Mezcladitos del SAT
¡Sigue el vapor en Paraguay! - Por Diego Batista, de viaje por Paraguay / Abril de 2004 -
Mientras me encontraba de vacaciones en Posadas (el pasado 6 de abril), leí en un diario local, que estaba ingresando a Argentina gran cantidad de soja paraguaya. No decía nada respecto a si estaba entrando por ferrocarril, pero imaginé que así sería. Yo ya había estado en Encarnación un año y medio atrás, y encontré todo paralizado, a pesar de que había empleados que iban a las dependencias pero no hacían nada, simplemente porque no había nada que transportar.
Pero ahora la historia era diferente... Llegué a Encarnación luego de sortear la aduana paraguaya -estrella del tercermundismo- donde la entrada al país solo es un papel cortado con regla, un sello (completado a mano por uno de los aduaneros)… y eso es todo, un permiso de permanencia por 3 días.
Una vez cruzado el Paraná, fui directamente a la Estación Encarnación que está ubicada a unos 3 kilómetros del puente, en una zona baja cerca del río. Ahí había vagones argentinos que traían fertilizante para Paraguay. Unos 200 metros mas adelante se ubica el Deposito Encarnación, una construcción de chapa con 2 vías cubiertas, una mesa giratoria al costado y una bomba de agua. Adentro se encontraba -semi desarmada- la locomotora 104, la cual dos años antes todavía andaba. Al llegar al extremo del galpón, encontré a la locomotora N° 60 "El Ingles" y un par de operarios alistándola.
Pregunté si saldría y me dijeron que alrededor del mediodía iría a "Pacú-Cuá Cargas" a reemplazar a la 59 y que si quería me llevaban, pero que antes, la 60 debía ser reabastecida. Luego de cargar agua fuimos hasta la estación donde nos aprovisionamos de leña y de allí partimos hacia la playa de cargas.
En un tramo de unas 10 cuadras la vía pasa por el medio de una calle en pleno centro comercial de Encarnación (donde en tiempos del 1 a 1 era casi imposible caminar). La 60 circula a unos 20 km/h. y la vía está en una estado desastroso… Rieles cortos y angostos, sin balasto ni un mínimo de mantenimiento… Arriba de la 60, la única forma de no caer era estando bien agarrado.
Una vez que llegamos a la playa, cambiamos de locomotora: la 60 se quedó en Pacú-Cuá a maniobrar los más de 60 vagones de ALL que tenían que ser cargados con soja. Volvimos con la 59 hacia Encarnación; yo pedí bajar, en la zona comercial, para ir a tomar algo ya que con 38°C y arriba de una vaporera era casi insoportable el calor. Me despedí del maquinista y del foguista que estaban muy sorprendidos por conocer a "alguien que venga de Argentina a ver esto". Me preguntaban si no existía algún museo con máquinas así… Les explique que, por lo menos para mí, no era lo mismo ver una vaporera preservada, que una en servicio regular… ¡la diferencia es mucha!
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