|
Serían aproximadamente
las 10 y media de una fría noche de un jueves de noviembre. La calle
estaba bastante desierta, aunque al final, en la Plaza de San Juan,
la gente bullía mientras se recogían hacia sus casas. Había un poco
de bruma flotando sobre los tejados.
Aparcamos el coche antes
del semáforo y descendimos sin ninguna prisa. Guti abrió el maletero
y me tendió la bolsa de plástico con sus currículums y el libro.
Tomé la bolsa y subí a la acera mientras él cerraba el coche.
No se cómo se me
ocurrió mirar al fondo de la calle, alcé la vista por encima de los
tejados y algo que no sabría definir muy bien qué fue me llamó
poderosamente la atención: sobre el perfil de los edificios una
estela de color verde eléctrico, bastante ancha y emborronados sus
contornos por la bruma, caía en ángulo de 60 grados sobre el tejado
rectangular de un edificio; sobre ella, y separados por una
distancia más o menos semejante, cuatro o cinco luces que poco a
poco se perdían con la estela tras el edificio.
¡Ey tío, mira
eso!- tuve tiempo de alertar a Guti.
Guti se volvió y tuvo
tiempo de ver cómo desaparecía finalmente tras el último edificio de
la Plaza de San Juan.
No puedo decir qué
fue exactamente lo que vimos, pero nos lo tomamos a cachondeo:
¡UN
OVNI!
¡Venga tío, vamos
detrás del edificio ese, a ver si vemos algo!- le dije
¡Si, venga,
vamos!
Aceleramos el paso y al
pasar por la Plaza de San Juan pudimos comprobar que nadie se había
percatado de aquella visión, y la gente continuaba normalmente con
sus preparativos de recogida nocturna.
Tardamos unos 4 minutos
en llegar al edificio en cuestión, pero fuera lo que fuera… había
volado!. No había nada de nada, nadie lo había visto, nadie se había
enterado de que hacía escasos minutos algo extraño, algo que cayó
del cielo con celeridad desacostumbrada, tomaba tierra
silenciosamente en esta gélida ciudad.
Nunca he visto
nada semejante. La impresión que obtuve de aquello era que se
trataba de un cuerpo sólido, y no puedo precisar por qué. Lo primero
que pensé era que estaba viendo un helicóptero de frente, pero a esa
altura y en esa noche tan tranquila los motores se habrían tenido
que oír con demasiada nitidez, y yo no oí ningún ruido. También
podía haber sido un fuego de artificio o una bengala, pero suelen
caer perpendiculares al suelo y no en ángulo de 60 grados, y suelen
bailar en el aire movidos caprichosamente por las corrientes de
aire, y esto descendía completamente recto. Tenía 5 o 6 luces
amarillas dispuestas a la misma distancia cada una de ellas, y se
movían al mismo tiempo que la estela verde, en dirección al suelo.
Probablemente hubiera más de cinco luces, pero yo solo pude
contemplar esas 5 antes de que el edificio ocultara la estela
completamente.
En fin, no puedo concretar más qué fue aquello
que vimos, solo que fue un espectáculo digno de contemplarse ,
sensacional, y Guti y yo tuvimos por una vez en nuestra maldita vida
la inmensa suerte de estar allí para verlo.
NOTA: Los dibujos
fueron realizados por el testigo Joaquín M. Jiménez.
Fuente: propia
|