El Contacto sexual con
extraterrestres
En 1977, Betty Ann Luca,
una joven y atractiva ama de casa de la población de Ashburnham, en
Massachussetts, se puso en contacto con el doctor Allen Hynek y el
centro creado por éste, el Centro de Estudios Ufológicos. Betty, así
como su segundo marido Bob Luca y su pequeña hija, Becky Luca,
aseguraron haber sufrido varios contactos con entidades
desconocidas, que, lejos de ser perjudiciales para ellos, siempre
les habían parecido "dadores de paz" o "guardianes" de la paz
universal. El caso fue investigado por Raymond Fowler*, quién lo dio
a conocer a través de sus libros The Andreasson Affair (El asunto
Andreasson, pues tal era su apellido de soltera), The Andreasson
affair, phase II, y el último, que ella mismo bautizó con el nombre
de The Watchers (Los Guardianes)
Fowler es uno de los más
reconocidos investigadores norteamericanos del "fenómeno ovni" amén
de miembro de la junta de la Mutual Ufo Network y director de
investigaciones de dicho centro. Realizó un exhautivo control de las
evoluciones de Betty y su familia, durante más de catorce años. El
mismo afirma, en el libro The Watchers, haber sufrido contactos con
seres similares a los que describe Betty, ofreciendo claros síntomas
de haber sido influenciado, quizá a nivel inconsciente, por los
relatos de su testigo.
Fowler hizo que Betty se
sometiera a un estado de hipnosis regresiva, consiguiendo que
llegara a manifestar que ella y otra familia amiga fueron
sorprendidos, el 25 de Enero de 1967, por unos seres macrocéfalos,
embutidos en trajes blancos que tenían una insignia similar al ave
fénix en el pecho, y que descendían de un ovni con forma de platillo
y entraban en la casa aprovechando puertas y ventanas cerradas.
Explicó también que,
tras un examen físico en aquellas naves, acompañó a esos individuos
a través de un oscuro túnel, transportándose hasta un mundo
paralelo. Allí fue informada de su condición de elegida como
divulgadora de un mensaje extremadamente importante para el resto de
la humanidad. Tras aquella experiencia, recuerda haber vuelto a su
casa, donde encontró a su familia en un estado de quasi-animación
mientras eran cuidados por un grupo de aquellos extraños seres.
Betty es, además, una
de las primeras personas que afirman haber sufrido un implante en su
cuerpo; en este caso una bola metálica con salientes puntiagudos en
la nariz, que fue retirada por ellos mismos durante el transcurso de
un secuestro, lo cual hizo suponer a Fowler que la cápsula había
sido colocada anteriormente durante otra abducción, y que había sido
pasada por alto en los exámenes hipnóticos.
La mayoría de las
experiencias de Betty se desarrollan en el interior de su casa,
mientras duerme; entonces es visitada por los "guardianes" y, tras
abandonar su cuerpo físico, la transportan a sus naves o a su mundo.
Su marido, durante ese trance, permanece casi siempre plácidamente
dormido. Ella define a sus captores como entidades similares a las
descritas en los textos sagrados. En su condición de creyente y
practicante tuvo problemas para asimilar aquellos nuevos
conocimientos al margen de las enseñanzas que había recibido durante
toda su vida, pero, tras las dudas iniciales, las entidades
justificaron sus actos como los reales y no deformados por el paso
de los siglos.
En ocasiones, las
experiencias eran compartidas por su marido; ambos abandonaban sus
cuerpos, de manera que podían observarlos desde un plano superior,
tendidos sobre la cama, mientras ellos se dirigían hacia las naves.
Las experiencias de Betty llegaron incluso al punto de asistir a un
parto de una "guardiana" donde el niño recién nacido era impedido de
respirar aire terrestre y le eran amputados sus párpados. Además,
Betty fue informada de sus investigaciones en nuestro planeta, de la
toma de muestras que estaban llevando a cabo y de sus experimentos
en nuestra atmósfera. También pudo observar como unos niños,
aparentemente humanos, se convertían ante sus ojos en aquellas
entidades. Fowler tuvo oportunidad de plantearse y de modificar
nuevamente sus creencias religiosas en el transcurso de la
investigación de Betty, ofreciendo así una completa credibilidad a
su testimonio. Las pruebas científicas practicadas durante todo ese
tiempo sobre la persona de Betty Ann Luca han rebatido cualquier
posibilidad de deficiencia psicológica o daños sufridos por algún
accidente en su cerebro.
El día en que nació Comunión
El 26 de Diciembre de
1985, es quizá una fecha clave en la divulgación del fenómeno ovni
mundial, así como un día extremadamente especial en la vida de un
joven escritor y guionista norteamericano Whitley Strieber.
Strieber se hallaba en
una cabaña de su propiedad en las montañas nevadas del norte del
estado de Nueva York, en compañía de su familia, mujer e hijo varón,
y de un matrimonio amigo, aprovechando las fiestas de Navidad para
hacer un paréntesis en su labor de escritor de novelas de ciencia
ficción*.
Por entonces, las obras
de Whitley Strieber, eran ya conocidas. El autor contaba con novelas
como Murder in Manhattan (Asesinado en Manhattan) o War day (El día
de la guerra), y era uno de los escritores más cotizados de los años
ochenta, hasta el punto de que algunas de sus obras, por ejemplo,
Wolfmen o El ansia, habían sido llevadas a la pequeña pantalla.
Horas después de
acostarse, un extraño ruido en el salón comedor, en la planta
inferior, hizo que se despertara. Posteriormente, cuando se iba a
incorporar para conocer el motivo de aquellos ruidos, la puerta de
su dormitorio se abrió, dejando paso a la acechadora mirada de una
entidad menuda, de enormes ojos negros rasgados hacia atrás. Sus
recuerdos al respecto se borran en ese instante. Pero la mañana
siguiente, todos los presentes corroboraron haber oído extraños
ruidos, añadiendo, además, haber presenciado una gran luminosidad
proveniente del exterior de la casa.
Los meses pasaron y la
inquietud del escritor por su propio comportamiento violento y, en
ocasiones, demencial ante los más cotidianos detalles de su vida, le
pusieron en guardia. Acudió a un psicólogo que le diagnosticara
aquel extraño comportamiento y este consiguió, mediante hipnosis,
extraer del inconsciente de Strieber las vivencias que, desde la
noche de San Esteban de 1985, estaban aconteciendo en su vida.
Aquellas experiencias se ceñían a sus contactos con extrañas
entidades, pequeñas, macrocéfalas y de ojos almendrados, que se
sucedían en el interior de la aeronave que utilizaban como
transporte. Strieber había sufrido en tales contactos todo tipo de
exámenes físicos, rodeado por varios personajes desconocidos,
tendido sobre una incómoda mesa-camilla, hasta el punto de que
aseguraba haber sido observado interiormente por un doloroso
dispositivo injertado por vía anal y que tenía como fin, al parecer,
extraer muestras fecales de su cuerpo. Contamos con datos que hablan
en favor del testimonio de Strieber y su cordura, como el hecho de
que visitara a varios especialistas en psiquiatría, psicología o
neurología, quienes certificaron que su estado mental era
completamente correcto. Al final, Strieber coincidiría con el
especialista Budd Hopkins quién, de modo sucinto, le informó de que
aquellas experiencias que estaba sufriendo eran completamente reales
y que la explicación no tenía nada que ver con una disfunción de su
mente.
Strieber
también preserva un buen recuerdo de sus raptores,*
* "Para mí", afirma
Strieber, "es una mujer; quizás por sus ágiles movimientos o por
haber creado estados de excitación sexual en mi; o simplemente me
influye el recuerdo de su mano rozando el costado de mi pecho, una
vez..."
y coincide en su
valoración del entorno en que se desarrollan esos fenómenos sin
excluir, en absoluto, el factor paranoia que existe en tantos de
esos casos. Por otra parte, su valoración de la procedencia
indudablemente extrahumana de esos seres no deja de resultar confusa
cuando afirma:
Pueden provenir de
nuestro futuro, de nosotros mismos y también de un mundo paralelo,
al mismo tiempo (...) ¿Pero qué son? No puedo responder a esta
pregunta directamente. Sé lo que son y, sin embargo..., no lo sé.
Al explicar su
experiencia, no podemos dejar de recordar que Strieber había tenido
su primer contacto ovni a la temprana edad de nueve años, en 1954,
cuando, acampado con un amigo en el jardín de su casa, observaron en
el cielo una potente luz que producía un extraño sonido. Además, con
el suyo volvemos a encontrarnos frente a un caso donde el testigo
afirma haber sido víctima de un implante en su cráneo, identificable
por los scanners practicados, sobre su cerebro.
A partir de su obra
Comunión, más de ocho mil personas enviaron sus cartas a Strieber,
contándole su caso, aparte de otras que tan sólo querían
felicitarlo, idéntico en cuanto a ejecución al que él describía en
el libro, lo que influiría en su creación del centro Communion
Foundation, que se dedicaría a acoger testimonios, a trabajar sobre
ellos y a aconsejar a sus víctimas de cómo enfrentarse a sus
visitantes nocturnos. Sin embargo, increíblemente disgustado por la
acción y excepticismo de los investigadores, disolvió la agrupación.
El día que nació
Intrusos
Debra Tomey, una joven
ama de casa norteamericana, fue una de las cuatrocientas personas
que envió una carta explicando su caso a Budd Hopkins, tras la
publicación de su libro Missing Time, y acogiéndose al ofrecimiento
del autor para contactar con toda aquella persona que deseara
recibir una ayuda directa. Hopkins se hizo rápidamente eco del caso,
investigándolo hasta sus máximas consecuencias, hasta el punto de
que su siguiente libro, Intrusos, fue poco menos que un monográfico
sobre ella, camuflada bajo el seudónimo de Kathie Davis. Debra
remonta sus experiencias a 1962, cuando, con sólo dos o tres años,
un tremendo estruendo la despertó a ella y a su madre, Mary Davis,
circunstancia que las llevó a indagar a través de las ventanas de la
casa, descubriendo así una fabulosa plataforma flotando en el
exterior.
Los testimonios de
ambas damas se complementan ya que Mary confirmó las conclusiones de
su hija, haciendo hincapié a Hopkins en su recuerdo de la presencia
de unos hombres pequeños y macrocéfalos intentando arrebatarle a su
hija, y ésta recuerda haberse aterrorizado al perder de vista a su
madre cuando estaba en el interior de la una extraña habitación con
unos personajes que coincidían con la descripción realizada por su
madre.
Las experiencias
vividas por Debra, se perpetúan hasta la actualidad, mezclándose su
indecisión personal con una gran confusión provocada por los
insistentes recuerdos de aquellas extrañas entidades. En sus sueños,
si no pesadillas, se adivinan sus amenazadores perfiles acosándola.
Ya adulta, Debra Tomey se puso sin dilación en manos de Hopkins,
quien a través de las múltiples sesiones hipnóticas que él mismo
imparte, consiguió rescatar del inconsciente la realidad de sus
experiencias: ella es, por así decirlo, un completo laboratorio
humano para aquellas entidades que la acechaban y que, por otro
lado, son completamente reales. Consecuentemente con otros casos
similares, y reafirmando la evidencia de sus contactos, su piel
presenta heridas, desgarros y contusiones de aparición súbita que
son llevadas de inmediato a estudio por doctores especialistas en
medicina. No obstante, la narración cumbre de Tomey, extraída de las
sesiones de hipnosis practicadas, alcanza su apogeo cuando se
descubre que ha sido presuntamente inseminada en nueve ocasiones,
todas ellas con éxito, y que todos los fetos han sido extraídos de
su vientre en el período de tres o cuatro meses de su gestación.
Las pruebas realizadas
en torno a este hecho demostraron que su himen estaba intacto, ya
que, como se había podido extraer de la hipnosis, el escaso diámetro
del útil usado como canal de inseminación había impedido el desgarro
del mismo. El motivo de aquellos supuestos nueve embarazos era el
crear en su lugar de procedencia unos clones -dobles- de su
personalidad. A tenor de su testimonio, en una nueva abducción
posterior, le fue mostrada una de sus hijas extrahumanas.
Un análisis psicológico
practicado sobre la persona de Debra Tomey mostró un interesante
paralelismo con otros casos, al descubrirse un acusado sentimiento
de inferioridad e inseguridad provocado, principalmente, por su
apariencia y estado físicos así como por unas ansias muy marcadas
por sobresalir de la multitud.
Tales indicios los
aprovechan al máximo sus detractores, reforzados por el hecho de
que, tras la edición del tomo de Hopkins, Debra no tuviera
inconveniente en que se conociera su nombre verdadero, dando charlas
y conferencias sobre sus experiencias.
Ediciones Temas de Hoy.
1994.
Liliana
Núñez O.
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