SEMANA SANTA

LITURGIA DEL JUEVES SANTO [*] 

   — El Jueves Santo, con su única Misa pero solemnísima, y con las visitas al "Monumento", envuélvenos en una como ola eucarística, que nos obliga a no pensar en nada más que en la última Cena de Jesús y en la Institución del Sacerdocio y del Sacramento del amor. Es un día medio de gozo, medio de tristeza: de gozo, por la rica herencia que nos deja Jesús al morir, en testamento; de tristeza, porque se oculta a nuestra vista el Sol de Justicia, Jesucristo, y empieza a invadirlo todo el espíritu de las tinieblas.

   Antiguamente, en la mañana de ese día había tres grandes funciones litúrgicas, que se celebraban en tres misas diferentes: la Reconciliación de los penitentes, la Consagración de los Óleos, y la conmemoración de la Institución de la Eucaristía. De la primera sólo ha quedado como vestigio la bendición "Urbi et Orbi" que da el Papa desde la loggia del atrio de la Basílica Vaticana.

   En la actualidad, la liturgia del Jueves Santo se reduce:

  • a) a la Misa con el "Mandato" o Lavatorio de los pies,

  • b) a la Procesión al Monumento;

  • c) al despojo de los altares, y rezo de las Vísperas.

   a) La Misa. — Solamente hay una en cada iglesia, y sería el ideal que en ella comulgasen el clero y los fieles. Los ministros y la cruz del altar están revestidos de ornamentos blancos, en honor a la Eucaristía. Como en los días de júbilo, se empieza por tañer el órgano y cantar el "Gloria", durante el cual se echan a vuelo las campanas de la torre y se tocan las campanillas del altar, enmudeciendo en señal de duelo todos esos instrumentos, desde este momento hasta el "Gloria" de la misa del Sábado Santo. Prosigue la Misa en medio de cierto desconsuelo producido por el silencio del órgano. En ella se suprime el ósculo de paz, por temor de recordar el beso traidor con que Judas entregó tal día como hoy a su Maestro. El celebrante consagra dos hostias grandes, una para sí y otra para reservarla hasta mañana en el "Monumento".

   En las Catedrales celébrase con extraordinaria pompa la Bendición y Consagración de los Santos Óleos, efectuada por el Obispo, acompañado por doce Sacerdotes, siete Diáconos y siete Subdiáconos, revestidos de los correspondientes ornamentos.

   b) Procesión al "Monumento".—Terminiada la Misa, se organiza una procesión para llevar al "Monumento" la Hostia consagrada" que ha reservado el celebrante, la cual reposará allí hasta mañana, y recibirá entretanto las visitas de los cristianos, que, aisladamente y en piadosas caravanas, acudirán al templo atraídos por el Amor de los Amores y por el beneficio espiritual de las indulgencias concedidas.

   El "Monumento" es simplemente un altar lateral de la iglesia lo más rica y artísticamente adornado que sea posible, con muchas flores y muchas velas, y con un. sagrario móvil colocado a cierta altura. Ningún emblema ni recuerdo de la Pasión debe de haber en él, y menos soldados y guardias romanos pintados en bastidores, como en algún tiempo lo estilaron ciertas iglesias.

   c) El despojo de los altares. — A la procesión, que termina bruscamente con la reposición de la Sagrada Hostia en el sagrario, sigue el rezo llano y grave de las Vísperas, después de las cuales el celebrante y sus ministres despojan los altares de todo el ajuar, dejándolos completamente desnudos hasta el Sábado Santo, para anunciar que hasta ese día queda suspendido el Sacrificio de la Misa. Al mismo tabernáculo se le desposee de todo y se le deja abierto, para dar todavía mayor impresión del abandono total en que va a encontrarse Jesús en medio de la soldadesca.

   Históricamente, este despojo de los altares recuerda el  uso antiguo de desnudarlos diariamente, a fin de que, que estando adornados más que para la misa, resultase más vivamente la importancia del augusto Sacrificio eucarístico.

   d) El lavatorio de los pies.— En las iglesias Catedrales, en las grandes parroquias y en los monasterios, tiene lugar, durante la Misa, la ceremonia del Lavatorio de los pies a doce o trece pobres. Está a cargo del Prelado o Superior. Es un acto solemne de humildad con que el Pastor de los fieles imita al que en la tarde del Jueves Santo realizó Nuestro Señor con sus discípulos, antes de comenzar la Cena, y una promulgación anual del gran "Mandato" de la caridad fraterna formulado por El al tiempo de partir de este mundo para el cielo.

   El número doce de los pobres representa a los doce Apóstoles, y el trece, según Benedicto XIV, al ángel enviado de Dios que misteriosamente se agregó a la mesa del papa San Gregorio Magno en la que, como de costumbre, comían cierto día los doce pobres por él invitados, y cuyos pies previamente lavaba.

MISA DEL JUEVES SANTO

 

LITURGIA DEL VIERNES SANTO


  • [*] Tomado de "La Flor de la Liturgia" del R. P. Azcárate, 5ª Edición 1945, Monasterio de San Benito.
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