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Durante el verano de
1989, en las Segundas Jornadas sobre Ovnis en Vinarós (Castellón),
quiso que a mi derecha se sentara un matrimonio muy singular. Ella
tendría treinta y tantos años, de pelo corto y negro, ojos oscuros y
muy vivaces, de expresión triste, pero parecía invitar a asomarse a
ellos. Él era alto y fuerte, lucía una frondosa barba y escondía su
mirada profunda, tras unas gafas oscuras.
Se trataba del
matrimonio de Mariví y Albert, dos jóvenes que habían protagonizado
una extraña experiencia. Tuve que esperar varias semanas, antes de
saber con exactitud lo que María Victoria Caballero, estaba
experimentando desde hacía muchos años.
Sus temores se
fundaban, principalmente, en la aparición de una o varias figuras
extrañas cerca de la cama, en la que invariablemente ella estaba
asustada, y se encontraba paralizada.
A los ocho años –me
dijo Mariví- soñaba casi a diario, que me cogían unos enanos, de
piel grisácea y su tacto rugoso.
Desde Septiembre de
1968, “diariamente comencé a soñar que me levantaba de la cama,
porque había ruido; salía al balcón de mi casa en Málaga, me asomaba
y miraba al cielo, y veía tres naves en forma de disco, formando un
triángulo, que es un símbolo asociado a casi todos mis recuerdos con
respecto a ellos. Después me veía en un bosque y hablaba con un ser
de un metro y pico, guapote y rubio. Me decía que tenía que ir a por
un objeto a una ciudad, que tenía que traerles una cosa, y yo
siempre les preguntaba qué cuándo me llevarían a su casa y volvía a
soñar lo mismo, la noche siguiente, y eso desde Septiembre a Junio,
desde 1968 a 1987”.
Hacia las
Navidades de este año –continuó Mariví- mi marido me regaló
“Comunión” de Whitley Strieber y también “Todos somos hijos de Dios”
de Erick Von Daniken. Desde hacía algún tiempo, nuestra
protagonista, sentía rechazo hacia el mundo de los ovnis y las
paraciencias en general, sin poder determinar cuál era el origen de
esta aversión. Aunque no me gustara –prosiguió- por la mínima
decencia, cuando alguien te regala un libro, tienes que leerlo. Leí
unas quince páginas y me acuerdo que le comenté a mi marido: ¡no es
posible! Esta persona describe mis mismos sentimientos, y él me
dijo: vamos a hacer una hipnosis. Y de mala gana me sometí.
“Cuando realmente me
cogieron, lo que sucedió es que me llevaron a la típica mesa de
operaciones que ellos utilizan, me trataron una serie de enanos, me
pusieron cablecitos y entonces, estaba tan asustada que tuve un paro
cardíaco”.
Mariví me sirvió una
nueva taza de café y al sentarse “Patita”, su perrita, se acurrucó
en sus brazos.
Te tengo que
comentar lo de mi pobre animal. “Salí al pasillo –continuó- que
tenía oquedades, repletas de esos enanos, como empotrados, así,
tiesecitos como si fueran muñecos guardados en un armario. Llegué a
una puerta que tenía una luz roja encima y vi una consola y a dos
seres altos y rubios. Esos seres, estaban ante una especie de
monitores de televisión y en el monitor salía yo” Después recuerdo
haberme visto en una habitación cuadrada con una mesa. Se parecía a
la guardería, esa mesa de una sola pieza, como de plástico. Y
recuerdo, que la mesa, a lo largo de la experiencia, cambiaba de
color”
Pregunté con
mala intención- ¿cómo se supone que entran a tu casa?
“No lo sé, pero cuando
entran noto un ligero calor” contestó cabizbaja.
Mariví vivía, hasta
hace poco, en un séptimo piso de un inmueble ubicado en un barrio
industrial, lo que dificulta cualquier hipótesis razonable de
entrada al piso.
Percibiendo
cierta incomodidad en responder a mi última cuestión opté por
distender el ambiente:
Por cierto, ¿qué le
ocurrió a tu perro?
Mariví empezó a
acariciar el lomo del animal, mientras yo revisaba mi grabadora.
En Junio de este año,
empezó a perder el pelo, decidimos cortárselo. Bueno, volvió a
crecer el pelo y le han quedado estas extrañas calvas.
Efectivamente a un lado
y al otro del lomo muy próximo a la cabeza de los fémures, el animal
presentaba unos curiosos claros en su bello negro, como si fuesen
quemaduras.
La he llevado al
veterinario –continuó- y dijo si yo había sometido al perro a algún
tipo de radiación, o le había producido algún tipo de quemadura.
Tiempo después le
hicieron una biopsia. “Se observa una atrofia de la epidermis y de
los anexos, con hiperqueratosis ortoqueratótica y discreta
queratosis folicular. El cuadro es sugestivo de una dermatosis
endocrina” “No es posible por el cuadro histopatológico, determinar
el tipo de endocrinopatía presente”
El certificado había sido extendido en
Bellaterra, el 24 de Octubre de 1989 por el doctor Mariano Domingo,
del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Veterinaria,
de la Universidad Autónoma de Barcelona.
No era el primer
caso en el que los supuestos captores, prestaban mayor interés por
el perro que no por su amo. La experiencia vivida el 5 de Febrero de
1978 por un cazador conocido como Julio F., es un claro ejemplo.
“Me los pusieron a
través de la nariz y de los genitales” afirmó sin vacilar. Creo que
uno de ellos, es para mirar exactamente cómo estás y dónde estás. El
otro –continuó- es para emitirte órdenes de alguna manera, para
manejarte y manipularte”
Además de
tuberculosis, Mariví había pasado el tifus, fiebres reumáticas y
finalmente anemia. Esto último es una constante, en los testigos de
visitantes de dormitorios.
Ella tiene un patito de
goma, que muestra a Josep. Habitualmente se encuentra en el cabezal
de la cama. La parte derecha del muñeco parecía haber estado
expuesta a alguna fuente de calor, pues la goma estaba resquebrajada
y pegajosa.
Esto está en
nuestra habitación, me dijo, además es un muñeco al que le tenemos
muchísimo cariño.
El matrimonio Puig
expresa su cohesión familiar a través del patito. En su casa podemos
hallar esta figura en la lámpara, en las estanterías, o hasta el
mismo nombre de la perrita: “Patita”. No es de extrañar, pues, que
si estos seres quieren dañar a Mariví lo hagan a través de la
iconografía que les rodea.
Ella le cuenta en otra oportunidad,
como tratando de descargar su angustia, que estos seres la tratan
con un sentimiento de superioridad, como yo puedo tratar a mi
animal. Yo decido cuando come, cuando no, cuando sale a la calle,
cuando le pongo sus vacunas; esa es la sensación que a mí me
da. Yo soy algo que “ellos”, están investigando, ellos imponen las
normas, los experimentos, si te gusta bien, sino también.
Libro
“Infiltrados”
Seres de Otras Dimensiones, entre nosotros
Este
libro se terminó de escribir, el 22 de Mayo de 1993, en Terrassa,
España.
Publicado en 1994
Liliana Nuñez O. (Chile)
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