SEMANA SANTA
LITURGIA DEL SÁBADO SANTO [*]

Bendición, desde el Ambón, del Cirio Pascual, el cual tiene
la doble forma tradicional, de columna y árbol (Min. del
Britisb Museum).
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— Jesús no ha resucitado aún, pero la luz de las "Tres Marías" y del "Cirio pascual", el canto de la "Angélica" y del primer "Aleluia", los repiques de las campanas y los acordes del órgano, empiezan ya a anunciarlo. Para los cristianos que siguen atentamente la liturgia de este día, la "Misa de gloria" y los demás Oficios matinales son como la aurora de una nueva vida, y como la primera estrofa del himno triunfal de la triunfante Resurrección. Sónlo hoy que se celebran por la mañana [1], pero lo eran más todavía antiguamente, hasta muy entrada la Edad Media, cuando todas estas ceremonias y el Bautismo y Comunión de los catecúmenos tenían lugar en la noche del Sábado al Domingo, reservando todo este día a honrar la sepultura del Señor. La gran plaza de Letrán, en Boma, era aquella noche inmenso hormiguero de griegos, latinos y bárbaros, de toda lengua y color, que esperaban su turno para entrar en el baptisterio a recibir el Sacramento de la regeneración. Toda aquella larguísima función nocturna, la más interesante del año litúrgico, era para ellos, y es menester no olvidarlo si se quiere comprender el significado de nuestro Sábado Santo. Lástima que la Iglesia, aprovechando esta tendencia moderna a la vida nocturna, no se resuelva a restituir el Oficios sabatinos a las horas de la noche, donde cobran toda su actualidad, como los de Navidad, y harían de ésta "noche grande" como hacen de aquélla la "noche buena" [2]. Los Oficios de hoy pueden clasificarse en tres series:
a) Anuncio de la Pascua. — Así como las " nieblas" de este último triduo simbolizaban de modo sensible la muerte del Señor y los trastornos consiguientes, de la misma manera los ritos iniciales de hoy, que se refieren expresamente a la luz, anuncian como muy próxima su brillante Resurrección. Dichos ritos son: la Bendición del fuego nuevo y del incienso, y la del Cirio Pascual. Todos ellos son un trasunto del antiguo oficio del " Lucernario", que tenía por objeto ofrecer al Señor la luz de la tarde, la cual se encendía en su honor al comenzar la synaxis o reunión nocturna. Su relación con la Pascua es solamente simbólica, y si nosotros nos hemos acostumbrado a mirarlos como un prolegómeno obligado de la misma, es por ser ésta la única ocasión del año que se celebran estos ritos propios del "Lucernario", 1. En el atrio del templo, hacia donde el clero y los fieles van en procesión, se bendice el fuego, previamente encendido mediante el pedernal, del cual se produce luego la nueva luz, que ha de servir para alumbrar todas las de la iglesia. El pedernal es imagen de Jesucristo, "piedra angular —dice la oración de la bendición— de quien brota el fuego de la divina claridad", como también lo es la luz. En lo material, el fuego y la luz son los elementos indispensables de la economía doméstica; como lo son, en la vida sobrenatural, el fervor y la iluminación celestial. Por eso la Iglesia los bendice hoy solemnemente como precursores de la Resurrección de Jesucristo, que marca una nueva era en el mundo material y en el espiritual, y del Bautismo y Confirmación, en que los catecúmenos iban a ser renovados e iluminados. Mabillón dice, siguiendo a Hipando, que el autor de esta doble bendición es S. Isidro de Sevilla. Después del fuego y de la luz, se bendicen cinco granos de incienso, que más adelante han de incrustarse en forma de cruz en el Cirio Pascual. El incienso representa en esta ocasión los perfumes que las piadosas mujeres prepararon para embalsamar el cuerpo de Jesús. El templo está, desde ayer, totalmente a oscuras, como hogar desolado; hay, pues, que encender sus cirios y sus lámparas, y para ello traer de afuera una luz, que será precisamente la luz nueva extraída del fuego nuevo. Es lo que en este momento realiza el Diácono, revistiéndose de ornamentos blancos y poniéndose a la cabeza de la procesión, llevando, en la extremidad de una caña tres velas unidas por la base. Al pisar el interior del templo, enciende una de las tres velas de la caña, y volviéndose hacia el pueblo, que le sigue en procesión, le muestra la nueva luz, cantando: Lumen Christi, "he aquí la luz de Cristo", a la que la comitiva saluda arrodillándose y agradeciéndosela a Dios. En el centro del templo, enciende y muestra la segunda vela con las mismas ceremonias, y al llegar al altar, la última. Las tres candelas unidas en una o "Tricirio" que podríamos llamar, simbolizan a la Sma. Trinidad, y no a las tres "Marías", como vulgarmente se cree; la caña, la fragilidad de la naturaleza humana que asumió Jesucristo; la introducción progresiva de la luz en la iglesia, la revelación gradual de los misterios religiosos, .de los que es fundamento el de la Trinidad. 2. Con la previa bendición del celebrante y la incensación del Misal, como si se dispusiese a cantar el Evangelio, el Diácono empieza a cantar el Exultet o "Angélica", o más propiamente "Proeconium paschale", "anuncio pascual", como lo llamaban los antiguos, durante el cual bendice el Cirio Pascual. El Exultet es un poema lírico dedicado a la luz y Resurrección de Jesucristo. Primitivamente su composición estaba librada a la inspiración personal del Diácono encargado de cantarlo, lo que dio margen a veces a retóricos abusos y a adornos excesivos de estilo, de los que el actual está exento. En cambio está henchido de teología, acerca del misterio de la Redención. El Cirio Pascual es una figura de Cristo Resucitado, y recuerda a la columna luminosa que por la noche conducía a los hebreos, a su paso por el desierto. El Diácono interrumpe tres veces el canto del Exultet: la primera para fijar en el Cirio los cinco granos de incienso; la segunda para encenderlo con la luz del "Tricirio"; y la tercera para alumbrar, con la luz del Cirio, todas las lámparas de la iglesia. Antiguamente se procuraba hacer en este momento una muy profusa iluminación dentro del templo, para que los hechos concordasen con las palabras del Diácono. Este Cirio quedará en el presbiterio todo el tiempo Pascual, como testimonio de la Resurrección de Jesucristo. b) Vestigios del Bautismo de los Catecúmenos. — Ya hemos advertido que en la noche de este sábado tenía lugar en Roma el Bautismo solemne de los Catecúmenos y que a él se referían muchos de los ritos del día. Los que más directamente les interesaban eran los que seguían a la bendición del Cirio, o sea: la Lectura de las Profecías, la Bendición de la Pila bautismal, y la Procesión del baptisterio al templo. Las Profecías que se cantan son doce, algunas de ellas larguísimas. Destinadas como estaban a completar la instrucción de los Catecúmenos, abarcan los hechos más notables relativos al pueblo de Dios. A cada una le sigue una oración, y a la mayor parte también una pieza de canto, formando así un conjunto litúrgico delicioso. Todo este conjunto era lo que constituía la antigua Vigilia, la cual dio origen a los Nocturnos del actual oficio de Maitines, nacidos en los monasterios. En solemne procesión, encabezada por el Cirio Pascual, se dirige la asamblea al baptisterio para la Bendición de la Pila Bautismal, ceremonia muy interesante, impregnada de simbolismo. Para expresar simbólicamente la infusión del Espíritu Santo sobre el agua bautismal, el celebrante sopla y alienta repetidas veces sobre ella y sumerge en la pila el Cirio Pascual, invocándolo en propios- términos. Terminada la bendición del agua, rocíase con ella a los circunstantes y se reserva una gran cantidad para el servicio de la iglesia y para el uso doméstico de los fieles. La restante se la destina para el Bautismo y se la mezcla con el Óleo de los Catecúmenos y el Santo Crisma. Antiguamente empezaba en este momento la administración del Bautismo, que duraba horas, al que seguía la Confirmación.. Hoy, si se presenta el caso, se administra el Bautismo, pero no la Confirmación. En la procesión de retorno al presbiterio se cantan las Letanías de los Santos. Al llegar los ministros al altar, se postran en tierra, y en esa postura humilde están hasta la invocación "Peceatores", en que se levantan y se retiran a la sacristía para revestirse para la misa. c) Misa de "Gloria". — Se engarza con las Letanías de los Santos, cuyos Kyries finales reemplazan a los de la Misa. Los ministros usan ornamentos blancos. Al entonar el "Gloria", rompen su silencio el órgano y las campanas, descórrense las cortinas moradas que cubren los altares, y el templo entero recobra el aspecto festivo. Después de la Epístola hace su entrada triunfal en los Oficios litúrgicos el "Aleluya", que el celebrante y el coro cantan seis veces alternando. No hay Credo, Ofertorio, ni Agnus Dei; pero después de la Comunión se intercalan las Vísperas, reducidas a su mínima expresión. Con ellas y con el "Ite missa est" aleluyado, terminan los Oficios de esta jornada laboriosa. En las iglesias benedictinas, al Ofertorio de la Misa se bendice el Cordero Pascual, figura de Jesucristo, para reanudar, con esa carne bendita y con el beneplácito de la Iglesia, la comida de carnes prohibida a los monjes durante toda la Cuaresma. Además, simbolízase en él a Jesucristo, Cordero de Dios, inmolado por los hombres y asado, que diríamos, en la parrilla de la Cruz y dado en manjar en la Comunión.
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