24 de septiembre de 2001NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
| Padre Basilio Méramo |
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Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo: La Providencia ha querido que en este día de la Patrona de Barcelona, Nuestra Señora de La Merced, redentora de cautivos, me haya correspondido ofrecer esta Misa estando de paso por España y tener la ocasión de verlos y hablarles recordando viejos tiempos cuando estaba por aquí, en Barcelona. Vemos cómo Nuestra Señora siempre es quien nos ayuda, nos acoge en las horas difíciles. La advocación de Nuestra Señora de La Merced surgió milagrosamente con una aparición o revelación que hizo a Jaime el Conquistador, Rey de Aragón, a Pedro Nolasco y a Raymundo de Peñafort, para que hiciesen una orden en pro de los cautivos, de los católicos rehenes del Islam. Manifestando por los cautivos en España, en Andalucía y sobre todo en África, ese interés, esa compasión que tiene Nuestra Señora por sus hijos, y así recordarlo en estos momentos difíciles tanto en el mundo como en la Iglesia y más aún en la Iglesia. Pues es a Ella a quien tenemos que recurrir y es Ella quien nos va a proteger de todos los males, en tiempos que verdaderamente son apocalípticos. Aunque esa palabra incluso a muchos sacerdotes no les gusta, pero estos tiempos son apocalípticos. Transitamos por el camino que Ella desde hace más de cien años ha comenzado a señalar, esta época decadente por desgracia, que culminará con el advenimiento del Anticristo. Y es también la gran esperanza de la segunda venida de Nuestro Señor, en La Salette, en Fátima, en Siracusa, donde no hace más que llorar. La primera aparición de la Medalla Milagrosa, en Lourdes, para hablar solamente de las apariciones reconocidas por la Iglesia, ese famoso tercer secreto de Fátima que no se ha querido revelar, pero que apunta a lo que está sucediendo hoy, en consonancia con La Salette. La pérdida de la fe es peor que una tercera guerra mundial, es mucho peor; la pérdida de la fe es el desastre espiritual más grande que pueda acontecer, la gran apostasía que nosotros de algún modo estamos viviendo y que culminará con la aparición del Anticristo, previamente preparado el ámbito religioso por la bestia de la tierra, que simboliza la religión y el poder religioso que le prepara una falsa religión, una pseudo o falsa Iglesia, para que así, cuando la bestia del mar, que simboliza el poder político se entronice y se haga adorar en el templo de Dios como si fuese Dios. Hacia eso vamos, hacia eso todo se encamina; aunque el mundo no sea consciente ni se dé cuenta, vivimos la impiedad más atroz donde se conculcan los sacrosantos derechos de Dios y de la Santa Madre Iglesia. Los mismos católicos que se dicen católicos pero que no lo son, aunque se creen católicos por ser bautizados, no profesan los dogmas esenciales que fundamentan la religión. De hecho, son muy pocos los católicos que afirman que la única religión verdadera es la católica y que fuera de la religión católica no hay salvación. Pero no solamente los fieles, aun la misma jerarquía de la Iglesia con el ecumenismo y la libertad religiosa, pregonan lo contrario. ¿Qué queda entonces de la Iglesia? Si se desconocen esas verdades y otras tantas, que sería una letanía sin acabar de enumerar errores tras errores en materia de fe, es porque no se profesa la fe. Solamente resta un pequeño rebaño, quien se mantiene, como nosotros, fieles a la Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que conserva la Misa tridentina, la Misa de San Pío V, la Misa romana, la verdadera Misa romana del misal romano; por eso nosotros somos más romanos que todos los demás juntos, mientras la gran mayoría ha dejado a un lado la sacrosanta Misa, para tener una nueva conforme a los tiempos, conforme al mundo moderno, al ecumenismo, para que todos se unan sin dogmas que dividan. He ahí el grave error de la unión de los hombres sin Dios, del falso ecumenismo. Porque lo que nos divide del resto de los hombres es la fe, la fe en Nuestro Señor, la fe en Dios Uno y Trino; no es el mismo Dios que el de los musulmanes, que el de los judíos, el de los budistas y el nuestro, el de la Iglesia Católica. Dios es Uno, pero ellos no tienen ese conocimiento sobrenatural de Dios Uno y Trino. He ahí el gran error, la gran confusión de hacer creer que cada uno se puede salvar en cualquier religión que siga conforme a la libertad de la persona humana y los dictámenes de su conciencia; eso es un grave error. Otra cosa es pecar de ignorancia, de buena voluntad, eso solamente lo sabe Dios, que no niega a nadie la gracia necesaria para salvarse, pero una cosa muy diferente es decir que yo me pueda salvar en cualquier religión, como si fuera lo mismo. Y así, entonces, se nos persigue a todos aquellos que queremos permanecer en pie, al punto que se nos quiere hacer desaparecer y por eso Roma, la Roma modernista, no la Roma católica, la Roma tradicional, no la Roma de siempre sino la modernista como una mala mujer, como la gran meretriz escarlata que cabalga sobre la bestia, que es la religión corrompida y que bebe del cáliz de la sangre de los mártires, se aprovecha de la santidad de la Iglesia, y de los mártires en beneficio propio para prostituir la religión de aquellos que son fieles. Esa es la intención de querer absorbernos y hacernos desaparecer, porque mal que bien y aunque pocos, si nos mantenemos unidos y firmes en la fe estando con Dios y la Santísima Virgen, nada debemos temer. De ahí la importancia de esa cohesión, de esa firmeza en la fe para ser una antorcha, un faro en medio de las tinieblas, de la oscuridad, de la confusión, del error, de la apostasía; dar esa luz de fe y de esperanza, manteniéndonos firmes en la fe, porque sabemos que el demonio gira a nuestro alrededor como un león rugiente buscando a quién devorar; y por eso nuestra garantía está en recurrir a Nuestra Señora, Nuestra Señora de La Merced, de la gracia, para que Ella nos proteja mucho más que a esos pobres cautivos oprimidos por el Islam y mucho más, porque ahora todo el que se diga católico es un cautivo en medio de este mundo que trata de corromperlo y degenerarlo para que pierda su fe y se vuelva un pagano más, aunque con el título de católico, pero simplemente de palabra, porque está vacío de todo contenido sobrenatural. Y desgraciadamente en eso se ha convertido oficialmente la Iglesia Católica, en una apariencia oficialmente, porque la verdadera Iglesia será siempre fiel a Cristo, fiel a Nuestro Señor. No nos olvidemos que Nuestro Señor ya lo dijo: "Cuando vuelva, ¿acaso encontraré fe sobre la tierra?". Y San Lucas, al referirse a la Iglesia habla de un pequeño rebaño; por tanto, no nos asombremos de que la verdadera Iglesia sea reducida a una mínima expresión y que lo que veamos oficialmente sea una mera apariencia que ha caído en manos de Satanás por haber perdido la fe; y que por eso quieren homologarnos, quieren absorbernos, para que nosotros también perdamos la fe y nos dejemos arrastrar por el error; y el error en materia de fe no solamente es herejía sino que es una verdadera apostasía, como lamentablemente es hoy. Así pues, recurramos con esa fe a Nuestra Madre del cielo, a la Santísima Virgen, a la protectora de cautivos para que Ella nos proteja y proteja también esta ciudad de la cual Ella es la Santa Patrona. + |
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