La Maldad del Diablo

Maldad,
una palabra que si se examina fríamente produce escalofríos, ya que desde los
albores de la humanidad, el hombre ha creído en ella, y también en el ser que
la encarna. Un ser de carácter mas bien espiritual, perverso y despiadado, símbolo
de todas las desgracias y maldades. Una criatura deseosa siempre de hacer perder
el alma y la bondad a los seres humanos. Que a caballo de la mentira intenta en
todo momento penetrar en el cuerpo de algún desgraciado para obligarle a
cometer toda clase de insanas y perversidades, y convertirlo en uno mas de su
diabólica prole.
El
Demonio se puede aparecer en diversas maneras, y así tenemos nombres como:
Satanás, Lucifer, Astaroth o Belcebú, junto con otros mas de los cuales
hablaremos en otro articulo. Y es que la existencia de los demonios esta
demostrada incluso en los libros de teología. Y ya los antiguos los temían, y
por aquella época hablaban de "pigmeos" y "esfinges", para
mas tarde clasificarlos incluso como: buenos, malos y neutros. Pero al fin se
llegó a la conclusión por parte de los estudiosos y "demonólogos"
de ser considerados todos como "malignos".
El
origen de los demonios es muy antiguo, ya que todos los pueblos lo atribuyen a
una época anterior a la formación del mundo. Y aquí se produce una confusión
que lo enreda todo y aun hace crecer el misterio. San Juan llegó a decir que el
diablo era un embustero como su padre, pero si Dios había criado al diablo, su
padre era ese Dios. A partir de ese razonamiento, si Dios es el padre del
demonio por vía de la generación, el diablo es consustancial a Dios, y esta
consecuencia es impía. Y si lo es por la creación, Dios es un embustero, lo
cual es una blasfemia. Por lo tanto, el demonio no es obra de Dios, en cuyo caso
nadie lo creó, y en consecuencia es Eterno.
Si
se examina por otra parte los descubrimientos de los teólogos y de los filósofos
de la antigüedad, los resultados tampoco resultan satisfactorios, y ya todo el
mundo se atiene a la enseñanza general:
"Dios
creó nueve coros de Ángeles: serafines, querubines, tronos, dominaciones,
principados, las virtudes celestes, las potestades, los arcángeles y los Ángeles."
Y
entonces toda esta milicia celestial era pura y limpia de todo mal y pecado. Y
nos dicen las escrituras que algunos se dejaron tentar por el espíritu de la
soberbia, se creyeron tan grandes como su creador, y arrastraron con su crimen a
dos tercios del ejercito angelical. Satanás que era el primero de los serafines
y el mas grande de los seres creados, encabezó la rebeldía, la loca ambición
provocó su eterna perdida. Quiso reinar en una mitad del cielo y sentarse en un
trono tan elevado y majestuoso como el de su creador. Dios se enojó y envió
contra el, al Arcángel Miguel, al mando de legiones de Ángeles obedientes, y
en el cielo se libró una gran batalla. Satanás fue vencido y precipitado al
abismo sin piedad, junto con sus seguidores.
Y
a partir de entonces la belleza de esos seres terminó, les salieron cuernos en
la frente, del trasero surgió una larga cola, sus dedos se convirtieron en maléficas
garras diabólicas, el olor a azufre se hizo presente, sus alas de azul celeste
se convirtieron en horribles alas de murciélago. Y Dios desterró a los
rebeldes del cielo, a un mundo desconocido al que llamamos infierno, averno,
abismo o imperio de las sombras.
Y
entonces Dios creó al hombre, un ser menos perfecto que los ángeles, pero que
conocía y amaba a su creador. Y este hombre junto con Eva su compañera vivían
en el Edén, un maravilloso jardín repleto de deleites, en que todo les estaba
permitido, menos comer del fruto del Árbol Prohibido.
Satanás,
salió del averno, y adoptando la figura de una serpiente, el animal que entre
todos tiene mas astucia y maña. Y se presentó a la mujer, y la incitó a
desobedecer a Dios. Posteriormente Eva indujo a cometer el mismo pecado a Adán.
El espíritu maligno había triunfado. Y el hombre y la mujer fueron expulsados
del magnifico lugar y condenados por Dios a los sufrimientos de la vida y
condenados a la muerte.
Ante
todo esto tenemos que después del castigo de Dios a Satanás, no le limitó
totalmente los poderes, ya que pudo y puede salir del averno para tentar al
hombre cuando quiere. El caso primero y mas claro lo tenemos en Adán y Eva, el
ultimo pues quizás ahora dentro de un rato cuando Satanás nos tiente a tu
amable visitante o a mi .....
Las
reglas del diablo
Las Pautas Infernales
Si
no sabemos su procedencia exacta deducimos que las citadas reglas han ido
pasando de generación en generación, tanto de viva voz como plasmadas en
libros infernales que han ido permanentemente portando la palabra de Satán y
toda su maldad. Libros de Ocultismo al fin y al cabo ya que los adoradores de
Satán adoran a su dios espiritual, invisible -cuando no quiere aparecer- o que
se aparece según sus adoradores por invocación.
Que
exista o no el Diablo, si lo miramos fríamente estudiando el caso, no tiene la
menor importancia. Por que en realidad, el demonio lo lleva dentro de si cada
individuo, y es solo el quien puede dar rienda suelta a sus instintos o
reprimirlos en su interior.
Es preciso
elevar los ojos en esta selva de acero
y de cristal y levantar la voz para que tu me oigas
y yo pueda verte. Te invoco al Este y al Oeste.
Te invoco al Norte y al Sur, y proclamo:
¡Muerte a los débiles, Vida a los fuertes!
Abre los ojos para que puedas ver,
hombre de mente
estrecha y escucha mis palabras.
Yo desafió la prudencia del mundo
e interrogo a las Leyes
del hombre y de Dios.
Hundo mi dedo en la sangre aguada
de tu redentor y escribo
en el muro estas palabras: "¡El verdadero Príncipe del Mal
es el Rey de los esclavos!"
Son mis enemigos los que sienten
cobardía
ante la vida libre y natural.
Las falsedades no son verdaderas
para mi.
Vuestras verdades son todas falsas.
Rechazo todas las convenciones que
coartan
mi libertad y mi dicha.
Moisés rompió las Tablas de la
Ley cuando vio
que su pueblo adoraba al Becerro de Oro. Yo adoro
al Becerro de Oro y rompo las Tablas de la Ley.
Yo me burlo de la vana filosofía
de la vida y le doy
a cambio la felicidad.
Yo no vengo a traer la paz, pero
tampoco trato
de imponer la guerra. Por que por encima de todo. Yo
proclamo el AMOR como bien supremo de todos los
mortales.
Tiene
que tenerse presente que el poder demoníaco existe. Y este poder es grande. Y
que la maldad florece en los jardines de la vida. Recordemos que fue un demonio
el que mató a los siete primeros maridos de Sara, esposa del joven Tobías.

Si
Dios es bueno, ¿de dónde surgió el mal? ¿Por qué creó Dios al hombre capaz
de pecar? Y, en todo caso, ¿por qué fue tentado el hombre? ¿Es el mal
coeterno con el bien? ¿Hay quizá dos deidades, como afirma el Zoroastrismo,
que son eternas, una buena y otra mala, en eterna lucha entre sí? En todo caso,
si el mal tuvo un origen, en la caída de Lucifer o Satanás, ¿qué produjo
esta caída? ¿Qué es lo que originó su caída y la primera entrada de mal en
la creación de Dios? Y si es así, ¿por qué Dios lo permitió?
Se pueden añadir algunas
preguntas más. También: ¿Por qué decidió Dios crear? ¿Acaso Dios se
encontraba en soledad?
Todas esas son preguntas que
surgen con frecuencia. Y siguen unas respuestas que servirán de ayuda para ver
una solución satisfactoria a estos aparentes problemas.
La respuesta cristiana acerca del
origen del mal es satisfactoria. En primer lugar, NO se trata del origen de una
entidad positiva que tuviera que aparecer de alguna manera por creación, lo que
constituye el obstáculo que tantas veces se presenta; se trata más bien, como
veremos más adelante, de la destrucción de una relación, de algo negativo.
La clave de la respuesta es el
AMOR. Cierto. Un ser creado no puede amar a no ser que su adhesión al objeto de
su amor sea libremente dada. No hay amor en los autómatas programados para una
conducta determinada. Y esta es la razón de que Dios no hiciera santos al
hombre ni a los ángeles, sino inocentes. Y se trata de dos conceptos bien
distintos.
Dios hizo a los ángeles y a la
primera pareja humana, que necesariamente dependen de Él, que es el Absoluto,
el Ser que existe en Sí mismo. Él es. Él es el gran YHWH, YO SOY EL QUE SOY.
En cambio, las criaturas, ángeles o humanos, han venido a ser. Antes no eran. Y
podrían no haber sido. Son contingentes. Y dependientes de Él para el pleno
goce de todo el potencial y destino para el que Dios los ha creado.
Esto nos lleva a considerar los
siguientes puntos:
1) Dios, en su Tri-Personalidad
en un solo Ser, está totalmente autosatisfecho. No precisa de ningún ser fuera
de Sí mismo para gozar de un grado infinito de amor, comunicación y comunión,
por cuanto las Personas que subsisten en el seno de la única Deidad gozan de
una tripartita satisfacción de amor y de comunión entre sí. Dios «no estaba
solo», y más aun, su gozo y comunión eran plenamente satisfactorias en el
seno de la Deidad (cp. Juan 1:1; 17:5).
2) La decisión divina de crear
fue, así, totalmente libre, fruto de una voluntad divina no condicionada por
ninguna clase de necesidad. Él, el Infinito Personal Absoluto, quiso crear
muchos seres, necesariamente finitos, pero a Su imagen y semejanza, para que
tuvieran relación y comunión con Él. Cosa hecha posible también al dotarlos
con el don del lenguaje, un reflejo de la naturaleza misma eterna de la Deidad
(Juan 1:1).
3) Como ya se ha indicado más
arriba, era totalmente necesario que las criaturas, angélicas o humanas,
poseyeran la capacidad de amar. Pero la genuina capacidad de amar exige, por su
misma naturaleza, que sea un acto libre. Una libre adhesión. No olvidemos que
en el caso del amor del ser creado hacia el Creador no se trata de un amor de
igual a igual, sino del amor de un ser contingente y dependiente hacia el
Creador absoluto y auto existente.
Aquí es necesario hacer un
inciso, haciendo mención del mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas,
con la declaración de que Dios es un Dios celoso ante aquellos que no le aman.
Se ha de tener en cuenta que este mandamiento, como toda la Ley, presupone que
el hombre es pecador, que ya ha caído en pecado. En su estado de inocencia, el
hombre no recibió este mandamiento. ¿Por qué no? Porque no era necesario. El
hombre no caído no sólo amaba a Dios, sino que gozaba de Él, se sentía
arrobado con Él. Le cantaba alabanzas que salían de un corazón lleno de gozo
y agradecimiento, no sólo por lo que había Él hecho, sino también por Él
mismo. Como un enamorado con su enamorada, o viceversa. ¿Qué sucede entonces?
Que el hombre, al caer, se enemista él con Dios (Dios va en pos del hombre para
redimirlo), y comienza a huir de Dios, aborreciéndolo. Y el mandamiento de amar
a Dios, dado precisamente después de la Caída, hace patente la condición de
pecado en que se encuentra el hombre, y que la Ley no lo podrá liberar jamás,
sino la Gracia.
4) Pasemos al hecho mismo de la
Caída. El Mal no debe ser considerado como una entidad positiva, como ya se ha
indicado más arriba. No. Se trata de una deficiencia, y que por la naturaleza
misma de las cosas ha de ser necesariamente posible (pues en caso contrario no
habría un amor y adhesión verdaderos y libremente dados). Esta deficiencia
tiene lugar en una actitud que pasa de la complacencia en Dios a la
desconfianza, a la incredulidad, a la enemistad.
Sabemos como se generó en el
hombre la desconfianza en Dios (Génesis 3). No lo sabemos tan claramente en el
caso de Satanás, aunque en la Escritura se nos indica que surgió el pecado, es
decir, la deficiencia, en el Querubín Protector. Sabemos, sin embargo, que hubo
un principio en el pecado de Satanás, un pecado en el que él tiene toda la
responsabilidad moral. Y que esta caída no fue generada por el mismo Dios,
aunque Dios ciertamente dejó abierta dicha posibilidad, a fin de que no fuera
imposible la manifestación del amor y de la adhesión de este amor, que son
naturales en una criatura contingente hacia la fuente de vida abundante, llena
de gozo, en la que el mismo Dios es el objeto de un amor que se olvida de sí
mismo y que se llena de un gozo inenarrable en la contemplación del objeto de
su amor.
No pasaré a extenderme aquí en
toda la cuestión de la redención prometida al hombre y alcanzada por el mismo
Dios hecho hombre, que murió en la cruz y que resucitó, y que abrió el camino
al perdón, a la justificación, a la santificación y a la glorificación para
los que vuelvan a Él, pues mi objeto era sólo hacer unas reflexiones acerca
del origen del mal. Pero realmente es necesario mencionar que el mismo Dios no sólo
asumió la Cruz y nuestra condenación ante Su justicia (condenación asimismo
necesaria en la naturaleza misma de las cosas, debido a que la justicia, el
hecho de que no se pueden esquivar las consecuencias de las acciones cometidas,
no podía pasar por alto el pecado) sino que también en su vida encarnada Dios
el Hijo sintió de una manera propia e infinitamente profunda todas nuestras
debilidades (cp. Juan 4:6; 11:33-35) con exclusión del pecado (Hebreos 4:15).
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