Lo Fascinante
Lo Superfluo
Lo Inefable
Tres ensayos filosóficos
Curriculum

EL EFECTO DE FASCINACIÓN.

Introducción

A- Primeras aproximaciones a un concepto de lo fascinante.

B- Los hechos fascinantes.

I- La doble dimensión de lo fascinante

II- Tipología de la fascinación

III- Lo impresionante o impactante

IV- Lo horroroso o temible

V- Lo placentero o deleitante.

C- Lo fascinante coactivo.

I- La fascinación del ritmo.

D- Las formas fascinantes del amor y del poder.

I- Fascinación sexual y afán de poder

II- La autofascinación

III- Fascinación y relación endogámica.

E- Lo fascinante en la actividad lúdica y en la creación artística.               

I- Lo fascinante en la actividad lúdica

II- La actividad lúdica del niño

III- El juego adulto

IV- La relación entre el amor y el juego

V- La relación entre ritmo, belleza y amor.

F- La fascinación de lo numinoso o mistérico.

I- Lo sagrado

II- Rito y mito

III- Lo sagrado como poder

IV- Lo sagrado como velamiento lúdico

V- Lo sagrado como tabú

VI- La fascinación cósmica

VII- La fascinación del saber

VIII- Magia y fascinación

IX- Divinización y demonización de lo fascinante.

       

Introducción

§1- La vida moderna parece haber perdido, en parte, su encanto. Muchos hombres hoy día no saben qué es eso de "quedar fascinado, encantado" frente a un fenómeno natural, una expresión del arte o simplemente los gestos o movimientos de un niño, una mujer o un anciano.

Pareciera que ya no hay magia en nuestra vida, ni misterios inescrutables; ya no sabemos qué es lo inefable, lo maravilloso, lo sublime.

Vivimos una cotidianidad en la que todo está explicado, predeterminado, empaquetado, lo cual puede estar relacionado con la depresión del "sin sentido" tan frecuente en nuestra época.

Solamente los niños y los poetas parecen escapar de este aplanamiento general. En ellos puede haber angustia, la buena angustia, pero no la depresión del aburrimiento.

 ¿Pero qué es eso de quedar fascinado? ¿Cuándo y en qué circunstancias se produce ese estado particular en que alguien se siente como atrapado, encantado y a la vez aprisionado por algo que reclama toda su atención y absorbe todas sus facultades? ¿Qué objetos o qué tipos de realidades tienen la capacidad para producir tales estados? ¿A qué se debe esta capacidad y qué elementos la condicionan? ¿Por qué algunos sujetos están más predispuestos que otros para percibir el efecto de fascinación al igual que ciertas culturas más primitivas, y porqué está desapareciendo de la nuestra?

 Estos interrogantes, como punto de partida, han de guiar los desarrollos de este ensayo. En el curso de la investigación surgirán, sin duda otros, y no sabemos si estaremos en condiciones de encontrar una respuesta, aunque solo sea provisoria, para cada uno de ellos.

A- Primeras aproximaciones a un concepto de lo fascinante.

§2- Comencemos analizando la fascinación restringida al orden cotidiano (la del adulto normal "de término medio" en la cultura moderna occidental).

¿Cuándo sentimos todavía algo de fascinación? Aunque pareciera que es cada vez más excepcional, el enamoramiento sería un estado de ánimo de fascinación y encantamiento, de los pocos que quedan en un mundo desencantado. Habría que agregar también los estados de fascinación ante ciertas expresiones del arte, en especial el efecto del ritmo musical en la juventud y la fascinación, cada vez más rara, frente a los fenómenos naturales que impresionan por su grandiosidad, belleza o misterio.

En la fascinación nos sentimos atraídos con fuerza por un objeto:  no podemos quitarle los ojos de encima, la mirada queda aprisionada; nos atrapa un ritmo, un tema musical y nos cuesta separarnos, dejar de escuchar; nos sentimos a gusto con una persona y queremos seguir junto a ella.

La fascinación crea un deseo, deseo de continuidad, de permanencia, de repetición. Este deseo se diferencia de todo otro en cuanto que no responde a una necesidad de la que tengamos conciencia. Algo nos atrapa sin que podamos decir cómo o por qué.

No responde directamente a la necesidad sexual (aunque esta pueda constituir su soporte inconciente), ni a otra necesidad biológica manifiesta. Se podrá teorizar diciendo que el deseo está sublimado; de cualquier modo, para el sujeto fascinado está escondido y no tiene explicación posible.

Si dejamos de lado el reduccionismo biológico, sin negar la posibilidad de que algo biológico funcione como soporte, parece que se puede afirmar que en la fascinación aparece lo cotidiano como revelación de lo otro en cuanto totalmente otro. Este, al menos, será nuestro ángulo de enfoque como hipótesis o conjetura, como posibilidad aclaratoria, sin pretender con ello agotar todas las posibilidades.

Pensaríamos en los puntos o agujeros en los que la cotidianidad se abre o se rompe hacia una esfera totalmente distinta que no guarda coherencia con ninguno de sus ordenamientos, normas o leyes, por lo cual es irreductible e inexplicable, si explicar es encontrar una cierta analogía entre lo desconocido y lo conocido.Todo el esfuerzo que se ponga en asimilar la atracción fascinante a la del deseo común resulta insuficiente, pues no es posible superar el abismo que los separa y sólo parece admisible señalar una componente del fenómeno aunque no determinante y fundamental.

Lo mismo se podría afirmar con respecto a otras explicaciones menos apoyadas en lo biológico. Decir que lo fascinante fascina porque proyectamos en él nuestros arquetipos inconcientes o porque percibimos allí "gestalten" o estructuras desencadenantes, es adelantar otro tipo de analogía también plausible, sin agotar los múltiples interrogantes que pueden formularse al respecto.

Vinculamos, entonces, lo fascinante con "lo totalmente otro". Podría preguntarse ¿porqué no lo vinculamos con lo inconciente ya que podemos caracterizarlo como "lo totalmente otro" de la conciencia?

Lo inconciente es efectivamente lo “totalmente otro” tanto en la concepción freudiana como en la jungiana: no responde a las categorías de la conciencia, a las normas de la razón, a lo habitualmente establecido y conocido por el "yo".

Por lo tanto lo que fascina, el objeto fascinante, es en cierto sentido “el inconciente”. Sin embargo, esta afirmación no sería del todo correcta si no se agregan ciertas aclaraciones.

El inconciente, en su versión más difundida, tiende a ser pensado como la otra cara del sujeto. Es decir, se ubica en el orden subjetivo, o por lo menos intersubjetivo (v.g. el inconciente colectivo de Jung).

Pero esta manera de concebirlo es imprecisa y lleva a la confusión, porque encasilla lo inconciente en la oposición sujeto-objeto: el inconciente sería la otra cara de la conciencia del sujeto en cuanto opuesto al objeto y así queda confinado en la concepción racional de la conciencia que separa sujeto y objeto.

Si en cambio, se supera este punto de vista, característico del racionalismo post-cartesiano y de su parcialidad y esquematismo, entonces se puede comprender que lo totalmente otro no puede entrar en los modelos categoriales comunes y que no puede pertenecer al sujeto ni al objeto porque ninguna de estas nociones es capaz de abarcarlo.

Por eso, para evitar el uso rutinario del término inconciente y obviar el esquematismo de ciertas interpretaciones, preferimos hablar de lo fascinante y de lo totalmente otro.

Así lo fascinante puede manifestarse frente a un árbol o una serpiente, en un sueño o una fantasía, sin que sea posible separar en cada caso lo interno de lo externo, lo subjetivo de lo objetivo.

Freud tenía plena conciencia de este problema cuando en sus "Escritos de metapsicología", en el artículo sobre "Lo inconciente", cita a Kant  poniendo en parangón el noumeno con la vida anímica inconciente, lo que significa que esta evade y está más allá de todas las categorías del entendimiento.

Pero no era posible que aclarara este significado cada vez que se refería al tema. Por eso tanto él como Jung, cuando hablan de ciertos mecanismos, como, por ejemplo, el de la proyección, se expresan de tal forma que pareciera que se trata de un sujeto que se proyecta sobre un objeto, cuando en realidad piensan en  algo mucho más complejo.

Al remitir a lo "otro como totalmente otro" estamos suponiendo, entonces, que el que se siente fascinado se percibe atraído por una dimensión desconocida, mistérica, oscura y en cierto sentido caótica. Es el caos que produce vértigo, que angustia y puede volverse insoportable a no ser que logremos interponer ciertas mediaciones, ciertos velamientos que permitan algún grado de armonización entre "lo mismo" y "lo otro", entre "el yo" y "lo totalmente no yo".

Esta armonización a través del velamiento es la nota fundamental de toda obra verdaderamente creativa. El artista, como el místico o el profeta es el que logra prolongar en su actividad algo del estado de fascinación por medio de algún elemento expresivo que manifiesta y esconde que muestra y vela a la vez lo fascinante, armonizando lo conocido con lo desconocido, lo cotidiano con lo misterioso, "lo mismo" con "lo totalmente otro".

No hay creatividad sin "eso otro", sin "lo nuevo" insólito, inusitado o inesperado; no hay creatividad si no se parte del caos y se lo reviste de cosmos. El impulso creativo no es en realidad otra cosa que el intento de retener y perpetuar la experiencia fascinante. El creador de mitos, de leyendas o cuentos prolonga en el orden expresivo de la narración la vivencia de fascinación que ha dado origen a su relato, el cual sólo podrá ser apreciado por los que logren reactualizar de algún modo esa vivencia.

El pintor pinta para mantener aquello frente a lo que ha quedado fascinada su mirada; el poeta canta o recita para prolongar, revivir o realimentar el momento fascinante; el músico lo crea en el sonido y el arquitecto en las formas.

De ahí que lo que llamamos creación sea en el fondo un intento de recreación, de reproducción e incluso, de "imitación", no en el sentido burdo de la copia, sino en un sentido más profundo de reactualización de lo fascinante.

Lo mismo se puede decir de la verdadera creación filosófica y aún de la científica. En todos los casos se trata de volver a decir, volver a representar, recapturar algo de lo indecible e irrepresentable que se ha vislumbrado en un momento de fascinación.

Así lo fascinante se desdobla en ensoñación y genera la poesía, en asombro y curiosidad y genera la filosofía o la ciencia, en embelezo o encantamiento y da nacimiento a la danza, la música, la plástica, en sentimiento de lo sublime y hace surgir la mística y la religión. En todos los casos se trata de atrapar aquello en que uno ha sido atrapado, atrapar lo totalmente otro en una actividad totalmente otra, apoderarse de lo que trasciende lo cotidiano por una actividad que nada tiene que ver con lo cotidiano.

Y, en el fondo, por eso mismo, toda creatividad tiene algo de la actitud mágico-ritual: es la acción otra sobre el Ser Otro. Acción otra, no cotidiana, no común, no racional, sobre el Ser que sobrepasa todo entendimiento.

Si utilizáramos un lenguaje heideggeriano diríamos que la fascinación es un encontrarse o un temple de ánimo al cual no corresponde ningún precomprender previo ni entra en ninguna de las estructuras significativas o marcos de referencia habituales; al que tampoco corresponde ninguna expresión del habla fónica corriente y que, en todo caso, se apresa en la silenciosidad. Que, además, podría describirse como un hacerse presente el "Ser en general" o el "Sí mismo propio" y que podemos retener de modo embozado a través del velamiento del habla poética, artística, filosófica o religiosa pero que siempre se escapa, se esfuma y desborda más allá de cualquier apresamiento.

§3- Existen otros términos en el lenguaje ordinario que si no son sinónimos, tienen al menos algún punto de contacto con la fascinación.

Si definimos la fascinación, en general, como un estado de ánimo que se caracteriza por un modo de la atención en que ésta queda como fijada y capturada por el objeto, el embelezamiento y el encantamiento, están muy próximos a ella y podrían considerarse casi como sinónimos.

El deslumbramiento destaca el brillo de algo que se manifiesta fuera del curso normal del acontecer, lo mismo que la maravilla o el asombro, por lo cual se los puede considerar como aspectos de la fascinación.

La sugestión y la seducción hacen referencia explícita a un sujeto externo que intenta producir en el otro un estado de ánimo que podría llegar a ser fascinante. (El seductor es un sujeto que se propone fascinar a los otros y que lo hace conciente o inconcientemente).

La ensoñación, en algunos casos, puede llegar a adquirir el carácter de fascinación y el éxtasis es quizás una fascinación muy intensa en que el sujeto sale enteramente de sí mismo.La esencia de lo fascinante parece ser, entonces, lo totalmente otro en cuanto que siendo no familiar escapa a todo marco de referencia y comparación, no pudiendo identificarse con lo anormal, enfermizo, amenazante, peligroso o repugnante, porque estas son formas de lo no familiar que no atraen, fijan o encantan la atención.

Tampoco es fascinante lo simplemente sorprendente, porque lo que sorprende puede ser algo común y familiar que se manifiesta de modo inesperado.

De algún modo el sentimiento de fascinación hace referencia a lo metafísico, si éste se entiende como lo que evade todo lo que se conoce o puede conocerse en el orden natural.

B- Los hechos fascinantes

I- La doble dimensión de lo fascinante.

§4- Toda fascinación supone por definición un estado de fijación, un objeto atrapante que absorbe la atención dejando en la penumbra el mundo circundante. Es algo que aprisiona en mayor o menor medida, desestructurando todos los ordenamientos habituales. Por eso, en realidad, tiene una doble dimensión. En efecto, la fascinación puede tener un carácter liberador cuando abre hacia otra dimensión, cuando amplifica, renueva, estimula, desestructura lo cotidiano para abrir a lo nuevo; por el contrario,  puede ser esclavizante si se absolutiza y se cierra en sí misma. Así la fascinación del Ser puede degradarse en magia y ocultismo; la fascinación de lo sacro, en fanatismo religioso, la del arte en esteticismo, la del saber en pedantería e intelectualismo; la fascinación de lo erótico en sexualismo, la de la autoafirmación en ansia de poder, agresividad y violencia.

El que queda fascinado queda cautivo con mayor o menor fijación según los casos. Esta fijación puede enriquecer la existencia en cuanto amplificación hacia la totalidad como plenitud y absoluto. Entonces, lo fascinante aprisiona liberando al romper las estructuras del mundo preestablecidas, cuando lo particular y parcial se abre a lo universal.

Pero también puede suceder lo contrario,  cuando la fijación en lo fascinante rompe la unidad cósmica, particulariza la mente en lo limitado, dualiza y divide empobreciendo la existencia.

§5- En especial las formas del poder, la riqueza y el lujo, los fenómenos mágicos, lo prodigioso o maravilloso, tienen una alta capacidad de cerramiento fascinante. Pueden fijar en la particularidad de la imagen, de la fuerza, de la vanagloria y la pedantería produciendo un efecto de estrechamiento esquemático, de aprisionamiento en una fascinación desviada que tiende a lo siniestro.

En ese caso, algo otro queda absolutizado reemplazando al Gran Otro: tendremos entonces al infatuado, al fanático, al mago, al poseído o al loco, para los cuales el símbolo se ha vuelto obstáculo que no pueden trascender. Así se transforma lo bueno, lo bello, lo verdadero o lo sagrado en lo siniestro, dispersivo o diabólico [1].

en la tradición occidental, ésta era la función del demonio, símbolo de la fijación en la particularidad transformada en absoluto. Perdida la flexibilidad, ya no hay juego metafórico: los ídolos han reemplazado a Dios.

II- Tipología de la fascinación

§6- Son muchos los fenómenos que podrían incluirse en la esfera de lo que llamamos efecto de fascinación.

En una primera aproximación se los puede agrupar de la siguiente manera:

a) Lo fascinante coactivo como estímulo desencadenante.

Incluye los mecanismo propios de la conducta animal, las respuestas infantiles y los estímulos sexuales, los sonidos rítmicos, los fenómenos de la hipnosis o de la autohipnosis.

En estos casos la percepción de ciertos gestos o movimientos, el despliegue de ciertas formas y colores, despiertan y fijan la atención del sujeto sin que este pueda hacer mucho para evitarlo.

b) Las formas fascinantes del amor y del poder.

Es la fascinación del otro como sujeto humano e incluye los fenómenos de seducción y enamoramiento, la fascinación del prestigio, de la riqueza y la fuerza, de la dominación y el sometimiento; se manifiesta en el poder seductor de los ídolos populares y de los personajes idealizados.

c) Lo fascinante lúdico y estético que se manifiesta en el juego, el deporte y las producciones del arte.

Abarca las conductas que no tienen inmediata relación con la utilidad biológica y que producen goce por el mero ejercicio de las propias facultades, capacidades o destrezas.

Incluye el juego infantil y el deporte, el juego adulto y todas las formas del arte con sus variantes, espectacular, plástico-representativo, rítmico-musical, poético-discursivo y en especial el juego afectivo. Incluye también los juegos de la ingeniosidad (humorística, lógica, técnica)

d) La fascinación de lo numinoso o mistérico.

Es la fascinación del misterio natural, del fenómeno inusitado, de aquello que produce curiosidad y asombro o de lo que despierta admiración o maravilla.  Se produce frente a un paisaje grandioso, frente a un espectáculo sublime, ante una narración llena de maravilla y suspenso, ante la belleza de lo viviente animal, vegetal, niño o adulto, ante lo que encanta por su gracia; es también la fascinación de lo sagrado sea en su expresión mítica o ritual o mágico-religiosa y en sus diversas manifestaciones (mántica, pragmática o alquímica) o de los fenómenos hoy llamados parapsicológicos o paranormales.

Debemos observar que el efecto de fascinación que puede incluirse en cualquiera de los grupos de esta lista, se manifiesta en muchos casos de modo inestable y fugaz; que no todos lo perciben de la misma manera y con la misma intensidad; que esta percepción depende  de las circunstancias y de la predisposición del sujeto.

Por otro lado, como podrá advertirse, la clasificación en grupos es apenas aproximada porque hay formas de fascinación que pueden entrar en dos o más de ellos según el punto de vista que se adopte.

Además, existen algunas experiencias que están en el justo límite entre lo que llamamos fascinación y otro fenómeno cercano o paralelo: son vivencias que guardan semejanza con lo que aquí nos interesa, que pueden entrecruzarse con lo fascinante y la fascinación, pero que no merecen esa denominación en sentido estricto. Entre esos estados se debe prestar atención a lo impresionante o impactante, lo horroroso o temible, lo placentero o deleitante. En ellos también se produce un sentimiento de intensa atracción o una fijación de la atención  en un objeto atrapante y, sin embargo, no se trata propiamente de fascinación, sino de algo cercano que puede entrecruzarse y entrar en composición con la misma. Veamos en qué radica la diferencia.

III- Lo impresionante o impactante.

§7- Algo produce una profunda impresión, un impacto emocional. No se trata de lo peligroso o temible o doloroso de lo que hay que defenderse, ni de algo placentero o deleitoso que atrae con fuerza. El impacto emocional, el recuerdo perturbador, la sorpresa, el susto pasajero atraen y fijan la atención, pero no fascinan.

Para que esto suceda falta el elemento mistérico explícito o encubierto, lo otro como otro presente o más o menos velado.

Estos fenómenos pueden cruzarse, mezclarse o complementarse: lo fascinante puede producir un alto impacto emocional, perturbar, sorprender e incluso asustar, pero no necesariamente.

IV- Lo horroroso o temible.

§8- No es lo mismo estar fascinado que estar aterrorizado, aunque parece que en ciertas formas de terror se incluye una nota de fascinación.

Se podría objetar que lo otro como totalmente otro, lo desconocido, lo extraño, parece producir mas bien miedo y no fascinación. Es el miedo a la oscuridad en el niño, el miedo a un lugar desconocido que se supone lleno de peligros, el temor al extraño imaginado como el bárbaro, el salvaje, cruel y perverso. Ciertamente, en estos ejemplos tenemos miedo y no fascinación. Para que esta se presente debe haber algún elemento de atracción placentera, pues lo horroroso produce de por sí un alto grado de displacer y lo común o normal es el intento por salir o huir de ese estado.

Si en algún caso quedamos fijados o atrapados por el objeto terrorífico esto puede deberse a que la atención queda concentrada ante aquello que es peligroso como actitud defensiva,  o bien porque lo terrorífico produce un cierto placer. En este segundo caso, si no se trata de cierta patología (como el masoquismo) debe existir algún elemento mediador que mantiene alejado el peligro, como sucede en el espectáculo o en la narración de terror.

Si se incluye, entonces, algún componente de fascinación en lo terrorífico, esto se debe a lo misterioso, a lo desconocido, a lo otro como otro y no precisamente al terror.

En cuanto a lo ominoso de que trata Freud [2] parece abarcar por igual lo horroroso y lo fascinante.

Muchos de los ejemplos propuestos se refieren claramente al horror. Si en ellos también hay fascinación se debe a que están mediados por la narrativa (v.g. los ejemplos extraídos de los cuentos de Hoffmann).

Otros ejemplos pertenecen más decididamente al tipo de lo fascinante y para ellos convendría con mayor exactitud el término unheimlich (no familiar) utilizado por Freud. Aquí se incluiría la coincidencia de números altamente improbable, los encuentros inesperados, las repeticiones azarosas, las visiones y apariciones fantasmales, los hechos mágicos o milagrosos, etc.

Estos fenómenos, obviamente, tendrán distinta repercusión según el contexto cultural. Para una cultura abierta a lo mistérico, se tratará de experiencias fascinantes; para un nivel cultural muy racionalizado, las mismas experiencias se descartarán como ilusorias pues podrían llegar a ser altamente angustiantes. Para estudiar esa diferencia nada más esclarecedor que la noción de temor en los Upanishad o la descripción del otro mundo en el Libro Tibetano de los Muertos [3] .

§9- A veces tiende a confundirse el sentimiento de lo fascinante con el de la angustia. Así, por ejemplo, Heidegger refiere la angustia a lo que en realidad es lo mistérico fascinante [4]. La angustia para él surge ante la vivencia del “Ser en el mundo” y la posibilidad del “sí mismo propio”.  Pero lo que llama “el mundo” no es lo que se percibe y conoce cotidianamente, pues no está "ante lo ojos", y el "sí mismo" tampoco es lo que comunmente llamamos “el yo” [5].

en ambos casos se trata de algo oscuro, embozado, que pasa inadvertido para la “cotidianidad del término medio". Lo que en realidad genera angustia es, entonces, lo Otro cósmico como misterio y el “sí mismo propio” como otro distinto del Yo.

Pero esta angustia, según Heidegger, no es, en realidad, el malestar cotidiano por todos conocido. Es angustia mistérica, angustia existencial y se acerca, en gran parte, a lo que aquí llamamos fascinación.

¿Porqué, entonces, utiliza el término angustia? La razón puede estar en el hecho de que, en el caso del hombre moderno, lo mistérico resulta difícil de soportar, produce una cierta angustia, lo que conduce habitualmente a diversos intentos de control racional o simplemente a su negación.

Es decir que Heidegger generaliza su terminología desde el punto de vista de la modernidad occidental, cuando en verdad para otras culturas lo Otro misterioso no suele producir un sentimiento de malestar, sino, justamente, lo que llamamos fascinación. Esta puede incluir cierto componente reverencial, como temor reverente a lo desconocido, pero, a la vez, también, un estado de encantamiento y embelezo [6].

Si no nos encerramos en los estrechos límites de la modernidad occidental, el Ser no es angustiante, sino fascinante.

Queda por aclarar el tema de las pulsiones autodefensivas y agresivas, las llamadas pulsiones de muerte.

§10- La agresión y la defensa en sí mismas pueden considerarse como complementos de la función nutricia o también de la sexualidad. Hay un tipo de fascinación que se relaciona con ellas: es la fascinación del poder, del dominio y sojuzgamiento del otro, la fascinación de la fuerza e incluso de la guerra y la violencia.

Pero en estos casos, los efectos de la pulsión sobrepasan con amplitud toda necesidad defensiva o de protección y se manifiestan como desviaciones y excrecencias notables. ¿Qué significa la fascinación que acompaña sin duda a muchas manifestaciones de violencia, crueldad y destructividad volcadas no solamente sobre los demás, sino también sobre el propio sujeto actuante?

No parece posible una aproximación al problema si no se admite de algún modo la doble faceta ya mencionada [7] de lo Otro como otro, si el misterio no tiene una cara oscura, negativa y caótica y en algunos casos fascina por la destructividad y no por el amor y la armonía.  En todas las mitologías antiguas aparece la representación de lo demoníaco o satánico referida a personajes especializados para el mal o, a veces, los mismos dioses exhiben una mano irracional, destructora o vengativa, junto a la función protectora y benéfica. Es el elemento de verdad cuya expresión más elocuente se manifiesta de modo fascinante en la tragedia griega o en el teatro de Shakespeare.

Los símbolos que confieren seguridad y expresan amor a través del equilibrio o la armonía de los contrarios, se contraponen aquí a aquellos que representan la "Hibris", el exceso en que las pulsiones se desbocan más allá de los canales naturales. Son los gestos de violencia, del amor sádico o masoquista, la amenaza, el grito, la acumulación avara, el mando autoritario, las perversiones en el sentido más amplio de la palabra. En ellos también puede haber fascinación, la fascinación del abismo, la fascinación caótica y destructiva, la que en lugar de liberar, aprisiona.

V- Lo placentero o deleitante.

§11- existen  impactos sensoriales intensos en el orden visual o tactil, en el olfato o el gusto, que producen placer en sí mismos y despiertan un deseo de continuidad o intensificación. Sin embargo, no se puede decir de ellos que produzcan un efecto de fascinación sino algo parecido que puede estarle acoplado, mezclarse y confundirse con él, pero que pertenece a un orden de realidad enteramente diferente. Veamos la diferencia en el plano de la sexualidad.

No es lo mismo la atracción sexual que la fascinación erótica o enamoramiento. En el primer caso tenemos un estímulo sensorial placentero que despierta un deseo de consumar la acción, de continuarla o repetirla. En el segundo, que puede darse sobre la base del primero, lo principal no es tal o cual estímulo, sino un efecto de totalidad que se percibe en presencia de la persona fascinante.

Además, mientras el estímulo sensorial responde a un código más o menos fijo y generalizado (impacta a muchos por igual), el efecto de fascinación es selectivo, solo se produce frente a determinados sujetos.

Veamos ahora cómo se manifiesta lo que hemos supuesto como esencia de lo fascinante en los diversos tipos y en sus distintos grados (interés, atracción, admiración, hechizo, arrobamiento, éxtasis).

C- Lo fascinante coactivo. 

§12- en el esbozo de una tipología de la fascinación mencionamos, en primer lugar, este tipo cuasi-biológico que se produce como respuesta obligada frente a un estímulo desencadenante. Parece ser la forma más simple, puesto que incluso la encontramos en la conducta animal y en el niño pequeño. Es la fascinación de la mariposa ante la fuente luminosa, la del ave frente a los colores, sonidos o movimientos de su pareja sexual, la del niño frente al rostro sonriente de la madre o frente a los colores y sonidos llamativos.

Los etólogos nos hablan de ciertos mecanismos desencadenantes de la conducta animal estudiados ampliamente por la escuela de K. Lorenz. Determinado complejo de estímulos obra sobre el aparato perceptivo desencadenando una actividad característica distinta para cada especie que solo responde a esos estímulos como una cerradura que se abre ante el esquema dentado de una llave determinada.

Los estudios de Spitz muestran que en el niño pequeño hay un mecanismo semejante por el cual reacciona frente al rostro sonriente del adulto. Pueden colocarse, también, bajo este título el efecto cuasi- hipnótico del ritmo, sea en la cuna del niño, en la música adolescente o en la hipnosis propiamente dicha. En efecto, se trata de mecanismos de estímulo y respuesta vinculados aparentemente con necesidades pulsionales difíciles de definir o identificar [8].

Podemos catalogar todas estas conductas en el grupo de lo fascinante, aunque con algunas reservas; se trata de mecanismos de estímulo-respuesta, de efectos desencadenantes, de parcialidades sensoriales que no involucran la totalidad personal. Constituyen, entonces, un esbozo biomecánico de otras conductas más plenamente humanas.

Por eso, como ya lo hemos marcado para el caso de la atracción sexual [9], aquí solo diríamos que estamos frente a una fascinación incohada y preparatoria. Falta la totalización personal de un centro de conciencia, de un yo estructurado que se estremece ante la presencia del “no yo” o de lo otro “totalmente otro”.

I- La fascinación del ritmo.

§13- Hemos señalado el ritmo como una forma característica de la fascinación biomecánica o coactiva. ¿Qué significa esta relación entre ritmo y fascinación?.

Analicemos algunas dimensiones características: el ritmo musical opone dos sonidos o grupos de sonidos; la armonía, por su parte, parece ser la expresión y culminación de alguna forma de ritmo, su equilibrio o composición. Así, la repetición de sonidos opuestos, se difracta en la armonía como complejización y resolución de esa oposición. En los otros planos, el ritmo y la armonía aparecen en un sentido analógico: hay ritmos visuales, quinéticos, antropológicos, cósmicos, etc.

Es posible imaginar para el efecto biomecánico del ritmo explicaciones pulsionales utilitarias: v.g. en virtud de la correspondencia entre nuestro bioritmo (respiratorio, cardiológico, alimentario, del sueño, etc.) y los ritmos externos de la música, el arte, la naturaleza, etc., se produciría en nosotros una distensión o disminución de tensiones, relajamiento corporal, tranquilidad psíquica, etc.

Para los antiguos griegos la fascinación del ritmo estaba más bien relacionada con la armonía cósmica, pues el universo es rítmico. Lo concebían como oposición de contrarios y conciliación de los mismos. Esa lucha y conciliación era armonía, equilibrio y belleza, lo cual tenía en el plano sonoro su primer analogado y de allí se reflejaba en múltiples dimensiones: plano visual, del color y la forma; plano de las sustancias corporales (macho-hembra, vida-no vida); de los fenómenos cósmicos (noche-día, invierno-verano, cuerpo-alma, respiración); plano de las entidades abstractas  (bien-mal); de las formas geométricas (curvo-recto); de los números (par-impar), etc.

Desde este punto de vista, más allá de su utilidad biológica, el ritmo y la armonía simbolizarían la estructura profunda del Ser, su misterio más íntimo, lo Otro en cuanto tal y este sería el secreto de su fascinación [10].

Por eso, la fascinación bio-mecánica del ritmo que en sí misma no es más que  una expresión mínima de la totalidad cósmica, encontraría su plenitud de sentido cuando entra como componente esencial en la creación estética y en toda creación cultural.

D- Las formas fascinantes del amor y del poder.

I- Fascinación sexual y afán de poder.

§14-Ya hemos considerado la fascinación sexual desde el punto de vista biomecánico [11].

Veamos ahora su integración en la totalidad viviente.

Para aclarar mejor este punto, tenemos que mencionar una cierta gradación que aparece en el lenguaje común. Así, pareciera que son grados que anteceden a la fascinación, el interés, la atracción, la simpatía, la admiración.

No se puede establecer entre ellos una jerarquía y además todos tienen un campo semántico que no se encierra en la sexualidad. Sin embargo, tener interés, sentirse atraído, sentir admiración, son formas que pueden anteceder a la fascinación estable que se llama enamoramiento. Casi se podría decir que todas ellas contienen ya algún elemento de fascinación.

Pero el enamoramiento no excluye la componente sexual. Allí el efecto de fascinación se manifiesta a través de mediaciones que podrían ser  consideradas como anticipaciones, representaciones o insinuaciones que se interponen entre el deseo y la satisfacción.

Así, por ejemplo, la mostración de afecto, la caricia, el beso, la voz afectuosa, la sonrisa y todas las formas de seducción, juegan como mediadoras. Funcionan como símbolos naturales que pueden crear un estado de fascinación en cuanto producen un cierto aumento de tensión pero no conducen a su descarga o sedación.

Es que el objeto de fascinación no es algo que solicita ser poseído, consumido o incorporado (a nuestra corporalidad).

Son fascinantes los gestos, las palabras y actos que insinúan, asemejan o preparan el acto sexual, pero no la consumación del mismo que produce un gran monto de placer pero no de fascinación. Donde hay misterio, algo aún no develado, algo que se insinúa pero no se da, allí hay fascinación. De todo lo dicho, se puede concluir que la fascinación sexual es fascinante en cuanto mediadora, en cuanto que supone un cierto velamiento o misterio, en cuanto significa o sugiere lo que no se posee, es decir, en última instancia, en cuanto significa lo Otro en cuanto Otro.

§15- Podemos comparar la sexualidad con las necesidades de conservación para señalar diferencias y semejanzas.

En el caso del objeto alimentario no podemos hablar de fascinación. Sin embargo, el alimento representa, en alguna medida,  la realidad cósmica que nos rodea.  Es el puente de intercambio con el medio y el contacto de nuestra unidad biológica con la vida del universo (como también lo es la respiración, acto alimentario total y subyacente a toda experiencia).

En esta vinculación cósmica hay motivo para vivenciar lo fascinante como misterio, vivencia que descubrimos en las místicas de Oriente y que de algún modo se refleja en Occidente en la sacralización cristiana del pan y del vino o en la de los actos sacrificiales de otras religiones. Si en el respirar y comer cotidiano no hay fascinación, esto quizás, no se debe a que estas actividades no posean la capacidad de producirla, sino a la falta de nuestra predisposición interna.

Así se explica la especial atención que presta el Yoga a los fenómenos alimentarios y respiratorios. No se trata allí de simples ejercicios de perfeccionamiento útiles para la salud física o mental, sino de una metodología que apunta a despertar en el sujeto humano su capacidad para percibir y vivenciar el misterio fascinante del cosmos como unidad vivificante.

Tenemos así un ejemplo de cómo el objeto saciante de una necesidad biológica que coacciona exigiendo satisfacción, puede transformarse en objeto fascinante cuando se pasa del esquema fragmentario del estímulo-respuesta a la totalización cósmica por un cambio en la actitud interior.

§16- Finalmente también parece haber cierta fascinación para lo que Freud llamaba “pulsión de muerte” en el ejercicio del poder, la fuerza o la violencia. Podemos reconocer en el fondo de estas tendencias la necesidad biológica de autodefensa y conservación de la vida que aquí puede adquirir una forma desmesurada y enfermiza de fascinación negativa.

En realidad el poder como autoridad es un servicio a la comunidad, pero la fascinación que puede acompañarlo es un sustituto que sugiere una seguridad, dominio o posesión que en verdad no se tiene. Poseer al otro total y totalmente, poseerse a sí mismo todo y plenamente son dos imposibles solo deseables por una mente enfermiza. Aquí se incluyen las pulsiones dominadoras, acumulativas y sobreprotectoras [12].

II- La autofascinación.

§17- Mantenemos la hipótesis de que lo fascinante nos pone en contacto con lo totalmente otro de un modo velado; sin embargo, se pueden mencionar ejemplos donde se manifiesta un tipo de fascinación que no viene de lo Otro o de un Otro sino que surge de uno mismo: se puede hablar aquí de fascinación narcisista o de autofascinación.

En la actitud narcisista el individuo se encuentra fascinado por sus propias cualidades y expresiones. Es el niño que se mira al espejo o goza de sus propias "gracias" festejadas por el adulto; el adolescente que goza con el arreglo y la exhibición de su cuerpo o con la ingeniosidad de sus respuestas o sus bromas; es el narcicismo de la mujer de que habla Freud, el narcicismo del pedante o el goce del “status social”, el prestigio, el poder.

¿Dónde esta aquí lo Otro como fascinante?¿O existe alguna forma de fascinación que no se relaciona con la Otredad?

Una respuesta posible estaría en el supuesto conjetural de que en estos casos la Otredad está en el sujeto mismo: uno descubre en sí mismo potencialidades, capacidades ocultas, misteriosas, desconocidas. Pero, como toda fascinación, esta también es máximamente ambivalente: puede aprisionar y encerrar en un narcisismo egoista o patológico o liberar y plenificar las capacidades vitales.

Como encerramiento se manifiesta en diversos grados, desde las formas elementales del egoísmo hasta las expresiones más aberrantes del ejercicio del poder, la fuerza o la violencia. En su forma saludable y normal se puede hablar de cierto narcicismo vinculado al ejercicio y goce libre de las propias facultades en el juego, el aprendizaje, el descubrimiento de capacidades y posibilidades, especialmente en el niño que goza con el festejo, la admiración o la aceptación del otro.

Es fácil comprender  que en este caso, donde la fascinación surge de modo espontáneo, lo que autofascina es el descubrimiento de algo nuevo y desconocido en  uno mismo, de alguna manera es el descubrimiento de lo otro mistérico como posibilidad propia [13].

III- Fascinación y relación endogámica.

§18- Los modos de la fascinación también tienen su repercusión en el orden de las relaciones sociales.

Se puede hablar de una fascinación endogámica en relación a la madre, el núcleo familiar, el grupo tribal, etc. cuya  función puede ser positiva o negativa según los casos.

En sí la fascinación materna tiene un carácter liberador para el infante: es la primera vivencia de la otredad; es  fascinación que estimula su crecimiento. Para el adulto, en cambio, esta fascinación debe ser superada, pues es el medio que abre hacia el entorno social [14]. Aparece, entonces, una nueva fase: la fascinación grupal o tribal, que también cumple una función transitoria y temporal pues solo es el medio que debe abrir al exogrupo y también puede llegar a ser aprisionante cuando impide el pasaje hacia la comunidad.

Al final del proceso, lo Otro se manifiesta como cosmos, y este se abre hacia la totalidad trascendente. El individuo abierto a la totalidad ya no es el Yo sino el Sí mismo que se ha hecho uno con el Ser.

Así tenemos distintas mediaciones entre individuo y cosmos (la madre, el grupo, la comunidad, etc.) cada una de los cuales puede cerrar o abrir el paso al Sí mismo cósmico.

La función materna radica en su capacidad para simbolizar lo Otro como absoluto. En ese caso, la apertura del núcleo familiar no encierra en otro grupo mayor, sino que permite trascenderlo en virtud del simbolismo cósmico expresado por la madre.

E- Lo fascinante en la actividad lúdica, y en la creación estética.

§19- La actividad lúdica no tiene la misma capacidad fascinante de los estímulos biológicos ni de la seducción del amor o del poder. No se trata ahora de una respuesta automática ante determinados colores, ritmos, movimientos o de expresiones como las que se dan en el bebé, ni de la fuerza del enamoramiento. Tratamos de una actividad que se origina de una cierta intencionalidad, en un deseo de juego, lo cual no significa que no puedan existir estímulos que despierten o aviven ese deseo.

¿Dónde está aquí la fascinación? No precisamente en un estímulo sino en la misma actividad. El goce o bienestar que ella produce, crea una cierta ligazón que incita a continuarla o repetirla.

El niño la vive con mayor intensidad; el adulto, en cambio, tiende a perder con el tiempo su capacidad de fascinación lúdica y sólo mantiene algo de ella el artista fascinado por la actividad creadora 

Mencionemos distintas formas de manifestación lúdica:

1) La del niño pequeño. Los juegos infantiles, sean estos manipulaciones de objetos o dramatizaciones.

2) Los juegos reglamentados o normados, de azar o competitivos.

3) Los juegos verbales, las paradojas y juegos del humor.

4) La creación artística como juego de formas, ritmos, movimientos, colores, sonidos, palabras, etc. El espectáculo como juego escénico.

5) Los juegos del amor.

En todas estas formas encontramos el placer de la actividad como actividad en sí misma desligada de toda producción útil (como en el trabajo). Ahora bien, cuando el juego logra fascinar, ¿por qué fascina? 

Se puede responder con el criterio utilitario aduciendo razones que en sí son  correctas: a- en el juego infantil el niño goza ejercitando sus capacidades, lo que le confiere seguridad y confianza; b- al jugar expresa sus deseos inconcientes, realiza su deseo en el plano imaginario; c- aprende jugando y se prepara para la vida adulta. El adulto juega por razones parecidas: realiza deseos inconcientes, aumenta su seguridad y confianza, desarrolla sus capacidades, etc. Todas estas respuestas son adecuadas y, sin embargo, parecen insuficientes. Nos muestran el medio pero no el fin.

Resulta muy difícil admitir para la cultura actual que el fin de la actividad lúdica es el juego mismo como juego (en especial el juego creativo); que las coloraciones contingentes que puede adoptar como expresión del inconciente individual, de los conflictos infantiles y de los deseos ocultos, no quitan el fondo de sentido que lleva al hombre al juego como necesidad fundamental. Para una cultura que define al hombre por su producción técnica resulta dificil admitir que el trabajo técnico es sólo un medio que posibilita jugar, crear y recrear [15].

Pero si el juego es el ejercicio libre de las capacidades y facultades humanas (o de posibilidades y variedades en los animales y en la naturaleza en general) y su capacidad de fascinación no se debe esencialmente (aunque sí accidentalmente) a la satisfacción virtual de deseos y necesidades ocultas o reprimidas, ¿a qué se debe? y ¿de qué modo se conecta con lo otro mistérico que hemos enunciado en nuestra primera aproximación hipotética?

I- Lo Fascinante en la Actividad Lúdica.

§20- Sin caer en un reduccionismo estéril podríamos insinuar que la fascinación del juego como actividad en sí misma (que incluye todo tipo de creación artística) parece relacionarse, en primer lugar, con la capacidad de manifestar lo Otro oculto como propia capacidad. También, desde otro punto de vista, parece vivenciar, reproducir o representar las otras formas de fascinación (la fascinación del bioritmo, del amor o del poder, la fascinación cósmica, etc.) Es decir que el juego y la creación artística fascinan en cuanto retienen o reproducen algo que en sí mismo es fascinante. Por último, el  juego y la creatividad evaden el mundo de la actividad cotidiana, contradicen sus leyes y ordenamientos en cuanto expresión de lo superfluo e innecesario para las necesidades subsistenciales básicas, de modo que manifiestan la libertad humana frente a las exigencias de la naturaleza y constituyen algo otro en el mundo de la vida común. Vayamos examinando paso a paso las diversas categorías de lo lúdico.

Primeramente, debemos mencionar que hay un juego prehumano que anticipa y prepara en un plano analógico y simbólico el juego propiamente humano. La naturaleza en general juega un misterioso juego creativo en su multiplicidad de mundos, galaxias, planetas, especies vivientes, etc. y en la superfluidad misteriosa de multiplicaciones y variaciones, de formas, colores, sonidos, etc [16].

Para nosotros ese juego se nos aparece a veces bajo la forma de fascinación cósmica, numinosa o mistérica, y se diversifica en las variedades de la ensoñación poética, el asombro filosófico, el sentimiento de lo sublime, el encantaminento místico o la curiosidad científica. En todos esos casos quedamos fascinados por el cosmos en alguna de las manifestaciones de su creatividad.

Estas manifestaciones pueden significar para nosotros belleza, misterio, armonía, proporción y medida o equilibrio de contrarios, lo numinoso como reverenciable y amable o lo siniestro u ominoso como destino. En todos los casos podemos hablar de fascinación del juego oculto y misterioso de las fuerzas naturales.

Pero más cerca de lo humano y más comprensible, es el juego de algunos animales que se presenta como un ejercicio libre e innecesario de sus facultades o como ritual sexual y juego afectivo.

El pájaro parece divertirse con los círculos y espirales que describe en el cielo y con su cántico incesante; el perro goza en correr y saltar, el gato en atrapar y soltar un ovillo.

Dejemos otra vez en segundo plano la utilidad biológica que estas actividades pueden tener para el animal. Nuevamente insistimos que con esta utilidad no se agota su sentido, que más al fondo está el juego de la naturaleza que produce belleza, armonía y también misterio.

Tampoco agotan su sentido los rituales sexuales, las luchas territoriales, las muestras afectivas y otros comportamientos extraños que habitualmente se explican como respuesta a las necesidades biológicas de seguridad y defensa y en base a la teoría de la selección natural. El juego de la naturaleza atrae y fascina por sí mismo cualquiera sea su utilidad teórica.

Pero, dejando de lado el juego mistérico de la naturaleza, pasemos a considerar las formas más humanas de la actividad lúdica. 

II- La Actividad Lúdica del Niño.

§21- El juego del niño pequeño, el juego del bebé, parece consistir en un intento activo por reproducir las experiencias biorítimicas que son causa de su fascinación: las que hemos considerado como tipo de la fascinación coactiva [17]. Por otra parte, para el niño pequeño todo puede tener su encanto o fascinación.

Cualquier vivencia sensomotora lo fascina. Casi no se puede distinguir en él entre la cotidianidad y la actividad lúdica. Fuera de la satisfacción de sus necesidades biológicas, todo lo demás parece juego.

Los movimientos rítmicos suaves lo tranquilizan y adormecen y el chupeteo realiza su efecto sedante como imitando el pezón materno. Pasados los primeros meses aparecen algunos juegos más elaborados:

Los posteriores juegos de dramatización solitarios o compartidos constituyen, sin dudas, formas de imitación de la actividad del adulto.

¿Pero qué significa esta imitación?, más allá y por debajo de las válidas explicaciones en función del aprendizaje y de la satisfacción de pulsiones, se debe mencionar la función del juego en sí mismo como creatividad de mundos imaginarios que emergen fuera de la cotidianidad infantil.

Estos mundos, no cotidianos para el niño, pero que imitan la cotidianidad adulta, tienen su propia fascinación. Fascinación del aprendizaje, fascinación pulsional, no cabe duda, pero también y sobre todo fascinación de la creatividad. A través del adulto va apareciendo para el niño el cosmos, la naturaleza, el universo entero como misterio.

En un principio, para el bebé, no había otra naturaleza que la de la madre y su propio cuerpo. El mundo natural eran los adultos que lo rodean y muy prontamente los animales con su propio efecto de fascinación. Así, si recordamos que, en última instancia, es el juego de la naturaleza y su propia creatividad la que se expresa en el hombre, la creatividad infantil es su expresión más temprana. El juego que para Schiller es manifestación de la libertad, es también un descubrimiento de la Otredad mistérica en uno mismo.

III- El Juego Adulto.

§22- Tomando el concepto de juego en sentido amplio (incluyendo el arte como hace Schiller en su estudio sobre la estética [18]) se podrían enumerar algunas categorías de juego, sin pretender ser exhaustivo; en líneas generales parece posible formar varios agrupamientos;

a- Juegos del amor; Juegos de seducción sexual.

b- Juegos recreativos; deportivos (de destrezas físicas e intelectuales); de ingenio (competitivos o no); de azar. Juegos mecánicos; de salón, etc.

c- Juegos del discurso; Juegos de palabras (broma, chiste, galanteo, burla, seducción, refrán, proverbio, retruécano, adivinanza, giro, figura, etc.) (retóricos, poéticos, lógico-paradójicos, matemáticos, filosóficos, mitológicos, etc.)

d- Juegos de la creatividad artística : de las artes plásticas ( arquitectura, pintura, escultura), de las artes rítmico-musicales (danza, canto, música), del espectáculo (teatro, cine, etc). Juegos decorativos (adorno personal, decoración de vivienda, etc.).

Estos agrupamientos solo orientativos se interfieren y complementan, y solo nos interesan en relación al tema que nos ocupa.

En general, en el adulto, las actividades lúdicas tienden a mezclarse muchas veces con componentes no lúdicos que les quitan el goce del ejercicio libre y espontáneo de las capacidades humanas y les confieren la seriedad del trabajo, la lucha competitiva, el objeto pasional, etc.

El primer grupo (juegos del amor) abarca una serie de actividades lúdicas cuyo carácter no aparece claramente como tal, pues se suele mezclar con otros componentes de carácter pasional: aquí nos referimos al galanteo, la cortesía, los juegos de seducción, el reconocimiento, el cuidado amoroso, las expresiones de cariño, el fantaseo, la ensoñación poética, el canto, el encantamiento, la gracia, etc.

Lo mismo puede decirse de los grupos b- y  c- (juegos recreativos, deportivos y juegos del discurso) donde suelen interactuar los componentes de seriedad (en el deporte competivo y profesional y en el discurso informativo, comunicativo, científico o filosófico) ocultando o velando los aspectos propiamente lúdicos.

En el grupo d- que abarca todas las formas de arte también suelen incluirse los componentes de seriedad como el fin útil, el éxito, la fama, la competición , etc.

Además, debemos recordar que en las culturas antiguas y primitivas todas las formas de juego (sea artístico o simplemente recreativo) se relacionan con la fiesta (que establece el tiempo y el lugar de los juegos) y ésta a su vez se conecta con la celebración ritual (realizada en lugar y tiempo sagrados) ella misma formada por algún aspecto lúdico (especialmente en las dramatizaciones, danzas y ritmos) [19].

La conexión del juego adulto con lo totalmente otro parece clara en las culturas más tradicionales por su relación con la fiesta y el ritual. Para estas culturas es un puente de pasaje entre la vida cotidiana en que se realiza la actividad profana y la dimensión de lo sagrado.

Pero aún en la cultura moderna, esa relación se mantiene de alguna manera, porque todo juego supone una ruptura con la cotidianidad de las necesidades primarias y del trabajo, representa lo no coactivo, lo libre o creativo, y mantiene todavía algún elemento de fascinación. 

IV- La relación entre el amor y el juego.

§23- En primera instancia es difícil ver esta relación. Pero si retomamos las reflexiones sobre la fascinación endogámica o narcisista, quizás pueda aparecer cierta claridad [20]

Podemos afirmar que cuando se cierra el vínculo endogámico no hay simbolización. La madre es la madre real, el grupo es el grupo real; no es posible abrirse a lo que está fuera del núcleo familiar o del clan tribal. Para abrirse hay que simbolizar: encontrar algo de lo mismo en lo otro; sentir la familia como símbolo de la comunidad, la comunidad como símbolo del cosmos, la naturaleza como símbolo de lo absolutamente Otro.

El niño aprende a simbolizar junto al amor materno. En el clima amoroso puede jugar, es decir, abrirse al mundo. Es el sentido profundo del juego del carrete (fort-da) analizado por Freud [21]. El carrete que aparece y desaparece puede simbolizar a la madre bajo el supuesto del vínculo amoroso. El niño enfermo no puede simbolizar, el psicótico tampoco.

El niño se abre a experimentar el mundo bajo el clima de seguridad que le brinda el afecto del adulto. Sus ejercitaciones simbolizan su satisfacción y su goce ante la presencia materna como el “otro” adulto. En sus juegos se desprende de este otro y puede desprenderse en la medida que equivalen de algún modo a su presencia simbolizada.

El niño manipula objetos, repite sonidos, mueve el cuerpo, chupa objetos imitando al otro o imaginando su presencia. En un comienzo este juego parece consistir en imaginar la presencia de la madre (chupar como si estuviese presente el pezón). Luego, en una etapa posterior, el juego puede concentrarse en la selección de aquellos movimientos, sonidos o gestos autoproducidos que tienen sentido en el mundo del otro, que imitan al otro y lo hacen presente, que posibilitan la comunicación con él. En resumen, el juego infantil es una simbolización del amor materno en cuanto representante de lo Otro y tiene su propia fascinación, pues como dijimos, la fascinación del juego o del arte radica en la representación o imitación de algo que es fascinante en sí mismo.

En la vida adulta, amor y juego se han ido separando en la medida que aparece en medio la seriedad del trabajo y de la lucha por la subsistencia, y, sin embargo, puede reaparecer su vinculación, especialmente en la creatividad del arte.  

V- La relación entre ritmo, belleza y amor.

§24- Este tema brillantemente analizado por los grandes pensadores griegos, [22] resulta hoy dificil de abordar. Sin embargo, intentaremos destacar algunas breves reflexiones.

Ya marcamos la conexión entre ritmo y ciclos cósmicos [23]. Ahora bien,  todo lo bello, sea en la naturaleza o en las creaciones del arte manifiesta alguna forma de ritmo [24], alguna relación proporcional que se armoniza por la combinación de sonidos, de colores, de formas, de espacios y direcciones, etc. Y lo bello es lo que agrada, lo que es amable, lo que despierta el amor. Esta conexión entre ritmo, belleza y amor resume una realidad de enorme complejidad sobre la cual se inserta en mayor o menor medida, según las circunstancias, el efecto de fascinación.

F-  La fascinación de lo numinoso o mistérico.

I- Lo sagrado.

§25- podemos tomar como punto de partida de nuestra reflexión la descripción de R. Otto de lo sagrado como lo numinoso, lo tremendo y misterioso, es decir, en otras palabras, como algo que produce un efecto de fascinación [25].