ORACIÓN PARA ESTA PASCUA
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Antonio Caponnetto |
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(2006) |
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Señor,
las cinco llagas que en tu calvario brotan, los hombres de mi patria no
han querido curarlas. En
el largo via crucis de tus pasos dolientes, se han sumado a la turba
que no sabe llorarlas. Un quíntuple crujido de martillos y clavos, resuena por
los puntos cardinales del Sur. Los signos del ultraje, las huellas de la ofensa, hacen gemir al justo e
indignar al augur. Si
menciono primero tu generoso pecho, abierto por el hierro, sangrante
de estertores. Culpo
a los que olvidados del lábaro o la espada, deshonran sus oficios
de guías y pastores. Si
contemplo esos pies que ungió y
hoy con crueles cerrojos. Señalo a los guerreros de herrumbrados escudos, que han consentido inertes
los rapaces despojos. Cuando la cruz me muestra la palma de tus manos, hechas para el milagro y
ahora con tormentos, marco a los mercaderes, los indoctos, los tibios, profanadores todos de
los Diez Mandamientos. Señor,
¿cómo pedirte para esta patria rota, entregada a un oscuro designio
cabalista, que nos ofrezcas puños varoniles y claros, con que librar de nuevo la
antigua Reconquista ? ¿Cómo mover tu gracia, Señor, donde el pecado, es un grueso eslabón que
encadena y apremia, donde
el altar profanan los que habrían de honrarlo,
la belleza es olvido y
la verdad blasfemia? ¿Qué meritos tenemos, Señor, para impetrarte, que a la tarde te quedes con
tu Pan y y tu Vid?; ¿qué
hicimos cuando estabas destronado y hambriento, para pedirte un
jefe de la raza del Cid? Sin
embargo, Señor, yo conozco a mi gente. Caminé de la patria sus
senderos estrechos. Sé que hay labriegos nobles, jornaleros hidalgos, claustros carmelitanos con
tablones por lechos. Sé de tantos hogares que bendicen la mesa, de un cuartel donde al alba aún
se rezan maitines. De un aula presidida por tu Madre y la nuestra, de un convento con frailes de
marciales trajines. Sé
de ignotas mesnadas viviendo ecuestremente, de sabios ignorados, con
andar errabundo. De
tantos perseguidos por predicar verdades, testigos insumisos, locura
para el mundo. Sé
de amigos comunes que sufren la derrota, son jóvenes o viejos pero
algo los hermana. Saben
que hay un combate todavía pendiente, con el cuerpo o el alma lo
librarán mañana. Si
no basta Señor, para que te roguemos, el darle a danos
quedar un día, de guardia sin regreso, en la patria celeste, cantando tu alabanza. |