Fundación Presbítero Oscar Amado

  

       

        Reflexiones sobre la Cuaresma

 

 PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION

 

Este pequeño libro, ha proporcionado muchas alegrías, no sólo por haber sido el primero que se editara, con todo el entusiasmo del comienzo de una nueva tarea evangelizadora, sino fundamentalmente por los frutos recogidos y la necesidad de una segunda edición.

Su impresión, se debió al deseo apostólico de difundir una interpretación de la Palabra de Dios, proveniente de las homilías dominicales del padre Amado, sobre el tiempo de Cuaresma, del año 198!. (Ciclo A.)

Primeramente fueron simples hojas fotocopiadas, que agotadas rápidamente vieron luego la forma de un cuadernillo como el presente.

Queríamos que la prédica de nuestro querido y fallecido pastor, volviera a la comunidad para ayudarla en su reflexión en su búsqueda del Señor, en su oración y crecimiento.

La primera edición fue una pequeña tirada de 1.000 ejemplares,que en el transcurso de los años 84 al 87 se agotaron.

Hoy, hemos vuelto a imprimirla con gran alegría, con gran gozo.

Al igual que la primera edición, han continuado siendo la desgrabación literal de la prédica de la Cuaresma de 1981, transcriptas tal como el padre Amado las pronunciara en el templo de San Pío X en Mar del Plata. (Peralta Ramos).

No es cuantitativo, lo que en este momento valoramos, sino fundamentalmente que todo el trabajo realizado no ha sido infructuoso, ha valido la pena.

Los cuadernillos de “Reflexiones sobre la Cuaresma” han llegado a lugares insospechados, y han servido de meditación a muchísimas personas.

La primera edición fue realizada en el Adviento de 1984 y esta segunda edición, sin quererlo, sin buscarlo, ve luz en la Navidad de

1987. Creemos que ambas ediciones, han sido puestas bajo el influjo de la fuerza nueva que trae el Adviento y celebra la Navidad, del Misterio escondido en la Palabra de Dios.

En esta segunda edición, se ha dejado al libro su forma y tapa anterior, respetando los cuatro cuadernillos ya editados sobre los tiempos fuertes litúrgicos.

Pero se lo ha hecho con una “renovada” voluntad de servicio a ese Pueblo de Dios, a esa Iglesia que el padre Amado amó y consagró su vida.

Hoy, más que nunca en estos difíciles momentos de confusión y ateísmo que vivimos, es un deber y una necesidad para todos los cristianos profundizar y afirmar la fe recibida y profesada, con un conocimiento más sólido, con una oración más auténtica y profunda.

Que estos cuadernillos nos ayuden en esa tarea, a todos aquellos que buscamos a Dios con insistencia.

Que el Señor bendiga a todos los que integran la Fundación Pbro. Oscar Amado, haga fecunda sus tareas y sean signo del amor de Cristo a su Iglesia.

Daniel Torino

 


4.3.81 - MIERCOLES DE CENIZA

 

Lecturas:

 

Gén. 3,19 Joél 2-12-18 2 Coro 5,20-6,2 Mt. 6,1-6

 

Hoy, la Iglesia comienza el ciclo de la Cuaresma. Ustedes recordarán que iniciamos el ciclo litúrgico de 1981 cuando, hacia fines de noviembre, comenzamos el adviento, y prácticamente hasta el 11 de enero la iglesia nos hizo centrar nuestra atención en el pesebre para que redescubriéramos el verdadero rostro de Cristo, para que recuperásemos al Cristo verdadero, al Hijo de Dios en el cual debemos creer, y cuya figura a veces desfiguramos con nuestros pecados.

El ciclo litúrgico comenzó por limpiarnos los ojos y el corazón y así poder leer el pesebre y revitalizar nuestra fe en Jesús. Si en Navidad lo importante era descubrir el verdadero rostro de Jesús, si en el ciclo segundo lo importante era descubrir qué significa ser cristiano, seguidor de Jesús, ahora comenzaremos a caminar hacia la pascua para ver qué significa el hecho de que Jesús haya sido resucitado por el Espíritu Santo y en qué medida el misterio de la muerte y de la vida, el misterio de la alegría y del dolor, y el misterio del amor, están vigentes en el hoy de nuestra vida; porque celebrar la pascua, como la navidad, no es nunca celebrar un recuerdo del pasado meramente, ni tampoco meramente esperar una resurrección del futuro, sino es también, y sobre todo, ver qué es lo que hoy el Espíritu Santo está haciendo en nosotros, como un día lo hizo en Jesús.

Es la fiesta central del año litúrgico, la pascua, es el centro de la fe (San Pablo dice: si Cristo no resucitó, nuestra fe no sirve para nada), dada la importancia de la pascua, tenemos un largo período de preparación. Estos cuarenta días que le dan el nombre al tiempo: la cuaresma, los cuarenta días que van de hoy hasta el domingo de ramos. y cuyo sentido, ¿cuál es?: liberarnos interiormente y sensibilizarnos para poder leer realmente lo que significa hoy, para nosotros, la muerte y la resurrección de Jesús. Liberarnos interiormente porque todos padecemos diversos tipos de opresiones. Y a veces padecemos la opresión de reducir, inconscientemente y sin mala voluntad, nuestra fe a esquemas, los cuales nos impiden realmente penetrar en el misterio de Cristo; por eso es liberarnos interiormente de un montón de cosas como vamos a ver después. Y sensibilizarnos.

Miren, hay que amar mucho la vida para meterse en el misterio pascual. Y a veces nosotros decimos que amamos la vida, pero vamos a medias la vida, se nos escapan los meses y los años, pero, sin calidad, sin plenitud, sin que lleguen realmente a saciarnos, llevando siempre un corazón parcialmente insatisfecho.

Por eso esta celebración de la cuaresma, y con este sentido la iniciamos, con la celebración de un rito cristiano antiquísimo, que es el rito de la ceniza. Con aquellos ramos, que el domingo de ramos de 1980, proclamamos el comienzo de la pascua, nuestra profesión de fe en Cristo, esos ramos los hemos quemado. Sólo queda ceniza, y esa ceniza la vamos a poner sobre nuestras cabezas; las vamos a poner sobre nuestras cabezas repitiendo aquella frase del libro del Génesis, al comienzo de la Biblia, que dice al hombre: "Acuérdate que eres polvo y en polvo te vas a convertir".

Es decir, este rito de la ceniza tiende a ubicamos frente al proceso de la cuaresma en esta actitud: volver a penetrar, a descubrir, a apropiarnos, aunque nos duela, y nos inquiete y nos distorsione interiormente, de la transitoriedad fundamental de nuestra vocación terrena. Es decir, nosotros tenemos una vocación a la vida que tiene dos instancias: una instancia terrena y una instancia eterna, una instancia transitoria y una instancia definitiva.

La instancia transitoria es buena, la vida es buena, los bienes son buenos, hay que gozados. La vida está para aprovechada, pero, es necesario recuperar el sentido de la transitoriedad. Las cosas de la vida son buenas, pero nunca nos van a saciar. Para vivir con el corazón sereno y pacífico, saciado, hay que ver el horizonte final, la vocación definitiva, lo cual se ve solamente cuando uno reubica su vida con la transitoriedad fundamental que todo tiene. Es lo que decía San Agustín al comienzo del libro de las confesiones. Decía: "Señor, tú nos creaste para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en ti".

La ceniza es eso, no es nada trágico, no es decir que somos una porquería, es sencillamente decir y descubrir que somos algo maravilloso creado por Dios, maravilloso, a pesar de nuestros pecados, pero todo cuanto vivimos es intrínsecamente transitorio, debemos librarnos un poco de la trama de la vida para poder avanzar en cuaresma y descubrirnos, o redescubrirnos a nosotros mismos en el misterio de la pascua de Jesús.

Bien, para comenzar a ver esto, las pautas de reflexión se dan siempre a través de las lecturas bíblicas. Por eso son muy importantes las lecturas bíblicas de los domingos. Hoy la liturgia nos ofrece tres lecturas de las cuales leímos dos y omitimos una de San Pablo a los Corintios.

La primera lectura del profeta Joel, que leyó María Angélica, ¿qué nos dice? Tres cosas: analiza el sentido que tiene el mortificarse, diríamos deliberadamente y para qué; y habla de la conversión del corazón, del ayuno. Dice, conversión del corazón, que hay que lograr una auténtica conversión del corazón, la conversión no es un problema moral, sino es un problema de vida.

Lo podríamos denominar "volver a centrarnos en Dios", redescubrir a Dios obrando en nuestras vidas, redescubrir la misericordia de Dios que va salvando aun las pobrezas de nuestro egoísmo y de nuestros pecados. Convertirnos significa eso: volver a centrarnos en Dios, y a la luz de Dios volver a vernos, y volver a elegir vivir, pero en una dimensión más plena. Y el profeta dice que eso es necesario para encontrar a Dios. Y después habla del ayuno -no comer- en el tiempo de ellos. Pero fíjense que el ayuno no tiene un sentido en sí mismo, el hecho de que hoy yo no coma carne, o coma menos, en sí mismo no significa nada si no expresa una realidad más honda que podríamos definir así: romper el esquema de nuestra vida. Todos tendemos, y es muy natural, a hacernos un esquema de vida, pero con el tiempo ese esquema de vida nos va agotando y nos va agobiando y nos va quitando la capacidad de vivir. Como esa gente que el lunes come milanesas, el martes come tallarines, el miércoles come qué sé yo, peceto, se hizo un esquema. Es como esa gente que todos los sábados a la mañana lava el auto, o los domingos al mediodía hace ravioles, o se va al cine, siempre lo mismo, lo mismo, lo mismo. Los cuadros en nuestras casas están colgados en los mismos clavos, los muebles en el mismo lugar. Ustedes conocerán esa canción de Alberto Cortés, tan tremenda y desgarrante "Como de costumbre". Como de costumbre a las ocho nos levantamos, vamos a trabajar, y como de costumbre, de costumbre nuestro esquema. El ayuno, el hacer penitencia, el quedarse varias horas rezando o leyendo, o el hacer una peregrinación, o el hacer una limosna que rompa el bolsillo y rompa todo, o el no comer o el hacer mil tipos de penitencia, ¿a qué van?, a romper nuestros esquemas. Fíjense, siguiendo el ejemplo, si el lunes después de Pascua seguimos como de costumbre, quiere decir que para nosotros no hubo Pascua.

Recuerden bien, conversión y ayuno dice el profeta JoeI, pero comunitarios, también. O sea, hay en ambas cosas un aspecto comunitario que es esencial, y es que lo hagamos todos juntos. No todos juntos físicamente, pero que lo celebremos todos juntos, y ese es el sentido de la cuaresma. Muchos de ustedes habrán hecho ayuno, abstinencia y penitencia hoy en sus casas, pero hoy, lo celebramos juntos. Ayudarnos mutuamente a vivir, esa actitud de conversión (vamos a utilizar otros términos), esa actitud de volver a centrarnos en Dios y nosotros mismos de rebote, y de romper los esquemas que nos hemos hecho, que quizá nos oprimen, nos quitan capacidad de vida, y no nos damos cuenta.

La Pascua la descubren los que tienen el corazón libre. Los que tienen el corazón oprimido solamente recuerdan en Pascua un hecho del pasado, que como recuerdo solamente, no salva.

Hay una segunda lectura que no leímos de San Pablo a los Corintios, donde San Pablo da tres consejos, y son éstos, y qué interesantes las cosas que dice: Primero: es tiempo para dejarse reconciliar con Dios. Fíjense que es interesante que no dice que nosotros nos reconciliamos con Dios, no dice eso, pidamos perdón de los pecados, no, no; dice al revés: que nos dejemos reconciliar con Dios, no, diciendo, golpeándose el pecho, perdónenme los pecados. Dejarse reconciliar con Dios es, hablando mal y pronto, es dejar que Dios meta la mano en nuestro corazón y empiece El a modelarnos como El quiere, empiece El a tirar lo que hay que tirar, y empiece El a meter lo que El piensa que hay que meter... dice San Pablo, dejarse reconciliar por Dios.

Segundo, dice San Pablo: no desaprovechar la gracia de Dios en este tiempo. N o desaprovecharla. La cuaresma es un ofrecimiento, no desaprovecharlo. Miren que acá no se trata de la salvación eterna solamente, sino se trata de nuestra vida, de lo que somos, de lo que hacemos por los demás, y yo diría de la calidad de nuestro ser. San Pablo nos dice "no despreciemos la oportunidad" y agrega con más énfasis "no dejemos pasar este tiempo".

Tercero: El habla del hoy de la salvación. La Pascua no es fundamentalmente ni un ayer ni un mañana, es un hoy; como hace dos mil años cuando el Espíritu Santo acompañó a Jesús en la cruz y lo resucitó fue un hoy, un ahora. Tenemos que dejar que la gracia de Dios entre en nuestras vidas y en el rebote comunitario que nuestras vidas tienen, el hoy de Dios en nosotros. Así como un día Dios nos dio la mano para darnos la vida, así como un día Dios nos dio la mano para darnos la fe, así como cada uno de nosotros sabe cómo Dios metió la mano para hacer muchas cosas en nuestras vidas, eh, no perder la oportunidad y dejar que Dios meta la mano.

En la tercera lectura del Evangelio de San Mateo, San Mateo continúa planteando el sermón de la montaña que hace ya, creo que tres semanas, o no, más, cuatro semanas, venimos meditando

La liturgia toma las observaciones que Jesús hace respecto a la limosna, a la oración y al ayuno. Es decir, cuaresma es un tiempo de Dios, pero también supone actitudes nuestras de apertura de las cuales la limosna, la oración y el ayuno son arquetipos nada más. Y Jesús analiza que estas cosas tienen que ser actitudes interiores muy sinceras.

La limosna, dice Jesús, que sea verdadera, silenciosa, secreta y ¡ojo! dar limosna no significa tirar unas chirolas. Dar limosna no significa dar lo que nos sobra, sino dar de lo que necesitamos para vivir. Eso es dar limosna. Sentir el dolor del dinero que se nos va. Sentir el dolor de que en vez de comprar un saco voy a compartir ese dinero. Nosotros vamos a recibir las contribuciones cuaresmales para la casa de retiro este año. Todos los años un motivo diverso. El año pasado fue para la capilla de un barrio pobre. La limosna silenciosa y sincera, que es dolorosa. Es doloroso dar limosna, limosna en serio, no chirolas. Es doloroso renunciar a algo a lo cual tengo derecho. Porque el dinero con el cual yo pensaba comprarme un saco o comprarme tal cosa, es mío yo no lo robé. Lo gané trabajando, tengo derecho a tenerlo, y sin embargo me privo deliberadamente de él para el bien de otros, como un acto de fe no es una limosna sin fe, duele la limosna, me libera interiormente, libera mucho.

. . Después la oración, dice Jesús, pero no el bla-bla de los paganos, sino la oración íntima, profunda, continuada en un clima meditativo, de corazón abierto, de espíritu filial de reencuentro con Dios como Padre; una oración en la cual uno invierte tiempo, invierte silencio. Encontrarse con Dios significa un clima de silencio, de paz. No se trata de rezar Ave María, Padrenuestro, así, como una catarata. Jesús dice: "Así rezan los paganos" (lo dice en el pasaje anterior que no leímos), multiplican sus oraciones con la boca los paganos, que piensan que a Dios hay que aburrirlo para que escuche. No. La oración íntima, filial, continuada, meditativa.

y después dice Jesús "el ayuno", de lo cual hablábamos antes, pero un ayuno auténtico, real. Hoy no voy a comer. ¿Probaron algún día no comer, pero no comer no por no comer, no comer incluso para liberarme de los horarios de la comida, y del hecho mismo de comer. Hay que hacer la prueba. Cuando la Iglesia toma el ayuno y la abstinencia, no lo hace así para poner folklore religioso sino va a la raíz del problema (aun válido para nosotros que estamos todo el día rendidos, digamos, en los brazos de la sociedad de consumo, no podemos vivir sin la galletita, sin la gaseosa, sin esto, a cada rato, a cada rato, a cada rato, a cada rato). Romper ese esquema, que es esclavizante; comer es bueno, pero puede esclavizar. La gula es un pecado, es en el fondo, convertir el acto de comer, que es un acto vital, en un vicio. Es lo contrario a la templanza. La limosna, la oración y el ayuno son características cuaresmales. Medítenlo.

y es curioso, lo que pide la oración que rezamos al comienzo, dice, pide a Dios, hoy que comenzamos la cuaresma, lo siguiente: que nos dé la fortaleza. Porque miren, la cuaresma no viene de arriba, hay que pelearla, lo que decíamos del adviento: la Navidad no viene de arriba. Hay que pelearla. Pedirle a Dios que nos dé la fortaleza. Porque a veces no tenemos coraje, o nos desanimamos. Que nos ayude a profundizar el espíritu de conversión. Convertirse no es pasar de malos a buenos, convertirse es centrarnos en lo válido de Dios, de la vida y de nosotros mismos.

Ser fieles a ese proceso, dura cuarenta días. Si uno lo corta, se pierde en el camino; y así podemos vencer y combatir el pecado sobre nosotros porque después va a empezar a obrar (porque nosotros esto lo vemos clarito), pero después empieza a obrar. Pongamos el ejemplo que usábamos recién: la gula empieza a obrar, el producto de consumo, la comodidad, la fiaca, la superficialidad, el escepticismo (total para qué me lo voy a tomar en serio si al fin y al cabo una experiencia de Dios la tienen los santos nada más).

            Pedir al Señor la fortaleza. Bien, este es el punto de partida de la cuaresma en este miércoles de ceniza.

Ahora oremos unos instantes en el silencio pidiendo al Señor que nos acompañe. Después vamos a bendecir la ceniza y la vamos a poner sobre nuestras cabezas.

 


8.3.1981 - PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 

Lecturas:

 

Gén. 2,7-9. 3,1-7 Gén. 2,7-9. 3,9-7 Rom. 5,12-19 Mt. 4,1-11

 

Vamos a tratar con serenidad de abrir el corazón a esta palabra de Dios que acabamos de recibir en este primer Domingo de cuaresma. El miércoles pasado comenzamos la cuaresma, el miércoles llamado de ceniza. Después de haber celebrado el misterio dé la Navidad, que nos replantea el problema: "¿en qué Cristo creemos?"; luego de siete semanas, del 18 de enero al domingo pasado, de haber meditado sobre qué es ser cristiano, la liturgia del miércoles de ceniza nos introdujo en la Cuaresma.

Cuarenta días para preparar la pascua. Cuarenta días que comienzan precisamente con el rito de la ceniza, que evidentemente recuerda el libro del Génesis: "acuérdate que eres polvo y en polvo te vas a convertir". Es decir, que empieza cuestionando el sentido de la vida. ¿Qué sentido, así a primera vista, puede tener una vida, que sencillamente es un soplo, que sabemos que tarde o temprano se va a diluir? O sea, hay que penetrar el sentido de la vida para aprehenderlo, para encontrarlo, para hacerlo propio, para adherirse a él. En el fondo, la celebración de la pascua no es otra cosa que la celebración, para quien realmente ama la vida, la celebración de nuestra vocación a la vida. Por eso es tremendamente vigente la cuaresma.

En este primer domingo son como instancias. Las tres lecturas del miércoles de ceniza nos decían varias cosas, sobre todo nos hablaban de romper el esquema de vida porque uno se acostumbra a vivir dentro de esquemas. En mi casa tengo los cuadros en un mismo lugar, tengo los muebles, tengo la ropa, como aquella canción de Cortez "Como de costumbre", el lunes a las ocho, como de costumbre, a las ocho y media, como de costumbre, a las nueve, hasta los domingos como de costumbre, es decir, un esquema de vida en el cual a nosotros nos parece vivir pero que en el fondo, en este esquema de vida estamos atrapados, estamos muriéndonos, estamos gastando, o en el mejor de los casos estamos desperdiciando los hermosos años de la vida.

Bien, luego de aquella reflexión, romper el esquema, y yo diría, cuestionarse a sí mismo, hoy hablan estas tres lecturas de un tema viejo pero generalmente mal comprendido; del pecado.

            Vamos a seguir las tres lecturas, las dos que leímos, Génesis y San Mateo, y una que omitimos de San Pablo en su Carta a los Romanos.

Van a ver cómo el problema del pecado no es tan folklórico como parece, porque para muchos el pecado es un problema moral. Es decir, soy bueno o soy malo; el pecado es una cosa mucho más honda.

Pecado, la palabra pecado quiere decir errar. Es como si uno tira al blanco y no pega en el blanco. Si queremos una descripción, el pecado es un problema existencial; si lo queremos decir en una manera más simple aún, es perder la vida. Es eso: perder la vida, perder media hora de vida, perder una actitud de vida, que se nos escape una dimensión, perder la oportunidad de ser felices, renunciar a la plenitud, al equilibrio interior, a un montón de cosas.

En esta óptica, está el relato del libro del Génesis que no es un relato histórico; no pretende decir que Adán y Eva estaban en el paraíso, etc., sino es en un estilo literario muy particular y muy antiguo, una penetración de porqué el hombre está como está. Técnicamente se llama una narración etiológica, es decir, de los orígenes del porqué somos como somos, por lo tanto es válido para todas las épocas. (Naturalmente el relato es más amplio. Aquí solamente está tomado un pedazo.)

Ustedes, no sé si prestaron atención, lo primero que dice es que Dios, como si fuese un alfarero, modela un muñeco y le sopla al muñeco en la boca, el muñeco vive y se transforma en un ser viviente. Esto naturalmente está tomado desgajado del contexto anterior, que en el fondo nos quiere decir esto: el misterio del hombre tiene una instancia inmediata que todos comprendemos y tiene una instancia profunda que uno debe luchar por encontrarla. Dicho de otro modo, en la antigüedad se hablaba de cuerpo y alma, palabras que han sido deterioradas por el tiempo quizá, pero que hoy podríamos traducir del siguiente modo: hay en mí una realidad cuando me capto, que se evidencia; mis manos, mi cuerpo, mi voz, mi salud, mi familia, mis pensamientos, mis deseos, es decir y yo digo; esto soy yo; y me miro al espejo y tengo una identidad; soy yo, escucho mi voz, y digo soy yo, pero me doy cuenta al mismo tiempo que más hondo quizá, o sin quizá, más hondo, más allá de esta experiencia hay una interioridad profunda en mí que yo la intuyo pero no la puedo experimentar inmediatamente, que se me escapa, como un yo profundo. Los sicólogos, de acuerdo a su escuela, van a hablar del subconsciente, del inconsciente, de lo que sea.

Es decir, en el hombre, lo inmediato, lo que uno puede captar inmediatamente es un diez, un quince por ciento de su realidad; el otro ochenta y cinco por ciento de su realidad, lo debe conquistar; es el conocerse a sí mismo. Es eso lo que quiere decir el libro del Génesis. ¡Cuidado!, que el hombre no es solamente la exterioridad, que hay una interioridad profunda que es donde realmente se juega el misterio de la vida. Por eso cuando uno va al psiquiatra, el psiquiatra tiene que pasar de la periferia a lo profundo para tratar de ver qué desquicio hizo esta persona allí dentro, y esa es nuestra realidad. No lo periférico, porque lo periférico está sujeto, diríamos, a mil accidentes.

Entonces comienza diciendo eso: ¡Cuidado! que la vida del hombre no es solamente materia, sino espíritu; que la vida del hombre no es solamente lo captable sino también una interioridad; y ¡Cuidado!, que la vida del hombre no es un hoy, porque el hoy no existe, el hoy es una abstracción; es sencillamente la historia de un pasado y un proyecto de trascendencia... de trascendencia. Yo soy lo que estoy por ser (podríamos decirlo así).

Dicho eso, el relato plantea el problema del pecado del paraíso terrenal, que en el fondo lo que nos quiere decir en una segunda instancia esta idea. Muy bien, perfecto, el hombre ubicado en esa actividad de búsqueda de sí mismo, porque se trasciende a sí mismo, porque es espíritu, porque es interioridad, tiene todo el mundo a su servicio, de modo tal que la vida es buena, los gozos de la vida son auténticos, el querer vivir es estupendo. .. es estupendo. Eso es lo que quiere decir el relato del paraíso terrenal.

Inmediatamente después pone el pecado original, que no se refiere original a un hecho histórico sino al origen de los pecados, o sea al origen de los yerros humanos, al origen de la pérdida de la vida. El pecado sería como una pelota que se pincha. Esa pérdida de aire es el pecado. Es el hombre que se desinfla o la vida que en uno se desinfla. .

Es decir, el pecado que está descripto ahí, en el relato del Génesis, como querer comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, que es una expresión hebrea para señalar a Dios. Es decir, el hombre quiere ser principio de sí mismo, y fin de sí mismo. En vez de aceptar que hasta él mismo no comprende su interioridad porque es trascendido por sí mismo, sin entender que al mundo hay que dominarlo y no dejarse dominar por él, y sin entender que en el orden de la trascendencia está Dios, no sólo en el atrás y en el adelante sino también en el "este momento" de nuestra vida, como el más allá de nosotros mismos que nos va moviendo (Dios no existe en alguna medida), no admite todo eso en una actitud de autosuficiencia, quizá no por maldad, por ser malo, sino por ser inmediatista, por ver solamente el aquí y el ahora, por ver la exterioridad de su ser. La autosuficiencia, que es el principio de la destrucción porque inmediatamente ¿qué pasa?, los echan del paraíso terrenal.

¿Qué significa la expulsión del paraíso terrenal? En el lenguaje Poético en que está escrito el relato del Génesis significa esto: la pérdida del equilibrio interior... la pérdida del equilibrio interior. Es decir, el hombre creado por Dios para una identidad de plenitud, de dominio, de trascendencia, al mirarse el ombligo o al chuparse el dedo, pierde su equilibrio interior. Y la pérdida del equilibrio interior lleva consigo mismo por un lado la pérdida de la identidad. ¿Quién soy? ¿adónde voy? ¿qué quiero? ¿qué es lo que me va a hacer feliz? ¿qué es lo válido? ¿por qué el dolor? ¿por qué la muerte? ¿vale la pena trabajar? ¿para qué romperse? ¿no es mejor gozar? ¿qué sentido tiene estar preparando este gozo que viene y se pasa? Pierde su identidad, no sabe quién es, le cuesta entenderse a sí mismo, tiene hasta miedo de meterse en uno mismo, tiene miedo de pensar en la vida y en la muerte, tiene miedo de pensar en todo. Se empieza a cargar de miedos, se empieza a cargar de angustias, y entonces empieza con una autoagresividad contra sí mismo y de distintos tipos y contra los demás. Adán le echa la culpa a Eva y Eva le echa la culpa a Adán, y los dos le echan la culpa a la serpiente y entra el lío. Es decir, pierden el equilibrio interior; y hay otra cosa más grave que está expresada a través de la imagen de la desnudez: se dan cuenta de que están desnudos y se tejen unas hojas de parra para taparse. Pierde el ser transparente, el ser limpio, el mirar, yo diría, a los ojos, el no tener segundas intenciones, el hombre empieza a mentir, a mentirse a sí mismo, empieza a no mostrar lo que es, empieza el teatro de la vida, donde cada uno representa un personaje que en el fondo no es y lo hace no por mala voluntad, es que perdió su identidad, no sabe quién es, se pone una careta. Y frente a los demás y frente a Dios no es transparente, no es limpio.

Esa es la tragedia del pecado, o sea el pecado (por eso reiteramos la idea inicial), no es un problema moral, de ser bueno o malo, sino de vivir en plenitud o vivir a medias o ir viviendo cada vez menos. y la raíz está en quedarse en la exterioridad de uno mismo sin ir nunca a una interioridad. El que no tiene vida interior -en el sentido más hondo del término-, nunca se va a conocer a sí mismo; y el que no se conoce a sí mismo va a caer en un montón, yo diría de empresas existenciales que jamás lo van a saciar, va a la bancarrota existencial. Por eso mucha gente vive apurada sencillamente porque no puede parar a pensar, pero no puede parar, porque se da cuenta de que si para, se encuentra con la inconsistencia absoluta de su vida, de su familia, de su pareja, de su trabajo, de sus hijos, de todo.

El problema del pecado es un yerro existencial: "equivocarse en la vida", "jugar a vivir, pero no vivir". Y todo eso, como produce un hondo dolor, una honda incertidumbre, genera el egoísmo, el yoísmo, es decir, que todo esté en función del yo; busco, sin identidad interior, con vacío interior, con grandes inseguridades y miedos, sencillamente saciarme con los bienes inmediatos que tengo a mano: para algunos será el dinero, para otros será el poder, para otros será el comer, para otros, será el viajar, para otros será el auto, para otros será el status. Entra cuando uno tiene esa falla existencial, entre a utilizar los sustitutos, a comer caramelos porque no sabe dónde está la comida, y empieza el progresivo derrumbre del hombre.

Hay una segunda lectura que omitimos de la Carta a los Romanos, en la cual San Pablo habla de Cristo, pero es interesante qué es lo que dice de Cristo. Dice: "en el fondo, ¿por qué Dios nos mandó a Cristo?" Bueno, todos lo sabemos, Cristo vino a salvarnos, y predicó, murió en la cruz, Dios lo resucitó, fenómeno. Pero, ¿qué quiso Dios que Cristo fuera para nosotros?

y San Pablo dice esto (él ya conocía el libro de Génesis, conocía la Biblia). San Pablo, entonces dice: ¿ustedes se dieron cuenta cuál es la imagen de Adán? Es lo que acabamos de ver, es éste el panorama del hombre. Bueno, perfecto, ¿qué horizonte puede tener el hombre con este arquetipo humano?; de un hombre que no se encuentra a sí mismo, sin interioridad, que ha perdido su equilibrio interior, que no ve la trascendencia, que se encierra sobre sí mismo para subsistir, nada más.

Dice: no, en Cristo: Dios nos muestra el arquetipo del hombre, lo que El creó, el modelo, el molde, si ustedes quieren. Y entonces San Pablo dice: por eso, el gran don, la gran gracia de Dios, el gran don de Dios, es que nos haya dado un modelo de nosotros mismos. Así como todos nos identificamos con Adán, dice, porque ¿quién no tiene inseguridad interior, quién no tiene desequilibrios, quién no tiene todo eso?, nos da otro espejo en el cual podamos ver qué es lo que podemos ser.

Por eso dice San Pablo: ... frente a Cristo como modelo, Dios, además de darnos el modelo, pone un llamado (fíjense qué linda palabra usa) para "obedecer" a la vida, "obedecer" a la vida (como el niño que obedece a la maestra). Una palabra. Es decir que hay un grito de la vida que hay que obedecer y en la medida en que uno fijándose en Cristo obedece a la vida, el grito de la vida que Dios pone en nosotros, al sentido, a lo válido, a la esperanza. Entonces el pecado, es decir el buscarse a uno mismo, el quedarse en uno mismo, pierde sentido.

Miren, uno solamente deja la mugre si en el horizonte aparece algo mejor. Uno no es mejor (a veces viene la gente y me dice: "¡Uy, padre! hace tantos años que tengo que superar este problema, y nunca lo

supero", es que los problemas no se superan con fuerza de voluntad, ahí viene el problema). Los problemas se superan, cuando yo descubro que lo opuesto es mucho mejor. Recién entonces. Por eso el médico con el enfermo, para hacerle superar su problema, ¿qué debe hacer?, abrirle un horizonte; si le abre un horizonte estupendo y le hace entender al enfermo que él es un pavo, está curado.

El problema está en descubrir el horizonte, y nos dice San Pablo; en Cristo, Dios nos muestra otro horizonte y nos invita a obedecer a la vida, y ésta es la imagen del hombre nuevo, y habla del hombre viejo y del hombre nuevo, no como si fuera un antes y un después, sino como la etimología; el hombre, condenado a envejecer sin remedio (el pecado sería una opción por la vejez), y el hombre que, al contrario, va eligiendo la vida y va siendo progresivamente más joven porque su vida va siendo cualitativamente más plena. Por eso la vida eterna es la juventud eterna. No es un premio para los jubilados que se mueren.

Es muy interesante porque aquí San Pablo toca el sentido de la vocación humana; la vida sólo es posible asumirla en la alegría si uno sabe que el horizonte siempre ofrece un mañana mejor que el hoy. Sólo así uno puede vivir en la alegría. Que Dios ofrece un mañana que a pesar de todo es mejor que el hoy. Y si esto no fuera cierto, Dios sería la contradicción de sí mismo, y la vida no tendría sentido.

Por último, leímos el Evangelio de San Mateo que nos presenta: Jesús, al iniciar su vida de predicación, treinta y pico de años se hace bautizar por Juan el Bautista, ahí en el Jordán, hacia el sur de Palestina, después sale, se va caminando por el borde del Jordán y llega a la región de Jericó, la ciudad más antigua del mundo, y se va a la montaña, es decir dentro del relato y San Mateo tipifica las meditaciones que probablemente Jesús después les contó a ellos.

Son relatos reconstruidos. Lo que importa es lo que se dice y no como se dice. Y Jesús les planteaba, se ve que les planteó las grandes tentaciones.

Fíjense cuando se va al desierto, ir al desierto es ir a la muerte. Yo recuerdo cuando estuve en Palestina, cuando pasamos en avión y después cruzamos en auto por el desierto, uno dice, que no se caiga el avión acá porque, ¡Dios nos libre, no hay nada! Es la imagen cabal y absoluta de la muerte. Por eso en medio del desierto de Judea está el famoso Mar Muerto, a cuatrocientos metros bajo el nivel del mar, el único lago del mundo donde no hay vida, no hay peces, ni bacterias, no hay nada, el Mar Muerto.            .

Ir al desierto es ir a lo difícil, es ir a afrontar el miedo por donde viene, el desierto es esa interioridad que no conocemos, el desierto es enfrentarse a la vida, el desierto es el tener el coraje de hacerse las grandes preguntas. Eso es el desierto. El desierto es encerrarse en el silencio sin tener la tentación de hablar todo el día, de la televisión, de la radio o de lo que sea.

y Jesús dice que cuando uno entra en el silencio lo primero de lo que le vienen ganas es de salir corriendo. Las tentaciones. Es decir, buscar pretextos, alternativas más fáciles, y pone tres tentaciones y aparece el demonio, toda una escenografía, después que Jesús entró en el desierto; le ofrece primero, claro en el desierto tiene hambre, haz que esas piedras se conviertan en panes; la primera tentación, pensar que lo material es bueno, el dinero, los bienes son buenos. Por más buenos que sean, nunca van a saciar nuestro deseo de vivir. Es lo que decía San Agustín al comienzo del libro de las Confesiones: "Señor, Tú creaste nuestro corazón para ti y nuestro corazón andará inquieto hasta que repose en ti". Es decir, nunca nos vamos a saciar, ni con el auto nuevo, ni con la casa nueva, ni con el vestido nuevo, ni ganando el Prode. Es decir, van a hacer una serie de cosas que vamos a ir usando con un corazón eternamente insatisfecho. Son buenas esas cosas, pero no pensamos que es eso lo que nos va a saciar y nos va a dar la alegría de vivir.

No nos podemos quedar solamente en lo material y periférico sino que debemos y podemos buscar realmente la vida, que es el planteo de la cuaresma. La cuaresma es bien concreta y bien real, no es para viejitas devotas. Es para nosotros, que estamos caminando, ayudarnos a reencontrar la vida.

La primera tentación es quedarnos así en lo periférico, nada más, que mucha gente lo hace no por mala voluntad, sino porque no tiene la oportunidad de ver otras alternativas. La sociedad de consumo es la sociedad de lo periférico, es la apología de lo periférico.

La segunda tentación viene y le dice que se tire de la torre del templo de Jerusalén que estaba sobre un monte y como le dijo Dios, no va a admitir que se golpee. El pensar que Dios va a hacer por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer solos. Aquí tendríamos que estudiar el famoso lema de San Ignacio de Loyola: "Si quieres que Dios te ayude, empieza ayudándote a ti mismo". Dios no va a suplir nuestra haraganería, nuestra fiaca, nuestra superficialidad. No... no. Es decir, Dios no puede ser cómplice de nuestra mediocridad. Dios nos va a dar lo que nosotros peleemos por encontrar, luchemos por hallar, eso nos va a dar Dios. Es lo que decía Jesús: "al que golpea se le abre, al que pide se le da, el que busca encuentra", pero fíjense, son todas actitudes de movimiento; buscar, golpear, pedir.

Es decir, Dios no hace por nosotros lo que nosotros no hacemos. Eso es tentar a Dios, el segundo mandamiento, no tentarás al Señor, tu Dios. No le pidas a Dios que haga lo que tenés que hacer vos, "no estudiaste nada, faltan unos días para el examen y entrás a rezar a lo loco para que Dios te ayude", no te va a ayudar, porque Dios no va a ser cómplice de tu vagancia. ¡Ah no! ¡Es que yo tengo una angustia interior, tengo esto, tengo lo otro!, No, Dios te va a ayudar, pero también tratá de ver y analizarte vos mismo, tené el coraje de meterte dentro de vos mismo, sé humilde y tené el coraje de aceptar tu verdad aunque te rompa el hígado. Desde tu humildad y tu pobreza confesar a Dios, que puede. hacer maravillas, pero sino, no. Es decir, no especulemos con Dios. No especulemos con Dios. y la otra tentación, es decir, yo especulo con Dios, es decir cuando las papas queman le tiro un cable, le mando un telegrama para que me ayude. Dios no es un tapaagujeros, no.

Y la tercera tentación, el demonio le dice (el demonio es el símbolo de dos cosas, es el símbolo del egoísmo y es el símbolo del que divide, del que rompe, del que enfrenta. .. es, es el demonio) que lo adore (o sea adorar, Ponerle oro), que considere como lo más importante de la vida, al egoísmo y a la división, es decir, el preocuparme sólo por mí. Jesús le dice: "Adorarás solamente al Señor, tu Dios". Es decir, no nos hagamos falsos dioses o falsas imágenes de Dios.

Bueno, el primer domingo de Cuaresma, camino a la Pascua, ¡ cuántas cosas! Esto sería para seguir muy largo, sobre todo con la última frase que les decía. Lo iremos reflexionando más adelante.

Ahora, como siempre, hagamos un silencio y dejemos que sea el Señor quien nos hable.

 


15.3.1981 - SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

 

Lecturas:

 

Gén. 12,1-4 2 Tim. 1,8-10 Mat. 17,1-9

 

Con la liturgia de este domingo y concretamente con estos textos bíblicos que acabamos de recibir y una tercera lectura de la Carta de San Pablo a Timoteo que hemos omitido, la Iglesia da el tercer paso en la gran reflexión cuaresmal. Reflexión cuaresmal que la Iglesia considera absolutamente necesaria para rescatar cada año su propia identidad. Porque cristiano es el que cree que Cristo resucitó, el que cree entonces que el llamado a la vida es algo que trasciende a la muerte, por lo tanto, a la luz de esta esperanza, hace una opción de vida de modo tal que todo su existir sea un servicio para la construcción de un mundo mejor y para la gestación del reino de los cielos.

Cada año la Iglesia busca rescatar esto, porque también la Iglesia puede pecar olvidándose de la raíz de su ser, olvidándose de su propia identidad, y quedándose en lo puramente religioso (como ese tipo de gente que reza, que va a misa, que a lo mejor da limosna, pero que en lo hondo de su corazón, a pesar de los años, nunca llega a ser cristiano; más aún, es en lo hondo de su corazón, pagano, tan pagano que con los años la gracia de Dios se hace impenetrable, aunque él siga yendo a misa, aun cuando fuera una religiosa o un sacerdote).

Por eso en la cuaresma, la Iglesia se vuelve a la palabra de Dios, que enseña, que educa, que critica, que interpela, que conduce, y lo hace buscando la conversión. Conversión que, como dijimos la semana pasada o el miércoles de ceniza, no es recuerdo, no es un problema moral, sino es un problema existencia!. Convertirse es volver a centrarse en Dios y volver a centrarse en Dios y volver a centrarse en lo válido de la vida.

La cuaresma busca la conversión haciendo un doble chequeo: ¿cuál es el verdadero rostro de Dios? y ¿qué es lo válido de la vida? (una parte del chequeo) y la otra parte, ¿qué está aconteciendo o no en mí? A los textos bíblicos que guiaron la meditación del miércoles de ceniza y el domingo pasado, hoy se agregan esos tres: Génesis, Timoteo y San Mateo.

El libro del Génesis: si ustedes recuerdan, el domingo pasado la primera lectura era del libro del Génesis también, y nos proponía el relato del pecado original. De hecho, la meditación del domingo pasado era fundamentalmente en torno al pecado, y dijimos entonces. que era como la gran introducción a la Biblia este relato. Porque la Biblia, propiamente hablando, no comienza con el relato de la creación del mundo y del hombre, y del pecado original, y de Caín y Abel, Y de la Torre de Babel, sino comienza en el capítulo once, versículo diez, cuando comienza a hablar de un hombre llamado Abraham. Todo lo otro es la gran introducción para que uno pueda entender que con este hombre Abraham, Dios pudo entrar de modo adecuado en la historia de los hombres.

La Biblia comienza con el relato de Abraham y sin duda el texto que escuchamos hoy (leído por Ana María) es, sin duda, el texto más importante del antiguo testamento. ¿Por qué es el punto de partida de la Biblia? Fíjense que si uno no entiende esto que sucedió hace treinta y ocho siglos, Y si no descubre a Abraham, es imposible que pueda entender a Cristo.

Abraham (vamos a reconstruir un poco para ver qué quiere decir el relator del libro del Génesis), Abraham aparece como un hombre rico, un hombre religioso, con prestigio, vive en Ur, una ciudad de Caldea, tiene sus dioses, tiene familia, es decir, aparece un poco como el arquetipo del hombre perfecto, que lo ha logrado todo en el orden terreno, y también en el orden eterno, porque es un hombre devoto diríamos hoy, muy religioso. Pero en un determinado momento, por el obrar de Dios en su alma (allí aparece como si Dios le propusiera a él directamente la cosa), hace el descubrimiento más importante (guiado por Dios, la gran revelación de Dios en Abraham), el descubrimiento más importante de la historia de la religión: en el mundo y en hombre. Y es este descubrimiento de Abraham: que la religión es importante, y hay que vivirla, pero que lo realmente definitorio del hombre frente a Dios es la fe.

Primera idea. El ser religioso es muy importante, pero lo más importante es la fe. Hoy diríamos: ser religioso es ir a misa los domingos, confesarse, bautizar los hijos, casarse por la Iglesia, rezar en casa en familia, en fin, cumplir la moral cristiana en la profesión, comprometerse en la construcción de los valores humanos. Abraham ve que eso es bueno pero no alcanza. Es necesaria la fe. ¿Y qué es la fe para Abraham?,porque nosotros decimos: pero al fin y al cabo, la fe ¿no es creer en Dios? Un momentito, eso se llama creencia; la creencia no es lo mismo que la fe. Porque yo creo que Napoleón existió, pero Napoleón no transforma mi vida. Tampoco Napoleón genera en mí una esperanza ni me llama a ningún tipo de compromiso. La religión es buena, pero no alcanza. La creencia es buena, pero no alcanza. Es necesaria la fe.

Y, ¿cómo se plantea la fe a Abraham? A Abraham se le plantea cómo creerle a Dios, no en Dios, no creer en Dios, sino creerle a Dios, al llamado a la vida, a tantas cosas que Dios obra en nosotros. Creerle a Dios y lanzarse a la aventura de vIvir esas alternativas de Dios, que Dios manifestó en la historia y que Dios susurra en el corazón de todo hombre que tiene algo de silencio en su interior, y por lo tanto es capaz de escuchar. Por eso en el relato, Abraham abandona su tierra. Su tierra, su patria, abandona toda su familia, sus tradiciones y abandona sus dioses, su religión, su creencia; y parte, pero sin saber adónde va, sencillamente parte porque Dios le dice que abandone su tierra y que vaya adonde El le va a indicar, porque ahí, es decir donde él vaya, va a nacer una gran nación, es decir va a haber fecundidad, va a encontrar la plenitud, va a encontrar la trascendencia para él en los hijos, naturalmente, en ese momento. Y si él acepta eso, en ese momento, y si él acepta irse (miren que es difícil abandonar la patria, la familia, las tradiciones, los bienes, partir a un lugar desconocido) con una promesa de fecundidad que no entiende, dice "si te animás a hacer esto" -le dice Dios- "bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan y los siglos que vendrán te recordarán a ti y te bendecirán siempre por haber obrado así". Y Abraham dice sí.

Abraham rompe con todas sus seguridades (porque seguridades no es solamente el orden de las seguridades materiales, dinero, cultura, familia, profesión, social), abandona también las seguridades religiosas (los que dicen no, yo voy a mi misa, yo me confesé, hice los nueve primeros viernes, la seguridad religiosa, tengo la medalla milagrosa, soy amiga de un cura, los amigos de los curas se salvan, le doy guita al párroco, esos también se salvan, es decir mis seguridades), abandona sus seguridades religiosas y parte, creyéndole a Dios, a una aventura, porque el desconoce adónde va, confía en que Dios no engaña porque Dios no es tan cretino como nosotros, que decimos una cosa por otra. Parte porque cree que Dios no engaña, y fundado en la solidez de la palabra de Dios y en la esperanza, inicia una nueva etapa. Relativiza la religión, relativiza la creencia, no las niega, son válidas, pero descubre la fe. La fe, que no es algo distinto de la vida, sino la fe es el sí absoluto a la vida en su dimensión total, porque en la trama de lo que somos, está Dios.

Desde antes que nosotros pudiéramos ser pensados por nuestros padres, éramos queridos, pensados por Dios y llamados a la vida por Dios; y esa trama diaria, que nosotros a veces nos guardamos para nosotros mismos, fue eternamente querida por Dios (quizá no para lo que nosotros la estamos usando, pavos, pavos tontos, la usamos para nosotros, queremos aprovechar estos añitos, en el fondo porque no creemos en Dios, ni en la vida eterna, ni en la resurrección de Cristo, no creemos en nada; si vamos a misa a veces es por las dudas, no sea cierto lo que dicen los curas, ¿no?), pero en el fondo no hay ninguna opción por nada. Pactamos con "dios", entre comillas y con minúsculas, y con el demonio, con el dinero, y con el cielo, con el egoísmo y con la vida eterna, hacemos una mezcolanza fundamental.

La vocación de Abraham es el punto de partida, la fe operante, donde fe y vida es la misma cosa, donde todo se lee con los proyectos de Dios y con los ojos de Dios, donde rezar es como respirar, porque está todo tan implicado, que una planta, una flor o firmar una planilla o lo que sea, está impregnado de Dios como la cosa más natural, donde aún las cosas que nosotros pensamos más alejadas de Dios están hondamente relacionadas con El. El dinero, el sexo, la intimidad, todo.

La fe es aquello que homologa todas las dimensiones de la vida, dándole síntesis, y dándole horizonte, hacia atrás, de donde venimos, hacia adelante adonde vamos, y porque sabemos de dónde venimos y adónde vamos, entendemos dónde está la fe. Qué estupenda es la fe, qué pobre es la creencia, qué estúpida es la religión cuando no está animada por la fe.

En una segunda lectura que no leímos, de la segunda carta de San Pablo a su discípulo Timoteo, le dice San Pablo a Timoteo (era obispo Timoteo), le dice: "Timoteo, tenés que redescubrir y concientizar que si vivís es porque Dios te eligió para la vida, que no sos una casualidad, que Dios te amó desde siempre y por eso estás caminando, no te mandés la parte, Timoteo, que los músculos fuertes que tenés, la fama, la juventud, están porque Dios desde siempre te quiso y te llamó a la vida, y te llamó para un proyecto, para una esperanza, para construir un determinado tipo de mundo, porque la vida es una experiencia, y para abrir un determinado tipo de horizonte a través de esa experiencia. Timoteo, tenés que concientizar esa elección de Dios (estoy traduciendo a nuestra manera de hablar lo que le decía San Pablo a Timoteo). Timoteo, si no te sentís elegido y querido por Dios, no vas a ningún lado. Y si no te sentís así, no vas a saber qué decirle a tus feligreses (era obispo Timoteo), no podrás proclamar nada, porque Dios no es un teorema, es una experiencia, como el amor de mis padres hacia mí (o como el amor de ustedes hacia sus hijos, es una experiencia de ustedes, no se puede explicar y el amor de cada padre es totalmente distinto al del otro padre, algo único, irrepetible). Timoteo, concientizá el amor que te llamó a la vida, y entonces descubrirás para qué vivís, dónde está la esperanza y sabrás qué decirle a la gente".

La tercera lectura del Evangelio de San Mateo, el relato de la transformación de Jesús en el Monte Ghabor, con esos tres amigos suyos o en presencia de esos tres amigos suyos, Pedro, Santiago y Juan. (En el fondo en el contexto del Evangelio tienden a lo siguiente, ustedes saben que el Evangelio fue escrito varios años después de la resurrección de Jesús, o sea, cuando San Mateo relata esto no lo relata tal como fue, sino lo relata tal como lo ve él después, prácticamente, en el caso de San :Mateo, casi cuarenta años después o treinta y cinco años después.)

La transfiguración de Jesús, ¿qué quiere decir?, ustedes recuerdan que van al monte, Jesús se transfigura, sale luz, viene Elías, no vamos a entrar en el detalle de todo porque no hay tiempo, pero lo que quiere decir San Mateo es esto: solamente cuando se descubre lo que iba a llegar a ser Cristo o lo que puede ser Cristo, recién uno se dispone a seguirlo. Porque si ustedes observan en el relato,Jesús aparece envuelto en luz, aparece una voz del cielo, es el relato de la resurrección y de la ascensión al cielo, anticipado, es decir, ese Jesús a quien ustedes siguen, que va a ir a predicar, que va a decir cosas muy serias, que se la van a dar, que lo van a enjuiciar, y lo van a condenar a muerte y lo van a ejecutar, ¡ojo! no se asusten, porque este Jesús, que va a ser humanamente un fracaso, este Jesús, es el proyecto de Dios. y Dios, más allá de todo fracaso humano, donde los verdugos hagan la tumba, Dios vendrá y destruirá la tumba, y el muerto, el crucificado, el maldecido, seguirá viviendo y será la bendición de Dios y vendrá una gran contradicción, porque lo que los hombres maldicen es lo que Dios bendice. Por lo tanto (y ese era el objetivo de San Mateo), sigan a este Jesús, aunque no lo entiendan a veces, aunque tengan que sufrir, aunque les rompa el hígado, aunque les rompa los esquemas, aunque les diga que son unos cretinos, aunque les quiebre la seguridad, aunque les diga que hay muchas cosas que cambiar en la vida, síganlo, porque sólo en El está la esperanza. Sólo en El aparecen los designios de Dios. "No tengan miedo", terminó diciendo, no sé si ustedes prestaron atención al detalle, que cuando los discípulos salieron a ver, se asustaron, y se tiraron al suelo porque no querían ver nada.

La actitud nuestra: tenemos miedo a entrar en los núcleos fundamentales de la vida y de la esperanza. :Miedo. Y Jesús, (ellos están tirados en el suelo, tapándose la cabeza) los toca y les dice: "No tengan miedo". El ángel a María en Nazareth, el día de la Anunciación, le dice. "No tengas miedo"; el ángel a San José, que quería irse una vez que se dio cuenta que la "virgen estaba embarazada y él no tenía nada que ver", el ángel fue y le dijo a José "no tengas miedo". Y a  Isaías, cuando no quería ir a predicar el profeta, le dice Dios: "No

tengas miedo", y lo mismo a jeremías, y a tantos otros personajes. Hay  que vencer el miedo, porque es la contrapartida de la fe. O sea, la fe es la confianza en que el Señor no miente, el largarnos a la aventura de aquello a lo cual El llama, y con una confianza tal que vence al miedo. Miedo a perder cosas, a perder tranquilidad, a perder seguridad, a perder un montón de cosas; y al mismo tiempo, venciendo el miedo, en la fe llegar a una honda experiencia de oración. Porque orar, sí, es decir oración, es verdad.

Pero si uno quisiera definir hondamente la oración, ¿qué es?: es un diálogo con Dios; y ¿cómo empieza una oración? y aquí viene el problema: una oración nunca empieza por una palabra nuestra, una oración empieza cuando en el silencio interior de un hombre o de una mujer suena la primera palabra de Dios. De nuestra parte  la oración siempre es una respuesta a una palabra que Dios suena. La oración verdadera, no la oración folklórica, con la cual a veces queremos tranquilizar nuestras podridas conciencias. Esa es la oración del fariseo, que Jesús tanto criticó. Sólo desde una honda esperanza es posible la conversión.

Por eso yo les proponía hoy como pautas de meditación lo siguiente, las leo:

 

Cuaresma es tiempo de volver a abrir el corazón a Dios. Miren, tiempo de dejarse iluminar, de dejarse cambiar, de dejarse encontrar, no le hagamos gambetas a Dios, no juguemos a la escondida, dejémonos encontrar, pidamos el don de ser cristianos, pidamos el don de poder entender y descubrir al Cristo resucitado de la pascua. La pascua hay que pedida de rodillas. Como decíamos el otro día: la pascua la encuentran los que tienen una honda pasión por la vida, no los tontos, los superficiales, los que buscan sólo el consumo, el placer, la comodidad. No. Los que están enamorados de la vida con mayúsculas, aquellos a quienes les gusta vivir, que es plenitud, trabajo, fecundidad, no comer ravioles, mediocridad.

 

Cuaresma es el tiempo de pedirle a Dios que cure la dureza de nuestro corazón o nuestra ignorancia. Yo creo que somos hondamente ignorantes y no nos preocupamos de curar nuestra ignorancia; por eso a veces somos ciegos, pero porque nos hemos enceguecido, somos sordos porque nos hemos tapado los oídos; por eso hay que pedirle a Dios que nos cure, como Jesús curaba a los ciegos y curaba a los sordos (que era eso lo que nos quería decir), que nos cure, pero ¡ojol si se lo pedimos y después nos cura, tenemos que comprometernos a aguantarnos lo que viene después, porque cuando el Señor cura, hace grandes cosas en la vida de un hombre o de una mujer, por eso no hagamos como la oración que tantas veces citamos cómicamente: "Señor, conviérteme, pero por favor, no te la tomés en serio". Es decir, tácitamente, le estamos pidiendo que no nos escuche.

 

    Es tiempo de perseverar en una oración simple, sincera, profunda, continuada oración de los labios, sí,el rosario, padre nuestro, pero también la oración mental. Pensar en estas cosas es también rezar, en una tarde de semana tranquila, venirse acá a la iglesia o en el silencio de la habitación, o caminando por el mar, pensar en estas cosas es rezar. Es la oración mental; y también leer el Evangelio, el otro tipo de oración, la oración leída, donde uno deja que las palabra  vayan escurriéndose por dentro de uno. La oración vocal, la oración mental y la oración leída, leída serenamente, sin apuro, dejándose penetrar por la palabra que cura la ignorancia o cura la dureza de corazón.

 

 

Esto es lo que nos plantean las tres lecturas bíblicas en este segundo domingo de cuaresma, tercer paso de la gran meditación cuaresmal de este año. De aquí en más, es tarea de cada uno que esta palabra madure, tenga su ciclo, se geste y nazca en nuestros corazones. Tarea de cada uno, responsabilidad de cada uno.

El domingo que viene será de nuevo la palabra de Dios la que nos seguirá guiando en la reflexión cuaresmal. La palabra de Dios es un modo de su presencia, por lo tanto, en silencio, hablemos al Señor que está entre nosotros.

 


22.3.1981 - TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 

Lecturas:

 

Ex 17,3-7 Rom 5,1-2,5-8 J n 4,5-42

 

Estos tres textos bíblicos, sobre todo el primero y el tercero, es decir, la primera lectura y el texto del Evangelio que acabamos de recibir, nos son ofrecidos por la Iglesia como el cuarto gran paso en el camino de la gran reflexión anual, previa a la pascua. Reflexión anual previa a la pascua, que no es otra cosa que celebrar ya la pascua, porque como lo decíamos de Navidad, la pascua no es un día, no es el domingo de resurrección, sino la pascua es la celebración del misterio de la vida, tal como nos es propuesto por Dios. Celebración que no se puede agotar en un día, por su riqueza, que sí se polariza en un día, pero exige todo un tiempo.

En este tercer domingo de cuaresma, además de las reflexiones diarias, la Iglesia ofrece este cuarto gran paso, que empezamos, el miércoles de ceniza. Bien, no voy ahora a sintetizar lo que hemos venido reflexionando hasta ahora, sencillamente vamos a ver qué nos dicen estos textos bíblicos de hoy.

La primera lectura del libro del Exodo. Un texto sumamente importante; fíjense que los textos de las primeras lecturas de todo este tiempo son los textos claves del libro del Génesis y del libro del Exodo, y después vendrán los profetas. El episodio en sÍ, si ustedes prestaron atención, es simple en su relato. El pueblo israelita, que había salido de Egipto, está atravesando el desierto; el desierto es duro. En un determinado momento, así como se habían quejado que faltaba pan, se quejan de que falta agua, y se quejan de que Dios los abandona, porque evidentemente padecen la escasez de agua. Siguiendo el relato, así, en su expresión primera, hay una suerte de quejas de Moisés, hay un diálogo de Moisés con Dios, y finalmente Moisés golpea con su vara, la misma que había golpeado el Mar Rojo, golpea una piedra de la cual sale agua.

Naturalmente, detrás de estos hechos, hay todo un simbolismo, es el modo de hablar hebreo, que nosotros no tenemos tiempo de analizar, pero podríamos preguntarnos: por detrás de este relato, ¿qué nos quiere decir la palabra de Dios?, porque estos textos fueron conservados por inspiración del Espíritu Santo, dado que contienen una respuesta de Dios a nuestras inquietudes.

Lo que aparece acá es curioso, es la queja contra Dios y el quejarse contra Dios porque rompe las seguridades, el que rompe la seguridad, es decir, esa especie de desazón interior que tenemos cuando la contradicción, la enfermedad, la muerte, lo que sea, rompe nuestros planes, o rompe nuestros esquemas de vida los cuales nos habíamos hecho, quizá de muy buena voluntad, o rompe nuestros proyectos de futuro, que a lo mejor habíamos elaborado trabajosamente y esto suele suceder. Dios irrumpe en nuestra vida para quebrar y romper nuestras seguridad, y ¿qué sentido tiene este quebranto? No es que Dios nos quiera hacer sufrir, evidentemente; lo que sí Dios quiere es que funcione en nosotros la dimensión de vida para la cual El nos creó.

Y aquí viene un tema o un aspecto que apareció anteriormente y es éste: ¿qué es lo que puede llegar a saciar nuestro deseo de vivir? Que todos tenemos deseo de vivir es obvio; nos duele algo y vamos corriendo al médico. Si somos sensatos, los bienes que adquirimos es para vivir más, mejor, y eso lo buscamos para nuestros hijos. Pero, en último término, ¿qué es lo que va a saciar nuestro deseo de vivir? Porque la experiencia nos muestra que vamos en la vida haciendo cosas, y si bien el hacer cosas o el adquirir cosas nos satisface transitoriamente, sin embargo volvemos siempre a la insatisfacción, y en el fondo, para muchos, esta insatisfacción se transforma en una angustia... en una angustia, se vive angustiado, a veces sin saber por qué. Pero no se puede integrar en la vida la alegría que es una de las características de la vida, la alegría; uno no puede incorporar la esperanza que es una de las características de la vida. Uno no puede incorporar de una manera adecuada, la paz. La paz, que es precisamente la saciedad equilibrada de vivir.

Lo que en el trasfondo nos está diciendo esta lectura es que nuestro deseo de vivir sólo puede ser colmado por Dios, que nos creó. Y en el fondo, la vida, cada día, cada hora, cada año, la juventud, la madurez o la vejez, no importa, deben ser vividos siempre en función de su proyecto final. ¿Y cuál es el proyecto final de la vida? Es la consumación de nuestras vidas junto a Dios, es lo único que puede saciarnos. Y fíjense que al hablar de saciarnos yo no digo saciarnos después cuando nos muramos y Dios nos resucite, sino saciarnos ahora; ahora, hoy, porque la hipótesis es de presente, no de futuro.

Es decir, cuando Dios me ofrece como alternativa la vida, la alegría, la paz, la esperanza, me lo ofrece como un hecho de presente, hoy, aquí. No como una promesa de futuro: "jorobate mientras vivas y después, cuando mueras, vas a estar contento y feliz porque yo. .." no, no, el problema es ahora. La salvación es un hecho de futuro, es verdad, porque la plenitud que nos dará Dios desborda cualquier cálculo humano. Es verdad. Pero también es una realidad de presente, salvar la vida hoy, lo cual no quiere decir otra cosa ni más ni menos que vivir hoy, vivir con alegría, vivir con paz, vivir con esperanza, y sentirse saciado por la vida. Y es allí por qué Dios rompe nuestras seguridades, porque nosotros tendemos a buscar esta saciedad en las cosas y acumulamos cosas, o en el prestigio, y acumulamos currículum, o en el dinero, o en el poder, o en el status, o en un montón de cosas, o en la amistad, o en la pareja, o en la familia. Fíjense que estoy poniendo valores cada vez mayores, pero no hay nada, ni siquiera la pareja, ni la familia, que pueda colmar nuestros deseos de vivir.

Por eso Dios periódicamente rompe nuestras seguridades, y cuando todo está bien y estamos muy tranquilos, si realmente amamos la vida, le tenemos que pedir a Dios que nos mueva el piso, porque si no, después vienen los porrazos.

En realidad para una fe madura, la muerte, no es que uno no la sufra, pero no tendría que ser algo desesperante, como la enfermedad, como el dolor, como el contratiempo. ¿Por qué se transforman en desesperantes y dolorosas estas cosas?, porque vemos las seguridades en realidades que no contemplan la muerte, la enfermedad, el fracaso, y el contratiempo.

Dicho de una manera sintética: no contemplan la cruz ("el que quiera seguirme que tome su cruz primero, y luego me siga"). La cruz que no es otra que la convicción de que la vida terrena nunca Podrá saciarnos plenamente, porque no es la vida total. Es el tiempo de la opción, es el tiempo de la maduración, es el embarazo para la eternidad. Y esto, fíjense, no es alienante, no nos aparta del mundo, porque sólo el que tiene una honda confianza puesta en la vida que Dios propone con su consumación eterna, es el único capaz de no atarse a seguridades inseguras, y es el único capaz de comprometerse con la construcción de un mundo mejor, sea en lo político, en lo económico, en lo social, en lo profesional, en donde sea.

Eso es lo que quiere planteamos la primera lectura, Dios siempre va a destruir nuestras falsas seguridades, siempre. Y lo va a hacer por amor, y nosotros nos vamos a quejar, pero nos vamos a quejar porque nuestra fe no se ha preocupado de entenderlo a Dios. Y una fe que no se ha preocupado de entenderlo a Dios, tarde o temprano se pega un porrazo.

En el Evangelio de San Juan que leímos (bueno, es muy rico el texto, muchísimas ideas) la idea central podríamos plantearla en nuestro lenguaje así: Jesús, en el diálogo con esta mujer, en último término le hace a la mujer la pregunta por el fundamento de su vida. ¿Cuál es el agua que le va a calmar la sed? Le hace la pregunta por el deseo de vivir y de amar, le hace la pregunta sobre qué es lo que la alimenta. En último término, si uno quiere sintetizar bien las cosas, le hace la pregunta por la vida, que es precisamente un tema cuaresmal estupendo. Volver a preguntarnos, volver a hacernos las preguntas sustanciales.

Hoy día, en el orden de la filosofía y de la teología, ha aparecido una nueva veta que se llama o se puede denominar la filosofía de la pregunta, y en teología, la teología de la pregunta. Y ambas disciplinas, la filosofía en el orden natural, y la teología en el orden sobrenatural (así, de una manera muy simple lo digo) dicen esto: que uno sólo descubre las cosas si se las pregunta. Donde no hay pregunta, no hay crecimiento, ni hay ensayo, no hay búsqueda, ni hay respuesta. Por lo tanto, la pregunta es intrínseca a la vida.

El que no se pregunta (estamos hablando del hombre), el que no se vuelve a hacer las preguntas, muere sin esperanza. Volver a preguntarse ¿y yo quién soy? ¿de dónde vengo? ¿adónde voy? ¿qué es la vida? ¿qué es el amor? ¿qué es la fidelidad? ¿qué es la fe? ¿quién es Dios? ¿qué es lo que vale la pena? ¿qué es? ¿por qué estoy yo viviendo? ¿qué busco? ¿adónde voy? Por que la tragedia más honda de la vida es ir caminando hacia ningún lado, es el hombre que se desespera frente a la muerte, porque iba caminando hacia ningún lado y cuando uno va caminando hacia ningún lado termina sin encontrar nada; o a lo mejor no estamos caminando siquiera, estamos sentados. A la vida, la usamos, pero no la vivimos. Dicho de otro modo, tenemos emociones vitales, pero no vivimos (comer ravioles es una emoción vital, el acto conyugal es una emoción vital, ver una película o darle la mano a un amigo es una emoción vital, que le paguen el sueldo y vea el dinero que es de uno es una emoción vital)- Pero tener emociones no es lo mismo que vivir. Uno puede tener montón de emociones y ser un cadáver ambulante, aunque esté gordito. . .

Volver a hacerse la pregunta por la vida. Es lo que le hace Jesús a esta mujer, le hace muchos matices, va oponiendo, Jesús ¿no?, por ejemplo, le pregunta qué agua, que va a buscar agua, bueno, pero ¿dónde está el agua viva en una zona desértica?, el agua viva, es decir, el agua que no sea estancada, que no tiene gérmenes, que se puede tomar, el agua potable, bueno, no... no... pero Jesús le dice: ¿con qué agua buscas calmar la sed de vivir? Como cuando le pregunta por los esposos, en el fondo: ¿cómo colmas el deseo de amar y de ser amada? Como cuando le habla sobre la religión, le dice: "Cuidado, porque el culto a Dios se da en el corazón, no se da en los gestos". y le va haciendo las preguntas.

Cuaresma es tiempo de hacernos hondas preguntas, porque fíjense, la Pascua no es tanto una propuesta de Dios, sino una respuesta de Dios. Es decir, si no se da la pregunta, yo no voy a entender la respuesta. La Pascua es la respuesta a nuestra pregunta, por eso debemos profundizar nuestras preguntas. Que da miedo, sí, da miedo. Por eso, en la segunda lectura de la carta a los romanos aparece esta idea fundamental, que le dice el autor de la carta, o sea que (sigamos con nuestra manera de hablar) para tener el coraje de hacerse la pregunta, hay que, en la fe, convencerse de que es el amor de Dios el que suscita la pregunta. La pregunta por la vida, Dios no la hace para jorobarnos, o para que hoy al mediodía almorcemos intranquilos por lo que el cura dijo (dicen que el domingo siempre el cura la da, todavía me dijo uno que yo le amargaba el domingo. Es evidente que a muchos yo les amargo el domingo, a mí también me amarga el domingo ¡ojol y me amarga el domingo de mis falsas seguridades, el domingo de los ravioles, y la siesta de la conversación inútil, o de la canasta, es el domingo de las almas estúpidas, pero esas son las que no entran en el reino de los cielos.).

La mayoría de ustedes son adultos y tienen hijos. Fíjense que cuando tuvieron sus hijos, esos bebés, ustedes con amor se inclinaron sobre sus hijos, y les fueron haciendo preguntas a sus hijos, y las preguntas, y el inclinarse de ustedes sobre sus hijos, hizo que el cerebro de sus hijos empezara a funcionar, e hizo que sus hijos empezaran a hablar, e hizo que sus hijos empezaran a preguntar ¿por qué, mamá? y ustedes los fueron engendrando a la vida. Dios obra del mismo modo. Por eso el hacerse la pregunta, preguntas crudas, dolorosas, y nuestra fe verdadera, la misa del domingo no es un talismán que usamos para vivir tranquilos y nos importa un pepino de Cristo, de un Evangelio que nunca leímos en la vida, de los pobres, de los marginados, vivimos tranquilos elaborando la salvación eterna. Son preguntas que duelen. Puedo comulgar yo con el corazón como estoy, sembré odio, la división, ¿y puedo seguir comulgando? ¿a Dios, le meto el perro? Soy egoísta, moneditas para los pobres, miles de dólares para el auto importado; me sigo mintiendo, mi vida se transformó en una mentira sabiamente elaborada de la que yo me alimento.

Por eso vienen los momentos de la angustia, de la soledad, del dolor, de la impotencia. Es lógico. Se siembra lo que se cosecha. No hemos sembrado vida, nos hemos mentido. Volver a hacerse la pregunta, y saber que es el Señor quien, en su inmenso amor, suscita la pregunta para poder darnos la respuesta. (Es como ustedes con los nenitos, cuando eran chiquitos, "abrí la boca", si el nene no abría la boca ustedes no le podían dar la papilla. La pregunta es el abrir la boca y la pascua la respuesta.) Por eso, a la pascua la entiende el que se preguntó. Si no, el otro se divierte, viene, celebra la pascua, se come la rosca, y el lunes de pascua vuelve a ser más cretino que el miércoles santo. Es decir, lo hizo crecer en cretinidad la pascua, o en mediocridad (por eso yo les proponía al final una serie de preguntas).

Las leo sencillamente, estos hechos son muy ricos, hoy el tiempo es muy breve. Las leo como consecuencia de lo anterior y como partida de meditación para cada uno de nosotros...

¿Vivimos la esperanza y el compromiso de nuestra vocación eterna o lo dejamos para después? Pensamos siempre que va a haber un día en que nos vamos a tomar todo en serio. Nunca llega.

¿Buscamos en los bienes materiales la alegría y la saciedad de vivir que jamás podrán darnos? Los bienes de la vida son buenos, el problema es que no nos van a alimentar. Como los caramelos son buenos, sí, pero prueben estar un año comiendo caramelos nada más, a ver qué pasa. Se mueren. Se necesita otro alimento para vivir, los bienes de la vida son buenos, pero ¡ cuidado! no van a saciar nunca.

¿Creemos que sólo Dios puede colmar los deseos de nuestro corazón? ¿Está en El nuestra esperanza? ¿Creemos realmente en el amor de Dios por nosotros? ¿Nos sentimos amados por Dios? Muchas veces se ve, yo diría en el inconsciente de la gente esta idea o esta experiencia, no le des mucha bolilla a Dios, porque si le das mucha bolilla a Dios termina jorobándote; entonces mejor, rezá el Ave María, el Padre. nuestro y el Gloria y no le des mucha bolilla.

¿Es nuestra vida fecunda en buscar y hacer el bien a los demás? Porque el test de si nuestra vida realmente tiene calidad y envergadura, se ve en lo que hacemos, no en lo que decimos. Porque según lo que dicen, todos son santos. (Es como esa gente que porque es de la acción católica, son santos, los demás son pecadores. Porque pertenece al movimiento familiar cristiano son santos, los demás son pecadores. Porque hizo el cursillo de cristiandad es recontra santo, los demás son recontra pecadores.) ¿Es nuestra vida fecunda en buscar y hacerle el bien a los demás, o vivimos solamente para nosotros mismos y nuestros intereses?, o sea, vamos caminando hacia ningún lado.

¿Adoramos a Dios con sinceridad de corazón o nos quedamos en un culto solamente exterior? La misa.

¿Nos quejamos cuando Dios no nos da lo que queremos, o amamos su voluntad y creemos en su providencial? (¿se acuerdan lo que una vez dijo el padre Domaica, hará diez años, acá?: Dios nunca golpea el traste solamente, ni acaricia la cabeza solamente. Dios con la mano izquierda nos acaricia la cabeza mientras que con la mano derecha nos sacude el traste y es la metodología de Dios.)

¿Estamos aprovechando esta cuaresma?; bajemos a lo concreto, ya estamos en la mitad, ¿estamos aprovechando la cuaresma o esperamos que pasen los días, esperando que nos vamos a convertir en una mañana que nunca llega?

Se dan cuenta que la palabra de Dios es exigente; en el fondo, lo que Dios quiere no es que seamos todos curas y monjas; para rezar todo el día, e ir al cielo. No, no. Lo que Dios quiere es que la fe ilumine nuestra vida, nos abra el horizonte y que cada día, cada hora, cada gesto, cada cosa, estén preñadas de alegría. Porque después de cuatro vasos de vino también hay alegría. Pero eso es la alegría con minúsculas. De alegría, de paz, no la paz que viene después de tomarse Valium. Esa no. Una paz espontánea, de la esperanza, que esté preñado así, de serenidad, en ese tipo de gente que su sola presencia es una bendición para los demás, su mirada, su voz. Dios lo que quiere es eso. Es el hoy de nuestra vida, en calidad, en envergadura. La salvación hoy.

El Señor nos dice todo esto para que partamos al mundo y le llevemos al mundo que nosotros mismos, el mejor don que le podemos hacer al mundo somos nosotros, hombres y mujeres que viven en plenitud, que obran la verdad, que hacen lo bueno, que construyen el mundo en serio. Eso es lo que nos pide Dios, vivir nosotros con mayúsculas, vivir y ayudar a vivir a los demás, hoy, mañana, pasado, y siempre, porque la vida eterna no es una hipótesis de futuro, sino es el hoy comenzado, que sigue.

Hagamos un silencio y una oración.

 


29.3.1981 - CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 

Lecturas:

 

1 Sam. 16,9-13 EL 5,8-14

Jn. 9,1-41

 

Vamos a tratar de dar un paso más en el proceso de la reflexión cuaresmal de este año. Sería el de hoy el quinto paso, luego del miércoles. de ceniza y de los tres primeros domingos de cuaresma. Bien, como siempre, a fin de evitar divagaciones, tres lecturas bíblicas que la Iglesia se plantea a sí misma, buscando la palabra de Dios a fin de, a la luz de esa palabra, sensibilizarse, descubrir y celebrar al Cristo de la Pascua.            .

Es curioso esto: descubrir y celebrar al Cristo de la Pascua. Uno puede decir, ¿es que uno no ha descubierto a Cristo? Hace pocos días el Papa Juan Pablo II da una definición muy interesante de la cuaresma, decía que la cuaresma es el tiempo de rescatar la verdad. ¿Curioso, no? De rescatar la verdad de uno mismo, de rescatar la verdad de ,Dios, de rescatar la verdad de Cristo, de rescatar la verdad de la vida, la verdad de las cosas, del universo. La verdad.

Fíjense que nosotros no apreciamos la verdad, lo que significa, porque la contraponemos al error, y entonces, es claro, como todos nos equivocamos, ya uno entra a pactar con que vivir la verdad, incluso, de uno mismo, no sólo no es fácil, sino que es imposible.

La falla está en que la verdad, en el sentido bíblico, en el sentido evangélico, no se opone al error, se opone a la mentira, se opone a lo falso. Es la diferencia que hay entre una pared revestida de mármol y una pared pintada al óleo imitando el mármol, como hay en tantas iglesias. O esos altares que parecen de mármol y no lo son. La mentira, la mentira en el arte.

Tiempo de rescatar la verdad, porque inconscientemente, y acá no es un problema de pecado consciente, podemos estar mintiéndonos a nosotros mismos, podemos estar mintiéndonos con respecto a la imagen que nos vamos haciendo de Cristo, podemos estar mintiéndonos con respecto a la orientación y a la praxis concreta de nuestra vida. Pero bien, vayamos a la lectura bíblica.

La primera lectura que leyó Blanca, relata la elección de David como rey de Israel. Es muy muy interesante, diríamos, la elección, no sólo por el relato histórico, sino por todo lo que significa; es todo un juego de absurdos. Primero, porque el profeta Samuel va a buscar al rey al sur, a la tribu de juda, al campo, es decir, cuando en realidad los reyes están en las ciudades. Va a la casa de un betlenita, un jefe de familia, un clan, y lógico, en el clan, siempre el que se impone es el padre, el jefe del clan. Pero lo curioso es que Samuel rechaza al jefe del clan. Entonces viene la otra alternativa: será el hijo mayor, Eliad, porque es un hombre inteligente, un hombre maduro, serio, etc. No, no es. Y va pasando por todos los hijos. I Qué absurdo, lo va a buscar al campo, un pastor nunca puede ser un buen rey. Lo va a buscar a un clan, y elimina la cabeza del clan, lo cual es terrible en ese momento y elimina a los hijos. Y al final le dice: "acá falta alguien", y manda a buscar al chico menor, que lo tenía trabajando en el campo, que lo despreciaban por una cosa (aparece en textos paralelos apócrifos), y es que les había salido rubio (ustedes saben que son todos morochos, ¿no?, le había salido rubio, de ojos celestes, son esos chistes que hacen los genes). Era el menor, al campo a trabajar, muy chico. Lo manda a buscar, viene y cuando aparece este muchacho Samuel, lo unge como el rey de Israel. Hasta aquí, el relato bíblico. (Como ustedes saben, estos relatos bíblicos no son relatos de un hecho histórico en sus detalles, sino toman la inspiración de un hecho histórico, para hacer una reflexión, un análisis sobre la vida, sobre el hombre, sobre Dios, todo evidentemente provocado por Dios.

Aquí hay un hecho real; toca el problema de una vocación, o sea, Dios siempre llama. Los grandes personajes bíblicos son siempre llamados por Dios. Y este llamado por Dios, cuando uno va penetrando, diríamos la Biblia, se encuentra con que es patrimonio de todos. El solo hecho de vivir, el llamado a la vida, es una elección de Dios. El llamado a la vida. Y esta es una de las grandes fuerzas bíblicas; por eso la Iglesia jamás admitirá el aborto, por una razón de índole teológica, porque el solo hecho de que alguien comience a existir es un llamado de Dios, es una vocación. Por eso, el aborto en sí mismo es un "no" a Dios, además de ser un asesinato, es un "no" a Dios, por eso la Iglesia jamás podrá admitir el aborto. Es decir, es una vocación, el .hecho de vivir.

Esto habría que analizarlo mucho, porque nosotros disponemos del tiempo, del dinero, hacemos lo que queremos, como si la vida fuera nuestro patrimonio. Recuerden que hubo un tiempo en que no estábamos y en que nadie pensaba en nosotros. Si vivimos, es porque alguien nos llamó a la vida. Vivir, es ante todo, un llamado. .Lo mismo, que la fe. Hay gente que no tiene fe y hay gente "

que tiene fe. La fe y el deseo mismo de profundizarla es un llamado también. O sea, es el dedo de Dios que toca por dentro a alguien. y sea el llamado a la vida o el llamado a la fe están en función de un servicio, de una tarea. Dios no nos llama sencillamente para perdurar como el perejil.

El hecho de vivir o el hecho de tener fe son la interpelación para un servicio, para una tarea, para un trabajo y son también el llamado para una consumación para una esperanza. Por eso los cristianos entendemos la vocación terrena a la luz de la vida eterna.

Ahora bien, todo esto, o sea el problema de ver esto como vocación hay que hacerla con mucha serenidad y viendo que entender la vida no puede hacerse, según criterios humanos, que es lo que quiere señalar la lectura de hoy. David fue, sin duda alguna, el rey más grande de Israel y no sólo del Israel antiguo, sino que aún hoy día, la tumba del rey David en Jerusalén es un poco como el mausoleo de San Martín en la catedral, el padre de la patria. Sin embargo, de acuerdo a la lógica humana, David estaba destinado a ser un muchacho pastor de cabras, y no sólo eso, despreciado aún por sus propios hermanos por ser rubio, y por ser chiquito de estatura (¿recuerdan la pelea de David con. Goliat?), sin embargo .Dios va a buscar lo que aparentemente no va, y a través de eso Dios encamina a Israel hacia la constitución de su experiencia histórica como nación. Por eso dice el texto, textualmente, ahora releo el texto, los hombres ven las apariencias, Dios en cambio mira el corazón de las cosas.

Fíjense lo que está encerrado por debajo de esta lectura, es esto:

uno puede celebrar la pascua si primero recupera la fuerza de su deseo de vivir. Porque miren, que el solo hecho de estar gorditos y simpáticos o. del solo hecho de no querer morirse, no significa que uno quiere vivir. Hay muchos que ya están muertos; lo decíamos creo que el domingo pasado o el anterior: se puede celebrar la Pascua si uno recupera primero el deseo de vivir, porque se siente elegido por Dios para la vida, se siente hijo de Dios, hijo, recibe la vida de Dios, y siente d deseo de vivir no solamente para engordar, sino porque la vida es una tarea, porque la vida genera una pasión.

Dicho de otro modo, reiterando la terminología creo de hace quince o veinte días, cuaresma es tiempo de recuperar la pasión por la vida, porque sólo quienes están apasionados por la vida, pueden descubrir al Cristo. de la Pascua. Porque lo que vamos a celebrar el día de Pascua no es el recuerdo de la resurrección de Cristo., hace dos mil años, no es tampoco una vaga esperanza del futuro, "cuando me muera El me resucitará, el Espíritu Santo", sino una situación de presente: de la pobreza sale riqueza; de la esterilidad, fecundidad; del pecado, gracia; de la mediocridad, calidad; de la tibieza, envergadura de la tumba, resucita el muerto. En el fondo, sólo los que aman hondamente la vida, pueden dejar que el día de Pascua, al celebrar la resurrección de Jesús dejen que el Espíritu Santo nos resucite a nosotros, ¿de qué muerte?, de la muerte de nuestro egoísmo, de nuestra tibieza, de nuestros esquemas estériles, cada uno sabe qué. Por eso, el día de Pascua es el día en que uno debería elegir volver a vivir, a recuperar en plenitud la pasión por la vida.

Este mismo tema, con otras variantes, aparece en una segunda lectura, donde San Pablo habla de que los hijos de Dios son hijos de la luz, y hace un juego de luz y las tinieblas. Un poco significado esto: tinieblas es igual a esterilidad. Ustedes vieron que los lugares en donde no entra la luz no crecen las plantas, en cambio en la medida en que la fuerza de la luz es mayor, es mayor la posibilidad de la vida. Ser hijos de la vida vendría a ser. Se dan cuenta, cuando Jesús dice "yo soy la luz del mundo" no está diciendo una pavada, está diciendo sencillamente "yo soy el principio de la vida".

Eso que dice San Pablo aparece en el Evangelio, que lo vimos bastante entrecortado porque es un texto larguísimo, en el que se relata la curación de un ciego. Nos volvemos a encontrar con el mismo problema del libro de Samuel de la primera lectura. Es decir, que acá no es un hecho histórico que se narra como tal, sino del cual se hace una interpretación; es decir, el evangelista va analizando los gestos de Jesús y de los protagonistas y va proponiendo una alternativa. Primero, está el hecho de la ceguera y de la curación. Y después, lo curioso, si ustedes prestaron atención al texto, es que todos, todos (Jesús cura al ciego) se resisten a admitir que el ciego sea curado. Todo el juego del Evangelio es ese. Hasta que al fin el único que admite que el ciego fue curado, es el mismo ciego, porque los demás, nadie lo cree. y lo curioso es esto, otro aspecto, Jesús lo cura en un día sábado, donde está prohibido curar.

Y ustedes dirán ¿adónde irá todo esto? Va un poco a lo que señalábamos antes. Dios juega mucho con la dialéctica del absurdo humano. Lo que nosotros consideramos absurdo a veces es aquello por donde Dios va llevando las cosas. La idea es ésta, que plantea Jesús, dejarse curar por Dios, o dejarse, si ustedes quieren, curar por la luz, dejarse iluminar, dirían los padres de la Iglesia primitiva; por eso dice Jesús en un determinado momento, por ahí, le dice, qué es lo que vino a traer al fin y al cabo al mundo; le dice al final, Jesús agregó: "he venido a este mundo para un juicio, para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven, para un juicio". ¿Qué es el término juicio en la terminología de Jesús y cómo se relaciona con el dejarse curar por la luz?

El juicio no es un término jurídico sino es un término vulgar. Sería, y en otra oportunidad lo hemos visto, ver la verdad de una cosa. Les di varias veces un ejemplo que usa un famoso teólogo, el padre Casá, explicando uno de estos textos, que el juicio de Dios sería lo mismo que el médico hace cuando toma mi radiografía; es decir, me sacaron la placa, pone la luz detrás y la radiografía en el medio y ahí aparece mi verdad, me guste o no me guste, es mi verdad. Señora, aunque usted diga que está gordita y simpática, tiene un agujero en el hígado, mírelo, acá está. La verdad es ésta, y no es que Dios imponga una verdad, es usted; dejarse iluminar, dejarse penetrar por la luz para que aflore la verdad de nosotros mismos, y desde esa verdad de nosotros mismos dejarnos curar por Dios.

Miren, dejarse curar por Dios no significa que Dios me perdone los pecados, que Dios se olvide de mis miserias, que Dios me cure al gato, que me conceda un año lindo, con muchos clientes, que pueda salir de vacaciones. No, no, no. Esos son los chantajes que le hacemos a Dios. Dejarse curar por Dios significa dejar que Dios meta la mano en nuestras vidas y nos ayude a recuperar la capacidad de vivir, lo que hablábamos al comienzo, y que, si lo hemos perdido, nos ayude a recuperar el entusiasmo de vivir, pero de vivir en el sentido integral, no sólo en las dimensiones inmediatas sino también en las mediatas, no sólo en las temporales, sino también en las eternas, no sólo en mis dimensiones personales sino también en lo social. Que Dios me conceda a mí el don de volver a amar la vida, que Dios me ayude a mí a recuperar la pasión por vivir, y que lo haga partiendo de la verdad de lo que soy, sin ocultar nada, sin tapar nada.

Cuaresma es la gran terapia por la cual uno vuelve a recuperar, yo diría, la autenticidad de lo más íntimo de su ser, al ubicarse frente a Dios. Por eso, el miércoles de ceniza hablábamos de que Cuaresma es un tiempo de oración, lo cual no quiere decir bla bla bla. Orar quiere decir ponerse en presencia de Dios y dejarnos ver por Dios; es teniendo a Dios como testigo, tratar de descubrirlo a El y descubrirnos a nosotros. Decíamos el miércoles de ceniza que es tiempo de penitencia, lo cual no es otra cosa que romper los esquemas que tenemos; nos hacemos esquemas y nos quedamos aprisionados y esos esquemas son los que nos hacen perder la alegría de vivir, la capacidad de vivir, la pasión por la vida, la esperanza. Y hablamos de limosna porque dar, compartir, duele, y nos ayuda a recordar la transitoriedad absoluta de todo lo que tenemos, y que sólo es responsable frente a la vida el que hace de su vida y de sus cosas un servicio a todos.

Se dan cuenta adónde va hoy la reflexión cuaresmal; volver a redescubrir en nosotros el misterio de la vida, porque Pascua es la celebración de la vida. Ver si amamos la vida, la terrena y la eterna, o si Dios es una especie de sustituto, de talismán, para cuando se nos acabe el chiche del tiempo. Querer renovarnos interiormente, sensibilizarnos, para no perder esta oportunidad, porque la Pascua es la oportunidad de Dios para el que quiere vivir. La Pascua no es para los tontos, los que van a romper el huevo y se van a comer los confites.

La Pascua es para los hijos de Dios con mayúsculas, los que eligen a Dios como padre. Es también el llamado a una honda sinceridad, al amor a la verdad de nosotros mismos, la verdad de lo que somos, y de lo que hemos dejado de ser, o de lo que no hemos nunca llegado ser, para dejarnos curar por Dios. Muchas cosas.

Están ahí los tres textos bíblicos indicados en la guía parroquia!. Abramos el corazón, nos vamos acercando a la Pascua. En la medida en que lo hacemos tenemos que silenciarnos interiormente cada vez más, porque la palabra de Dios puede ir sonando cada vez más fuerte. Todo esto supone, lo que decimos hoy, las cuatro meditaciones previas de la cuaresma. Recorrámoslas de nuevo a través de las guías parroquiales, y vayamos abriendo cada vez más el corazón, porque la Pascua siempre es nueva. No es el espíritu que resucita a Jesús, hace dos mil años, sino es el Espíritu Santo que visita a su Iglesia para recuperarla para sí.

Hagamos un silencio y una oración.

 


5.4.1981 - QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 

Lecturas:

 

Ez. 37,12-94 Rom. 8,8-11 Jn. 11,1-45

 

En este quinto domingo de cuaresma, los textos de la palabra de Dios, de los cuales leímos dos, hacen una doble proposición. Por una parte sintetizan todo el recorrido que la palabra de Dios nos fue haciendo realizar desde el miércoles de ceniza hasta hoy; es decir, la cuaresma, lo anunciábamos el miércoles de ceniza, es un proceso, que si no se vive crea una impotencia para celebrar la semana santa.

La semana santa, sobre todo la Pascua, mil veces lo hemos dicho, no es el recuerdo del pasado, no es pensar teóricamente en una esperanza del futuro, sino, la Pascua es celebrar la experiencia honda de la vida, que Dios está realizando en nosotros, y que El Dios, nos manifestó en Cristo. Por eso la semana santa no se improvisa, por eso quien no recorrió la cuaresma solamente va a recordar el pasado, o va a anhelar el futuro, pero no va a experimentar el don de la Pascua, que es nuevo, inédito, que pertenece a los misteriosos designios de Dios.

Estas lecturas bíblicas, en primer lugar, nos hacen hacer una síntesis del camino recorrido, y al mismo tiempo nos ponen en clima de la semana santa. Fíjense que Pascua es celebrar la resurrección de Cristo, es celebrar el misterio, el punto de partida, la esencia de la fe. Muchas veces nosotros le damos mucha importancia a la Navidad, y sin embargo la Navidad, con todos sus grandes valores, no pertenece a la esencia de lo cristiano, aunque no celebrásemos la Navidad, seguiríamos siendo cristianos siempre y cuando celebrásemos, cada vez de una forma más honda y más plena en la vida, la resurrección de Cristo.

  San Pablo en una de sus cartas dice: "Si Cristo no resucitó, si no hubiera resucitado, creer en Dios no sirve para nada". Terrible esta frase "Si Cristo no hubiera resucitado, creer en Dios no sirve para nada". Por eso la Pascua no es algo con lo cual se juega, sino es sumergirse en el misterio de la vida tal como lo pensó y lo realizó Dios en nosotros.

Fíjense, ¿quién de nosotros no desea interiormente ser más joven; quién de nosotros no desea interiormente quebrar una serie de esclavitudes que le impiden vivir plenamente; quién de nosotros no necesita redimir un pasado, que a veces pesa; quién de nosotros no necesita una respuesta a muchas preguntas que oscurecen hoy la alegría de vivir, quién de nosotros no necesita una iluminación del futuro para saber dónde vale la pena caminar o hacia dónde vale la pena caminar? La respuesta a estas necesidades humanas es la Pascua de Cristo, no sólo ni tanto como recuerdo, no sólo ni tanto como una esperanza final, sino como una realidad que Dios ofrece hoy, rutinariamente, en la vida cotidiana.

Fíjense, cuando el Espíritu Santo arrancó de la muerte a Jesús nadie se dio cuenta en Jerusalén, porque Dios obra así. Dios obra en lo cotidiano, se dan cuenta quienes lo buscan, y quienes no les interesa piensan que no ha pasado nada. Los habitantes de Jerusalén, en aquella madrugada de Pascua, no estaban atentos y no se dieron cuenta que allí en Jerusalén, en aquellas horas de la madrugada de Pascua, estaba aconteciendo el suceso más importante de la historia de los hombres.

Y esta Pascua será lo mismo, en la rutina de un día cualquiera, los que buscan, los que se han sensibilizado, los que aman la vida desde dentro, no con los labios, serán visitados por el ,espíritu y arrancados de la pobreza, de la mediocridad, del sin sentido, de la desesperanza, del peso de una historia pasada, del miedo al futuro,  de todo lo que cada uno necesita, seremos todos arrancados. Por eso este domingo nos sintetiza el proceso y nos pone en clima. Y lo hace en torno a un tema: viendo ya la celebración de la Pascua, analiza el tema de la esperanza. .. De la esperanza.

Entendiendo bien que, esperanza no es aguardar que algo suceda, sino esperanza es esa actitud interior por la cual yo camino firme. mente en la vida porque sé adónde voy. Mi vida no es un caminar hacia ningún lado, sino todo tiene sentido porque voy a una meta.  La esperanza es eso. Y porque voy a esa meta, elijo cosas y desecho cosas, y esa meta se transforma para mí en el criterio de selección  de opciones con que yo voy viviendo mi vida cotidiana.         

La primera lectura es del profeta Ezequiel, un relato muy antiguo. Ustedes saben que hay distintos estilos de escribir en la Biblia.

El estilo profético es uno de los más difíciles y dentro del estilo profético, más difícil aún, es el estilo apocalíptico, llamado apocalítico, porque el más conocido es el libro del Apocalipsis.            .

El profeta Ezequiel pertenece al estilo apocalíptico, tremendista, lleno de imágenes de hecatombes y curiosamente ahí, en el relato que habla de resurrección de cadáveres, tiene un mensaje muy hondo y está sintetizado en la última palabra que el profeta (el profeta hace como si Dios estuviera hablando) en la última frase que Dios pronuncia en este discurso, diríamos, les dice que no se desanimen (están pasando un momento difícil los judíos), que Dios es dueño de la vida y por lo tanto. no hay nada que pueda detener la vida, ni siquiera la muerte, ni el fracaso, ni el dolor, nada, y termina diciendo dos cosas, dice primero: "yo infundo el espíritu de la vida en ustedes, 'primera frase'; yo infundo el espíritu de la vida" (claro, la palabra espíritu para nosotros quiere decir otra cosa, a ver ¿cómo la podríamos traducir?, yo infundo el impulso y el deseo de vivir en ustedes. Eso nos quiere decir). El deseo y la fuerza de vivir en ustedes, lo infundo yo. Y después agrega inmediatamente: "y yo, Dios, cumplo lo que prometo", es dec