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El
3 de Diciembre de 2000 salimos de Calama hacia Chiu-Chiu, nuestra
primera acometida en el tórrido terreno del desierto de Atacama.
Parecía imposible que en esta zona tan desértica y desolada pudieran
existir núcleos de vida. Tras pasar muchos altozanos, vaguadas y
volverlos a subir llegamos a un pequeño enclave de casitas bajas y
algunos árboles que sobresalían de las mismas. Un pequeño reguero
verde denotaba la presencia de agua. El pequeño río Loa pasaba a lo
largo de la población.
Después de
realizar algunas preguntas, llegamos a la casa de Fresia Berlina
Vega y quedamos citados en la Escuela del pueblo.
Fresia una mujer no sobrada de carne, de aspecto delicada conducta
que se expresaba pausadamente. Aquella noche del 19 de octubre de
2000, estaba jugando con Valentina, una niña de unos diez años, hija
de Mónica, una profesora de colegio. Vieron en el cielo una luz como
una estrella que de pronto empezó a acercarse haciendo unos bucles
abiertos. Pero dejemos a Fresia que se explique.
Tenía muchos colores y se situó encima del falso pimentero. Era una
superficie redonda y parecía estar muy cerca. Cuando se paró de un
lado se oyó como un trueno muy fuerte y justo en ese momento salió
una plataforma con una luz que nos iluminó a las dos. Se veía muy
claro y posteriormente sentí frío. En las dos semanas siguientes no
me encontré bien. Después al meterse aquello para adentro se oyó
otra especie de trueno fuerte.
Cuando
llegamos a Chiu-Chiu, nos encontramos con un grupo de hombres
sentados sobre una rústica cera y otros de pie. Le preguntamos sobre
algunas anomalías y curiosamente nos relataron dos fuertes sonidos
oídos fechas atrás en una época en la que no había nubes. Allí se
puede decir que en raras ocasiones llueve.
La luz tenía color y el suelo quedó iluminado como con una luz de
discoteca. Nos quedamos inmóviles, sin movernos. Cuando llegué a
casa tenía la cara desfigurada y me encontré mal. Además del frío no
podía hablar. Aquel día Fresia recordaba que después se tuvo que
quedar un rato en el Colegio, porque había reunión de profesores.
Aquella cosa debió estar unos dos minutos encima nuestro. Mientras
estábamos allí la temperatura era agradable. Los animales parecía
que acusaron la presencia de aquello. En aquellos momentos sentía
como si mi cabeza fuera muy grande. Soy religiosa, creyente y
tranquila, de buen genio y pacífica.
El foco de luz justamente abarcaba a las dos. En un momento, me
quedé mirando hacia arriba y en ese instante estaba completamente
relajada, como si me hubiera tumbado y como si no estuviera en mi
cuerpo como si me dieran pinzadas - quiere decir pequeños pellizcos
- pero sin hacerme daño.
Durante la
entrevista le dejamos que fuera exponiendo su vivencia sin
interrumpirla hasta que llegara a su fase oculta, la que muchos
testigos guardan para sí.
Unas veces lo hacen por temor a no ser creídos y otras porque opinan
que no tienen relación con la historia principal. En fin, existen
otros condicionantes que no vamos a enumerar por ahora.
A Valentina
también le afectó aquella presencia, pues se quejó de dolor de
cabeza y le molestaba la nariz, también tuvo problemas con el sueño.
Cuando esto hubo trascendido vinieron a verme los Carabineros, creo
que eran cuatro, y me preguntaron. Entre ellos dijeron - la señora
está mala - la verdad es que no estaba muy bien. Uno de los
Carabineros tenía ya cierta edad.
Cuando salió
aquella plataforma con la luz me dio la impresión como si me
hicieran una fotografía alargada.
¿Qué llevó a
Fresia a pensar en ello?
Hace tiempo nos contaba el amigo y buen investigador, Manuel Osuna,
que una noche en una casa de campo de la provincia de Huelva, salió
un campesino a hacer unas necesidades y fue interrumpido por un ente
que le dijo: Venimos por tu figura. Es de suponer que se debieron
llevar su imagen. De alguna forma estos entes dispondrán de algo más
adelantado que nuestras caducas fotografías. Algo más hubo que
Fresia nos recuerda. Le preguntamos sobre la caída del cabello,
sonidos y olores durante el proceso de avistamiento. Además de los
dos fuertes sonidos había notado como un olor a azufre quemado.
¿El tamaño?
Era muy grande, más grande que el patio donde estábamos, casi sería
como la plaza que está delante de la escuela.
¿Cómo
se marchó?
Se marchó despacio para el cementerio. Vino por donde se marchó, y
se produjo como un temblor.
Todo esto está muy bien Fresia, pero cuéntenos ahora lo que usted no
ha contado. Una pequeña sonrisa cubrió su cara.
Bueno es que no sé si eso tiene importancia y relación con mi
observación. Verán ustedes yo por aquellos días estaba en
tratamiento médico por unos dolores de espalda. Decían que era un
desgarro de espalda, debido a una mala fuerza que habría hecho.
Sentía angustias, me encontraba sin ánimos y casi no podía dormir ni
respirar, llegué a estar muy asustada. Estaba tomando diazepam y el
mal no me remitía, pero curiosamente después de ver aquella cosa el
dolor me ha desaparecido y ahora me encuentro muy bien.
Puede ser.
Puede serlo.
¿Qué nos dice de la regla?
Se me adelantó diez días y me duró cinco días y me vino otra vez al
quinto y me duró otros cinco días. Normalmente solo me viene a durar
tres días. Después de esta irregularidad todo volvió a ser como
antes
Piense Fresia sobre el antes y el después. No le podemos dar más
pistas.
Bueno verán ustedes, hay una cosa curiosa, yo gano 90.000 pesos y no
me alcanza para pagar todo, pero ahora gano lo mismo pero el dinero
se me estira. Hace poco tuve que pagar 20.000 pesos extras y lo
curioso es que no lo he notado. Tengo tres hijos, mi hija, la mayor,
de 26 años y unos gemelos Jorge y Julio de 16 años.
Había todavía
una de las partes que no había descrito y que tenía bastante
importancia y ésta era la de los sueños asociados. Así que le
preguntamos cómo dormía y al describir el estado en el que pasaba
las noches vino a referirnos los sueños.
Duermo ahora bien pero me viene un sueño en el que aparecen unos
hombres bajitos, pequeños, tendrán 1,20 de altura. Son negros con
cabeza grande, como cabezones y me preguntan cómo me encuentro. Yo
les digo que mal. Y me contestan: Se va a arreglar tu situación. El
sueño continúa pero no lo recuerdo.
Fresia tiene
una altura de algo más de 1,50 y lleva unas botas con una suela muy
gruesa. Este detalle podría servirle bien para calcular la altura de
los ET.
Y su última convicción.
No sé, pero tengo el convencimiento de que volveré a verlos.
Podría ser.
Desconocemos los mecanismos que intervienen en la presente
convicción, pero qué duda cabe de que ese pensamiento queda grabado
para la mayoría de los testigos de un encuentro. Sea éste de la
naturaleza que sea.
Le comentamos
a Fresia la conveniencia de realizarle una regresión y que se lo
consultara a su hija, quién podría estar presente durante la
realización de la misma. No le explicamos que el sueño que había
tenido era parte de su vivencia, que ella pudiera haber estado
dentro de la nave. A estas alturas resulta difícil que un sueño se
asemeje a tantas vivencias habidas en el mundo.
Normalmente, muchas de estas experiencias, suelen aflorar como
sueños. Una persona como Fresia puede tener sueños de muchas
naturalezas, lo que ya resulta más difícil es la configuración de
sus interlocutores oníricos. Le dijimos que durante unos días
estaríamos a su disposición, pero nunca llamó.
Le recomendamos que no se saliera de su confección original y que
procurara, en lo posible, no ir a festivales ni aceptar
invitaciones, porque a la larga le causaría más daño que bien. El
continuo machaqueo suele desvirtuar la realidad, unas veces
queriendo y otras por condicionamiento de los diferentes directores
de los programas TV y radiofónicos.
Opinamos que hemos asistido al relato de una persona honesta y
honorable que en ningún momento trató de exagerar la naturaleza de
lo que vio, más bien tuvimos que rescatarle ideas y pensamientos
suyos que no hubiera contado. Todo el relato viene a coincidir con
otros hechos registrados en nuestro mundo desde hace décadas. Por
ello nos preguntamos hasta cuándo durará la pantomima y para qué.
El elemento más extraño de la historia no está en las vivencias, ni
siquiera en la posible abducción de Fresia, sino en los dos fuertes
sonidos de un artilugio que salió del cuerpo del disco. ¿Será la
firma indeleble de su autenticidad?
Nuestro viaje a Chiu-Chiu no fue para informarnos de la abducción
de Fresia, sino para localizar el alcance de las actuaciones del IEA
en esa zona desértica. El caso de Fresia se produjo dentro del ciclo
del IEA. ¿Podemos pensar en una mera casualidad?. No lo creemos así,
y todo parece indicar un cierto interés desde arriba para que nada
pase desapercibido. Ahora bien, obedece todo al mismo principio o es
producto de una cohabitación ilícita por parte de una tendencia
incorporada al juego. Cualquier actuación humana que trascendiera
los principios éticos de una raza operaría con suma cautela. Sin
embargo, este no es el caso. Las luces que se han visto
repetidamente durante las actuaciones del IEA, parecen haberse
mostrado a conciencia y casi constantemente. Conocemos desde hace
tiempo que las esferas y luces erráticas pueden apagarse y luego
encenderse, porque ahora después de una conducta agresiva actúa a la
descarada. Podríamos pensar que son dos fuerzas antagónicas que
intervienen en la escena, una de carácter bélico y otra que actúa
como de advertencia, como diciendo aquí estamos. Tenemos que actuar
en estos casos con razonamientos fuera de nuestra lógica, porque la
enseñanza empírica nos ha demostrado que sólo lo absurdo tiene viso
de ser realidad.
Sonidos,
estruendos, vibraciones y luces como centellas han sido recogidas en
diferentes partes del desierto de Atacama, por ello tenemos el deber
de preguntarnos ¿son bólidos? ¿Son ovnis? ¿Son depredadores?. O
simplemente son parte de un envío estelar para que sepamos que no
estamos solos.
Publicado en "Tiempo Compartido" de Barcelona, España.
N° 22. II Epoca. Tercer Trimestre.
Colaboración: Liliana Núñez O.
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