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Sección espectáculos

Estreno: 22 de mayo de 2003
Matrix reciclado

La segunda parte del filme es espectacular por dónde se la mire pero, a la vez, no aporta demasiado nuevo al universo de la aún inconclusa saga.

Autor: Diego Lerer

La apuesta estaba perdida de entrada: ¿cómo podían sus propios creadores superar a Matrix, un filme que cambió unas cuántas reglas del género fantástico y de ciencia-ficción? La respuesta, usando el tono místico-filosófico que dan a su universo los hermanos Wachowski, ya estaba escrita: no podían. Lo cual genera una segunda pregunta: Y entonces, ¿qué? Entonces: recargar, engordar, acumular. La teoría del más. Donde había un combate, ahora hay tres; donde había un enemigo, ahora hay cien; si una escena duraba cinco minutos, ahora dura diez; y si había un par de complejas explicaciones matemático/teológicas ahora hay varias, como en un cibernético loop.

Pese a esto, Matrix recargado no deja de ser una experiencia bastante disfrutable. Los Wachowski han vuelto a conectar como sólo ellos saben una serie de estéticas (animé japonés, artes marciales, la tradición ciberpunk de la ciencia ficción y varios etcéteras) con una problemática filosófica de elogiable densidad en una trama que, pese a su complejidad, resulta comprensible e interesante de descifrar.

Pero lo cierto es que no consiguen pegar el mismo salto cualitativo que logró Matrix. Y las razones están en aquel filme de 1999: la revelación de que el mundo es una realidad virtual (una matrix) creada por las computadoras no puede compararse con las revelaciones menores del segundo capítulo (aunque hay una, sobre el final, bastante sorprendente). Y las nuevas escenas de acción plagadas de chiches digitales que permiten tratar al espacio, al tiempo y a la gravedad como si fueran una esponja son solo versiones grandilocuentes de las de aquel filme. Esto es, en definitiva, Matrix con orquesta sinfónica.

El filme empieza mal, muy mal, y que vaya paulatinamente mejorando es lo que genera una buena impresión a la hora de irse a casa. Así como la iconografía de Matrix era original desde el primer minuto, aquí el filme comienza en Zion, la ciudad rebelde, que parece un mal remedo de otras películas del género. Digámoslo así: es como si en el universo de Mad Max o Alien a todos se les diera por impostar los tonos severos de las últimas Star Wars. Neo, Trinity y Morfeo (la tríada bíblica de héroes) llegan a Zion para informar que el ataque final de los centinelas llegará muy pronto y que la única forma de combatirlos es ser fiel a la Profecía que habla de un Elegido (Neo) como el único capaz de salvar a la humanidad de la aniquilación.

Tras unos debates, una serie de discursos y una incomprensible rave (filmada como si fuera un videoclip de Britney Spears), finalmente Neo parte a la matrix donde deberá encontrar a la Pitonisa, y seguir sus claves, que deben llevarlo a El Cerrajero, quien podría poseer algunos secretos sobre el misterio que circunda al mundo de las máquinas.

O no: a lo mejor el viaje de Neo no sea más que una buena excusa para que los Wachowski (o, en realidad, el genio de los efectos digitales John Gaeta y el coreógrafo de artes marciales Yuen Wo Ping) lancen sus nuevos chiches: Neo ahora es capaz de volar a velocidades que Superman jamás imaginó, el espacio se ha vuelto aún más chicloso que antes (los pisos se hunden, los cuerpos son blandos y atravesables, la gravedad es más relativa que nunca), y su talento para el kung-fu creció en forma exponencial. Una pelea suya contra cien clones del Agente Smith y una larga persecución en una autopista son los paren las rotativas de este show, los que convocarán al aplauso de la platea.

Pero los Wachowski vuelven a toparse con el mismo problema que en su primer filme (uno similar al que tiene George Lucas en Star Wars). Les resulta imposible fundir las dos aristas en que se divide Matrix: las escenas de acción y efectos especiales corren por un lado, y las explicaciones narrativas y místico-filosóficas (un caldo en el que se revuelcan desde Kant, Hegel y Schopenhauer hasta Baudrillard y Zizek, pasando por el gnosticismo, el cristianismo, y el clásico debate entre determinismo versus libre albedrío) por el otro. En eso, Matrix recargado no logra imitar la inspirada dirección que Peter Jackson supo darle a la profusa verba de Tolkien en El Señor de los Anillos, logrando que el "decir" y el "hacer" se retroalimenten narrativa y dramáticamente.

Pese a sus momentos anticlimáticos (las escenas de puro eurotrash con Lambert Wilson, Monica Bellucci, y los dos villanos mellizos) y la sensación de ser una película siempre a la espera del siguiente efecto sorprendente (la fluidez narrativa no es una virtud de los Wachowski), Matrix sigue siendo un universo recargado de abundante imaginación, que jamás es condescendiente con su público y que, por el contrario, su pecado es ser exigente con él por la vía del exceso. Aunque más, a veces, parezca ser bastante menos.

Matrix recargado

Ciencia ficción
Título original: "The Matrix Reloaded"
Estados Unidos, 2003
136 minutos
Sólo apta para mayores de 13 años, con reservas
Dirección: Larry y Andy Wachowsky
Intérpretes: Keanu Reeves, Lawrence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Monica Bellucci

Calificación: Buena

 

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