Viaje en el Tren Patagónico, ¡en clase turista!

- Por Jorge Quaglia - jorgeq56@yahoo.com -

(Fotos originales, gentielza de Juan Carlos Gonzalez, FERROAFICIONADOS ARGENTINOS: http://www.geocities.com/ferroaficionadosar . Colección del autor).

 

El viernes 11 de octubre de 2002 partí desde Viedma con destino a San Carlos de Bariloche en el Tren Patagónico de SEFEPA. Al llegar a la estación con un amigo, notamos la gran cantidad de gente que esperaba en el anden, por lo que fue fácil predecir que el tren iba a circular casi repleto.

Cabe destacar que estuve hasta ultimo momento dudando si usar el pasaje de turista que me habían comprado con anticipación u optar por el cambio de clase a pullman, lo que me aseguraría fundamentalmente un mejor descanso, aunque me privaría la posibilidad de poder asomarme por la ventanilla como es mi costumbre en todos mis viajes, sobre todo en los no tan frecuentes como este. Grande fue mi sorpresa cuando al ascender al coche 501, compruebo que todas las ventanillas están selladas y soldadas, y que el calor dentro del coche es poco menos que insoportable.

Preparándome para un viaje menos placentero de lo imaginado, procedí a ocupar mi ubicación en una asiento de dos junto a una anciana y frente a dos chicas que resultaron luego ser estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue. Enseguida comprobé que la intención de estas chicas (conocedoras del itinerario) era viajar la mayor parte del trayecto de frente al avance del tren, luego del cambio de sentido que operaria la formación en San Antonio Oeste.

Puntualmente a las 18 horas el tren partió lentamente desde la estación Viedma con la siguiente formación: A la cabeza la locomotora GM G-22 Nº 7904 con esquema azul y logo en el capo largo con la leyenda “Tren Patagónico”, al igual que en sus costados. Detrás, una bandeja automovilera, un vagón de carga de SEFEPA, luego dos coches pullman (PA 600 y PA 601), detrás el coche restaurante (RA 1921) y luego mi turista (CT 1428), y el 502 que no tenia numero identificatorio, y detrás finalmente, el furgón FC 1646 con esquema SEFEPA en colores blanco, verde y naranja.

Me llamó la atención que el tren no contara con un coche de primera clase, sobre todo cuando luego vi uno parado en la estación Bariloche, si no me equivoco el P 1132.


Avanzando lentamente pasamos por la estación Palacios,  aproximadamente después de 45 minutos de marcha y luego nos detuvimos en Vicealmirante O’Connor a las 19.30. En este tramo paso el guarda pidiendo los boletos e informando la hora de llegada del tren a cada destino (aclarando “si no hay ningún inconveniente” cosa que no terminaba de tranquilizarme habida cuenta que al llegar a destino debía encontrarme con mi novia que arribaba a destino por micro solo tres horas después). En este momento pude comprobar que la anciana que viajaba a mi lado descendería en la estación Mtro. Ezequiel Ramos Mexía, a donde llegaríamos aproximadamente a las 2 de la mañana, cosa que me alegro de solo pensar que me iba a poder estirar e incluso dormir aunque sea por un rato.

Reanudando la marcha, partimos desde O’Connor a las 19.32, ya se estaba haciendo de noche y el camino a San Antonio Oeste se empezaba a hacer lento y largo.

Finalmente arribamos a SAO a las 21.55, habiendo acumulado a esta altura unos cuantos minutos de atraso. Sabiendo de la larga parada de alrededor de 20 minutos,  aproveche para caminar un poco por los andenes y vías y ver las interminables maniobras de la 7904 hasta ponerse finalmente en el otro extremo de la formación. Recién a las 22.40 partimos nuevamente y con la capacidad del coche completa, ya que, a pesar de haber descendido gran cantidad de pasajeros en San Antonio, los que subieron fueron mas, viajando a esta altura mucha gente parada en el interior del coche, en la zona de los baños y las puertas. Aquí, después de mantener una cordial charla con mis compañeras de viaje rionegrinas, mientras compartíamos unos sandwiches en el coche restaurante, logre dormirme por unos minutos, para despertarme a poco de arribar a Valcheta, donde estuvimos detenidos por espacio de 15 minutos, desde las 0.55 hasta la 1.10.

Prosiguiendo el recorrido, me mantuve despierto y recorriendo el tren hasta ver unas luces por la claraboya de la puerta. Comprobé que nos estábamos aproximando a una estación. Al preguntar a cual, un chico me contesto “Ramos Mexía”, con lo cual salí disparado hacia mi asiento para poder ocupar el de al lado cuando se bajara mi compañera. Al llegar a mi lugar, tuve la desagradable sorpresa de comprobar que en mi lugar estaba sentado un muchacho que mantenía una alegre charla con las chicas de los asientos de enfrente. Por suerte no tuve mas que pararme en el pasillo a su lado con cara de poco amigo para que se sintiera intimidado y abandonara rápidamente la ubicación usurpada. Acto seguido, la viejita procedió a bajar del tren, pero tuve que volver a pararme para ayudarla a bajar su equipaje, ya que aparentemente nadie la esperaba en la estación y la venerable anciana llevaba cajas y bolsos como para quedarse a vivir en ese lugar. 

De regreso a mi ubicación, me encontré de nuevo con el usurpador, esta vez sentado en el borde del asiento realizando comentarios tales como “le pedí al guarda que me consiga un lugar”, con el claro objeto de que me apiade de el y le ceda el lugar de la viejita ya descendida. Pero debido a que yo venia esperando ese momento desde hacia rato y contando con la complicidad de mis dos nuevas amigas universitarias, nada de eso ocurrió y los tres procedimos -en una actitud bastante poco solidaria con el muchacho- a estirar las piernas sobre el asiento contrario disponiéndonos a dormir aunque fuera por un rato. 

Cabe agregar que grandes eran las penurias de los que estaban parados ya que todos los lugares que se iban desocupando iban siendo capturados por los vecinos que venían viajando desde antes, así que no fue fácil conseguir asientos hasta que el tren se vació un poco mas. A esta altura del trayecto ya llevábamos una hora de atraso, puesto que eran las 3.10 en el momento que partimos de Ramos Mexía.

Entre piernas dormidas que me hacían cambiar de posición a cada rato y un dolor de rodilla derecha que ya me empezaba a impacientar, casi no pude dormir sino de a ratitos, así que me resigne a tratar de ver algo por la ventana (tarea nada fácil debido a las luces interiores del coche siempre encendidas) y esperar así que llegue el amanecer. Así pasamos por Sierra Colorada entre las 4.02 y las 4.04, y después por Los Menucos (4.50 / 4.53). Mas tarde y cuando empezaba a aclarar llegamos a Maquinchao, donde la ya bastante baja temperatura había cambiado el clima dentro del coche, sumado esto ultimo a que ya había bajado bastante gente y el calor irradiado por los pasajeros era mucho menor.

Una vez que se hizo de día, nos detuvimos en Ing. Jacobacci, siendo las 7.20 Hs., donde la locomotora volvió a hacer un sin fin de maniobras (aparentemente, por lo que comentaban, dejo algún automóvil allí, lo que nos retraso aun mas respecto del horario original). Finalmente partimos a las 8.10 y a esta altura ya me encontraba desayunando en el restaurante con Bárbara y Estrella (mis compañeras de travesía) con las que charlaba muy amigablemente de cualquier tema. Fue allí donde (un poco mas en confianza) me preguntaron porque anotaba en un papel cada vez que pasábamos por una estación, lo que me llevo a contarles lo de la lista de correo y que de regreso seria mi intención hacer un relato del viaje. Esta ultima confesión no dejo de sorprenderlas y provocar alguna que otra mirada extrañada que denotaba una total incomprensión de lo que significa esto para un ferroaficionado. Así que, sin pretender convencerlas de lo incomparable de viajar en tren respecto del micro, cambiamos de tema y el viaje continuó.

. 7904 - Tren Patagonico .

A las 10.35 (hora en la que originalmente debíamos haber llegado a Bariloche), paramos 2 minutos en Comallo; luego, tres minutos después de las 11 lo hicimos en Pilcaniyeu, desde donde partimos también dos minutos después. A esta altura comenzó la lluvia que no nos abandonaría por varios días en nuestro viaje patagónico, y a las 12.05 hicimos nuestra ultima detención antes de llegar a destino: Ñirihuau. A esta altura el paisaje, a pesar de la lluvia, era hermoso, sobre todo el impactante puente sobre el rio Ñirihuau, justo en medio de una curva que permite ver por la ventanilla la locomotora, aunque el vidrio estuviera empañado y lleno de gotitas que dificultaban la visión.

Arribamos a San Carlos de Bariloche a las 12.35, exactamente con dos horas de atraso. Luego de que las chicas retiraran la mascota que transportaban en el furgón, me despedí de ellas y partí raudamente a almorzar al restaurante La Cruceta que me había recomendado una de ellas, ya que contaba con el tiempo justo para estar de regreso en la terminal, a la hora que llegara mi novia Cecilia en ómnibus, que dicho sea de paso... tampoco comprende la diferencia de “sufrir” innecesariamente un viaje de estas características pudiendo llegar en las mismas casi 19 horas desde Buenos Aires viajando placidamente en un servicio cama de cualquier omnibus.

- Jorge Quaglia -


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Revisado: 17 de Abril de 2003 .

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