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ARGENTINA:
CIFRAS
ALARMANTES EN UN
ESTUDIO DE LA CEPAL
Niños y jóvenes, las
víctimas de la crisis
Ya se
prefigura una
generación con nutrición deficiente y escasa
educación.
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En la Argentina
hay casi 9 millones de niños y jóvenes que viven en
hogares pobres.
Esto significa que casi el 60 por ciento de los 15 millones de menores
de 22 años de todo el país son pobres. En el norte del
país, así en el
oeste como en el este, la pobreza infantil y juvenil supera el 70 por
ciento.
Este dato dramático se torna trágico, porque de los casi
9 millones de niños y jóvenes pobres, más de 3
millones y medio son indigentes. Quiere decir que viven en familias
que no pueden suministrarles la alimentación básica.
Y explica que la Argentina padezca desnutrición infantil.
Estos casi 9 millones de menores en la pobreza forman parte de 3
millones de hogares que no alcanzan a tener ingresos para cubrir las
necesidades básicas, porque sus padres están desocupados
o ganan poco.
El crecimiento de la pobreza infantil y juvenil supera a la de los
padres y lleva a que la futura generación se desenvuelva en
cuadros de
privaciones alimenticias y educativas. La ausencia de ingresos
suficientes se complementa con viviendas precarias donde reina el
"hacinamiento crítico" y obliga al trabajo infantil y genera
desempleo
juvenil.
Si se sigue un estudio emprendido por la CEPAL hay, sólo en la
Argentina, un poco más de un millón de jóvenes
que no estudia ni trabaja.
Así, advierten los sociólogos, han cambiado las
características y los
hábitos ciudadanos. En las principales ciudades, quedan en los
barrios,
durante el día, los jóvenes sin rumbo, agobiados por la
incertidumbre o
el tedio, y los jubilados. Los adultos, y en especial las mujeres, se
movilizaron desde temprano a cumplir sus obligaciones o a buscar una
ocupación.
A nivel continental, la pobreza de los adolescentes aumentó en
"forma
preocupante" en nuestro país y en Venezuela. En la Argentina se
duplicó: del 31 por ciento en 1999 saltó al 60 por ciento
en varones y
al 58 por ciento en mujeres.
Se debe tener en cuenta que los niños pobres cuentan con un
promedio de
escolarización cuatro años por debajo del de sus pares de
sectores en
situación económica superior y los problemas en el nivel
primario
(repitencia) es cuatro veces mayor. El abandono en la secundaria se
quintuplica. Los registros señalan que un tercio de los
jóvenes más
pobres no finaliza el ciclo educativo. El entorno
económico, social y cultural es reproductor de la pobreza.
Los datos oficiales confirman que los pobres no fueron pobres siempre.
Un promedio elevadísimo (la mitad del total de carenciados)
pertenece a familias de clase media que la cadena de crisis y zozobras
económicas arrinconaron en el desamparo. Es ese segmento de
población
que no existía o pasaba desapercibido antes del "Rodrigazo", en
1975.
Modificar este proceso resulta clave para que el país tenga
futuro. Y
ocurre en medio de una paradoja. Porque si bien los niveles de
producción se acercan a los momentos previos a la gran
recesión de
1998, en el terreno social seguimos con indicadores de crisis. Y si
bien esos indicadores son mejores que los de 2002, a pasos de haber
superado la tragedia económica, lo que sobresale es la
lentitud para crear condiciones que posibiliten el cambio.
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