ORACIÓN PARA ESTA PASCUA

Antonio Caponnetto

(2006)

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Santísimo Cristo de la Victoria
Talla de Domingo de Rioja, 1630
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Señor, las cinco llagas que en tu calvario brotan, los hombres de mi patria

no han querido curarlas.

 

En el largo via crucis de tus pasos dolientes, se han sumado a la

turba que no sabe llorarlas.

 

Un quíntuple crujido de martillos y clavos, resuena

por los puntos cardinales del Sur.

Los signos del ultraje, las huellas de la ofensa, hacen gemir al justo

e indignar al augur.

 

Si menciono primero tu generoso pecho, abierto por el hierro,

 sangrante de estertores.

Culpo a los que olvidados del lábaro o la espada, deshonran sus

oficios de guías y pastores.

 

Si contemplo esos pies que ungió la Magdalena , peregrinos ayer,

 y hoy con crueles cerrojos.

Señalo a los guerreros de herrumbrados escudos, que han consentido

inertes los rapaces despojos.

 

Cuando la cruz me muestra la palma de tus manos, hechas para el milagro

y ahora con tormentos,

marco a los mercaderes, los indoctos, los tibios, profanadores todos

de los Diez Mandamientos.

 

Señor, ¿cómo pedirte para esta patria rota, entregada a un oscuro

designio cabalista,

que nos ofrezcas puños varoniles y claros, con que librar de nuevo

la antigua Reconquista ?

 

¿Cómo mover tu gracia, Señor, donde el pecado, es un grueso eslabón

que encadena y apremia,

donde el altar profanan los que habrían de honrarlo, la belleza es olvido

 y la verdad blasfemia?

 

¿Qué meritos tenemos, Señor, para impetrarte, que a la tarde te quedes

con tu Pan y y tu Vid?;

¿qué hicimos cuando estabas destronado y hambriento, para pedirte

 un jefe de la raza del Cid?  

 

Sin embargo, Señor, yo conozco a mi gente. Caminé de la patria

sus senderos estrechos.

Sé que hay labriegos nobles, jornaleros hidalgos, claustros carmelitanos

con tablones por lechos.

 

Sé de tantos hogares que bendicen la mesa, de un cuartel donde al alba

aún se rezan maitines.

De un aula presidida por tu Madre y la nuestra, de un convento con frailes

de marciales trajines.

 

Sé de ignotas mesnadas viviendo ecuestremente, de sabios ignorados,

 con andar errabundo.

De tantos perseguidos por predicar verdades, testigos insumisos,

 locura para el mundo.

 

Sé de amigos comunes que sufren la derrota, son jóvenes o viejos

 pero algo los hermana.

Saben que hay un combate todavía pendiente, con el cuerpo o el alma

 lo librarán mañana.

 

Si no basta Señor, para que te roguemos, el darle a la Argentina su bienaventuranza,

danos quedar un día, de guardia sin regreso, en la patria celeste,

cantando tu alabanza.

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