El Cisne es una publicación de aparición mensual y de interés para todas aquellas personas que de una u otra forma estén vinculadas con el tema de la discapacidad y para el público en general.

 

Educación sexual
 
El lenguaje de la sexualidad
 
Los niños con discapacidad experimentan las mismas cuestiones acerca de la sexualidad que cualquier otra persona y, por su carácter de tal, tienen idénticos derechos afectivos y sexuales.
 
Hasta tiempos recientes, las personas con retraso mental eran aisladas y ocultadas socialmente y, por supuesto, no se consideraba que tuvieran derechos afectivos y sexuales. Incluso hoy son muchas las personas que tienen actitudes y creencias contrarias a que se les reconozcan tales derechos. No es infrecuente que los padres tengan como ideal para sus hijos con retraso mental que no se interesen por la sexualidad. De hecho, uno de los temores más reiterados es el miedo a que sea despertado su interés sexual. Sin embargo, son varias las razones que justifican la necesidad de educación afectiva y sexual en estas personas:
a.- En primer lugar, es necesario tener en cuenta que sus necesidades interpersonales son como las de cualquier persona: vínculos afectivos incondicionales, red de relaciones sociales e intimidad corporal y sexual.
b.- A pesar de la frecuente negación y persecución de las manifestaciones de este tipo en las personas con retraso mental, son muchas, de una u otra forma, las que ponen de manifiesto estas necesidades, incluidas la de contacto corporal e intimidad sexual. Los padres y quienes trabajan con ellas nos ofrecen múltiples ejemplos de manifestaciones en este sentido.
c.- Negar las manifestaciones e intereses sexuales, además de limitar las posibilidades de integración y normalización de estas personas, aumenta los riesgos asociados a la actividad sexual.
d.- Las personas con retraso mental suelen expresar de forma particularmente explícita sus necesidades afectivas y sexuales, de modo que los padres, cuidadores y educadores suelen verse obligados, incluso cuando las rechazan, a afrontar numerosas conductas sexuales de ellas, mal que les pese.
e.- Las personas con retraso mental que expresan conductas sexuales tienen menos conciencia de riesgos, más dificultades para llevar a cabo prácticas seguras, y otros peligros, además del embarazo no deseado.
f.- La legislación educativa actual en numerosos países apuesta por la integración de todos los discapacitados y defiende la necesidad de educar para la vida a través de los contenidos denominados transversales. Uno de ellos es la educación afectiva y sexual.
Esta difusión, necesaria en todos los menores, lo es aún más en quienes están limitados para manejarse en la vida, suelen disponer de menos experiencias sociales con sus iguales y son, con frecuencia, sobreprotegidos por los padres.
Los niños poseen distintos niveles de curiosidad y de entendimiento que varían según la edad y grado de madurez. A medida que crecen, frecuentemente preguntan más detalles acerca del sexo. Muchos tienen sus propios términos para designar las partes del cuerpo. Es importante hacer uso de las palabras que conocen y con las que se sienten más cómodos, de manera que se haga más fácil hablarles.

Según la edad y la madurez
Un niño de 5 años puede conformarse con la respuesta sencilla de que los bebés vienen de una semilla que crece en un sitio especial dentro de la madre. El papá ayuda cuando su semilla se combina con la semilla de la mamá, lo que hace que el bebé comience a crecer.
Uno de 8 años puede querer saber cómo la semilla del papá llega hasta la semilla de la mamá. Entonces podemos hablar acerca de cómo la semilla del papá (o espermatozoide), que viene de su pene, se combina con la semilla de la mamá (o huevo) en el útero. Entonces el bebé crece en la seguridad del útero de la mamá por nueve meses hasta que está suficientemente fuerte para nacer.
A los 11 años puede querer saber aún más y se puede hablar acerca de cómo un hombre y una mujer se enamoran y pueden decidir tener relaciones sexuales.
Es importante hablar acerca de las responsabilidades y consecuencias de una vida sexual activa. El embarazo, las enfermedades transmitidas sexualmente y los sentimientos o emociones acerca del sexo, son temas importantes que deben ser discutidos. Hablar puede ayudar a tomar las mejores decisiones, sin sentirse presionados para hacer algo antes de estar preparados para ello. Si se ayuda a que entiendan que éstas son determinaciones que requieren madurez y responsabilidad, se aumenta la probabilidad de que escojan las buenas o correctas.
Los adolescentes son capaces de hablar acerca de amoríos y del sexo en términos de sus citas y relaciones amorosas. Ellos pueden necesitar ayuda para lidiar con la intensidad de sus emociones sexuales, su confusión con respecto a su identidad sexual y su comportamiento en una relación.
Las preocupaciones acerca de la masturbación, la menstruación, las medidas contraceptivas, el embarazo y las enfermedades transmitidas sexualmente son comunes. Algunos también batallan con los conflictos acerca de los valores familiares, religiosos o culturales. La comunicación abierta y la información precisa que brinden los padres aumentan las probabilidades de que los adolescentes pospongan su iniciación y de que usen los métodos apropiados de control de la natalidad una vez que comiencen su vida sexual activa.

Algunas recomendaciones
- Estimule a su hijo a hablar y a hacer preguntas.
- Mantenga una atmósfera calmada y libre de críticas en sus discusiones.
- Use palabras que se entiendan y hagan que el niño se sienta cómodo.
- Trate de determinar cuál es el nivel de conocimiento y entendimiento del niño.
- Mantenga su sentido del humor y no tema hablar acerca de su propia incomodidad.
- Establezca la relación entre el sexo y el amor, la intimidad, el hacerse cargo de los otros y el respeto propio y por su pareja.
- Comparta abiertamente sus valores y sus preocupaciones.
- Discuta la importancia de la responsabilidad al escoger y tomar decisiones.
- Ayude a su hijo a considerar los puntos a favor y en contra de sus alternativas.
Al desarrollar una comunicación abierta, sincera y continua acerca de la responsabilidad, el sexo y las alternativas, los padres pueden ayudar a sus hijos a aprender acerca del tema de una manera positiva y saludable.
La información y la enseñanza sobre sexualidad, compartidas durante los primeros años del niño, proporcionan el comienzo de un sólido basamento que necesitará que sea repetido, completado y reforzado conforme crezca. Este cimiento proporcionará la base sobre la cual se seguirá construyendo, añadiendo conceptos sobre sexualidad más avanzados, que se van a enseñar conforme vaya madurando. Por ejemplo, es más difícil enseñar al niño los cambios físicos que acompañan a la pubertad si no conoce previamente el vocabulario de los órganos genitales.
Los niños y las niñas con alguna discapacidad física no tienen por qué ser tratados de manera diferente que los demás: la sexualidad en ellos se desenvuelve del mismo modo que en el resto de los niños.
En todo caso, nuestro empeño ha de centrarse para que, precisamente, en el aula y en la escuela pueden tener las mismas condiciones: que no se los excluya, sino que teniendo en cuenta las particulares limitaciones de cada uno, se busque la forma de integrarlos. No se trata de desplegar una actitud de sobreprotección, sino de respeto, pues cada niño o niña, al margen de sus impedimentos, ha de ser tratado como persona y ha de tener derecho a que su vida transcurra en un ambiente que no destruya su autoestima.
El maestro deberá prepararse para llevar a cabo esta ayuda, pues, dependiendo del tipo de discapacidad, será necesario brindar al alumno un apoyo especial. Así, por ejemplo, si se trata de un alumno no vidente, hará falta que se refuerce la información por la vía auditiva, para reemplazar la que no recibe por la visual. Un niño discapacitado debe ser tratado como cualquier otro niño, pero el maestro habrá de asegurarse de que en verdad reciba los mismos contenidos informativos que aquellos que no tienen ninguna discapacidad.

Discapacidad mental
Un capítulo aparte merecen los niños y las niñas con deficiencia mental, pues ellos, a diferencia de quienes no la presentan, no logran deducir fácilmente las normas generales de la convivencia social de las experiencias que van teniendo: los esquemas de lo que es correcto-incorrecto, aceptable-inaceptable. Ellos necesitan una mayor cantidad de experiencias y un esfuerzo extra de sus padres y maestros para adquirir dichos esquemas, pues precisamente su discapacidad mental bloquea los procesos de generalización que permiten que los demás niños puedan adquirirlos. De modo que, si resulta importante una educación sexual integral para los niños que no presentan discapacidad mental, con más razón es indispensable una que ayude a asumir y comprender su sexualidad a los niños con esta clase de discapacidad de manera positiva, como se mostrará en seguida.
Hay que considerar que en ellos se presentan baja autoestima, débil control de los impulsos, poca tolerancia a la frustración, escasa comprensión y, en consecuencia, que todos estos factores los conducen a la búsqueda de la gratificación a través de las sensaciones placenteras. Si la educación sexual no se inicia desde la infancia, será muy dificultoso hacerles entender, cuando lleguen a la adolescencia, que lo que se busca es evitar que se hagan daño y que agredan u ofendan a la sociedad. Es fundamental hacerlos conscientes -como a cualquier niño, aunque en estos casos con mayor énfasis- de que existen conductas públicas y conductas privadas, que con las primeras ha de tenerse cuidado de no ofender ni violentar y que hay otras que sólo deberán hacerse en privado; aunque estas últimas, no por ser privadas, pueden atentar contra la propia salud. Así, por ejemplo, eructar, arrojar gases, rascarse los genitales, masturbarse, desnudarse, son conductas que requieren estricta privacidad.
Con los niños y niñas que presentan discapacidad mental severa también ha de tomarse en cuenta que el nivel de comprensión lingüística suele ser muy bajo y que, por lo tanto, la información deberá repetirse varias veces, con las palabras más sencillas y de distintas maneras, a fin de comprobar que han entendido. También a causa de estas limitaciones lingüísticas, debe considerarse la dificultad que tiene el discapacitado mental para entender su sexualidad y elaborar y externar sus dudas.
Es muy importante que quienes presentan discapacidad mental comiencen desde la infancia a distinguir las conductas privadas de las conductas públicas y, muy especialmente, en función de la sexualidad; de lo contrario -como se ha dicho- resulta muy difícil lograrlo en la adolescencia, cuando la necesidad sexual irrumpe plenamente. Si se consigue inculcarles los conceptos de conductas públicas y conductas privadas (sin agredirlos por manifestar su curiosidad sexual, respetándolos por expresar sus inquietudes), estarán en mejores condiciones de enfrentar las demandas sexuales que aparecen en la adolescencia.
Sabemos que los padres de discapacitados mentales suelen atravesar por varias etapas: negación (no aceptan que su hijo o hija tenga esa discapacidad), rechazo, duelo y aceptación. Es importante que los docentes ayuden a los padres o los canalicen hacia un especialista para que superen dichos sentimientos, pues si a la discapacidad mental se aúna la carencia de afecto, podrían ocasionarse conductas sexuales difíciles de controlar en el futuro.
En el adolescente con discapacidad mental no suelen darse las preocupaciones que aparecen en los que no la tienen: no los inquieta la aparición de los caracteres sexuales secundarios, ni su identidad, pues, al no llegar a la etapa en que se consiguen las operaciones formales, no se redescubre ni conquista la capacidad crítica. En ellos, el problema principal será no haber conseguido un autocontrol, pues las necesidades sexuales tienden a ser actuadas espontáneamente, sin ningún control moral. De ahí la especial importancia de brindar una educación sexual específica desde la infancia a quienes presentan discapacidad mental, y lo indispensable de que hayan aprendido la frontera entre las conductas privadas y las públicas antes de que lleguen a la adolescencia.
 
María Marta Castro Martín*

* La profesora María Marta Castro Martín es educadora sexual. Estudio de Postgrado realizado en el Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y familia.

 

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