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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
«
¡Ahí tienes a tu madre! » (Jn 19, 27)
7.
Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce también hoy,
precisamente a través de esta oración, aquella solicitud materna para con
todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confió
en la persona del discípulo predilecto: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!»
(Jn 19, 26). Son conocidas las distintas circunstancias en las que la
Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, ha hecho de algún modo notar su
presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma
de oración contemplativa. Deseo en particular recordar, por la incisiva
influencia que conservan en el vida de los cristianos y por el acreditado
reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y Fátima,11
cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de
consuelo y de esperanza.
11 Es sabido
y se ha de recordar que las revelaciones privadas no son de la misma
naturaleza que la revelación pública, normativa para toda la Iglesia. Es
tarea del Magisterio discernir y reconocer la autenticidad y el valor de las
revelaciones privadas para la piedad de los fieles.
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