
E l r e g r e s o d e l " G r a n C a p i t á n "
-Travesía mesopotámica-
(IX): Entrada y salida de Posadas
La extensa jornada correntina había terminado. Ahora, las estrellas brillaban sobre el techo de nuestro coche celeste y blanco, que marchó sin problemas decenas de horas a través de más de mil kilómetros. En el silencio de nuestra segunda noche se escuchó a la 7911 dejando regular el generador. El tren por inercia se movió un par de kilómetros hasta que perdió mucha velocidad... ¿Qué pasó? Pasó que aquí, justo en el límite provincial, se termina la vía buena y empezamos a circular por una en muy mal estado, que no nos permite ir a más de 30 km/h.
A pocos minutos de las 22, arribamos al primer pueblo misionero: Apóstoles (km. 1028). Aquí nos cruzamos con la GM G-22 7905 y un pequeño carguero. La estación está metida en una trinchera y en ella vimos una especie de palco natural de piedras. Por supuesto, todo el predio estaba colmado de gente, en la mas lúgubre oscuridad: tanto los coches como la estación estaban sin luz. De todas formas, no importaba. Los festejos ya se estaban materializando. El tren había llegado y eso era lo fundamental en esta noche misionera. Minutos después, nos alejamos de Apóstoles, hacia el último tramo de esta aventura; en esta ocasión, sobre la tierra rojiza que nos anticipaba la llegada al punto cúlmine de la travesía mesopotámica.
Después de devorar algunas pizzas que nos alcanzaban las chicas, traté de echarme una "siesta" para no llegar muerto a Posadas. Por estas horas era una incertidumbre el lugar al que llegaríamos... Es decir, sabíamos que arribaríamos a Posadas, ¡pero era una incógnita exactamente a qué parte de la ciudad!.
En ese momento teníamos noticias de algo que había ocurrido pocos días antes de la corrida del Gran Capitán: una cuadrilla de ALL -en una medida más que sugestiva- levantó el cambio de vías que divide la línea entre el ramal que llega a Posadas central y el que sube el puente internacional al Paraguay. Ya no había conexión con el ramal que llega al centro de la ciudad.
La traza por la que marchábamos, en estos últimos 100 kilómetros, se alejó del río Uruguay y se adentró en la "patita" de la Argentina, hacia el oeste, en busca del Paraná, aquel que cruzamos el día anterior al mediodía.
El Gran Capitán de los '80 tenía parada facultativa en Pindapoy (km. 1050,8), estación por la que pasamos a las 23:18. Aquí cruzamos a la polémica locomotora GM G-22 7908, (aquella cedida por el gobierno entrerriano a ALL para llevar el tren de pasajeros entre Villaguay y Basavilbaso), que no estaba precisamente llevando un tren de pasajeros. Detrás de ella había una hilera de pesados vagones cargados.
En Pindapoy, unas setenta personas esperaban en plena oscuridad. "No sabés el paisaje que hay acá", me decía un grupo de chicos que revoloteaba en el andén. Entre el tumulto, apareció un flaco de barba y pelo largo, bien hippie, con una beba al hombro. Extendió su mano por la ventanilla y me entregó un pequeño envoltorio: era una bolsita con hierbas regionales. Un atento obsequio.
El tren partió y, minutos más tarde, pasamos la famosa Parada Leis (km. 1070), en la que el conocido Robert Arturing, hizo la prueba de potencia de la locomotora M7070, logrando el incendio de la misma. Por esta zona, vale aclarar, seguíamos viendo vagones descarrilados, ¿se conserva aún la maldición de Arturing?
· Sábado 27 de Septiembre de 2003 ·
Y bien, pasada la medianoche empezó un nuevo día: el sábado 27 de octubre, nuestra jornada ciento por ciento misionera.
El traqueteo del coche empezó a describir el paso por unos cuantos cambios. Vimos un galpón de locomotoras en el que se hallaba la 6962. ¡Entramos a Garupá!. Eran las 0:23 del nuevo día y ya estábamos en este pueblo, distante a 1084 kilóemetros de Lacroze, lindante con la gran ciudad de Posadas, a la que en breve arribaríamos.

Las cámaras de Crónica, con sus reflectores, iluminaban la oscuridad reinante en la pequeña y pintoresca estación. Diez minutos después, una vez que ascendieron unas treinta personas, el tren partió. Y cuando nuestro coche pasó debajo del alero, "chocamos los cinco" con los pobladores, que aguardaban ansiosos este momento.
Al norte, las luces de una gran ciudad se empezaban a divisar. No era Posadas, sino Encarnación del Paraguay, que se halla apenas traspuesto el río Paraná. A paso de hombre fuimos completando este trecho de quince kilómetros, que nos arrimaría a nuestro destino final.
Se hizo la una de la mañana. En plena oscuridad, y en un paisaje aún muy confuso por la cercanía del Paraná, emergió una playa de maniobras en donde había varios vagones de carga. Según mi mapa, esto era Miguel Lanús, la última parada antes de Posadas. Al terminar la playa, giramos hacia la derecha y la GM empezó a bramar como loca... ¿Qué ocurría? ¿A dónde íbamos...?.
Enseguida notamos que lo que habíamos sospechado horas atrás se cumplía: estábamos ingresando a la vía internacional que comunica con Paraguay... La 7911 no tomó velocidad por que sí: hay una fuerte rampa que permite subir al puente de caballetes, que cruza el Paraná para dejar atrás la Argentina.
Posadas aparecía silenciosa a nuestra izquierda, mientras que a la derecha solo veíamos el río y la ciudad de Encarnación. Sin darnos cuenta, ya estábamos a varios metros de altura sobre el puente de hormigón y a nuestra izquierda vimos el puesto fronterizo... Y también algo espectacular: ¡¡¡una marea de gente corriendo como en una maratón por el acceso al puesto, viendo la llegada del tren!!!.
La 7911 tocaba bocina y avisaba a la ciudad de Posadas que habíamos llegado. ¡Sí señores, sea como sea, el Gran Capitán llegó a Posadas!. Nos detuvimos de lleno sobre el puente, un lugar realmente insólito como para rematar una espectacular travesía, cuando los relojes marcaban la 01:19.


Mientras el generador del dormitorio terminaba de agonizar con falsas explosiones, descendimos de la formación. En esta parte del puente, la vía se posa sobre un piso de hormigón, aunque está balastada con piedra. Esto nos permitió bajar y caminar libremente por el predio. Un cartel auspicioso decía: "Bienvenidos a la Argentina". En ese momento me pregunté: "¿dónde quedó la gente que venía corriendo hacia el puesto fronterizo?". Hacia allí fuimos y nos encontramos con un panorama al mejor estilo Plaza de Mayo en 2001: una multitud golpeando las vallas que gendarmería había instalado en la entrada del camino. En el momento que llegué, se venció uno de los portones improvisados y un par de mujeres que rompieron el protocolo, hicieron que el resto de la gente pudiera pasar al puente a ver de cerca al halagado Gran Capitán.

Fue el momento mas original de este viaje, sin dudas. Imaginen la cara de los inocentes automovilistas que venían del Paraguay... Supuestamente, entran a un país "en serio" y se encuentran nada más ni nada menos que con un tren de pasajeros de una empresa desconocida, sobre un límite internacional, con una multitud corriendo hacia él y con un grupo de locos sacando fotos... "¿Esto es Argentina?", se habrán preguntado.
Un micro especial para los invitados nos pasó a buscar y allí nos despedimos de nuestro S 1579, que nos hospedó por casi 38 horas.
Nos alojamos en un hotel frente a la plaza principal de Posadas, un lugar realmente hermoso. Salimos a la noche a recorrer la zona y cerca de las 5 de la mañana nos fuimos a dormir, ya que ese mismo día no íbamos a tener muchas horas libres.
· Un paso fugaz por Posadas ·
A la mañana, cerca de las 10, salimos a caminar por la ciudad, en dirección a la costanera, desde donde vimos el puente internacional, con tanta suerte que justo estaba pasando un carguero hacia Paraguay llevando fertilizantes (luego regresa con cereales).
El tren de TEA ya había "bajado" a Miguel Lanús, en donde se preparaba para la vuelta.
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Luego pasamos por la estación y, en el momento de llegar, nos pusimos al tanto de la "movida política" que había en ese momento en relación con la llegada del tren.
La vía principal estaba cubierta por cemento, pero un surco para las pestañas nos demostró que alguien estuvo allí intentando despejar el camino. También supimos que el cambio de entrada a Posadas estaba levantado, y así todo la estación se había llenado de gente la tarde del viernes, demostrando la falta de información que rondaba en la zona. El corazón y las agujas del cambio fueron levantados en un confuso episodio, que demuestra la impunidad con la que se manejan los políticos locales que, a la vez, son empresarios de diversas empresas de ómnibus. Y, vale decirlo, amigos del riojano que fue nombrado "con afecto" en los pueblos que atravesamos.
En fin, no sabemos bien qué ocurrió en esta ciudad, pero si sabemos que este juego impune de hacer negocios con la política pronto se les va a acabar.
Me apresuré a volver al centro con "Los Ales" (el equipo de filmación de TEA) para tomar el taxi a Miguel Lanús, desde donde saldría el tren. Cuando íbamos por la ruta, nos hacen señas de otro auto: eran Maxi y Javier (del Saladillo Canadiense). Nos alertaron que el tren saldría de Garupá... ¡Menos mal que nos avisaron, si no, lo perdíamos!.
· Recuerdos únicos de Garupá ·

Cuando llegamos a Garupá, el tren estaba listo para partir. La descolorida GM 7915 de ALL se hallaba estacionada en la vía segunda, con un vacío a Lanús. Me reencontré con el personal de TEA que a esta altura no eran mas que amigos de viaje y me acomodé en..., ¿adivinen?: el S 1579, mi otro gran amigo. La 7911 ya había girado en el triángulo y quedó de nuevo con la trompa corta hacia delante. Detrás de ella colocaron la bandeja automovilera con su fiat duna indemne. El resto de la formación quedó igual. Por lo tanto, el furgón esta vez fue a la cola, y el S 1579 al lado de la bandeja, un lugar privilegiado para escuchar el motor de la locomotora en este nuevo viaje descendente.
Un grupo de nenes que merodeaba el andén me pidió que le saque una foto. Al principio me negué, por que me quedaban muy pocos fotogramas en mi poket, pero a las cansadas, lograron su objetivo, y hoy están acá, "on line" en el SAT. Quien sabe si algún poblador de Garupá los podra llevar a un locutorio y mostrarles su foto en esta página. ¡Sería una alegría para ellos y también para mí!.

Los pobladores poco a poco iban cayendo al predio para ver la partida del tren. Ustedes saben, en este tipo de pueblos, corre la bola enseguida de cualquier acontecimiento.
Dejé mi mochila en mi nueva ubicación y bajé a ojear a unas cuantas chicas que estaban merodeando por el andén. Vanesa (así se llamaba) se acercó y me pidió que me ponga en frente de la 7911 para sacarme una foto con ellas. Aproveché y le pasé la cámara a la madre de una de las chicas, para que nos tomaran otra foto.
Finalmente, a las 14:53 la 7911 tocó bocina y el Gran Capitán empezó a moverse... Vanesa se acercó y me dejó algo en la mano: era un arito con perla, un hermoso regalo que apenas pude agradecerle. También uno de los nenes que fotografié, me obsequió una bolita de juego. Todo eso, más una bolsita de nylon con tierra rojiza que me regaló un poblador (ver foto en B&N), son hoy mis mas tiernos recuerdos de aquella despedida en Garupá. Hubo llantos y deseos de reencuentro, aunque apenas nos conocíamos.
El Gran Capitán tuvo la capacidad de generar en las personas las emociones mas profundas del alma; emociones sin prejuicios, totalmente auténticas.
Esto es lo más valioso de la incansable travesía. El pueblo salió a la vía a expresar su mayor deseo... y el tren ya lo escuchó.
Gracias a TEA" )
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