Informe semanal de MUNDO MATERO
AÑO II - número 69
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| por M. VILLALBA - del: http://www.abc.es
Microsoft ha fracasado en su intento de implantar en el Pentágono
su sistema operativo Windows. El Departamento de Defensa, norteamericana
ha decidido, en efecto, quedarse con el código abierto de Linux.
Esta empresa se ha dividido en dos grupos que trabajarán por un
software libre, pero con distintas estrategias.
MADRID. A todos los problemas que tiene Microsoft, como por ejemplo
el contencioso con varios estados norteamericanos o la reciente investigación
sobre las prácticas contables del grupo de Bill Gates -finiquitado
con un acuerdo amistoso, según se anunció el pasado lunes-,
se le suma ahora una negativa del Pentágono para implementar Windows
en sus sistemas en vez de su rival Linux,
actualmente utilizado por este organismo para la gestión y el
funcionamiento del portal de la Agencia de Inteligencia de Defensa y en
las redes de seguridad del ejército de Estados Unidos en Europa.
Según fuentes del Pentágono, la compañía
de Bill Gates ha tenido en los últimos meses conversaciones con
oficiales de la Agencia de Sistemas de Defensa de la Información
y con la oficina del secretario de defensa Ronald Rumsfeld. En ellas se
sugería al Departamento de Defensa a cambiar de sistema operativo
por la posible inseguridad del software de fuente abierta. Este organismo
encargó un estudio sobre el asunto a Mitre Corp. y ésta ha
concluído que el programa libre debería ser ampliado y no
sustituido por otro.
Por su parte, Microsoft ha confirmado estos contactos pero ha negado
haber excluido al sistema abierto Linux. Según un portavoz de la
multinacional, en las conversaciones simplemente se expuso la posibilidad
de convivencia de ambos software, algo que ha sido descartado por la posible
violación de los derechos de propiedad intelectual de la compañía.
El caso es que cada vez más los gobiernos consideran la implantación
de Linux como programa estrella para la administración. Sin ir más
lejos, en abril, la Junta de Extremadura adoptó de forma oficial
este sistema operativo. También el Gobierno alemán firmó
un acuerdo el pasado lunes para utilizar en las instituciones públicas
este sistema operativo de código abierto.
Dos agrupaciones de Linux
Por otro lado, ya es un hecho la escisión del hasta ahora grupo
de empresas afines a Linux. El 30 de mayo fue anunciada la alianza entre
Caldera, Conectiva, SuSE y Turbolinux para crear «UnitedLinux»,
una versión uniforme de este sistema operativo para el entorno empresarial.
Entre las empresas que apoyan a este bloque están AMD, Borland Software
Corporation, Computer Associates, Fujitsu Siemens, Fujitsu, Hewlett-Packard,
IBM, Intel, NEC, Progress Software y SAP. En el otro lado, que se presenta
estos días en California con el nombre de «UnbreakableLinux»,
estarían Red Hat y Mandrake junto con Oracle y Dell, entre otros.
Estas dos agrupaciones seguirán basándose en los mismos
códigos de Linux pero orientarán sus negocios de distintas
manera. Ambas permanecen unidas para sacar el máximo partido y continuarán
la lucha por un software libre. |
NOTAS SOBRE LA COMIDA EN EL MEXICO ANTIGUO
(2DA. PARTE)
UTENSILIOS Y FORMAS DE PREPARAR LA COMIDA
Hay cosas que en México se usan desde hace mucho tiempo, quizá
desde el
momento en que el hombre de estas tierras empezó a convertirse
en un poblador sedentario, dedicado a la agricultura. Aquel que poseía
el metate de piedra con su metlapil o mano, en donde molía las semillas,
el comal de barro, las cazuelas, las ollas y el molcajete.
La mujer preparaba el nixtamal dejando toda la noche el maíz
en agua con
tequesquite para molerlo al día siguiente en el metate. Luego,
la mujer tomaba la masa y con las manos mojadas iba palmeándola
hasta hacer un circulo perfecto y blanco para colocarlo despues en el comal,
calentado sobre la lumbre de un pequeño brasero. Cuando las tortillas
estaban cocidas las rellenaba de frijol, las condimentaba con chile, las
envolvía en un trapo, las ponía en el tenate y así,
sudadas, las llevaba en el itacate al campo para darle de comer a su marido.
En el México antiguo la comida se asaba o se cocía. Una
de las técnicas mas difundidas para preparar la carne es la barbacoa,
que consiste en hacer un gran hoyo en la tierra y poner en el fondo piedras
muy calientes; encima se colocan unas pencas de maguey que luego envuelven
la carne. Después se tapa el hoyo y se deja cocinar toda la noche.
Asi la carne se cuece lentamente, en su propio jugo, y toma un sabor delicioso.
A pesar de la enorme variedad de alimentos que la caza y la pesca ofrecían,
y a pesar de las numerosas variedades de plantas que son originarias de
estas tierras, la alimentacion de los hombres que vivieron en este lugar
que llamamos MEXICO era muy sencilla. Comían poco. Se almorzaba
a media mañana y se comía al entrar la tarde. Generalmente,
sólo se hacían esas dos comidas.
Se bebía una jícara de atole de masa simple, a veces
azucarado con miel de abeja o de maguey o condimentado con chile.
La comida diaria era austera y cuando habia sequía, escasa,
y solía haber epocas de hambre.Pero en las fiestas y convites se
volvía espléndida, diversa y abundante.
Se daban fiestas para calmar a los dioses y para pedir agua y maíz.
También para celebrar la victoria o para conquistarla.
Las fiestas se asociaban a los nacimientos, a las bodas y a la muerte.
Nuestra tradicional fiesta de Día de Muertos tiene mucho que
ver con estos rituales. Había una fiesta de difuntos y otra de muertecitos.
Para ambas se preparaban grandes cantidades de comida que se ofrecían
en altares y tumbas.
En las fiestas se mataba guajolotes, se hacia barbacoa y se preparaba
pozole. Decenas de mujeres servían los guisados y echaban tortillas
todo el tiempo. Para acompañar, se servían jícaras
de pulque y se tomaba chocolate.
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RECETAS:
CHOCOLATE A LA MEXICANA
Ingredientes:
4 tabletas de chocolate con azúcar, 6 tazas de leche o agua,
1 raja de canela
Preparación:
Hierva el chocolate en 6 tazas de agua o leche y la canela; mueva constantemente
para que no se pegue. Si se hace con leche, retírelo del fuego cuando
suba y sírvalo. Puede espumarlo con molinillo.
CHOCOLATE VIENES
Añada al servir, una cucharada de crema dulce batida.
CHOCOLATE A LA ESPAÑOLA
Se espesa con una cucharada de maicena (fécula de maíz).
CHOCOLATE CON HELADO
En un vaso alto, ponga dos bolas de helado de vainilla y añada
chocolate hirviendo hasta llenar. Sirva enseguida.
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ATOLE BLANCO
Ingredientes:
1 taza de masa de maíz, 8 tazas de agua
Preparación:
Caliente 6 tazas de agua en una olla. Con las dos tazas de agua restantes,
disuelva la masa y viertala en la olla, pasándola por un colador
fino. Mueva continuamente hasta que espese.
ATOLE DE FRUTAS
Ingredientes:
5 cdas. soperas de maicena, 5 tazas de leche, 1 taza de fresas, azúcar
al gusto
Preparación:
Disuelva la maicena en 1/2 taza de agua. Machaque las fresas, agrégueles
el azúcar y póngalas a fuego bajo hasta que cuezan un poco.
Agregue la leche y la maicena y cueza moviendo hasta que espese.
NOTA: Puede cambiar la taza de fresas, por una taza de coco rallado.
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SOPA DE TORTILLA (Este es un platillo 100 % mexicano)
Ingredientes:
8 tortillas cortadas en tiras, 6 tazas de caldo de pollo, 2 jitomates,
2 ajos, 1 trozo de cebolla, 1 rama de epazote, 1/2 taza de queso rallado,
1 aguacate, chicharron, crema, chile pasilla, aceite para freír
y sal al gusto.
Preparación:
Fría las tiras de tortilla hasta que se doren. Apartelas y en
la misma grasa fría el chile. Escurra el exceso de grasa. Licue
los jitomates co los ajos y el trozo de cebolla. En una cazuela fríalos
hasta que se sazonen. Agregue el caldo, las tortillas fritas, y el epazote,
hierva unos momentos y sirva caliente. Ya en los platos se le añade,
al gusto, pasilla frito, rebanadas de aguacate, crema, queso rallado y
trozos de chicharrón.
| LA GUERRA DEL ORO - Por: William Ospina
En el siglo XVI, el territorio de lo que hoy es Colombia vivió,
como el resto del continente, pero de modo especialmente severo, las guerras
del oro. Poderosos ejércitos europeos de ocupación arrebataron
a los pueblos nativos todo el oro de sus santuarios, de sus casas y de
sus ornamentos personales, y después sondearon en las venas de la
tierra y explotaron mediante el trabajo de los indios y de los esclavos
traídos de África, el oro de las minas. Por los mismos tiempos,
en Cumaná y en el Cabo de la Vela, se vivió la guerra de
las perlas, en la cual fueron sacrificados decenas de miles de seres humanos.
Estaba esa guerra en su plenitud cuando una región remota del territorio
vivió la guerra de la canela: la expedición de Gonzalo Pizarro
había remontado violentamente son sus tropas y con miles de siervos
indígenas las cumbres nevadas de Quito, buscando unos legendarios
bosques de caneleros que no aparecieron jamás. En esos mismos tiempos,
el valiente y cruel Pedro de Ursúa libró cuatro guerras feroces:
una contra los panches, en el país de montañas azules de
Neyva, otra contra los muzos, en el país de las esmeraldas, otra
contra los chitareros, en los páramos de Pamplona hasta el cañón
del Chicamocha y otras contra los Tayronas, en el país de las ciudades
de piedra de la Sierra Nevada de Santa Marta. En aquel tiempo estas tierras
fueron escenario de algunos episodios centrales de la historia occidental,
y epicentro de los grandes mitos de la época: el país del
Oro, el país de las Perlas, el país de la Canela, el país
de las Amazonas.
La Colonia fue una época de crueldades y de injusticias, pero
no hubo en ella grandes conflictos armados, sino una sola sombra larga,
la extenuación de siervos en las encomiendas y de esclavos en las
minas, campos de algodón y planicies de caña de azúcar.
Los choques armados reaparecieron cuando se libró la guerra de independencia,
que enfrentó a los criollos con los españoles. Esa guerra
supuso también un reordenamiento de los mercados, una redistribución
de las influencias de las grandes metrópolis, y contó con
la colaboración eficaz de los franceses e ingleses, interesados
en abrir nuevos horizontes para sus mercaderías. Así, con
el discurso de la Revolución Francesa, de la división de
los poderes públicos, las nuevas Repúblicas inspiradas en
el pensamiento de la ilustración abrieron camino al libre cambio,
al comercio de maderas, de quina y de tabaco, a las promesas de la modernidad.
Y de allí nacieron otros conflictos: conflictos mercantiles entre
artesanos proteccionistas y comerciantes librecambistas; políticos,
entre federalistas y centralistas, económicos, entre defensores
de la esclavitud y abolicionistas. Entre estos últimos se libraron
varias guerras, hasta el triunfo precario, pero significativo, de la abolición.
La primera riqueza nacional que no parece haber producido inmediatamente
una guerra, fue el café. Pero ello se debió a que el territorio
necesario para esa economía había sido previamente despoblado
por la Conquista y abandonado después, hasta comienzos de la República,
a las inercias de la naturaleza, hasta que oleadas de colonizadores antioqueños
y caucanos del siglo XIX prepararon con hachas y con incendios el terreno
donde habría de ordenarse los cafetales. Con el final del siglo
XIX, la guerra de los mil días, cuyas causas fueron a la vez la
disputa por la tierra y las nuevas pautas de modernización, terminó
precipitando el zarpazo imperialista sobre el territorio donde se construiría
el más importante canal interoceánico del hemisferio occidental.
No había cicatrizado el país de la secesión del istmo
de Panamá , cuando comenzaron las crueles guerras del caucho, consecuencia
de la invención del automóvil y de la desaforada demanda
de materia prima para neumáticos por parte de la industria naciente.
Vino después la guerra de la industrialización, que se manifestó
sobre todo como persecución contra las organizaciones de trabajadores
fluviales, contra los sindicatos, y contra los trabajadores bananeros,
uno de cuyos episodios fue la nunca olvidada masacre de 1928.
A partir de 1940 comenzó una nueva guerra, a la que se ha llamado
a secas la Violencia, pero que bien podría llamarse la guerra del
Café, ya que se centró en los departamentos cafeteros de
Colombia, es decir, los que sostenían al país, pues desde
hacía casi un siglo el café se había convertido en
la principal fuente de ingresos de nuestra sociedad. Esa guerra permitió
que una región de minifundios democráticos se convirtiera,
al cabo de 20 años, en una región de numerosos latifundios
cafeteros, y que las ciudades colombianas crecieran de un modo desmesurado
con la población desplazada de los campos. Esa guerra también
podría llamarse la guerra contra la pequeña agricultura,
sobre la que reposaba la riqueza nacional, o la guerra urbanizadora, por
la guerra paralela al proceso de industrialización del país.
Apenas terminaba la violencia que dio origen a nuestras ciudades modernas
cuando recomenzó la violencia guerrillera, que ahora unía
a las guerras agrarias por la tierra, los conflictos engendrados por la
pobreza, la exclusión y el resentimiento, y que tuvo como acicate
la guerra estatal contra toda oposición democrática. No hay
que olvidar que el Frente Nacional funcionó siempre sobre la base
de una periódica suspensión de las garantías constitucionales
para la población a través de la coartada despótica
del Estado de Sitio; así, la violencia fue utilizada para reprimir
el descontento y las demandas democráticas de la población;
la violencia era el sustituto de las reformas liberales. También
se dio entonces el avance violento de la colonización y de los desplazados
sobre los territorios menos explorados del país, sobre la Orinoquia
y la Amazonía, y el descubrimiento de nuevas riquezas, con el inevitable
presagio de nuevas guerras derivadas de ellas. Así nació
la guerra de la marihuana, y gradualmente después la guerra de la
coca, que acabaría enfrentando a los grandes traficantes de cocaína
con el Estado, al Estado con los pequeños productores de hoja de
coca, y a una comunidad pobre,
forzada a vender lo que le compran, con un imperio opulento y hastiado
que
nunca pagó tan bien los frutos del trabajo honesto y abnegado
de nuestros campesinos. A esas guerras se han sumado recientemente los
conflictos por la biodiversidad, la disputa por territorios que se adivinan
ricos en petróleo, y una reviviscencia de las guerras del oro, porque
al parecer mucho oro queda todavía en lo que fue por siglos la región
más aurífera del continente. Las minas que produjeron el
metal en otro tiempo explotadas con recursos artesanales, de modo que todavía
sus filones pueden ser desentrañados por la gran tecnología
contemporánea.
¿Quiero decir con este largo catalogo que la nuestra ha sido
una historia de guerras? En parte sí, pero también quiero
señalar que en nuestra historia cada guerra parece haber correspondido
a una riqueza particular.
Al oro, a las perlas, a las esmeraldas, al café, al caucho,
a la marihuana, a la coca. Incluso a veces a riquezas fantásticas
como la canela, a riquezas potenciales como el canal interoceánico,
a riquezas infames como la esclavitud ello parece también presagiar
tristemente que toda nueva riqueza o toda riqueza que responda a nuevas
necesidades, podría dar pie entre nosotros a nuevas violencias,
a nuevas guerras. Ello nos hace pensar y temer que la biodiversidad, la
gran riqueza del futuro, y el santuario de los páramos colombianos,
puedan suspender sobre nuestro porvenir la amenaza de las guerras de la
biología, de las guerras del agua, cada vez más escasa en
el planeta.
Algún funcionario internacional afirmó recientemente que
nosotros padecíamos la maldición de la riqueza, es decir,
que nuestro mal no es la precariedad sino la abundancia, que nuestra desdicha
está en ser ricos.
Sin embargo, creo que es necesario mirar el problema más en
detalle, para advertir que ese análisis esconde un error de perspectiva.
No es posible negar que a cada riqueza nuestra ha correspondido una guerra
particular, pero hay que añadir inmediatamente que muchos países
poseen riquezas semejantes, y que no todos presentan una sucesión
de guerras derivadas de esas riquezas. Para empezar, es bueno advertir
que en toda la historia, Estados Unidos, un país rico en oro, en
petróleo, en otros metales y minerales, en fauna y flora, en tierras
agrícolas y en recursos diversos de la tierra y del mar, sólo
ha padecido en su territorio tres grandes guerras: la guerra de exterminio
de la población aborigen, la de Independencia, concluida en 1886,
y la guerra de Secesión, en la segunda mitad del siglo XIX, aunque
también una serie de conflictos importantes.
Entre los cuales podemos enumerar la conquista del Oeste, que culminó
con la fiebre del oro de California a fines del siglo XIX, la guerra de
intolerancia contra los hijos de los esclavos, y la guerra de las mafias
de Chicago y de Nueva York en las primeras décadas del siglo XX.
La mayor parte de las grandes guerras de los Estados Unido se han librado
lejos de su territorio, en aguas de Cuba, dos veces en las trincheras de
Europa, en el Pacífico Sur, en Corea, en Vietnam, en Bagdad y en
Kosovo, y en ellas, por supuesto, no estaban en juego sus riquezas sino
las de los otros.
¿Qué es lo que permite que las riquezas se conviertan
en fuete de guerras para un país? Yo diría que fundamentalmente
la incapacidad de defenderlas o la incapacidad de compartirlas. La incapacidad
de defenderlas hace débiles a los países frente a las rapacidades
colonialistas e imperialistas. La incapacidad de compartirlas los trenza
en crueles y cíclicas guerras civiles. Y esto modifica entonces
el planteamiento: no es que nuestras riquezas tengan que producir fatalmente
guerras, es que esa abundancia de riqueza, unida a una crónica debilidad
del Estado y a las discordias de la sociedad, no le permite a un país
tener la fortaleza para defenderlas ni el acuerdo para compartirlas y aprovecharlas.
Así, de la sospecha de que lo que produce las guerras es la riqueza,
pasamos a sospechar de que lo que produce las guerras es la imposibilidad
de unos acuerdos nacionales duraderos que permitan la convivencia interna
y que permitan la resistencia y la firmeza ante los poderes externos.
Cada vez creo con mayor intensidad que sólo hay dos posibilidades
de resistir a los poderes imperialistas: la fuerza y el carácter.
Hoy la China es el único país con poderío económico,
cohesión política y fuerza militar para confrontar al gran
Estado norteamericano, en el clímax de su poder sobre el mundo.
Erick Hobsbawm, y otros historiadores, han afirmado que nunca un imperio
en la historia tuvo tanto poder y tanta influencia sobre el planeta como
los Estados Unidos. Si hace poco el periódico Le Monde Diplomatique,
último vocero de la altivez europea frente al nuevo orden mundial,
señalaba con consternación que el otrora orgulloso ejército
inglés se convirtió en dócil subalterno de los Estados
Unidos en su campaña contra Irak y contra Kosovo, qué no
podrían decir de la actitud de nuestro país frente al gran
imperio. Evidentemente hoy también se han hecho menos altivos los
franceses, los italianos y los españoles: los aeropuertos de España,
como los del norte de Italia, son incondicionales centros de provisión
de los aviones militares norteamericanos. Hoy el imperio se sirve de casi
todo el planeta para sus fines particulares, pero por supuesto ejerce un
poder más irrestricto donde encuentra menos resistencia. Y es allí
donde entra en juego el segundo elemento que he mencionado: el carácter.
México es un país menos poderosos que los Estados Unidos,
pero siempre ha sabido relacionarse con el imperio desde la perspectiva
de una profunda dignidad. Tal vez porque sus gobernantes no ignoran que,
como decía Alfonso Reyes, México representa el frente de
una raza, o al menos de un ámbito cultural muy distinto del estadounidense
y mucho más definido: el de la América Mestiza. Recientemente
el Presidente Chávez, en Venezuela, ha sabido jugar con inteligencia
en el escenario de la economía mundial y prácticamente ha
duplicado los ingresos de su país por concepto de exportaciones
del petróleo.
Muchos en Colombia sientes recelo ante él y lo tratan como un
dictador golpista, olvidando que fue elegido por una amplia mayoría,
y que han realizado sus reformas políticas de un modo ejemplarmente
pacífico, sobre todo si lo comparamos con el baño de sangre
que padece hoy por hoy nuestro territorio. Pero a pesar de que nuestras
élites lo miren con recelo, pienso yo que sobre todo por ser mulato,
nuestros empresarios no ignoran que en Venezuela se han incrementado de
un modo notable las ventas de productos importados de Colombia, que hoy
Colombia, gobernada por elegantes señores blancos, se está
beneficiando de la bonanza petrolera propiciada por Chávez y está
derivando importantes ingresos de sus vecinos venezolanos y ecuatorianos.
Cuba es un país pobre: no tiene economía, ni tiene poder
militar, tal vez lo único que tiene es un señor furioso gritando
desde una tribuna, pero eso le basta para mantener a raya al mayor imperio
del mundo. Como me decía hace poco un amigo en Bolivia, los Estados
Unidos no muestran mucho respeto por el señor Castro, lo atacan
sin cesar por todos los medios, pero no hay duda de que respetan a Cuba.
En general Cuba es un país al que pocos envidian pero al que
muchos respetan, incluido el gobierno español, incluido el papa,
incluidos muchos empresarios norteamericanos que no ven la hora de que
se acabe el bloqueo para poder invertir sus capitales en un país
que será el mayor destino turístico del futuro próximo
y que está para ellos al alcance de la mano, e incluidos muchos
cubanos que están sosteniendo al país con sus aportes en
dólares desde todo el planeta.
Si nuestros dirigentes tuvieran al menos la fuerza de carácter,
el espíritu nacionalista que tuvo siempre el Partido Revolucionario
Institucional mexicano, otra sería nuestra suerte. Pero desafortunadamente
si algo ha caracterizado a esa dirigencia ha sido un espíritu sumiso
y obsecuente frente a los socios imperiales. Les duele más las criticas
que se hacen a los Estados Unidos que las criticas a su propia torpeza,
y siempre les interesó más quedar bien con las metrópolis
que quedar bien con el país. Su capacidad de regateo a la hora de
firmar los tratados y los convenios internacionales es nula, y siempre
creyeron que esa era la mejor manera de asegurarse el respeto de los norteamericanos.
Pero yo tengo para mí que los imperialistas no son meros filibusteros
que saquean e invaden a cualquier precio, como piensan algunos, sino que
son negociantes inteligentes y astutos que se aprovechan de las debilidades
y las servilidades de los socios, y que en cambio son capaces de respetar
las expresiones de resistencia, de dignidad y de firmeza.
Pero decía que la crónica debilidad del Estado, unida
a la discordia de la sociedad, son los elementos que permiten que las riquezas
del país sean causa a la vez de dependencia y guerras civiles. Es
necesario preguntarse por qué, y de qué manera, nuestra historia
fue produciendo esa debilidad frente a los poderes planetarios. Hace cuatro
siglos nuestra sociedad giraba en torno a la poderosa corona española,
hace dos giraba en torno a la revolución francesa y al mercantilismo
inglés, hace uno giraba como una luna febril en torno a los mandatos
del Vaticano, pronto hará un siglo perdió una parte esencial
de su territorio a manos de su gran socio norteamericano, hace siete décadas
abandonó el sueño inglés de tejer una gran red de
ferrocarriles porque ya se había abierto camino el gran mandato
norteamericano de tender carreteras y de llenarlas de automóviles.
Hace poco más de diez años el querido socio norteamericano
rompió el convenio cafetero sobre el que había girado la
estabilidad de nuestra economía, precipitando la ruina gradual de
los cultivadores de café, y en ese mismo momento firmamos con ese
mismo país una apertura económica calamitosa que nos invadió
de mercancías de todo tipo y arrasó con la agricultura nacional
y con la pequeña industria.
Hoy, en el pleno viento de trompetas de la globalización, cada
país europeo discute su intercambio con los demás renglón
por renglón y tonelaje por tonelaje. España accede a producir
menos aceite de oliva para que Italia pueda producir un poco más,
si a cambio de eso se le permite exportar un poco más de vino de
Rioja o de Ribera del Duero, o algún otro producto. Francia es un
país totalmente inscrito en los lenguajes mediáticos y en
el horizonte cibernético, pero no ha abandonado ni un solo instante
su vocación agrícola, y la tierra que hace miles sembraron
los galos y los romanos sigue produciendo sin cesar sus uvas y sus hortalizas,
sus cereales y sus manzanas. Aquí cada día nos llegan con
una moda nueva que justifique el acabar con una tradición. Y todo
se define de acuerdo con un increíble orden de prioridades dentro
del cual la última preocupación de los economistas es qué
consumen los propios colombianos.
¿De qué manera enlazar esto con la meditación inicial
de que aquí cada riqueza produjo una guerra? Tal vez podamos decir
que nunca la prioridad de los beneficios de esa riqueza fue la gente colombiana.
Se sacó oro porque Europa estaba ávida de ese metal, se buscó
canela porque Europa aromaba su vida con ella, se reventaron los pulmones
de los indios Manaure extrayendo perlas porque esos collares les fascinaban
a las señoritas de Toledo y de Hasburgo, se sembró café
porque esa oscura bebida era el aroma del apres-midí en unos salones
remotos, se crearon los campos de concentración del Putumayo para
extraer la leche de los cauchos porque los automóviles se habían
apoderado del sueño americano, se sembró banano porque mister
N. Lo había encontrado exquisito, se produjo azúcar porque
las guerras de Europa habían devastado los campos de remolacha,
se saturaron de fertilizantes y pesticidas los campos de flores para que
adornaran las salas de los Estados Unidos y los entierros de las princesas
de Europa, se carcomió la selva para cultivar la hoja de coca y
se arrasaron los páramos sembrando amapola porque así lo
exigían los desvelados adictos de Wall Street y los desdichados
heroinómanos de Ámsterdam. Pero en las casas de la gran mayoría
de colombianos no hubo nunca oro, ni perlas, ni se supo nunca cómo
preparar café expresso, ni hubo automóviles, ni se consumieron
esos bananos sin mancha que cargan los mulatos corteros hacía los
barcos presurosos, ni hubo rosas ni nardos ni astromelias salvo algún
velorio, ni se conocía coca ni morfina, como dice la canción,
ni había con qué comprarlas aunque se conocieran.
Es una desdicha ser mentalmente desde siempre un habitante de las periferias
del mundo, pertenecer a países que primero se llamaron así
mismo colonias, después se llamaron países subdesarrollados,
y después se resignaron a formar parte de una entelequia llamada
Tercer Mundo.Porque lo que hace que los países piensen primero en
sí mismo a la hora de producir y a la hora de consumir es que se
permita la ilusión poética de sentirse en el centro del mundo
y en el corazón de la historia; lo que hace que sus gentes sean
la primera prioridad de los gobiernos es que no imperen en ellos castas
privilegiadas y excluyentes que se avergüencen de sus conciudadanos
y utilicen la fuerza para impedirles ser parte de la nación y acceder
a la dignidad; lo que hace que se desarrollen de acuerdo a sus propias
necesidades y a sus propias posibilidades es que no se plieguen de un modo
sumiso o servil a las pautas de desarrollo que les dictan otras sociedades,
y que no sean víctimas de la ideología perversa de la marginalidad
y de la inferioridad; lo que les permite construir grandes civilizaciones
es la capacidad de ser ellos quienes crean pensamiento, quienes establecen
los criterios, quienes hacen la valoración de los avances sociales,
y quienes dignifican y hacen habitable su espacio llenándolo con
los lenguajes estéticos originales de una comunidad, creando desde
ellos la inédita poesía de un mundo.
¿Qué son las guerras actuales de Colombia sino la mezcla
de todas esas carencias? Colombia sigue siendo una sociedad llena de riquezas
pero llena de exclusiones y de privilegios, que posterga siempre a sus
ciudadanos, donde se gobierna siempre en función de unos cuanto
caballeros de industria pero se espera que sólo el pueblo de la
vida por las instituciones, donde falta un orden de prioridades en lo cual
.lo primero sea la educación y la dignificación de la comunidad,
donde falta un esfuerzo de cohesión y de equilibrio social que permita
aprovechar esas riquezas en función de su propia gente, donde se
siente cada vez más dramáticamente la falta de una nueva
dirigencia orgullosa y generosa que sepa inscribir a su país en
el mundo sin servilismo y sin simulación, sin las postergaciones
de la mentalidad colonial, conociendo el país y valorando sus singularidades
y su indudable originalidad.
Aquí siempre se ha gobernado, por acción o por omisión,
contra la gente.
En Colombia en los años cincuenta se arrasó la base democrática
de la producción de café y se permitió que los campesinos
fueran expulsados a las ciudades mientras las zonas cafeteras se llenaban
de latifundios. En Colombia en los años sesenta se intentó
una industrialización pero se prohibió en la práctica
todo reclamo democrático, se hostilizó y se manipuló
la organización de los trabajadores industriales y se persiguió
hasta el exterminio las luchas de los campesinos por la tierra. En Colombia
en los años setenta se ahogaron los reclamos de los estudiantes
por una educación moderna, adecuada a la realidad de su país
y que dialogara orgullosamente con el mundo. Así se postergó
siempre la gran revolución de la educación que permitiera
a las nuevas generaciones formarse una idea más compleja del país
al que pertenecían y ser el nuevo puente con la realidad planetaria.
En Colombia se pasó en los años ochenta de producir café
y petróleo, a producir marihuana y cocaína para esos mercados
lejanos que siempre fueron prioritarios. En Colombia se desdeñó,
por imposición de las metrópolis y por falta de decisión
de la dirigencia, crear un mercado interno y orientar las pautas de la
producción por la satisfacción de esas mayorías. En
Colombia se llegó a creer que era posible importarlo todo sin producir
aquí riqueza alguna, como si uno pudiera adquirir cosas sin entregar
nada a cambio, se creyó que se puede tener un país de comerciantes
sin tener un país de productores, pero eso sólo permitió
que grandes industrias clandestinas y violentas sustituyeran todo el andamiaje
de la economía tradicional. En Colombia vastas regiones no existieron
nunca para el Estado, hasta que no se inventaron sus propias fuerzas paraestatales
y sus propias economías anormales. En Colombia una crisis de dirigencia
y un profundo colapso de convivencia nos son hoy presentados como una inexplicable
interrupción del mal, que sólo puede corregirse mediante
una tardía y ya imposible guerra de exterminio.
Pero lo que más me interesa señalar hoy es que este tipo
de guerras no son nuevas aquí, aunque ciertamente nunca había
alcanzado el grado de complejidad y la magnitud de la presente; que este
tipo de dependencia no es nuevo; que este tipo de presencia de la política
norteamericana entre nosotros no es menos interesado que hace cien años,
cuando otra guerra intestina desbarató el país, debilitó
sus instituciones y abrió las puertas a la pérdida de una
parte del territorio. Que, sin embargo, la única manera eficaz de
luchar contra la dependencia y de protegerse de un posible zarpazo imperialista
consiste en refundar la República y en
>>religitimar y fortalecer a un Estado que en este momento ha colapsado
en todos los órdenes. Y que la única manera de fortalecer
ese Estado nacional es poniendo fin a la guerra mediante una negociación
patriótica en la que todos los bandos pongan la supervivencia y
la transformación de la República por encima de cualquier
otra consideración e interés.
Nuestras guerras son complejas y son antiguas. Hay viajeros como el
filósofo mediático francés Bernard Henry-Levy, que
vienen aquí, visitan el sitio de una masacre, hablan con un guerrillero
y con un paramilitar, y simplifican irresponsablemente este dramático
y complejo conflicto declarando que es una guerra entre un psicópata
y un mafioso, porque esas teorías tienen compradores en alguna parte,
pero sinceramente no nos ayudan en nada a remediar estos viejos males.
Hay profesores de Oxford que vienen a sosegar la conciencia de nuestros
dirigentes diciéndoles que también en Inglaterra hay pobres
y hay terratenientes, como si fuera útil postergar este urgente
proceso de dignificación ciudadana contra largas discriminaciones
en un país que no ha conquistado todavía su autonomía
mental, que no les han impuesto unos mínimos contratos sociales
a sus Guillermo de Orange,, ni ha conquistado el orgullo nacional del que
en cambio vive Inglaterra, ni ha podido modelar para cada hijo de su patria,
a partir de una bárbara cosmogonía, una poética de
la historia como tan admirablemente lo hizo Shakespeare hace cinco siglos.
Aquí hay profesores que vinieron al país en una tregua de
civilidad hace treinta años y han decidido negar esta larga cadena
de guerras no resueltas y de conflictos que comprometen las más
hondas dificultades de convivencia, pensando que nuestros problemas son
los de una democracia europea.
Pero hay algunas cosas nuevas en la guerra actual. Desde la conquista
no se sentía que nuestra historia, es decir, nuestra guerra, estuviera
tan conectada con los grandes asuntos contemporáneos. La conquista
de América fue un gran hecho histórico universal, como lo
fue la época de la independencia, que puso estatuas de Bolívar
en el parque Central de Maniatan, junto al puente Alejandro III de París
y en las plazas de El Cairo. Pero desde entonces nuestra historia estuvo
marcada por un sentimiento de marginalidad y de ausencia . Y como ni siquiera
nos acordábamos de nosotros mismos, no podíamos censurar
el que el mundo no se acordara de nosotros. Todas esas cosas que otros
tomaban de nuestro suelo ni siquiera tenían denominación
de origen, sello de procedencia. Pero Colombia ha vuelto a estar en el
ojo del huracán del mundo contemporáneo.
En más de un sentido hemos dejado de ser periferia, aunque no
sepamos responder con claridad qué tipo de centro somos. El de la
droga es un gran problema mundial y responde a hondas inquietudes de la
civilización, aunque todavía se lo esté tratando como
un trivial asunto de policía. Pero muy pronto se abrirá camino
en el mundo un debate serio sobre el sentido profundo de esta crisis de
la cultura, y nosostros tendremos que ser protagonistas de ese debate.
Otro gran tema de nuestra realidad presente es el tráfico de armas
y el terrorismo. En todo el mundo el terrorismo nace de la falta de diálogos
culturales, de choques entre fanatismos e intolerancias, de las centrífugas
de la exclusión. No menos importante es el tema de la biodiversidad,
de la conservación de los recursos naturales, de un replanteamiento
del sentido de la naturaleza para la especie humana, de las demandas de
agua y de oxígeno que nos plantea el futuro y no ignoramos que también
en ese aspecto tendremos cosas que decir. Hoy el mundo sigue viviendo un
choque entre la sociedad industrial y el universo natural y una de sus
consecuencias es la amenaza de un colapso ecológico.
En el centro de nuestros conflictos está también el tema
del mestizaje, el tema de la valoración de las culturas nativas,
y la vigencia de sus mitologías frente a la defensa de la naturaleza.
Tal vez no hay un solo tema crucial de la sociedad contemporánea
que no tenga vigencia y expresión en Colombia, y podemos añadir
que no los estamos viviendo sólo como temas de reflexión
y de debate sino como urgentes conflictos de nuestra vida práctica,
lo cual nos impone la búsqueda de soluciones y de respuestas: el
tema de la diversidad étnica y geográfica, el tema del desarrollo
desigual del campo y la ciudad, el tema de la urbanización acelerada
con todos los conflictos sociales que genera, el tema de la pérdida
de tradiciones y de su improvisada sustitución por modas, el tema
del debate religioso entre formalidad y ética, el auge tardío
entre nosotros de la reforma protestante, la actitud de los jóvenes
sin horizonte enfrentados a encrucijadas de peligro y de violencia, el
tema de la construcción de estados nacionales en sociedades de gran
diversidad, en estas sociedades postcoloniales, deformadas por la exclusión
y violentadas por la injusticia, el tema del choque entre el individualismo
de la sociedad de consumo y la necesidad de sociedades coherentes, solidarias
y con valores comunitarios: podemos decir que lo que está en juego
en Colombia es ya lo mismo que está en juego en todo el mundo contemporáneo.
Colombia no es simplemente una sociedad en crisis, es un vasto laboratorio
de los conflictos de la época y de sus soluciones. Y todo ello pone
como una prioridad el deber de un país de asumir su modernidad,
de comprender que es ya uno de los nuevos centros de la esfera, porque
ahora el centro está en todas partes, como quería Giordano
Bruno y Pascal. Comprender que sin un cambio radical de actitud, que le
permita a cada ciudadano darse cuenta de cuántas cosas esenciales,
apasionantes y nuevas se están jugando en su tierra, cuántas
respuestas urgentes para el futuro se están formulando en las encrucijadas
del conflicto, no será posible superar una larga historia de discordia
social y de debilidad nacional resuelta siempre en guerras alrededor de
cada mina de oro, de cada árbol de caucho y de cada planta de coca.
Así, el país de las guerras antiguas, de las guerras coloniales,
de las guerras de aldea, de los conflictos tribales y medievales, se ve
de pronto asediado por la más moderna de las guerras, y está
en la obligación de interrogar profundamente la realidad en que
esa guerra está inscrita. Decidir si seguirá subordinando
su destino a la satisfacción de las necesidades, de los deseos y
de los vicios de los habitantes de las viejas metrópolis, decidir
si seguirá sacrificando su orgullo y su respeto por sí mismo
a la interpretación y la valoración que otros hagan de su
destino, decidir si va a sacrificar su naturaleza a unas pautas desarrollo
que ya han mostrado en las regiones del mundo su fracaso, decidir si va
a sumir sus saberes y sus conocimientos con firmeza y son dignidad.
Hasta finales del siglo XV, los habitantes de esta tierra llevaban el
oro en sus cascos de guerra y como un ornamente sagrado sobre sus cuerpos,
y el oro era la condensación mágica de la luz del sol. Mascaban
con cal las hojas de coca que llevaban en poporos, y gozaban de una suerte
de alimento místico lleno de propiedades. Cubrían sus cuerpos
de perlas y así los vió por primera vez Colón con
su catalejo, hombres con sartas de perlas en los cuellos, los brazos y
las piernas, que remaban en largas canoas sobre el mar espumoso. Hacían
pelotas de caucho para jugar a un juego en el que no podían utilizarse
los brazos. Todo lo que amaban y lo que producían era para ellos,
y era para todos ellos. Y se sabían en el centro del mundo, y crearon
un universo de mitos y de símbolos nacido de una relación
profunda con su propia realidad. Yo diría que nuestros antepasados
eran universales y que nosotros somos aldeanos, mejor aún, que nuestros
antepasados eran aldeanos que asumían una responsabilidad universal
y que nosotros somos universales pero ni siquiera asumimos la responsabilidad
de la aldea. Los aztecas demolían sus templos sí advertían
que no se ajustaban a las pautas astronómicas correctas. Estaban
en el universo y nosotros escasamente estamos en el barrio. Los bárbaros
de la conquista y los civilizadores de la independencia recorrían
a caballo todo el continente; hoy no podemos ir de una ciudad a otra, estamos
más encerrados que nunca y sólo se van los que no pueden
regresar. Nuestro mundo parece más amplio, pero no somos capaces
de entender nuestros vecinos. Tal vez las guerras también se deban
a eso, y en la transformación de nuestro destino no toda dependa
de las negociaciones políticas y de las constituciones, tal vez
llegue a tener algún peso la mirada que arrojamos sobre nosotros
mismos, el pequeño pero hondamente significativo giro de dejar de
sentirnos en la periferia y en un tiempo rezagado, de empezar a sentirnos
en el misterioso y apasionante centro del mundo, en el urgente y decisivo
corazón de la historia. |
Yerbamate
Homenaje
las madres y postales
para su dia. Cientos
de diarios y revistas del mundo. Horoscopo.
La guerra o la fiesta - Eduardo Galeano
• El año pasado murió el hombre más viejo de Inglaterra.
La vida de Bertie Felstead había atravesado tres siglos: nació
en el siglo xix, vivió en el xx, murió en el xxi.
Él era el único sobreviviente de un célebre partido
de fútbol, que se jugó en la Navidad de 1915. Jugaron ese
partido los soldados británicos y los soldados alemanes. Una pelota
apareció, venida no se sabe de dónde, y se echó a
rodar, no se sabe cómo, entre las trincheras. Entonces el campo
de batalla se convirtió en campo de juego, los enemigos arrojaron
al aire sus armas y saltaron a disputar la pelota, todos contra todos y
todos con todos.
Mucho no duró la magia. A los gritos, los oficiales recordaron
a los soldados que estaban allí para matar y morir. Pasada la tregua
futbolera, volvió la carnicería. Pero la pelota había
abierto un fugaz espacio de encuentro entre esos hombres obligados
a odiarse.
• El barón Pierre de Coubertin, fundador de las olimpíadas
modernas, había advertido: "El deporte puede ser usado para la paz
o para la guerra".
Al servicio de la guerra mundial que estaban incubando, Hitler y Mussolini
manipularon el fútbol. En los estadios, los jugadores de Alemania
y de Italia saludaban con la palma de la mano extendida a lo alto. "Vencer
o morir", mandaba
Mussolini, y por las dudas la escuadra italiana no tuvo más
remedio que ganar las copas del mundo en 1934 y en 1938.
"Ganar un partido internacional es más importante, para la gente,
que capturar una ciudad", decía Goebbels, pero la selección
alemana, que lucía la cruz esvástica al pecho, no tuvo suerte.
La guerra de conquista vino poco después; y el delirio de la
pureza racial implicó también la purificación
del fútbol: trescientos jugadores judíos fueron borrados
del mapa. Muchos de ellos murieron en los campos alemanes de concentración.
Años después, en América Latina, las dictaduras
militares también usaron el fútbol, al servicio de la guerra
contra sus propios países y sus peligrosos pueblos. En el Mundial
del 70 la dictadura brasileña hizo suya la victoria de la selección
de Pelé: "Ya nadie para a este país", proclamaba la publicidad
oficial. En el Mundial del 78, en un estadio que quedaba a pocos pasos
del Auschwitz argentino, la dictadura argentina celebró "su" triunfo,
del brazo del infaltable Henry Kissinger, mientras sus aviones arrojaban
a los prisioneros vivos al fondo de la mar. Y en el 80 la dictadura uruguaya
se apoderó de la victoria local en el llamado Mundialito, un torneo
entre campeones mundiales, aunque fue entonces cuando la multitud se atrevió
a gritar, por primera vez, después de siete años de silencio
obligatorio. Rugieron las tribunas: "Se va a acabar, se va a acabar, la
dictadura militar...".
• Hay partidos que terminan en batallas campales, hay fanáticos
que encuentran en el fútbol un buen pretexto para el ejercicio del
crimen y en las gradas desahogan los rencores acumulados desde la infancia
o desde la última semana. Como suele
ocurrir, es la Civilización la que da los peores ejemplos
de barbarie. Entre los casos de más triste memoria se podría
citar, por ejemplo, la matanza de 39 hinchas italianos del club Juventus
a manos de los hooligans ingleses del Liverpool, hace poco menos de veinte
años.
Pero, ¿eso da para decir que el fútbol incuba huevos
de serpiente? En 1969 se llamó "Guerra del fútbol" a la matanza
entre hondureños y salvadoreños, porque la primera chispa
de ese incendio se había encendido en los estadios. Pero la guerra
venía, en realidad, de mucho antes. Y su nombre mentiroso
logró ocultar una historia larga: la guerra fue la trágica
desembocadura de más de un siglo de rencores entre dos pueblos vecinos,
entrenados para odiarse mutuamente, pobres
contra pobres, por sucesivas dictaduras militares fabricadas en la
Escuela de las Américas.
El espejo no tiene la culpa de la cara, ni el termómetro tiene
la culpa de la fiebre. Casi nunca proviene del fútbol, aunque casi
siempre lo parece, la violencia que a veces hace eclosión en los
campos de juego. Es revelador lo que está ocurriendo en
Argentina. La locura de las "barras bravas" no tiene nada de
nuevo; pero se han multiplicado los líos, los balazos y los garrotazos,
desde que se desencadenó esta última crisis que ha precipitado
al país a una caída en picada y ha dejado a los
argentinos pataleando en el aire.
• Los estadios de fútbol son los únicos escenarios donde
se abrazan los etíopes y los eritreos. Durante los torneos interafricanos,
los jugadores de esas selecciones consiguen olvidar por un rato la larga
guerra que periódicamente rebrota
entre sus países.
Y después del genocidio que ensangrentó a Rwanda, el
fútbol es el único instrumento de conciliación que
no ha fracasado.
Los hutus y los tutsis se mezclan en las hinchadas de los clubes y
juegan juntos en los diversos equipos y en la selección nacional.
El fútbol abre un espacio para la resurrección del respeto
mutuo que reinaba entre ellos, antes de que los poderes
coloniales, el alemán primero y el belga después, los
dividieran para reinar.
• En Medellín, una de las ciudades más violentas del
mundo, nació y se desarrolló el proyecto "Fútbol por
la paz", que durante algún tiempo funcionó con milagroso
éxito. Mientras duró demostró que no era imposible
cambiar balazos por pelotazos.
El fútbol resultó ser el único lenguaje alternativo
para las bandas armadas de los diversos barrios, acostumbradas a dialogar
a tiros. Jugando al fútbol, los enemigos empezaron a conocerse entre
sí, al principio de muy mala manera y en cada partido un poquito
mejor. Y los muchachos empezaron a aprender que la guerra no es el único
modo de vida posible.
• Antes de cada partido, en cada copa del mundo, los jugadores escuchan
y tararean sus himnos patrios. Por regla general, salvo algunas excepciones,
los himnos los invitan a matar y a morir. Esos cánticos marciales
profieren terribles amenazas, convocan a la guerra, insultan a los extranjeros
y exhortan a hacerlos picadillo o con gloria sucumbir en heroicos baños
de sangre.
Ya vamos para el campeonato mundial número 17. A lo largo de
los mundiales se ha visto que no faltan los jugadores dispuestos a actuar
como obedientes soldados, siempre dispuestos a castigar con feroces patadas
a los enemigos de la patria,
y sobre todo a los que cometen la imperdonable ofensa de jugar
lindamente. Pero, la verdad sea dicha, la gran mayoría de los jugadores
no ha hecho caso a las órdenes que sus himnos imparten, ni a los
delirios épicos de ciertos periodistas que
compiten con los himnos, ni a las instrucciones carniceras de
algunos dirigentes y directores técnicos, ni a los clamores guerreros
de unos cuantos energúmenos en las gradas.
Ojalá los jugadores, o al menos la mayoría de los jugadores,
se sigan haciendo los sordos en el Mundial que viene. Y que no se confundan
a la hora de elegir entre la guerra o la fiesta.
Plegaria
En ningún otro lugar del mundo la Semana Santa se llama
Semana de Turismo. Aquí, la fe religiosa no se da mucho. Pero hay
una religión que no tiene ateos. Y de rodillas rezaremos.
Bien sabemos que nuestra celeste legión no justifica el fervor
místico. No están todos los que son, ni son todos los que
están; y algunos de los que están no sólo no son,
sino que ni siquiera parecen. Pero elevaremos nuestra oración en
espera del
milagro.
Por asistir a la misa, nos despertaremos antes que el sol. Y en la
fría oscuridad rogaremos a nuestros dioses de pantalón corto
que no multipliquen la oscuridad y el frío. Que no paguen el sacrificio
de sus devotos con mediocridad y aburrimiento. Que pongan imaginación,
que pongan ganas. Que sus pases no lleguen siempre a los pies del rival.
Que no confundan la garra charrúa con las patadas picapiedras. Que
sean buenos jugadores de fútbol y no malos actores de teatro. Que
no hagan
papelones.
Y que nos den alegría.
| Colombes 1924 - Nace la viveza criolla
Por este motivo es válido y refleja claramente aquel momento,
la situación vivida días antes del debut, en una practica
en Colombes, cuando los uruguayos advirtieron que en las tribunas estaban
los yugoslavos, rivales del partido eliminatorio que Uruguay debía
disputar por los Juegos Olímpicos y algún periodista observando
los movimientos. Alertados de ellos los jugadores celestes comenzaron a
mostrarse descoordinados, toscos y rudos. Tiraban bombazos para cualquier
lado, erraban los puntapiés, cabeceaban al revés cayendo
de traste al suelo. Parecían unos tales pataduras. Al terminar el
"trabajo" un jugador yugoslavo se acerco y les dijo: -"¡Que pena
que nos toque jugar con ustedes! ¡Vinieron de tan lejos!" En
el diario francés "Le Temps"; el escriba que había presenciado
aquella muestra grotesca, dejo estampado la siguiente: -"Nos apena que
sean tan torpes estos jóvenes sudamericanos. Han venido desde tan
lejos y tendrán que volverse después del primer partido".
Había nacido la viveza criolla...
La celeste asombra en el debut
La "ráfaga olímpica" se transformo en huracán
y Uruguay, el 26 de mayo de 1924, ante apenas 2.000 personas, apabullo
a Yugoslavia (7:0). Los orientales salieron al campo con una enorme bandera
de Francia para congraciarse con el público local, por idea del
capitán Nasazzi. La serie continuó con victorias que el tiempo
no sólo agiganta sino que ubica en la colosal dimensión de
su significado. El 29 de mayo, cae Estados Unidos (3:0), no en Colombes,
sino en el estadio de Bergeyre, ahora si ante una enorme concurrencia curiosa
de ver a esos "fenómenos" que, gozando de día libre después
de la goleada ante los yugos, se divirtieron en Montmartre donde triunfaba
le tangó con el inolvidable Eduardo Arolas, Julio De Caro y el tano
Genaro. Contó Pedro Cea que allí se encontraron con los españoles,
con Zamora a la cabeza, quienes habían sido eliminados por los italianos
y a los que conocían por haberlos enfrentado en los partidos
de la gira. Indignados, los jugadores de España les dijeron... -
"Irresponsables, vayan a cuidarse. Ustedes son los futuros Campeones..."
Al día siguiente la prensa francesa refería maravillas
sobre el juego de los uruguayos, elogios que fueron aumentando después
del espectacular triunfo de Uruguay ante Francia (5:1), el equipo dueño
de casa, el gran favorito, el 1ero de junio. Todo ese fervor de la multitud
de aficionados galos que completó la capacidad de Colombes y que
premió con aplausos a los orientales, sumada a la advertencia de
los españoles, originó que "durante los últimos
ocho días nadie salió de día ni de noche, y sin embargo
todos soportaron con placer aquel severo enclaustramiento, resueltos a
no omitir ninguno de los sacrificios ni de las dedicaciones que reclamaba
el legitimo anhelo de ganar para el football uruguayo y para el propio
país, la gloria de un triunfo que seria de resonancia mundial",
según se expresa en el informe oficial. El "Vasco" Cea fue más
gráfico:
-"Comprendimos y nos encerramos. Venían las muchachas hasta
la entrada del castillo, para ver a las fieras y nosotros ni bolilla. Era
un compromiso moral entre todos".
Francia, Holanda y el preambulo de la final
Previo al partido ante Francia se realizó un sorteo para determinar
quien cambiaba de camiseta debido a la similitud de colores. Martínez
Laguarda cuenta que "la suerte nos fue favorable, pero creemos oportuno
hacer constar que para el caso contrario la Delegación había
dispuesto que nuestro equipo vistiera los colores argentinos. Hubiera sido
esta la mejor expresión de nuestro sentimiento sinceramente solidario
con los sportmen de la república hermana". En las tribunas no faltó
el brasileño Santos Dumont, precursor de la aviación,
quien llegaba a "las casillas" (vestuarios), para saludar a los uruguayos
antes del partido. El 6 de junio, en la semifinal, Holanda abrió
la cuenta, empató Pedro Cea inaugurando una costumbre que repetirá
como una constante en esta gloriosa etapa celeste y, de penal, Héctor
Scarone señalo el definitivo 2:1. Terminado el partido la delegación
holandesa presentó una reclamación formal argumentando que
el penal no tuvo razón de ser, pero el Tribunal, reunido inmediatamente,
por unanimidad, confirmó la decisión del árbitro.
Aquella delegación de Uruguay previó todo. Así, días
antes de la final, tras visitar la Legación de Uruguay en el centro
de París, donde aun hoy sigue funcionando la Embajada de nuestro
país en Francia, a muy poca distancia del Arco de Triunfo, la delegación
integra se trasladó a depositar en la tumba del Soldado Desconocido
la corona "que con perfumadas rosas de Francia habían tejido las
blancas manos de Mme. Pain y arrojar sobre la fría losa y junto
al sagrado juego perennemente encendido los puñados de flores cogidos
en el parque del delicioso retiro de Argenteuil. Acaso aquel que dormía
allí era un atleta caído gallardamente como en los campos
de juego, de cara al sol y jadeante el corazón, estremecido de coraje",
se expresa en el informe oficial de la Asociación. La gran tarde
había llegado. Un sol de primavera alumbraba el estadio de Colombes
el lunes 9 de junio de 1924 donde una multitud enloquecida pugnaba por
conseguir una entrada para la final entre Uruguay y Suiza. Antes de dejar
el "chateau"; como todos los días de partido, un beso de cada jugador
a Madame Pain que simbolizaba el recuerdo del amor de todas las madres
y todas las novias y todas las esposas y todos cuantos sonaban y rezaban
para que la hazaña se cumpliera. Los muchachos, con su marcada y
tradicional inclinación a la murga, salvaban a pie el kilometro
que separaba a Argenteuil de Colombes. Iban organizados en "cumparsita"
con Romano llevando la bandera francesa y Cea la uruguaya, todos cantando
las canciones de guerra de las murgas carnavaleras. Así inundaron
la "casilla" con esos cantos que cumplían la función de una
medicina espiritual. Era una manera de darse coraje, de inspirarse mutua
confianza, de aventar preocupaciones y quebrar la tensión. Los vestuarios
estaban debajo de la tribuna, también de madera, y el recinto que
ocupaban los uruguayos apenas estaba separado del que habitaban los suizos,
por un delgado tabique. En eso estaban cuando llego el Dr. Enrique Buero
portando un pedido del presidente de la delegación de Suiza: -"El
canto de ustedes, esta martirizando a los jugadores suizos..."
No se explicaban los europeos, cómo los uruguayos estuvieran
tan indiferentes al acontecimiento que se preparaba y del que toda Europa
estaba pendiente. Se hizo un gran silencio aceptando el pedido. Fue entonces
que se escuchó una famosa salida del "Vasco" Cea diciendo: "¡Quien
supiera hablar francés...!" Ocurrió que Cea estaba mirando
una revista francesa picaresca, "'La Rire" mientras se las colocaba, como
era su costumbre, entre la media y las canilleras. En Montevideo usaba
"Caras y Caretas"; en París recurría a publicaciones francesas.
Al ojearla vio aquellos dibujos obscenos que le provocaron la frase que
se hizo famosa y que hizo estallar en carcajadas a todos sus compañeros.
Banderitas Uruguayas en las tribunas
Un gran sector de la multitud que colmaba las tribunas agitaba millares
de banderitas uruguayas que habían sido distribuidas por la Casa
Exprinter, cuya filial montevideana estaba instalada en el antiguo Banco
Supervielle, en la calle 25 de Mayo, antes de llegar a Zabala, frente a
la señorial casa de los Roosen hoy, por fortuna, convertida en el
Museo Romántico. Allí estaban, presenciando el partido, compatriotas
pertenecientes a la alta sociedad uruguaya quienes, de acuerdo a la tradición
de la época, al llegar la primavera y el verano europeo, embarcaban
hacia el Viejo Mundo para disfrutar de sus balnearios. Esos orientales,
entusiasmados por los triunfos del equipo, estuvieron junto a la delegación
y en la nómina que incluye el informe oficial aparecen, entre otros,
muchos de los apellidos más ilustres de entonces: Heber Jackson,
Supervielle, Ortiz de Taranco,
Urtubey, Shaw, Braga, Urioste, Carlos Reyles, Seré, Costa, Soler
Díaz, Caubarrere, Arocena, Oteguy, Pietracaprina, Inciarte, de Arteaga,
Gómez Folle, Casabó, Gomensoro, Lussich, Arrosa, Forteza,
Vaeza, Brocqua, Montero Bustamante, Larghero, Castro, Castellanos.
La vuelta olimpica caminando
Uruguay ganó 3:0 al cabo de una demostración estupenda.
Ninguno de los 60.000 aficionados presentes se movía de su sitio
"tras la formidable y prolongada ovación que siguió a la
pitada final (...) la Delegación en masa fue a colocarse frente
al mástil.
Sonaron las notas del Himno Nacional y lentamente fue ascendiendo hasta
lo lto en la plena solemnidad, en su momento único, que hasta temblar
nuestros corazones y humedecerse nuestras pupilas de una alegría
que jamás habíamos conocido igual, la bendita enseña
de la patria, más brillante que nunca su sol
de oro, cual si irradiara bendiciones sobre las frentes gallardamente
erguidas de los jóvenes atletas. Luego, cuando todo el paño
de la inmensa bandera flotó en los aires y callaron las notas de
nuestro himno, la Delegación uruguaya, seguida de la Suiza, desfiló
alrededor de la pista y frente a las tribunas", refiere el informe
oficial. No había alambrado. Apenas una baja verja separaba
las gradas de la pista de atletismo por la que desfilaban, caminando, llorando
y saludando, los campeones. Los aficionados, al paso de los jugadores uruguayos,
lanzaban flores y sombreros que nuestros muchachos recogían. Había
nacido la vuelta olímpica que, luego, se desfiguró tantas
veces por que siempre se cumplió a la carrera. Los festejos uruguayos
se desarrollaron en Argenteuil donde siguió residiendo la Delegación
que era visitada por periodistas de todo el mundo. El informe oficial da
cuenta que entre los asistentes "figuró una delegación de
periodistas
japoneses, quienes solicitaron los más minuciosos y variados informes
sobre el país".
del Libro "100 años de gloria" |
Israel al limite
Por Paul Johnson* ,The National Review
En el conflicto árabe-israelí no hay simetría alguna.
Si los israelíes salen victoriosos de una confrontación,
sea esta bélica o diplomática, los árabes esperan
hasta la próxima batalla. Israel, en cambio, no puede darse el lujo
de cometer un solo error. Si Israel perdiera el control de su espacio áereo,
y su ejército se viera desbordado, no queda absolutamente ninguna
duda de que la nación judía-israelí sería exterminada
por completo. En otras palabras, se repetiría el Holocausto de Hitler,
no en secreto y con vergüenza sino esta vez de forma abierta y descarada,
vivido por los árabes con un espíritu de exaltación
triunfalista, el climax de su jihad.
Esta es la pesadilla - no distante y figurada sino inmediata y próxima
- que debe enfrentar cada primer ministro israelí, y por la que
sabe que será considerado responsable incluso de forma póstuma
si llegara a equivocarse o vacilar en recurrir al uso de la fuerza. Una
sola decisión equivocada, y lo que perderá cualquier primer
ministro israelí no será solamente una batalla - sino también
a la mitad completa de todo el pueblo judío. Esto ayuda a entender
por qué la dirigencia israelí parece a veces obstinada y
cerrada a toda discusión.
Esta falta de simetría entre los riesgos que corren árabes
e israelíes es uno de los resultados de una visión completamente
diferente acerca del carácter sagrado de la vida humana. El credo
judío fue el primero en proclamar lo sagrado de la vida y de subrayar
el valor de cada ser humano ante los ojos de su Creador - y por ende, ante
los ojos de todos los demás seres humanos. Esta es la característica
principal que distingue a la religión judía de todos los
otros credos del antiguo medio oriente, de carácter con frecuencia
vengativo.
El valor que los judíos dan a la vida humana no ha hecho más
que aumentar con los siglos, incluso como respuesta a la persecución
y también, sobre todo, al intento de los nazis de exterminar por
completo al pueblo judío. Israel, el país, fue pensado como
un refugio y fortaleza en los que la vida judía puede continuar
sin riesgo de ser aniquilada. Es por ende la expresión física
del principio judío de que cada vida es sagrada.
Por el contrario, el concepto árabe-islámico de la "guerra
de los mártires" quita todo valor a la vida humana, utilizándola
como un mero instrumento de sacrificio de una guerra santa. En este contexto,
un combatiente gana mucho más al perder su vida que preservándola,
ya que accede así a la vida eterna, y su status de mártir
aumenta con el número de israelíes muertos - "hijos e hijas
de Satán" - que logra llevarse consigo.
Resulta muy difícil para los israelíes abarcar esta total
asimetría en la guerra y enfrentar por lo tanto a un enemigo que
no tiene ninguna inhibición para matar, ya sea a sus oponentes o
a su propia gente. Hay, de hecho, algo de Hitleriano en el odio implacable
que Israel debe enfrentar desde sus bordes. Nadie debería sorprenderse
ante el hecho de que las traducciones al árabe de "Mein Kampf" y
de los "Protocolos de los Sabios del Sión", esa falsificación
diabólica, se hayan convertido en best-sellers del mundo árabe.
Los occidentales haríamos bien en tomar nota de la fuerza del
odio que los israelíes enfrentan hoy en día, ya que éste
se volverá también, en cualquier momento, en contra de todos
nosotros (hemos recibido ya una muestra el 11 de Septiembre)
El mundo, sin embargo, observa al conflicto árabe israelí
sin percibir a estas profundas fuerzas subyacentes, y tiende, en su ignorancia,
a pensar que se trata de una guerra como cualquier otra, en la que las
culpas se reparten 50-50. Desde esta perspectiva, los israelíes
parecen estar haciendo un uso desproporcionado de la fuerza, una impresión
que las imágenes de TV parecen confirmar cada noche.
El resultado es que los judíos terminan, absurdamente, siendo
culpados por la persecución que en realidad deben padecer y enfrentar.
Esta dista de ser, lamentablemente, la primera vez que esto sucede en su
larga y trágica historia del pueblo judío.
El mundo está tan harto del antagonismo sin fin de los árabes
como lo están los mismo israelíes. El mundo desearía
sin embargo que, de una u otra manera, los judíos y su estado desaparecieran
de una vez por todas y dejaran al mundo en paz. De la misma manera en que,
durante la 2da Guerra Mundial, los ciudadanos comunes de Alemania -vagamente
conscientes de que miles de judíos estaban siendo "enviados hacia
el este" (el eufemismo utilizado para denominar a Auschwitz) se quejaban
furiosos por el traqueteo constante de los trenes nocturnos.
Llenos de judíos destinados a morir, los trenes que iban hacia
el este hacían ruido al circular por las vías, perturbando
el sueño de los alemanes, que maldecían a "esos malditos
judíos, que nunca nos dejan dormir tranquilos".
*Paul Johnson es un conocido historiador cristiano.
Ha escrito numerosos libros sobre distintas regiones y épocas,
y sus últimas publicaciones tratan acerca de la vida de Napoleón
y la época del renacimiento.
| La guerra titánica de Bush se hundirá - PorRobert
Fisk
Primero era una cruzada. Después se convirtió en una "guerra
por la civilización". Luego fue la "guerra sin fin". Después
se habló de la "guerra contra el terror". Ahora, créanlo
o no, el presidente Bush nos está prometiendo una "guerra titánica
contra el terror". Esto se pone cada día más extraño.
¿Qué puede venir después? Después de las más
recientes proyecciones de Bush, dadas a conocer la semana pasada ("sabemos
que miles de asesinos entrenados planean atacarnos")
es de esperar que el presidente traiga guardado en la manga un cliché
aún más gigantesco.
Bueno, Bush tiene que haber sabido lo del aspirante a bombardero "sucio"
de Chicago, otro secretito que se guardó durante un mes hasta que
decidió que le servía de algo compartirlo con el pueblo estadunidense.
Debemos saber más de este extraño episodio, y me atrevo a
adivinar que los hechos se irán modificando en los próximos
días o semanas.
Pero, ¿qué puede ser más titánico que el
nuevo y ominosamente llamado "Departamento de Seguridad Interna", con sus
futuros 170 mil empleados y su presupuesto de más de 37 mil millones
de dólares? Este organismo, nótese, no incorporará
a las rivales dependencias de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
ni a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), las que se están
lanzando a sus mutuas yugulares ante el fracaso en prevenir los crímenes
contra la
humanidad del pasado 11 de septiembre. El nuevo departamento garantizará
que la batalla de inteligencia será triangular entre la CIA, la
FBI y los muchachos de "Seguridad Doméstica".
Esta será, sospecho, la verdadera "guerra titánica".
Y como los agentes de inteligencia estadunidense no van a vencer así
a sus verdaderos enemigos, la suya es una misión imposible pues
no se les permitirá hacer lo que cualquier organización de
combate al crimen haría para garantizar su éxito: buscar
el móvil del crimen. No se les permitirá preguntar "por qué";
sólo "quién" y "cómo".
Y debido a que se trata de una guerra contra el mal, contra "gente
que detesta la democracia", entonces todo intento por descubrir las razones
reales de este odio hacia Estados Unidos -las muertes de decenas de miles
de niños en Irak, tal vez, o el baño de sangre israelí-palestino,
o la presencia de tropas estadunidenses en Arabia Saudita- heriría
demasiado susceptibilidades en la política exterior estadunidense,
en las relaciones que unen a Estados Unidos con el primer
ministro israelí, Ariel Sharon, y ofendería también
a un montón de dictadores árabes.
He aquí sólo un ejemplo de lo que quiero decir. Las nuevas
reglas estadunidenses de "seguridad" obligarán a cientos de miles
de árabes y musulmanes de ciertos países a someterse a la
toma de sus huellas digitales, a que se les fotografíe e interrogue
en el momento de ingresar a Estados Unidos. Estas normas se aplicarán,
según el procurador general John Ashcroft, a prácticamente
todos los visitantes de Irán, Irak, Siria y Sudán, países
cuyos habitantes, en su mayoría, ya
no podrán obtener visas estadunidenses.
La lista de naciones no sorprende. Irán e Irak son parte del
infantil "eje del mal" de Bush.
Siria está en la lista presumiblemente porque apoya la guerra
del movimiento integrista Hamas contra Israel.
Se trata de una lista construida en torno a la política de Bush
del bien contra el mal. Pero ni un sólo ciudadano de Irán,
Irak, Siria o Sudán ha sido acusado de planear las atrocidades del
11 de septiembre. Los aeropiratas suicidas provenían en su mayoría
de Arabia Saudita; otro de ellos venía de Egipto y un tercero de
Líbano. Todos los hombres que han sido arrestados en Marruecos -todos
ellos ligados a la red Al Qaeda- son saudiárabes.
Pese a esto los saudiárabes, que formaban la amplia mayoría
de los asesinos de septiembre no tendrán problema alguno para ingresar
a Estados Unidos bajo las nuevas normas de seguridad. En otras palabras,
hombres y mujeres del único país de cuyos ciudadanos Estados
Unidos tiene motivos de temer, estarán exentos de las huellas digitales,
la fotografía y el interrogatorio cuando lleguen al aeropuerto John
F. Kennedy de Nueva York.
Esto se debe, desde luego, a que Arabia Saudita es de los buenos, un
"amigo de Estados Unidos", la tierra con las más grandes reservas
de petróleo del mundo. Egipto también quedará exento
de las medidas de seguridad debido a que su presidente, Hosni Mubarak,
apoya el "proceso de paz".
Así, las nuevas normas de seguridad estadunidenses se están
cimentando más en torno a las fantasías políticas
de Bush que en la realidad del crimen internacional. Si ésta es
una guerra entre "los inocentes y los culpables" -según otra agudeza
más de Bush de la semana pasada-, entonces la tierra de la que provienen
los culpables no tendrá problema alguno con los muchachos del Departamento
de Seguridad Interna o el Departamento de Inmigración.
Pero en todo caso ¿por qué habrían los árabes
de tomar en serio a Bush en estos momentos? El hombre que juró pelear
una "guerra sin fin" contra el "terror" le pidió a Israel, en abril
pasado, detener sus operaciones en Cisjordania, y después se sentó
a esperar mientras Sharon proseguía esas operaciones durante un
mes más. El 4 de abril Bush exigió a Sharon tomar "acción
inmediata" para flexibilizar el sitio israelí sobre las ciudades
palestinas, pero dos meses después, el Sr. Sharon -un "hombre de
paz, según Bush- seguía reforzando dichos cercos.
Si el señor Sharon no teme al señor Bush, ¿porqué
debía Osama Bin Laden estar preocupado? La respuesta al llamado
hecho la semana pasada por el presidente Mubarak para que se proponga una
agenda para la creación del Estado palestino es de una ilógica
extraordinaria, aun dentro de los absurdos estándares de Bush. Teniendo
en cuenta, sin duda, que dos días después se reuniría
con el señor Sharon, Bush respondió: "No estamos listos para
presentar un calendario
específico, salvo por el hecho de que debemos comenzar pronto,
con celeridad, para aprovechar el momento".
Las palabras de Bush se pueden interpretar de la siguiente forma: este
asunto es tan importante que debemos actuar de manera urgente y a toda
prisa, pero tampoco es tan importante como para molestarnos en decir cuándo
tenemos que actuar. El señor Sharon, desde luego, no quiere que
se haga tal "calendario". El señor Sharon no quiere un Estado palestino.
En un momento en que el señor Bush debió mostrar decisión
tanto a sus amigos como a sus enemigos, volvió a reprobar el examen.
Después de que Sharon apareció en la Casa Blanca, Bush
ridiculizó al presidente palestino, Yasser Arafat, y siguió
la corriente a la negativa de Sharon de hablar con él, con lo que
además, virtualmente, desestimó la cumbre para Medio Oriente
que los palestinos y el mundo quieren celebrar este verano y con la que
el señor Sharon, por supuesto, no está de acuerdo.
Mientras tanto, al igual que el señor Sharon, todos los hombres
que proclaman estar combatiendo el terror están usando esta lunática
"guerra" para sus propios intereses Los egipcios, quienes supuestamente
advirtieron a la CIA sobre un ataque antiestadunidense antes del 11 de
septiembre, han estado muy ocupados aprobando una nueva ley que restringirá
el trabajo de organizaciones no gubernamentales, lo que volverá
casi imposible que grupos en favor de los
derechos humanos funcionen en Egipto. No habrá en este país,
por lo tanto, más denuncias sobre la práctica de la tortura
por parte de la policía.
A su vez, el ejército de Argelia, que se cree jugó un
papel fundamental en los asesinatos masivos que forman parte de una guerra
sucia que se ha perpetrado en los últimos 10 años, ha estado
llevado a cabo ejercicios con barcos de la OTAN estacionados en el Mediterráneo.
Veremos más de esto en el futuro.
Era casi inevitable, por supuesto, que un día encontráramos
en Estados Unidos a alguien que pudiera explicar la diferencia entre los
"buenos terroristas" -aquellos que no debemos bombardear, como son el ERI,
ETA y el viejo Congreso Nacional Africano- y los que debemos bombardear.
Así fue como Michael Elliott apareció en la revista Time
de la semana pasada para decirnos que "no todos los terroristas son iguales".
Existen, según él, "terroristas políticos" que tienen
un "objetivo identificable", y los "terroristas milenarios", quienes carecen
de todo
objetivo político y "deben su lealtad a una autoridad superior
en el paraíso".
Así que ahí lo tenemos. Si los terroristas hablan con
los estadunidenses, entonces no hay problema con ellos. Pero si no lo hacen,
entonces lo que sigue es la guerra eterna. En vista de esta retorcida moralidad,
¿quién puede creer realmente que "Seguridad Interna" va a
atrapar a los villanos antes de que ataquen nuevamente?. Mi pronóstico
es que esta "guerra titánica contra el terror" tendrá el
mismo destino que aquél barco del mismo nombre que decían
que era imposible hundir. Y ya todos sabemos lo que pasó con él.
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca |
MARCHAS Y ACTOS EN TODO CUBA
Millones de cubanos ratificaron respaldo a sistema socialista por Alejandro
Gomez
La Habana, 12 jun (PL) Más de siete millones de cubanos marcharon
o se concentraron hoy en disímiles lugares de la Isla para ratificar
su respaldo al sistema socialista vigente en el país desde 1961
y rechazar la política de Estados Unidos contra Cuba.
Los manifestantes fueron convocados el pasado lunes por el presidente
cubano, Fidel Castro, para apoyar una propuesta de modificación
a la Constitución que hará intocable e inamovible el carácter
socialista del sistema cubano y reafirmará la decisión del
pueblo de defender el orden político, social y económico
vigentes.
La propuesta, acordada por las organizaciones de masas de la Isla,
advierte además que las relaciones económicas, diplomáticas
y políticas con cualquier otro Estado jamás serán
negociadas bajo agresión, amenaza o presión de una potencia
extranjera.
Desde la madrugada, esos millones de cubanos dasafiaron incluso la
lluvia y se trasladaron de sus hogares a los sitios de la manifestación
o concentración, la principal de ellas en el capitalino Malecón,
donde una gigantesca columna de más de un millón de personas,
encabezada por Fidel Castro, desfiló frente a la Oficina de Interes
de Estados Unidos.
Ese lugar ha sido en los últimos años escenario de las
mayores protestas de los cubanos por las políticas y medidas de
Washington contra Cuba, incluido el bloqueo económico, financiero
y comercial que mantiene el gobierno norteamericano contra la Isla desde
hace más de cuatro décadas.
Pero en este caso, ademas de ratificar el respaldo a la propuesta de
modificación a la Carta Magna, la marcha sirvió de respuesta-rechazo
al discurso pronunciado por el presidente de Estados Unidos, George W.
Bush, el 20 de mayo pasado en Miami, ante representantes de grupos anticubanos
y ultraderechistas radicados allí.
En esa intervención, Bush llamó al gobierno cubano a
efectuar cambios políticos como condición indispensable para
levantar el bloqueo a Cuba.
Durante las marchas, los manifestantes portaban carteles y coreaban
consignas revolucionarias, entre las que destacaron "Viva el Socialismo",
"Abajo la mentira" y "Libertad para los héroes".
El primero de esos lemas referido a la decisión de los cubanos
de mantener intocable el carácter socialista de la Revolución,
el segundo como respuesta a las afirmaciones de Bush en el mencionado discurso
y reafirmación de que el pueblo de la Isla respalda a su gobierno.
El tercero demanda a Washington la liberación de cinco cubanos
recluidos en
carceles norteamericanas.
Detenidos en 1998 cuando vigilaban acciones terroristas de grupos anticubanos
radicados en Estados Unidos, Ramón Labañino, René
González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Fernando
González recibieron el año pasado fuertes condenas, que van
desde cuatro cadenas perpetuas a 19 y 15 años de prisión.
Cuba rechaza esas sanciones, al considerar que sus compatriotas fueron
víctimas de un proceso judicial amañado y con evidentes fines
políticos por realizarse en la ciudad de Miami, sede de los grupos
más reaccionarios de la comunidad cubana residente en ese país.
El rey - Eduardo Galeano
En las noches de los parques, desde las copas de los árboles,
alguien grita.
Cuando todos duermen y callan, y no se escucha nada más que
los susurros de la brisa en el follaje, rompe el silencio este grito que
suena como un alarido humano.
Es el grito de la noche del pavo real.
Durante el día, el pavo real pasea sus resplandores. Arrastrando
su larga cola de plumas, siempre vestido de fiesta, se pavonea el pavo.
Cuando gira sobre sí mismo y despliega la cola, frondosa corona
verdiazul, él vibra aplaudiéndose y el relampagueo de su
belleza encanta a los caminantes y humilla a las otras aves. Las otras
aves del parque, patos, ánades, cisnes, gansos, palomas, gaviotas,
gallinas, gorriones, vuelan juntas o juntas caminan o navegan por el lago;
juntas charlan, comen, duermen. Pero el pavo real vive sin nadie, lejos
de los demás pavos reales, y con nadie se junta. A nadie mira el
que nació para ser mirado y admirado.
Cuando llega la noche, el público se va. El pavo real vuela
hacia la alta rama de algún árbol vacío, y se echa
a dormir. Solo.
Entonces, grita. |
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Web de Jaime Bores
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Real Madrid C.F.
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Rincón chistoso:
Llega un tipo a una oficina del gobierno pidiendo trabajo. Se entrevista
con el Jefe de Recursos Humanos y durante la entrevista se le escapa que
carece de testículos.
-No importa - responde el entrevistador.
El tipo piensa que no ha debido decirlo y dice presuradamente:
- Pero soy una persona muy capaz.
El entrevistador responde:
-Mire amigo el no tener testiculos no es impedimento para trabajar,
es mas, esta usted contratado.
-¿Cual es el horario de trabajo?
-El horario es de 8 a 5, pero usted puede llegar a las 9 de la manana.
El tipo piensa que por no tener testiculos lo estan considerando un
minusvalido, se molesta un poco y dice:
-Yo ya le dije que no tengo testiculos pero capacidad si la tengo!!
-Si ya se amigo, pero como en esta oficina se rascan los huevos de
8 a 9, no tiene caso que llegue tan temprano.-
Si tú estás en un avión y éste se prende
en fuego, ¿Por dónde sales?
Pues, ¡Por las noticias!
Un americano, un frances y un israel? van en un avion por el Pacifico,
cuando de pronto fallan los motores y el avion cae en una isla. Alli, los
tres son apresados rapidamente por una tribu de canibales.
El jefe de la tribu les dice a los tres, que les van a conceder
un ultimo deseo, sea lo que sea.
El americano dice:
- Quiero un Big Steak Texano con papas fritas y una Coke.
El jefe manda a su gente y les trae la comida, come y lo mandan
a la olla de agua hirviendo donde comienza a gritar desesperado.
El frances pide:
- Yo quiero un vino Cabernet Sauvignon Frances, con crepes a la
parissien.
Van los indios y se lo traen, come y lo mandan a la olla de agua
hirviendo, donde comienza tambien a gritar desesperado.
El israeli dice:
- Yo quiero que me patees en el culo lo mas fuerte que puedas.
El jefe indio lo mira y dice:
- ¿Estas seguro?
- Si, ¡pateame en el culo lo mas fuerte que puedas!
Entonces, el jefe se prepara, toma carrera, y le pega un patadon
terrible.
Al caer, golpeado y dolorido, el israeli saca una pistola, dispara
y mata a todos los canibales de la isla.
El frances y el americano salen de la olla, e indignados, le preguntan:
- ¿Porque? si tenias un arma, esperaste hasta ultimo momento
y no les
disparaste desde el principio, antes que nos hagan algo a nosotros?
A lo que el israeli les responde:
- ¿Que, estan locos? ¿Y arriesgarme a que la ONU,
la Comunidad Europea, los medios de comunicacion y los intelectuales del
mundo me acusen de "sobreactuar" y atacar sin suficiente provocacion...?? |
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RINCON POETICO
| LA NOTICIA VENENO
No hay vacunas contra la noticia veneno
la noticia veneno asombra
desinfecta propone soslaya
siempre nos toma desprevenidos
y se opone a que hagamos nuestros calculos
la noticia veneno sube sus decibelios
y nos rompe los timpanos como el rock mas duro
con sus buenos modales nos aturde
con su amenazario nos espolea
la noticia veneno llueve a cantaros
sobre los mendigos y los potentados
pero solo estos saben que es mentira
la noticia veneno ha ensayado con exito
el falso tonillo de lo verosimil
y tal vez por eso enloquece a los candidos
entristece a los tristes
como es obvio la noticia veneno
sera finalmente desmentida
para gloria y prez
de los sobrevivientes
Mario Benedetti
(de "El Olvido esta lleno de Memoria") |
FUE AL PASAR
Yo creí que tus ojos anegaban el mundo ...
Abiertos como bocas en clamor ...... Tan dolientes
Que un corazón partido en dos trozos ardientes
Parecieron ... Fluían de tu rostro profundo
Como dos manantiales graves y venenosos ...
Fraguas a fuego y sombra tus pupilas! ... tan hondas
Que no sé desde dónde me miraban, redondas
Y oscuras como mundos lontanos y medrosos.
¡Ah, tus ojos tristísimos como dos galerías
Abiertas al Poniente! ...
Y las sendas sombrías
De tus ojeras donde reconocí mis rastros! ...
Yo envolví en un gran gesto de horror como en un velo,
Y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo
La medianoche húmeda de tu mirar sin astros!
Delmira Agustini
"Cantos de la Mañana" 1910 |
Los dátiles del viejo Eliahu
En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto,
se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras
datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a
abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía
cavar en la arena.-
¿Que tal anciano? La paz sea contigo.
Contigo la paz. - contestó Eliahu sin dejar su tarea.-
¿Qué haces aqui, con esta temperatura, y esa pala
en las manos?
- Siembro -contestó el viejo.
¿Qué siembras aqui, Eliahu?
- Dátiles - respondió Eliahu mientras señalaba
a su alrededor el palmar.
- ¡Dátiles!! - repitió el recién llegado,
y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez. - El calor
te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos
a la tienda a beber una copa de licor.
- No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...
- Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
- No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé ... lo
he olvidado... pero eso, ¿qué importa?
- Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años
en crecer y recién después de ser palmeras adultas están
en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo
sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú
sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy
siembras. Deja eso y ven conmigo.
- Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró,
otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo
siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles
que hoy planto ... y aunque solo fuera en honor de aquel
desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
- Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que
te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste
- y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
- Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tu
me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía
cierto y sin embargo, mira, todavia no termino de sembrar y ya coseché
una bolsa de
monedas y la gratitud de un amigo.
- Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran
lección queme das hoy y es quizás más importante que
la primera. Déjame pues que pague tambien esta lección con
otra bolsa de monedas.
- Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió
la mano mirando las dos bolsas de monedas: sembré para no cosechar
y antes de terminar de sembrar ya coseché no solo una, sino dos
veces.
- Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome
cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte...
Bisteces a la mexicana
http://www.valvanera.com
Ingredientes:
para unas 6 personas
1kg. de bisteces
2 jitomates rojos
5 chiles jalapenos
media cebolla
1 pedacito de cilantro
1 ajo
1/4 de taza de aceite
sal al gusto
1/2 taza de agua |
Preparacion:
Se parte los bisteces en cuadros pequenos al igual el jitomate,la cebolla
y el chile el ajo se pica finamente al igual queel pedacito de cilantro,
se pone la sarten afuego lento ,y se le agrega el aceite ya que se calento
un poquito se le agrega la carne y se frei ya que la carne esta apunto
de cocimiento se le agrega eljitomate el chile ,la cebolla y el ajo y la
sal y se le agrega el agua se tapa durante 10 minutitos y listo. un consejito
este delicioso guiso se puede acompanar de un delicioso arroz.
enviado por "jenny soares" < jennyzu25@hotmail.com > |
POLICIAS MILITARES ACUSADOS DE LA MASACRE DE CARAJÁS SON ABSUELTOS
- 12/6/2002
Por decisión unánime, los 124 policias militares acusados
de participar de la masacre de El dorado de Carajás, donde se murieron
19 trabajadores Sin Tierras de Brasil, el 1996, fueron absolvidos. Los
siete jurados reconoceron la tesis de la defensa, de que los militares
se defendieron de un "ataque".
Tres policias militares que no participaron del juzgado serán
sumetidos al Consejo de Sentencia el proximo 20 de Junio. Son ellos Jailton
Ferreira da Silva, Genedir Chagas Feitosa y Honorato Lima. Por ser prófugo,
Honorato Lima tuve la prisión preventiva decretada por el juez Roberto
Moura.
Los dos principales testigos de la acusación no comparecieron
ayer alegando estar siendo "amenazados".
Los 127 militares fueron acusados de co-autoria en las muertes de los
Sin Tierras. Delante del juez todos declararon haber disparado hacia el
alto durante el "confronto". Los policias militares fueron oídos
individualmente. Cada uno "declaró" en menos de cinco minutos.
En el masacre, filmado y documentado, cientos de policias armados de
metralladoras dispararon en contra los Sin Tierras que no portaban armas
de fuego.
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