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Le cuenta a Josep con
voz desgarrada, que su historia se inicia en el verano de 1990,
mientras regresaba a su casa.
“Había dejado los niños
en el colegio y en la curva de salida de la autopista, divisé una
niebla muy espesa. Fue una cosa tan improvista que no alcancé a
frenar y me metí de lleno. Ya no recuerdo nada hasta que aparecí en
Caldera de los Marteles, en la carretera que va de Telde, a la
cumbre”.
Judith, aturdida,
despertó sentada en el volante de su veterano Renault 5, cuando un
desconocido automovilista, preocupado por su estado, golpeó
insistente la ventanilla del automóvil.
Completamente
desorientada se preguntaba una y otra vez cómo había llegado hasta
allí. ¿Habría tenido algún accidente? No lo recordaba. Vencida la
confusión inicial temió quedarse sin combustible. Cuando Judith
entró en la niebla, tenía menos de un cuarto de tanque, pero ahora,
paradójicamente, el nivel de gasolina había aumentado: ¿Cuándo y
dónde había repostado?
Ella cuenta, que salió
a recorrer las tres gasolineras que había entre la Garita y la
Caldera de los Marteles y en ninguna supieron decirle, que hubiera
estado allí esa mañana. Además, el dinero de su bolso estaba
intacto.
Judith llegó a la
cumbre, en algo menos de media hora, ¿cómo había llegado hasta allí,
si en circunstancias normales se tarda aproximadamente el doble?
Aparentemente todo
concordaba con una experiencia de Teleportación.
El 19 de Febrero de
1991, mientras se hallaba acostada, vuelve a ver esa luminosidad, a
la vez que su cuerpo experimenta una incipiente rigidez; cuando
despierta lo hace muy excitada y descubre al día siguiente, varios
rosetones en el pecho, muñecas y piernas.
Las zonas enrojecidas,
fueron examinadas por el doctor Gómez del Hospital Sabinal,
expresando que, en su opinión, parecían pequeños arañazos,
comparables a los que podían hacerse con un pequeño punzón o aguja.
La clave estaba en determinar, quién había pinchado a nuestra
protagonista.
Josep la somete a una
sesión de hipnosis en casa de su amiga Ana. Cuando está
profundamente relajada, el Investigador la hace retroceder al 16 de
Junio de 1990. Ella dice que ve un haz de luz muy grande sobre el
coche, es como si algo la llevase hacia arriba, como si subiese en
un ascensor muy rápido. El volante, gira pero el coche no va para
adelante. Ella dice que está dentro de su coche, pero en una
habitación circular muy grande. El calificativo de circular, recién
aparece en la segunda sesión de hipnosis, efectuada el 27 de Julio
de 1991.
Ella recuerda
sollozando que ve una forma baja, que se asoma por encima del capo
del coche. Ella desea que se vaya, que desaparezca, dice que la mira
con unos ojos profundos. Ella dice que esa mirada es como si fuera
de odio y como si se burlara, no dice nada, sólo la mira.
Luego la cogen y la
llevan en una camilla, a otra estancia. Ella ve un pasillo lleno de
luces, hexagonales. Uno de éstos, lleva un mono rojo. Describe las
manos. Son largas y de cuatro dedos. Dice que hay ordenadores con
teclas más grandes que lo normal. Dice que están más altos que ella.
Uno de ellos quiere colocarle un casco, pero grita aterrorizada, que
no lo quiere y no se puede mover.
Dice que el casco se
asemeja al gorro del Papa. Tiene unos cables que salen de la parte
baja, son como los electrodos, ella asocia muchas cosas con los
materiales que utiliza en el Hospital. Es enfermera geriátrica.
Dice que los electrodos
están sobre su pecho, que le controlarán la frecuencia cardíaca.
Luego la habitación se ha oscurecido y hay una pequeña
fosforescencia. La testigo está describiendo, luego de unos minutos,
un escáner.
Los secuestros no
proliferan hasta fines de los sesenta y sus víctimas mostraron
síntomas de manipulación mental y genética. Muchos abducidos,
incluso Judith, creen haber sufrido implantes en sus cuerpos, que a
veces son detectables a través de los rayos X.
El Dr. Arturo López,
del Ambulatorio de Especialidades de Las Palmas, detectó en una
radiografía efectuada a la columna de Judith, un cuerpo oscuro en la
base del cuello.
Libro
“Infiltrados”
Seres de Otras Dimensiones, entre nosotros
Este
libro se terminó de escribir, el 22 de Mayo de 1993, en Terrassa,
España.
Publicado en 1994
Liliana Nuñez O. (Chile)
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