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Fundación Presbítero Oscar Amado
Reflexiones sobre la Cuaresma
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION Este
pequeño libro, ha proporcionado muchas alegrías, no sólo por haber sido el
primero que se editara, con todo el entusiasmo del comienzo de una nueva tarea
evangelizadora, sino fundamentalmente por los frutos recogidos y la necesidad
de una segunda edición. Su
impresión, se debió al deseo apostólico de difundir una interpretación de
la Palabra de Dios, proveniente de las homilías dominicales del padre Amado,
sobre el tiempo de Cuaresma, del año 198!. (Ciclo A.) Primeramente
fueron simples hojas fotocopiadas, que agotadas rápidamente vieron luego la
forma de un cuadernillo como el presente. Queríamos
que la prédica de nuestro querido y fallecido pastor, volviera a la comunidad
para ayudarla en su reflexión en su búsqueda del Señor, en su oración y
crecimiento. La
primera edición fue una pequeña tirada de 1.000 ejemplares,que en el
transcurso de los años 84 al 87 se agotaron. Hoy,
hemos vuelto a imprimirla con gran alegría, con gran gozo. Al
igual que la primera edición, han continuado siendo la desgrabación literal
de la prédica de la Cuaresma de 1981, transcriptas tal como el padre Amado
las pronunciara en el templo de San Pío X en Mar del Plata. (Peralta Ramos). No
es cuantitativo, lo que en este momento valoramos, sino fundamentalmente que
todo el trabajo realizado no ha sido infructuoso, ha valido la pena. Los
cuadernillos de “Reflexiones sobre la Cuaresma” han llegado a lugares
insospechados, y han servido de meditación a muchísimas personas. La
primera edición fue realizada en el Adviento de 1984 y esta segunda edición,
sin quererlo, sin buscarlo, ve luz en la Navidad de 1987.
Creemos que ambas ediciones, han sido puestas bajo el influjo de la fuerza
nueva que trae el Adviento y celebra la Navidad, del Misterio escondido en la
Palabra de Dios. En
esta segunda edición, se ha dejado al libro su forma y tapa anterior,
respetando los cuatro cuadernillos ya editados sobre los tiempos fuertes litúrgicos. Pero
se lo ha hecho con una “renovada” voluntad de servicio a ese Pueblo de
Dios, a esa Iglesia que el padre Amado amó y consagró su vida. Hoy,
más que nunca en estos difíciles momentos de confusión y ateísmo que
vivimos, es un deber y una necesidad para todos los cristianos profundizar y
afirmar la fe recibida y profesada, con un conocimiento más sólido, con una
oración más auténtica y profunda. Que
estos cuadernillos nos ayuden en esa tarea, a todos aquellos que buscamos a
Dios con insistencia. Que
el Señor bendiga a todos los que integran la Fundación Pbro. Oscar Amado,
haga fecunda sus tareas y sean signo del amor de Cristo a su Iglesia. Daniel
Torino 4.3.81
- MIERCOLES DE CENIZA Lecturas: Gén.
3,19 Joél 2-12-18 2 Coro 5,20-6,2 Mt. 6,1-6 Hoy, la Iglesia comienza el ciclo de la Cuaresma. Ustedes recordarán que iniciamos el ciclo litúrgico de 1981 cuando, hacia fines de noviembre, comenzamos el adviento, y prácticamente hasta el 11 de enero la iglesia nos hizo centrar nuestra atención en el pesebre para que redescubriéramos el verdadero rostro de Cristo, para que recuperásemos al Cristo verdadero, al Hijo de Dios en el cual debemos creer, y cuya figura a veces desfiguramos con nuestros pecados. El ciclo litúrgico comenzó por limpiarnos los ojos y el corazón y así poder leer el pesebre y revitalizar nuestra fe en Jesús. Si en Navidad lo importante era descubrir el verdadero rostro de Jesús, si en el ciclo segundo lo importante era descubrir qué significa ser cristiano, seguidor de Jesús, ahora comenzaremos a caminar hacia la pascua para ver qué significa el hecho de que Jesús haya sido resucitado por el Espíritu Santo y en qué medida el misterio de la muerte y de la vida, el misterio de la alegría y del dolor, y el misterio del amor, están vigentes en el hoy de nuestra vida; porque celebrar la pascua, como la navidad, no es nunca celebrar un recuerdo del pasado meramente, ni tampoco meramente esperar una resurrección del futuro, sino es también, y sobre todo, ver qué es lo que hoy el Espíritu Santo está haciendo en nosotros, como un día lo hizo en Jesús. Es
la fiesta central del año litúrgico, la pascua, es el centro de la fe (San
Pablo dice: si Cristo no resucitó, nuestra fe no sirve para nada), dada la
importancia de la pascua, tenemos un largo período de preparación. Estos
cuarenta días que le dan el nombre al tiempo: la cuaresma, los cuarenta días
que van de hoy hasta el domingo de ramos. y cuyo sentido, ¿cuál es?:
liberarnos interiormente y sensibilizarnos para poder leer realmente lo que
significa hoy, para nosotros, la muerte y la resurrección de Jesús.
Liberarnos interiormente porque todos padecemos diversos tipos de opresiones.
Y a veces padecemos la opresión de reducir, inconscientemente y sin mala
voluntad, nuestra fe a esquemas, los cuales nos impiden realmente penetrar en
el misterio de Cristo; por eso es liberarnos interiormente de un montón de
cosas como vamos a ver después. Y sensibilizarnos. Miren,
hay que amar mucho la vida para meterse en el misterio pascual. Y a veces
nosotros decimos que amamos la vida, pero vamos a medias la vida, se nos
escapan los meses y los años, pero, sin calidad, sin plenitud, sin que
lleguen realmente a saciarnos, llevando siempre un corazón parcialmente
insatisfecho. Por
eso esta celebración de la cuaresma, y con este sentido la iniciamos, con la
celebración de un rito cristiano antiquísimo, que es el rito de la ceniza.
Con aquellos ramos, que el domingo de ramos de 1980, proclamamos el comienzo
de la pascua, nuestra profesión de fe en Cristo, esos ramos los hemos
quemado. Sólo queda ceniza, y esa ceniza la vamos a poner sobre nuestras
cabezas; las vamos a poner sobre nuestras cabezas repitiendo aquella frase del
libro del Génesis, al comienzo de la Biblia, que dice al hombre: "Acuérdate
que eres polvo y en polvo te vas a convertir". Es
decir, este rito de la ceniza tiende a ubicamos frente al proceso de la
cuaresma en esta actitud: volver a penetrar, a descubrir, a apropiarnos,
aunque nos duela, y nos inquiete y nos distorsione interiormente, de la
transitoriedad fundamental de nuestra vocación terrena. Es decir, nosotros
tenemos una vocación a la vida que tiene dos instancias: una instancia
terrena y una instancia eterna, una instancia transitoria y una instancia
definitiva. La
instancia transitoria es buena, la vida es buena, los bienes son buenos, hay
que gozados. La vida está para aprovechada, pero, es necesario recuperar el
sentido de la transitoriedad. Las cosas de la vida son buenas, pero nunca nos
van a saciar. Para vivir con el corazón sereno y pacífico, saciado, hay que
ver el horizonte final, la vocación definitiva, lo cual se ve solamente
cuando uno reubica su vida con la transitoriedad fundamental que todo tiene.
Es lo que decía San Agustín al comienzo del libro de las confesiones. Decía:
"Señor, tú nos creaste para ti, y nuestro corazón estará siempre
inquieto hasta que descanse en ti". La
ceniza es eso, no es nada trágico, no es decir que somos una porquería, es
sencillamente decir y descubrir que somos algo maravilloso creado por Dios,
maravilloso, a pesar de nuestros pecados, pero todo cuanto vivimos es intrínsecamente
transitorio, debemos librarnos un poco de la trama de la vida para poder
avanzar en cuaresma y descubrirnos, o redescubrirnos a nosotros mismos en el
misterio de la pascua de Jesús. Bien,
para comenzar a ver esto, las pautas de reflexión se dan siempre a través de
las lecturas bíblicas. Por eso son muy importantes las lecturas bíblicas de
los domingos. Hoy la liturgia nos ofrece tres lecturas de las cuales leímos
dos y omitimos una de San Pablo a los Corintios. La
primera lectura del profeta Joel, que leyó María Angélica, ¿qué nos dice?
Tres cosas: analiza el sentido que tiene el mortificarse, diríamos
deliberadamente y para qué; y habla de la conversión del corazón, del
ayuno. Dice, conversión del corazón, que hay que lograr una auténtica
conversión del corazón, la conversión no es un problema moral, sino es un
problema de vida. Lo podríamos denominar
"volver a centrarnos en Dios", redescubrir a Dios obrando en
nuestras vidas, redescubrir la misericordia de Dios que va salvando aun las
pobrezas de nuestro egoísmo y de nuestros pecados. Convertirnos significa
eso: volver a centrarnos en Dios, y a la luz de Dios volver a vernos, y volver
a elegir vivir, pero en una dimensión más plena. Y el profeta dice que eso
es necesario para encontrar a Dios. Y después habla del ayuno -no comer- en
el tiempo de ellos. Pero fíjense que el ayuno no tiene un sentido en sí
mismo, el hecho de que hoy yo no coma carne, o coma menos, en sí mismo no
significa nada si no expresa una realidad más honda que podríamos definir así:
romper el esquema de nuestra vida. Todos tendemos, y es muy natural, a
hacernos un esquema de vida, pero con el tiempo ese esquema de vida nos va
agotando y nos va agobiando y nos va quitando la capacidad de vivir. Como esa
gente que el lunes come milanesas, el martes come tallarines, el miércoles
come qué sé yo, peceto, se hizo un esquema. Es como esa gente que todos los
sábados a la mañana lava el auto, o los domingos al mediodía hace ravioles,
o se va al cine, siempre lo mismo, lo mismo, lo mismo. Los cuadros en nuestras
casas están colgados en los mismos clavos, los muebles en el mismo lugar.
Ustedes conocerán esa canción de Alberto Cortés, tan tremenda y desgarrante
"Como de costumbre". Como de costumbre a las ocho nos levantamos,
vamos a trabajar, y como de
costumbre, de costumbre nuestro esquema. El ayuno, el hacer penitencia, el
quedarse varias horas rezando o leyendo, o el hacer una peregrinación, o el
hacer una limosna que rompa el bolsillo y rompa todo, o el no comer o el hacer
mil tipos de penitencia, ¿a qué van?, a romper nuestros esquemas. Fíjense,
siguiendo el ejemplo, si el lunes después de Pascua seguimos como de
costumbre, quiere decir que para nosotros no hubo Pascua. Recuerden
bien, conversión y ayuno dice el profeta JoeI, pero comunitarios, también. O
sea, hay en ambas cosas un aspecto comunitario que es esencial, y es que lo
hagamos todos juntos. No todos juntos físicamente, pero que lo celebremos
todos juntos, y ese es el sentido de la cuaresma. Muchos de ustedes habrán
hecho ayuno, abstinencia y penitencia hoy en sus casas, pero hoy, lo
celebramos juntos. Ayudarnos mutuamente a vivir, esa actitud de conversión
(vamos a utilizar otros términos), esa actitud de volver a centrarnos en Dios
y nosotros mismos de rebote, y de romper los esquemas que nos hemos hecho, que
quizá nos oprimen, nos quitan capacidad de vida, y no nos damos cuenta. La
Pascua la descubren los que tienen el corazón libre. Los que tienen el corazón
oprimido solamente recuerdan en Pascua un hecho del pasado, que como recuerdo
solamente, no salva. Hay
una segunda lectura que no leímos de San Pablo a los Corintios, donde San
Pablo da tres consejos, y son éstos, y qué interesantes las cosas que dice:
Primero: es tiempo para dejarse reconciliar con Dios. Fíjense que es
interesante que no dice que nosotros nos reconciliamos con Dios, no dice eso,
pidamos perdón de los pecados, no, no; dice al revés: que nos dejemos
reconciliar con Dios, no, diciendo, golpeándose el pecho, perdónenme los
pecados. Dejarse reconciliar con Dios es, hablando mal y pronto, es dejar que
Dios meta la mano en nuestro corazón y empiece El a modelarnos como El
quiere, empiece El a tirar lo que hay que tirar, y empiece El a meter lo que
El piensa que hay que meter... dice San Pablo, dejarse reconciliar por Dios. Segundo,
dice San Pablo: no desaprovechar la gracia de Dios en este tiempo. N o
desaprovecharla. La cuaresma es un ofrecimiento, no desaprovecharlo. Miren que
acá no se trata de la salvación eterna solamente, sino se trata de nuestra
vida, de lo que somos, de lo que hacemos por los demás, y yo diría de la
calidad de nuestro ser. San Pablo nos dice "no despreciemos la
oportunidad" y agrega con más énfasis "no dejemos pasar este
tiempo". Tercero:
El habla del hoy de la salvación. La Pascua no es fundamentalmente ni un ayer
ni un mañana, es un hoy; como hace dos mil años cuando el Espíritu Santo
acompañó a Jesús en la cruz y lo resucitó fue un hoy, un ahora. Tenemos
que dejar que la gracia de Dios entre en nuestras vidas y en el rebote
comunitario que nuestras vidas tienen, el hoy de Dios en nosotros. Así como
un día Dios nos dio la mano para darnos la vida, así como un día Dios nos
dio la mano para darnos la fe, así como cada uno de nosotros sabe cómo Dios
metió la mano para hacer muchas cosas en nuestras vidas, eh, no perder la
oportunidad y dejar que Dios meta la mano. En
la tercera lectura del Evangelio de San Mateo, San Mateo continúa planteando
el sermón de la montaña que hace ya, creo que tres semanas, o no, más,
cuatro semanas, venimos meditando La
liturgia toma las observaciones que Jesús hace respecto a la limosna, a la
oración y al ayuno. Es decir, cuaresma es un tiempo de Dios, pero también
supone actitudes nuestras de apertura de las cuales la limosna, la oración y
el ayuno son arquetipos nada más. Y Jesús analiza que estas cosas tienen que
ser actitudes interiores muy sinceras. La
limosna, dice Jesús, que sea verdadera, silenciosa, secreta y ¡ojo! dar
limosna no significa tirar unas chirolas. Dar limosna no significa dar lo que
nos sobra, sino dar de lo que necesitamos para vivir. Eso es dar limosna.
Sentir el dolor del dinero que se nos va. Sentir el dolor de que en vez de
comprar un saco voy a compartir ese dinero. Nosotros vamos a recibir las
contribuciones cuaresmales para la casa de retiro este año. Todos los años
un motivo diverso. El año pasado fue para la capilla de un barrio pobre. La
limosna silenciosa y sincera, que es dolorosa. Es doloroso dar limosna,
limosna en serio, no chirolas. Es doloroso renunciar a algo a lo cual tengo
derecho. Porque el dinero con el cual yo pensaba comprarme un saco o comprarme
tal cosa, es mío yo no lo robé. Lo gané trabajando, tengo derecho a
tenerlo, y sin embargo me privo deliberadamente de él para el bien de otros,
como un acto de fe no es una limosna sin fe, duele la limosna, me libera
interiormente, libera mucho. .
. Después la oración, dice Jesús, pero no el bla-bla de los paganos, sino
la oración íntima, profunda, continuada en un clima meditativo, de corazón
abierto, de espíritu filial de reencuentro con Dios como Padre; una oración
en la cual uno invierte tiempo, invierte silencio. Encontrarse con Dios
significa un clima de silencio, de paz. No se trata de rezar Ave María,
Padrenuestro, así, como una catarata. Jesús dice: "Así rezan los
paganos" (lo dice en el pasaje anterior que no leímos), multiplican sus
oraciones con la boca los paganos, que piensan que a Dios hay que aburrirlo
para que escuche. No. La oración íntima, filial, continuada, meditativa. y
después dice Jesús "el ayuno", de lo cual hablábamos antes, pero
un ayuno auténtico, real. Hoy no voy a comer. ¿Probaron algún día no
comer, pero no comer no por no comer, no comer incluso para liberarme de los
horarios de la comida, y del hecho mismo de comer. Hay que hacer la prueba.
Cuando la Iglesia toma el ayuno y la abstinencia, no lo hace así para poner
folklore religioso sino va a la raíz del problema (aun válido para nosotros
que estamos todo el día rendidos, digamos, en los brazos de la sociedad de
consumo, no podemos vivir sin la galletita, sin la gaseosa, sin esto, a cada
rato, a cada rato, a cada rato, a cada rato). Romper ese esquema, que es
esclavizante; comer es bueno, pero puede esclavizar. La gula es un pecado, es
en el fondo, convertir el acto de comer, que es un acto vital, en un vicio. Es
lo contrario a la templanza. La limosna, la oración y el ayuno son características
cuaresmales. Medítenlo. y
es curioso, lo que pide la oración que rezamos al comienzo, dice, pide a
Dios, hoy que comenzamos la cuaresma, lo siguiente: que nos dé la fortaleza.
Porque miren, la cuaresma no viene de arriba, hay que pelearla, lo que decíamos
del adviento: la Navidad no viene de arriba. Hay que pelearla. Pedirle a Dios
que nos dé la fortaleza. Porque a veces no tenemos coraje, o nos desanimamos.
Que nos ayude a profundizar el espíritu de conversión. Convertirse no es
pasar de malos a buenos, convertirse es centrarnos en lo válido de Dios, de
la vida y de nosotros mismos. Ser
fieles a ese proceso, dura cuarenta días. Si uno lo corta, se pierde en el
camino; y así podemos vencer y combatir el pecado sobre nosotros porque después
va a empezar a obrar (porque nosotros esto lo vemos clarito), pero después
empieza a obrar. Pongamos el ejemplo que usábamos recién: la gula empieza a
obrar, el producto de consumo, la comodidad, la fiaca, la superficialidad, el
escepticismo (total para qué me lo voy a tomar en serio si al fin y al cabo
una experiencia de Dios la tienen los santos nada más).
Pedir al Señor la fortaleza. Bien,
este es el punto de partida de la cuaresma en este miércoles de ceniza. Ahora
oremos unos instantes en el silencio pidiendo al Señor que nos acompañe.
Después vamos a bendecir la ceniza y la vamos a poner sobre nuestras cabezas. 8.3.1981
- PRIMER DOMINGO DE CUARESMA Lecturas: Gén.
2,7-9. 3,1-7 Gén. 2,7-9. 3,9-7 Rom. 5,12-19 Mt. 4,1-11 Vamos
a tratar con serenidad de abrir el corazón a esta palabra de Dios que
acabamos de recibir en este primer Domingo de cuaresma. El miércoles pasado
comenzamos la cuaresma, el miércoles llamado de ceniza. Después de haber
celebrado el misterio dé la Navidad, que nos replantea el problema: "¿en
qué Cristo creemos?"; luego de siete semanas, del 18 de enero al domingo
pasado, de haber meditado sobre qué es ser cristiano, la liturgia del miércoles
de ceniza nos introdujo en la Cuaresma. Cuarenta
días para preparar la pascua. Cuarenta días que comienzan precisamente con
el rito de la ceniza, que evidentemente recuerda el libro del Génesis:
"acuérdate que eres polvo y en polvo te vas a convertir". Es decir,
que empieza cuestionando el sentido de la vida. ¿Qué sentido, así a primera
vista, puede tener una vida, que sencillamente es un soplo, que sabemos que
tarde o temprano se va a diluir? O sea, hay que penetrar el sentido de la vida
para aprehenderlo, para encontrarlo, para hacerlo propio, para adherirse a él.
En el fondo, la celebración de la pascua no es otra cosa que la celebración,
para quien realmente ama la vida, la celebración de nuestra vocación a la
vida. Por eso es tremendamente vigente la cuaresma. En
este primer domingo son como instancias. Las tres lecturas del miércoles de
ceniza nos decían varias cosas, sobre todo nos hablaban de romper el esquema
de vida porque uno se acostumbra a vivir dentro de esquemas. En mi casa tengo
los cuadros en un mismo lugar, tengo los muebles, tengo la ropa, como aquella
canción de Cortez "Como de costumbre", el lunes a las ocho, como de
costumbre, a las ocho y media, como de costumbre, a las nueve, hasta los
domingos como de costumbre, es decir, un esquema de vida en el cual a nosotros
nos parece vivir pero que en el fondo, en este esquema de vida estamos
atrapados, estamos muriéndonos, estamos gastando, o en el mejor de los casos
estamos desperdiciando los hermosos años de la vida. Bien,
luego de aquella reflexión, romper el esquema, y yo diría, cuestionarse a sí
mismo, hoy hablan estas tres lecturas de un tema viejo pero generalmente mal
comprendido; del pecado.
Vamos a seguir las tres lecturas,
las dos que leímos, Génesis y San Mateo, y una que omitimos de San Pablo en
su Carta a los Romanos. Van
a ver cómo el problema del pecado no es tan folklórico como parece, porque
para muchos el pecado es un
problema moral. Es decir, soy bueno o soy malo; el pecado es una cosa mucho más
honda. Pecado,
la palabra pecado quiere decir errar. Es como si uno tira al blanco y no pega
en el blanco. Si queremos una descripción, el pecado es un problema
existencial; si lo queremos decir en una manera más simple aún, es perder la
vida. Es eso: perder la vida, perder media hora de vida, perder una actitud de
vida, que se nos escape una dimensión, perder la oportunidad de ser felices,
renunciar a la plenitud, al equilibrio interior, a un montón de cosas. En
esta óptica, está el relato del libro del Génesis que no es un relato histórico;
no pretende decir que Adán y Eva estaban en el paraíso, etc., sino es en un
estilo literario muy particular y muy antiguo, una penetración de porqué el
hombre está como está. Técnicamente se llama una narración etiológica, es
decir, de los orígenes del porqué somos como somos, por lo tanto es válido
para todas las épocas. (Naturalmente el relato es más amplio. Aquí
solamente está tomado un pedazo.) Ustedes,
no sé si prestaron atención, lo primero que dice es que Dios, como si fuese
un alfarero, modela un muñeco y le sopla al muñeco en la boca, el muñeco
vive y se transforma en un ser viviente. Esto naturalmente está tomado
desgajado del contexto anterior, que en el fondo nos quiere decir esto: el
misterio del hombre tiene una instancia inmediata que todos comprendemos y
tiene una instancia profunda que uno debe luchar por encontrarla. Dicho de
otro modo, en la antigüedad se hablaba de cuerpo y alma, palabras que han
sido deterioradas por el tiempo quizá, pero que hoy podríamos traducir del
siguiente modo: hay en mí una realidad cuando me capto, que se evidencia; mis
manos, mi cuerpo, mi voz, mi salud, mi familia, mis pensamientos, mis deseos,
es decir y yo digo; esto soy yo; y me miro al espejo y tengo una identidad;
soy yo, escucho mi voz, y digo soy yo, pero me doy cuenta al mismo tiempo que
más hondo quizá, o sin quizá, más hondo, más allá de esta experiencia
hay una interioridad profunda en mí que yo la intuyo pero no la puedo
experimentar inmediatamente, que se me escapa, como un yo profundo. Los sicólogos,
de acuerdo a su escuela, van a hablar del subconsciente, del inconsciente, de
lo que sea. Es
decir, en el hombre, lo inmediato, lo que uno puede captar inmediatamente es
un diez, un quince por ciento de su realidad; el otro ochenta y cinco por
ciento de su realidad, lo debe conquistar; es el conocerse a sí mismo. Es eso
lo que quiere decir el libro del Génesis. ¡Cuidado!, que el hombre no es
solamente la exterioridad, que hay una interioridad profunda que es donde
realmente se juega el misterio de la vida. Por eso cuando uno va al
psiquiatra, el psiquiatra tiene que pasar de la periferia a lo profundo para
tratar de ver qué desquicio hizo esta persona allí dentro, y esa es nuestra
realidad. No lo periférico, porque lo periférico está sujeto, diríamos, a
mil accidentes. Entonces
comienza diciendo eso: ¡Cuidado! que la vida del hombre no es solamente
materia, sino espíritu; que la vida del hombre no es solamente lo captable
sino también una interioridad; y ¡Cuidado!, que la vida del hombre no es un
hoy, porque el hoy no existe, el hoy es una abstracción; es sencillamente la
historia de un pasado y un proyecto de trascendencia... de trascendencia. Yo
soy lo que estoy por ser (podríamos decirlo así). Dicho
eso, el relato plantea el problema del pecado del paraíso terrenal, que en el
fondo lo que nos quiere decir en una segunda instancia esta idea. Muy bien,
perfecto, el hombre ubicado en esa actividad de búsqueda de sí mismo, porque
se trasciende a sí mismo, porque es espíritu, porque es interioridad, tiene
todo el mundo a su servicio, de modo tal que la vida es buena, los gozos de la
vida son auténticos, el querer vivir es estupendo. .. es estupendo. Eso es lo
que quiere decir el relato del paraíso terrenal. Inmediatamente
después pone el pecado original, que no se refiere original a un hecho histórico
sino al origen de los pecados, o sea al origen de los yerros humanos, al
origen de la pérdida de la vida. El pecado sería como una pelota que se
pincha. Esa pérdida de aire es el pecado. Es el hombre que se desinfla o la
vida que en uno se desinfla. . Es decir, el pecado que está
descripto ahí, en el relato del Génesis, como querer comer del árbol de la
ciencia del bien y del mal, que es una expresión hebrea para señalar a Dios.
Es decir, el hombre quiere ser principio de sí mismo, y fin de sí mismo. En
vez de aceptar que hasta él mismo no comprende su interioridad porque es
trascendido por sí mismo, sin entender que al mundo hay que dominarlo y no
dejarse dominar por él, y sin entender que en el orden de la trascendencia
está Dios, no sólo en el atrás y en el adelante sino también en el
"este momento" de nuestra vida, como el más allá de nosotros
mismos que nos va moviendo (Dios no existe en alguna medida), no admite todo
eso en una actitud de autosuficiencia, quizá no por maldad, por ser malo,
sino por ser inmediatista, por ver solamente el aquí y el ahora, por ver la
exterioridad de su ser. La autosuficiencia, que es el principio de la
destrucción porque inmediatamente ¿qué pasa?, los echan del paraíso
terrenal. ¿Qué
significa la expulsión del paraíso terrenal? En el lenguaje Poético en que
está escrito el relato del Génesis significa esto: la pérdida del
equilibrio interior... la pérdida del equilibrio interior. Es decir, el
hombre creado por Dios para una identidad de plenitud, de dominio, de
trascendencia, al mirarse el ombligo o al chuparse el dedo, pierde su
equilibrio interior. Y la pérdida del equilibrio interior lleva consigo mismo
por un lado la pérdida de la identidad. ¿Quién soy? ¿adónde voy? ¿qué
quiero? ¿qué es lo que me va a hacer feliz? ¿qué es lo válido? ¿por qué
el dolor? ¿por qué la muerte? ¿vale la pena trabajar? ¿para qué romperse?
¿no es mejor gozar? ¿qué sentido tiene estar preparando este gozo que viene
y se pasa? Pierde su identidad, no sabe quién es, le cuesta entenderse a sí
mismo, tiene hasta miedo de meterse en uno mismo, tiene miedo de pensar en la
vida y en la muerte, tiene miedo de pensar en todo. Se empieza a cargar de
miedos, se empieza a cargar de angustias, y entonces empieza con una
autoagresividad contra sí mismo y de distintos tipos y contra los demás. Adán
le echa la culpa a Eva y Eva le echa la culpa a Adán, y los dos le echan la
culpa a la serpiente y entra el lío. Es decir, pierden el equilibrio
interior; y hay otra cosa más grave que está expresada a través de la
imagen de la desnudez: se dan cuenta de que están desnudos y se tejen unas
hojas de parra para taparse. Pierde el ser transparente, el ser limpio, el
mirar, yo diría, a los ojos, el no tener segundas intenciones, el hombre
empieza a mentir, a mentirse a sí mismo, empieza a no mostrar lo que es,
empieza el teatro de la vida, donde cada uno representa un personaje que en el
fondo no es y lo hace no por mala voluntad, es que perdió su identidad, no
sabe quién es, se pone una careta. Y frente a los demás y frente a Dios no
es transparente, no es limpio. Esa
es la tragedia del pecado, o sea el pecado (por eso reiteramos la idea
inicial), no es un problema moral, de ser bueno o malo, sino de vivir en
plenitud o vivir a medias o ir viviendo cada vez menos. y la raíz está en
quedarse en la exterioridad de uno mismo sin ir nunca a una interioridad. El
que no tiene vida interior -en el sentido más hondo del término-, nunca se
va a conocer a sí mismo; y el que no se conoce a sí mismo va a caer en un
montón, yo diría de empresas existenciales que jamás lo van a saciar, va a
la bancarrota existencial. Por eso mucha gente vive apurada sencillamente
porque no puede parar a pensar, pero no puede parar, porque se da cuenta de
que si para, se encuentra con la inconsistencia absoluta de su vida, de su
familia, de su pareja, de su trabajo, de sus hijos, de todo. El
problema del pecado es un yerro existencial: "equivocarse en la
vida", "jugar a vivir, pero no vivir". Y todo eso, como produce
un hondo dolor, una honda incertidumbre, genera el egoísmo, el yoísmo, es
decir, que todo esté en función del yo; busco, sin identidad interior, con
vacío interior, con grandes inseguridades y miedos, sencillamente saciarme
con los bienes inmediatos que tengo a mano: para algunos será el dinero, para
otros será el poder, para otros será el comer, para otros, será el viajar,
para otros será el auto, para otros será el status. Entra cuando uno tiene
esa falla existencial, entre a utilizar los sustitutos, a comer caramelos
porque no sabe dónde está la comida, y empieza el progresivo derrumbre del
hombre. Hay
una segunda lectura que omitimos de la Carta a los Romanos, en la cual San
Pablo habla de Cristo, pero es interesante qué es lo que dice de Cristo.
Dice: "en el fondo, ¿por qué Dios nos mandó a Cristo?" Bueno,
todos lo sabemos, Cristo vino a salvarnos, y predicó, murió en la cruz, Dios
lo resucitó, fenómeno. Pero, ¿qué quiso Dios que Cristo fuera para
nosotros? y
San Pablo dice esto (él ya conocía el libro de Génesis, conocía la
Biblia). San Pablo, entonces dice: ¿ustedes se dieron cuenta cuál es la
imagen de Adán? Es lo que acabamos de ver, es éste el panorama del hombre.
Bueno, perfecto, ¿qué horizonte puede tener el hombre con este arquetipo
humano?; de un hombre que no se encuentra a sí mismo, sin interioridad, que
ha perdido su equilibrio interior, que no ve la trascendencia, que se encierra
sobre sí mismo para subsistir, nada más. Dice:
no, en Cristo: Dios nos muestra el arquetipo del hombre, lo que El creó, el
modelo, el molde, si ustedes quieren. Y entonces San Pablo dice: por eso, el
gran don, la gran gracia de Dios, el gran don de Dios, es que nos haya dado un
modelo de nosotros mismos. Así como todos nos identificamos con Adán, dice,
porque ¿quién no tiene inseguridad interior, quién no tiene desequilibrios,
quién no tiene todo eso?, nos da otro espejo en el cual podamos ver qué es
lo que podemos ser. Por
eso dice San Pablo: ... frente a Cristo como modelo, Dios, además de darnos
el modelo, pone un llamado (fíjense qué linda palabra usa) para
"obedecer" a la vida, "obedecer" a la vida (como el niño
que obedece a la maestra). Una palabra. Es decir que hay un grito de la vida
que hay que obedecer y en la medida en que uno fijándose en Cristo obedece a
la vida, el grito de la vida que Dios pone en nosotros, al sentido, a lo válido,
a la esperanza. Entonces el pecado, es decir el buscarse a uno mismo, el
quedarse en uno mismo, pierde sentido. Miren,
uno solamente deja la mugre si en el horizonte aparece algo mejor. Uno no es
mejor (a veces viene la gente y me dice: "¡Uy, padre! hace tantos años
que tengo que superar este problema, y nunca lo supero",
es que los problemas no se superan con fuerza de voluntad, ahí viene el
problema). Los problemas se superan, cuando yo descubro que lo opuesto es
mucho mejor. Recién entonces. Por eso el médico con el enfermo, para hacerle
superar su problema, ¿qué debe hacer?, abrirle un horizonte; si le abre un
horizonte estupendo y le hace entender al enfermo que él es un pavo, está
curado. El
problema está en descubrir el horizonte, y nos dice San Pablo; en Cristo,
Dios nos muestra otro horizonte y nos invita a obedecer a la vida, y ésta es
la imagen del hombre nuevo, y habla del hombre viejo y del hombre nuevo, no
como si fuera un antes y un después, sino como la etimología; el hombre,
condenado a envejecer sin remedio (el pecado sería una opción por la vejez),
y el hombre que, al contrario, va eligiendo la vida y va siendo
progresivamente más joven porque su vida va siendo cualitativamente más
plena. Por eso la vida eterna es la juventud eterna. No es un premio para los
jubilados que se mueren. Es
muy interesante porque aquí San Pablo toca el sentido de la vocación humana;
la vida sólo es posible asumirla en la alegría si uno sabe que el horizonte
siempre ofrece un mañana mejor que el hoy. Sólo así uno puede vivir en la
alegría. Que Dios ofrece un mañana que a pesar de todo es mejor que el hoy.
Y si esto no fuera cierto, Dios sería la contradicción de sí mismo, y la
vida no tendría sentido. Por
último, leímos el Evangelio de San Mateo que nos presenta: Jesús, al
iniciar su vida de predicación, treinta y pico de años se hace bautizar por
Juan el Bautista, ahí en el Jordán, hacia el sur de Palestina, después
sale, se va caminando por el borde del Jordán y llega a la región de Jericó,
la ciudad más antigua del mundo, y se va a la montaña, es decir dentro del
relato y San Mateo tipifica las meditaciones que probablemente Jesús después
les contó a ellos. Son
relatos reconstruidos. Lo que importa es lo que se dice y no como se dice. Y
Jesús les planteaba, se ve que les planteó las grandes tentaciones. Fíjense
cuando se va al desierto, ir al desierto es ir a la muerte. Yo recuerdo cuando
estuve en Palestina, cuando pasamos en avión y después cruzamos en auto por
el desierto, uno dice, que no se caiga el avión acá porque, ¡Dios nos
libre, no hay nada! Es la imagen cabal y absoluta de la muerte. Por eso en
medio del desierto de Judea está el famoso Mar Muerto, a cuatrocientos metros
bajo el nivel del mar, el único lago del mundo donde no hay vida, no hay
peces, ni bacterias, no hay nada, el Mar Muerto.
. Ir
al desierto es ir a lo difícil, es ir a afrontar el miedo por donde viene, el
desierto es esa interioridad que no conocemos, el desierto es enfrentarse a la
vida, el desierto es el tener el coraje de hacerse las grandes preguntas. Eso
es el desierto. El desierto es encerrarse en el silencio sin tener la tentación
de hablar todo el día, de la televisión, de la radio o de lo que sea. y
Jesús dice que cuando uno entra en el silencio lo primero de lo que le vienen
ganas es de salir corriendo. Las tentaciones. Es decir, buscar pretextos,
alternativas más fáciles, y pone tres tentaciones y aparece el demonio, toda
una escenografía, después que Jesús entró en el desierto; le ofrece
primero, claro en el desierto tiene hambre, haz que esas piedras se conviertan
en panes; la primera tentación, pensar que lo material es bueno, el dinero,
los bienes son buenos. Por más buenos que sean, nunca van a saciar nuestro
deseo de vivir. Es lo que decía San Agustín al comienzo del libro de las
Confesiones: "Señor, Tú creaste nuestro corazón para ti y nuestro
corazón andará inquieto hasta que repose en ti". Es decir, nunca nos
vamos a saciar, ni con el auto nuevo, ni con la casa nueva, ni con el vestido
nuevo, ni ganando el Prode. Es decir, van a hacer una serie de cosas que vamos
a ir usando con un corazón eternamente insatisfecho. Son buenas esas cosas,
pero no pensamos que es eso lo que nos va a saciar y nos va a dar la alegría
de vivir. No
nos podemos quedar solamente en lo material y periférico sino que debemos y
podemos buscar realmente la vida, que es el planteo de la cuaresma. La
cuaresma es bien concreta y bien real, no es para viejitas devotas. Es para
nosotros, que estamos caminando, ayudarnos a reencontrar la vida. La
primera tentación es quedarnos así en lo periférico, nada más, que mucha
gente lo hace no por mala voluntad, sino porque no tiene la oportunidad de ver
otras alternativas. La sociedad de consumo es la sociedad de lo periférico,
es la apología de lo periférico. La
segunda tentación viene y le dice que se tire de la torre del templo de
Jerusalén que estaba sobre un monte y como le dijo Dios, no va a admitir que
se golpee. El pensar que Dios va a hacer por nosotros lo que nosotros tenemos
que hacer solos. Aquí tendríamos que estudiar el famoso lema de San Ignacio
de Loyola: "Si quieres que Dios te ayude, empieza ayudándote a ti
mismo". Dios no va a suplir nuestra haraganería, nuestra fiaca, nuestra
superficialidad. No... no. Es decir, Dios no puede ser cómplice de nuestra
mediocridad. Dios nos va a dar lo que nosotros peleemos por encontrar,
luchemos por hallar, eso nos va a dar Dios. Es lo que decía Jesús: "al
que golpea se le abre, al que pide se le da, el que busca encuentra",
pero fíjense, son todas actitudes de movimiento; buscar, golpear, pedir. Es
decir, Dios no hace por nosotros lo que nosotros no hacemos. Eso es tentar a
Dios, el segundo mandamiento, no tentarás al Señor, tu Dios. No le pidas a
Dios que haga lo que tenés que hacer vos, "no estudiaste nada, faltan
unos días para el examen y entrás a rezar a lo loco para que Dios te
ayude", no te va a ayudar, porque Dios no va a ser cómplice de tu
vagancia. ¡Ah no! ¡Es que yo tengo una angustia interior, tengo esto, tengo
lo otro!, No, Dios te va a ayudar, pero también tratá de ver y analizarte
vos mismo, tené el coraje de meterte dentro de vos mismo, sé humilde y tené
el coraje de aceptar tu verdad aunque te rompa el hígado. Desde tu humildad y
tu pobreza confesar a Dios, que puede. hacer maravillas, pero sino, no. Es
decir, no especulemos con Dios. No especulemos con Dios. y la otra tentación,
es decir, yo especulo con Dios, es decir cuando las papas queman le tiro un
cable, le mando un telegrama para que me ayude. Dios no es un tapaagujeros,
no. Y
la tercera tentación, el demonio le dice (el demonio es el símbolo de dos
cosas, es el símbolo del egoísmo y es el símbolo del que divide, del que
rompe, del que enfrenta. .. es, es el demonio) que lo adore (o sea adorar,
Ponerle oro), que considere como lo más importante de la vida, al egoísmo y
a la división, es decir, el preocuparme sólo por mí. Jesús le dice:
"Adorarás solamente al Señor, tu Dios". Es decir, no nos hagamos
falsos dioses o falsas imágenes de Dios. Bueno,
el primer domingo de Cuaresma, camino a la Pascua, ¡ cuántas cosas! Esto sería
para seguir muy largo, sobre todo con la última frase que les decía. Lo
iremos reflexionando más adelante. Ahora,
como siempre, hagamos un silencio y dejemos que sea el Señor quien nos hable. 15.3.1981
- SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA Lecturas: Gén.
12,1-4 2 Tim. 1,8-10 Mat. 17,1-9 Con
la liturgia de este domingo y concretamente con estos textos bíblicos que
acabamos de recibir y una tercera lectura de la Carta de San Pablo a Timoteo
que hemos omitido, la Iglesia da el tercer paso en la gran reflexión
cuaresmal. Reflexión cuaresmal que la Iglesia considera absolutamente
necesaria para rescatar cada año su propia identidad. Porque cristiano es el
que cree que Cristo resucitó, el que cree entonces que el llamado a la vida
es algo que trasciende a la muerte, por lo tanto, a la luz de esta esperanza,
hace una opción de vida de modo tal que todo su existir sea un servicio para
la construcción de un mundo mejor y para la gestación del reino de los
cielos. Cada
año la Iglesia busca rescatar esto, porque también la Iglesia puede pecar
olvidándose de la raíz de su ser, olvidándose de su propia identidad, y
quedándose en lo puramente religioso (como ese tipo de gente que reza, que va
a misa, que a lo mejor da limosna, pero que en lo hondo de su corazón, a
pesar de los años, nunca llega a ser cristiano; más aún, es en lo hondo de
su corazón, pagano, tan pagano que con los años la gracia de Dios se hace
impenetrable, aunque él siga yendo a misa, aun cuando fuera una religiosa o
un sacerdote). Por
eso en la cuaresma, la Iglesia se vuelve a la palabra de Dios, que enseña,
que educa, que critica, que interpela, que conduce, y lo hace buscando la
conversión. Conversión que, como dijimos la semana pasada o el miércoles de
ceniza, no es recuerdo, no es un problema moral, sino es un problema
existencia!. Convertirse es volver a centrarse en Dios y volver a centrarse en
Dios y volver a centrarse en lo válido de la vida. La
cuaresma busca la conversión haciendo un doble chequeo: ¿cuál es el
verdadero rostro de Dios? y ¿qué es lo válido de la vida? (una parte del
chequeo) y la otra parte, ¿qué está aconteciendo o no en mí? A los textos
bíblicos que guiaron la meditación del miércoles de ceniza y el domingo
pasado, hoy se agregan esos tres: Génesis, Timoteo y San Mateo. El
libro del Génesis: si ustedes recuerdan, el domingo pasado la primera lectura
era del libro del Génesis también, y nos proponía el relato del pecado
original. De hecho, la meditación del domingo pasado era fundamentalmente en
torno al pecado, y dijimos entonces. que era como la gran introducción a la
Biblia este relato. Porque la Biblia, propiamente hablando, no comienza con el
relato de la creación del mundo y del hombre, y del pecado original, y de Caín
y Abel, Y de la Torre de Babel, sino comienza en el capítulo once, versículo
diez, cuando comienza a hablar de un hombre llamado Abraham. Todo lo otro es
la gran introducción para que uno pueda entender que con este hombre Abraham,
Dios pudo entrar de modo adecuado en la historia de los hombres. La
Biblia comienza con el relato de Abraham y sin duda el texto que escuchamos
hoy (leído por Ana María) es, sin duda, el texto más importante del antiguo
testamento. ¿Por qué es el punto de partida de la Biblia? Fíjense que si
uno no entiende esto que sucedió hace treinta y ocho siglos, Y si no descubre
a Abraham, es imposible que pueda entender a Cristo. Abraham
(vamos a reconstruir un poco para ver qué quiere decir el relator del libro
del Génesis), Abraham aparece como un hombre rico, un hombre religioso, con
prestigio, vive en Ur, una ciudad de Caldea, tiene sus dioses, tiene familia,
es decir, aparece un poco como el arquetipo del hombre perfecto, que lo ha
logrado todo en el orden terreno, y también en el orden eterno, porque es un
hombre devoto diríamos hoy, muy religioso. Pero en un determinado momento,
por el obrar de Dios en su alma (allí aparece como si Dios le propusiera a él
directamente la cosa), hace el descubrimiento más importante (guiado por
Dios, la gran revelación de Dios en Abraham), el descubrimiento más
importante de la historia de la religión: en el mundo y en hombre. Y es este
descubrimiento de Abraham: que la religión es importante, y hay que vivirla,
pero que lo realmente definitorio del hombre frente a Dios es la fe. Primera
idea. El ser religioso es muy importante, pero lo más importante es la fe.
Hoy diríamos: ser religioso es ir a misa los domingos, confesarse, bautizar
los hijos, casarse por la Iglesia, rezar en casa en familia, en fin, cumplir
la moral cristiana en la profesión, comprometerse en la construcción de los
valores humanos. Abraham ve que eso es bueno pero no alcanza. Es necesaria la
fe. ¿Y qué es la fe para Abraham?,porque nosotros decimos: pero al fin y al
cabo, la fe ¿no es creer en Dios? Un momentito, eso se llama creencia; la
creencia no es lo mismo que la fe. Porque yo creo que Napoleón existió, pero
Napoleón no transforma mi vida. Tampoco Napoleón genera en mí una esperanza
ni me llama a ningún tipo de compromiso. La religión es buena, pero no
alcanza. La creencia es buena, pero no alcanza. Es necesaria la fe. Y,
¿cómo se plantea la fe a Abraham? A Abraham se le plantea cómo creerle a
Dios, no en Dios, no creer en Dios, sino creerle a Dios, al llamado a la vida,
a tantas cosas que Dios obra en nosotros. Creerle a Dios y lanzarse a la
aventura de vIvir esas alternativas de Dios, que Dios manifestó en la
historia y que Dios susurra en el corazón de todo hombre que tiene algo de
silencio en su interior, y por lo tanto es capaz de escuchar. Por eso en el
relato, Abraham abandona su tierra. Su tierra, su patria, abandona toda su
familia, sus tradiciones y abandona sus dioses, su religión, su creencia; y
parte, pero sin saber adónde va, sencillamente parte porque Dios le dice que
abandone su tierra y que vaya adonde El le va a indicar, porque ahí, es decir
donde él vaya, va a nacer una gran nación, es decir va a haber fecundidad,
va a encontrar la plenitud, va a encontrar la trascendencia para él en los
hijos, naturalmente, en ese momento. Y si él acepta eso, en ese momento, y si
él acepta irse (miren que es difícil abandonar la patria, la familia, las
tradiciones, los bienes, partir a un lugar desconocido) con una promesa de
fecundidad que no entiende, dice "si te animás a hacer esto" -le
dice Dios- "bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te
maldigan y los siglos que vendrán te recordarán a ti y te bendecirán
siempre por haber obrado así". Y Abraham dice sí. Abraham
rompe con todas sus seguridades (porque seguridades no es solamente el orden
de las seguridades materiales, dinero, cultura, familia, profesión, social),
abandona también las seguridades religiosas (los que dicen no, yo voy a mi
misa, yo me confesé, hice los nueve primeros viernes, la seguridad religiosa,
tengo la medalla milagrosa, soy amiga de un cura, los amigos de los curas se
salvan, le doy guita al párroco, esos también se salvan, es decir mis
seguridades), abandona sus seguridades religiosas y parte, creyéndole a Dios,
a una aventura, porque el desconoce adónde va, confía en que Dios no engaña
porque Dios no es tan cretino como nosotros, que decimos una cosa por otra.
Parte porque cree que Dios no engaña, y fundado en la solidez de la palabra
de Dios y en la esperanza, inicia una nueva etapa. Relativiza la religión,
relativiza la creencia, no las niega, son válidas, pero descubre la fe. La
fe, que no es algo distinto de la vida, sino la fe es el sí absoluto a la
vida en su dimensión total, porque en la trama de lo que somos, está Dios. Desde
antes que nosotros pudiéramos ser pensados por nuestros padres, éramos
queridos, pensados por Dios y llamados a la vida por Dios; y esa trama diaria,
que nosotros a veces nos guardamos para nosotros mismos, fue eternamente
querida por Dios (quizá no para lo que nosotros la estamos usando, pavos,
pavos tontos, la usamos para nosotros, queremos aprovechar estos añitos, en
el fondo porque no creemos en Dios, ni en la vida eterna, ni en la resurrección
de Cristo, no creemos en nada; si vamos a misa a veces es por las dudas, no
sea cierto lo que dicen los curas, ¿no?), pero en el fondo no hay ninguna
opción por nada. Pactamos con "dios", entre comillas y con minúsculas,
y con el demonio, con el dinero, y con el cielo, con el egoísmo y con la vida
eterna, hacemos una mezcolanza fundamental. La
vocación de Abraham es el punto de partida, la fe operante, donde fe y vida
es la misma cosa, donde todo se lee con los proyectos de Dios y con los ojos
de Dios, donde rezar es como respirar, porque está todo tan implicado, que
una planta, una flor o firmar una planilla o lo que sea, está impregnado de
Dios como la cosa más natural, donde aún las cosas que nosotros pensamos más
alejadas de Dios están hondamente relacionadas con El. El dinero, el sexo, la
intimidad, todo. La
fe es aquello que homologa todas las dimensiones de la vida, dándole síntesis,
y dándole horizonte, hacia atrás, de donde venimos, hacia adelante adonde
vamos, y porque sabemos de dónde venimos y adónde vamos, entendemos dónde
está la fe. Qué estupenda es la fe, qué pobre es la creencia, qué estúpida
es la religión cuando no está animada por la fe. En
una segunda lectura que no leímos, de la segunda carta de San Pablo a su discípulo
Timoteo, le dice San Pablo a Timoteo (era obispo Timoteo), le dice:
"Timoteo, tenés que redescubrir y concientizar que si vivís es porque
Dios te eligió para la vida, que no sos una casualidad, que Dios te amó
desde siempre y por eso estás caminando, no te mandés la parte, Timoteo, que
los músculos fuertes que tenés, la fama, la juventud, están porque Dios
desde siempre te quiso y te llamó a la vida, y te llamó para un proyecto,
para una esperanza, para construir un determinado tipo de mundo, porque la
vida es una experiencia, y para abrir un determinado tipo de horizonte a través
de esa experiencia. Timoteo, tenés que concientizar esa elección de Dios
(estoy traduciendo a nuestra manera de hablar lo que le decía San Pablo a
Timoteo). Timoteo, si no te sentís elegido y querido por Dios, no vas a ningún
lado. Y si no te sentís así, no vas a saber qué decirle a tus feligreses
(era obispo Timoteo), no podrás proclamar nada, porque Dios no es un teorema,
es una experiencia, como el amor de mis padres hacia mí (o como el amor de
ustedes hacia sus hijos, es una experiencia de ustedes, no se puede explicar y
el amor de cada padre es totalmente distinto al del otro padre, algo único,
irrepetible). Timoteo, concientizá el amor que te llamó a la vida, y
entonces descubrirás para qué vivís, dónde está la esperanza y sabrás qué
decirle a la gente". La
tercera lectura del Evangelio de San Mateo, el relato de la transformación de
Jesús en el Monte Ghabor, con esos tres amigos suyos o en presencia de esos
tres amigos suyos, Pedro, Santiago y Juan. (En el fondo en el contexto del
Evangelio tienden a lo siguiente, ustedes saben que el Evangelio fue escrito
varios años después de la resurrección de Jesús, o sea, cuando San Mateo
relata esto no lo relata tal como fue, sino lo relata tal como lo ve él después,
prácticamente, en el caso de San :Mateo, casi cuarenta años después o
treinta y cinco años después.) La
transfiguración de Jesús, ¿qué quiere decir?, ustedes recuerdan que van al
monte, Jesús se transfigura, sale luz, viene Elías, no vamos a entrar en el
detalle de todo porque no hay tiempo, pero lo que quiere decir San Mateo es
esto: solamente cuando se descubre lo que iba a llegar a ser Cristo o lo que
puede ser Cristo, recién uno se dispone a seguirlo. Porque si ustedes
observan en el relato,Jesús aparece envuelto en luz, aparece una voz del
cielo, es el relato de la resurrección y de la ascensión al cielo,
anticipado, es decir, ese Jesús a quien ustedes siguen, que va a ir a
predicar, que va a decir cosas muy serias, que se la van a dar, que lo van a
enjuiciar, y lo van a condenar a muerte y lo van a ejecutar, ¡ojo! no se
asusten, porque este Jesús, que va a ser humanamente un fracaso, este Jesús,
es el proyecto de Dios. y Dios, más allá de todo fracaso humano, donde los
verdugos hagan la tumba, Dios vendrá y destruirá la tumba, y el muerto, el
crucificado, el maldecido, seguirá viviendo y será la bendición de Dios y
vendrá una gran contradicción, porque lo que los hombres maldicen es lo que
Dios bendice. Por lo tanto (y ese era el objetivo de San Mateo), sigan a este
Jesús, aunque no lo entiendan a veces, aunque tengan que sufrir, aunque les
rompa el hígado, aunque les rompa los esquemas, aunque les diga que son unos
cretinos, aunque les quiebre la seguridad, aunque les diga que hay muchas
cosas que cambiar en la vida, síganlo, porque sólo en El está la esperanza.
Sólo en El aparecen los designios de Dios. "No tengan miedo",
terminó diciendo, no sé si ustedes prestaron atención al detalle, que
cuando los discípulos salieron a ver, se asustaron, y se tiraron al suelo
porque no querían ver nada. La
actitud nuestra: tenemos miedo a entrar en los núcleos fundamentales de la
vida y de la esperanza. :Miedo. Y Jesús, (ellos están tirados en el suelo,
tapándose la cabeza) los toca y les dice: "No tengan miedo". El ángel
a María en Nazareth, el día de la Anunciación, le dice. "No tengas
miedo"; el ángel a San José, que quería irse una vez que se dio cuenta
que la "virgen estaba embarazada y él no tenía nada que ver", el
ángel fue y le dijo a José "no tengas miedo". Y a
Isaías, cuando no quería ir a predicar el profeta, le dice Dios:
"No tengas
miedo", y lo mismo a jeremías, y a tantos otros personajes. Hay
que vencer el miedo, porque es la contrapartida de la fe. O sea, la fe
es la confianza en que el Señor no miente, el largarnos a la aventura de
aquello a lo cual El llama, y con una confianza tal que vence al miedo. Miedo
a perder cosas, a perder tranquilidad, a perder seguridad, a perder un montón
de cosas; y al mismo tiempo, venciendo el miedo, en la fe llegar a una honda
experiencia de oración. Porque orar, sí, es decir oración, es verdad. Pero
si uno quisiera definir hondamente la oración, ¿qué es?: es un diálogo con
Dios; y ¿cómo empieza una oración? y aquí viene el problema: una oración
nunca empieza por una palabra nuestra, una oración empieza cuando en el
silencio interior de un hombre o de una mujer suena la primera palabra de
Dios. De nuestra parte la oración
siempre es una respuesta a una palabra que Dios suena. La oración verdadera,
no la oración folklórica, con la cual a veces queremos tranquilizar nuestras
podridas conciencias. Esa es la oración del fariseo, que Jesús tanto criticó.
Sólo desde una honda esperanza es posible la conversión. Por
eso yo les proponía hoy como pautas de meditación lo siguiente, las leo: Cuaresma
es tiempo de volver a abrir el corazón a Dios. Miren, tiempo de dejarse
iluminar, de dejarse cambiar, de dejarse encontrar, no le hagamos gambetas a
Dios, no juguemos a la escondida, dejémonos encontrar, pidamos el don de ser
cristianos, pidamos el don de poder entender y descubrir al Cristo resucitado
de la pascua. La pascua hay que pedida de rodillas. Como decíamos el otro día:
la pascua la encuentran los que tienen una honda pasión por la vida, no los
tontos, los superficiales, los que buscan sólo el consumo, el placer, la
comodidad. No. Los que están enamorados de la vida con mayúsculas, aquellos
a quienes les gusta vivir, que es plenitud, trabajo, fecundidad, no comer
ravioles, mediocridad. Cuaresma
es el tiempo de pedirle a Dios que cure la dureza de nuestro corazón o
nuestra ignorancia. Yo creo que somos hondamente ignorantes y no nos
preocupamos de curar nuestra ignorancia; por eso a veces somos ciegos, pero
porque nos hemos enceguecido, somos sordos porque nos hemos tapado los oídos;
por eso hay que pedirle a Dios que nos cure, como Jesús curaba a los ciegos y
curaba a los sordos (que era eso lo que nos quería decir), que nos cure, pero
¡ojol si se lo pedimos y después nos cura, tenemos que comprometernos a
aguantarnos lo que viene después, porque cuando el Señor cura, hace grandes
cosas en la vida de un hombre o de una mujer, por eso no hagamos como la oración
que tantas veces citamos cómicamente: "Señor, conviérteme, pero por
favor, no te la tomés en serio". Es decir, tácitamente, le estamos
pidiendo que no nos escuche.
Es tiempo de perseverar en una oración simple, sincera, profunda,
continuada oración de los labios, sí,el rosario, padre nuestro, pero también
la oración mental. Pensar en estas cosas es también rezar, en una tarde de
semana tranquila, venirse acá a la iglesia o en el silencio de la habitación,
o caminando por el mar, pensar en estas cosas es rezar. Es la oración mental;
y también leer el Evangelio, el otro tipo de oración, la oración leída,
donde uno deja que las palabra vayan
escurriéndose por dentro de uno. La oración vocal, la oración mental y la
oración leída, leída serenamente, sin apuro, dejándose penetrar por la
palabra que cura la ignorancia o cura la dureza de corazón. Esto
es lo que nos plantean las tres lecturas bíblicas en este segundo domingo de
cuaresma, tercer paso de la gran meditación cuaresmal de este año. De aquí
en más, es tarea de cada uno que esta palabra madure, tenga su ciclo, se
geste y nazca en nuestros corazones. Tarea de cada uno, responsabilidad de
cada uno. El
domingo que viene será de nuevo la palabra de Dios la que nos seguirá
guiando en la reflexión cuaresmal. La palabra de Dios es un modo de su
presencia, por lo tanto, en silencio, hablemos al Señor que está entre
nosotros. 22.3.1981
- TERCER DOMINGO DE CUARESMA Lecturas: Ex
17,3-7 Rom 5,1-2,5-8 J n 4,5-42 Estos
tres textos bíblicos, sobre todo el primero y el tercero, es decir, la
primera lectura y el texto del Evangelio que acabamos de recibir, nos son
ofrecidos por la Iglesia como el cuarto gran paso en el camino de la gran
reflexión anual, previa a la pascua. Reflexión anual previa a la pascua, que
no es otra cosa que celebrar ya la pascua, porque como lo decíamos de
Navidad, la pascua no es un día, no es el domingo de resurrección, sino la
pascua es la celebración del misterio de la vida, tal como nos es propuesto
por Dios. Celebración que no se puede agotar en un día, por su riqueza, que
sí se polariza en un día, pero exige todo un tiempo. En
este tercer domingo de cuaresma, además de las reflexiones diarias, la
Iglesia ofrece este cuarto gran paso, que empezamos, el miércoles de ceniza.
Bien, no voy ahora a sintetizar lo que hemos venido reflexionando hasta ahora,
sencillamente vamos a ver qué nos dicen estos textos bíblicos de hoy. La
primera lectura del libro del Exodo. Un texto sumamente importante; fíjense
que los textos de las primeras lecturas de todo este tiempo son los textos
claves del libro del Génesis y del libro del Exodo, y después vendrán los
profetas. El episodio en sÍ, si ustedes prestaron atención, es simple en su
relato. El pueblo israelita, que había salido de Egipto, está atravesando el
desierto; el desierto es duro. En un determinado momento, así como se habían
quejado que faltaba pan, se quejan de que falta agua, y se quejan de que Dios
los abandona, porque evidentemente padecen la escasez de agua. Siguiendo el
relato, así, en su expresión primera, hay una suerte de quejas de Moisés,
hay un diálogo de Moisés con Dios, y finalmente Moisés golpea con su vara,
la misma que había golpeado el Mar Rojo, golpea una piedra de la cual sale
agua. Naturalmente,
detrás de estos hechos, hay todo un simbolismo, es el modo de hablar hebreo,
que nosotros no tenemos tiempo de analizar, pero podríamos preguntarnos: por
detrás de este relato, ¿qué nos quiere decir la palabra de Dios?, porque
estos textos fueron conservados por inspiración del Espíritu Santo, dado que
contienen una respuesta de Dios a nuestras inquietudes. Lo
que aparece acá es curioso, es la queja contra Dios y el quejarse contra Dios
porque rompe las seguridades, el que rompe la seguridad, es decir, esa especie
de desazón interior que tenemos cuando la contradicción, la enfermedad, la
muerte, lo que sea, rompe nuestros planes, o rompe nuestros esquemas de vida
los cuales nos habíamos hecho, quizá de muy buena voluntad, o rompe nuestros
proyectos de futuro, que a lo mejor habíamos elaborado trabajosamente y esto
suele suceder. Dios irrumpe en nuestra vida para quebrar y romper nuestras
seguridad, y ¿qué sentido tiene este quebranto? No es que Dios nos quiera
hacer sufrir, evidentemente; lo que sí Dios quiere es que funcione en
nosotros la dimensión de vida para la cual El nos creó. Y
aquí viene un tema o un aspecto que apareció anteriormente y es éste: ¿qué
es lo que puede llegar a saciar nuestro deseo de vivir? Que todos tenemos
deseo de vivir es obvio; nos duele algo y vamos corriendo al médico. Si somos
sensatos, los bienes que adquirimos es para vivir más, mejor, y eso lo
buscamos para nuestros hijos. Pero, en último término, ¿qué es lo que va a
saciar nuestro deseo de vivir? Porque la experiencia nos muestra que vamos en
la vida haciendo cosas, y si bien el hacer cosas o el adquirir cosas nos
satisface transitoriamente, sin embargo volvemos siempre a la insatisfacción,
y en el fondo, para muchos, esta insatisfacción se transforma en una
angustia... en una angustia, se vive angustiado, a veces sin saber por qué.
Pero no se puede integrar en la vida la alegría que es una de las características
de la vida, la alegría; uno no puede incorporar la esperanza que es una de
las características de la vida. Uno no puede incorporar de una manera
adecuada, la paz. La paz, que es precisamente la saciedad equilibrada de
vivir. Lo
que en el trasfondo nos está diciendo esta lectura es que nuestro deseo de
vivir sólo puede ser colmado por Dios, que nos creó. Y en el fondo, la vida,
cada día, cada hora, cada año, la juventud, la madurez o la vejez, no
importa, deben ser vividos siempre en función de su proyecto final. ¿Y cuál
es el proyecto final de la vida? Es la consumación de nuestras vidas junto a
Dios, es lo único que puede saciarnos. Y fíjense que al hablar de saciarnos
yo no digo saciarnos después cuando nos muramos y Dios nos resucite, sino
saciarnos ahora; ahora, hoy, porque la hipótesis es de presente, no de
futuro. Es
decir, cuando Dios me ofrece como alternativa la vida, la alegría, la paz, la
esperanza, me lo ofrece como un hecho de presente, hoy, aquí. No como una
promesa de futuro: "jorobate mientras vivas y después, cuando mueras,
vas a estar contento y feliz porque yo. .." no, no, el problema es ahora.
La salvación es un hecho de futuro, es verdad, porque la plenitud que nos dará
Dios desborda cualquier cálculo humano. Es verdad. Pero también es una
realidad de presente, salvar la vida hoy, lo cual no quiere decir otra cosa ni
más ni menos que vivir hoy, vivir con alegría, vivir con paz, vivir con
esperanza, y sentirse saciado por la vida. Y es allí por qué Dios rompe
nuestras seguridades, porque nosotros tendemos a buscar esta saciedad en las
cosas y acumulamos cosas, o en el prestigio, y acumulamos currículum, o en el
dinero, o en el poder, o en el status, o en un montón de cosas, o en la
amistad, o en la pareja, o en la familia. Fíjense que estoy poniendo valores
cada vez mayores, pero no hay nada, ni siquiera la pareja, ni la familia, que
pueda colmar nuestros deseos de vivir. Por
eso Dios periódicamente rompe nuestras seguridades, y cuando todo está bien
y estamos muy tranquilos, si realmente amamos la vida, le tenemos que pedir a
Dios que nos mueva el piso, porque si no, después vienen los porrazos. En
realidad para una fe madura, la muerte, no es que uno no la sufra, pero no
tendría que ser algo desesperante, como la enfermedad, como el dolor, como el
contratiempo. ¿Por qué se transforman en desesperantes y dolorosas estas
cosas?, porque vemos las seguridades en realidades que no contemplan la
muerte, la enfermedad, el fracaso, y el contratiempo. Dicho
de una manera sintética: no contemplan la cruz ("el que quiera seguirme
que tome su cruz primero, y luego me siga"). La cruz que no es otra que
la convicción de que la vida terrena nunca Podrá saciarnos plenamente,
porque no es la vida total. Es el tiempo de la opción, es el tiempo de la
maduración, es el embarazo para la eternidad. Y esto, fíjense, no es
alienante, no nos aparta del mundo, porque sólo el que tiene una honda
confianza puesta en la vida que Dios propone con su consumación eterna, es el
único capaz de no atarse a seguridades inseguras, y es el único capaz de
comprometerse con la construcción de un mundo mejor, sea en lo político, en
lo económico, en lo social, en lo profesional, en donde sea. Eso
es lo que quiere planteamos la primera lectura, Dios siempre va a destruir
nuestras falsas seguridades, siempre. Y lo va a hacer por amor, y nosotros nos
vamos a quejar, pero nos vamos a quejar porque nuestra fe no se ha preocupado
de entenderlo a Dios. Y una fe que no se ha preocupado de entenderlo a Dios,
tarde o temprano se pega un porrazo. En
el Evangelio de San Juan que leímos (bueno, es muy rico el texto, muchísimas
ideas) la idea central podríamos plantearla en nuestro lenguaje así: Jesús,
en el diálogo con esta mujer, en último término le hace a la mujer la
pregunta por el fundamento de su vida. ¿Cuál es el agua que le va a calmar
la sed? Le hace la pregunta por el deseo de vivir y de amar, le hace la
pregunta sobre qué es lo que la alimenta. En último término, si uno quiere
sintetizar bien las cosas, le hace la pregunta por la vida, que es
precisamente un tema cuaresmal estupendo. Volver a preguntarnos, volver a
hacernos las preguntas sustanciales. Hoy
día, en el orden de la filosofía y de la teología, ha aparecido una nueva
veta que se llama o se puede denominar la filosofía de la pregunta, y en
teología, la teología de la pregunta. Y ambas disciplinas, la filosofía en
el orden natural, y la teología en el orden sobrenatural (así, de una manera
muy simple lo digo) dicen esto: que uno sólo descubre las cosas si se las
pregunta. Donde no hay pregunta, no hay crecimiento, ni hay ensayo, no hay búsqueda,
ni hay respuesta. Por lo tanto, la pregunta es intrínseca a la vida. El
que no se pregunta (estamos hablando del hombre), el que no se vuelve a hacer
las preguntas, muere sin esperanza. Volver a preguntarse ¿y yo quién soy? ¿de
dónde vengo? ¿adónde voy? ¿qué es la vida? ¿qué es el amor? ¿qué es
la fidelidad? ¿qué es la fe? ¿quién es Dios? ¿qué es lo que vale la
pena? ¿qué es? ¿por qué estoy yo viviendo? ¿qué busco? ¿adónde voy?
Por que la tragedia más honda de la vida es ir caminando hacia ningún lado,
es el hombre que se desespera frente a la muerte, porque iba caminando hacia
ningún lado y cuando uno va caminando hacia ningún lado termina sin
encontrar nada; o a lo mejor no estamos caminando siquiera, estamos sentados.
A la vida, la usamos, pero no la vivimos. Dicho de otro modo, tenemos
emociones vitales, pero no vivimos (comer ravioles es una emoción vital, el
acto conyugal es una emoción vital, ver una película o darle la mano a un
amigo es una emoción vital, que le paguen el sueldo y vea el dinero que es de
uno es una emoción vital)- Pero tener emociones no es lo mismo que vivir. Uno
puede tener montón de emociones y ser un cadáver ambulante, aunque esté
gordito. . . Volver
a hacerse la pregunta por la vida. Es lo que le hace Jesús a esta mujer, le
hace muchos matices, va oponiendo, Jesús ¿no?, por ejemplo, le pregunta qué
agua, que va a buscar agua, bueno, pero ¿dónde está el agua viva en una
zona desértica?, el agua viva, es decir, el agua que no sea estancada, que no
tiene gérmenes, que se puede tomar, el agua potable, bueno, no... no... pero
Jesús le dice: ¿con qué agua buscas calmar la sed de vivir? Como cuando le
pregunta por los esposos, en el fondo: ¿cómo colmas el deseo de amar y de
ser amada? Como cuando le habla sobre la religión, le dice: "Cuidado,
porque el culto a Dios se da en el corazón, no se da en los gestos". y
le va haciendo las preguntas. Cuaresma
es tiempo de hacernos hondas preguntas, porque fíjense, la Pascua no es tanto
una propuesta de Dios, sino una respuesta de Dios. Es decir, si no se da la
pregunta, yo no voy a entender la respuesta. La Pascua es la respuesta a
nuestra pregunta, por eso debemos profundizar nuestras preguntas. Que da
miedo, sí, da miedo. Por eso, en la segunda lectura de la carta a los romanos
aparece esta idea fundamental, que le dice el autor de la carta, o sea que
(sigamos con nuestra manera de hablar) para tener el coraje de hacerse la
pregunta, hay que, en la fe, convencerse de que es el amor de Dios el que
suscita la pregunta. La pregunta por la vida, Dios no la hace para jorobarnos,
o para que hoy al mediodía almorcemos intranquilos por lo que el cura dijo
(dicen que el domingo siempre el cura la da, todavía me dijo uno que yo le
amargaba el domingo. Es evidente que a muchos yo les amargo el domingo, a mí
también me amarga el domingo ¡ojol y me amarga el domingo de mis falsas
seguridades, el domingo de los ravioles, y la siesta de la conversación inútil,
o de la canasta, es el domingo de las almas estúpidas, pero esas son las que
no entran en el reino de los cielos.). La
mayoría de ustedes son adultos y tienen hijos. Fíjense que cuando tuvieron
sus hijos, esos bebés, ustedes con amor se inclinaron sobre sus hijos, y les
fueron haciendo preguntas a sus hijos, y las preguntas, y el inclinarse de
ustedes sobre sus hijos, hizo que el cerebro de sus hijos empezara a
funcionar, e hizo que sus hijos empezaran a hablar, e hizo que sus hijos
empezaran a preguntar ¿por qué, mamá? y ustedes los fueron engendrando a la
vida. Dios obra del mismo modo. Por eso el hacerse la pregunta, preguntas
crudas, dolorosas, y nuestra fe verdadera, la misa del domingo no es un talismán
que usamos para vivir tranquilos y nos importa un pepino de Cristo, de un
Evangelio que nunca leímos en la vida, de los pobres, de los marginados,
vivimos tranquilos elaborando la salvación eterna. Son preguntas que duelen.
Puedo comulgar yo con el corazón como estoy, sembré odio, la división, ¿y
puedo seguir comulgando? ¿a Dios, le meto el perro? Soy egoísta, moneditas
para los pobres, miles de dólares para el auto importado; me sigo mintiendo,
mi vida se transformó en una mentira sabiamente elaborada de la que yo me
alimento. Por
eso vienen los momentos de la angustia, de la soledad, del dolor, de la
impotencia. Es lógico. Se siembra lo que se cosecha. No hemos sembrado vida,
nos hemos mentido. Volver a hacerse la pregunta, y saber que es el Señor
quien, en su inmenso amor, suscita la pregunta para poder darnos la respuesta.
(Es como ustedes con los nenitos, cuando eran chiquitos, "abrí la
boca", si el nene no abría la boca ustedes no le podían dar la papilla.
La pregunta es el abrir la boca y la pascua la respuesta.) Por eso, a la
pascua la entiende el que se preguntó. Si no, el otro se divierte, viene,
celebra la pascua, se come la rosca, y el lunes de pascua vuelve a ser más
cretino que el miércoles santo. Es decir, lo hizo crecer en cretinidad la
pascua, o en mediocridad (por eso yo les proponía al final una serie de
preguntas). Las
leo sencillamente, estos hechos son muy ricos, hoy el tiempo es muy breve. Las
leo como consecuencia de lo anterior y como partida de meditación para cada
uno de nosotros... ¿Vivimos
la esperanza y el compromiso de nuestra vocación eterna o lo dejamos para
después? Pensamos siempre que va a haber un día en que nos vamos a tomar
todo en serio. Nunca llega. ¿Buscamos
en los bienes materiales la alegría y la saciedad de vivir que jamás podrán
darnos? Los bienes de la vida son buenos, el problema es que no nos van a
alimentar. Como los caramelos son buenos, sí, pero prueben estar un año
comiendo caramelos nada más, a ver qué pasa. Se mueren. Se necesita otro
alimento para vivir, los bienes de la vida son buenos, pero ¡ cuidado! no van
a saciar nunca. ¿Creemos
que sólo Dios puede colmar los deseos de nuestro corazón? ¿Está en El
nuestra esperanza? ¿Creemos realmente en el amor de Dios por nosotros? ¿Nos
sentimos amados por Dios? Muchas veces se ve, yo diría en el inconsciente de
la gente esta idea o esta experiencia, no le des mucha bolilla a Dios, porque
si le das mucha bolilla a Dios termina jorobándote; entonces mejor, rezá el
Ave María, el Padre. nuestro y el Gloria y no le des mucha bolilla. ¿Es
nuestra vida fecunda en buscar y hacer el bien a los demás? Porque el test de
si nuestra vida realmente tiene calidad y envergadura, se ve en lo que
hacemos, no en lo que decimos. Porque según lo que dicen, todos son santos.
(Es como esa gente que porque es de la acción católica, son santos, los demás
son pecadores. Porque pertenece al movimiento familiar cristiano son santos,
los demás son pecadores. Porque hizo el cursillo de cristiandad es recontra
santo, los demás son recontra pecadores.) ¿Es nuestra vida fecunda en buscar
y hacerle el bien a los demás, o vivimos solamente para nosotros mismos y
nuestros intereses?, o sea, vamos caminando hacia ningún lado. ¿Adoramos
a Dios con sinceridad de corazón o nos quedamos en un culto solamente
exterior? La misa. ¿Nos
quejamos cuando Dios no nos da lo que queremos, o amamos su voluntad y creemos
en su providencial? (¿se acuerdan lo que una vez dijo el padre Domaica, hará
diez años, acá?: Dios nunca golpea el traste solamente, ni acaricia la
cabeza solamente. Dios con la mano izquierda nos acaricia la cabeza mientras
que con la mano derecha nos sacude el traste y es la metodología de Dios.) ¿Estamos
aprovechando esta cuaresma?; bajemos a lo concreto, ya estamos en la mitad, ¿estamos
aprovechando la cuaresma o esperamos que pasen los días, esperando que nos
vamos a convertir en una mañana que nunca llega? Se
dan cuenta que la palabra de Dios es exigente; en el fondo, lo que Dios quiere
no es que seamos todos curas y monjas; para rezar todo el día, e ir al cielo.
No, no. Lo que Dios quiere es que la fe ilumine nuestra vida, nos abra el
horizonte y que cada día, cada hora, cada gesto, cada cosa, estén preñadas
de alegría. Porque después de cuatro vasos de vino también hay alegría.
Pero eso es la alegría con minúsculas. De alegría, de paz, no la paz que
viene después de tomarse Valium. Esa no. Una paz espontánea, de la
esperanza, que esté preñado así, de serenidad, en ese tipo de gente que su
sola presencia es una bendición para los demás, su mirada, su voz. Dios lo
que quiere es eso. Es el hoy de nuestra vida, en calidad, en envergadura. La
salvación hoy. El
Señor nos dice todo esto para que partamos al mundo y le llevemos al mundo
que nosotros mismos, el mejor don que le podemos hacer al mundo somos
nosotros, hombres y mujeres que viven en plenitud, que obran la verdad, que
hacen lo bueno, que construyen el mundo en serio. Eso es lo que nos pide Dios,
vivir nosotros con mayúsculas, vivir y ayudar a vivir a los demás, hoy, mañana,
pasado, y siempre, porque la vida eterna no es una hipótesis de futuro, sino
es el hoy comenzado, que sigue. Hagamos
un silencio y una oración. 29.3.1981
- CUARTO DOMINGO DE CUARESMA Lecturas: 1
Sam. 16,9-13 EL 5,8-14 Jn.
9,1-41 Vamos
a tratar de dar un paso más en el proceso de la reflexión cuaresmal de este
año. Sería el de hoy el quinto paso, luego del miércoles. de ceniza y de
los tres primeros domingos de cuaresma. Bien, como siempre, a fin de evitar
divagaciones, tres lecturas bíblicas que la Iglesia se plantea a sí misma,
buscando la palabra de Dios a fin de, a la luz de esa palabra, sensibilizarse,
descubrir y celebrar al Cristo de la Pascua.
. Es
curioso esto: descubrir y celebrar al Cristo de la Pascua. Uno puede decir, ¿es
que uno no ha descubierto a Cristo? Hace pocos días el Papa Juan Pablo II da
una definición muy interesante de la cuaresma, decía que la cuaresma es el
tiempo de rescatar la verdad. ¿Curioso, no? De rescatar la verdad de uno
mismo, de rescatar la verdad de ,Dios, de rescatar la verdad de Cristo, de
rescatar la verdad de la vida, la verdad de las cosas, del universo. La
verdad. Fíjense
que nosotros no apreciamos la verdad, lo que significa, porque la
contraponemos al error, y entonces, es claro, como todos nos equivocamos, ya
uno entra a pactar con que vivir la verdad, incluso, de uno mismo, no sólo no
es fácil, sino que es imposible. La
falla está en que la verdad, en el sentido bíblico, en el sentido evangélico,
no se opone al error, se opone a la mentira, se opone a lo falso. Es la
diferencia que hay entre una pared revestida de mármol y una pared pintada al
óleo imitando el mármol, como hay en tantas iglesias. O esos altares que
parecen de mármol y no lo son. La mentira, la mentira en el arte. Tiempo
de rescatar la verdad, porque inconscientemente, y acá no es un problema de
pecado consciente, podemos estar mintiéndonos a nosotros mismos, podemos
estar mintiéndonos con respecto a la imagen que nos vamos haciendo de Cristo,
podemos estar mintiéndonos con respecto a la orientación y a la praxis
concreta de nuestra vida. Pero bien, vayamos a la lectura bíblica. La
primera lectura que leyó Blanca, relata la elección de David como rey de
Israel. Es muy muy interesante, diríamos, la elección, no sólo por el
relato histórico, sino por todo lo que significa; es todo un juego de
absurdos. Primero, porque el profeta Samuel va a buscar al rey al sur, a la
tribu de juda, al campo, es decir, cuando en realidad los reyes están en las
ciudades. Va a la casa de un betlenita, un jefe de familia, un clan, y lógico,
en el clan, siempre el que se impone es el padre, el jefe del clan. Pero lo
curioso es que Samuel rechaza al jefe del clan. Entonces viene la otra
alternativa: será el hijo mayor, Eliad, porque es un hombre inteligente, un
hombre maduro, serio, etc. No, no es. Y va pasando por todos los hijos. I Qué
absurdo, lo va a buscar al campo, un pastor nunca puede ser un buen rey. Lo va
a buscar a un clan, y elimina la cabeza del clan, lo cual es terrible en ese
momento y elimina a los hijos. Y al final le dice: "acá falta
alguien", y manda a buscar al chico menor, que lo tenía trabajando en el
campo, que lo despreciaban por una cosa (aparece en textos paralelos apócrifos),
y es que les había salido rubio (ustedes saben que son todos morochos, ¿no?,
le había salido rubio, de ojos celestes, son esos chistes que hacen los
genes). Era el menor, al campo a trabajar, muy chico. Lo manda a buscar, viene
y cuando aparece este muchacho Samuel, lo unge como el rey de Israel. Hasta
aquí, el relato bíblico. (Como ustedes saben, estos relatos bíblicos no son
relatos de un hecho histórico en sus detalles, sino toman la inspiración de
un hecho histórico, para hacer una reflexión, un análisis sobre la vida,
sobre el hombre, sobre Dios, todo evidentemente provocado por Dios. Aquí
hay un hecho real; toca el problema de una vocación, o sea, Dios siempre
llama. Los grandes personajes bíblicos son siempre llamados por Dios. Y este
llamado por Dios, cuando uno va penetrando, diríamos la Biblia, se encuentra
con que es patrimonio de todos. El solo hecho de vivir, el llamado a la vida,
es una elección de Dios. El llamado a la vida. Y esta es una de las grandes
fuerzas bíblicas; por eso la Iglesia jamás admitirá el aborto, por una razón
de índole teológica, porque el solo hecho de que alguien comience a existir
es un llamado de Dios, es una vocación. Por eso, el aborto en sí mismo es un
"no" a Dios, además de ser un asesinato, es un "no" a
Dios, por eso la Iglesia jamás podrá admitir el aborto. Es decir, es una
vocación, el .hecho de vivir. Esto
habría que analizarlo mucho, porque nosotros disponemos del tiempo, del
dinero, hacemos lo que queremos, como si la vida fuera nuestro patrimonio.
Recuerden que hubo un tiempo en que no estábamos y en que nadie pensaba en
nosotros. Si vivimos, es porque alguien nos llamó a la vida. Vivir, es ante
todo, un llamado. .Lo mismo, que la fe. Hay gente que no tiene fe y hay gente
" que
tiene fe. La fe y el deseo mismo de profundizarla es un llamado también. O
sea, es el dedo de Dios que toca por dentro a alguien. y sea el llamado a la
vida o el llamado a la fe están en función de un servicio, de una tarea.
Dios no nos llama sencillamente para perdurar como el perejil. El
hecho de vivir o el hecho de tener fe son la interpelación para un servicio,
para una tarea, para un trabajo y son también el llamado para una consumación
para una esperanza. Por eso los cristianos entendemos la vocación terrena a
la luz de la vida eterna. Ahora
bien, todo esto, o sea el problema de ver esto como vocación hay que hacerla
con mucha serenidad y viendo que entender la vida no puede hacerse, según
criterios humanos, que es lo que quiere señalar la lectura de hoy. David fue,
sin duda alguna, el rey más grande de Israel y no sólo del Israel antiguo,
sino que aún hoy día, la tumba del rey David en Jerusalén es un poco como
el mausoleo de San Martín en la catedral, el padre de la patria. Sin embargo,
de acuerdo a la lógica humana, David estaba destinado a ser un muchacho
pastor de cabras, y no sólo eso, despreciado aún por sus propios hermanos
por ser rubio, y por ser chiquito de estatura (¿recuerdan la pelea de David
con. Goliat?), sin embargo .Dios va a buscar lo que aparentemente no va, y a
través de eso Dios encamina a Israel hacia la constitución de su experiencia
histórica como nación. Por eso dice el texto, textualmente, ahora releo el
texto, los hombres ven las apariencias, Dios en cambio mira el corazón de las
cosas. Fíjense
lo que está encerrado por debajo de esta lectura, es esto: uno
puede celebrar la pascua si primero recupera la fuerza de su deseo de vivir.
Porque miren, que el solo hecho de estar gorditos y simpáticos o. del solo
hecho de no querer morirse, no significa que uno quiere vivir. Hay muchos que
ya están muertos; lo decíamos creo que el domingo pasado o el anterior: se
puede celebrar la Pascua si uno recupera primero el deseo de vivir, porque se
siente elegido por Dios para la vida, se siente hijo de Dios, hijo, recibe la
vida de Dios, y siente d deseo de vivir no solamente para engordar, sino
porque la vida es una tarea, porque la vida genera una pasión. Dicho
de otro modo, reiterando la terminología creo de hace quince o veinte días,
cuaresma es tiempo de recuperar la pasión por la vida, porque sólo quienes
están apasionados por la vida, pueden descubrir al Cristo. de la Pascua.
Porque lo que vamos a celebrar el día de Pascua no es el recuerdo de la
resurrección de Cristo., hace dos mil años, no es tampoco una vaga esperanza
del futuro, "cuando me muera El me resucitará, el Espíritu Santo",
sino una situación de presente: de la pobreza sale riqueza; de la
esterilidad, fecundidad; del pecado, gracia; de la mediocridad, calidad; de la
tibieza, envergadura de la tumba, resucita el muerto. En el fondo, sólo los
que aman hondamente la vida, pueden dejar que el día de Pascua, al celebrar
la resurrección de Jesús dejen que el Espíritu Santo nos resucite a
nosotros, ¿de qué muerte?, de la muerte de nuestro egoísmo, de nuestra
tibieza, de nuestros esquemas estériles, cada uno sabe qué. Por eso, el día
de Pascua es el día en que uno debería elegir volver a vivir, a recuperar en
plenitud la pasión por la vida. Este
mismo tema, con otras variantes, aparece en una segunda lectura, donde San
Pablo habla de que los hijos de Dios son hijos de la luz, y hace un juego de
luz y las tinieblas. Un poco significado esto: tinieblas es igual a
esterilidad. Ustedes vieron que los lugares en donde no entra la luz no crecen
las plantas, en cambio en la medida en que la fuerza de la luz es mayor, es
mayor la posibilidad de la vida. Ser hijos de la vida vendría a ser. Se dan
cuenta, cuando Jesús dice "yo soy la luz del mundo" no está
diciendo una pavada, está diciendo sencillamente "yo soy el principio de
la vida". Eso
que dice San Pablo aparece en el Evangelio, que lo vimos bastante entrecortado
porque es un texto larguísimo, en el que se relata la curación de un ciego.
Nos volvemos a encontrar con el mismo problema del libro de Samuel de la
primera lectura. Es decir, que acá no es un hecho histórico que se narra
como tal, sino del cual se hace una interpretación; es decir, el evangelista
va analizando los gestos de Jesús y de los protagonistas y va proponiendo una
alternativa. Primero, está el hecho de la ceguera y de la curación. Y después,
lo curioso, si ustedes prestaron atención al texto, es que todos, todos (Jesús
cura al ciego) se resisten a admitir que el ciego sea curado. Todo el juego
del Evangelio es ese. Hasta que al fin el único que admite que el ciego fue
curado, es el mismo ciego, porque los demás, nadie lo cree. y lo curioso es
esto, otro aspecto, Jesús lo cura en un día sábado, donde está prohibido
curar. Y
ustedes dirán ¿adónde irá todo esto? Va un poco a lo que señalábamos
antes. Dios juega mucho con la dialéctica del absurdo humano. Lo que nosotros
consideramos absurdo a veces es aquello por donde Dios va llevando las cosas.
La idea es ésta, que plantea Jesús, dejarse curar por Dios, o dejarse, si
ustedes quieren, curar por la luz, dejarse iluminar, dirían los padres de la
Iglesia primitiva; por eso dice Jesús en un determinado momento, por ahí, le
dice, qué es lo que vino a traer al fin y al cabo al mundo; le dice al final,
Jesús agregó: "he venido a este mundo para un juicio, para que vean los
que no ven y queden ciegos los que ven, para un juicio". ¿Qué es el término
juicio en la terminología de Jesús y cómo se relaciona con el dejarse curar
por la luz? El
juicio no es un término jurídico sino es un término vulgar. Sería, y en
otra oportunidad lo hemos visto, ver la verdad de una cosa. Les di varias
veces un ejemplo que usa un famoso teólogo, el padre Casá, explicando uno de
estos textos, que el juicio de Dios sería lo mismo que el médico hace cuando
toma mi radiografía; es decir, me sacaron la placa, pone la luz detrás y la
radiografía en el medio y ahí aparece mi verdad, me guste o no me guste, es
mi verdad. Señora, aunque usted diga que está gordita y simpática, tiene un
agujero en el hígado, mírelo, acá está. La verdad es ésta, y no es que
Dios imponga una verdad, es usted; dejarse iluminar, dejarse penetrar por la
luz para que aflore la verdad de nosotros mismos, y desde esa verdad de
nosotros mismos dejarnos curar por Dios. Miren,
dejarse curar por Dios no significa que Dios me perdone los pecados, que Dios
se olvide de mis miserias, que Dios me cure al gato, que me conceda un año
lindo, con muchos clientes, que pueda salir de vacaciones. No, no, no. Esos
son los chantajes que le hacemos a Dios. Dejarse curar por Dios significa
dejar que Dios meta la mano en nuestras vidas y nos ayude a recuperar la
capacidad de vivir, lo que hablábamos al comienzo, y que, si lo hemos
perdido, nos ayude a recuperar el entusiasmo de vivir, pero de vivir en el
sentido integral, no sólo en las dimensiones inmediatas sino también en las
mediatas, no sólo en las temporales, sino también en las eternas, no sólo
en mis dimensiones personales sino también en lo social. Que Dios me conceda
a mí el don de volver a amar la vida, que Dios me ayude a mí a recuperar la
pasión por vivir, y que lo haga partiendo de la verdad de lo que soy, sin
ocultar nada, sin tapar nada. Cuaresma
es la gran terapia por la cual uno vuelve a recuperar, yo diría, la
autenticidad de lo más íntimo de su ser, al ubicarse frente a Dios. Por eso,
el miércoles de ceniza hablábamos de que Cuaresma es un tiempo de oración,
lo cual no quiere decir bla bla bla. Orar quiere decir ponerse en presencia de
Dios y dejarnos ver por Dios; es teniendo a Dios como testigo, tratar de
descubrirlo a El y descubrirnos a nosotros. Decíamos el miércoles de ceniza
que es tiempo de penitencia, lo cual no es otra cosa que romper los esquemas
que tenemos; nos hacemos esquemas y nos quedamos aprisionados y esos esquemas
son los que nos hacen perder la alegría de vivir, la capacidad de vivir, la
pasión por la vida, la esperanza. Y hablamos de limosna porque dar,
compartir, duele, y nos ayuda a recordar la transitoriedad absoluta de todo lo
que tenemos, y que sólo es responsable frente a la vida el que hace de su
vida y de sus cosas un servicio a todos. Se
dan cuenta adónde va hoy la reflexión cuaresmal; volver a redescubrir en
nosotros el misterio de la vida, porque Pascua es la celebración de la vida.
Ver si amamos la vida, la terrena y la eterna, o si Dios es una especie de
sustituto, de talismán, para cuando se nos acabe el chiche del tiempo. Querer
renovarnos interiormente, sensibilizarnos, para no perder esta oportunidad,
porque la Pascua es la oportunidad de Dios para el que quiere vivir. La Pascua
no es para los tontos, los que van a romper el huevo y se van a comer los
confites. La
Pascua es para los hijos de Dios con mayúsculas, los que eligen a Dios como
padre. Es también el llamado a una honda sinceridad, al amor a la verdad de
nosotros mismos, la verdad de lo que somos, y de lo que hemos dejado de ser, o
de lo que no hemos nunca llegado ser, para dejarnos curar por Dios. Muchas
cosas. Están
ahí los tres textos bíblicos indicados en la guía parroquia!. Abramos el
corazón, nos vamos acercando a la Pascua. En la medida en que lo hacemos
tenemos que silenciarnos interiormente cada vez más, porque la palabra de
Dios puede ir sonando cada vez más fuerte. Todo esto supone, lo que decimos
hoy, las cuatro meditaciones previas de la cuaresma. Recorrámoslas de nuevo a
través de las guías parroquiales, y vayamos abriendo cada vez más el corazón,
porque la Pascua siempre es nueva. No es el espíritu que resucita a Jesús,
hace dos mil años, sino es el Espíritu Santo que visita a su Iglesia para recuperarla
para sí. Hagamos
un silencio y una oración. 5.4.1981
- QUINTO DOMINGO DE CUARESMA Lecturas: Ez.
37,12-94 Rom. 8,8-11 Jn. 11,1-45 En
este quinto domingo de cuaresma, los textos de la palabra de Dios, de los cuales
leímos dos, hacen una doble proposición. Por una parte sintetizan todo el
recorrido que la palabra de Dios nos fue haciendo realizar desde el miércoles
de ceniza hasta hoy; es decir, la cuaresma, lo anunciábamos el miércoles de
ceniza, es un proceso, que si no se vive crea una impotencia para celebrar la
semana santa. La
semana santa, sobre todo la Pascua, mil veces lo hemos dicho, no es el recuerdo
del pasado, no es pensar teóricamente en una esperanza del futuro, sino, la
Pascua es celebrar la experiencia honda de la vida, que Dios está realizando en
nosotros, y que El Dios, nos manifestó en Cristo. Por eso la semana santa no se
improvisa, por eso quien no recorrió la cuaresma solamente va a recordar el
pasado, o va a anhelar el futuro, pero no va a experimentar el don de la Pascua,
que es nuevo, inédito, que pertenece a los misteriosos designios de Dios. Estas
lecturas bíblicas, en primer lugar, nos hacen hacer una síntesis del camino
recorrido, y al mismo tiempo nos ponen en clima de la semana santa. Fíjense que
Pascua es celebrar la resurrección de Cristo, es celebrar el misterio, el punto
de partida, la esencia de la fe. Muchas veces nosotros le damos mucha
importancia a la Navidad, y sin embargo la Navidad, con todos sus grandes
valores, no pertenece a la esencia de lo cristiano, aunque no celebrásemos la
Navidad, seguiríamos siendo cristianos siempre y cuando celebrásemos, cada vez
de una forma más honda y más plena en la vida, la resurrección de Cristo.
San Pablo en una de sus cartas dice:
"Si Cristo no resucitó, si no hubiera resucitado, creer en Dios no sirve
para nada". Terrible esta frase "Si Cristo no hubiera resucitado,
creer en Dios no sirve para nada". Por eso la Pascua no es algo con lo cual
se juega, sino es sumergirse en el misterio de la vida tal como lo pensó y lo
realizó Dios en nosotros. Fíjense,
¿quién de nosotros no desea interiormente ser más joven; quién de nosotros
no desea interiormente quebrar una serie de esclavitudes que le impiden vivir
plenamente; quién de nosotros no necesita redimir un pasado, que a veces pesa;
quién de nosotros no necesita una respuesta a muchas preguntas que oscurecen
hoy la alegría de vivir, quién de nosotros no necesita una iluminación del
futuro para saber dónde vale la pena caminar o hacia dónde vale la pena
caminar? La respuesta a estas necesidades humanas es la Pascua de Cristo, no sólo
ni tanto como recuerdo, no sólo ni tanto como una esperanza final, sino como
una realidad que Dios ofrece hoy, rutinariamente, en la vida cotidiana. Fíjense,
cuando el Espíritu Santo arrancó de la muerte a Jesús nadie se dio cuenta en
Jerusalén, porque Dios obra así. Dios obra en lo cotidiano, se dan cuenta
quienes lo buscan, y quienes no les interesa piensan que no ha pasado nada. Los
habitantes de Jerusalén, en aquella madrugada de Pascua, no estaban atentos y
no se dieron cuenta que allí en Jerusalén, en aquellas horas de la madrugada
de Pascua, estaba aconteciendo el suceso más importante de la historia de los
hombres. Y
esta Pascua será lo mismo, en la rutina de un día cualquiera, los que buscan,
los que se han sensibilizado, los que aman la vida desde dentro, no con los
labios, serán visitados por el ,espíritu y arrancados de la pobreza, de la
mediocridad, del sin sentido, de la desesperanza, del peso de una historia
pasada, del miedo al futuro, de
todo lo que cada uno necesita, seremos todos arrancados. Por eso este domingo
nos sintetiza el proceso y nos pone en clima. Y lo hace en torno a un tema:
viendo ya la celebración de la Pascua, analiza el tema de la esperanza. .. De
la esperanza. Entendiendo
bien que, esperanza no es aguardar que algo suceda, sino esperanza es esa
actitud interior por la cual yo camino firme. mente en la vida porque sé adónde
voy. Mi vida no es un caminar hacia ningún lado, sino todo tiene sentido porque
voy a una meta. La esperanza es
eso. Y porque voy a esa meta, elijo cosas y desecho cosas, y esa meta se
transforma para mí en el criterio de selección
de opciones con que yo voy viviendo mi vida cotidiana.
La
primera lectura es del profeta Ezequiel, un relato muy antiguo. Ustedes saben
que hay distintos estilos de escribir en la Biblia. El
estilo profético es uno de los más difíciles y dentro del estilo profético,
más difícil aún, es el estilo apocalíptico, llamado apocalítico, porque el
más conocido es el libro del Apocalipsis.
. El profeta Ezequiel pertenece al estilo apocalíptico, tremendista, lleno de imágenes de hecatombes y curiosamente ahí, en el relato que habla de resurrección de cadáveres, tiene un mensaje muy hondo y está sintetizado en la última palabra que el profeta (el profeta hace como si Dios estuviera hablando) en la última frase que Dios pronuncia en este discurso, diríamos, les dice que no se desanimen (están pasando un momento difícil los judíos), que Dios es dueño de la vida y por lo tanto. no hay nada que pueda detener la vida, ni siquiera la muerte, ni el fracaso, ni el dolor, nada, y termina diciendo dos cosas, dice primero: "yo infundo el espíritu de la vida en ustedes, 'primera frase'; yo infundo el espíritu de la vida" (claro, la palabra espíritu para nosotros quiere decir otra cosa, a ver ¿cómo la podríamos traducir?, yo infundo el impulso y el deseo de vivir en ustedes. Eso nos quiere decir). El deseo y la fuerza de vivir en ustedes, lo infundo yo. Y después agrega inmediatamente: "y yo, Dios, cumplo lo que prometo", es dec |