- Travesía por la Llanura Chaqueña -
      > Séptima parte: Pinedo - San Cristóbal - Rafaela
"La Travesía final" (II)

-  P o r   F e d e   P a l l é s   y   G u s t a v o   B o n e t t o  -


Sin grandes novedades, nos deslizamos por la Llanura Chaqueña y desembocamos en Santa Margarita. Aquí el tren cambió la tripulación (maquinistas). Se revisaron los vagones, para ver que todo marchara bien y no se violaran los precintos de seguridad.

(Tren detenido en Santa Margarita. La tercer tolva que ven es la "nuestra". Foto: Gustavo Bonetto)

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La 7774 fue estacionada frente a la comuna mientras un revisador de vehículos controlaba el número de cada vagón. También el tanque de combustible y el estado de la locomotora. La parada duró cerca de una hora y media, en la cual Fede fue a comprar comida y agua para el resto del viaje. Yo me quedé para custodiar nuestras cosas y de paso cargué mas agua del aljibe de un rancho, cuyo dueño nos facilitó su uso.

(¿Pueden diferenciar que tolva es del Belgrano y cual es afanada al Mitre?. Videos: Fede Pallés)

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El calor había obligado a bajar a todos de los techos en busca de resguardo. Como quedamos parados al lado de un gran piletón de agua (algo así como un reservorio para el uso del pueblo), algunos polizones se tiraron a nadar. Yo sólo pude refrescarme la cabeza y parte del cuerpo, ya que no tenía ropa para cambiarme. Después le tocó a mi compañero. 

La imagen de los polizones bañándose al lado del tren, era realmente algo fuera de lo común... ¡Cuando vean mis viejos este video no lo van a poder creer! (pensaba)

Las "amas de casa", empezaron a armar toldos en las tolvas, mientras sus parejas se bañaban. Como pueden ver, las tolvas elegidas para viajar fueron las de trocha ancha (luego pasadas al Belgrano), ya que tienen "balcones" mas espaciosos.

En la vía segunda descansaba una veintena de vagones tolva pedreros dejados allí quién sabe cuando. Cerraba esta formación un coche dormitorio de madera en buen estado. A un costado de la playa se encontraban los silos de chapa.

Cuando la espera se iba volviendo densa, aparecieron los conductores y pasaron al lado de la formación para chequear que todo anduviese bien. Además, nos advirtieron a todos que no subiéramos al techo del vagón. 

Antes de partir apareció una cuadrilla del sur con catangos de vía, cosa que nos sorprendió, ya que no habíamos visto ninguna en el camino ni tampoco algún trabajo de recambio de durmientes o rieles.

Sonó el silbato y salimos por fin de Santa Margarita a una velocidad tan alta que nos impresionó. Al paso a nivel ni siquiera lo vimos de tanta polvareda que se levantó. Sacando cuentas, habremos salido a unos 40 km/h. desde cero, en pocos metros. Pero el envión duró poco...


     
 

"El Calvario" del Belgrano Cargas...

 

Se acabó la vía renovada... En el medio de la nada desapareció la renovación y apareció la vieja vía del Belgrano. De correr a 40 o 50 km/h., pasamos en unos minutos a 10 y hasta 5 km/h. Y de balancearnos apenas de lado a lado, aparecimos aferrándonos de los pasamanos para no caernos, mientras la formación se zarandeaba cuando pisaba cada unión de riel. Ni hablar de la 7774. ¡Daba la sensación de que en cualquier momento la perderíamos!.

Es así como comenzó nuestro "aguante". Ya eran como las 15 y el sol se sentía como una luz dicroica gigante en nuestras cabezas. Ni hablar de la tolva... Si hubiésemos tenido un par de huevos, los habríamos puesto a freír o habríamos hecho un flor de omelette, más grande que el que se hace en diciembre en Pigüé.

Mientras pensábamos todo esto, un viento seco y caluroso nos lijaba el cuerpo y nos provocaba más y más sed. Menos mal que habíamos conseguido bastante agua en la última parada, con las pocas botellas que teníamos.

Sólo nos restaba esperar las próximas estaciones para que cambiara un poco el panorama y confirmar que el tren se movía.

Llegamos a la estación Emb. Padre Iturralde. Allí, la segunda vía fue levantada y el edificio estaba ocupado, pero muy deteriorado. Rodeada de árboles muertos, aquella estación parecía mas un lugar de muerte que de vida. Para colmo, seguíamos viajando a 2 kilómetros por hora.

La próxima estación fue Villa Minetti. Este sí es un pueblo grande y cuenta con un gran reservorio de agua para uso de la ciudad, que está ubicado junto a la vía. En este lugar tuvimos una gran sorpresa al ver una de las ultimas zorras de vía que fueron fabricadas para el Belgrano, similares a los coches motores Ganz Catamarca, pero de menor tamaño. La zorra estaba habitada y en buen estado, junto con varios de los mas modernos vagones multiuso. (N de R: en la actualidad fue cedida al Ferroclub Rafaela)

Del otro lado, en la playa, vimos que la vía segunda estaba renovada pero desaparecida la enrieladura... Solo le quedó la cama de balasto nueva y, al lado, los restos de un vagón descarrilado. El estilo de la edificación principal es similar al del resto de las estaciones, pero esta construcción está mas deteriorada por el uso de sus ocupantes. Aquí también hay grandes silos para la carga y descarga de cereal. Dejamos atrás esta importante localidad y proseguimos.

En la tolva, todo seguía igual, con el pequeño detalle de que el vital elemento llamado "agua" se nos estaba acabando y el calor no aflojaba. Nos acercamos a la próxima: Fortín Atahualpa, con habitantes y en un estado de regular a malo.

La vía seguía igual que antes y cada vez que nos pasábamos a la tolva de trocha angosta, veíamos a la de trocha ancha como se mecía, como queriéndose escapar de la vía en cualquier momento. O peor: a veces parecía que se nos vendría encima nuestro. ¡Gracias a Dios que las mandíbulas soportan todo!

Por fin ocurrió lo que no queríamos: se nos terminó el agua. Náufragos sobre rieles, perdidos y casi deshidratados en algún perdido punto del norte santafecino, sometidos al desafío de un calor infernal, comenzó para nosotros la extraña aventura de recorrer el tren en busca de líquido. Qué mejor (pensamos), que pedir ayuda a nuestros "compañeros" de viaje.

Como Fede estaba hecho pelota (yo también pero me quedaba algo de pila), decidimos que fuera yo en busca de la "vida". Pero había un pequeño problema: El que subiera al techo tendría que vérselas con el movimiento del vagón; es decir, en cualquier momento pegaba un barquinazo y adiós a todos... Caminar por ahí arriba era jugar contra dos cosas: el movimiento y el calor. ¡Ni pensar en arrastrarse como víbora, porque quedaría como anguila en la sartén! ¿Qué nos quedaba entonces?... Aguantar hasta que nos detuviéramos o que mejorara la vía. Aunque no podíamos imaginarlo y para nuestro alivio, esto último fue lo que sucedió.


     
 

¡ L a   m e j o r   d e   l a s   v í a s !

 

Pensé durante esta siesta, que hasta la sangre transpiraba. Ya habíamos estado como tres horas viajando a unos 10 o 5 km/h. y no percibíamos signo de cambio alguno. 
Con Fede no había en ese momento otro tema de charla. Mucho me habían hablado de la vía renovada a Tostado, cosa que una y otra vez me negué a creer y cuya inexistencia la realidad me estaba demostrando. Sin embargo, en plena conversación y con los niveles de pesimismo cada vez más altos ocurrió lo impensable. Apareció la vía nueva. ¡Excistía después de todo! Como si nada hubiera ocurrido, como si los kilómetros desandados durante horas no hubiesen existido, sin anuncios ni bocinazos ni nada, pasamos a una velocidad más digna y pudimos decirle adiós a nuestra ya insoportable mecedora.

Recorríamos ahora la mejor de todas las vías que habíamos trajinado hasta ese momento. En minutos viajábamos a 50 km/h., disfrutando del viento y del atardecer espectacular en el campo. Ya era un paseo turístico y no un calvario. El suplicio del Belgrano había finalizado.

 

Como no había mas zarandeo, partí en buscar del agua. Tras atravesar dos vagones encontré la ayuda que buscaba. Le pedí una botella a una chica y regresé a nuestro "refugio" para compartirla. Obviamente, el agua estaba caliente, pero peor era no tomarla.

Mientras caminaba divisé el techo de la estación Pozo Borrado. Así que le avisé a Fede, que estaba preparando la cámara de fotos. El lugar hace honor al nombre que lleva jajaja. Sólo la estación, su desvío y nada más. Sólo la pampa que nos acompañaba. Aún teníamos por delante la estación Antonio Pini, que no tiene nada de especial, más allá de que está escondida entre los árboles.

 

Ahora sí, ya reanimados por la bebida caliente y el viento fresco, empezamos a hacer planes para cuando llegáramos a Tostado. Exprimimos la botella hasta la ultima gota y se la devolvimos a nuestra vecina de la "tolva 07".

De a poco la locomotora fue bajando la velocidad y comenzó a pitar, señal de que estábamos por entrar a Tostado. Veníamos en una bajada pronunciada y tomamos una suave curva hacia la izquierda. A nuestra derecha vimos los postes telegráficos de la vía Bandera, que se va acercando a la nuestra. Por lo que se divisa, ese ramal no tiene mucho uso y ya el pasto se está adueñando de la enrieladura.


     
 

Tostado... (con el nombre bien puesto)

 

Tostado ya nos envolvía con su paisaje. Antes de entrar en la estación, apareció un gran complejo de silos entre nuestra vía y la de Bandera. Estos almacenadores de granos tienen acceso ferroviario, pero están sin uso. Tal vez ya pasó la temporada de carga y es por eso que no vimos vagones dentro del establecimiento.

Nuestro tren fue serpenteando por los cambios y empalmamos con el ramal que proviene de Añatuya. Según comentarios de ferroviarios, este ramal tiene tráfico a la demanda y solo trabaja en temporada para transportar la soja de esa zona del Sur santiagueño. Eso sí, nunca van más allá de Bandera.

Pues bien, la General Motors y su convoy de 28 vagones se detuvieron en la vía 2 de Tostado, después de un día de intenso calor y tortuoso andar. (Eran las 19:30). 

Se procedió al cambio de conductores y revisión de precintos por parte de la policía y el personal del Belgrano Cargas. Como ratas por tirante bajamos tan rápido como pudimos y sacamos una instantánea del tren detenido con la última luz del día.

   

Tostado posee una gran playa para clasificación de vagones, pero sólo un gran galpón de carga. Su estilo arquitectónico es similar al de General Pinedo. Digamos que es una versión moderna de la original estación Tostado que, junto con el deposito de locomotoras (a un costado de la estación), fue construida en la década del '30.

El depósito está escondido, al lado de la vía principal, y cuenta con dos bocas para albergar a las locomotoras, más una mesa giratoria. Hoy en día está en desuso y todas sus instalaciones en total abandono.

Las locomotoras que esperan destino se estacionan en el andén principal. Nosotros nos adentramos en la ciudad y "asaltamos" el supermercado que está frente a la estación, en donde conseguimos algo de comida y mucha bebida para poder llenar el estómago. 

De paso charlamos con un par de policías que "amablemente" nos invitaron a tomar el tren y abandonar la ciudad. "Amablemente" es un decir. Estos hijos de perra nos revisaron los bolsos y nos obligaron a abandonar la ciudad, solo por haber ido en tren!!! ("No es por nada", pero miren si hay diferencia entre la policía de Chaco y la de Santa Fé)


     
 

Último tramo del viaje...

 

Cerca de las 20 salimos de Tostado rumbo al Sur. Tripulación y pasajeros ya estábamos frescos y aprovisionados. Ahora si, emprendimos el último tramo de la travesía, en el comienzo de la noche santafesina.

¡Apenas tomaron el controller lo primero que hicieron los maquinistas fue poner el 8!... Si la salida de Santa Margarita fue brusca, ésta lo fue más aún.

Como la vía está renovada y apta para circular a 80 km/h., los conductores aprovecharon el declive y le "dieron rosca" para que siga marchando el tren sin demora. La verdad es que ninguno de nosotros había viajado tan rápido en un tren de carga... Y menos en el Belgrano. Corríamos como a 80 km/h. y el convoy sin problemas. Pero igual íbamos agarrados de los pasamanos (de los barrales de la tolva).

Con el último hilo de luz cruzamos el puente sobre el Río Salado, a la salida de Tostado. Tiene una luz bastante importante y barandas laterales. Este es el río más importante de la zona. Pasa por Santa Fe antes de desembocar en el Paraná (los santafecinos, precisamente, lo conocen muy bien, ya que es el que causó las desastrosas inundaciones en 2003).

Pasamos por Independencia como veníamos... Otra estación que perdió la vía segunda, que está muy desmantelada; diría saqueada. En este punto, el sueño que desde hacía un buen rato nos seducía, logró llevarnos a su mundo de tinieblas. El primero en caer fue Fede; después yo. Pero en cada estación me despertaba, espiaba cómo era, deducía por donde andábamos.

La G 22 bajó un poco la velocidad. Habremos circulado entre 50 y 60 km/h. hasta la llegada a San Cristóbal. Fede, increíblemente, había dormido todo el viaje y solo despertó un instante para taparse con la bolsa de dormir... ¡Increíble!, hay que estar cansado como para dormirse en un piso metálico.


>>> - hace clic en el mapa para ampliarlo en una ventana nueva -


Este sector de la red (Tostado - San Cristóbal) es muy pintoresco, en lo que a estilos arquitectónicos de sus estaciones se refiere. Si uno recorre el ramal verá que hay edificios de la época francesa y otros de la del Estado, tipo años '30 (Aclaración: esta línea fue del F. C. San Cristóbal al Tucumán de la Compañía Argentina de Ferrocarriles de origen francés, la cual mas tarde vendió este ramal al F. C. Central Norte. Uno puede encontrar que entre Tostado y Tucumán Norte las estaciones son idénticas a algunas del sector arriba mencionado. Cuando el F. C. del Estado, con el Ing. Pablo Nogues a la cabeza, comienza la consolidación de la red en la década del 30, construye el ramal Tostado - Gral. Pinedo, para acortar las distancias entre el Oeste Chaqueño y el puerto de Santa Fe, e incluye nuevas estaciones a la línea).

La llegada a San Cristóbal fue verdaderamente sorpresiva. Desperté sólo cuando oí los cambios y porque empezamos a frenar más de lo normal desde que habíamos salido de Tostado. Cuando cruzamos el paso a nivel vi en la cabina de señales a tres tipos con linternas y papeles en la mano, registrando todo tren que pasaba frente a ellos. Pensé qué todo esto era muy raro (al otro día sabríamos el porqué).

Entramos por vía principal y nos detuvimos a eso de las 03.45. Desperté a Fede a los golpes y le comenté que ya estábamos en San Cristóbal, que se preparara para bajar del tren. La verdad es que tuve que bajarlo a los apurones, porque no se despertaba. Así fue como llegamos a San Cristóbal, en medio de la madrugada, después de casi 20 horas de viaje en un tren de carga.

Apenas salimos de la estación, apareció la plaza y, en ella y aledaños, una marea de gente. ¡Estaba repleto de mujeres por todas partes! Toda la joda nocturna del pueblo se resume en la plaza de la estación y sus alrededores. Había heladerías, bares, kioscos, pero pocos autos. La mayoría de los vehículos eran scooters y bicicletas. Con Fede nos miramos y dijimos "qué bronca estar lleno de mugre justo que tenemos a estas chicas".
Pasamos frente a ellas en busca de un hotel en donde tirar nuestros cuerpos y darnos una buena ducha. Preguntamos y nos indicaron un hotel casi enfrente de la estación.

Llegamos y a descansar nomás. Al rato sonó la bocina de la "7000" saliendo a Santa Fe. Un rato mas tarde se escuchó otra bocina que seguramente sería de otro carguita.

Con el ventilador de la habitación en "punto 8" palmamos al instante después de la ducha. Estar en una cama fue algo indescriptible tras estos tres días de aventuras.


Amanece en la ciudad... Y todo el mundo a trabajar. Dejamos el hotel y pusimos proa al predio del ferrocarril. Recorrimos por fuera el taller, ahora cooperativa, y llegamos al Cabin Sur, en donde estaba la English Electric VF. 5779, que fue movida de la plaza donde estuvo como monumento. Ahora descansa sobre una vía de la playa. El estado en que se encuentra es malo, pero mantiene su carrocería intacta.

Fue una alegría ver esta locomotora "en persona" (para mi era la primera vez) pero, al mismo tiempo, una tristeza sentir que nadie tiene en sus planes preservarla, y, mucho menos, restaurarla. Creo que estamos ante el último ejemplar en condiciones de ser recuperado... ¡Y pensar que hasta principios de los '90 la teníamos en marcha!.

Luego de ver este tristísimo paisaje (*) , nos tomamos el bondi para Rafaela.

(*) Si queres saber mas sobre nuestra visita a San Cristóbal, entra aquí


Rafaela... Hermosa ciudad del noroeste Santafesino, alberga a las más hermosas mujeres de la zona. Fue dueña de tres ferrocarriles en su mejor época.

Después de haber bajado del micro, Fede me comentó que iríamos a visitar a un amigo del NCA, que es el capo de allí, en la estación del F. C. Mitre. Ya en el lugar nos encontramos con Edmundo. Lo saludamos, y, por su puesto, charlamos un rato sobre nuestra travesía. De paso, bebimos algo frío. Edmundo nos contó las noticias del lugar y en este punto le largamos la pregunta obligada... "¿viene algo?". Es ahí cuando nos avisó de la pasada del tren minero de la Alumbrera con dirección sur, hacia San Lorenzo.

Ya avisados, fuimos a esperar a este tren en el cruce con el F. C. Gral. Belgrano, del ramal Rafaela - San Francisco, y nos apostamos para fotografiarlo.

Vino a buena velocidad con la GP-40 9304 a la cabeza y con 56 vagones a la cola. Después de unos bocinazos, empezó el golpeteo infernal, sobre el cruce, que hizo vibrar todo los alrededores (N de R: este cruce lamentablemente ya fue levantado)

En cuanto se perdió de vista el último vagón, fuimos caminando por la trocha angosta hacia la estación Rafaela del Belgrano, en donde está el Ferroclub Rafaela. Todo se encontraba igual que en mi visita anterior.


El final del día nos encontró comiendo unas ricas empanadas con cerveza frente a la estación Rafaela del NCA, reviviendo momentos del viaje.

Cada tren que tomamos fue más emocionante que el otro... Y, sin lugar a duda, la vuelta en el Belgrano, con todos los polizones a bordo, fue la mas fantástica travesía que viví en estos años. Sin embargo, mas allá de lo anecdótico, realmente es triste ver la forma en que debe viajar esta gente, por la falta del tren de pasajeros -en este caso, "El Chaqueño"- que unía todos los pueblos tres veces a la semana. Ojala algún día subirse a una tolva solo sea sinónimo de aventura y no un medio de transporte.

Tampoco quiero olvidarme de rescatar la predisposición del personal del Belgrano, que evidentemente comprende bien la situación y en ningún momento intentó hacer bajar a los pasajeros. Más bien se preocupó por saber que todos estaban viajando seguros.

- Fede Pallés / Gustavo Bonetto · Enero de 2004 -

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Cerrando la Travesía por la Llanura Pampeana, envío mis mas sinceros saludos y agradecimientos a mi tía Sofi, de Añatuya, por atenderme tan bien; a Mimi (Añatuya), a Mauricio Errani, por pasar los frames de video a imagen; a Fer Halperín, por la edición de La Travesía Final; a las chicas del NOA; a mis abuelos, por ayudarme con los pasajes; al personal de SEFECHA, por su hospitalidad; a la Policía del Chaco, también, por su amabilidad y hospitalidad; a María Beatriz Seu, a los maquinistas y empleados del Belgrano Cargas; y por sobre todas las cosas, a nuestros amigos polizones, quienes se preocuparon por darnos agua en un momento en el que creíamos morir deshidratados. GRACIAS.... ¡Y hasta la próxima travesía!


 

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Copyright © 2002 Cúmulos Nimbos. Reservados todos los derechos. Revisado: 06 de Mayo de 2004 .
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