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¿No
habrá más pobres en 2015?
El economista Jeffrey Sachs presentó un
informe a pedido de las Naciones Unidas para evaluar las metas del
milenio
Sábado 22 de enero de 2005
Link
corto: http://www.lanacion.com.ar/673319
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo
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"Tenemos la posibilidad de ser testigos de la
erradicación de la
pobreza extrema en el mundo. No hablo de la reducción, hablo de
la
erradicación", dijo el renombrado economista Jeffrey Sachs al
presentar
los resultados de un informe preparado a pedido de la
Organización de
las Naciones Unidas (ONU) y cuyo objetivo es evaluar las llamadas
"Metas del Milenio".
Según dice el informe, todavía estamos a tiempo de
alcanzar
los ocho objetivos adoptados por los países del mundo en la
Cumbre de
2000 y que consisten en eliminar la pobreza extrema y el hambre,
brindar acceso a la educación para todos, promover la igualdad
entre el
hombre y la mujer, reducir la mortalidad infantil y la mejora de la
salud materna.
Entre los desafíos está también combatir
enfermedades como el
Sida, garantizar un medio ambiente sostenible y establecer una alianza
mundial para el desarrollo.
Sin embargo, ante este nuevo informe, una persona racional
-sin necesidad de tener muchos conocimientoos económicos-
podría
preguntarse ¿cuál es la diferencia entre hoy y 2000
cuando estas metas
y los planes de acción para alcanzarlas fueron lanzados?
Y mucho más aún, ¿cuán realistas son estas
metas?, ¿será
posible erradicar la pobreza en el mundo?, ¿qué se
necesita para
llevarlo a cabo?
Estas inquietudes invitan tanto a la discusión académica
como
a la cotidiana. La sola idea de pensar en la posibilidad de un mundo
sin pobres es motivo para la reflexión de la sociedad en su
conjunto.
El dato más cruel
En el mundo existen hoy más de 1200 millones de personas
que viven con menos de un dólar al día, o lo que es lo
mismo, no
cuentan con los medios necesarios para satisfacer sus necesidades
básicas (comida, alimento y vestimenta). Una de las "Metas del
Milenio", es reducir ese número a la mitad.
El número ya no impresiona a nadie. No es necesario saber
exactamente cuántos pobres hay en el mundo para que un ser
humano
entienda que hay otros, y muchos, que no tienen nada de nada. Basta con
levantar la mirada y dar un vistazo a la ciudad, pueblo o colonia donde
se vive, sin importar a qué clase social se pertenezca.
Lo que sí sorprende es que, según el informe, la
posibilidad
de erradicar la pobreza extrema en el mundo es real y tangible, pero (y
aquí viene lo más cruel) todavía no se ha hecho lo
suficiente para
ponerlo en práctica. Es decir, se puede lograr pero no se
está
haciendo.
La pregunta clave entonces es ¿por qué no se hace?
Según el
informe, lo que se necesita es la colaboración de los
países ricos y la
disposición de las naciones pobres para poner en práctica
los planes de
desarrollo.
El deber de los ricos
Es necesario que los países ricos doblen la ayuda al
desarrollo en los próximos diez años. Ayuda que ya
habían comprometido
en 2000, pero que sólo cinco (Suecia, Dinamarca, Holanda,
Noruega y
Luxemburgo) de los 22 países industrializados han cumplido al
pie de la
letra.
El compromiso establecía aportar el 0,70% del Producto Interno
Bruto (PIB), lo que equivale, por ejemplo, a US$ 250 dólares del
bolsillo de cada estadounidense o US$ 188 del de un japonés,
anualmente.
Si bien, el Reino Unido, Francia, Bélgica, España,
Irlanda y
Finlandia, ya han establecido un calendario para cumplir con sus pagos,
las obligaciones (en efectivo y no de palabra) de otros países,
como
EE.UU., Japón y Alemania, todavía están
pendientes. Actualmente, EE.UU.
contribuye sólo con 0,15% de su PIB, mientras que Japón
lo hace con
0,20%.
La idea es ahora incrementar el aporte a 0,44% en 2006 hasta alcanzar
el "ideal" de 0,70% en 2015.
Pero esto no basta. Los países desarrollados deberían,
además,
abrir sus mercados a las exportaciones de los países pobres y
ayudarlos, mediante inversiones en tecnología e infraestructura,
a
elevar su competitividad.
El informe también propone que las naciones ricas otorguen
fondos adicionales para promover la ciencia y la tecnología en
los
países pobres, así como también apoyar la
iniciativa del Reino Unido de
crear un Mecanismo Internacional de Financiación (para
reducir/eliminar
la deuda de los más pobres), en 2005.
La obligación de los pobres
Las naciones pobres, por su parte, deben adoptar estrategias nacionales
más ambiciosas para alcanzar las "Metas del Milenio".
Uno de los puntos claves es la reforma política, la lucha
contra la corrupción y el sistema judicial. Claramente, una
forma de
preguntarse de qué sirve ayudar si esa ayuda se pierde en el
camino y
no llega a los más necesitados.
Una evaluación sobre las necesidades de inversión y
cómo serán
financiadas, es lo que recomienda el informe. Así como
también, el
fomento del comercio inter-regional y de la gestión regional del
medio
ambiente.
Kofi Annan, el secretario general de la ONU, también
tendrá
tarea, según las recomendaciones del informe, y
consistirá en el
fortalecimiento de la coordinación entre los organismos de la
entidad
para el cumplimiento de las "Metas del Milenio".
En el tintero
Ante este "renovado" planteamiento, bien podría una persona
pobre mostrarse escéptica y reclamar que está cansada de
las famosas
"recetas de molde" y preguntarse quién le asegurará que
esta vez sí
funcionarán.
¿No son acaso estas recomendaciones las mismas que se pensaron
en el 2000 cuando los países ricos se comprometieron con las
"Metas del
Milenio? ¿O distan estas mucho de los incesantes reclamos de los
países
pobres de reducción de deuda y un comercio más justo?.
Cada día queda más claro que el cumplir el sueño
de pobreza
cero en el mundo está, más que nada, en las manos de los
países más
ricos. Y que, tal y como Sachs reconoce, "se ha tardado demasiado
tiempo en conseguir una estrategia que funcione", y en estos momentos
es ya "es cuestión de vida o muerte".
Y es cierto, porque una persona que se va a dormir todos los
días con el estómago vacío no puede esperar 10
años más. Algo que,
hasta el momento, ha sido muy difícil de hacérselo
entender a aquellos
que nunca pasaron hambre.
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