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El jansenismo fue
condenado en 1653. ¿Qué
era el jansenismo? Sus defensores partían de la idea de que la Iglesia
tenía que volver a sus orígenes y conservar su carácter primitivo. La
enseñanza de San Agustín formaba la base ideológica de la doctrina
jansenista., cuyo nombre deriva de Cornelio Jansen, obispo de Ypres,
autor de Augustinus (1640), obra que volvía a actualizar las ideas de
Miguel Bayo, condenado en 1567. A pesar de declararse continuamente
fieles a la Iglesia, los jansenistas no dejaban de practicar en el fondo
un cierto calvinismo que tenía sobre la gracia y la predestinación las
mismas ideas que Jansenio y su Augustinus.
El que fue el impulsor del movimiento espiritual jansenista
y fundó en Port-Royal una comunidad de solitarios, centro del
movimiento, fue el abad de Saint-Cyran. La familia Arnault formaba el núcleo
central de la comunidad. Antonio Arnault, llamado el Grande, doctor de
la Sorbona, fue el espíritu rector de dicha comunidad, situada a 25 kilómetros
de París, y a la que dio su adhesión el mismo Pascal con muchas
personalidades ilustres del tiempo. El parentesco del jansenismo con el
protestantismo y, sobre todo, con el calvinismo, no aparecía sólo en
la sencillez primitiva del ritual, en el desprecio de la autoridad
religiosa, Papa y obispos incluidos, sino también en su fondo
doctrinal. La voluntad del hombre ha perdido por el pecado original su
libertad y es incapaz de obrar cualquier bien. Toda acción del hombre o
bien procede del placer terrenal, el cual brota de la concupiscencia, o
bien del placer celestial que es operado por la gracia. Ambos ejercen un
influjo determinante sobre la voluntad humana, la cual, por carencia de
libertad, sigue siempre el impulso del placer más poderoso.
Según predomine el placer terrenal o el placer celestial,
la acción del hombre será pecaminosa o moralmente buena. Si sale
victoriosa la "delectación celestial", recibe el nombre de
"gracia eficaz" o "irresistible"; en el caso
contrario es llamada "gracia suficiente". Si Dios concede la
gracia eficaz, el hombre evita el pecado; sin la gracia no puede hacer
sino pecar. Y esta gracia se concede a unos pocos a quienes Dios desea
salvar. Pues Dios no quiere, en modo alguno, salvar a todos los hombres,
ni murió por todos, sino solamente por la minoría que se proponía
salvar. El libre albedrío, pues, no existe, ya que hasta el don de la
fe y la voluntad de creer dependen exclusivamente de la gracia.
Sometidas las tesis jansenistas al juicio del Papa, se formó
una comisión de cardenales, que condenó las tesis como heréticas. Los
jesuitas, enemigos de los jansenistas, triunfaban. |