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| (Fede Pallés y Hernán Azzigotti, en un fresco amanecer de invierno, dos leguas al oeste de Anasagasti) |
Fin de semana del 24 y 25 de Agosto de 2001. No fue parecido a ninguno. ¿Por qué?... Porque el lunes 26 me esperaba una pequeña aventura sobre rieles. No sólo una aventura, sino un sueño a cumplir...
Desde las épocas en que empecé a volar por los campos de la Provincia de Buenos Aires con el fin de completar mis horas de vuelo, para mi carrera de Piloto Profesional, observé el vasto tendido de ramales ferroviarios (la mayoría de ellos en desuso) que se extienden entre pequeñas y medianas poblaciones y grandes ciudades. Siempre fue algo que me llamó mucho la atención. "Y pensar que por allí han circulado locomotoras y vagones... Y cuántos... uniendo con servicios a este y otros pueblos. Y ahora mirá... No quedan más que casas deshabitadas, galpones vacíos y vías oxidadas" , "Algún día recorreré esas vías con una zorra y sorprenderé con mi presencia a esos habitantes olvidados por el tren".
Infinidad de veces me encontré pensando eso, mientras pasaba sobre algún pueblo casi fantasma con mi avión preferido: un Piper PA-11 (LV-NCV), del Aeroclub Chivilcoy, que volé durante estos años. Y bien se nota que los aviones son otra de mis pasiones.
· "La Señalada" ·
Era el lunes 26 y el despertador sonó a las 6 en punto. Estaba en Chivilcoy. Viajé hasta la estancia "La señalada", lindante con las vías del F. C. Belgrano (ramal G-4 a Patricios / Villegas) para encontrarme con amigos... compañeros de aventura. A José y a Nico los conocí esa mañana. A Fede ya lo había visto en otras ocasiones, en las que siempre el CGBA o algún puente olvidado tenían algo que ver... y los encontré en uno de los cuartos de la vieja posada, casi recién levantados.
El Ing. Lucio Mansilla (¿será el mismo que escribió sobre los ranqueles???) nos esperaba en el casco de estancia, con la zorra que hasta ese momento se posaba sobre su F-100.
A veces pensaba... "¿Seré el único loco al que le gustan los trenes y que tiene esa loca idea de recorrer vías oxidadas?" Esa mañana de lunes, comprobé que no era así. Luego de presentarnos con Lucio y mate de por medio, hicimos unas reparaciones a la zorra durante casi toda la mañana, ya que no había sido utilizada desde hacía unos seis meses. Por fin la dejamos a punto para comenzar nuestra pequeña aventura.
Tras llevarla hasta el paso a nivel más cercano de este hermoso paraje de campiña, la encarrilamos en las vías, y Lucio puso en marcha el motor, el de un viejo Renault 12 con caja de cuarta. Algunas falsas explosiones y allí estábamos, surcando el pasto y la tierra que cubrían levemente los rieles.
· Tierra adentro nos espera... ·
Haciendo sonar la bocina de aire, bajo un cielo aún plomizo, nos pusimos en marcha hasta frenar junto al jardín de un viejo molino para recargar provisiones: sándwiches de paleta y queso que nos había preparado una bella campesina, una botella con agua fresca de pozo, pinzas, llaves, palas, machete y lo mas importante: los alimentos para el estanciero que había quedado varado en Anasagasti por la tormenta del fin de semana.
Así emprendimos nuestro camino hacia el Oeste, en dirección al pueblo de Anasagasti, por una vía muy limpia debido al incansable andar de animales sobre la traza. "La Cautiva" (así bautizada por Lucio) tomó velocidad y empezó el traqueteo sobre el CGBA. A poco de andar, unas vacas testarudas hicieron disminuir nuestra velocidad.
Pero por fin allí estábamos, en campo abierto y cruzando el primer puente sobre el arroyo que emerge de la cañada Chivilcoy. Aunque a ustedes les parezca irrelevante, yo ya estaba cumpliendo un pequeño sueño.
Por nuestro camino de hierro se nos aparecían "de sorpresa" algunas alcantarillas como vemos en la foto. Sólo allí sabíamos si aún seguíamos sobre los rieles. Creo que ver las vías florecer en esos cortos tramos, era la única evidencia de su existencia. Enseguida los rieles se zambullen en el mar vegetal.
Al rato de andar, cruzamos un paso a nivel que conduce a una casa de fin de semana... hicimos sonar la bocina para indicar que allí veníamos nosotros dispuestos a circular por aquella vía que en años no había sido pisada. Enseguida debimos detener la marcha por unas bicicletas que estaban, inocentes, paradas en el medio del trayecto, como si nunca un tren volviera a pasar por allí. A lo lejos, desde la pintoresca casa de campo, toda la familia salió a saludar sorprendida por el paso de la zorra. Nos topamos posteriormente con algún que otro alambre cerrando el paso a nuestro frente. Matorrales y yuyos morían debajo de la zorra "La Cautiva".
Continuamos la marcha en dirección a Anasagasti por una vía ya muy cubierta por pastos altos y obstáculos, como hormigueros y plantas con enormes pinches y hasta un árbol, quienes obligaban a detenernos y utilizar palas, picos y machete. Pero nada nos detuvo, pues allí en una bolsa estaban esperando los sandwiches preparados por doña Casilda. Es increíble como, a pesar del yuyal, la pequeña pestaña hace que sigamos fielmente sobre los rieles que hacía años no soportaban el peso de un vehículo ferroviario... por pequeño que fuera.
· El puente "del pescado" ·
Llegamos hasta el puente "del pescado"; habiendo tomando ya gran cantidad de fotos con la reflex que llevábamos a bordo, y decidimos frenar sobre el mismo. No pasó mucho tiempo hasta que Fede, con desesperación, abrió la bolsa con los víveres y aquí comenzó nuestro esperado almuerzo.
Sólo usen su imaginación para comprender lo que pasaba dentro de mí: cumpliendo un sueño, sobre una zorra, en el medio del campo, recorriendo un ramal de trocha angosta del mítico C.G.B.A., arriba de un puente sobre un arroyo, comiendo sandwiches y acompañado de gente que le encanta lo que a mí me encanta. Como dijo Federico... "¿QUÉ MAS PODES PEDIR?".... y tenía razón.
El tiempo se detuvo... todo era silencio, apenas opacado por el escurrir del caudaloso curso de agua. En ese momento, todos hicimos silencio por que queriamos sentir la paz que allí reinaba, lejos del "mundo". Nada a la derecha, nada a la izquierda, nada adelante, y nada atrás, solos sobre el puente, a la vera del camino que en alguna parte había sucumbido, cosa que interrumpió el trafico carretero rural.
(Fede y Nico Di Rosa, sobre el puente carretero. Al fondo, "La Cautiva", sobre el puente del pescado)
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Luego del almuerzo, partimos (aún en dirección oeste) para alcanzar Anasagasti. No fue fácil, la rueda tractora de la zorra empezó a patinar y se nos hacía cada vez mas lento el andar. Por momentos, se clavaba en un lugar y había que bajar a empujar, aún traccionando. Lo que más nos perjudicaba era el cardo "joven" muy jugoso, que se empastaba en la superficie de las llantas y ayudaba a que estas perdieran la poca adherencia que tenían.
Pasaron dos horas y recién entonces pudimos ver a dos kilometros aproximadamente, un bosque de eucaliptos y lo que parecía ser una señal. ¡Al fin!, ¡estabamos cerca!. Por esta parte del viaje vimos otras cosas curiosas, como un par de postes telegráficos caídos por el viento (¡imaginen qué viento!) y un cartel de "silbato", que se posa inútil en un lugar por el que ya no pasan ni trenes ni autos.
(Hernán, posando debajo del puente / El indicador de silbato, ya no advierte nada a nadie...)
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El bosque de eucaliptos seguía allí, en el mismo lugar... Parecía que no llegariamos nunca, pero sin darnos cuenta, entre curva y curva (defecto que caracteriza al viejo Compañia), arribamos a Anasagasti, aproximadamente a las seis de la tarde, cuando el sol de a poco empezaba a eclipsarse.
El paisano que allí residía se llevó una sorpresa grande al ver llegar una zorra por aquélla vía que jamás imaginó con trafico, y nos recibió muy alegre, pero a la vez conmocionado. Allí le entregamos los salamines, el pan y el maíz que le enviaban de la estancia.
| - A n a s a g a s t i - |
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Aquella Anasagasti que alguna vez despachaba cargas y recibía pasajeros, hoy yace como un cadáver en medio del campo, rendida por la indiferencia. |
En este lugar, criquet mediante, invertimos la marcha de "La Cautiva" para regresar sobre nuestras huellas a las afueras de "La Señalada", en donde nos esperaba la F-100 que se llevaría la zorra nuevamente a Bragado.
La vuelta fue rápida, puesto que nuestra pisada ya estaba estampada sobre los pastos por el viaje de ida. Nunca dejamos de hacer sonar la bocina de aire, nunca dejamos de deleitarnos con ese hermoso paisaje. La noche venía cayendo, y por fin llegamos a nuestro punto de partida. Allí hicimos una nueva recarga de provisiones y decidimos volver al primer puente sobre el arroyo. Nos quedamos cebando mates y comiendo facturas hasta el anochecer.
Es imposible detallarles lo hermoso que se ve la puesta del sol y después un cielo colmando de brillantes estrellas, sobre el puente y el arroyo. Algunas fotos que acompañan este articulo dan cuenta de ello... Son el testimonio de mi aventura en zorra, la que jamás olvidaré.
Gracias a José, Lucio, Nico y Fede por dejarme compartir con ellos mi pequeño sueño.
Hernán Azzigotti · Septiembre de 2001
(Nada mejor que un buen "morfi", despues de cumplir el pequeño sueño de Hernán... ¿Pequeño?)
| - La última aventura en zorra por el C.G.B.A. - |
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