El consumo indebido de
drogas en la Argentina trepó a niveles de "epidemia social". Lo
dice la máxima autoridad nacional en el tema, Wilbur Grimson,
titular de la Secretaría de Programación para la
Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el
Narcotráfico (Sedronar). Es la primera vez que desde un
organismo del Estado —que reporta sin intermediarios al presidente
Néstor Kirchner— se le adjudica tanto voltaje al problema.
"No es una epidemia como la hepatitis, pero sí es una epidemia
social, que se da cuando una enfermedad se disemina demasiado y afecta
a mucha gente en todo el país, sobre todo a los jóvenes",
señaló Grimson a Clarín. Además de
la marihuana, la cocaína y demás sustancias prohibidas,
el funcionario incluye en su caracterización a las drogas
legales: el tabaco y el alcohol.
La internación de Diego Maradona hace una semana, la muerte del
periodista Juan Castro, la detención de la artista
plástica Marta Minujin con cocaína y las apariciones
públicas del cantante Pipo Cipolatti reavivaron el debate sobre
las consecuencias del consumo de drogas, aunque no se indagó
sobre la magnitud social del problema.
El Gobierno promete para setiembre la demorada actualización de
las estadísticas oficiales sobre el consumo de drogas: el
último relevamiento nacional se hizo hace cinco años y
advertía que el 2,9 por ciento de la población de entre
16 y 64 años y el 3 por ciento de los chicos de entre 12 y 15
años tuvieron algún contacto con las drogas. La crisis
que explotó a fines de 2001 y la extensión de la red
ilegal de venta de drogas anuncian ahora el desborde de esos resultados.
Una investigación de Clarín, basada en fuentes
vinculadas a la atención de adictos, médicos forenses,
informes privados y entrevistas a funcionarios, muestra elocuentes
señales de alarma:
Se duplicó la atención de
emergencias derivadas de accidentes vinculados al consumo de alcohol y
drogas entre 1995 y 2003, según un estudio financiado por la OEA.
La demanda de ayuda al Programa de Asistencia e
Investigación de las Adicciones del Consejo Nacional de
Niñez, Adolescencia y Familia aumentó un 20% el
año pasado con respecto al 2002. Las consultas llegaron a 1.700.
La demanda general de atención en el
Cenareso, un hospital público especializado en adictos,
aumentó 50% en los últimos dos años. La cifra de
pacientes mujeres creció 300%.
En los centros y hospitales públicos de la
provincia de Buenos Aires se duplicó la cantidad de personas
atendidas entre el año 2002 y el 2003: de 15.000 a 30.000.
Desde el 2001, la Dirección de
Prevención Social de las Toxicomanías de la
Policía Federal tuvo un 30% más de pedidos para brindar
charlas y talleres orientativos en colegios e instituciones.
En el primer cuatrimestre de este año, las
consultas por tratamientos de recuperación en la
Fundación Manantiales crecieron casi 50%.
En 1986, la organización Narcóticos
Anónimos comenzó a trabajar en Capital Federal con cuatro
grupos de adictos. Hoy hay 108, en todo el país.
En los últimos 10 años,
creció de 30 a 300 la cantidad de cadáveres en los que se
encuentran sustancias tóxicas, durante las 3.000 autopsias
anuales que se practican en la Morgue Judicial de la Corte Suprema.
En el Centro Nacional de Intoxicaciones, que
funciona en el Hospital Posadas, las consultas por uso indebido de
drogas escalaron de 50 en 1987 a 2.600 el año pasado.
La venta de cerveza creció de los 240
millones de litros en 1980 a los 1.300 millones el año pasado,
un salto del 400%. No es un dato menor. El jefe del Sedronar considera
que el consumo de alcohol "es el CBC (curso de ingreso) de las drogas
ilegales".
Entre 1998 y 2003, el consumo de drogas en
escuelas del área metropolitana creció del 7% al 11%,
según una encuesta del Instituto Superior de Ciencias de la
Educación, respondida por 14.900 alumnos y auspiciada por el
Gobierno porteño. "Es un índice pavoroso", dice el
director del trabajo, Carlos Santa María,
"La evolución natural de una enfermedad incluye una
manifestación inicial, un momento pico y una
estabilización posterior. El consumo indebido de drogas en el
país es una enfermedad que está todavía en un pico
ascendente. Si no se toman medidas, en cinco o 10 años tendremos
la heroína, que ya está haciendo estragos en Europa y
Estados Unidos", advierte el doctor Osvaldo Curci, director del Centro
Nacional de Toxicología.
Los especialistas subrayan que la droga se instala en los huecos
sociales. En Argentina, más que huecos, hay cráteres:
1.200.000 jóvenes no estudian ni trabajan y muchos de ellos se
inician en la droga cada vez a menor edad.
Un sondeo oficial en el sistema educativo habla de la extensión
del problema al interior del país. "En Posadas, San Salvador de
Jujuy o Ushuaia da lo mismo: los chicos empiezan a tomar alcohol a los
12 años, se desmadran a los 14 y tienen su primera borrachera
antes de los 15. Hace 30 años, eso le sucedía a un adulto
de 25", analiza Grimson antes de advertir que "el consumo precoz de
alcohol da pie al consumo precoz de marihuana, de cocaína y de
cualquier otra cosa".
Las acciones del Estado están limitadas: el presupuesto anual
del Sedronar es de 9.200.000 pesos, similar al de hace tres
años, cuando todavía no había estallado la
economía y un peso valía un dólar. Además,
la demanda de tratamientos y atención de adictos es mayor. Pablo
Rossi, director general de la Fundación Manantiales y autor del
libro Las drogas y los adolescentes, estima que esa suma
"equivale a la ganancia que los narcotraficantes producen en la
Argentina en un solo día".
Otro dato impactante: en la provincia de Buenos Aires, hay entre
300.000 y 500.000 personas que consumen drogas ilegales, según
datos oficiales.
Las cifras paralizan, pero no deberían impedir una mirada
más profunda, para saber qué les pasa y qué
piensan los adolescentes, principales víctimas de la "epidemia"
que por primera vez reconoce el Gobierno.
Según una encuesta realizada el año pasado por la
consultora D'Alessio IROL entre 443 padres y 432
jóvenes, el 66% de los chicos afirma que sus amigos tuvieron o
tienen algún contacto con la droga, el 24% dice haber intentado
sacar a su amigo de la adicción y sólo el 10% cree
haberlo logrado.
¿Otros datos? En la hipótesis de estar en una fiesta y
darse cuenta de que alguien se está drogando, la mayoría
(57%) no le prestaría atención porque "cada uno hace lo
que quiere". Y el 15% admitió haber sufrido presiones del
entorno para drogarse.
¿Por qué un adolescente prueba la droga? Para Rossi,
"porque está instalado que el que se droga es más piola y
los chicos son muy vulnerables a la opinión de sus pares. Pero
cuidado: no todos los adolescentes que prueban una droga terminan
adictos a ella. Contra lo que se piensa, los adictos no son personas
carentes de afecto sino de límites: fueron demasiado
consentidos. El principal reclamo de los pibes que vienen a pedir ayuda
a nuestra fundación es ¿por qué me
creíste? ¿Por qué no me dijiste no?"
Según el director de la Fundación Manantiales, hay otra
clave para entender por qué los adolescentes son terreno
fértil para cosechar drogadependientes: "es la que indica que
todo adicto es un adolescente mental: como cualquier pibe, no tolera la
frustración ni que le digan que no, está manejado por el
principio de placer en lugar del principio de espera (quiere
satisfacción inmediata, antes que trabajar y esperar un
beneficio mayor) y tiene un pensamiento mágico omnipotente: se
siente inmortal. Por eso la cura de una adicción implica de
hecho una salida de la adolescencia."
Marcelo Bono, director del Centro Nacional de Reeducación Social
(Cenareso), explica que "el gran ejército de adictos usa las
drogas en un intento por sentirse mejor, como si fueran un medicamento
que los puede curar de una dolencia".
"Son personas que estaban frente a una situación de colapso
inminente en su vida psíquica o familiar. La droga le permite
sentir que ese problema quedó atrás (con las drogas
estimulantes, como la cocaína), que está silenciado (con
las depresoras, como los tranquilizantes y el alcohol) o que
logró aislarse del contexto (con las alucinógenas como la
marihuana o las psicodélicas como el LSD)", agrega Bono.
Los especialistas sacan la última fotografía al movedizo
mapa del consumo de drogas en Argentina. ¿Qué muestra?
Que en este momento, las sustancias más utilizadas son la
marihuana, la cocaína y la pasta base, un preparado previo al
refinamiento de la cocaína con mucho poder de destrucción
neuronal que por ser más barato se usa mucho entre los sectores
más pobres.
Las drogas sintéticas como el LSD y el éxtasis, que son
más caras, son más frecuentes entre los adictos de clase
media y alta. Esos mismos especialistas coinciden en una advertencia:
ningún adicto se puede recuperar en menos de dieciocho meses, y
el tiempo promedio es de dos años.
Liliana Vázquez, coordinadora del posgrado en clínica de
las adicciones de la Facultad de Psicología de la UBA, busca
razones detrás de los datos. "Todos somos sujetos de consumo,
siempre queremos algo más. Y ese marco social también
tiene su costado en el rendimiento físico: están de moda
los suplementos dietarios, las vitaminas, tomar pastillas, para estar
"pila" todo el día. No hay espacio para la angustia, la pregunta
y la frustración, para fracasar y volver a empezar." Algo que
siempre es posible.
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