Un argentino entra a un negocio de cosas viejas en una callecita de San Telmo.
Pasa el tiempo mirando a los objetos en venta y descubre la escultura de una rata.
La estatua es del tamaño de una rata de verdad y tan bien detallada y única que el hombre la agarra y le pregunta al dueño del negocio:
- ¿Cuánto cuesta esta escultura de la Rata?
- Cincuenta pesos por la rata y mil pesos por la historia que la acompaña.
- Quédese con la historia, viejo, -responde el hombre- yo compro solo la rata.
Habiendo completado la transacción, el argentino se va del negocio con su escultura de la rata bajo el brazo.
Cuando cruza la calle frente al negocio, dos ratas vivas salen del desagüe de la calle y comienzan a seguirlo.
El hombre se pone nervioso cuando las ve y comienza a caminar más rápido. Sin embargo, cada vez que pasa por un desagüe más ratas salen y lo siguen.
La gente comienza a señalarlo y a comentar. El camina más rápido y pronto comienza a correr.
Mientras tanto, toneladas de ratas salen desde los desagües, los sótanos, los lotes vacíos y los autos abandonados. Miles y miles de ratas casi le pisan los talones.
El mira la orilla del Río de la Plata y comienza a correr lo más rápido que puede. No importa que tan rápido corre, las ratas lo siguen chillando de una manera horrible.
Cuando el hombre llega a la orilla del río las ratas que lo siguen cubren 12 cuadras de la ciudad.
El hombre da un salto olímpico hacia un poste de electricidad, se agarra al poste con un brazo y con el otro lanza la escultura al río con toda la fuerza que le da su brazo.
Sube las piernas, se abraza al poste y observa admirado como las miles de ratas se lanzan al río y se ahogan.
Temblando y murmurando para si mismo, regresa al negocio de antigüedades.
El dueño lo ve y le dice:
-¿Ah, regresaste a que te cuente la historia?
- No, responde el tipo.
- Quiero saber si tiene una escultura de Menem.
Menem, en su último viaje a Suiza fue recibido por el presidente de turno, en la ocasión Gaspar Viliger.
Don Gaspar le hace visitar el Palais Federal y Don Turco maravillado por el orden le pregunta cuál es el secreto para que toda funcione tan bien.
Viliger le contesta que todo se limita a tener funcionarios inteligentes.
"Vea, por ejemplo -le dice a Menem, al tiempo que llama a su colaborador Manfred
- Digame Manfred, ¿quién es el hijo de su padre que no es ni su hermano ni su hermana?"
- "Yo", contesta si vacilar Manfred.
- "Muy bien", le dice Viliger.
Menem, sorprendido por lo acontecido, no ve el momento de llegar a Buenos Aires para hacer su propia experiencia.
Apenas llegado, llama a su despecho a Palito y le hace la pregunta de Viliger:
- "Decime Yamón, ¿quién es el hijo de tu padre que no es ni tu hermano ni tu hermana?"
Palito frunce el seño, lleva su mano derecha sobre su pera, pone cara de filósofo y le dice a Menem:
- "Carlitos, dame 48 horas que reuno urgente al congreso justicialista y te doy la respuesta".
Las 48 horas pasan, el congreso no encuentra la respuesta y Palito desesperado lo llama a Cavallo y le hace la fatídica pregunta, a la que Cavallo le responde: "yo".
- "Gracias", dice Palito, y se apersona raudamante al despacho de Menem para darle la ansiada respuesta.
- "Carlitos" dice Palito con la sonrisa Odol que se le escapa de la cara - encontramos la respuesta: Es Cavallo".
A lo que Menem responde: "Pero que son bestias, no es Cavallo, animal, es Manfred!!!"