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La matemática
Orgánica de Tadeusz Corno |
Mario Levrero, uruguayo,
escritor, es principalmente conocido por sus fábulas cíclicas y
obsesivas, desparramadas en una media docena de libros. Es, además, amigo
de la revista. De él publicamos, en el número 18, Confusiones
Cotidianas, una ficción de subtítulo expresivo: ¿Humoradas inocentes o
paradojas alarmantes? Ahora, descubriendo una nueva faceta de su
personalidad, la de investigador preciso y riguroso, nos hace llegar un
estudo sobre el ignoto Tadeusz Corno, matemático orgánico. Veamos que
dice Levrero:
A Tadeusz Corno (1876-1921) le correspondió el dudoso
privilegio histórico de descubrir (¿o inventar?) una rama de la Matemática que
ha pasado prácticamente desapercibida, dadas sus carencias prácticas y su
complejidad extrema. Mientras Tadeusz, en el desempeño de su oscura función de
profesor en el Liceo de Las Piedras se limitó al estricto cumplimiento del
programa, limitación extraordinariamente facilitada por la falta de interés
matemático y de brillo intelectual de sus alumnos, su vida se deslizó con la
relativa facilidad y normalidad de tantas otras. Fue a partir de un hecho en
apariencia intrascendente -la obcecada y poco metódica duda de uno de sus
alumnos, Juan Cogno-, cuando la vida de Tadeusz se zafó sin querer de los
más o menos aceitados carriles cotidianos y terminó por desbarrancarse en un
abismo de alcohol y miseria, no sin antes haber dibujado, un poco esquemáticamente, un par de creaciones
geniales, revolucionarias y completamente inútiles. Su alumno, Juan no se convencía,
sencillamente, de que dos más dos sumaran inevitablemente cuatro. Al parecer
el problema estaba centrado en una insolente incapacidad de abstracción: en
vano Tadeusz acumulaba piedrecitas, bolitas, palitos y multitud de objetos
sobre el pupitre, en vano explicaba que la suma no era más que una forma de
contar. Juan Cogno alcanzaba a contar dos piedrecitas por un lado, otras dos por
otro, y cuatro en total; pero de ahí a que eso demostrara que dos más dos son
cuatro... En ese instante Juan se quedaba callado, mirando el techo, mientras era acribillado por
flechillas de papel, tuercas y clavos doblados lanzados con bandas elásticas por sus compañeros.
Juan Cogno fue dejado un tiempo al margen, y Tadeusz avanzó en el programa con los otros alumnos aunque,
como honesto docente, no podía evitar una intensa preocupación por el joven;
preocupación que habría de transformarse en obsesión cuando Juan se presentó un día con una caja de zapatos.
- ¿Cuántos ratones hay de este lado de la caja? - preguntó esta vez el
alumno a su maestro, no sin cierta insolencia y con una desacostumbrada
apariencia de confianza en sí mismo.
- Dos -respondió el perplejo Tadeusz, observando aprensivamente los minúsculos animalitos blancos que
temblaban arrinconados sobre el sector izquierdo.
-¿Y de este lado?
-Dos -volvió a responder Tadeusz, con un malestar bastante profundo. El chico tapó la caja y no dijo nada más.
Tadeusz, se sabe, comenzó ya a darse a la bebida. Días después, Juan Cogno
volvió con la caja y preguntó destapándola:
-¿Y ahora, cuántos hay?
-Veinticuatro -respondió Tadeusz, después de contar con dificultad los cuerpecitos que se amontonaban y
movían agitadamente en un hervidero de vitalidad grisácea y maloliente. Y
enseguida recogió su portafolios, que dejaba siempre junto al pupitre, acomodó
en él parsimoniosamente sus libros y demás implementos didácticos, y salió del
salón de la clase para no regresar jamás.
Quien se interne en las dos obras maestras que nos ha legado (1), se encontrará dolorosa, fatigosamente
perdido en una especie de selva tropical de números y figuras geométricas. Tadeusz
intentó agotar, por supuesto que sin conseguirlo, las variantes de lo que
llamó «Matemática Orgánica» o «de lo real». Anotó cuidadosamente sus
observaciones de años enteros sobre el diferente comportamiento aritmético y
algebraico de, por un lado, objetos inanimados como piedras y bolitas, y por
otro ratas, gusanos, moscas, plantas, gente, etc ... ; su Geometría Variable,
lejanamente emparentado con la Topología, expone cientos de sistemas, uno
solo de los cuales bastaría para enloquecer al más equilibrado. La Geometría de
los bichos de la humedad, por ejemplo, donde estos animalitos sustituyen,
cuando están enrollados sobre sí mismos formando una bolita, los tradicionales
puntos abstractos que integran toda figura geométrica; o la Geometría de las
lombrices, donde éstas sustituyen a las líneas, rectas y curvas, en la
construcción de las figuras. Y en cada sistema -no quisiera citar otros ejemplos-, no
dejan de examinarse multitud de variantes: los bichos de la huniedad que se
desperezan y abandonan la forma esférica, y se van del plano; el triángulo
formado por lombrices de distintas edades, que van cumpliendo su ciclo vital, y que
se desequilibra por vejez o fallecimien to de uno de sus lados, o un rectángulo
cuyos lados se retuercen y cambian de dirección, algunos se van para no
volver...
Esta Geometría, en resumen tan parecida a la vida, con todo lo que ello significa para un pensamiento lógico
tradicional, racional, abstracto, es una de las obras más inquietantes del siglo.
Siento dejar el tema sin profundizarlo; confieso sin pudores el terror que me
invade. En el pequeño núcleo que conoce las obras de Tadeusz Corno, las opiniones se hallan fuertemente
divididas. Están aquéllos que han decidido tal vez no muy justiciera pero sí higiénicamente, declarar al autor un esquizofrénico delirante sin valor científico. Otros,
sin atreverse a tomar las riendas de su obra inacabada, tienen el coraje de
manifestar su admiración por ella, de la que esperan que en un momento dado
se transforme en el detonante de una revolución cósmica. Otros, por último,
cumplimos nuestra modesta labor de divulgación. Simplemente.
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