En la Argentina,
5.700.000 personas sobreviven en promedio con 1,65 peso por día
o 50
pesos por mes. Y otros 5 millones de argentinos viven con 3,30 pesos
diarios o 101 pesos mensuales.
Los datos, divulgados ayer por el INDEC y que corresponden al
primer semestre de 2004, marcan que el 28,5% de la población
argentina —10,7 millones de personas— vive con menos de 120 pesos
mensuales o menos de 4 pesos diarios.
En el otro extremo de la pirámide, cada integrante del 10%
más rico de los hogares vive en promedio con 1.552 pesos
mensuales. De este modo la distancia entre el 10% de los hogares
más ricos y los más pobres es de 31 veces.
A pesar del crecimiento económico superior al 8%, esta desigual
distribución de la "torta" volvió a acentuarse en la
primera mitad de
2004 porque, con relación al último trimestre de 2003,
las cifras
oficiales indican que:
El 40% más bajo mantuvo en el
12,2% su participación en el ingreso total.
El 40% medio retrocedió del 35% al
34,7%
El 20% más rico aumentó del
52,8% al 53,1%. Dentro de esa
franja, el 10% más rico se llevó todo el incremento y
algo más: subió
del 36,4% al 36,8%.
Los 10,7 millones de argentinos que viven con menos de 120 pesos por
mes representan al 20% de las familias, ya que los hogares pobres son
más numerosos ( en promedio 5 personas). Así, con
ingresos más
reducidos que deben repartirse entre más gente, esas familias no
tienen recursos suficientes para cubrir una canasta básica de
alimentos —que marca la línea de "indigencia"— que ronda
los 335 pesos para un matrimonio con dos hijos.
Según los datos del INDEC, el 40% de las personas que tiene
ingresos
porque trabaja, está jubilado o recibe alguna renta gana menos
de 350
pesos al mes. Así un jefe de familia, con esos niveles de
ingresos,
rondaría la indigencia.
A su vez, el 70% de los que tienen ingresos gana menos de 700 pesos
mensuales por lo que, si está al frente de un hogar, no
lograría cubrir
la canasta de pobreza valuada en 730 pesos para un matrimonio con dos
hijos.
Esos bajos ingresos explican por qué casi la mitad de la
población vive en hogares pobres.
Las familias más pobres además son las que más
sufren la precariedad laboral porque la mayoría trabaja "en
negro", realiza
changas o dispone de un plan social de 150 pesos mensuales. La
desigualdad social se fue agrandando a partir de mediados de la
década
del 70 por la caída del salario y las jubilaciones, el aumento
del
empleo "en negro" y el incremento del desempleo. Con cada crisis, como
la hiperinflación de 1989/90, la crisis del Tequila en 1995, la
recesión y derrumbe de la convertibilidad o la crisis desatada
entre
2002, se agrandó la brecha de ingresos, sin que las
normalizaciones
posteriores revirtieran el cuadro social negativo anterior.