Después de tu muerte

Me han quitado  tu cuerpo.

Una cuenca ominosa decretada

en la tierra enemiga

reclamó tus favores.

 

Me han quitado  tu cuerpo,

el oratorio donde el beso fue plegaria,

y fue pan para el hambre lo profuso

de tus contornos y tus oquedades.

Tu cuerpo,

longitudes y altitudes de piel viva,

continente de sangre emancipada,

contenedor del elemento sacro

que natura predestinó a su causa:

significar al amor y al estallido,

perpetuar las humanas veleidades.

 

Me han quitado  tu cuerpo

y estoy sola.

 

Hoy estreno tu ausencia

como un trapo de luto

que me quema los huesos.

 

     Raquel Fernández

 

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