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La
fundación de La Plata
A los tres días de hacerse cargo del
gobierno, Rocha con sus ministros D'Amico y Francisco Uriburu nombró una
comisión presidida por Aristóbulo del Valle que aconsejaría la población a
designarse capital de la provincia (4 de mayo de 1881).
Había dos tendencias: quienes querían “capitalizar” los municipios de
Barracas, Flores y Belgrano (manera de seguir gobernando la provincia
desde Buenos Aires), y quienes deseaban llevarla lo más lejos posible, a
San Nicolás, Bahía Blanca “o cualquier otro extremo donde fuera muy
difícil continuar la cohesión de los porteños, y la provincia tendría
necesariamente que fraccionarse” (D’Amico).
Por indudable sugestión de Rocha la comisión resolvió construir una nueva
ciudad cerca del puerto de la Ensenada, ordenando la fundación en las
lomas de Tolosa (lugar apropiadamente elevado) de una ciudad que habría de
llamarse La Plata (1 de marzo de 1882). La piedra fundamental se puso el
19 de noviembre. Se expropiaría un ejido de seis leguas cuadradas.
Trazada por competentes técnicos, en poco tiempo surgió una ciudad que
pudo llamarse monumental en relación con las demás de la Republica, y
superior a la capital nacional por sus edificios públicos. La gran
catedral, casa de gobierno, palacio legislativo, bancos, municipalidad, no
podían paragonarse con los de Buenos Aires.
Se dijo entonces, por voces informadas, que La Plata no se levantaba para
capital de la provincia sino de la República. Hasta su nombre argentífero
era el conveniente a la cabecera del la República Argentina. Su posición
junto al buen puerto de Ensenada, los suntuosos edificios públicos, su
trazado de grandes avenidas y diagonales, prestó asidero a la suposición.
Los porteños decaídos desde las jornadas de junio (en esos días Eduardo
Gutiérrez, interprete de la sensibilidad popular publicaba su novela
Muerte de Buenos Aires), cobraron esperanzas de recuperar su ciudad. Se
dijo que Rocha, indudable presidente en 1886, gobernaría la nación desde
La Plata, y Buenos Aires retornaría a la provincia.
Cuando Rocha y Del Valle no devolvieron a los taquígrafos del senado sus
discursos a favor de la federalización de Buenos Aires (no publicados, por
lo tanto, en el diario de sesiones), se entendió que no querían dejar
huellas de su actitud de 1880 porque obrarían en 1886 en otro sentido.
José María Rosa
(Rosa, J. M.
1974. Historia Argentina t. VIII. Editorial Oriente S.A. Buenos Aires) |
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