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Historia de la matemática |
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de la Matemática
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UNO:
Es el símbolo de la unidad indivisible, de la continuidad y la
estabilidad; el centro cósmico e inmaterial, impar, creador, iniciador y
pionero. De aquí que se asocie al macho como poder generador activo e
indique creación, impulso y actividad. DOS:
No engendra ninguna forma y de hecho tampoco es un número, sino el
principio de la paridad, el símbolo de la oposición, conflicto, y
reflexión. Es la dualidad como contraposición a la unidad, la pasividad
como opuesta a la actividad; es el primer número par y como tal, femenino
y complemento del principio generador impar y masculino, posibilitando así
la continuidad y la multiplicidad. Es el punto que se desplaza dando
origen a la línea, marcando su comienzo y su fin; en el tiempo y en el
espacio indica el inicio de la realización, lo que en la vida indica
dirección y destino y en los objetos determina la simetría, reflejo de
trabajo y belleza. El
reino de la dualidad es universal y hace que todo sea ambivalente, que en
todo exista polaridad, que al bien se oponga el mal, a la luz la
oscuridad, a la energía la materia, y sea la limitación de lo ilimitado.
Pero al significar el primero de los núcleos materiales, la naturaleza
como opuesta al creador, también implica la imperfección ante la
perfección, y por ello, en el fondo, la insatisfacción que impulsa
seguir adelante. TRES:
Es el ternario en el que la tensión de los opuestos, entre par e impar,
se resuelve dando origen a un nuevo impar; es el símbolo de la generación
a partir de la unión entre dos complementarios, del macho y la hembra
para dar origen al hijo; la espiritualidad como complemento de cuerpo y
alma; es la línea que se desplaza sobre su punto de origen para dar
nacimiento al más simple de todas las figuras: el triángulo, y con él
todas las figuras planas. Por ello es apto para reproducir eternamente las
mismas estructuras. El tres cierra un ciclo, una primera totalidad que no
es más que otro uno, otro impar en el que se iniciará el próximo ciclo;
como dice Platón en el Timeo:
“Es imposible combinar bien el conjunto de dos cosas sin una tercera, se
necesita un lazo que las una”. CUATRO:
Es a la vez el segundo número par y el regreso a la unidad fundamental en
un nivel superior, como lo evidencia su reducción mística en la que 1
+ 2 + 3 + 4 = 10 = 1 + 0 = 1 Simboliza
la potencia pro excelencia, pues en él, la unidad completa al ternario al
unirse al mismo dando origen a la cruz y al cuadrado y, lo que es más
importante, a las cuatro dimensiones del espacio, es decir, la determinación
material y corpórea. Son los cuatro principios elementales, Fuego,
Tierra, Aire y Agua, que conforman el Universo; los cuatro puntos
cardinales, los cuatro pilares del Universo, las cuatro fases de la Luna y
toda la infinidad de cuaternarios que sirven para definir una unidad
superior. Platón
decía que el ternario es el número de la idea y el cuaternario es la
realización de la idea. Por esta causa, en la séptuple organización de
las direcciones del espacio,
el ternario se halla situado en la vertical (tres mundos o tres niveles)
mientras que el cuaternario se halla dispuesto en la horizontal, en el
mundo de lo manifestado. CINCO:
Con el cinco hace aparición una nueva dimensión: el tiempo, lo que también
equivale a la animación de la materia mediante la vida al concederle
continuidad y sucesión. Los griegos le llamaban el número nupcial por su
posición intermedia entre los cuatro primeros y los cuatro últimos números
de la década. Simboliza al hombre como entidad completa e intermediaria
entre el mundo inferior y el mundo divino. Es el hombre encerrado en el
pentagrama revelador de la divina proporción, con sus cuatro miembros
regidos por la cabeza, y los cuatro dedos regidos por el pulgar. Pero además,
por su carácter de intermediario, puede ser un número destructor de lo
temporal, mutable y perecedero. Es
el primer número que manifiesta todas las posibilidades del Universo, y
por ello, los pitagóricos tenían como signo para reconocerse la estrella
de cinco puntas. Por último, cuando se le representa mediante un cuadrado
con un punto en su centro, representa la totalidad material (el
cuaternario) y su esencia. SEIS:
Representado por la estrella de seis puntas, muestra el equilibrio entre
dos triángulos enlazados y opuestos (Fuego y Agua); es por ello que se
descompone como 3 + 3, como conjunción del tres consigo mismo. Es la
oposición entre el Creador y su creación en un equilibrio indefinido,
oposición que no implica necesariamente contradicción, pero que es
fuente de todas las ambivalencias. Para los pitagóricos es el número
perfecto, dado que el producto de los números que lo componen es igual a
su suma: 1
+ 2 + 3 = 6; y 1 x 2 x 3 = 6 SIETE:
Ya vimos al estudiar el cuatro que su vuelta a la unidad significaba la
realización de la unidad del mundo. Ahora al llegar al siete, lo que se
realiza es la unidad universal. Este parentesco con el cuatro, símbolo de
la Tierra, hace que se le atribuyan los siete astros errantes o planetas.
Cuando procede del 6 + 1 se representa por una estrella de seis puntas con
un punto en su centro, es el equilibrio tendiendo a la interioridad,
revelando el misterio de la circulación de las fuerzas de la naturaleza. OCHO:
Es el primer número cúbico (aparte del 1), y en él se manifiesta el
volumen. Simboliza la regeneración espiritual y la mediación entre el
orden natural y el divino, por ser intermediario entre el círculo (símbolo
de eternidad) y el cuadrado (símbolo de materialidad), ala vez que la
estabilización en uno o en otro estado. Refleja
una armonía, pero también un cambio de nivel, pues siendo un número par
y pasivo, puede dividirse y subdividirse siempre en números iguales: 8
= 4 + 4 = 2 + 2 + 2 + 2 + 2 = 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1 + 1 De
aquí que otro de sus significados sea el equilibrio cósmico, de la
equidad y la justicia. NUEVE:
En la creación, los mundos son tres: cielo, tierra e infierno, y cada
mundo es simbolizado por una tríada; por ello el nueve es el número que
cierra el tercer ciclo a partir de la unidad, y con ello, la creación. Perménides
dice que el nueve es el número de las cosas absolutas, y en esta misma línea,
debemos hacer constar que las nueve musas representaban a la totalidad de
los conocimientos humanos. Además es también el número de la perfección,
pues el feto humano nace al mes noveno, ya totalmente perfecto. Porfirio,
en sus Eneadas (conjunto de nueve) formas por 54 tratados, dice: “he
tenido la alegría de hallar el producto del número perfecto, por el
nueve”. Y en esta estructura numerológica, intenta simbolizar su visión
total, cósmica, humana y teológica. Después de la emanación del Uno,
con el retorno al Uno se completa el ciclo del Universo. DIEZ:
Tiene el sentido de la totalidad, de final, de retorno a la unidad
finalizando el ciclo de los nueve primeros números. Para los pitagóricos
es la santa tetraktys, el más
sagrado de todos los números por simbolizar a la creación universal,
fuente y raíz de la eterna naturaleza; y si todo deriva de ella, todo
vuelve a ella. Es pues una imagen de la totalidad en movimiento.
Referente
a este tema diremos que la invención de las cifras arábigas es de origen
hindú y fueron introducidas en España durante la ocupación árabe (de
aquí su nombre), desde donde se expandieron a todo el mundo cristiano a
partir del año 965 gracias a la autoridad del papa Silvestre II.
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