundo está contento. .. pero ¡cuidado!: Eso no es Navidad.

Paciencia activa. Y dice además el Apóstol Santiago: -y una decisión, un ánimo, la Navidad es una opción. Y que la hago hoy, no el 24. En el fondo, yo me defino frente a la Navidad, y el valor y el alcance de mi definición, lo veo después del 26. ¿Qué quiere decir definirse?: me defino a ver si soy crstiano o no, porque si la Navidad se me escapa, quiere decir que a mí, por más lindos crucifijos que tenga, la persona Cristo no me importa, y la alternativa de Dios Padre, el Evangelio, tampoco me importa. Si yo después, el 26, sigo siendo tan cretino o tan mediocre, o tan más o menos humano, quiere decir que la Navidad se me escapó de las manos, o, mejor dicho, yo le estuve escapando a la Navidad. Es una opción. Si la envergadura y la calidad de mi existencia personal y comunitaria ha crecido por un encuentro y por una honda. experiencia de Cristo, entonces hubo Navidad. He optado por las alternativas de Dios, si no, no. Aunque sea el Papa, aunque sea obispo, no importa. No. En el fondo, uno se define.

Es decir, claro, uno siempre piensa, las definiciones vienen frente a Dios. Si estuviera Dios, yo le digo: “Dios mío, yo te amo, me juego por vos”. No, no, no... Esos son cuentos chinos. Acá tenés la oportunidad, es la única, porque Dios, por ser infinito, no se nos puede presentar si no es así. Y entonces, uno se define, define todo, la calidad de su propia vida, define su horizonte, el sentido de su pareja, la idiosincracia de su familia, su opción social, política, económica, su hoy, su mañana, y su muerte.

Por eso termina diciendo: -Además de decisión -dice el Apóstol Santiago-, además de paciencia activa, además de ánimo y decisión, hay que estar realmente convencido de que Dios habla en Cristo. La convicción. Dicho de una manera más bruta: si creemos que Cristo es el Hijo de Dios o no; porque miren, ayer, hablando, hacíamos una distinción: miren, que se puede creer en Dios sin creerle a Dios, con lo cual uno es religioso, pero no es cristiano. O yo lo diría de una manera más cruda: es religiosamente ateo. Porque la clave de la vida no está en creer en Dios sino en creerle a Dios y en hacer” propias, mías, las alternativas y los proyectos de Dios. Eso es el acto de la Fe Cristiana. La convicción.

Antes de celebrar la Navidad, preguntémonos si realmente vale la pena, si Cristo es realmente el Hijo de Dios, y si la alternativa de Cristo es válida todavía. A lo mejor, no lo es.

El Evangelio, la tercera lectura. En el Evangelio de hoy hay dos grupos de ideas: uno, que es el que está relacionado con lo del profeta Isaías, el tema de la salvación que por eso lo dejamos; y después, la segunda parte, donde Jesús les hace una especie de test a los discípulos, a la gente que estaba con él; o sea, vinieron los amigos de Juan el Bautista. Enmarquemos las cosas: Jesús todavía no había empezado a predicar, estaba dando los primeros pasos. En el desierto, es decir, más allá del río Jordán, del arroyito, en el desierto, que está entre, diríamos, lo que hoy es Israel y la capital de Jordania, Juan, un asceta, estaba predicando un montón de cosas. Entonces, Juan se da cuenta. que Jesús es un personaje especial, y le manda algunos amigos para que averigüen; y Jesús, a su vez, le manda algunos amigos a Juan. En este momento, habían estado los discípulos de Juan, y se fueron (la. gente, como siempre, mirando, ¿no? ), y entonces Jesús se la agarra con la gente. Y les dice (y fíjense que las preguntas son válidas para la Navidad, cambiando el personaje, en vez de Juan, Jesús), primero les dice: -¿Qué fueron a ver al desierto?, ¿una. caña agitada por el viento?, es decir, ustedes, ¿para qué fueron a ver a Juan el Bautista? Para que les dijera que ustedes eran buenos... La caña agitada por el viento, ¿no?.. Si el viento viene de allá, se inclina para acá. Si el viento viene de acá,” se inclina para allá, ¿eh?.. Es como ese tipo de gente, ¿no?, que, en su honda vocación política fueron radicales, cuando estaban los radicales en el poder; fueron peronistas, cuando los peronistas estaban en el poder; apoyaron a los militares, cuando los militares estaban en el poder, es decir, tienen una gran vocación política, ¿.eh? Se van acomodando. No hay opciones. Van sacando la tajada de la vida.

Jesús les dice: --Ustedes, ¿a qué fueron? .. ¿a que Juan les diga que ustedes tienen razón? .. ¿pensaban que Juan es un tipo que les iba a decir que sí?, -les dice-, ¿qué fueron a ver?, ¿a un hombre vestido con refinamiento?.. Los que visten de esa manera, viven en los palacios de los reyes. Ustedes fueron a ver a un teólogo, a un filósofo, con tres títulos en la pared, con trajes de tela inglesa, que sabiamente les iba a explicar el sentido de la, vida, la psicología... porque estudió psicología el señor este... y todos los traumas, les  iba a explicar todo. ¿Ustedes fueron a ver eso? -les dice Jesús-. No fueron, porque claro, si responden al primer caso, reconocen que no les importa un pepino Dios, sino lo que quieren es que Dios esté de acuerdo con uno. Si, al segundo- caso, le respondían a Jesús que si, están reconociendo que, en el fondo, lo que es Juan el Bautista, es un psicólogo, pero nada más. Y claro, los tipos se quedaron mudos. Y entonces, Jesús les dice: -¿Qué fueron a ver, entonces?

Es como si hoy les dijeran: :-Díganme, ustedes, ¿qué van a ir a. buscar?, ¿qué Niño van a ir a buscar en la Nochebuena del pesebre?, ¿un niñito con cara de mogólico, que no les va a decir nada, o un niño de yeso, al cuel uno le puede meter un montón de besitos? ¿A ese niñito? ¿O vamos a ir a. buscar a un niñito que salva al mundo?. . ¿Qué vamos a ir a buscar? Porque miren que según lo que uno va a buscar, encuentra, ¿eh?.. O sea, si uno va a buscar estupidez, encuentra estupidez, pero no es de Dios.

¿Qué fueron a ver? Y Jesús les dice: -Tienen que ir a buscar un profeta -les dice-, cuando vayan a ver a Juan vayan a buscar a un profeta, es decir, vayan a buscar a alguien a través del cual Dios está hablando, a través del cual emerge el proyecto de Dios sobre ustedes, el sentido de la vida que Dios pensó para ustedes como individuos y como comunidades,. vayan a buscar eso, porque es lo único que van a encontrar. No van a encontrar a un tipo acomodaticio o a un psicólogo.

Y acá es lo mismo. ¿Qué Niño queremos ver en Nochebuena?, ¿queremos ver al Hijo de Dios, o al niñito, nada más?, ¿queremos solamente un simple niño que no tiene nada que decirnos, o sea, un niño con un parche en la boca? -porque lógicamente, queremos un niño que no nos rompa la comodidad, el conformismo, la cuenta de Banco, nada-, ¿o vamos a ir a buscar al niño de los pesebres de la sociedad de consumo, el de las bolitas de los árboles, las lucecitas que se prenden y se apagan, al niño del folklore?

Preguntémonos qué vamos a ir a buscar al pesebre. Porque miren, yo creo que para ir a buscar al niño mudo, o al niño de consumo, yo, personalmente, no iría al pesebre, total... ¿para qué?.. Si eso no sirve para nada. No sirve absolutamente para nada. No salva. O sea, que si uno lee el Evangelio, uno dice que tiene que ir a buscar al profeta, es decir, a la palabra de Dios que está sonando ahí. Por eso a Jesús se lo llamaba el Verbo Encarnado. Verbo quiere decir: “Palabra”. Encarnada: ’hecha hombre”. A la palabra de Dios hecha hombre. Para escucharla. Porque la Navidad se escucha, no se ve. Se escucha. La Navidad es un sonido, no es una imagen. Hay que ir a buscar al profeta, al Niño que nos trae el mensaje, el Evangelio, la palabra, la salvación, la posibilidad de entrar en el Reino de Dios, que no es otra cosa que el mundo visto por Dios, y que será plenificado por Dios.

Por eso, a la Navidad debemos acercarnos con un hondo deseo de vida. Acá se define si amamos la vida o no, si amamos el mundo y la historia, y si en vez de quejarnos de quien sea, estamos buscando soluciones mejores, porque si fuese que no buscamos nada, recordemos que perdemos el derecho a criticar. .. Porque pueden criticar a los que hacen algo por buscar soluciones mejores, porque el que no se juega por un mundo mejor, pierde el derecho de quejarse del mundo en que vive. Pierde el derecho. Se tiene que callar la boca.

Tres puntos de meditación, y termino. Los leo:

1. Ordenemos nuevamente nuestra vida interior y dejémonos invadir por el espíritu de la Navidad, si es que amamos la alegría, porque el don de la Navidad es el mensaje, y ese mensaje produce alegría.

2. Con paciencia y convicción continuemos viviendo el Adviento en la oración, en la meditación del Evangelio, en la contemplación. El que no hace inversión de tiempo y de silencio no va a encontrar nada, porque si en la vida nada viene de arriba, tampoco en el orden de la fe, nada viene de arriba. Y tratemos de vivir la reconciliación, que supone el Sacramento de la Penitencia.

3. Ahondemos el deseo de que la Navidad traiga los dones que Dios encierra en la Navidad. Recordemos un poquito esa imagen de recién: la Navidad es un sonido, es una palabra; no se la mira, sino se la escucha. Por eso, el que quiera encontrar la Navidad, que empiece buscando un poco de silencio, porque esa palabra es como un susurro, suena despacio.

Hagamos un silencio y una oración.

 

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Este cuarto domingo de Adviento, con estas tres lecturas bíblicas que nos propone la Liturgia, son el último paso de la meditación sobre la Navidad.

El primer domingo de Adviento decíamos que la Navidad no aparece por arte de magia ni es un día. La Navidad es un tiempo, y más que un tiempo, la Navidad es una actitud frente a la vida. Celebrar la Navidad es celebrar nuestra actitud frente a la vida. Vista, naturalmente, desde la óptica de la fe.

Estas tres lecturas bíblicas de hoy dicen muchas cosas, y habría que relacionarlas con lo que hemos venido reflexionando en los tres domingos anteriores, verlas en el horizonte hacia el cual veníamos caminando. De todos modos, hay que ver esto: con esta reflexión de hoy, concluimos la meditación sobre la Navidad. Meditación sobre la Navidad que, como conclusión exige, o como consecuencia exige, definirnos frente a lo que vamos a celebrar el 24 y el 25.

Vamos a dejar que nos hablen las lecturas bíblicas, y después, qué conclusiones o pistas o pautas sacamos para nuestro caminar.

La primera lectura, del profeta Isaías. Es una de las profecías más claras del Antiguo Testamento acerca del Mesías. Pero lo interesante es la reflexión que hace el profeta frente a la inminencia, o sea la esperanza del Mesías (calculen que estamos moviéndonos alrededor del siglo VII a.C.). Existe una esperanza mesiánica, como hoy nosotros vivimos la esperanza de la Navidad. Pero, frente a esa esperanza mesiánica, el profeta Isaías hace, fundamentalmente, tres precisiones, que las hace precisamente en un diálogo con el rey Ajáz.

El rey de Israel, vamos a ver qué dice y vamos a ver un poco el por qué de las palabras del rey Ajáz y del profeta Isaías. ( Yo lo traduzco a nuestra manera de hablar). La primera observación que hace el profeta Isaías es esta: que no es bueno... no es bueno...centrarse en las seguridades terrenas, que en sí pueden ser buenas (seguridades terrenas son la salud, la, familia, la pareja, los hijos, el trabajo, el prestigio, el dinero puesto para la liberación y el crecimiento), todo eso son las seguridades terrenas. Que las necesitamos. Pero -dice el profeta-, no es bueno centrarse en las seguridades terrenas de modo tal, que sutilmente suplanten la confianza absoluta en Dios como criterio fundamental de la existencia. Esto lo hace en el diálogo con Ajáz, por esta razón: Ajáz era el rey de Israel, se supone que esperaba al Mesías, pero el problema, era que Israel era un pequeño país que estaba entre dos grandes potencias, de un lado Egipto y del otro Asiria. Los profetas le habían ido predicando a Israel lo siguiente: -Miren, si ustedes quieren subsistir como pueblo, busquen su identidad nacional, que está prácticamente en la religión judía, -en el yavismo, en el culto a Yavé y en el templo de Jerusalén.

Si ustedes son capaces -les decían los profetas- de ahondar en eso que los define, ustedes nunca serán destruidos como pueblo. O sea que, lo que los profetas pedían a Israel, era que Israel fuera fiel a la alianza con Moisés. Pero, ¿qué sucede?: Ajáz, que era rey, era político, quería hacer una alianza con Asiria, ¿por qué?, porque tenía miedo de Egipto. Entonces, en vez de ahondar en, diríamos, en aquello que era la columna vertebral del reino (que era el templo de Jerusalem y la religión judía), Ajáz buscaba la protección del rey de Asiría, de ahí la observación de Isaías: «Si ustedes empiezan a confiar más -por ahí, dice, en otro lugar-, en las armas y en los carros asirios, ustedes van a perder la sensibilidad para esperar al Mesías, y, al mismo tiempo, al perder su identidad nacional, van a sucumbir como pueblo.

Un siglo después, va a suceder eso, cuando Nabucodonosor invada Palestina. Es decir, desaparecida Asiria como gran potencia, emerge Babilonia o Persia, si lo queremos llamar, invade Persia y desaparece el estado de Israel hasta nuestros días. O sea, las seguridades de la vida, legítimas, pueden hacernos perder la exacta dimensión de la confianza en Dios como opción fundamental de la Existencia. y ésto es muy importante, porque frente al pesebre, uno puede caer, o en lo folklórico (el pesebre, la vaquita, San José, los pastores... además, con tres copas de sidra, cualquiera se pone contento), o uno puede caer, sin llegar a esa, religiosidad que decíamos, folklórica, en cierto tipo de religiosidad, que, en el fondo, no permite que se manifieste la Navidad.

Y es la segunda observación que le hace Isaías a Ajáz: “Cuidarnos en estos días de una religiosidad falsa, que dice oraciones, pero no llega al fondo del corazón, ni impregna la vida del hombre del misterio de la Navidad”, porque recordemos lo dicho que la Navidad, en algo es recuerdo del pasado, de la Navidad de hace dos mil años, en algo es esperanza del futuro, de la Navidad final o manifestación de Dios al final de nuestras vidas o al final de la historia de los hombres; en algo es ambas cosas, pero fundamentalmente es celebración del presente. Es decir, que si dejamos que así como un día Dios, absolutamente incomprensible, el totalmente Otro, el que se nos escapa porque está mucho más allá de las posibilidades humanas, así como un día Dios se manifestó en Jesús, ver si hoy Dios se puede manifestar en cada uno de nosotros.

Esa, es la Navidad. Y lo que no sea eso, es folklore religioso de Occidente. Y esto, Isaías lo dice porque Ajáz, frente al ataque de Isaías. . . Isaías le dice: “Bueno, si no tienes fuerza para vencer la tentación de aliarte con Asiria, pídele a Dios que te ayude”. Entonces Ajáz le responde: “No, yo no voy tentar a Dios”. Pronuncia una oración Ajáz: “No pediré nada y no tentaré al Señor”, como diciendo: ¿cómo le voy a pedir al Señor que me cambie el corazón frente a una situación tan difícil y que sé que no voy a cambiar?, o sea una oración falsa,. Cuando hablo de falso, no hablo de responsabilidad moral, es decir, que la persona tenga filosofía falsa o tenga ánimo de falsedad. Podríamos utilizar otra palabra, diciendo que es una oración que es mentira. Que es mentira. Es decir, que no es una oración. Porque no todo lo que se pronuncia con los labios es una oración.

 A veces, las oraciones que decimos no son otra cosa que diálogos o monólogos con nosotros mismos. Como muchas veces nuestra ubicación frente a Dios es la ubicación frente a un espejo en el cual nos reflejamos nosotros mismos, y, adorando a Dios, en el fondo, nos estamos adorando a nosotros mismos, porque nos hemos hecho un Dios que, en último término, no es sino la proyección de nuestros deseos y también de nuestros egoísmos. Por lo tanto, jugamos continuamente en la mentira. Inconscientemente, es lógico.

O sea, cuidarnos de una religiosidad falsa.. Yo creo que es mucho más auténtico, si uno no se preparó para la Navidad, callarse la boca y no orar en Navidad; y no querer orar falsamente sin que esa oración tenga calidad, tenga envergadura y tenga profundidad. Mejor callarse la boca, y mirar al Niño sin decir nada, porque fíjense, el Adviento está para eso, y la Navidad es algo que se conquista no se improvisa en 24 horas, y que si no se conquistó a lo largo del proceso del Adviento, por arte de magia no viene, que Dios no se da a los perezosos. Lo dice Jesús en el Evangelio: se le da al que pide, Se le abre al que golpea. Solamente... hay una frase, yo no sé si ustedes recuerdan, de Jesús, donde dice: “solamente los violentos llegan al  Reino de los Cielos”. Y no se refieren a la violencia física, SIno al que vive la violencia de una existencia intensa, esos, llegan al Reino de los Cielos, esos celebran la Navidad.

Y la tercera observación del profeta Isaías, cuando evidentemente Ajáz se queda sin palabras, porque le denunciaron que la alianza con Asiría era un acto de idolatría, cuando le dijeron que su oración era una mentira, Ajáz se quedó sin argumento. Y entonces Isaías le dice: “Mira, Ajáz, para entenderlo a Dios tienes que abandonar tu lógica humana, y tienes que ubicarte en la lógica de Dios, que muchas veces hace que la sensatez de Dios sea lo absurdo o lo loco ”para nosotros”’. Y entonces Isaías le dice a Ajáz: -Mira Ajáz, “ Dios va a poner un signo en Israel, y ese signo va a ser que una virgen va dar a luz un niño.    

Primero, que una virgen dé a luz un niño es un absurdo, y mucho más en Israel, donde la virginidad o la esterilidad, no tener .un hijo, era una maldición como diciéndole a Ajáz: .. Ajáz, te tienes que sumergir al absurdo que Dios propone, porque los caminos de Dios no son como los caminos de los hombres. Y ésto, relacionado con la Navidad, nos tiene que llamar la atención, porque la Navidad válida es la Navidad según Dios, no según nuestra cultura religiosa occidental. Porque ustedes saben que probablemente, el 25, van a brindar por la Navidad los judíos, los musulmanes, los ateos, todos. Porque estamos sumergidos dentro de una cultura que fue cristiana, estamos en una época post-cristiana, y que todavía conserva una serie de elementos. Los Niñitos Jesús se mercantilizan. Ustedes vean la televisión: para vender el dulce de leche tal, en estos días, le presentan al Niño. Se dan cuenta que eso no es el Evangelio. Eso es el signo del ocaso de la moral occidental, cristiana occidental, que debe replantearse.

Y le dice Isaías, como dándole el último toque a Ajáz: Una virgen va a dar a luz un niño, pero ese niño se va a llamar Emmanuel”, el nombre nuestro Manuel, habitual, que quiere decir: “Dios con nosotros”. Claro, nosotros estamos acostumbrados a esto, pero a Ajáz le debió parecer una monstruosidad, porque ellos tenían un sentido de transcendencia tremendo y decir que Dios estaba en medio nuestro, era una blasfemia. Ustedes saben que eran tan cuidadosos del sentido de la transcendencia de Dios (que Dios está más allá de todo), que ni siquiera pronunciaban el nombre de Yavé. En vez de decir Yavé, decían el tetragrama: las cuatro letras. (Y griega, a, v corta, e). Para no pronunciar el nombre de Dios, porque Dios es lo que está totalmente lejano. Y decirle al rey, que piensa así, como piensa todo su pueblo, que el niño se va a llamar. .. no solo que una virgen. .. una... una... una marginada va a dar a luz un niño, en el absurdo, sino además que ese niño se va a llamar Dios con nosotros”, es casi una blasfemia para un judío.

O sea, mirémonos, porque la Navidad la debemos vivir según Dios, que tiene su ritmo, su camino, su metodología, su horizonte. Por eso, la Navidad no es tanto gritar nosotros, sino silenciarnos para que Dios pueda pronunciar su palabra, que no es una palabra conceptual, como yo digo ahora “puerta”, un concepto, sino que es una palabra viva, es una presencia, es una experiencia. Porque si la celebramos al estilo nuestro, realmente, no sólo no agrada a Dios, sino que no sirve absolutamente para nada. Pasemos a la segunda lectura. En la segunda lectura, San Pablo dice esto: -Recién hablábamos, comentando al profeta Isaías, que Dios es lo totalmente Otro, que esto es una idea muy honda, que está en la descripción de Dios. O sea que, a Dios no lo podemos imaginar, no lo podemos conceptualizar. El esfuerzo de las religiones no llega a. Dios; es un buen esfuerzo para expresarlea Dios el amor, la veneración, lo que sea, pero es obra de los hombres; porque Dios está más allá de toda posibilidad humana; Dios es lo absolutament diferente (lo solemos decir como “lo  infinito”), lo que no es limitado, como lo todopoderoso, es decir, lo que no tiene límite en plenitud); bien, dice San Pablo: “Si el problema fuera que nosotros tuviéramos que ir a Dios, estaríamos bloqueados, porque es imposible llegar a Dios. Es posible hablar de Dios, es posible rezar, pero llegar a Dios es imposible. ‘Pero la ‘gran bondad de Dios ha hecho lo que es imposiblepara nosotros, Dios lo asume,y, entonces, Dios viene al encuentro. Porque el único encuentro posible del hombre con Dios se da, si es Dios quien viene. Porque por más que nosotros queramos ir, no podríamos ‘llegar”, Entonces dice San Pablo: “Dios se manfiestó en Jesús. En Jesús. De modo tal -la consecuencia que inmediatamente saca él- sólo se llega a Dios a través de Jesús.

Ustedes dirán: “¡Valiente noticia! Lo sabemos desde chicos”. No tan valiente noticia, porque no se llega, a Dios a través de cualquier Jesús. Ciertamente no a través ‘del Jesús de las estampitas, ¿no?.., que si sale rubio, de ojos celestes; que si tiene barba es Jesús, y si no tiene barba es Santa Teresita. No, no, no... No el Jesús de las estampitas, no el Jesús de los pesebres del consumo; Es el Jesús del Evangelio. O sea, tenemos acceso a Dios en Jesús, en cuanto Jesús ha sido meditado, profundizado, integrado y elegido, no a través de un Jesús proclamado con los labios. ¿Es válida una oración. a través de un Jesús no profundizado? Yo diría: -Es válida como” deseo de expresión humana; pero no es válida como encuentro con Dios. Por eso, ‘una fe sin Evangelio es una aberración, y en el fondo, muchos de nosotros somos idólatras, porque adoramos un ídolo que tiene el nombre de Jesucristo, pero que lo hemos hecho nosotros, y por ser obra de manos humanas, como dice la Carta a los Hebreos, es un ídolo, aunque le pongamos el nombre de Jesús.

En Jesús encontramos el acceso a Dios. Jesús decía: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, Por eso, la Navidad es válida, si uno, frente al pesebre, descubre al Cristo del Evangelio hondamente meditado, leído, releído, rumiado, interpelado, cuestionado, rezongado. Cuando Dios, venciendo nuestras resistencias, ha ido modelando nuestro corazón según la metodología existencial del Evangelio, según el corazón de Jesús. Decía San Pablo en la Carta a los Filipenses: “Cristiano es el que tiene los sentimientos de Cristo, no el que pronuncia el nombre de Jesús.

O sea, la Navidad la celebra el que descubre a Jesús: hijo de Dios; y, descubriendo a Jesús hijo de. Díos, le dice “sí”, y siente en lo hondo de su vida, que así como un día el ángel fecundó a María, Dios lo. fecunda a uno, y de uno nace algo grande. Ahí hay Navidad. Ahí hay Nacimiento. Ahí se dio el, Misterio.

Ustedes dirán: “Claro, todo esto es tan; tan difícil que nadie lo vive”. Es que es la interpelación de la historia. En la primera Navidad, la mayoría de la gente se negó a celebrar la Navidad. Al fin y al cabo, María y José tuvieron que ir al campo y tener familia en un establo. Y la gente que fue a mirar al Niño, fueron los pastores (es decir que, socialmente, en aquel entonces, eran el último estrato de los marginados, total, no tenían nada. que perder), y fueron a verlo los ateos, es decir, esos tres sabios, a los cuales llamamos magos, que vinieron peregrinando, es curioso: los sabios y los pobres encontraron la Navidad. El resto de la gente en Belén siguió yendo a la sinagoga y rezando, pero no se daban cuenta que estaban rezando al Dios del Cielo, cuando Dios estaba en la Tierra. O sea, no nos asombremos, el misterio de la Navidad siempre será -hay una idea bíblica que lo expresa-, será quizá pequeño... la idea bíblica es: “el resto de Israel”. El resto fiel. O sea, todo el mundo va. proclamando el nombre de Dios, pero sólo un resto va poniendo sus vidas al servicio del Reino de Dios, para construir el mundo, segun Dios. Sólo el resto. Y de ellos es el Reino de los Cielos. Ustedes recuerdan las bienaventuranzas: -El Reino de los Cielos no lo logran los políticos; los economistas, los sociólogos, los profesores... No es que su valor, que su tarea no valga.. Vale mucho.. Pero si lo logran, en todo caso, lo logran no como políticos, no como sociólogos, no como economistas, no como profesores. Lo logran como pobres, como misericordiosos, como de corazón manso, como gente capaz de llorar, como gente que se juega por la justicia. Las bienaventuranzas.

En la tercera lectura aparece el relato de las dudas de José, y un poco se lee porque en María y en José se tipifica la actitud frente a la Navidad, que es, primero, escuchar la voz del Angel (ustedes saben que la palabra “ángel” acá no se refiere tanto a la persona, sino a la voz de Dios. Como los judíos tenían tanto respeto a Dios, nunca Dios les hablaba directamente, siempre lo tenía que hacer a través de un intermediario, porque nadie puede ver a. Dios u oír a Dios sin morir, dice el libro del Exodo). Primero, escuchar la voz de Dios; por eso yo les decía: “La primera actitud de la Navidad es la actitud del silencio interior. Y si no hay silencio interior, nos divertiremos a lo loco, pero la vida pasará a nuestro costado. Y que la vida pase a nuestro costado es grave”. Hay una frase de la Escritura que dice: Tengo miedo del Señor que pasa”, porque no sé si vuelve... y a lo mejor lo dejo pasar... y no sé si vuelve. Y si no vuelve, mi vida; ¿qué sentido tiene?           

Primero, que Dios pueda pronunciar su palabra, y pueda decimos LA PALABRA, la dirigida a cada uno. En segundo lugar, vencer el miedo. Tanto María como José tenían miedo. Y es evidente que cuando entra en lo profundo de la vida tiene miedo. Uno tiene miedo cuando espera el primer hijo (está la alegría, pero está el miedo), tiene miedo cuando se casa, tiene miedo cuando se enferma, tiene miedo a lo desconocido. Sin embargo, hay que vencer el miedo y también a Dios, no diría a Dios, al misterio presente y vivo de Dios en nuestras vidas y en la historia le tenemos miedo. Miedo, no tanto porque Dios sea malo, sino miedo por lo que Dios puede pedir, por lo que puede significar decirle “sí” a Dios.

En alguna oportunidad, yo les decía, en tono de chiste, ¿no?, hay gente que le dice a Jesús: “Señor, conviérteme”. Pero en silencio sigue la oración, “pero no te la tomés en serio, ¿no?”. El miedo de lo que Dios puede obrar en nuestras vidas.

O sea, la primera actitud frente a la Navidad será el silencio, pero la segunda, vencer el miedo. Porque el miedo se opone a la fe, a la confianza. Y lo tercero, decir que sí.

Porque estuvo el “sí” de María, el Espíritu Santo pudo hacer entrar la palabra de Dios en el Mundo. Porque estuvo el “sí” de José pudo darse Belén. Y por el “sí” de muchos más, por el “sí” de Cristo en la Cruz, por el “sí” de los Apóstoles, cuando, abandonándolo todo, partieron a esa gran quijotada que era predicar que Dios había entrado realmente en la historia de los hombres.

Silencio. Vencer el miedo. Y decir que sí.

Y si uno logra esto, está toda la síntesis, no sólo la fe, sino de la vida, porque la fe y la vida no se separan: son dos matices de una misma realidad.

Ser creyente no significa decir: “Creo en Dios”, sino, ser creyente significa orientar toda mi existencia en función de un horizonte, al cual voy, y de una responsabilidad que hoy tengo: construir el mundo.

Lo más triste en la vida de un hombre o de una mujer es ir caminando hacia ningún lado. Es terrible.Y en la Navidad encontramos la síntesis; por eso, la Navidad es un llamado a la autenticidad de la fe. IOjo! “Autenticidad”. No “espontaneidad”, ¡eh? Porque la espontaneidad puede ser inauténtica. Porque pueden jugar muchos mecanismos egoístas que pertenecen al nivel del subconsciente o del inconsciente. Auténtico. Recuperar una fe profunda. No nos quedamos en la periferia de la Navidad. Y una fe y una celebración que tenga CALIDAD.

Estamos en un mundo que tiene como llave de su drama. el haber perdido la calidad de la vida -La calidad de la vida-. Buscamos—‘cantidad- de vida, nada más, tener cosas, empacharnos de placeres. Pero nuestra sociedad menosprecia la calidad. Se busca tener cantidad de poder para gobernar, pero no la calidad para guiar. Y la Navidad no es una cuestión de cantidad, es una cuestión de calidad.

Todo esto hay que pensarlo mucho.Yo les ponía ahí una serie de pautas para continuar esta reflexión en el contexto personal de la vida de cada uno, se las leo, sencillamente:

l. Con el Evangelio en la mano meditemos las actitudes de José y de María en la primera Navidad, y tratemos de descubrir en si no hay un “sí”, quizás lleno de  incertidumbre, pero si no se da ese si, no hay un “sí”, quizás lleno de incertidumbre, pero si no se da ese ”si” no hay Navidad según Dios.

2. Miremos hasta dónde nuestro corazón está centrado en Cristo y lo ama. En el fondo; aunque nos duela (y yo lo tengo que hacer, aunque sea, sacerdote), volver a preguntarme: ¿Soy cristiano?; ¿soy cristiano? Preguntémonos hasta donde nuestro corazón está asentado en Cristo, el Evangelio, etc., y lo elige como valor, lo ama.

3. Preguntémonos qué hacemos para que los ‘hombres conozcan a Jesús, el Hijo de Dios.

El sentido de esta pregunta es esto: el mejor test para saber si uno es cristiano, es preguntarse si uno tiene la necesidad de transmitir el mensaje cristiano. Porque si uno no siente la necesidad de transmitir nada, quiere decir que él no lo descubrió. Es como en el colectivo: si a mí me pisan el callo, grito; pero si, no me lo pisan, no grito. El “grito’” del testimonio cristiano nace cuando hemos encontrado a Cristo. Y si no sentimos nada, quiere decir que no lo hemos encontrado.      

4. Cuestionémonos si todo, nuestro ser y nuestro obrar están inspirados en Jesucristo. No hablemos del obrar moral: si soy fiel, si soy infiel a mi esposa, si no les pego a los nenes... No. Hablemos del gran obrar moral: “Qué hago con lar vida. En qué utilizo los días de mi vida. .. las horas de mi vida. En qué utilizo mi dinero. En qué gasto mi salud. Mis vacaciones ( para los turistas) ¿en qué las invierto?” Por lo que decíamos el otro día: “¡Qué estupendo sería si invirtiéramos la vida, con el mismo interés con que invertiínos los dólares!”, Porque nuestro ser y nuestro ‘Obrar, si están inspirados en Cristo, o no, nace del cómo usamos el don de la vida: Nace de ahí.

Si los alimentamos en la comunidad cristiana ( aca somos, claro, de varias parroquias, ¿o nuestras parroquias son sociedades anónimas de provecho religioso?, que ciertamente, entonces, no son lo que ‘Cristo” quiso) .

Y lo último, si realmente el mundo puede agradecernos que vivamos .   

Bueno, de acá en más todo pertenece a nuestra reflexión personal.

Hagamos ahora unos breves minutos de reflexión en silencio.

  

MISA DE NOCHEBUENA

Vamos a tratar de penetrar juntos en el sentido, en  el misterio, en la realidad de esta Nochebuena. La Nochebuena, a. diferencia de las demás noches del año que sencillamente son noches; y este nombre de Nochebuena tiene un gran significado, porque la noche siempre es el signo del miedo, de lo que no se ve, de lo que se teme. Temen la noche los navegantes, temen la noche los enfermos, tienen miedo a la noche los que están agobiados por problemas. La noche es un poco la contraposición de la luz, y sin embargo esta noche es buena. Nuestra reflexión tiene que ir a descubrir por qué esta noche es buena, yo diría. de una manera muy seria, de una manera muy adulta” entendiendo que la celebracion de la Nochebuena es un desafío... es una responsabilidad. .. es una tarea, si es que realmente uno quiere llegar al pesebre.

La Liturgia pone nueve lecturas, en la guía parroquial tienen las ideas. Yo voy a organizar, o diríamos a. organizar todas esas ideas, y a guiar la reflexión de ustedes hacia el pesebre.

El día de Navidad, decimos, nació el Hijo de Dios. El Evangelio lo llama a ese Hijo de Dios, el Verbo de Dios. Verbo quiere decir palabra. Quiere decir que Dios, que es el inaccesible, el que está más allá de todo razonamiento, aquel acerca del cual ninguna palabra humana puede decir con verdad lo que es o quién es. En un momento de la historia Dios habló. Esto lo hemos escuchado muchas veces, que Dios habló,y a veces abusamos de esa palabra, de que Dios habló. Es verdad, Dios,habló, pero habló, no pronunciando un concepto, como lo estoy haciendo yo ahora, que pronunció conceptos, sino habló con un gesto. Del mismo modo como el gesto de tener apoyada la cabeza puede ser  un gesto de concentración o este gesto así, puede ser “váyase’” o “venga”. Dios no habló con una palabra hablada porque Dios no puede hablar así, Dios habló con la palabra gesticulada y puso un gesto. Y ese gesto es Jesús.

Jesús es una palabra.. Pero cuando decimos que Jesús es la palabra de Dios no podemos quedarnos mirando al Niño sino tenemos que ir al sentido, al contenido de esa palabra, porque todo gesto es gesto porque dice algo, toda palabra es palabra porque dice algo, porque expresa algo, porque busca una comunicación, una comunión. Es decir, en Jesús, Dios nos dijo su palabra porque quería decirnos algo. ¿Y qué es lo que en esa noche, Dios comenzaba a pronunciar? ¿Qué sentido tenía esa palabra?: Quería hablarnos de nosotros mismos.

Dios no se hizo hombre para hablarnos de El, sino para hablarnos de nosotros. Porque la historia del hombre, qué otra cosa era sino una larga búsqueda del sentido del hombre y de la historia que continúa. Seamos sinceros cuando abrimos el diario en estos días, qué mundo tan complejo, qué es lo válido, qué pasa, adónde vamos; y en el orden individual, las grandes preguntas: ¿Y la vida? ¿Y la muerte? ¿ Y el dolor? ¿ Y el futuro? ¿Y qué es lo que vale la pena? Dios venía a hablarnos de nosotros mismos. En Jesús Dios quería y quiere decirnos quiénes somos, dónde vamos, qué podemos hacer. Por eso fíjense, cuando yo al comienzo les insistía en el silencio, no era porque molesten los ruidos, sino porque el gesto típico de la Navidad, el acto de la adoración de la Navidad, no es arrodillarse, no es hacer la señal de la cruz sino que el acto cristiano de la Navidad es el silencio. El silencio frente a la palabra de Dios. Porque sólo desde el silencio es posible descubrir a Dios, descubrir al Niño del pesebre, y en el Niño del pesebre descubrir lo que Dios nos dice sobre nosotros mismos. Fíjense, así como hay gente que recurre al grafólogo, al astrólogo o al sicólogo para conocerse, los que tenemos fe en Dios, que se manifestó en Cristo, recurrimos al pesebre.

Y ahí está la Navidad. Dios, porque nosotros estamos en silencio, pronuncia una palabra. Y esto lo recalca el Evangelio, ustedes saben que el Evangelio hay que leerlo al estilo hebreo, ¿por qué Jesús no nace en la ciudad?, porque la ciudad es el lugar del ruido, Jesús nace afuera, en el campo, en el silencio de la noche; y los amantes del silencio, los pastores, esos sabios estudiosos que vienen luego, los amantes del silencio, son los primeros cristianos. ¿Qué nos dice Dios?

En primer lugar nos dice que somos hijos suyos y uno puede decir: ya lo sabemos. ¿Y lo sabemos? ¿que es ser Híjo de Dios? Porque no se trata de ser Hijo de Dios por la naturaleza, es decir, porque Dios creó el mundo, porque Dios guía la transmisión de los genes humanos, porque Dios obra con los esposos en el acto conyugal. No, no, Dios no es Padre nuestro por eso. Dios es Padre nuestro porque nos ofrece su paternidad. A nosotros que estamos en silencio, doloridos por la vida, angustiados por las cosas, nos dice si queremos ser sus hijos, y ¿qué significa ser Hijo de Dios? Ser Hijo de Dios significa (es una imagen utilizada por el Evangelio y por San Pablo) significa que en el fondo la vida de Dios es patrimonio nuestro y que los designios de Dios son nuestros designios y que amamos lo que El ama, y que su vida y su plenitud es nuestra, no solamente como promesa de futuro en la eternidad. Hoy. Y que si somos pobres, desgraciados, tristes, complicados, rebuscados, tortuosos, es porque no tenemos vida, no hay nada que nos alimente. Ser Hijo de Dios es eso, no es algo que Dios impone, es decir, no es Dios solo quien nos elige a nosotros como hijos, sino que esa alternativa la ofrece, pero debe darse también la opción: yo quiero que El sea mi Padre, y para eso su opción debe ser la mía; y todo esto lo dice a través de un contexto muy expresivo, en el pesebre; cómo ser hijos de Dios no significa el triunfalismo de decir.: “Ah, Dios me. salva”, sino significa la gran tarea de hacer la vida y de hacer la historia, en todos sus niveles, porque Dios creó el mundo para hacer historia, no sencillamente para que vivamos; al infierno no van sólo los que se portan mal, al infierno van los que pasaron por el mundo sin pena ni gloria, los inservibles, los inútiles, los egoístas, los que se quedaron solo en la emoción vital, pero no se hicieron la pregunta por la vida. Por eso Jesús, nacido fuera de la ciudad, allí donde están los pastores, gente marginada, nos habla de que, esta perspectiva de la vida se capta solamente con una actitud de honda humildad. Jesús nació en un pesebre con olor a bosta, no podemos olvidar eso. Era un pesebre muy feo, muy sucio.

Nació en la humildad total. Mientras uno no descubra la humildad y la sencillez de Dios, uno no va a descubrir qué significa ser hijo suyo y no se va a descubrir uno mismo; y humildad en el sentido más hondo del término. Humildad no significa desconocer los valores. Humildad significa amor a la verdad, a lo verdadero. Por eso, el primer pecado del hombre es la mentira, el más grave de los pecados. Y el mentirse a sí mismo. La humildad, el silencio de sus caminos, el nacer fuera de la ciudad indica también que Dios no corre por los caminos de los hombres, por las culturas humanas. Hay una Navidad de consumo. Ayer leía en un diario la propaganda de una fiesta que va a haber en Buenos Aires, y el título decía: “Celebración profana, de la Navidad”. Y me pareció muy honesto que lo diga, porque esta es la Navidad del consumo, que es profana. Fíjense que en Belén celebraban y esperaban la venida del Mesías, pero Jesús pasó de largo frente a aquellos que lo estaban esperando.

Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres y yo diría, la concepción de la vida que trae Jesús no es la concepción de la vida que trae la cultura de los hombres. Es el Evangelio. Por eso no basta la, humildad, sino también seguir esos caminos silenciosos de Dios, tener corazón simple. Los simples captan a Dios. Simple no quiere decir tonto, sino el que se queda con lo auténticamente válido, el que no juega con las chucherías de la vida, el que no quema las horas, como si él fuera dueño de la vida, olvidandoque le está robando el tiempo a Dios, porque Dios nos creó para una tarea, para una misión, para construir. 

Los simples, María, José, los pastores, los magos, todo el espíritu de las bienaventuranzas, los pobres, los que aman la paz, los mansos, los que se  juegan por la justicia, los que lloran porque sienten que les falta algo, los que tienen un corazón misericordioso. O sea, Jesús nace así, hablando de la humildad, de los caminos silenciosos de Dios, de la simplicidad, y de que vivir es una tarea. Eso Lo dicen Simeón, y Ana, cuando Jesús es presentado al templo: una tarea, la vida es un caminar, es un trabajar. Por eso la vida de Jesús fue como fue, por eso Jesús murió en una cruz. No olvidemos al mirar el pesebre que ese Niño nació para ser crucificado. También nació para ser resucitado por el Espíritu, es verdad, pero primero para ser crucificado; ¡qué curioso!, no nació para vivir, nació para ir dando la vida. Ser hijo de Dios es eso: nacer y vivir para ir dando la vida. Es ir dando la vida en la construcción del mundo, según Dios, un mundo humano. y en la construcción del mundo definitivo que será ese mundo humano, más lo que Dios ponga., que eso es el Reino de Dios.

Una misión que es Cruz, lo dijeron Ana y Simeón: “este Niño va a sufrir mucho, pero va a sufrir, no con tristezas, sino con la alegría del grano de trigo que se pudre para que nazca la planta”. Por eso, en alguna, medida, en la Navidad tenemos la definición de la vida: es el amor. El Amor -Jesús lo dijo-: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Vive auténticamente, según Dios, el que hace de su vida un acto de amor. Lo cual, fíjense, no significa nada pegajoso, el amor significa la opción por lo bueno, por lo bueno de los demás, de la vida, del mundo, pero por lo bueno, no por lo que me conviene. Por lo bueno. Aunque para mí signifique vaciedad, aunque para mí signifique a lo mejor oscuridad, aunque para mí signifique pobreza, la opción es por lo bueno. “Pasó haciendo el bien”. Qué bueno si cuando muramos dijeran de nosotros solamente eso: ‘Gracias por haber vivido”. Que agradezcan que hayamos vivido.

El amor a lo bueno. El amor a lo verdadero, a lo consistente, a lo sólido: No sólo a lo bueno. A lo consistente, a lo sólido. No a las cosas que pueden ser muy bonitas, pero que no tienen futuro, porque son inconsistentes. La vida... la vida se define en la eternidad, si uno fue eligiendo los valores consistentes, porque la vida eterna, no es sino la planificación de los valores absolutos que el hombre tiene en su mano: el amor, la justicia, la paz, la alegría, consumados y planificados por Dios. El amor a lo verdadero. Cuántas veces vivimos de la mentira.

La Navidad es un llamado a que renunciemos a la mentira, no solamente a lo malo. A la mentira. Porque el que miente no es de Dios, y el amor a lo bello, a lo hermoso, cosa que pocas veces solemos nosotros analizar. El amor a las cosas bellas, el amor a la naturaleza, el amor a un sonido hermoso, la amistad vivida en el sentido más hondo, el amor conyugal, los hijos en el sentido pero super mayúsculo del término, lo hermoso, lo bello, que es en el fondo la gloria que cantan los pastores, cantan en el fondo esa alegría de que Dios les ha manifestado que el amor es la definición de la vida y que el amar es la opción por lo bueno, lo verdadero Y lo hermoso,  aunque sufra dolor y persecución porque está la sombra de Herodes que aparece en el Evangelio. Aunque signifique a veces sentirse extranjero en su propia familia, en su trabajo, en su barrio, donde sea; la persecución y la huida a Egipto

En el fondo, Jesús, .,. estos no son sencillamente relatos históricos para consumo de almas aspiadosas, son palabras de Dios que traen una interpelación: Jesús va a ser un exiliado, un peregrino, un hombre sin patria, pero no porque El quiera ser así, sino porque la opción que El hace por ser Hijo de Dios lo convierte en un exiliado y en un incomprendido. Miren que muchas veces nuestra mediocridad cristiana nos las provocamos unos a los otros, ahogamos, ahogamos, por el respeto humano, por la vergüenza, por la superficialidad de la fe, ahogamos entre nosotros, la envergadura de la vida. Y por miedo de no ser peregrinos a veces en nuestro propio hogar, sucumbimos en el camino, y yo diría, de nómades que caminan a la eternidad nos transformamos en sedentarios de esta sociedad que no salva. Ciertamente, no salva.

Fíjense, o sea, el sentido nuestro. Dios nos llama, ser hijos de Dios significa ser hijos de la vida, vivir, ya con un horizonte eterno, abosluto, donde ya Hoy está viviendo la eternidad comenzada, porqueDias que es vida, es mi Padre, y yo heredo los bienes de mi Padre. y heredo la eternidad, la plenitud, el bien, todo. Pero eso, lo tengo que ir eligiendo y para eso el Dios, Padre en  Jesús nos muestra una serie de características que son absolutamente necesarias: la humildad, el silencio, la. simplicidad, la responsabilidad frente a la vida. la capacidad de donación, de amor, la búsqueda y el amor a lo bueno, lo verdadero, lo bello, el saber asumir el dolor, lal persecución, el sentirse peregrino o a contrapelo del mundo. Fíjense que la Navidad no es un capricho de Dios, sino  es la respuesta a lo que nosotros vivimos.

Naturalmente en el esquema que ahora tiene el culto cristiano uno no puede dialogar en la homilía, pero quién de ustedes si nos pusiéramos a dialogar, no tiene en el haber de su vida grandes preguntas, no tiene grandes dolores, no tiene quizás también grandes pecados, y en esas preguntas, en esos dolores y en esos pecados experimenta la gran orientación de la vida, la gran limitación de la vida, se siente en alguna medida morir. La Navidad es la respuesta a eso, porque Dios me viene a mí, a todos, me viene a consolar y salvar mis pecados.         

Por eso la Navidad es una fiesta de salvación, de  salvar la vida  hoy. Y Dios es el Padre de la vida:. lsaías tiene una frase estupenda, el profeta Isaías. Dice: “’La vida no se compra con plata. ¡La vida no se compra con plata! La vida es un don de Dios, y la tiene el que la elige”. Por eso frente al pesebre pensemos muy hondamente si estamos eligiendo la vida o la muerte, la calidad o la superficialidad, la sensatez o la estupidez, la tarea constructiva o el ocio, la alegría con mayúscula o los pasatiempos; qué estamos haciendo de la vida. y el mundo que nos mira y Dios que nos mira, qué puede decir de nosotros y qué puede o no esperar de nosotros. Y mirando el pesebre demos gracias, pidamos perdón y pidamos ayuda, digámosle al Señor que nos abra los ojos para leer el pesebre y que abra nuestros oídos al silencio, puede parecer una contradicción, para escuchar la palabra.

La Navidad es el llamado a una existencia auténtica, no a la mentira, no a lo falso, no a la imitación. Es el llamado a la alegría, pero no a la alegría superficial, que nace de una filosofía puramente humana; no a la alegría de la risa sino a la alegría serena del corazón, que sabe que no le debe nada a la vida, porque está al día con la vida, al día, con los hombres, y al día con Dios.

Que no hay dolor, no hay tragedia, ni siquiera la muerte que puede quebrar esa alegría. Quien no llegó a esto no entendió a Dios, no entendió a Dios, no entendió el pesebre y no entendió la vida. La alegría de vivir. Por eso la alegría de la Navidad es una alegría muy serena... muy serena... Yo diría que en el silencio tiene que estar esa alegría de saciedad, que uno está tan alegre, tan pleno, tan saciado, que no necesita decirlo. Y qué bueno sería si en los hogares esta noche viviéramos esa alegría, y no la otra. Y de una existencia auténtica es decir que no miente, ni es falsa, ni imita, sino que vive. Con esa alegría uno siente evidentemente la necesidad de construir el mundo. Miren si a veces no somos los constructores de la paz, de la justicia, de un mundo mejor, es porque en el fondo, dentro nuestro, todavía no afloró la vida. Todavía no afloró la vida.

Fíjense, la noche de Navidad en que nació Jesús, es un llamado a la vida. Por eso cualquiera de nosotros puede tener hondas fracturas en su vida, pero la misericordia de Dios es capaz de resucitar a los muertos; por eso al pesebre hay que mirarlo mucho y en el pesebre encontrar, recibir y dejarse saciar de la vida.

Todo esto supone el deseo de un tipo de personalidad y de vida mejores. Ser mejores para Dios, mejores no en el orden moral, no ser malos, yo diría, vivir con una honda envergadura, recuperar la envergadura y la calidad de la vida frente a Dios. Qué bueno sería si esta noche pudiéramos decir a Dios cada uno en lo hondo de su corazón: “Señor, habré pecado, tendré muchas frustraciones, pero no quiero que tu estupendo proyecto de vida sobre mí se frustre. Hoy, a pesar de todo, elijo vivir”, y la mejor oración sería: “Enséñame a vivir”. O sea, una gran envergadura, o expresar el deseo de la envergadura para Dios para los demás, también. Qué bueno sería si los esposos se mirasen a los ojos y dijeran realmente: el amor no tiene medida. .. porque es obra de Dios, a pesar de los 30 ó 40 años de casados, cuánto nos falta caminar, y juntos como esposos mutuamente se testimonien la envergadura de la vida y hagan una opción, y lo mismo la familia, y lo mismo la parroquia, y así sembrarían el mundo como las gotas cuando caen en el agua que forman círculos concéntricos que se agrandan, así es como Dios va haciendo su Navidad hoy en el mundo, a través nuestro.

Envergadura para la vida misma que estamos viviendo... ¿en que utilizamos las horas de nuestros días, en qué utilizamos nuestra capacidad, nuestros talentos, el dinero, la inteligencia, la familia, la profesión, en qué estamos haciendo la inversión? Reconciliamos también con la, vida porque la vida no es nuestra, es de Dios. Y cuando uno malgasta los talentos está robando a Dios, la posibilidad de hacer un mundo más humano y más divino. Y reconciliando nuestra envergadura de vida con Dios, con los demás y con la vida, mirarnos al espejo y reconciliarnos con nosotros mismos. No significa perdonar nuestras miserias, sino mirarnos a nosotros mismos con otros ojos, entendiendo que lo más grande nuestro no somos nosotros, sino es Dios, que es el más allá de nosotros mismos, y que nosotros más que vivir, somos vividos por Dios.

Y Dios más que existir en otro lado nos sobreexiste provocando en nosotros lo que somos y haciendo una fuerza y una presión enorme para que, como de una surgente, emerja la vida. Mirarnos a nosotros mismos y reconciliarnos. Qué bueno sería si en el pesebre pudiéramos ponernos al costado del Niño Jesús, también nosotros reconciliados. En el fondo, la Navidad frente a la oferta, de Dios: “Los llamo a la vida porque quiero ser su Padre, y para siempre, para trabajar primero, para gozar después”, si aceptando la Navidad, volviéramos o eligiéramos o quisiéramos ser cristianos.

Se podría decir mucho más. Yo no quiero seguir, sería muy largo, sería estupendo; no quiero seguir; pienso que Dios habla en el corazón de cada uno, y El tiene sus propias palabras.

Nochebuena, es, frente la noche mala de los hombres, la noche de la droga, del divorcio, del aborto, de los sicoanalistas, de Irán y de Irak, de las brutalidades de El Salvador, del hambre del mundo, de los miles de niños que mueren todos los días, frente a la noche mala de los hombres el Señor nos ofrece la posibilidad de una Nochebuena.

Tres actitudes elaboremos en el corazón, primero una vez más la del silencio. Insisto, es el gesto con el cual se adora al Niño de Belén. La primera Navidad fue la Navidad silenciosa donde Dios entró yo diría a la historia de los hombres por la puerta de servicio, en una noche de campo. El silencio. Segundo la contemplación.

¿Saben qué es contemplar? Es suspender un poco el pensamiento y querarse mirando. Yo no sé si alguna vez ustedes, en verano, en esas noches lindas, se han tirado al suelo, y han comenzado a mirar el cielo. Cuando uno empieza a mirar el ciélo,  tirado en el suelo, distendido, primero ve unas cuantas estrellas, y después, al rato, cuando el ojo comienza a acostumbrarse, uno empieza a ver que hay ‘Cosas estupendas en el cielo. .. Que porque vamos mirando. siempre al sueIo, no las vemos.

Cuando uno comprende a Dios sucede algo así cuando un chico y una chica se enamoran: se establece una comunicación estupenda, y entonces con El somos capaces de vivir cosas, que solos jamás las viviríamos.

Bien, que la alegría de la Navidad oscurezca (esta alegría de la cual hablamos), oscurezca las pequeñas alegrías” las pequeñas alegrías con que podemos, en esta noche, equivocar el camino. En la noche de la Navidad no hay que comer caramelos” sino comer la sustanciosa comida de la Navidad.

Es la palabra de Dios.

Hagamos un silencio y reflexionemos un instante en esto.

 

 

 

MISA DEL DIA DE NAVIDAD 25 de diciembre, a las 11 horas

Descubrir el misterio de la Navidad, y en ese misterio descubrir Ia cercanía de Dios,  descubrir cómo Dios está presente en nuestras vidas más que nosotros mismos, descubrir el misterio de la Navidad, fué la tarea del Adviento. Por eso, esta palabra de Dios que acabamnos de recibir se la puede entender solamente si uno ha ido viviendo a lo largo de este mes todo el camino que lleva hacia el pesebre.

. Sin duda alguna la reflexión central o la palabra clave de Dios, la Liturgia, la propone en la misa de la Nochebuena. Fue la meditación que hicimos ayer. Pero estas dos lecturas nos hablan de unos aspectos de la Navidad que pueden resultarnos muy útiles y que pueden ser, para quíenes no han vivido el Adviento o no han podido anoche escuchar la palabra de Dios,puede ser un llamado, una invitación a centrarse hondamente en el pesebre y a realizar esa tarea de descubrir al Señor presente allí.

La Navidad la descubren quienes la buscan, qulenes la meditan, quienes la trabajan. La Navidad no viene de arriba, la Navidad no se encuentra por casualidad, y Dios no se entrega a quien no lo desea, a quien no lo pide, a quien no lo busca. ¿Qué nos decía, en el fondo, la palabra de Dios, anoche? Nos decía esto, así, en síntesis: Que en la Navidad. lo que Dios nos quiere decir es que la vida, tiene un sentido, que la vida tiene un horizonte, que la alegría es posible, que vencer el pecado y la muerte es posible, porque Dios nos llama a ser sus hijos no como son las plantas, hijos no según la naturaleza, sino nos hace el ofrecimiento de ser nuestro Padre, lo que significa, nos hace el ofrecimiento de un tipo de vida, de un estilo de vida, de un horizonte,. de un futuro.

Fíjense, es muy importante esto, porque a veces nosotros decimos que ser hijos de Dios es una cosa natural, es decir,todos somos hijos de Dios. Hay que distinguir entre ser hijo de Dios y ser creatura de  Dios, todos somos’ creaturas de Dios, pero no todos somos hijos de  Dios, porque ser hijo de Dios es algo que se elige, es cuando uno,  centrándose en Dios, es capaz de decirle “Padre” y es capaz de hacer como hacen los hijos con las cosas de sus padres, hacer de la vida de su Padre la propia vida, de los designios de su Padre, los propios designios y de la plenitud de su Padre, la herencia futura: la esperanza, Navidad es eso, es cuando Dios dándonos a su Hijo, en Belén, nos ofrece la alternativa de ser sus hijos, si queremos. Por eso decíamos, la actitud frente a la Navidad, la auténtica, es callarse, mirar el pesebre, pensar mucho y ver si uno es capaz de decirle a Dios: “Padre”, con todo lo que eso significa: elegir a Dios Padre como principio de la vida como valor y como esperanza.

A esto que decía la palabra de Dios anoche (ustedes saben que en Navidad, las misas no se repiten; por ejemplo, habitualmente, se celebra la misa el sábado a la tarde, el domingo a la mañana, dos o tres misas, y el domingo a la tarde, a lo mejor dos misas más,