PRESENTAClON
Con estas reflexiones sobre el Adviento y la
Navidad, la Fundación Pbro. Oscar Amado, presenta el segundo volumen,
sobre las homilías del Pbro. Oscar Amado.
Al igual que en el
trabajo anterior (Reflexiones sobre la Cuaresma) este cuadernillo contiene
sus homilías para el ciclo de Adviento y Navidad de 1980, habiendo sido
transcriptas literalmente, como fueron pronunciadas en el Templo San Pío
X de Mar del Plata, en las Misas dominicales de mediodía.
Somos concientes de que es diferente una
improvisación verbal a un escrito para ser publicado, y que nunca el
Pbro. Amado, pensó ni soñó en la impresión gráfica de su prédica.
Sabemos de su preocupación por la catequesis, por el anuncio de la
Palabra, por el cuidado y responsabilidad que ponía en todos sus trabajos
y que no son éstas líneas el reflejo total de su pensamiento ni lo mejor
de su producción literaria, ya que jamás fueron pronunciadas para ser
escritas sino para ser reflexionadas durante la liturgia.
Pero hemos querido imprimidas, para que así, como
para nosotros fueron base de crecimiento espiritual y nos ayudaron a
comprender la Palabra de Dios; vuelvan hoy como esbozo de una reflexión
personal, para una nueva adhesión a Cristo y su Iglesia.
El Reino es una realidad “hoy” y una tarea para
todos los cristianos; por eso es nuestro deseo, que la prédica del padre
Amado sobre la palabra de Dios, su ejemplo de pastor incansable, de hombre
de oración y de testimonio constante, nos anime, nos impulse y nos
contagie toda la fuerza, que el Señor da a aquellos que lo aman, lo
buscan y lo anuncian.
Que en este Adviento, vayamos dando cada vez mas un
sí incondicional al proyecto y a la propuesta de Dios y abramos nuestro
corazón y nuestra mente al Señor que viene.
Vaya nuestro saludo y nuestra oración.
Buenos Aires, Adviento de 1984.
FUNDACION PBRO. OSCAR AMADO
PRIMER DOMINGO DE
ADVIENTO
Una vez más, en nuestras vidas de adultos, o de jóvenes,
volvemos a comenzar un Adviento.
¿Qué es el Adviento? ¿Por qué, todos los años,
prácticamente un mes antes de Navidad, se comienza el ciclo litúrgico
nuevo, en vez de empezarlo el día de Navidad o el 1º de enero?
Es por lo siguiente: nosotros, todos, nos
acostumbramos a vivir, y los característico de la vida, es que la vida es
algo a lo cual uno no se puede acostumbrar, porque la vida es siempre
novedad, la vida es siempre lo diverso que llega, es lo absolutamente
nuevo que se nos ofrece.
También es necesario el Adviento porque, hablando
tanto de Dios, terminamos teniendo de Dios una imagen humana, y perdemos
la imagen de Dios que Dios mismo ofreció. Por eso, de vez en cuando, una
vez al año, la Iglesia vuelve a replantear su propia fe, vuelve a sus raíces.
Vuelve a plantearse el problema de su propio ser, de su razón de ser, de
su existencia, de su validez. Es como volver a empezar desde cero, si
ustedes quieren. Y eso, lo hace todos los años la Iglesia, para rescatar,
valga el término, el sentido de su ser, el sentido de la historia de los
hombres, y el genuino sentido de Dios.
Fíjense, ¿quién de nosotros no busca la alegría
y la felicidad?, ¿quién de nosotros no quisiera encontrar o tener una
genuina experiencia de Dios?, ¿quién de nosotros no quisiera ver un
mundo distinto? Es el tiempo para, volver a hacerse estas preguntas; es el
tiempo para preguntarnos si realmente Dios da un sentido a nuestra vida o
no, si la vida tiene un sentido o no, si hay posibilidades para el mundo
que vivimos o no las hay, si vale la pena, tener algún tipo de esperanza
o no, si conviene invertir en una lucha por la justicia, o mejor dejar que
el mundo siga como está. Tiempo para volver a hacerse muchas preguntas.
Por eso, el tiempo
del Adviento, si uno quisiera sintetizarlo, tendría que decir, que es un
tiempo de autosensibilización (volver a sensibilizarse). No porque seamos
malos; acá el problema no es si uno es bueno o si uno es malo. Es
honestamente admitir que la vida a nosotros nos gasta. Nos gasta. Lo
cotidiano nos gasta:
el trabajo. la familia, las responsabilidades, los proyectos. Y cuando uno
está gastado, cuando uno está cansado, evidentemente no puede hacerse
las grandes preguntas y no puede partir a la búsqueda de las grandes
respuestas. Yo puedo tener una hermosa orquesta, acá, y puedo tener un
hermoso aparato de grabación, pero hace falta una tercera cosa: que la
cinta que está colocada en el aparato de grabación sea una cinta de
calidad, un casette de calidad, porque si la cinta es de mala calidad, o
si la cinta está muy usada, ¿qué sucede?, la orquesta podrá tocar una
sinfonfa maravillosa, el aparato podrá funcionar con su sensibilidad más
honda, pero la grabación sale mala. Si no hay sensibilidad para captar,
no vale la pena que la orquesta sea buena, ni que el grabador sea bueno.
Sería eso, tratar de recuperar en nosotros la sensibilidad, no solo
frente a Dios, sino frente a la vida, frente a la historia, frente al
momento en que vivimos, frente a nuestro pasado o a nuestro futuro, frente
a todo.
Vamos a celebrar
la Navidad. ¿Qué es celebrar la Navidad? No vamos ahora a entrar en
esto, porque para eso está el 25 de diciembre. Pero, celebrar la Navidad
es celebrar la entrada de Dios en la historia, o la visualización de Dios
en la historia.
Y esta Navidad de
Dios en la historia tiene tres momentos: por eso decimos que la Navidad es
al mismo tiempo un recuerdo, una celebración y una esperanza.
Navidad es recordar, ciertamente, lo que pasó hace
dos mil años en Belén, allá. Es eso, sí. Pero aquella Navidad no acabó
con el misterio de la Navidad, sino, yo diría, fue el tímido comienzo de
la gran Navidad final en la cual Dios realmente se manifestará totalmente
en la historia de los hombres. Navidad que en la vida de cada uno de
nosotros se dará cuando muramos, naturalmente, si hemos preparado en la
fe, el pesebre de nuestra vida, para cobijar esa Navidad. Navidad
que en la historia de los hombres se dará, cuando los hombres, quizás
después de muchos fracasos, hayan logrado un mundo humano. Dios vendrá a
plenificar ese mundo humano. Pero entre ambas Navidades, aquella de Belén
y la otra, está la Navidad, la silenciosa Navidad que Dios continúa
realizando en los hombres. y es la Navidad de la Gracia, es decir, la
Navidad donde Dios se ofrece como don. Don quiere decir: Dios se ofrece
como sentido, Dios se ofrece como fuerza. Dios se ofrece como esperanza.
Una Navidad sumamente silenciosa, como la de Belén.
Fíjense, que mientras Jesús nacía en Belén, allá, totalmente
descentrado de la historia de los hombres, que estaba en ese momento
polarizada en Roma, Jesús nace silenciosamente y cuatro o cinco
personas entienden el problema. Y la Navidad, este año, es igual, porque
Dios obra así.
La Escritura dice: “Dios es como la suave brisa,
que si uno no se para a pensar que está, no la siente”; “Dios cae
como el rocio –dice el profeta Isaías- sobre las plantas, no
hace ruido”. La Navidad es así. No es la Navidad del consumo, no es la
Navidad de los niñitos Jesuses que están en las vidrieras de las
jugueterías, ni de los pandulces, porque nada de eso va a cambiar el
mundo. Derroteros nuevos para el mundo, no van a venir por los turrones o
por los empachos que vamos a tener en la Navidad. La Navidad es otra cosa.
Y fíjense que no debe extrañamos ésto, porque mientras Jesús nacía en
Belén y poca gente captaba el misterio, el mundo comía, pan dulce,
turrones, hacía propaganda y vendía sus cosas.
Ahora bien, la Iglesia, para que frente a esta
sensibilización y frente al camino que hay que recorrer hacia la Navidad
(porque la Navidad se conquista, no viene de arriba, y en la Navidad uno
define en sí mismo si realmente lo ama a Dios y lo ama a Cristo), para
que realmente responda a los deseos de Dios, (porque acá las reglas del
juego las pone Dios), la Iglesia nos ofrece tres lecturas bíblicas, que
fueron las que recién nos proclamaron, con la dificultad de que las tres
lecturas tienen un lenguaje muy complicado, sobre todo la primera y la
tercera. Lo que voy a hacer (es el sentido que tiene el ministerio del
sacerdote), es tratar de traducir a nuestra manera de hablar lo que el
profeta Isaías, San Pablo y San Mateo dijeron en estas tres lecturas.
La primera lectura, del profeta Isaías, tiene una
idea en la cual a veces reparamos muy poco, y es ésta: que la Navidad, más
que un problema individual, es un problema social. Isaías vendría a
decir en nuestras palabras de hoy, actuales: Hay Navidad, porque el mundo
anda como anda, por eso Dios entra en la historia. El mundo. ciertamente,
de acuerdo a la metodología con que se mueve, no tiene futuro, no hay
horizontes; a lo más, podemos pensar que se va ir deteriorando, en la
injusticia, en la crisis de libertad, en el hambre, en el deterioro ecológico
en un montón de cosas. Es decir, el mundo no ofrece esperanzas; por eso
es necesario que haya una Navidad. Y por la Navidad no es sencillamente el
Niñito que entra en la historia, sino que es Dios con su alternativa, que
entra en la historia; por eso, celebrar la Navidad es tratar de ver desde
el Niño del Evangelio, con el Evangelio en la mano (es decir, al Niño lo
tenemos con el Evangelio en la mano, o no lo tenemos), ver, si desde el Niño
si desde los designios del Evangelio, es posible hacer humano el mundo;
ver, si desde ese proyecto de Dios es posible tener esperanza en la paz.
No en la paz como mero equilibrio de fuerzas, sino en la paz como fruto de
una comunidad auténticamente humana.
Eso es lo que, decía el profeta Isaías, a propósito
de la circunstancia histórica de su pueblo y que, diríamos, la Iglesia
lee en la perspectiva de la Navidad, como diciendo: “Cuidado, porque a
Dios lo tenemos, pero no lo tenemos”, “somos cristianos, pero todavía
no somos”. Siempre, en nuestras vidas y en la historia del mundo, el
haber recibido a Dios se puede traducir como un “ya sí, . pero todavía
no”, “yo ya soy cristiano, pero todavía no”, “yo ya vivo, pero
todavía no vivo”, “yo ya trabajo por un mundo mejor, pero todavía no
trabajo por un mundo mejor”. Porque la vida siempre es un “ya sí, y
todavía no”. y ese “todavía no”, es lo que da sentido a la vida, aún
en la vejez, aún en la enfermedad, en cualquier hipótesis, en la peor de
las contradicciones.
La segunda lectura, de la carta de San Pablo a los
Romanos. En nuestra manera de hablar, San Pablo dice esto: “Avívense”.
Textualmente usa tres palabras: despertar, ver y redescubrir. En el
lenguaje vulgar: “avívense”. “Avínvese”. Avívense, dice San
Pablo, porque en medio de ustedes, se está realizando el misterio de la
historia, tanto social como personal, como familiar, como de pareja,
como... a cualquier nivel; en medio de ustedes, se está realizando la
historia, con enormes posibilidades, con horizontes estupendos, pero
ustedes no se dan cuenta. .. “Avívense” de lo que está pasando en
sus vidas, “.avívense”, porque Dios no está en el Cielo, Dios está
con nosotros haciendo la historia. Avivarse, leer, descubrir, esa
presencia actúa, fecunda de Dios. Creer en Dios no es creer en el Dios
del Cielo, porque eso es fácil; creer en Dios es confiar, que Dios está
salvando la historia de los hombres, a pesar de la guerra entre Irán e
Irak, a pesar de las monstruosidades que están sucediendo en El Salvador,
a pesar de los millones de personas que mueren de hambre, a pesar del
despilfarro blasfemo de los países ricos, en las carreras armamentistas,
a pesar de las incertidumbres de nuestro país y de las alegrías. Dios
está obrando. Hay que saber leer la vida, hay que saber leer la propia
persona, la propia pareja. Y allí está Dios. “Avívense”, y
descubran, dice San Pablo, que hay un clima nuevo, una ética, un ethos
nuevo, es decir, una manera de vivir para la cual el hombre fue creado
descúbranla, y allí a encontrar a Dios; y piensen, y acá viene una idea
fundamental de San Pablo, que la salvación se les -ofrece a ustedes, no
para salvar sus almitas, sino para salvar al mundo.
Si lo vertimos en los conceptos que venimos
hablando, celebrar la Navidad no es un problema mío; yo celebro la
Navidad para que la Navidad llegue al mundo. Es decir, hoy, el Niño, soy
yo, o no hay Niño; soy yo para mi familia, para mi trabajo, para mis
obligaciones de cualquier índole, para mi opción política, para mi
ideología; si hay alternativa de Dios, soy yo, Y si no estoy yo, no hay
alternativa de Dios. Como si María hubiera dicho “no”, no hubiera
habido Jesús; ,como si Jesús hubiera dicho ”no”, no habría habido
Cruz. Siempre es necesario un “sí”, y en el fondo, el Adviento, es,
decir “sí”, como María, y dejarse preñar por el misterio de la
Navidad para que crezca en uno, pero no para uno, para los demás; porque
si quisiéramos celebrarla sólo para nosotros, destruiríamos al Niño,
porque el Niño no fue dado ni para María, ni para José, ni para los
pastores; fue dado para el mundo; y la santidad de María, de José, y de
los pastores, y de los magos, fue que no se guardaron al Niño, sino que
lo entregaron, y ellos pasaron a la oscuridad y quedó el Niño. Nosotros
somos responsables frente al mundo de la Navidad; o nosotros somos Navidad
o no hay Navidad para el mundo; o nosotros planteamos la alternativa de la
esperanza descubierta por nosotros, en la Navidad, o para el mundo no hay
esperanzas.
El rostro de Dios, para el mundo, somos nosotros, y
si el mundo cae en el materialismo, tanto liberal como marxista” si el
mundo cae en el consumo y en las brutalidades en que cae tenemos que
preguntarnos si no es porque nosotros, que somos el rostro de Dios,
tenemos un rostro prostituído, de un Dios prostituído, gastado,
mezquino, aburrido, incapaz de convencer a nadie, y un Evangelio tan mal
leído y tan reducido que no convence a nadie ni ofrece alternativa válida
para nada.
“Ser responsables de la Navidad”, les decía
San Pablo, y de ahí la urgencia, de volver al Evangelio, no a un
Evangelio declamado, no a un Cristo besado en las estampitas, sino al
Evangelio que rompe las estructuras, que nos hace sufrir interiormente,
volver a meditar las bienaventuranzas volver a seguir el proceso de Jesús
para ver por qué murió Jesús, redescubrir la esperanza del espíritu
que resucitó a Jesús para nosotros ser gente esperanza. Adviento es una
tarea para conquistar la Navidad, porque la Navidad no es para los cómodos,
la Navidad no es para los superficiales, la Navidad no es para quienes han
sucumbido a la civilización del placer, del tener, o del poder; todos
esos no estaban en el pesebre, estaban en Jerusalén o en Roma. Para
ellos, no hubo Navidad. Dios no se interesó por ellos. Como dice la
primer bienaventuranza: hay que tener alma “de pobres. Volver al
Evangelio.
En el texto de San Mateo, la tercera lectura, Jesús
viene a decides esto: que a Dios, y fíjense, cuando habla de Dios, Jesús
no habla del Dios teórico, para Jesús siempre Dios va con su proyecto en
la mano. Ustedes saben que los antiguos, cuando comenzaron a pintar, tanto
a Dios como a Cristo, en las primitivísimas iglesias cristianas, siempre
aparece Dios, y sobre todo Jesucristo, el pantócrator del arte bizantino
o del arte románico primitivo, siempre aparece con un libro en la mano.
Siempre. Los cristianos primitivos se daban cuenta que el problema de Dios
no es la persona de Dios, que se nos escapa, sino son los designios de
Dios. Es fácil creer en Dios, pero hay que creer en Dios a través de los
designios de Dios, o, como decimos a veces, no hay que creer en Dios, sino
que hay que creerle a Dios, que es distinto. Que es distinto. Creerle a
Dios es tremendo, no porque sea monstruoso, es que es tremendo por la
envergadura que supone. Y vivir es una vocación para cosas de gran
envergadura. Por eso, solamente teme a la muerte aquel que tiene una vida,
chiquitita así, sin ninguna envergadura; pero, el que optó por las cosas
grandes no le teme a la muerte, porque sabe que su tarea y su vida van
mucho más allá que ese accidente. Jesús dice: para descubrir eso, hay
que estar atentos y vigilantes; hay como una psicología de sensibilidad;
es como si dijéramos ahora: “A ver, cállense un poquito porque me
parece que hay un farol que vibra”, y se produjese en nosotros un
absoluto silencio. O “vamos a escuchar los pajaritos de afuera”.
Ustedes se dan cuenta que los pajaritos están cantando, y quizás muchos
de ustedes no se dieron cuenta que estaban cantando los pajaritos afuera.
O sea, que si no hay eso, dice Jesús, es inútil,
y plantea dos ejemplos: cuando se estaba preparando el diluvio, se les
dijo que venía el diluvio, pero la gente seguía comiendo y bebiendo, no
le daban bolilla, y se mataban de risa de Noé pero, a pesar de que se
mataban de risa, la cosa se acercaba, es decir, por más que comieran y
bebieran, la realidad venía; y es claro, cuando la realidad vino arrasó.
Los arrasó. Solamente Noé y su familia se salvaron. Miren, el problema
de la Navidad no es una opción, la Navidad va a venir, de todos modos. El
problema es si va a penetrar en nuestras vidas y a través nuestro se va a
transformar en una bendición, o sencillamente, la Navidad va a pasar al
margen. Hay una frase en la Biblia, no recuerdo dónde, que dice ésto:
“Tengo miedo del Señor que pasa”, pero ¿saben por qué?, porque
tengo miedo que pase, y que no me dé cuenta y entonces perdí el tren de
la vida y el tren de la historia.
Y el otro ejemplo que pone Jesús es: si ustedes
supieran que les van a robar esta noche, no se van al cine; dicho de otro
modo, cuando ustedes tienen unos pesos, empiezan a recorrer a ver quién,
a plazo fijo, paga más. La Navidad es fruto de una inversión de vida, la
gran interpelación es, si tenemos interés o si somos capaces de hacer
esa inversión de silencio. En el fondo, Jesús dice: “sin atención,
sin sensibilidad no se descubre la Navidad’, aunque uno se empache de
pan dulce.
Yo les sintetizaba esto en la guía parroquial en
tres puntos ( y fíjense que esto, que es duro, es un replanteo
fundamental, que se lo tiene que hacer cualquiera, incluso el Papa. Por
ser Papa no tiene garantizado nada. Ni yo, por ser sacerdote, tengo
garantizado nada. O yo conquisto la Navidad o la pierdo, o yo soy una
bendición para el mundo grande o pequeño en el cual me muevo, o soy una
maldición, porque no hay término medio; y el mundo anda como anda,
porque hay muchos que son maldición para la sociedad):
Primero, el punto de reflexión, y es un poco síntesis
de lo que decíamos, yo les ponía en la guía: Nuestro mundo necesita la
Navidad, pero una Navidad al estilo del Evangelio, y no según nuestra
superficial sociedad de consumo. La Navidad no es la fraternidad, que
todos somos hermanos. Es mucho más. La Navidad no es la familia reunida.
Es mucho, más. La Navidad no es que ese día nos sintamos contentos, nos
abracemos, nos, reunamos. .. No, no. Es mucho más. La Navidad no ‘es el
pandulce, ni la sidra” ni el Niño, ni el pesebre, ni el muñeco, ni el
regalo, no es nada de eso, algunos signos son válidos, otros son signos
blasfemos pero la Navidad es muchos más.
¿Qué es la Navidad? Sumerjámonos en el
Evangelio.
Segundo sólo
nosotros debemos ofrecer la Navidad, pero para ello, nosotros debemos
descubrirla y celebrarla. El Adviento es un llamado, a ver quiénes
quieren; como a María, el ángel le dijo: ¿querés, y porque María dijo
‘.sí” hubo un Niño; y la pregunta es la misma. Y tercero: por eso el
Adviento es tiempo de sensibilizar nuestra atención, no sea que la
Navidad nos tome desprevenidos y se nos .escape. Por eso, Adviento es
tiempo de meditación. Pensar no es pararse cinco minutos a rezar un
Padrenuestro. Pensar, es detener dolorosamente la vida, porque da dolor
frenar, y ponerse a pensar. Es tiempo de silencio. El silencio es
doloroso, da miedo. La primera media hora es fácil y divertida, la
segunda es tranquila, pero después, da miedo el silencio. Porque el
silencio, en alguna medida, es la imagen de la muerte. Y da miedo. Pero
tengamos cuidado, que, sumergirnos en el silencio, trae siempre la muerte
de muchas cosas, que no mueren, sino que están muertas, pero nosotros las
llevamos como si estuviesen vivas. Silencio.
Oración. Pero la oración, no solamente de
chamuyar algunas preces, sino, esa oración que uno va haciendo y que recién
va entrando en profundidad después de quince o veinte minutos. Es tiempo
de relectura del Evangelio, pero de leerlo, no así como si fuera una
novela, sino de dejarse... yo diría, más que leer el Evangelio, leemos
nosotros a la luz del Evangelio. Leernos nosotros, y leer nuestro mundo.
Es tiempo de súplica, de pedirle a Dios que nos dé el don de la Navidad,
y si somos tontos, superficiales, egoístas, que nos cambie. Y, si estamos
bien encaminados, que nos fortalezca para llegar más hondo. Es tiempo de
conversión, sí, donde hay que cambiar muchas cosas en la vida.. Yo diría,
es tiempo apto para recuperar en plenitud nuestro ser cristiano. Es más
hondo. Es tiempo apto para recuperar la alegría de vivir la alegría de
creer, que son la misma alegría. Porque sólo la fe da sentido,
esperanza, y por lo tanto, alegría a la vida. Es tiempo de recuperar la
alegría, porque sólo los corazones alegres ven a Dios. Lo dice la
bienaventuranza: los que no están atados, los que son serenos y
tranquilos, los que se las aguantan (estoy haciendo la traducción, ¿no
es cierto?, a nuestra manera de hablar), ven a Dios.
Bueno, el primer domingo de Adviento, camino a la
Navidad (está la guía parroquial ahí. ¡Cuántas cosas!, esto sería
para seguir muy, muy largo, sobre todo con la última frase que les decía,
que en el fondo es celebrar o recuperar la alegria .de vivir, a la luz de
la fe. Es redescubrir el sentido de la vida Y de las cosas), partamos con
el Adviento, camino a la Navidad, poniendo nuestro esfuerzo y pidiéndole
a Dios que nos dé el don de la Navidad, porque la últitna. plenitud de
la Navidad es siempre un don de Dios, que Dios da a quienes piden
insistentemente, porque lo descubrieron, lo desean, lo aman, y se dan
cuenta que no se puede vivir sin Navidad.
Hagamos un silencio y una oración.
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
El domingo pasado, decíamos que, la Navidad no es
algo que viene por arte de magia (la Navidad según el Señor, ¿no?),
sino que es, un don de Dios, ciertamente, pero es algo que uno debe
conquistar, algo por lo cual uno debe luchar, algo que uno puede
encontrar.
Y esto, fijensé, que no es idea que se me ocurre a
mí, sino que responde hondamente a la Biblia, al Evangelio. Hay dos
gestos (ustedes saben que la Biblia está escrita de acuerdo a una manera
de pensar oriental, y hay que darle mucha importancia a los detalles). la
Navidad no sucede en Belén, sino fuera de Belén, en la soledad del
campo, y Jesús, para cuando empieza su predicación, no empieza en
Nazareth, sino que se va precisamente, donde está Juan, en el desierto.
Tanto el nacimiento de Jesús como la definición de su vida, ambas cosas,
suceden fuera de la ciudad, fuera del ambiente donde viven los hombres.
Esto, en la Biblia, aparece como una manera de ser de Dios. El Adviento es
un poco, si seguimos la idea de que la Navidad hay que conquistarla, un
poco salir de donde uno está; no me refiero al lugar físico, me refiero
a todo el contexto vital; supone también, irse al desierto, es decir,
evidentemente, adentrarse en una. . “ yo diría, interioridad, que, a
veces, genera miedo, miedo por la soledad, miedo por lo que uno puede
encontrar, miedo por lo que uno quizá tiene que dejar.
Decíamos que a la Navidad hay que conquistarla. Lo
decíamos el domingo pasado y decíamos que el hacerlo es una
responsabilidad. Es decir, la Navidad no es un don para nuestra vida
espiritual. para nuestro provecho, primariamente; la Navidad es un don
para el mundo, y si el Señor nos ha dado el don de la fe, y de poder
prepararnos, es porque a través nuestro desea llegar al mundo. Lo que se
nos pide a nosotros, es lo mismo que lo que se le pidió a María. El ángel
llega a María y le hace esta pregunta: si ella estaría dispuesta a dejar
que, a través de ella la Navidad llegara al mundo. La pregunta es la
misma, si nosotros estamos dispuestos a aceptar que Dios, a través
nuestro, se haga Navidad para muchos. La única alternativa para que la
Navidad llegue a los corazones de mucha gente, somos nosotros. La
alternativa de Dios, para muchos, somos nosotros. Por eso decíamos que
era una gran responsabilidad, y que teníamos que evitar a toda costa, el
caer en la Navidad fácil de la sociedad de consumo, la Navidad del
pandulce y la sidra, de las lagrimitas ante el Niño Jesús, de la
vaquita... No, no, no... Esto, si está bien O está mal no es el momento
de analizarlo ahora, pero lo que ciertamente es verdad, es que eso no es
la Navidad de Dios. .. Bueno, el domingo pasado, todo esto, lo habíamos
reflexionado.
Hoy, vamos a dejar que nos hablen estas tres
lecturas bíblicas que van aportando nuevos elementos de reflexión para
guiar nuestra tarea de encontrar la Navidad.
La primera lectura, del profeta Isaías. (Está el
problema del lenguaje, vamos a tratar de traducirlo a nuestra manera de
hablar” como hacemos siempre). La reflexión de Isaías está hecha a
propósito de lo siguiente: Israel, como pueblo, experimentó hondas
frustraciones. Y experimentó hondas frustraciones porque tuvo malos
gobernantes. Es un poco el misterio del pueblo judío; cómo, a pesar de
haber tenido malos gobernantes, sin embargo, cuando se disolvió como
estado continuó subsistiendo hasta este siglo. Tuvo malos gobernantes.
Pero, el alma de Israel fue forjada por dos o tres hombres, que entre los
malos gobernantes, fueron buenos gobernantes. La semana pasada habíamos
visto el ejemplo de uno, el, rey David. Hoy, Isaías hace la reflexión
sobre otro personaje, el rey Ezequías; y hace un poco el análisis de por
qué el reinado de Ezequías fue estupendo para Israel, reconcilió
interiormente al pueblo, le dio una cohesión interior que pudo hacer
rechazar invasiones Esto está expresado en el lenguaje, no sé si ustedes
escucharon, el ternero jugaba con el león. el lobo vivía en el misma
cueva que la pantera, y todo así, los niños jugaban con las fieras; es
decir, logró que realmente se diese en Israel un momento fuerte, y que
Israel quedase marcado por la orientación de este hombre, Ezequías; y
que las concepciones de justicia y fraternidad se adentraran en el pueblo.
Pero, se hace la pregunta Isaías: ¿por qué Ezequías fue un hombre así?,
o sea, ¿por que Ezequías pudo ser realmente una excepción?, ¿por qué
Ezequías llegó a ser un hombre maravilloso, que la Iglesia lo lee, un
poco para que entendamos, por una parte lo que puede ser Jesús, si uno lo
encuentra, y por otra parte, cómo uno debe prepararse, si quiere que en
su vida el misterio mismo de la vida y de Dios afloren con una fortaleza
estupenda?
Dice Isaías: lo que sucedió, es que Ezequías fue
un hombre permeable a los dones del Espíritu Santo (diríamos hoy), fue
permeable a Dios, dejó que Dios lo moldeara y entonces, dice, al dejarse
moldear por Dios. en Ezequías penetró algo de la sabiduría de Dios v
por eso. Ezequías, desde la sabiduría de Dios, llegó a entender a su
pueblo y supo aconsejar, supo conducir, supo captar los momentos históricos,
y sobre todo, supo vencer (recueden que Israel era un pueblo teocrático,
organizado todo en función de Dios, del templo de Jerusalem), supo
rescatar el verdadero sentido de lo que es adorar a Dios. ¿Qué es adorar
a Dios? Adorar a Dios no es ponerme de rodillas y decirle: Yo te adoro. Fíjense
que en el relato del Evangelio, Juan les dice: ‘hipócritas” ” raza
de víboras”, a los que iban a bautizarse, como si hoy dijésemos que
Jesús nos llama ‘hipócritas” y “raza de víboras”, a nosotros,
los que venimos a misa. Pero, ¿por qué Jesús hace eso?, y en esto
coincide con Isaías, porque adorar a Dios no es poner un rito o profesar
un culto. Esto debe ser expresión de otra realidad mucho más honda.
Adora, quiere decir (viene de oro), considerar lo más
preciado de la vida. Eso es adorar. Adorar a Dios significa: dejar que
Dios pueda realizar en mí el misterio de la vida. Por eso Jesús, en una
oportunidad, va a decir que los verdaderos adoradores son los que adoran
al Padre, dice, en espíritu y en verdad, es decir, en lo hondo de su
corazón y de su vida y en verdad, es decir, sin mentira. Y Ezequías fue
un hombre que, dejándose penetrar por Dios, se convirtió en la salvación
para su pueblo, y pudo realizar cosas, vulgarmente irrealizables, como son
la justicia y la paz.
Esto trae hondas consecuencias porque, la Iglesia
lee en este hombre Ezequías y en la interpretación que hace Isaías, la
expresión de como Dios obra las cosas. La Navidad no es algo que hacemos
nosotros y eso, hay que convencerse, la Navidad es lo que Dios hace en
nosotros. Lo que Dios hace en nosotros. La Navidad que podemos hacer
nosotros se agota en veinticuatro horas. No podemos confundir la emoción
de una fiesta, emoción que aumenta en la medida de las copas de
sidra que uno toma. No podemos confundir la, emoción de una fiesta con la
experiencia serena, sutil, profunda, con la cual Dios obra en los hombres;
porque no crean que Dios obra como nosotros queremos; a veces nosotros
pensamos que Dios está en una parroquia donde, en fin se reúne la gente,
la misa se improvisa, llega tarde un montón de gente, los chicos gritan,
otros se van antes. .. No, eso es folklore religioso, esa es una celebración
blasciónfema, ahí no está Dios, eso es consumo religioso para tapar el
dolor de conciencias que no se convierten. Es una droga. Habría que
cerrar las parroquias que celebran misas así, porque eso no es lo que Jesús
quiso, bajo ningún punto de vista; eso es una parodia, eso es una burla,
porque Dios es el Señór de la vida y de la historia, y no lo debemos
manejar, lo debemos recibir.. como se reciben las grandes cosas, con
delicadeza, con silencio, con apertura, de corazón; y así, entonces, uno
va encontrando la alegría, la vida,. la paz, la esperanza, que son los
dones de” Dios. Y ésto no es idea mía, lo dice la Escritura: Dios
nunca está ‘donde hay ruido, Dios nunca está con el que habla de
labios afuera, como vamos a ver lo que dice Juan en el Evangelio. Juan el
Bautista.
En la segunda lectura de la Carta a los Romanos,
San Pablo les hace una reflexión sobre lo que puede llegar a obrar en un
hombre y en un grupo humano, la palabra de Dios. Pero fíjense que, cuando
el Evangelio habla. de palabra de Dios, no solamente entiende ésto, el
Evangelio. ¿Esto es palabra de Dios? Sí, ésto es palabra de Dios; ¿pero
solamente ésto es palabra de Dios? ¿Es ésta la. principal palabra de
Dios? No. ¿Cuál es la palabra de Dios?: La principal palabra de Dios no
es un concepto, no es un libro, sino, es una persona; la palabra de Dios
es Jesús, la persona de Jesús, y secundariamente ésto. Entonces es
importante, porque nosotros estamos frente a la Navidad, que es Jesús que
llega, como decíamos el domingo pasado. Recordando que un día vino, hace
dos mil años, y recordando que vendrá al final, -al final de nuestra
vida o al final de la historia, celebramos que hoy viene como interpelación,
y es la palabra de Dios.
La Navidad nos trae la palabra de Dios, lo que hoy
Dios dice, el hoy de Dios en nuestra vida, en nuestro tiempo, en nuestro
mundo.
Dice San Pablo; si uno realmente se presta al juego
de la palabra de Dios, uno empieza a entender muchas cosas (él,
textualmente dice: “uno es instruido por la palabra de Dios”), uno
empieza a entender. Muchas veces nos quejamos de que no entendemos muchas
cosas de la. vida, pero no las entendemos porque vivimos con el oído
cerrado y el corazón duro, porque Dios nos está continuamente. enseñando
a vivir. No entendemos porque somos sordos y ciegos deliberadamente. Y
dice San Pablo, o sea, va concatenando ideas: el que escucha la palabra de
Dios, empieza, a entender, y, el que empieza a entender, se transfonna en
un hombre constante. Contante. ¿Qué es la constancia? La constancia es
seguir creciendo en una misma dirección. Lo vamos a. entender mejor si lo
planteamos por su oposición, la inconstancia. ¿Qué es? Es estar siempre
empezando. Inconstante es el que está siempre empezando, el que siempre
se va convertir, el que siempre va a ser más bueno, el que siempre se
arrepiente. No, no, no. El inconstante nunca llega a ningún lado. Porque
es como si yo quiero ir a Buenos Aires, salgo de acá en auto, llegó a
Viboratá, me vuelvo a Mar del Plata. Salgo de vuelta en auto, llego a
Camet, y me vuelvo a Mar del Plata. Salgo en auto, llego a Vidal y me
vuelvo a Mar del Plata. Ese es el inconstante. Vuelve siempre al punto de
partida, nunca avanza.
San Pablo dice: “el que. aceptó la palabra, y
empieza a entender, se transforma en un hombre constante; empieza a crecer
en él la vida, no está siempre naciendo”. Empieza a crecer. Y
entonces, agrega una cuarta idea: es cuando viene el consuelo de la vida,
la consolación,es decir, que aún en el momento del dolor de la cruz o de
la muerte, uno no pierde la alegría. ¿De dónde viene el consuelo?
El consuelo viene de saber que uno está creciendo.
De ahí viene el consuelo. De que uno interiormente está creciendo; y ésto
llega a ser una certeza tan honda, que aún la muerte es un acto de
crecimiento. Puede parecer una paradoja. Pero es así. Lo dice la
Escritura. Y agrega otra cosa más: y porque experimenta ese consuelo, es
un hombre de esperanza, camino hacia adelante. La esperanza no es
“espero llegar a Buenos Aires”, sino, “porque sé que estoy
creciendo y que hay una dirección, y porque sé que la vida todavía no
llegó a mí, que todavía no estoy vivo del todo, entonces, hoy me juego
por vivir”. Me juego por vivir. No por perdurar no por consumir, no por
poseer, no por gozar. Por vivir, que es mucho más: la esperanza. Y acá,
lo interesante que dice San Pablo: cuando se recibió la palabra, se empezó
a comprender, se logró la constancia en el crecimiento, se experimentó
el consuelo y la alegría, y se descubrió la esperanza, entonces nace la
unidad fratema, porque se empieza a comunicar y se quiere concelebrar la
vida. Concelebrar la vida. Porque se descubre que la vida es algo
estupendo pero que me desborda a mí, y entonces busco al otro, que a su
vez es desbordado, y juntos con celebramos esta maravilla: la unidad
fraterna, que no nace de un pacto de querernos, sino nace en la medida en
que la calidad de nuestra vida va creciendo. Y que en la unidad fraterna
nace el servicio, es decir, el querer ayudar, el querer servir a los demás,
para que encontrando el sentido de la vida se encuentren a sí mismos,
encuentren horizontes y ellos también se enrolen en la gestación de un
mundo más humano.
La Navidad es eso. La Navidad es ponerse frente a
una palabra de Dios que llega y que llega hecha Niño, pero no un Niño
solito, un bebé ahí, en los pesebres de consumo hechos en serie, sino un
bebé que trae abajo un Evangelio, un mensaje, una interpelación, una
propuesta, una alternativa, que evidentemente, supone de nosotros la
tentativa de una respuesta. Por eso, la Navidad es don de Dios, si Dios vé
que nuestro corazón está lo suficientemente cálido, sensible, como para
dar una respuesta.
La tercera lectura del Evangelio de San Mateo narra
la predicación de Juan el Bautista. Es muy importante la predicación de
Juan el Bautista porque él, es que introduce a Jesús en la vida pública,
en la predicación.
Y Juan el Bautista, estaba bautizando junto al río
Jordán (un rito muy antiguo de penitencia el bautizarse) y entonces Juan
les hace una reflexión (también hay ideas concatenadas. Las vamos a ver
brevemente), les hace ésta reflexión: ”Miren, está bien bautizarse,
pero no sirve para nada si no pasa algo más”; o sea, el bautismo no
produce nada si eso no es signo de otra cosa, y es la conversión del
corazón. Convertirse no es cuestión de ser pagano y hacerse cristiano.
Convertirse tampoco es dejar de ser malo para ser bueno Convertirse es,
volver a centrarse en Dios. Eso es convertirse. Volver a centrarse en
Dios. Y dice Juan el Bautista: “Y ésto es absolutamente necesario para
entrar en el Reino de Dios”. ¿El Reino de Dios, qué es? El Reino de
Dios no son unas nubes con unos angelitos puestos arriba. El Reino de Dios
es la vida, que es una gestación de otra vida más plena, no solo
personal, sino social, que Dios realizará según sus designos para la
cual fuimos creados; porque nosotros no fuimos creados para éste mundo
sino que fuimos creados para el Reino. Entonces convertirse es volver a
centrarse en la vida como dinamismo y como teleología, es decir como
dirección. ¿Adónde vamos? No sea que nuestra vida sea un caminar hacia
ningún lado. ¡Qué horrible I Caminar, caminar, caminar, y cuando a uno
ya le fallan las fuerzas darse cuenta que no llegó a ningún lado, que
muere solo. Porque no llegó a ningún lado. Es necesaria para entrar al
Reino de Dios y es necesaria, ¿para qué?: para facilitarle las cosas a
Dios. Porque miren, Dios nos ama. Dios piensa o al pensamos eternamente a
cada uno de nosotros, al pensar ésta parroquia, a los que son de aquí,
al pensar el mundo, pensó en categorías de plenitud, de felicidad, de
paz, pero tenemos que dejar que Dios haga eso. Muchas veces estamos
tristes, ¿Dios elegió la tristeza para nosotros?: No. Lo que sucede es
que nosotros no le dejamos a Dios generar la alegría en nuestra vida.
Somos mediocres. Dios, ¿nos creó para la mediocridad?: No. Nos creó
para la calidad de vida, y, ¿por qué somos mediocres? Porque no dejamos
que Dios nos haga crecer en calidad. Dios nos llamó para hacer una
comunidad cristiana en la cual cada domingo se toque a flor de piel la
presencia del Espíritu en medio de nosotros. Y decimos, ¿por qué no lo
experimentamos? Claro, transformamos las parroquias en supermercados
religiosos. Y eso no es, allí no juega el Espíritu, y nos quejamos de
que la comunidad parroquial no anda; es que no anda porque no le
facilitamos a Dios el que ande, las misas son unos ‘plomos, porque no le
facilitamos al Espíritu que se muestre. Es necesario convertirse, volver
a encontrarse en Dios, pera facilitarle a Dios el camino.
Y agrega Juan el Bautista.: “Y ésto, haciéndolo
en serio, no quedamos en puras palabras”, que es lo que le dice Juan
‘a la gente. Les dice: “Raza de víboras”, “¡¿Quién les enseñó
a escapar de la ira de Dios que se acerca,?!” “¡ Manifiesten la
conversión con obras y no se contenten con decir: tenemos por padre a
Abraham!” Es decir, no nos contentemos con decir somos cristianos,
venimos a misa, o tengo la conciencia tranquila, no mato, no robo, no, no,
no... Eso está todo bien. Pero es algo más. Es algo... pero
infinitamente más pleno lo que Dios quiere hacer. No quedamos en las
palabras, no mentimos. Si uno realmente se convierte, entonces recibe el
don del Espíritu, y si no, se produce el rechazo de Dios. No porque Dios
nos rechace a nosotros, sino porqúe nosotros lo rechazamos a Dios y a
Dios se lo rechaza no solamente diciendo “Andáte”, a Dios se
lo rechaza cuando Dios toca la. puerta de mi vida y yo, a veces
concientemente, a veces por pereza, o, a veces porque ya me ha atrapado el
consumo, el placer, el poder y el tener, no abro. Es decir, cuando el
cauce del río de la vida llega a mi campo y yo pongo vallas, y entonces
el curso del río de la vida se desvía, y se va por otros campos, y yo
después me quejo, protesto, sufro.
Como punto de reflexión yo les proponía tres
cosas frente a la Navidad: Y ésto, está en continuidad con lo que
reflexionamos el domingo pasado: 1º) nos exige una opción, ahora, no en
la Navidad, y es abrir el corazón, para que el Espíritu Santo pueda
educarnos en la Navidad. Miren, si ustedes no oran en este tiempo, si
ustedes no buscan momentos de silencio, momentos de silencio interior. si
ustedes no toman el Evangelio, miren, en la Navidad, se van a divertir
soberanamente, pero se les va a escapar de las manos; el 26 van a ser
exactamente igual que el 23, Dios no va a poder hacer nada en ustedes,
mejor dicho, Dios los va a envolver por todos lados, pero ustedes no se
van a dar cuenta. Hay que abrir el corazón, sobre todo por la oración.
Hay que preguntarnos por el mensaje, si realmente
amamos el mensaje que Dios pueda eventualmente ofrecernos. ¿Queremos una
Navidad, o vivimos suficientemente cómodos como vivimos?, ¿esperamos
algo más de la vida o estamos contentos con lo que la vida nos dió? ¿nos
sentimos tristes porque todavía hay lugar para muchas cosas más en
nuestro corazón, o ya estamos saciados?, porque los que están saciados,
los que están llenos, los que están cómodos no necesitan Navidad y
entonces no la buscan. No la buscan. Si yo tengo la heladera con bifes,
con ensalada, con tomates, con frutas, no salgo a hacer compras. El ama de
casa sale a hacer compras cuando en la heladera no tiene carne, entonces
va a la carnicería; cuando no tiene verduras entonces va a la verduleria.
Pero si tiene no va a buscar. ¿Deseamos la Navidad o ya nos hemos
empachado con cosas más simples?, ¿queremos sentarnos en la mesa de la
vida o, como los chicos, no nos vamos a sentar porque no tenemos hambre,
ya que, nos hemos saturado comiendo caramelos?, los caramelos tontos de
la. vida.
Y por último, descubramos que es necesario volver
a centrarse en Dios. Aún Juan Pablo II, aunque sea Papa, debe volver a
centrarse en Dios. Y, por último, pidamos también por la Navidad de los
que no quieren la. Navidad, o no la entienden, de los ateos, de los que
sucumbieron al materialismo y a la corrupción de los que matan, de los
que odian, de los que destruyen, de los que dividen. Pidamos por ellos,
porque a lo mejor son sinceros en el error, y en su sinceridad, Dios, les
dá el don de la Navidad. Bueno, continuemos buscando, continuemos
abriendo el corazón, continuemos viviendo el Adviento.
Hoy, esta mañana, estaba leyendo, no me acuerdo de
quién era, un padre de la Iglesia, un texto del. siglo Il, que decía ésto:
“’La vida, si uno la quiere definir, puede reducirla a dos palabras:
la vida es lucha, y la vida es esperanza. Lucha y esperanza. Y el Adviento
es lucha; por lo tanto no hay Navidad para los que buscan lo fácil; y el
Adviento es esperanza. La Navidad llega para los que la esperan.
Bueno, de acá en más, todo pertenece a nuestra
reflexión personal. Hagamos ahora unos breves minutos de reflexión en
silencio.
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
En este tercer domingo de Adviento, nuevamente
tenemos tres textos bíblicos ofrecidos por la Liturgia, para continuar
nuestra sensibilizacidn en orden a celebrar la Navidad.
Todo lo que vamos a ver está muy relacionado con
lo que hemos meditado en los dos domingos anteriores. Fundamentalmente, si
queremos buscar una conclusión de las dos domingos anteriores, podríamos
encontrarla diciendo ésto: que es verdad que la Navidad es un don de
Dios. Pero, también es cierto que la Navidad no es la Navidad del
consumo, la Navidad que aparece en la televisión, en las revistas, sino,
la Navidad de Dios es la alternativa de Dios para el mundo. Y entonces,
decíamos, es verdad que la Navidad de Dios es un don de Dios. Pero en el
mundo en que vivimos, la Navidad es también una tarea, un trabajo. A la
Navidad hay que buscarla, pelearla, encontrarla, porque si no, no se puede
celebrarla; a lo más, se pone en rito, es decir, todo aquello que
pertenece al folklore navideño, que podrá ser legítimo o no, pero, lo
que ciertamente es verdad, es que no es la Navidad de Dios. Es la Navidad
de los hombres. La. Navidad que, yo diría, puede ofrecer ciertas alegrías
y satisfacciones religiosas, entre comillas, pero que no es la Navidad de
Dios. El primer día decíamos: la Navidad es un misterio, que, recordando
el pasado, es decir, que hace dos mil años, en los suburbios de un pueblo
llamado Belén, Dios se hizo hombre o apareció en la historia, recordando
aquello, y pensando que en el horizonte de nuestras vidas y de la historia
misma está Dios, la gran. Navidad final; recordando aquello y esperando
lo otro, nos damos cuenta que hoy, Dios, también está llegando a la
historia de los hombres, está aflorando en la historia de los hombres,
está muchísimo más presente de lo que pensamos, incluso, más
intensamente presente en nosotros mismos de lo que nosotros mismos estamos
presentes en nuestras vidas. Hay que pelear la Navidad.
.
Bien, sobre la base de
aquellas seis lecturas, dos domingos, hoy encontramos estas tres. Vamos a
ver qué nos dicen, a sacar algún tipo de conclusión y después,
naturalmente, responsabilidad de cada uno es silenciar su corazón, tener
el coraje de meterse dentro, y ver qué es lo que Dios le susurra ahí, en
lo más íntimo de su ser.
La primer lectura, del profeta Isaías.
(Naturalmente, como hacemos siempre, traducimos a nuestra manera de hablar
el contenido de las lecturas bíblicas). El profeta Isaías toca un tema,
y por ese se eligió la lectura, muy interesante, y muy en serio. Toca el
tema de la alegría. Evidentemente, en Navidad vamos a estar contentos,
alegres pero. “ el problema es qué es la alegría y qué alegría
ofrece la Navidad. Lo primero que dice Isaías es esto: que la verdadera
alegría, es decir, que no es la alegría de estar contentos, pues el
estar contentos es un estado de ánimo, nada más, que tampoco es una
emoción, esa emoción por la cual decimos: estoy contento, estoy triste;
que tampoco es la satisfacción del tener, o del gozar, o ejercer poder, o
de tener prestigio, o de experimentar una buena salud, es decir, la, alegría
que no es todo eso lo puede suponer, pero no es eso; la alegría que es en
el fondo esa experiencia de saciedad, es decir, que la vida en el fondo,
me lo da todo, que no me debe nada y que yo no le debo nada a la vida
(cuando hablo de todo, no hablo de cositas, hablo del misterio de la
vida).
Esa alegría, que en alguna medida se confunde con
la paz, con la serenidad, con el equilibrio, con la sabiduría, con la
esperanza. Esa alegría, que es la alegría para la cual Dios nos ha
creado. La tristeza es una opción que hacemos nosotros, no es algo
querido por Dios. Esa alegría, dice Isaías, viene. de experimentar la
salvación. Decíamos que la alegría es saber que la vida será en
plenitud, hoy. La salvación, precisamente, es que la vida se dé en
plenitud, hoy. Salvamos de ser tontos, salvamos de auto engañamos,
salvarnos de cifrar nuestra alegría, nuestra. paz, nuestro futuro, en
seguridades inseguras, que nos van a traicionar, que van a generar
tristeza: la alegría verdadera viene -dice Isaías- de la experiencia de
la salvación. O sea, de la salvación -en cuanto concientizada, y en
cuanto aceptada. Se dan cuenta que no es la alegría del pan dulce o de la
sidra, que no es la alegría como fenómeno psicológico-social, es decir,
en un día feriado donde todo el mundo mutuamente se influye, nace un
clima de alegría, pero no es esa la alegría de la Navidad.
La alegría de la Navidad es la alegría de la
vida, es decir, es el sentirse vivir, en plenitud y eso nace en el
silencio del corazón, nace en la contemplación del pesebre y su mensaje,
nace en el silencio de la Nochebuena..., nace por otros caminos.
Y ésto es muy concreto, porque fíjense, Isaías
en su lenguaje decía: la salvación trae fuerza para los débiles, coraje
para los temerosos, libertad para. los oprimidos, capacidad de ver para
los que andan a oscuras, fortaleza para caminar a quienes están
bloqueados, deseosos de cantar para los tristes... lenguaje. Es decir, ¿qué
alegría vamos a ir a buscar en la Navidad? Los que estamos aquí, ¿estamos
saciados de la vida?, ¿experimentamos dimensiones existenciales que no
andan?, ¿estamos poniendo nuestra seguridad, o nuestra confianza, en
seguridades inseguras que nos van a traicionar?, ¿estamos haciendo hijos
o monstruos? ¿estamos construyendo un mundo mejor, o estamos poniendo el
granito de arena para la hecatombe?, la pareja, ¿se ama, o se usa? Es
decir, una serie de preguntas... ¿Necesitamos la salvación?
Era esa la primera pregunta del primer día.
Realmente, en el horizonte de nuestras vidas, ¿sentimos de algún modo la
necesidad de una Navidad?, ¿de que algo deba ser distinto en nuestras
vidas?, ¿nos sentimos defraudados por lo que somos?, porque si no se
parte de la Navidad buscando la salvación, evidentemente, ¿qué es lo
que se sale a buscar? La Navidad no es para los que están salvados, sino
para los dolientes que andan buscando ser mejores, ser felices, curar la
heridas superar los lastres, comprometerse con una sociedad mejor, etcétera,.
La alegría viene de la salvación, pero, en cuanto concientizada y en
cuanto aceptada.
La alegría de la Navidad no nace por arte de magia
el 24. Si hoy uno no hace la opción por la salvación, y descubre en esa
opción, el principio de la alegría, de la alegría que no se destruye
por el dolor, por la contradicción ni por la muerte, si uno no lo hace
hoy, el 24 no nace por arte de magia, porque las cosas más hondas de la
vida no se gestan como los mosquitos, en pocas horas, suponen ritmos
interiores del hombre. Por eso, un poco aludiendo a la frase final, o el
contexto del profeta Isaías, sería el tiempo de vivir el sacramento de
la penitencia,. ( Yo, cuando toco este tema, tiemblo, porque es el
sacramento llamado vulgarmente de la Confesión, es el sacramento en torno
al cual más se miente, se macanea y se deforma).
Sería el tiempo de vivir el sacramento de la
penitencia en el sentido en que lo explicaba, Paulo VI; la penitencia no
es un lavarropas espiritual. Confesarse. Ni tampoco es urguetear en la
vida del penitente. Celebrar el sacramento de la penitencia -decía Paulo
VI-, es celebrar desde nuestra miseria, desde nuestros pecados, desde
nuestros problemas, desde nuestras angustias, desde nuestras
frustraciones, desde nuestros miedos, desde nuestros temores, desde
nuestras inseguridades, desde allí, celebrar que, a pesar de toda esa
mugre, grande o pequeña mugre, pensar que desde. esa mugre es posible la
alegría, porque es Dios quien da la alegría, al ser Dios quien recrea en
nosotros, la vida que nuestras mugres deterioran.
Se puede llegar a la Navidad solamente así.
Ustedes dirán..., claro, este cura hoy se levantó... poético, y empieza
a poner las cosas difíciles. Yo no sé si es difícil o no, pero si uno
se vale del Evangelio, se encuentra con una gran paradoja: en aquella
Navidad de Belén, la mayor parte de la gente le importó un pepino de lo
que pasaba, y fue María, y fue José, y fue un grupo de gente pobre, los
pastores, y la gente que le importaba un pepino siguió. el curso de la
historia, no se hizo problema; pero la maravilla de la vida, del mundo, de
la creación, de la historia, la captaron esos pobres hombres, que
salieron a buscar, y... ¡cuidado!, porque el Evangelio no relata hechos
históricos, sino propone arquetipos humanos de obrar, las opciones de
Dios son desechadas por los hombres, salvo por los locos que parten a
buscarla y la encuentran, y que por encontrarla, precisamente, son
llamados locos por los demás.
El peor ateísmo no está en la calle, el peor ateísmo
está en las iglesias, donde se pronuncia el nombre de un Cristo en el
cual no se cree, cuyo Evangelio no nos importa, y cuya misión no nos
interesa; y cuya alternativa ante el mundo, ni la entendemos, ni la
buscamos, ni la proponemos. No es que sea difícil. Es que la alternativa
de la, vida, la vida, es una cosa de envergadura. Yo diría, es una
realidad de mucha envergadura.
La alegría de la Navidad. Pensemos mucho. No
separemos la vida de la fe. No separemos, o no confundamos, la alegría fácil
de los tres vasos de sidra, con la alegría profunda del hombre que
encuentra la vida; no transformemos la mesa de Nochebuena en un empacho, sino que sea como la tradicional fiesta judía de la pascua
donde se comía en familia, sí, pero para, recordar el gran misterio de
la vida y de la historia. Ustedes se acuerdan (y aún hoy, los judíos
piadosos lo siguen haciendo), la Pascua se comía de pie, no sentados. se
comía parado; se comían verduras hervidas con un poco de carne asada, y
nada más, es decir, livianito, queriendo indicar, ¿qué?: que se come
para caminar. Por eso no se sentaban, por eso no se llenaban; y en ese
comer para caminar, ellos veían la presencia de Dios Como la Eucaristía,
que es comer para caminar, no para salvar mi almita. Eso es una blasfemia.
Dios no vino para salvar mi almita.Dios vino a la historia de los hombres,
para ofrecer una alternativa humana a la historia de los hombres; y un
horizonte válido que dé sentido a la vida de todos y de cada hombre: la
alegría.
En la segunda lectura del Apostol Santiago (escrita
mucho tiempo después, y en otro contexto distinto y con otra mentalidad)
, a propósito de una cosa parecida, Santiago dice: “Y bueno, ¿cómo se
tendría que ubicar uno frente a la Navidad?”. Y dice Santiago, el
Apostol Santiago: “Primero, con una paciencia operante”. Porque,
miren, duele. Paciencia viene de padecer. Paciencia no es sentarse y
aguantar. eso es aguantar. Paciencia es esa actitud por la cual Yo acepto
lo doloroso de los procesos. Eso es la paciencia. Y es siempre activa, no
pasiva. Yo lo aguanto. El aguantar es pasivo. Lo aguanto. total va a estar
dos días, después se va. La paciencia operante es el padecer el dolor de
los procesos grandes de la vida, y amar ese dolor, esa distorsión
interior que produce la búsqueda de lo verdadero, de lo bueno y de lo
hennoso. Paciencia operante. Si uno no se ubica en esa dimensión, la
Navidad. . ., sí, va a ser muy lindo, porque.;. ¿quién no se emociona
ante un niño, un pesebre, la vaquita, todos, que cantan villancicos, ¿eh?,
se regalan cosas, todo el mundo contento, y es claro, como todo el mundo
está contento. .. pero ¡cuidado!: Eso no es Navidad.
Paciencia activa. Y dice además el Apóstol
Santiago: -y una decisión, un ánimo, la Navidad es una opción. Y que la
hago hoy, no el 24. En el fondo, yo me defino frente a la Navidad, y el
valor y el alcance de mi definición, lo veo después del 26. ¿Qué
quiere decir definirse?: me defino a ver si soy crstiano o no, porque si
la Navidad se me escapa, quiere decir que a mí, por más lindos
crucifijos que tenga, la persona Cristo no me importa, y la alternativa de
Dios Padre, el Evangelio, tampoco me importa. Si yo después, el 26, sigo
siendo tan cretino o tan mediocre, o tan más o menos humano, quiere decir
que la Navidad se me escapó de las manos, o, mejor dicho, yo le estuve
escapando a la Navidad. Es una opción. Si la envergadura y la calidad de
mi existencia personal y comunitaria ha crecido por un encuentro y por una
honda. experiencia de Cristo, entonces hubo Navidad. He optado por las
alternativas de Dios, si no, no. Aunque sea el Papa, aunque sea obispo, no
importa. No. En el fondo, uno se define.
Es decir, claro, uno siempre piensa, las
definiciones vienen frente a Dios. Si estuviera Dios, yo le digo: “Dios
mío, yo te amo, me juego por vos”. No, no, no... Esos son cuentos
chinos. Acá tenés la oportunidad, es la única, porque Dios, por ser
infinito, no se nos puede presentar si no es así. Y entonces, uno se
define, define todo, la calidad de su propia vida, define su horizonte, el
sentido de su pareja, la idiosincracia de su familia, su opción social,
política, económica, su hoy, su mañana, y su muerte.
Por eso termina diciendo: -Además de decisión
-dice el Apóstol Santiago-, además de paciencia activa, además de ánimo
y decisión, hay que estar realmente convencido de que Dios habla en
Cristo. La convicción. Dicho de una manera más bruta: si creemos que
Cristo es el Hijo de Dios o no; porque miren, ayer, hablando, hacíamos
una distinción: miren, que se puede creer en Dios sin creerle a Dios, con
lo cual uno es religioso, pero no es cristiano. O yo lo diría de una
manera más cruda: es religiosamente ateo. Porque la clave de la vida no
está en creer en Dios sino en creerle a Dios y en hacer” propias, mías,
las alternativas y los proyectos de Dios. Eso es el acto de la Fe
Cristiana. La convicción.
Antes de celebrar la Navidad, preguntémonos si
realmente vale la pena, si Cristo es realmente el Hijo de Dios, y si la
alternativa de Cristo es válida todavía. A lo mejor, no lo es.
El Evangelio, la tercera lectura. En el Evangelio
de hoy hay dos grupos de ideas: uno, que es el que está relacionado con
lo del profeta Isaías, el tema de la salvación que por eso lo dejamos; y
después, la segunda parte, donde Jesús les hace una especie de test a
los discípulos, a la gente que estaba con él; o sea, vinieron los amigos
de Juan el Bautista. Enmarquemos las cosas: Jesús todavía no había
empezado a predicar, estaba dando los primeros pasos. En el desierto, es
decir, más allá del río Jordán, del arroyito, en el desierto, que está
entre, diríamos, lo que hoy es Israel y la capital de Jordania, Juan, un
asceta, estaba predicando un montón de cosas. Entonces, Juan se da
cuenta. que Jesús es un personaje especial, y le manda algunos amigos
para que averigüen; y Jesús, a su vez, le manda algunos amigos a Juan.
En este momento, habían estado los discípulos de Juan, y se fueron (la.
gente, como siempre, mirando, ¿no? ), y entonces Jesús se la agarra con
la gente. Y les dice (y fíjense que las preguntas son válidas para la
Navidad, cambiando el personaje, en vez de Juan, Jesús), primero les
dice: -¿Qué fueron a ver al desierto?, ¿una. caña agitada por el
viento?, es decir, ustedes, ¿para qué fueron a ver a Juan el Bautista?
Para que les dijera que ustedes eran buenos... La caña agitada por el
viento, ¿no?.. Si el viento viene de allá, se inclina para acá. Si el
viento viene de acá,” se inclina para allá, ¿eh?.. Es como ese tipo
de gente, ¿no?, que, en su honda vocación política fueron radicales,
cuando estaban los radicales en el poder; fueron peronistas, cuando los
peronistas estaban en el poder; apoyaron a los militares, cuando los
militares estaban en el poder, es decir, tienen una gran vocación política,
¿.eh? Se van acomodando. No hay opciones. Van sacando la tajada de la
vida.
Jesús les dice: --Ustedes, ¿a qué fueron? .. ¿a
que Juan les diga que ustedes tienen razón? .. ¿pensaban que Juan es un
tipo que les iba a decir que sí?, -les dice-, ¿qué fueron a ver?, ¿a
un hombre vestido con refinamiento?.. Los que visten de esa manera, viven
en los palacios de los reyes. Ustedes fueron a ver a un teólogo, a un filósofo,
con tres títulos en la pared, con trajes de tela inglesa, que
sabiamente les iba a explicar el sentido de la, vida, la psicología...
porque estudió psicología el señor este... y todos los traumas, les
iba a explicar todo. ¿Ustedes fueron a ver eso? -les dice Jesús-.
No fueron, porque claro, si responden al primer caso, reconocen que no les
importa un pepino Dios, sino lo que quieren es que Dios esté de acuerdo
con uno. Si, al segundo- caso, le respondían a Jesús que si, están
reconociendo que, en el fondo, lo que es Juan el Bautista, es un psicólogo,
pero nada más. Y claro, los tipos se quedaron mudos. Y entonces, Jesús
les dice: -¿Qué fueron a ver, entonces?
Es como si hoy les dijeran: :-Díganme, ustedes,
¿qué van a ir a. buscar?, ¿qué Niño van a ir a buscar en la
Nochebuena del pesebre?, ¿un niñito con cara de mogólico, que no les
va a decir nada, o un niño de yeso, al cuel uno le puede meter un montón
de besitos? ¿A ese niñito? ¿O vamos a ir a. buscar a un niñito que
salva al mundo?. . ¿Qué vamos a ir a buscar? Porque miren que según lo
que uno va a buscar, encuentra, ¿eh?.. O sea, si uno va a buscar
estupidez, encuentra estupidez, pero no es de Dios.
¿Qué fueron a ver? Y Jesús les dice: -Tienen que
ir a buscar un profeta -les dice-, cuando vayan a ver a Juan vayan a
buscar a un profeta, es decir, vayan a buscar a alguien a través del cual
Dios está hablando, a través del cual emerge el proyecto de Dios sobre
ustedes, el sentido de la vida que Dios pensó para ustedes como
individuos y como comunidades,. vayan a buscar eso, porque es lo único
que van a encontrar. No van a encontrar a un tipo acomodaticio o a un psicólogo.
Y acá es lo mismo. ¿Qué Niño queremos ver en
Nochebuena?, ¿queremos ver al Hijo de Dios, o al niñito, nada más?, ¿queremos
solamente un simple niño que no tiene nada que decirnos, o sea, un niño
con un parche en la boca? -porque lógicamente, queremos un niño que no
nos rompa la comodidad, el conformismo, la cuenta de Banco, nada-, ¿o vamos
a ir a buscar al niño de los pesebres de la sociedad de consumo, el de
las bolitas de los árboles, las lucecitas que se prenden y se apagan, al
niño del folklore?
Preguntémonos qué vamos a ir a buscar al pesebre.
Porque miren, yo creo que para ir a buscar al niño mudo, o al niño
de consumo, yo, personalmente, no iría al pesebre, total... ¿para qué?..
Si eso no sirve para nada. No sirve absolutamente para nada. No
salva. O sea, que si uno lee el Evangelio, uno dice que tiene que ir a
buscar al profeta, es decir, a la palabra de Dios que está sonando ahí.
Por eso a Jesús se lo llamaba el Verbo Encarnado. Verbo quiere decir:
“Palabra”. Encarnada: ’hecha hombre”. A la palabra de Dios hecha
hombre. Para escucharla. Porque la Navidad se escucha, no se ve. Se
escucha. La Navidad es un sonido, no es una imagen. Hay que ir a
buscar al profeta, al Niño que nos trae el mensaje, el Evangelio, la
palabra, la salvación, la posibilidad de entrar en el Reino de Dios, que
no es otra cosa que el mundo visto por Dios, y que será plenificado por
Dios.
Por eso, a la Navidad debemos acercarnos con un
hondo deseo de vida. Acá se define si amamos la vida o no, si amamos el
mundo y la historia, y si en vez de quejarnos de quien sea, estamos
buscando soluciones mejores, porque si fuese que no buscamos nada,
recordemos que perdemos el derecho a criticar. .. Porque pueden criticar a
los que hacen algo por buscar soluciones mejores, porque el que no
se juega por un mundo mejor, pierde el derecho de quejarse del mundo en
que vive. Pierde el derecho. Se tiene que callar la boca.
Tres puntos de meditación, y termino. Los leo:
1. Ordenemos nuevamente nuestra vida interior y dejémonos
invadir por el espíritu de la Navidad, si es que amamos la alegría,
porque el don de la Navidad es el mensaje, y ese mensaje produce alegría.
2. Con paciencia y convicción continuemos viviendo
el Adviento en la oración, en la meditación del Evangelio, en la
contemplación. El que no hace inversión de tiempo y de silencio no va a
encontrar nada, porque si en la vida nada viene de arriba, tampoco en el
orden de la fe, nada viene de arriba. Y tratemos de vivir la reconciliación,
que supone el Sacramento de la Penitencia.
3. Ahondemos el deseo de que la Navidad traiga los
dones que Dios encierra en la Navidad. Recordemos un poquito esa imagen de
recién: la Navidad es un sonido, es una palabra; no se la mira, sino se
la escucha. Por eso, el que quiera encontrar la Navidad, que empiece
buscando un poco de silencio, porque esa palabra es como un susurro, suena
despacio.
Hagamos un silencio y una oración.
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Este cuarto domingo de Adviento, con estas tres
lecturas bíblicas que nos propone la Liturgia, son el último paso de la
meditación sobre la Navidad.
El primer domingo de Adviento decíamos que la
Navidad no aparece por arte de magia ni es un día. La Navidad es un
tiempo, y más que un tiempo, la Navidad es una actitud frente a la vida.
Celebrar la Navidad es celebrar nuestra actitud frente a la vida. Vista,
naturalmente, desde la óptica de la fe.
Estas tres lecturas bíblicas de hoy dicen muchas
cosas, y habría que relacionarlas con lo que hemos venido reflexionando
en los tres domingos anteriores, verlas en el horizonte hacia el cual veníamos
caminando. De todos modos, hay que ver esto: con esta reflexión de hoy,
concluimos la meditación sobre la Navidad. Meditación sobre la Navidad
que, como conclusión exige, o como consecuencia exige, definirnos frente
a lo que vamos a celebrar el 24 y el 25.
Vamos a dejar que nos hablen las lecturas bíblicas,
y después, qué conclusiones o pistas o pautas sacamos para nuestro
caminar.
La primera lectura, del profeta Isaías. Es una de
las profecías más claras del Antiguo Testamento acerca del Mesías. Pero
lo interesante es la reflexión que hace el profeta frente a la
inminencia, o sea la esperanza del Mesías (calculen que estamos moviéndonos
alrededor del siglo VII a.C.). Existe una esperanza mesiánica, como hoy
nosotros vivimos la esperanza de la Navidad. Pero, frente a esa esperanza
mesiánica, el profeta Isaías hace, fundamentalmente, tres precisiones,
que las hace precisamente en un diálogo con el rey Ajáz.
El rey de Israel, vamos a ver qué dice y vamos a
ver un poco el por qué de las palabras del rey Ajáz y del profeta Isaías.
( Yo lo traduzco a nuestra manera de hablar). La primera observación que
hace el profeta Isaías es esta: que no es bueno... no es
bueno...centrarse en las seguridades terrenas, que en sí pueden ser
buenas (seguridades terrenas son la salud, la, familia, la pareja, los
hijos, el trabajo, el prestigio, el dinero puesto para la liberación y el
crecimiento), todo eso son las seguridades terrenas. Que las necesitamos.
Pero -dice el profeta-, no es bueno centrarse en las seguridades terrenas
de modo tal, que sutilmente suplanten la confianza absoluta en Dios como
criterio fundamental de la existencia. Esto lo hace en el diálogo con Ajáz,
por esta razón: Ajáz era el rey de Israel, se supone que esperaba al Mesías,
pero el problema, era que Israel era un pequeño país que estaba entre
dos grandes potencias, de un lado Egipto y del otro Asiria. Los profetas
le habían ido predicando a Israel lo siguiente: -Miren, si ustedes
quieren subsistir como pueblo, busquen su identidad nacional, que está prácticamente
en la religión judía, -en el yavismo, en el culto a Yavé y en el templo
de Jerusalén.
Si ustedes son capaces -les decían los profetas-
de ahondar en eso que los define, ustedes nunca serán destruidos como
pueblo. O sea que, lo que los profetas pedían a Israel, era que Israel
fuera fiel a la alianza con Moisés. Pero, ¿qué sucede?: Ajáz, que era
rey, era político, quería hacer una alianza con Asiria, ¿por qué?,
porque tenía miedo de Egipto. Entonces, en vez de ahondar en, diríamos,
en aquello que era la columna vertebral del reino (que era el templo de
Jerusalem y la religión judía), Ajáz buscaba la protección del rey de
Asiría, de ahí la observación de Isaías: «Si ustedes empiezan a
confiar más -por ahí, dice, en otro lugar-, en las armas y en los carros
asirios, ustedes van a perder la sensibilidad para esperar al Mesías, y,
al mismo tiempo, al perder su identidad nacional, van a sucumbir como
pueblo.
Un siglo después, va a suceder eso, cuando
Nabucodonosor invada Palestina. Es decir, desaparecida Asiria como gran
potencia, emerge Babilonia o Persia, si lo queremos llamar, invade Persia
y desaparece el estado de Israel hasta nuestros días. O sea, las
seguridades de la vida, legítimas, pueden hacernos perder la exacta
dimensión de la confianza en Dios como opción fundamental de la
Existencia. y ésto es muy importante, porque frente al pesebre, uno puede
caer, o en lo folklórico (el pesebre, la vaquita, San José, los
pastores... además, con tres copas de sidra, cualquiera se pone
contento), o uno puede caer, sin llegar a esa, religiosidad que decíamos,
folklórica, en cierto tipo de religiosidad, que, en el fondo, no permite
que se manifieste la Navidad.
Y es la segunda observación que le hace Isaías a
Ajáz: “Cuidarnos en estos días de una religiosidad falsa, que dice
oraciones, pero no llega al fondo del corazón, ni impregna la vida del
hombre del misterio de la Navidad”, porque recordemos lo dicho que la
Navidad, en algo es recuerdo del pasado, de la Navidad de hace dos mil años,
en algo es esperanza del futuro, de la Navidad final o manifestación de
Dios al final de nuestras vidas o al final de la historia de los hombres;
en algo es ambas cosas, pero fundamentalmente es celebración del
presente. Es decir, que si dejamos que así como un día Dios,
absolutamente incomprensible, el totalmente Otro, el que se nos escapa
porque está mucho más allá de las posibilidades humanas, así como un día
Dios se manifestó en Jesús, ver si hoy Dios se puede manifestar en cada
uno de nosotros.
Esa, es la Navidad. Y
lo que no sea eso, es folklore religioso de Occidente. Y esto, Isaías lo
dice porque Ajáz, frente al ataque de Isaías. . . Isaías le dice:
“Bueno, si no tienes fuerza para vencer la tentación de aliarte con
Asiria, pídele a Dios que te ayude”. Entonces Ajáz le responde: “No,
yo no voy tentar a Dios”. Pronuncia una oración Ajáz: “No pediré
nada y no tentaré al Señor”, como diciendo: ¿cómo le voy a pedir al
Señor que me cambie el corazón frente a una situación tan difícil y
que sé que no voy a cambiar?, o sea una oración falsa,. Cuando hablo de
falso, no hablo de responsabilidad moral, es decir, que la persona tenga
filosofía falsa o tenga ánimo de falsedad. Podríamos utilizar otra
palabra, diciendo que es una oración que es mentira. Que es mentira. Es
decir, que no es una oración. Porque no todo lo que se pronuncia con los
labios es una oración.
A veces, las oraciones que decimos no son otra cosa que diálogos
o monólogos con nosotros mismos. Como muchas veces nuestra ubicación
frente a Dios es la ubicación frente a un espejo en el cual nos
reflejamos nosotros mismos, y, adorando a Dios, en el fondo, nos estamos
adorando a nosotros mismos, porque nos hemos hecho un Dios que, en último
término, no es sino la proyección de nuestros deseos y también de
nuestros egoísmos. Por lo tanto, jugamos continuamente en la mentira.
Inconscientemente, es lógico.
O sea, cuidarnos de una religiosidad falsa.. Yo
creo que es mucho más auténtico, si uno no se preparó para la Navidad,
callarse la boca y no orar en Navidad; y no querer orar falsamente sin que
esa oración tenga calidad, tenga envergadura y tenga profundidad. Mejor
callarse la boca, y mirar al Niño sin decir nada, porque fíjense, el
Adviento está para eso, y la Navidad es algo que se conquista no se
improvisa en 24 horas, y que si no se conquistó a lo largo del proceso
del Adviento, por arte de magia no viene, que Dios no se da a los
perezosos. Lo dice Jesús en el Evangelio: se le da al que pide, Se le
abre al que golpea. Solamente... hay una frase, yo no sé si ustedes
recuerdan, de Jesús, donde dice: “solamente los violentos llegan al
Reino de los Cielos”. Y no se refieren a la violencia física,
SIno al que vive la violencia de una existencia intensa, esos, llegan al
Reino de los Cielos, esos celebran la Navidad.
Y la tercera observación del profeta Isaías,
cuando evidentemente Ajáz se queda sin palabras, porque le denunciaron
que la alianza con Asiría era un acto de idolatría, cuando le dijeron
que su oración era una mentira, Ajáz se quedó sin argumento. Y entonces
Isaías le dice: “Mira, Ajáz, para entenderlo a Dios tienes que
abandonar tu lógica humana, y tienes que ubicarte en la lógica de Dios,
que muchas veces hace que la sensatez de Dios sea lo absurdo o lo loco
”para nosotros”’. Y entonces Isaías le dice a Ajáz: -Mira Ajáz,
“ Dios va a poner un signo en Israel, y ese signo va a ser que una
virgen va dar a luz un niño.
Primero, que una virgen dé a luz un niño es un
absurdo, y mucho más en Israel, donde la virginidad o la esterilidad, no
tener .un hijo, era una maldición como diciéndole a Ajáz: .. Ajáz, te
tienes que sumergir al absurdo que Dios propone, porque los caminos de
Dios no son como los caminos de los hombres. Y ésto, relacionado con la
Navidad, nos tiene que llamar la atención, porque la Navidad válida es
la Navidad según Dios, no según nuestra cultura religiosa occidental.
Porque ustedes saben que probablemente, el 25, van a brindar por la
Navidad los judíos, los musulmanes, los ateos, todos. Porque estamos
sumergidos dentro de una cultura que fue cristiana, estamos en una época
post-cristiana, y que todavía conserva una serie de elementos. Los Niñitos
Jesús se mercantilizan. Ustedes vean la televisión: para vender el dulce
de leche tal, en estos días, le presentan al Niño. Se dan cuenta que eso
no es el Evangelio. Eso es el signo del ocaso de la moral occidental,
cristiana occidental, que debe replantearse.
Y le dice Isaías, como dándole el último toque a
Ajáz: Una virgen va a dar a luz un niño, pero ese niño se va a llamar
Emmanuel”, el nombre nuestro Manuel, habitual, que quiere decir: “Dios
con nosotros”. Claro, nosotros estamos acostumbrados a esto, pero a Ajáz
le debió parecer una monstruosidad, porque ellos tenían un sentido de
transcendencia tremendo y decir que Dios estaba en medio nuestro, era una
blasfemia. Ustedes saben que eran tan cuidadosos del sentido de la
transcendencia de Dios (que Dios está más allá de todo), que ni
siquiera pronunciaban el nombre de Yavé. En vez de decir Yavé, decían
el tetragrama: las cuatro letras. (Y griega, a, v corta, e). Para no
pronunciar el nombre de Dios, porque Dios es lo que está totalmente
lejano. Y decirle al rey, que piensa así, como piensa todo su pueblo, que
el niño se va a llamar. .. no solo que una virgen. .. una... una... una
marginada va a dar a luz un niño, en el absurdo, sino además que ese niño
se va a llamar Dios con nosotros”, es casi una blasfemia para un judío.
O sea, mirémonos, porque la Navidad la debemos
vivir según Dios, que tiene su ritmo, su camino, su metodología, su
horizonte. Por eso, la Navidad no es tanto gritar nosotros, sino
silenciarnos para que Dios pueda pronunciar su palabra, que no es una
palabra conceptual, como yo digo ahora “puerta”, un concepto, sino que
es una palabra viva, es una presencia, es una experiencia. Porque si la
celebramos al estilo nuestro, realmente, no sólo no agrada a Dios, sino
que no sirve absolutamente para nada. Pasemos a la segunda lectura. En la
segunda lectura, San Pablo dice esto: -Recién hablábamos, comentando al
profeta Isaías, que Dios es lo totalmente Otro, que esto es una idea muy
honda, que está en la descripción de Dios. O sea que, a Dios no lo
podemos imaginar, no lo podemos conceptualizar. El esfuerzo de las
religiones no llega a. Dios; es un buen esfuerzo para expresarlea Dios el
amor, la veneración, lo que sea, pero es obra de los hombres; porque Dios
está más allá de toda posibilidad humana; Dios es lo absolutament
diferente (lo solemos decir como “lo
infinito”), lo que no es limitado, como lo todopoderoso, es
decir, lo que no tiene límite en plenitud); bien, dice San Pablo: “Si
el problema fuera que nosotros tuviéramos que ir a Dios, estaríamos
bloqueados, porque es imposible llegar a Dios. Es posible hablar de
Dios, es posible rezar, pero llegar a Dios es imposible. ‘Pero la
‘gran bondad de Dios ha hecho lo que es imposiblepara nosotros, Dios lo
asume,y, entonces, Dios viene al encuentro. Porque el único encuentro
posible del hombre con Dios se da, si es Dios quien viene. Porque por más
que nosotros queramos ir, no podríamos ‘llegar”, Entonces dice San
Pablo: “Dios se manfiestó en Jesús. En Jesús. De modo tal -la
consecuencia que inmediatamente saca él- sólo se llega a Dios a través
de Jesús.
Ustedes dirán: “¡Valiente noticia! Lo sabemos
desde chicos”. No tan valiente noticia, porque no se llega, a Dios a
través de cualquier Jesús. Ciertamente no a través ‘del Jesús de las
estampitas, ¿no?.., que si sale rubio, de ojos celestes; que si tiene
barba es Jesús, y si no tiene barba es Santa Teresita. No, no, no... No
el Jesús de las estampitas, no el Jesús de los pesebres del consumo; Es
el Jesús del Evangelio. O sea, tenemos acceso a Dios en Jesús, en cuanto
Jesús ha sido meditado, profundizado, integrado y elegido, no a través
de un Jesús proclamado con los labios. ¿Es válida una oración. a través
de un Jesús no profundizado? Yo diría: -Es válida como” deseo
de expresión humana; pero no es válida como encuentro con Dios. Por eso,
‘una fe sin Evangelio es una aberración, y en el fondo, muchos de
nosotros somos idólatras, porque adoramos un ídolo que tiene el nombre
de Jesucristo, pero que lo hemos hecho nosotros, y por ser obra de manos
humanas, como dice la Carta a los Hebreos, es un ídolo, aunque le
pongamos el nombre de Jesús.
En Jesús encontramos el acceso a Dios. Jesús decía:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, Por eso, la Navidad es válida,
si uno, frente al pesebre, descubre al Cristo del Evangelio hondamente
meditado, leído, releído, rumiado, interpelado, cuestionado, rezongado.
Cuando Dios, venciendo nuestras resistencias, ha ido modelando nuestro
corazón según la metodología existencial del Evangelio, según el corazón
de Jesús. Decía San Pablo en la Carta a los Filipenses: “Cristiano es
el que tiene los sentimientos de Cristo, no el que pronuncia el nombre de
Jesús.
O sea, la Navidad la
celebra el que descubre a Jesús: hijo de Dios; y, descubriendo a Jesús
hijo de. Díos, le dice “sí”, y siente en lo hondo de su vida, que así
como un día el ángel fecundó a María, Dios lo. fecunda a uno, y de uno
nace algo grande. Ahí hay Navidad. Ahí hay Nacimiento. Ahí se dio el,
Misterio.
Ustedes dirán: “Claro, todo esto es tan; tan difícil
que nadie lo vive”. Es que es la interpelación de la historia. En la
primera Navidad, la mayoría de la gente se negó a celebrar la Navidad.
Al fin y al cabo, María y José tuvieron que ir al campo y tener familia
en un establo. Y la gente que fue a mirar al Niño, fueron los pastores
(es decir que, socialmente, en aquel entonces, eran el último estrato de
los marginados, total, no tenían nada. que perder), y fueron a verlo los
ateos, es decir, esos tres sabios, a los cuales llamamos magos, que
vinieron peregrinando, es curioso: los sabios y los pobres encontraron la
Navidad. El resto de la gente en Belén siguió yendo a la sinagoga y
rezando, pero no se daban cuenta que estaban rezando al Dios del Cielo,
cuando Dios estaba en la Tierra. O sea, no nos asombremos, el misterio de
la Navidad siempre será -hay una idea bíblica que lo expresa-, será
quizá pequeño... la idea bíblica es: “el resto de Israel”. El resto
fiel. O sea, todo el mundo va. proclamando el nombre de Dios, pero sólo
un resto va poniendo sus vidas al servicio del Reino de Dios, para
construir el mundo, segun Dios. Sólo el resto. Y de ellos es el Reino de
los Cielos. Ustedes recuerdan las bienaventuranzas: -El Reino de los
Cielos no lo logran los políticos; los economistas, los sociólogos, los
profesores... No es que su valor, que su tarea no valga.. Vale mucho..
Pero si lo logran, en todo caso, lo logran no como políticos, no como
sociólogos, no como economistas, no como profesores. Lo logran como
pobres, como misericordiosos, como de corazón manso, como gente capaz de
llorar, como gente que se juega por la justicia. Las bienaventuranzas.
En la tercera
lectura aparece el relato de las dudas de José, y un poco se lee porque
en María y en José se tipifica la actitud frente a la Navidad, que es,
primero, escuchar la voz del Angel (ustedes saben que la palabra “ángel”
acá no se refiere tanto a la persona, sino a la voz de Dios. Como los judíos
tenían tanto respeto a Dios, nunca Dios les hablaba directamente, siempre
lo tenía que hacer a través de un intermediario, porque nadie puede ver a. Dios u oír a Dios sin
morir, dice el libro del Exodo). Primero, escuchar la voz de Dios; por eso
yo les decía: “La primera actitud de la Navidad es la actitud del
silencio interior. Y si no hay silencio interior, nos divertiremos a lo
loco, pero la vida
pasará a nuestro costado. Y que la vida pase a nuestro costado es
grave”. Hay una frase de la Escritura que dice: Tengo miedo del Señor
que pasa”, porque no
sé si vuelve... y a lo mejor lo dejo pasar... y no sé si vuelve. Y si no
vuelve, mi vida; ¿qué sentido tiene?
‘
Primero, que Dios pueda pronunciar su palabra, y
pueda decimos LA PALABRA, la dirigida a cada uno. En segundo lugar, vencer
el miedo. Tanto María como José tenían miedo. Y es evidente que cuando
entra en lo profundo de la vida tiene miedo. Uno tiene miedo cuando espera
el primer hijo (está la alegría, pero está el miedo), tiene miedo
cuando se casa, tiene miedo cuando se enferma, tiene miedo a lo
desconocido. Sin embargo, hay que vencer el miedo y también a Dios, no
diría a Dios, al misterio presente y vivo de Dios en nuestras vidas y en
la historia le tenemos miedo. Miedo, no tanto porque Dios sea malo, sino
miedo por lo que Dios puede pedir, por lo que puede significar decirle
“sí” a Dios.
En alguna oportunidad, yo les decía, en tono de
chiste, ¿no?, hay gente que le dice a Jesús: “Señor, conviérteme”.
Pero en silencio sigue la oración, “pero no te la tomés en serio, ¿no?”.
El miedo de lo que Dios puede obrar en nuestras vidas.
O sea, la primera actitud frente a la Navidad será
el silencio, pero la segunda, vencer el miedo. Porque el miedo se opone a
la fe, a la confianza. Y lo tercero, decir que sí.
Porque estuvo el “sí” de María, el Espíritu
Santo pudo hacer entrar la palabra de Dios en el Mundo. Porque estuvo el
“sí” de José pudo darse Belén. Y por el “sí” de muchos más,
por el “sí” de Cristo en la Cruz, por el “sí” de los Apóstoles,
cuando, abandonándolo todo, partieron a esa gran quijotada que era
predicar que Dios había entrado realmente en la historia de los hombres.
Silencio. Vencer el miedo. Y decir que sí.
Y si uno logra esto, está toda la síntesis, no sólo
la fe, sino de la vida, porque la fe y la vida no se separan: son dos
matices de una misma realidad.
Ser creyente no significa decir: “Creo en
Dios”, sino, ser creyente significa orientar toda mi existencia en función
de un horizonte, al cual voy, y de una responsabilidad que hoy tengo:
construir el mundo.
Lo más triste en la vida de un hombre o de una
mujer es ir caminando hacia ningún lado. Es terrible.Y en la Navidad
encontramos la síntesis; por eso, la Navidad es un llamado a la
autenticidad de la fe. IOjo! “Autenticidad”. No “espontaneidad”,
¡eh? Porque la espontaneidad puede ser inauténtica. Porque pueden jugar
muchos mecanismos egoístas que pertenecen al nivel del subconsciente o
del inconsciente. Auténtico. Recuperar una fe profunda. No nos quedamos
en la periferia de la Navidad. Y una fe y una celebración que tenga
CALIDAD.
Estamos en un mundo que tiene como llave de su
drama. el haber perdido la calidad de la vida -La calidad de la vida-.
Buscamos—‘cantidad- de vida, nada más, tener cosas, empacharnos de
placeres. Pero nuestra sociedad menosprecia la calidad. Se busca tener
cantidad de poder para gobernar, pero no la calidad para guiar. Y la
Navidad no es una cuestión de cantidad, es una cuestión de calidad.
Todo esto hay que pensarlo mucho.Yo les ponía ahí
una serie de pautas para continuar esta reflexión en el contexto personal
de la vida de cada uno, se las leo, sencillamente:
l. Con el Evangelio en la mano meditemos las
actitudes de José y de María en la primera Navidad, y tratemos de
descubrir en si no hay un “sí”, quizás lleno de
incertidumbre, pero si no se da ese si, no hay un “sí”, quizás
lleno de incertidumbre, pero si no se da ese ”si” no hay Navidad según
Dios.
2. Miremos hasta dónde
nuestro corazón está centrado en Cristo y lo ama. En el fondo; aunque
nos duela (y yo lo tengo que hacer, aunque sea, sacerdote), volver a
preguntarme: ¿Soy cristiano?; ¿soy cristiano? Preguntémonos hasta donde
nuestro corazón está asentado en Cristo, el Evangelio, etc., y lo elige
como valor, lo ama.
3. Preguntémonos qué hacemos para que los ‘hombres conozcan a Jesús,
el Hijo de Dios.
El sentido de esta pregunta es esto: el mejor test
para saber si uno es cristiano, es preguntarse si uno tiene la necesidad
de transmitir el mensaje cristiano. Porque si uno no siente la necesidad
de transmitir nada, quiere decir que él no lo descubrió. Es como
en el colectivo: si a mí me pisan el callo, grito; pero si, no me lo
pisan, no grito. El “grito’” del testimonio cristiano nace cuando
hemos encontrado a Cristo. Y si no sentimos nada, quiere decir que no lo
hemos encontrado.
4. Cuestionémonos si todo, nuestro ser y nuestro
obrar están inspirados en Jesucristo. No hablemos del obrar moral: si soy
fiel, si soy infiel a mi esposa, si no les pego a los nenes... No.
Hablemos del gran obrar moral: “Qué hago con lar vida. En qué utilizo
los días de mi vida. .. las horas de mi vida. En qué utilizo mi dinero.
En qué gasto mi salud. Mis vacaciones ( para los turistas) ¿en qué las
invierto?” Por lo que decíamos el otro día: “¡Qué estupendo sería
si invirtiéramos la vida, con el mismo interés con que invertiínos los
dólares!”, Porque nuestro ser y nuestro ‘Obrar, si están inspirados
en Cristo, o no, nace del cómo usamos el don de la vida: Nace de ahí.
Si los alimentamos en la comunidad cristiana ( aca
somos, claro, de varias parroquias, ¿o nuestras parroquias son sociedades
anónimas de provecho religioso?, que ciertamente, entonces, no son lo que
‘Cristo” quiso) .
Y lo último, si
realmente el mundo puede agradecernos que vivamos .
Bueno, de acá en más
todo pertenece a nuestra reflexión personal.
Hagamos ahora unos breves minutos de reflexión
en silencio.
MISA DE NOCHEBUENA
Vamos a tratar de
penetrar juntos en el sentido, en el
misterio, en la realidad de esta Nochebuena. La Nochebuena, a. diferencia
de las demás noches del año que sencillamente son noches; y este nombre
de Nochebuena tiene un gran significado, porque la noche siempre es el
signo del miedo, de lo que no se ve, de lo que se teme. Temen la noche los
navegantes, temen la noche los enfermos, tienen miedo a la noche los que
están agobiados por problemas. La noche es un poco la contraposición de
la luz, y sin embargo esta noche es buena. Nuestra reflexión tiene que ir
a descubrir por qué esta noche es buena, yo diría. de una manera muy
seria, de una manera muy adulta” entendiendo que la celebracion de la
Nochebuena es un desafío... es una responsabilidad. .. es una tarea, si
es que realmente uno quiere llegar al pesebre.
La Liturgia pone nueve lecturas, en la guía
parroquial tienen las ideas. Yo voy a organizar, o diríamos a. organizar
todas esas ideas, y a guiar la reflexión de ustedes hacia el pesebre.
El día de Navidad, decimos, nació el Hijo de
Dios. El Evangelio lo llama a ese Hijo de Dios, el Verbo de Dios. Verbo
quiere decir palabra. Quiere decir que Dios, que es el inaccesible, el que
está más allá de todo razonamiento, aquel acerca del cual ninguna
palabra humana puede decir con verdad lo que es o quién es. En un momento
de la historia Dios habló. Esto lo hemos escuchado muchas veces, que Dios
habló,y a veces abusamos de esa palabra, de que Dios habló. Es verdad,
Dios,habló, pero habló, no pronunciando un concepto, como lo estoy
haciendo yo ahora, que pronunció conceptos, sino habló con un gesto. Del
mismo modo como el gesto de tener apoyada la cabeza puede ser
un gesto de concentración o este gesto así, puede ser “váyase’”
o “venga”. Dios no habló con una palabra hablada porque Dios no puede
hablar así, Dios habló con la palabra gesticulada y puso un gesto. Y ese
gesto es Jesús.
Jesús es una palabra.. Pero cuando decimos que Jesús
es la palabra de Dios no podemos quedarnos mirando al Niño sino tenemos
que ir al sentido, al contenido de esa palabra, porque todo gesto es gesto
porque dice algo, toda palabra es palabra porque dice algo, porque expresa
algo, porque busca una comunicación, una comunión. Es decir, en Jesús,
Dios nos dijo su palabra porque quería decirnos algo. ¿Y qué es lo que
en esa noche, Dios comenzaba a pronunciar? ¿Qué sentido tenía esa
palabra?: Quería hablarnos de nosotros mismos.
Dios no se hizo hombre para hablarnos de El, sino
para hablarnos de nosotros. Porque la historia del hombre, qué otra cosa
era sino una larga búsqueda del sentido del hombre y de la historia que
continúa. Seamos sinceros cuando abrimos el diario en estos días, qué
mundo tan complejo, qué es lo válido, qué pasa, adónde vamos; y en el
orden individual, las grandes preguntas: ¿Y la vida? ¿Y la muerte? ¿ Y
el dolor? ¿ Y el futuro? ¿Y qué es lo que vale la pena? Dios venía a
hablarnos de nosotros mismos. En Jesús Dios quería y quiere
decirnos quiénes somos, dónde vamos, qué podemos hacer. Por eso fíjense,
cuando yo al comienzo les insistía en el silencio, no era porque molesten
los ruidos, sino porque el gesto típico de la Navidad, el acto de la
adoración de la Navidad, no es arrodillarse, no es hacer la señal de la
cruz sino que el acto cristiano de la Navidad es el silencio. El silencio
frente a la palabra de Dios. Porque sólo desde el silencio es posible
descubrir a Dios, descubrir al Niño del pesebre, y en el Niño del
pesebre descubrir lo que Dios nos dice sobre nosotros mismos. Fíjense, así
como hay gente que recurre al grafólogo, al astrólogo o al sicólogo
para conocerse, los que tenemos fe en Dios, que se manifestó en Cristo,
recurrimos al pesebre.
Y ahí está la Navidad. Dios, porque nosotros
estamos en silencio, pronuncia una palabra. Y esto lo recalca el
Evangelio, ustedes saben que el Evangelio hay que leerlo al estilo hebreo,
¿por qué Jesús no nace en la ciudad?, porque la ciudad es el lugar del
ruido, Jesús nace afuera, en el campo, en el silencio de la noche; y los
amantes del silencio, los pastores, esos sabios estudiosos que vienen
luego, los amantes del silencio, son los primeros cristianos. ¿Qué nos
dice Dios?
En primer lugar nos dice que somos hijos suyos y
uno puede decir: ya lo sabemos. ¿Y lo sabemos? ¿que es ser Híjo de
Dios? Porque no se trata de ser Hijo de Dios por la naturaleza, es decir,
porque Dios creó el mundo, porque Dios guía la transmisión de los genes
humanos, porque Dios obra con los esposos en el acto conyugal. No, no,
Dios no es Padre nuestro por eso. Dios es Padre nuestro porque nos ofrece
su paternidad. A nosotros que estamos en silencio, doloridos por la vida,
angustiados por las cosas, nos dice si queremos ser sus hijos, y ¿qué
significa ser Hijo de Dios? Ser Hijo de Dios significa (es una imagen
utilizada por el Evangelio y por San Pablo) significa que en el fondo la
vida de Dios es patrimonio nuestro y que los designios de Dios son
nuestros designios y que amamos lo que El ama, y que su vida y su plenitud
es nuestra, no solamente como promesa de futuro en la eternidad. Hoy. Y
que si somos pobres, desgraciados, tristes, complicados, rebuscados,
tortuosos, es porque no tenemos vida, no hay nada que nos alimente. Ser
Hijo de Dios es eso, no es algo que Dios impone, es decir, no es Dios solo
quien nos elige a nosotros como hijos, sino que esa alternativa la ofrece,
pero debe darse también la opción: yo quiero que El sea mi Padre, y para
eso su opción debe ser la mía; y todo esto lo dice a través de un
contexto muy expresivo, en el pesebre; cómo ser hijos de Dios no
significa el triunfalismo de decir.: “Ah, Dios me. salva”, sino
significa la gran tarea de hacer la vida y de hacer la historia, en todos
sus niveles, porque Dios creó el mundo para hacer historia, no
sencillamente para que vivamos; al infierno no van sólo los que se portan
mal, al infierno van los que pasaron por el mundo sin pena ni gloria, los
inservibles, los inútiles, los egoístas, los que se quedaron solo en la
emoción vital, pero no se hicieron la pregunta por la vida. Por eso Jesús,
nacido fuera de la ciudad, allí donde están los pastores, gente
marginada, nos habla de que, esta perspectiva de la vida se capta
solamente con una actitud de honda humildad. Jesús nació en un pesebre
con olor a bosta, no podemos olvidar eso. Era un pesebre muy feo, muy
sucio.
Nació en la humildad total. Mientras uno no
descubra la humildad y la sencillez de Dios, uno no va a descubrir qué
significa ser hijo suyo y no se va a descubrir uno mismo; y humildad en el
sentido más hondo del término. Humildad no significa desconocer los
valores. Humildad significa amor a la verdad, a lo verdadero. Por eso, el
primer pecado del hombre es la mentira, el más grave de los pecados. Y el
mentirse a sí mismo. La humildad, el silencio de sus caminos, el nacer
fuera de la ciudad indica también que Dios no corre por los caminos de
los hombres, por las culturas humanas. Hay una Navidad de consumo. Ayer leía
en un diario la propaganda de una fiesta que va a haber en Buenos Aires, y
el título decía: “Celebración profana, de la Navidad”. Y me pareció
muy honesto que lo diga, porque esta es la Navidad del consumo, que es
profana. Fíjense que en Belén celebraban y esperaban la venida del Mesías,
pero Jesús pasó de largo frente a aquellos que lo estaban esperando.
Los caminos de Dios no son los caminos de los
hombres y yo diría, la concepción de la vida que trae Jesús no es la
concepción de la vida que trae la cultura de los hombres. Es el
Evangelio. Por eso no basta la, humildad, sino también seguir esos
caminos silenciosos de Dios, tener corazón simple. Los simples
captan a Dios. Simple no quiere decir tonto, sino el que se queda con lo
auténticamente válido, el que no juega con las chucherías de la vida,
el que no quema las horas, como si él fuera dueño de la vida,
olvidandoque le está robando el tiempo a Dios, porque Dios nos creó para
una tarea, para una misión, para construir.
Los simples, María, José, los pastores, los
magos, todo el espíritu de las bienaventuranzas, los pobres, los que aman
la paz, los mansos, los que se juegan
por la justicia, los que lloran porque sienten que les falta algo, los que
tienen un corazón misericordioso. O sea, Jesús nace así, hablando de la
humildad, de los caminos silenciosos de Dios, de la simplicidad, y de que
vivir es una tarea. Eso Lo dicen Simeón, y Ana, cuando Jesús es
presentado al templo: una tarea, la vida es un caminar, es un trabajar.
Por eso la vida de Jesús fue como fue, por eso Jesús murió en una cruz.
No olvidemos al mirar el pesebre que ese Niño nació para ser
crucificado. También nació para ser resucitado por el Espíritu, es
verdad, pero primero para ser crucificado; ¡qué curioso!, no nació para
vivir, nació para ir dando la vida. Ser hijo de Dios es eso: nacer y
vivir para ir dando la vida. Es ir dando la vida en la construcción del
mundo, según Dios, un mundo humano. y en la construcción del mundo
definitivo que será ese mundo humano, más lo que Dios ponga., que eso es
el Reino de Dios.
Una misión que es Cruz, lo dijeron Ana y Simeón:
“este Niño va a sufrir mucho, pero va a sufrir, no con tristezas, sino
con la alegría del grano de trigo que se pudre para que nazca la
planta”. Por eso, en alguna, medida, en la Navidad tenemos la definición
de la vida: es el amor. El Amor -Jesús lo dijo-: “No hay amor más
grande que dar la vida por los amigos”. Vive auténticamente, según
Dios, el que hace de su vida un acto de amor. Lo cual, fíjense, no
significa nada pegajoso, el amor significa la opción por lo bueno, por lo
bueno de los demás, de la vida, del mundo, pero por lo bueno, no por lo
que me conviene. Por lo bueno. Aunque para mí signifique vaciedad, aunque
para mí signifique a lo mejor oscuridad, aunque para mí signifique
pobreza, la opción es por lo bueno. “Pasó haciendo el bien”. Qué
bueno si cuando muramos dijeran de nosotros solamente eso: ‘Gracias por
haber vivido”. Que agradezcan que hayamos vivido.
El amor a lo bueno. El amor a lo verdadero, a lo
consistente, a lo sólido: No sólo a lo bueno. A lo consistente, a lo sólido.
No a las cosas que pueden ser muy bonitas, pero que no tienen futuro,
porque son inconsistentes. La vida... la vida se define en la eternidad,
si uno fue eligiendo los valores consistentes, porque la vida eterna, no
es sino la planificación de los valores absolutos que el hombre tiene en
su mano: el amor, la justicia, la paz, la alegría, consumados y
planificados por Dios. El amor a lo verdadero. Cuántas veces vivimos de
la mentira.
La Navidad es un llamado a que renunciemos a la
mentira, no solamente a lo malo. A la mentira. Porque el que miente no es
de Dios, y el amor a lo bello, a lo hermoso, cosa que pocas veces solemos
nosotros analizar. El amor a las cosas bellas, el amor a la naturaleza, el
amor a un sonido hermoso, la amistad vivida en el sentido más hondo, el
amor conyugal, los hijos en el sentido pero super mayúsculo del término,
lo hermoso, lo bello, que es en el fondo la gloria que cantan los
pastores, cantan en el fondo esa alegría de que Dios les ha
manifestado que el amor es la definición de la vida y que el amar es la
opción por lo bueno, lo verdadero Y lo hermoso,
aunque sufra dolor y persecución porque está la sombra de Herodes
que aparece en el Evangelio. Aunque signifique a veces sentirse extranjero
en su propia familia, en su trabajo, en su barrio, donde sea; la persecución
y la huida a Egipto
En el fondo, Jesús, .,. estos no son sencillamente
relatos históricos para consumo de almas aspiadosas, son palabras de Dios
que traen una interpelación: Jesús va a ser un exiliado, un peregrino,
un hombre sin patria, pero no porque El quiera ser así, sino porque la
opción que El hace por ser Hijo de Dios lo convierte en un exiliado y en
un incomprendido. Miren que muchas veces nuestra mediocridad cristiana nos
las provocamos unos a los otros, ahogamos, ahogamos, por el respeto
humano, por la vergüenza, por la superficialidad de la fe, ahogamos entre
nosotros, la envergadura de la vida. Y por miedo de no ser peregrinos a
veces en nuestro propio hogar, sucumbimos en el camino, y yo diría, de nómades
que caminan a la eternidad nos transformamos en sedentarios de esta
sociedad que no salva. Ciertamente, no salva.
Fíjense, o sea, el sentido nuestro. Dios nos
llama, ser hijos de Dios significa ser hijos de la vida, vivir, ya con un
horizonte eterno, abosluto, donde ya Hoy está viviendo la
eternidad comenzada, porqueDias que es vida, es mi Padre, y yo heredo los
bienes de mi Padre. y heredo la eternidad, la plenitud, el bien, todo.
Pero eso, lo tengo que ir eligiendo y para eso el Dios, Padre en
Jesús nos muestra una serie de características que son
absolutamente necesarias: la humildad, el silencio, la. simplicidad, la
responsabilidad frente a la vida. la capacidad de donación, de amor, la búsqueda
y el amor a lo bueno, lo verdadero, lo bello, el saber asumir el dolor,
lal persecución, el sentirse peregrino o a contrapelo del mundo. Fíjense
que la Navidad no es un capricho de Dios, sino
es la respuesta a lo que nosotros vivimos.
Naturalmente en el
esquema que ahora tiene el culto cristiano uno no puede dialogar en la
homilía, pero quién de ustedes si nos pusiéramos a dialogar, no tiene
en el haber de su vida grandes preguntas, no tiene grandes dolores, no
tiene quizás también grandes pecados, y en esas preguntas, en esos
dolores y en esos pecados experimenta la gran orientación de la vida, la
gran limitación de la vida, se siente en alguna medida morir. La Navidad
es la respuesta a eso, porque Dios me viene a mí, a todos, me viene a
consolar y salvar mis pecados.
Por eso la Navidad es una fiesta de salvación, de
salvar la vida hoy. Y Dios es el Padre de la vida:. lsaías tiene una
frase estupenda, el profeta Isaías. Dice: “’La vida no se compra con
plata. ¡La vida no se compra con plata! La vida es un don de Dios, y la
tiene el que la elige”. Por eso frente al pesebre pensemos muy
hondamente si estamos eligiendo la vida o la muerte, la calidad o la
superficialidad, la sensatez o la estupidez, la tarea constructiva o el
ocio, la alegría con mayúscula o los pasatiempos; qué estamos haciendo
de la vida. y el mundo que nos mira y Dios que nos mira, qué puede decir
de nosotros y qué puede o no esperar de nosotros. Y mirando el pesebre
demos gracias, pidamos perdón y pidamos ayuda, digámosle al Señor que
nos abra los ojos para leer el pesebre y que abra nuestros oídos al
silencio, puede parecer una contradicción, para escuchar la palabra.
La Navidad es el
llamado a una existencia auténtica, no a la mentira, no a lo falso, no a
la imitación. Es el llamado a la alegría, pero no a la alegría
superficial, que nace de una filosofía puramente humana; no a la alegría
de la risa sino a la alegría serena del corazón, que sabe que no le debe
nada a la vida, porque está al día con la vida, al día, con los
hombres, y al día con Dios.
Que no hay dolor, no hay tragedia, ni siquiera la
muerte que puede quebrar esa alegría. Quien no llegó a esto no entendió
a Dios, no entendió a Dios, no entendió el pesebre y no entendió la
vida. La alegría de vivir. Por eso la alegría de la Navidad es una alegría
muy serena... muy serena... Yo diría que en el silencio tiene que estar
esa alegría de saciedad, que uno está tan alegre, tan pleno, tan
saciado, que no necesita decirlo. Y qué bueno sería si en los hogares
esta noche viviéramos esa alegría, y no la otra. Y de una existencia auténtica
es decir que no miente, ni es falsa, ni imita, sino que vive. Con esa
alegría uno siente evidentemente la necesidad de construir el mundo.
Miren si a veces no somos los constructores de la paz, de la justicia, de
un mundo mejor, es porque en el fondo, dentro nuestro, todavía no afloró
la vida. Todavía no afloró la vida.
Fíjense, la noche de Navidad en que nació Jesús,
es un llamado a la vida. Por eso cualquiera de nosotros puede tener hondas
fracturas en su vida, pero la misericordia de Dios es capaz de resucitar a
los muertos; por eso al pesebre hay que mirarlo mucho y en el pesebre
encontrar, recibir y dejarse saciar de la vida.
Todo esto supone el deseo de un tipo de
personalidad y de vida mejores. Ser mejores para Dios, mejores no en el
orden moral, no ser malos, yo diría, vivir con una honda envergadura,
recuperar la envergadura y la calidad de la vida frente a Dios. Qué bueno
sería si esta noche pudiéramos decir a Dios cada uno en lo hondo de su
corazón: “Señor, habré pecado, tendré muchas frustraciones, pero no
quiero que tu estupendo proyecto de vida sobre mí se frustre. Hoy, a
pesar de todo, elijo vivir”, y la mejor oración sería: “Enséñame a
vivir”. O sea, una gran envergadura, o expresar el deseo de la
envergadura para Dios para los demás, también. Qué bueno sería si los
esposos se mirasen a los ojos y dijeran realmente: el amor no tiene
medida. .. porque es obra de Dios, a pesar de los 30 ó 40 años de
casados, cuánto nos falta caminar, y juntos como esposos mutuamente se
testimonien la envergadura de la vida y hagan una opción, y lo mismo la
familia, y lo mismo la parroquia, y así sembrarían el mundo como las
gotas cuando caen en el agua que forman círculos concéntricos que se
agrandan, así es como Dios va haciendo su Navidad hoy en el mundo, a través
nuestro.
Envergadura para la vida misma que estamos
viviendo... ¿en que utilizamos las horas de nuestros días, en qué
utilizamos nuestra capacidad, nuestros talentos, el dinero, la
inteligencia, la familia, la profesión, en qué estamos haciendo la
inversión? Reconciliamos también con la, vida porque la vida no es
nuestra, es de Dios. Y cuando uno malgasta los talentos está robando a
Dios, la posibilidad de hacer un mundo más humano y más divino. Y
reconciliando nuestra envergadura de vida con Dios, con los demás y con
la vida, mirarnos al espejo y reconciliarnos con nosotros mismos. No
significa perdonar nuestras miserias, sino mirarnos a nosotros mismos con
otros ojos, entendiendo que lo más grande nuestro no somos nosotros, sino
es Dios, que es el más allá de nosotros mismos, y que nosotros más que
vivir, somos vividos por Dios.
Y Dios más que existir en otro lado nos
sobreexiste provocando en nosotros lo que somos y haciendo una fuerza y
una presión enorme para que, como de una surgente, emerja la vida.
Mirarnos a nosotros mismos y reconciliarnos. Qué bueno sería si en el
pesebre pudiéramos ponernos al costado del Niño Jesús, también
nosotros reconciliados. En el fondo, la Navidad frente a la oferta, de
Dios: “Los llamo a la vida porque quiero ser su Padre, y para siempre,
para trabajar primero, para gozar después”, si aceptando la Navidad,
volviéramos o eligiéramos o quisiéramos ser cristianos.
Se podría decir mucho más. Yo no quiero seguir,
sería muy largo, sería estupendo; no quiero seguir; pienso que Dios
habla en el corazón de cada uno, y El tiene sus propias palabras.
Nochebuena, es, frente la noche mala de los
hombres, la noche de la droga, del divorcio, del aborto, de los
sicoanalistas, de Irán y de Irak, de las brutalidades de El Salvador, del
hambre del mundo, de los miles de niños que mueren todos los días,
frente a la noche mala de los hombres el Señor nos ofrece la posibilidad
de una Nochebuena.
Tres actitudes elaboremos en el corazón, primero
una vez más la del silencio. Insisto, es el gesto con el cual se adora al
Niño de Belén. La primera Navidad fue la Navidad silenciosa donde Dios
entró yo diría a la historia de los hombres por la puerta de servicio,
en una noche de campo. El silencio. Segundo la contemplación.
¿Saben qué es contemplar? Es suspender un poco el
pensamiento y querarse mirando. Yo no sé si alguna vez ustedes, en
verano, en esas noches lindas, se han tirado al suelo, y han comenzado a
mirar el cielo. Cuando uno empieza a mirar el ciélo,
tirado en el suelo, distendido, primero ve unas cuantas estrellas,
y después, al rato, cuando el ojo comienza a acostumbrarse, uno empieza a
ver que hay ‘Cosas estupendas en el cielo. .. Que porque vamos mirando.
siempre al sueIo, no las vemos.
Cuando uno comprende a Dios sucede algo así cuando
un chico y una chica se enamoran: se establece una comunicación
estupenda, y entonces con El somos capaces de vivir cosas, que
solos jamás las viviríamos.
Bien, que la alegría de la Navidad oscurezca (esta
alegría de la cual hablamos), oscurezca las pequeñas alegrías” las
pequeñas alegrías con que podemos, en esta noche, equivocar el camino.
En la noche de la Navidad no hay que comer caramelos” sino comer
la sustanciosa comida de la Navidad.
Es la palabra de Dios.
Hagamos un silencio y reflexionemos un instante en
esto.
MISA DEL DIA DE NAVIDAD 25 de diciembre, a las
11 horas
Descubrir el misterio de la Navidad, y en ese
misterio descubrir Ia cercanía de Dios,
descubrir cómo Dios está presente en nuestras vidas más que
nosotros mismos, descubrir el misterio de la Navidad, fué la tarea del
Adviento. Por eso, esta palabra de Dios que acabamnos de recibir se la
puede entender solamente si uno ha ido viviendo a lo largo de este mes
todo el camino que lleva hacia el pesebre.
. Sin duda alguna la reflexión central o la
palabra clave de Dios, la Liturgia, la propone en la misa de la
Nochebuena. Fue la meditación que hicimos ayer. Pero estas dos lecturas
nos hablan de unos aspectos de la Navidad que pueden resultarnos muy útiles
y que pueden ser, para quíenes no han vivido el Adviento o no han podido
anoche escuchar la palabra de Dios,puede ser un llamado, una invitación a
centrarse hondamente en el pesebre y a realizar esa tarea de descubrir al
Señor presente allí.
La Navidad la descubren quienes la buscan, qulenes
la meditan, quienes la trabajan. La Navidad no viene de arriba, la Navidad
no se encuentra por casualidad, y Dios no se entrega a quien no lo desea,
a quien no lo pide, a quien no lo busca. ¿Qué nos decía, en el fondo,
la palabra de Dios, anoche? Nos decía esto, así, en síntesis: Que en la
Navidad. lo que Dios nos quiere decir es que la vida, tiene un sentido,
que la vida tiene un horizonte, que la alegría es posible, que vencer el
pecado y la muerte es posible, porque Dios nos llama a ser sus hijos
no como son las plantas, hijos no según la naturaleza, sino nos hace el
ofrecimiento de ser nuestro Padre, lo que significa, nos hace el
ofrecimiento de un tipo de vida, de un estilo de vida, de un horizonte,.
de un futuro.
Fíjense, es muy importante esto, porque a veces
nosotros decimos que ser hijos de Dios es una cosa natural, es decir,todos
somos hijos de Dios. Hay que distinguir entre ser hijo de Dios y ser
creatura de Dios, todos
somos’ creaturas de Dios, pero no todos somos hijos de
Dios, porque ser hijo de Dios es algo que se elige, es cuando uno, centrándose en Dios, es capaz de decirle “Padre”
y es capaz de hacer como hacen los hijos con las cosas de sus padres,
hacer de la vida de su Padre la propia vida, de los designios de su Padre,
los propios designios y de la plenitud de su Padre, la herencia futura: la
esperanza, Navidad es eso, es cuando Dios dándonos a su Hijo, en Belén,
nos ofrece la alternativa de ser sus hijos, si queremos. Por eso decíamos,
la actitud frente a la Navidad, la auténtica, es callarse, mirar el
pesebre, pensar mucho y ver si uno es capaz de decirle a Dios:
“Padre”, con todo lo que eso significa: elegir a Dios Padre como
principio de la vida como valor y como esperanza.
A esto que decía la palabra de Dios anoche
(ustedes saben que en Navidad, las misas no se repiten; por ejemplo,
habitualmente, se celebra la misa el sábado a la tarde, el domingo a la
mañana, dos o tres misas, y el domingo a la tarde, a lo mejor dos misas más, |