nueva lógica de producción mass-mediática
Introducción
En las complejas comunidades actuales, el auge de las
tecnologías de la información y comunicación ha generado cambios tanto a nivel
político como a nivel económico y social. Al calificar de complejas a las
comunidades, se hace referencia a aquellas que han sido afectadas por una
suerte de revolución mass-mediática.
Los medios audiovisuales (fundamentalmente la televisión) han invadido la vida
cotidiana en la última mitad de este siglo alterando todas las prácticas
sociales, los mecanismos de toma de decisión, los hábitos de consumo, etc. El apogeo de los mass-media ha provocado un cambio en las relaciones entre los
ciudadanos y los políticos, en la
manera de hacer política y en el nivel de participación en la cosa pública .
Los mass-media,
siempre con la televisión a la cabeza, han establecido un nuevo terreno social
y político caracterizado por una creciente accesibilidad a las imágenes. La globalización comunicacional, liderada
por empresas de comunicación multinacionales, es uno de los puntos principales
a tener en cuenta, si se aspira comprender los cambios sufridos en las
prácticas políticas. La información es
distribuida por ellas instantánea y masivamente a múltiples comunidades. En Argentina, se suman factores locales
relacionados con las continuas crisis políticas, la pobreza y la marginación de
grandes sectores y la consecuente crisis educativa.
Este modesto ensayo de opinión nace de la idea de pensar
al ciudadano como habitante de las comunidades mediatizadas. No se intenta
obtener soluciones para tan complejo tópico, «en el convencimiento de que el tema de los efectos aún no ha sido
resuelto por ninguna teoría» (Vilches, 1993: 12), sino simplemente plantear
algunas reflexiones que puedan ser consideradas algo esclarecedoras. Para realizar tal examen se acude a variados
autores, algunos de los cuales han sido
estudiados durante el cursado de la materia.
Es necesario analizar aquellos aspectos comunicacionales y psicosociales
que tienen que ver con la metamorfosis del ciudadano en telespectador y del
político en producto comercial, generada por esta nueva lógica de producción mass-mediática.
En estas circunstancias, surgen numerosas preguntas,
entre las que cabe citar: ¿Cuál es el poder real y cuáles son los efectos de
los mass-media en la vida política y
en la opinión de los ciudadanos? Esos medios, ¿Son instrumentos integradores y
portadores de cultura o meros aparatos regidos por intereses de lucro y control
social? ¿Cómo se reestructuran las identidades individuales y grupales cuando
la política neoliberal se fortalece en desmedro de la comunidad nacional y la
participación segmentada en el consumo se vuelve el principal procedimientos de
identificación? ¿Existe una disfunción
narcotizadora de los mass-media? Y en caso de que así sea
¿Engendra la apatía política de grandes masas de la población?, ¿Qué
consecuencias para la ideología, la acción y la inacción surgen de la
preocupación por las noticias políticas como espectáculo? ¿De qué modo el
espectáculo genera interpretaciones? ¿Cuáles son sus implicaciones para la
teoría democrática? Tales son algunos de los interrogantes abordados en este
trabajo.
Presentado el estado de situación en el que se sitúa el
tema a observar y los interrogantes que dan forma a la necesidad de abordarlo,
hemos de centrarnos en las ideas rectoras (sería exagerado llamarles hipótesis)
desde las cuales tomará forma la presente monografía.
La comunicación mediatizada por los mass-media, altera el clásico esquema de la comunicación, erigiendo
a las empresas de comunicación en el papel de instituciones encargadas de
asegurar la faz ideológica de la economía de mercado, mediante actividades que
las más de las veces perjudican las actitudes relacionadas con la participación
de los ciudadanos en la vida política de una comunidad.
El medio o canal tiene una interferencia sobre el
mensaje, ora por su propia esencia en la forma de transmitirlo, ora por los
intereses que lo financian. He aquí una
de las cuestiones de vital importancia a señalar y a estudiar. Es necesario distinguir, y muy pocos autores
lo hacen, entre el medio técnico que permite la comunicación de masas
(Televisión, radio, prensa) y las empresas que lo ponen en funcionamiento. En adelante, llamaremos a aquel “medio de
comunicación” y a estas “empresas de comunicación”.
Mediante diversos mecanismos que intentaremos dilucidar,
los mismos actores económicos que presionan a los actores políticos para que
lleven a cabo políticas favorables a sus intereses, son aquellos que tienen el
dominio absoluto de los mass-media. De esta forma cubren los dos frentes; por un
lado tienen el control real del poder en su faz político-económica, y por el
otro, poseen el control de la simbología que consume la población.
Finalmente, mediante esta última capacidad, generan la representación
social en la sociedad civil de que los culpables de las penurias populares son
todos quienes participan de acciones y formas vinculadas al poder estatal
formal (desde ahora, actores políticos). Todo este círculo vicioso adquiere cada vez
mayor eficacia en función de que disminuye la confianza de la opinión pública
en sus representantes y, como consecuencia, el interés y la participación de
los ciudadanos en el ámbito público se ven menguados.
En una primera
parte de trabajo, se desarrollará un marco de fundamentación teórica que se
dividirá en siete apartados. Para
comenzar se establecerá una división entre los cuatro elementos del esquema de
comunicación: emisor, medio, mensaje y receptor. Es imprescindible aclarar que tal
organización obedece exclusivamente a motivos expositivos. Acto seguido se analizarán algo más
detenidamente y bajo el título de comunicación
mediatizada, los rasgos centrales de lo que denominamos el medio-emisor. Finalmente, concluyendo con esta primera parte, intentaremos
sintetizar los aspectos que exige analizar el presente tema desde un enfoque psicosocial.
En la segunda
parte, comenzaremos por reinterpretar el concepto Althusseriano del Aparato
Ideológico del Estado, redefiniéndolo en los que daremos en llamar Aparato
Ideológico del Mercado. En el apartado
siguiente (Industria del desencanto)
trataremos de demostrar los mecanismos de los que se sirven las empresas de
comunicación para desacreditar a los políticos y promover así la
desmovilización social. Finalmente, y a
modo ejemplificativo, se realizará un análisis
empírico de la realidad argentina examinando la importancia del dominio de
las empresas de comunicación bajo el título de “Dime de quien eres...”; para terminar observando un caso testigo: el Grupo Clarín.
¿Quién dice qué por qué canal a quién y con qué efecto?
Que nos encontremos sumergidos en un proceso de
comunicación mediatizada no necesariamente significa que nos estemos
comunicando alegremente unos con otros.
En 1948, la sociología funcionalista de los medios de
comunicación es dotada de un marco conceptual por Harold Lasswell con el
siguiente interrogante «¿Quién dice qué
por qué canal a quién y con qué efecto?» (Mattelart, 1997: 30)
Adaptando esta estructura a nuestra hipótesis, y
partiendo de la pregunta propuesta por Lasswell, es dable clasificar las
diferentes proposiciones de la siguiente manera: examen de los emisores y de
las empresas de comunicación, examen de los contenidos emitidos, examen de los
medios de comunicación o soportes, examen de los receptores y examen de los
efectos desde una perspectiva psicosocial.
Decíamos en la introducción que la organización que
estamos utilizando obedece a razones simplemente expositivas, en efecto, somos
concientes (por ejemplo) que los actores políticos, que ya han sido definidos y
situados en la categoría de emisores de los mensajes políticos, son también, y
en la misma medida, receptores en esta interacción. Pero veamos un poco más detenidamente este punto.
Germaine de Montmollin al proponernos el esquema clásico
de la comunicación (Fig. 1), nos dice que «la
fuente no siempre es quien habla» (Moscovici, 1984: V. I, 122), nosotros
tomamos esta proposición y la ampliamos con fines didácticos: la fuente es el
protagonista y ejecutor principal de la realidad que analizamos; ergo, si
estudiamos la realidad política, la fuente son los actores políticos y el
receptor es la sociedad civil.
A partir de ello, puede afirmarse que la masificación de
la comunicación a través de los mass-media
produce una interferencia determinante en la atribución de significados a los
mensajes políticos. Pero veamos si se
aclara graficándolo:
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Fig. 1: Esquema Clásico de
Comunicación
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Lo cierto es que muchos cambios en la esencia de la
política van de la mano con modificaciones en la organización y los aspectos
técnicos de los mass-media. Y no es que estos escriban directamente el
destino de la política, sino solamente que la política es un fenómeno cultural
y como tal responde a las alteraciones en las características de las comunicaciones. Por otra parte, como señala Montmollin, el
individuo «cada vez tiene menos
posibilidades de hacerse una opinión “por sí mismo” y de adquirir, de forma
personal, informaciones directas y no transmitidas socialmente” (Moscovici,
1984: V. I, 118).
Emisor o fuente
Como se ha anticipado, en este apartado se analizan
algunos rasgos centrales de los actores políticos como protagonistas
principales de la realidad ligada al ejercicio del poder formal de una
comunidad.
Si hablamos de los políticos no podemos soslayar el tema
del descrédito de los estados
como administradores, así como la incapacidad de los partidos políticos para
generar adhesiones. Pero debemos
ampliar la mirada para percatarnos de que no se trata solamente del Estado, los
partidos y los políticos; también han entrado en crisis los sindicatos, la
escuela pública y tantas otras instituciones modernas que debieran dar cauce al interés ciudadano por la cosa pública.
La realidad es que se han contraído los espacios donde
podía hacerse presente el interés público.
Claro está que no solamente las empresas de comunicación, fieles
instrumentos de capitales internacionales al servicio de ellos, han causado
esta crisis de valores cívicos; como se pretenderá afirmar en las páginas
siguientes. No podemos dejar de
reconocer que la falta de valores éticos y las malas administraciones sucedidas
por lo menos en la última mitad de siglo, han contribuido en forma determinante
a este descrédito.
Desde el punto de vista de la Psicología Social, tampoco
cabe brindarles a nuestros representantes informes esperanzadores, porque el
balance de diversas investigaciones referentes a la confianza que puede inspirar la fuente, han
concluido que el receptor sólo otorga su confianza si considera a la fuente
imparcial, desinteresada y sin intención de manipular.
Medio o canal
Técnicamente, la televisión aparece como medio de transmisión casi
instantánea de una sucesión de 25 imágenes por segundo que forman un movimiento
regular. Una cámara, un sistema de
barrido, un generador de señales de sincronización, un emisor y un receptor
forman la estructura de un soporte de transmisión televisiva. Estas dos características, la de poseer un
canal complejo de grandes dimensiones y la simultaneidad de sus señales
provocarán el interés regulador de los Estados desde sus mismos inicios debido
a la necesidad de planificar la infraestructura técnica y de regular su estatus
político y económico (Vilches, 1993: 18).
Dice McLuhan en su obra cumbre que «las sociedades siempre han sido moldeadas más por la índole de los
medios con que se comunican los hombres que por el contenido mismo de la
comunicación...» (McLuhan, 1967).
Esta proposición, sobre la que no nos expandiremos como correspondería
por razones de espacio, es recogida por numerosos autores, entre los que se
destaca, por ejemplo, Giovanni Sartori, quien agrega que:
La erosión de la cultura escrita y su
sustitución por la cultura visual, produce un hombre cada vez menos capaz de
abstraerse, de comprender más allá de ver.
Mientras nosotros nos preocupamos por quién controla los media, es el
instrumento en sí quien controla la formación del homo sapiens. (Sartori, 1992;
316)
Más tarde, este mismo autor le llamaría Homo Videns (Sartori, 1997) al nuevo hombre, que ya no se
caracterizaría como el homo sapiens por el capital simbólico de su lengua, su
arte y su capacidad interpretativa, sino que mutaría en un animal vidente que
no actúa, porque las nuevas tecnologías no se lo reclaman e imaginan por
él. Este individuo sería el habitante
de una Sociedad Teledirigida.
En definitiva, lo que nos advierten estos autores es que
los mass-media (sobre todo la
televisión) no son sólo el transporte
de programas y contenidos. establecen con los espectadores una
relación comunicativa que genera un cambio en la percepción del mundo. Es esta la razón por la que los nuevos
medios de comunicación estarían provocando una revolución en la forma de hacer
política.
Tal vez sea
inapelable el análisis y las conclusiones de autores como McLuhan y
Sartori. Sin embargo, siguiendo a
Umberto Eco:
Creemos que si debemos trabajar en y por
un mundo construido a la medida humana, esta medida se encontrará no
adaptando al hombre a estas
condiciones de hecho, sino a partir de
estas condiciones de hecho. El universo
de las comunicaciones de masas es nuestro universo... (Eco, 1968: 15)
y como tal, debemos reconocer para qué es adecuado y
para qué no lo es.
Por otra parte, cuando Sartori asegura que la lógica de
los mass-media imposibilita una
discusión racional durante los procesos electorales, nos aporta un respaldo
importantísimo a nuestra hipótesis, pero corremos el riesgo de olvidar que
tampoco antes la democracia se ajustó a los ideales de la democracia
deliberativa propiamente dicha. Este
peligro es característico de quienes lamentan los obstáculos que los medios
audiovisuales han impuesto al debate político.
Finalicemos este apartado con una tercera consideración
sobre los legados de McLuhan y Sartori.
Se pecaría de soberbia si se intentara rebatir la tesis de que «los medios manipulan a los receptores, los
mueven, conforman su personalidad y su conciencia y todo ello incluso por
encima de los contenidos que puedan transmitir» (McLuhan, 1967). No
obstante, no debemos cometer el error de
subestimar, o incluso desestimar, la capacidad de control social de
determinados grupos o intereses en dominio de empresas de comunicación.
por todo lo que su presencia suscita en el entorno inmediato del
ser humano, los mass-media van generando un ambiente no constituye una
envoltura pasiva, sino más bien, un proceso activo invisible. «El nuestro es un mundo flamante de
repentineidad» (McLuhan, 1967), el mundo de los mass-media gira
alrededor de la novedad y la actualidad, su tiempo es la tensión, provoca una
fuerte adicción, La actualidad siempre tiene fecha de vencimiento. Pero la novedad exige una labor de olvido,
siempre hay que hacer lugar para las nuevas impresiones enterrando las
anteriores. Indirectamente los medios
son programadores de amnesia. ¿Y cuál es
el espacio para la política en este contexto? Veamos lo que expresa Nestor
García canclini:
Consumo incesantemente renovado, sorpresa y
entretenimiento. Por razones semejantes
la cultura política se vuelve errática..., las decisiones políticas y
económicas se toman siguiendo las seducciones inmediatistas del consumo...
(García Canclini, 1995: 32/3)
Así, La nueva escena socio-política transcurre en medio
de un reacomodamiento de las instituciones y los ámbitos de ejercicio de lo
público y lo privado. En él, pierden
importancia e imagen las entidades locales y nacionales en beneficio de las
empresas multinacionales; y el ciudadano como representante de una opinión
pública muta en un simple consumidor. Una de las principales consecuencias de
este fenómeno es que...
las formas argumentativas y críticas de
participación ceden su lugar al goce de
espectáculos en los medios electrónicos, en los cuales la narración o simple
acumulación de anécdotas prevalece sobre el razonamiento de los problemas, y la
exhibición fugaz de los acontecimientos sobre su tratamiento estructural y
prolongado (García Canclini, 1995: 40/1).
Mensaje
En el universo total de los mass-media es importante hacer pie en el lenguaje televisivo,
considerando que son las imágenes, como soporte de este canal de comunicación,
las generadoras de los principales cambios en las formas de percibir y de
llevar a cabo la política. El discurso televisivo es vertiginoso, instantáneo,
disgregado y fragmentado. La forma de
expresión de la televisión requiere lapsos breves y las imágenes se eliminan
unas a las otras. En este escenario es
donde tiene lugar la política, allí se encuentra inmerso el político. Allí radica la importancia de que las
relaciones entre los políticos y ciudadanos estén mediadas por los
mass-media. El sufragante se transforma en el Homo Telespectador de Jean Cazeneuve (Cazeneuve, 1974), en
telespectador de mensajes mediatizados por las empresas de comunicación,
condicionados por la lógica del lenguaje de las imágenes y no es sólo él quien
debe adaptar sus prácticas de participación, sino que también los actores
políticos deben adaptarse a esta nueva lógica propuesta por los mass-media. Es más, las actividades de los políticos, deben amoldarse a la
naturaleza de los escenarios y los géneros televisivos: el humor, la parodia,
etc.
Muchos presentadores de televisión se vanaglorian al
afirmar: «La imagen no miente».
Realmente lo dicen convencidos, porque entienden que la imagen habla por
sí misma. Si fotografiamos algo, dice Sartori, ese algo existe y es como
es.
No hay duda de que los noticieros de la
televisión ofrecen al espectador la sensación de que lo que se ve es verdad,
que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve. Y, sin embargo, no es así. La televisión
puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual como cualquier otro
instrumento de comunicación. La diferencia es que la 'fuerza de la veracidad'
inherente a la imagen hace la mentira más eficaz, y por tanto, más peligrosa. (sartori, 1997: 99)
El razonamiento deductivo y el largo plazo son
abstracciones que la televisión no se permite. Sólo puede existir lo visible
que impacta. El presentador de un
noticiero lee los resultados de la medición de Octubre sobre el desempleo e
inmediatamente se reemplazan los datos por un obrero que ha sido despedido y no
tiene para comer. No tiene ninguna
relación, aun cuando el nivel de desempleo sea del 0,5% habrá miles de personas
en la misma situación que él; desde el punto de vista político esta es una
situación en la que el árbol no deja ver el bosque, se pierde perspectiva, se
pierde capacidad de análisis, pero el obrero conmueve y eso basta. Esta parodia representa el modo de abordar
los temas políticos que caracteriza actualmente a los mass-media. En definitiva:
Los peligros políticos inherentes a la
utilización cotidiana de la televisión resultan de que la imagen posee la
particularidad de producir lo que los críticos literarios llaman el efecto de realidad, puede mostrar y
hacer creer en lo que muestra... puede dar vida a ideas o a representaciones...
(Bourdieu, 1996: 27)
Las cadenas de televisión, concientes de su poder o no,
con intenciones relacionadas al control social o por motivos de competencia
comercial (nunca lo sabremos), muestran cada vez más eventos, personas y
situaciones que sólo provocan curiosidad, «y
no requiere ninguna competencia específica previa, en particular política. Los sucesos, [...] tienen el efecto de crear
un vacío político, de despolitizar o de reducir la vida del mundo a la anécdota»
(Bourdieu, 1996: 74).
De todos modos, conviene advertir que, desde un punto de
vista de la Psicología Social, todo este determinismo debe verse flexibilizado
por el hecho de que desde el interaccionismo simbólico «la conducta no es una respuesta automática a los estímulos de origen
externo sino un producto de las construcciones subjetivas sobre uno mismo,
sobre otros y sobre las exigencias sociales de las situaciones» (De Fleur,
1982: 45)
Receptor
La sociedad civil no es una masa alienada sino un conjunto
de individuos que interpretan los mensajes y se sirven de ellos para consumir,
divertirse y participar. El público hace uso de los mass-media y se siente bien con ello. Las consecuencia de los
medios sobre la audiencia son afectadas, a su vez, por otras variables y por la
experiencia propia de cada persona.
Es decir, los medios no engañan o manipulan
necesariamente, aunque a veces lo puedan hacer. El ser humano no es una tabula
rasa, no es un ente pasivo frente al televisor, la radio o el diario. Las imágenes no se inscriben en el ser
humano necesariamente como las quiere etiquetar el emisor, ya que el ser humano
es reactivo. Los mensajes son significantes a los que sólo el
receptor, influenciado por el contexto que lo rodea, les otorga significado.
Pero
entonces, ¿En qué nos apoyamos cuando le atribuimos a los mass-media por un
lado y a las empresas de comunicación por otro la capacidad de afectar
severamente las actitudes o por lo menos las opiniones políticas del ciudadano?
No
cabe duda de que existe una abundancia excesiva de la información que genera
una hiperestimulación sensorial. He
leído por ahí que en el siglo XVIII un hombre normal recibía a lo largo de su
vida, media docena de novedades que trascendían su aldea. Hoy una persona
normal, percibe unos dos mil estímulos
informativos por día. No recuerdo de
donde tomé esta información, por lo que no cabe tomarla como dato riguroso; a
pesar de ello la menciono porque creo que el sentido común nos corrobora,
cifras más cifras menos, tales números.
A partir de ello, imaginemos el ingente esfuerzo de clasificación y
selección necesario para definir qué es lo que realmente nos importa, lo que
nos interesa y lo qué creemos y cómo lo creemos.
Es
aquí donde los mass-media y las
empresas que los gestionan adquieren una importancia enorme. La selección que hacemos de los medios y las
empresas a través de los cuales nos informamos es decisiva para nuestra
interpretación de la realidad, puesto que con la información con que contamos,
vamos de vacaciones, elegimos a nuestros candidatos y, lo que es más importante
¡Compramos!...
El
problema podría resumirse en términos de qué
sabemos y cuánto sabemos sobre los
acontecimientos ligados a la política.
Con respecto a la primera pregunta, comentaba Carlos Gabetta en un foro
de opinión organizado por 3 puntos,
a propósito de si los medios hacen o inventan la información, que cierta vez le
preguntaron Tocqueville, qué opinaba de los ingleses y él dijo: no tengo
opinión porque no los conozco a todos.
Ahora yo pregunto ¿Qué piensa de los políticos? ¿Qué piensa de los
sindicalistas? y entonces ¿Cuál es
el rol de los mass-media o de las
empresas de comunicación en la formación de opinión de sus consumidores?
La concentración de empresas de información y
comunicación implica que dos o tres grupos poseen el poder de control de la
información y una mayor posibilidad de establecimiento de agenda en la opinión pública. Los grupos multimedias pueden
establecer a largo plazo la agenda pública, es decir, imponer en la discusión de la gente determinados temas y
descartar otros. E incluso...
Como señala De Fleur, ya hace tiempo que la
selección y organización de las noticias ha dejado de concebirse como la
búsqueda de la realidad. Es cierto que
los periodistas indagan en el entorno social y político, pero las noticias que
nos dan no es el reflejo de lo que sucede sino el procesamiento y la
manufactura de un acontecimiento. La
noticia es un producto y como tal contiene a la sociedad y a la organización
del trabajo que la produce. Esta
organización determina quién toma la decisión de lo que es noticia... Esta nueva concepción [de la construcción de
la realidad social en la información] ... supone una estrecha correlación entre
la forma del mensaje o noticia, la estructura del lenguaje y el contexto social
y las delimitaciones organizativas de la empresa de comunicación. (Vilches, 1993: 132/3)
Ya abordaremos con mayor profundidad este tema.
Con respecto al aspecto cuantitativo de nuestro
conocimiento sobre los acontecimientos políticos, es de señalar que tiene una
relación directa con la Psicología Social, puesto que como confirman diversas
investigaciones de esta disciplina,...
Si la ciudadanía tiene un conocimiento
personal de los hechos, los medios no tienen muchas probabilidades de
influir. Pero los medios de
comunicación pueden tener una influencia significativa acerca de los asuntos en
relación con los cuales no estamos bien informados... lo que los medios de
comunicación dicen acerca de estos temas puede tener un efecto importante sobre
lo que pensemos... La mayoría de
nosotros tiene poca información acerca de los candidatos..., y por ello
necesitamos confiar en lo que nos dicen los medios de comunicación acerca de
los candidatos... (Wilson, 1990: 146/7)
No caben dudas, entonces, que los ciudadanos que poseen
conocimiento sobre los desarrollos políticos tienen la capacidad de defender y
proteger con mayor eficacia sus intereses y el interés publico. De todos modos, esta afirmación da por
seguro que los fenómenos políticos tienen un significado determinable y que las
personas reaccionan racionalmente a los hechos que conocen. Es claro que no se puede sostener ninguna de
esas dos proposiciones.
Para terminar con este
apartado, veamos algunas consideraciones propias y ajenas que deben tenerse en
cuenta a modo de parámetros por cuanto constituyen rasgos fundamentales
relacionados con la opinión pública y la política. Muchos de ellos adelantan algunas reflexiones que se realizarán
en Un enfoque psicosocial.
En nuestro país, cada vez son más las personas que están
fuera del sistema (pobres,
analfabetos), pero que sin embargo miran
todo por tv.
En la primera mitad del siglo XX lo hizo la radio, pero
en la segunda mitad del mismo fue la televisión la que produjo una revolución
total al modificar radicalmente la estructura de organización interna del
hogar. Alrededor del televisor se
modificó la ubicación de los muebles del comedor, de modo que todos puedan ver
televisión, es como si en la mesa se hubiera reservado un lugar, el más
importante, para la caja boba. Pero también el dormitorio fue afectado, e
incluso, esa habitación pensada para la convivencia que es el living.
De tal manera, se transformaron gran parte de las reglas de juego de una
relación familiar (consideremos, por ejemplo, que en el almuerzo familiar,
tener el control remoto en la mano en muchos casos es señal de poder), con lo
que el diálogo fue sustituido por una mirada silenciosa hacia el frente.
Todos los individuos no consumen la misma
cantidad de medios de comunicación de masas... depende de la edad, el nivel
cultural, la categoría socioeconómica, etc...
Por esta razón, la unificación aparente de un público únicamente a
través de las posibilidades técnicas de difusión a gran escala no es, de hecho,
más que una ilusión. Podemos dudar a fortiori de la validez de las
concepciones de McLuhan.
En una amplia medida, el individuo elige los media que consume y a los que se expone;
y dentro de cada media, por ejemplo
el diario, la radio y la televisión, selecciona los contenidos disponibles
según sus características personales, psicosociales y sociales... Por otra parte, los fabricantes de los media siempre apuntan hacia una
categoría determinada de receptores, elaboran un cierto perfil de clientela, lo
confortan y se conforman a él...
La exposición a un medio de comunicación de
masas siempre moviliza hasta cierto punto el sistema de las actitudes del
receptor y sus mecanismos de defensa (Moscovici, 1984: 633/4/5).
Es igualmente evidente que las opiniones de
los individuos acerca de las cuestiones políticas cambian con las
transformaciones de su situación social, con los indicios de las probables
consecuencias futuras de las políticas, con la información sobre las fuentes de
las políticas y su apoyo autorizado, y con los grupos con los que ellos se
identifican...
Todo signo ejerce su efecto como consecuencia
del contexto específico de privilegio, desventaja, frustración, aspiración,
esperanza y miedo en el que es experimentado (Edelman, 1988: 9/10/15).
Transformaciones en los gustos de los espectadores
indican la primacía del espectáculo sobre reflexión, la atracción por un
presente desprovisto de historia y la reducción de las diferencias dentro de las y entre las sociedades.
Medio-emisor
Las personas saben y aprueban implícitamente que los mass-media mediatizan la realidad
social. Precisamente, uno de los
aspectos en los que se encuentran más indefensas ante esta situación es en la
percepción de la realidad política. quienes
participan en la producción y edición de las noticias tienen posibilidades (y
seguramente razones) para tratarlas de forma que atraigan audiencias y para
alentar interpretaciones particulares a través de su contenido y su forma. Los grupos de interés que cuentan con el
dominio de mass-media y los
funcionarios públicos comparten el interés de dar a la noticia el punto de
vista que más les convenga, pero son los primeros los que juegan de locales, porque como dice Oscar Landi, son protagonistas
y escenarios a la vez (Landi, 1992: 74).
ya no constituye una novedad el hecho de que exista una influencia
ejercida por las empresas de comunicación, y a través de ellas la lógica del
mercado, sobre los campos de producción cultural. El debate se centra en el cuánto
y el cómo. En este último sentido, podría afirmarse son las estructuras
institucionales de las empresas de comunicación, con sus prácticas y cadenas de
producción, sus relaciones de organización y sus infraestructuras técnicas, las
que producen el mensaje. El mensaje
sufrirá entre su producción inicial (a cargo de los actores políticos) y su significación (a cargo de cada unidad de
acción de la opinión pública) un múltiple filtraje. Nos concentraremos, por considerarlo el más importante y
determinante, en el filtraje acaecido en la instancia en que las empresas de comunicación
seleccionan, editan y producen la realidad política.
Los medios de comunicación de masa, aunque
digan lo contrario, no son solamente un espejo que refleja la realidad,
inevitablemente se produce un proceso de selección, de editado y de énfasis; y
este proceso refleja en cierta medida el procedimiento por el que son
organizados los medios de comunicación, los tipos de auditorios que desean
atraer y las preferencias y opiniones de los miembros que [los] integran.
(Wilson, 135)
Pero en este caso no es necesario (ni siquiera
conveniente) abstraerse tanto. Basta
con recordar que si uno desea vivir informado, ha de recurrir obligatoriamente
a mediadores en manos de empresas (por lo menos en nuestro país). A esto le sigue que...
Las noticias televisivas influyen claramente
en modo decisivo las prioridades atribuidas por las personas a los problemas
nacionales y las consideraciones en base a las cuales valoran a los dirigentes
políticos... El poder de las noticias
televisivas reside en llamar la atención del público (Agenda seting) y en la definición de los criterios que informan su
juicio (priming). A lo largo del escándalo Irán-Nicaragua, día
a día hemos sabido cuántos creían en la inosencia-ignorancia del presidente
Reagan, y cuantos no. ¿Pero como hace para saber el ciudadano común? Lo hace, como es obvio, a través de los media... La denominada voz del pueblo es en gran medida la voz de los media sobre el pueblo. (Sartori, 1992:
312/3)
En efecto, decíamos más arriba que el individuo no puede
ignorar lo que piensan los otros sobre las cuestiones ante las que tiene que
responder. La cuestión es que esa
relación con los otros está cada vez más mediatizada por los mass-media. El Otro con el que
interactuamos simbólicamente en el proceso constante de formación de nuestro si
mismo es un otro
mediatizado. Es un fenómeno que se puede resumir en
aquella frase que nos dice que estamos cada vez más cerca del mundo y más lejos
de nuestro vecino. Nestor García
Canclini y Eliseo Verón, nos dicen, en respaldo de ello que «el carácter abstracto que han adquirido las
luchas políticas... se agrava en la medida en que las industrias
comunicacionales sustituyen las interacciones directas por la mediatización
electrónica» (García Canclini, 1995: 197), así, «Los medios informativos son el lugar donde las sociedades industriales
producen nuestra realidad» (Verón, 1981: II).
Un enfoque
psicosocial
El fin con el que se incluye este apartado, es
sintetizar algunos aspectos centrales que caracterizan a la visión psicosocial. Se trata de una forma particular de enfocar la
realidad que es propia de la Psicología Social. Según ella, se rompe con la
concepción ordinaria de la práctica científica tradicional, en la que un sujeto
era estimulado por un objeto. De tal suerte, se da lugar a una situación
circular que se denomina lectura ternaria.
Veamos esto más detenidamente.
En la concepción binaria encontramos al sujeto
perfectamente diferenciado del objeto según criterios económicos, políticos,
etc.; y deseamos averiguar cómo la comunidad (objeto) determina las conductas
del sujeto colectivo (Sociología), o de que forma el estímulo configura las
respuestas (Psicología). En la lectura
ternaria la relación deja de ser bipolar para comenzar a funcionar con tres
términos: la persona, el sujeto social y el objeto. La relación entre sujeto y alter
hace que el objeto sea percibido de una forma mediatizada por esa relación
misma.
Según Moscovici, el objeto central de la Psicología
Social son «todos los fenómenos
relacionados con la ideología y la comunicación». Con los primeros se hace referencia a las representaciones
sociales que las personas y los grupos se forman en sus procesos de
interacción. Estas representaciones
son, justamente, las que dan forma a la realidad social. Los fenómenos de la comunicación social
designan intercambios de lenguajes individuales y grupales con el fin de
transmitir determinada información e influir sobre los demás. Como se apreciará, el estudio de la
comunicación de masas se encuadra perfectamente con ese objeto, sin embargo, es
esencialmente pluridisciplinario y, en virtud de ello, no es fácil determinar
el ámbito específico de la psicología
social. Podemos, no obstante
ello, señalar algunas circunstancias que es necesario tener en consideración si
se pretende efectuar un adecuado enfoque psicosocial.
Comencemos analizando el proceso de penetración de un
mensaje. El individuo, al mismo tiempo
que un gran número de otras personas, se expone a una fuente de información
procedente de un mismo emisor; percibe de ella, a través de un canal
determinado, un mensaje con contenidos y formas determinadas; este mensaje es
interpretado, clasificado, integrado y retenido mediante un trabajo cognitivo
del receptor; y esta actividad cognitiva es estimulada por interacciones de
carácter simbólico con otras personas.
Entonces bien...
La sociedad puede ser entendida como un
sistema de significados. Para el
individuo, la participación en los significados compartidos, que están
vinculados a los símbolos de un lenguaje, es una actividad interpersonal, de la
que surgen expectativas estables, y comúnmente entendidas, que guían a la
conducta hacia esquemas previsibles...
Como consecuencia de la participación de las personas... en la
interacción simbólica, sus interpretaciones de la realidad pasan a ser
socialmente convenidas e individualmente internalizadas. (De Fleur, 1982: 44)
No existen, entonces, motivos para relacionar
directamente a los cambios de opinión o las inclinaciones políticas con las
orientaciones de las emisiones o programas televisivos de contenido
político. Si existen casos de efectos
de persuasión, estos deben referirse a receptores poco interesados. Es esta última circunstancia la que no
desmiente, a pesar de lo que se expresa en la primera parte del párrafo, que
las empresas de comunicación tienen un alto control sobre el debate de los
temas relacionados con la política y, a través de esto, sobre las actitudes públicas de los
ciudadanos. Entendemos aquí por
actitudes públicas no sólo a las actitudes del
público sino a las actitudes sobre lo
publico.
Pero es necesario respaldarse en autores especializados
en el tema. Veamos que dice al respecto
Jarol B. Manheim, (1976):
El aprendizaje de la información política en
condiciones de baja implicación psicológica facilita la manipulación del
comportamiento y reduce la comprensión cognoscitiva de los individuos sobre su
propio comportamiento... Un número
creciente de ciudadanos confía en los contenidos de las noticias televisivas y
de la televisión en general sobre temas de dominio público para su información
política e indirectamente para su comportamiento político (Citado por Vilches,
1993: 127)
Si retornamos a la frase de Lasswell, observamos que el
estudio de las comunicaciones de masas debe admitir varios capítulos. El que hace referencia a los emisores, aun
poco desarrollado. El que atañe al
mensaje, sobre el que abundan investigaciones concernientes, por ejemplo, al
contenido. El análisis sobre el medio,
entre los que sobresale la paradigmática obra de Marshal McLuhan. Y el análisis del público, del receptor,
sobre el que es conveniente detenerse.
Los estudios sobre los receptores de la comunicación de
masas han experimentado importantes evoluciones. En un inicio, primaba la tendencia a reconocerlos como una masa
amorfa que respondía unívocamente. Pero
diversos estudios llamaron la atención sobre la necesidad de dividir al público
según variables como la pasividad-actividad con que experimenta la interacción
mediatizada. Pudo establecerse, por
ejemplo, que las personas de un alto nivel de instrucción, aun sometiéndose
cuantitativamente a una similar exposición a los mass-media, interpretan con actitudes más críticas los mensajes
emanados a través de ellos.
Pero digamos que los estudios más fructíferos fueron los
que se abocaron al problema de la influencia y más concretamente a la
persuasión. También en este caso vemos
un comienzo extremista: se tendía a pensar que las masas podían quedar
condicionadas por el obrar inexpugnable
de los modernos órganos de difusión.
Posteriormente, diversas investigaciones más rigurosas (encabezadas
sobre todo por Lazarfeld) demostraron que esos efectos sólo se obtenían en un
contexto totalitario y que la opinión pública sería más sensible a las
influencias de comunicación de individuo a individuo.
así como es conveniente no considerar al receptor como una tabula rasa que aprehende sin más el
mensaje del emisor, también corresponde advertir que las comunicaciones de
masas y las comunicaciones individuales actúan de manera compleja dificultando
el estudio de los efectos de los mass-media
sobre la opinión pública.
Representaciones colectivas
las representaciones sociales que las personas y los grupos se
forman en sus procesos de interacción son las que dan forma a la realidad
social. Además de formar uno de los
polos del objeto central de la Psicología social, el de la ideología; están
íntimamente relacionadas con la comunicación de masas, por ser a través de ella
que los individuos se forman sus ideas de infinidad de aspectos relacionados
con la vida en comunidad.
El concepto de representación social designa
una forma de conocimiento específico, el saber de sentido común, cuyos
contenidos manifiestan la operación de procesos generativos y funcionales
socialmente caracterizados. En sentido
más amplio, designa una forma de pensamiento social. Las representaciones sociales constituyen modalidades de
pensamiento prácticos orientados hacia la comunicación, la comprensión y el
dominio del entorno social, material e ideal... La caracterización mental de los contenidos o de los procesos de
representación ha de referirse a las condiciones y a los contextos en los que
surgen las representaciones, a las comunicaciones mediante las que circulan y a
las funciones a las que sirven dentro de la interacción con el mundo y los
demás. (Moscovici, 1984: 474/5)
trascienden la esfera de las simples opiniones, imágenes y
actitudes. poseen una lógica y un lenguaje especiales, están destinada a
descubrir la realidad y ordenarla y son compartidas a nivel de una misma
comunidad. Las representaciones
sociales, permiten a los individuos orientarse en su entorno social y material
y dominarlo. Pero debe tenerse en claro que hoy por hoy, buena parte de las
representaciones que revisten el carácter de sociales son transmitidas pura y
exclusivamente por los medios de comunicación gerenciados por empresas
multinacionales.
Cuando los individuos reciben información proveniente
del ambiente que resulta nueva en relación a los esquemas (en tanto formas de conocimiento anterior organizado)
cognitivos de que dispone, usan los conocimientos previos para simplificar la
comprensión de la nueva información, como una extensión de un esquema ya
asimilado. De esta forma, los esquemas
revisten gran utilidad para la comprensión del contexto. La información con la que las personas
llevan a cabo sus trabajos cognitivos es social, la brinda el entorno en el
transcurrir de las interacciones y es transmitida socialmente. Por eso, los
esquemas que los individuos usan para comprender al mundo político, están
determinados por información social que depende de circunstancias de tiempo y espacio. Queda claro a partir de esto que los
esquemas proveen el material que significado a lo que se percibe; pero debe
quedar igualmente claro que el entorno sociopolítico, que se conoce en forma
indirecta a través de los mass-media (en tanto proveedores de la información),
incidirá en la configuración de esos esquemas.
Resultado de aquello, los mass-media pueden parecer débiles en la
creación de efectos directos, pero parecen, desde esta deducción, mucho más
eficaces en la construcción de la percepción de la realidad cotidiana de lo que
muchas teorías pronostican.
Enfocar el problema desde la psicología social implica
desprenderse de las posturas de la Sociología pura, que nos dicen que las
estructuras, el todo, condicionan al individuo como si este no fuera tal sino
sólo una parte de aquellas (Ver visión psicosocial). Debemos tener en cuenta los diversos parámetros característicos
del enfoque psicosocial citados en los apartados anteriores. a
pesar de todo ello, considero que es incorrecto darle a dichos parámetros el
grado de conclusión y desestimar toda influencia de cualquier institución
social. De tal forma, en estas
circunstancias corresponde tomar en cuenta todos los postulados psicosociales
como variables de análisis (y sólo como tales), para develar la verosimilitud
de las diversas teorías de sociólogos, filósofos, politólogos, etc., acerca del
tema que nos aboca.
Veremos ahora un somero análisis de algunos aspectos de
la realidad empírica de nuestro país referente al tema que nos convoca, ello
sin desestimar la importancia de los diversos aspectos teóricos abordados en la
primera parte del presente ensayo.
Aparato Ideológico del
Mercado
El filósofo francés Louis Althusser, en su artículo
“Ideologie et appareils idéologiques d’État” propone distinguir los
instrumentos represivos del estado
que ejercen una coerción directa sobre los ciudadanos, de los aparatos que
cumplen funciones ideológicas y que denomina aparatos ideológicos del estado.
Estos aparatos significantes (Escuela, medios,
familia) tienen la función de asegurar, garantizar y perpetuar el monopolio de
la violencia simbólica, la que se ejerce en el terreno de la representación,
disimulando lo arbitrario de esta violencia bajo la cobertura de una
legitimidad supuestamente natural. Y
gracias a ellos actúa concretamente la dominación ideológica, es decir, la
forma en que una clase con poder (sociedad política) ejerce su influencia sobre
las demás clases (sociedad civil). (Mattelart, 1995: 65)
aquí surge una de las hipótesis centrales del presente ensayo, la
que determina que existe una maquinaria comunicativa, ya no al servicio del
Estado sino del Mercado, el Aparato
Ideológico del Mercado (AIM).
Serge Halimi (2001) reflexiona en una nota para Le Monde Diplomatique sobre algunas
cuestiones que ni siquiera se consideran sujetas a reflexión. Dice
que...
Desde hace años, por ejemplo, los programas de
radio y de televisión están cortados por pausas
publicitarias tan ruidosas como invasoras...
Todo ello se lleva a cabo casi naturalmente, sin resistencia. ¿Se imaginan la reacción de los responsables
de los medios, los oyentes y los peatones, si cada diez minutos un portavoz del
gobierno interviniera en todas las emisiones... para leer un comunicado
especial? Se armaría un escándalo, se
hablaría de domesticación de las hondas, de dictadura. Y con toda razón. ¿Es menos temible el
poder de entrar en los cerebros y en los espíritus cuando se vende al mejor postor,
es decir a los más ricos? ¿De ahora en
más el derecho del dinero supone la absolución de todas las manipulaciones del
espíritu? (Halimi, 2001: 26)
Ahora, replanteemos sensiblemente las palabras de Armand
y Michèle Mattelart citadas supra:
Estos aparatos significantes (mass-media en
manos de los principales capitales multinacionales) tienen la función de
asegurar, garantizar y perpetuar el monopolio de la violencia simbólica, la que
se ejerce en el terreno de la representación, disimulando lo arbitrario de esta
violencia bajo la cobertura de una legitimidad supuestamente natural. Y gracias a ellos actúa concretamente la
dominación ideológica, es decir, la forma en que una clase con poder (Capitales
con capacidad de dominar el mercado global de las comunicaciones) ejerce su
influencia sobre las demás clases (sociedad civil).
El concepto de Aparato Ideológico del Mercado descansa
en la hipótesis de que la ideología se basamenta en prácticas reguladas por
rituales definidos por instituciones materiales, en nuestro caso, las empresas
de comunicación.
Como principales aim,
los mass-media se erigen en la
herramienta más acabada de reproducción de las relaciones de producción
neoliberales. Para ello atraen,
mediante diversos mecanismos (imagen, espectáculo, etc.), la atención de los
ciudadanos para inculcarle incesantemente mensajes envueltos en la ideología
conveniente a sus intereses.
Refraseando a Althusser, es a través de mensajes secundarios envueltos
en la inculcación masiva y constante de la ideología de los intereses
dominantes, que son reproducidas las relaciones de producción capitalista, es
decir, las relaciones de los explotados con los explotadores.
Como lo señalan algunos autores, si las teorías integradas
desconocen rotundamente las determinaciones objetivas e imaginan incluso que
los mass-media pueden cumplir el
papel de correctores de los excesos de la democracia occidental, se debe en
cierta medida, al hecho de que son teorías ideológicas.
El mercado desacreditó la actividad política de una
manera llamativa «no sólo luchando contra
ella, exhibiéndose más eficaz para organizar las sociedades, sino también
dovorándola, sometiendo la política a las reglas del comercio y la publicidad,
del espectáculo y la corrupción» (García Canclini, 1995: 34)
es de resaltar que «la
violencia simbólica es una violencia que se ejerce con la complicidad de
quienes la padecen... [pero porque] no son concientes de padecerla»
(Bourdieu, 1996: 22). Y no son
concientes de padecerla porque se trata de mensajes metatextuales que engendran
el cinismo manipulador de las empresas de comunicación (ibidem: 136).
Industria del
desencanto
Como explica Robert Mc.Chesney: Hay una contradicción
entre unas empresas de comunicación ávidas de beneficios, saturadas de
anuncios, altamente concentradas y la necesidades de comunicación de la
democracia. El mito del mercado libre y
la libertad de empresa contribuyen a unas situación en la que, pese a los
avances tecnológicos y quizás por ello, los medios de comunicación están
dejando de cumplir su función de contribuir a la calidad de la participación
democrática. El enriquecimiento y la
concentración de los medios coincide con un período de desmovilización política
en un país donde cada vez la gente se molesta menos en participar y votar. Las elecciones al Congreso de Octubre han
sido las menos concurridas en la historia y mi tesis es que los medios de
comunicación se han convertido en una de las fuerzas más antidemocráticas de
nuestro país.
¿Por qué industria?
La información y el entretenimiento son grandes industrias contemporáneas en
franco crecimiento. La información es
el bien más preciado de la economía actual, es el sostén de cualquier
estrategia política o mercantil. Conseguir información relevante forma parte de
la condición ciudadana.
Las dos industrias (estrechamente unidas entre sí)
tienen un altísimo nivel de complejidad tecnológica lo que las hace muy
privativas para la inversión así como espacio preferido de los grandes
capitales multinacionales. Gran parte de las personas más ricas y los grupos
financieros importante del mundo tienen inversiones en estos negocios. Las contiendas nacientes entre corporaciones
y Estados, tienen un parentesco con las viejas luchas entre la Iglesia y el
Estado por el control del pensamiento.
La información y el entretenimiento están gerenciados
por oligopolios apropiados para las más diversas manipulaciones al servicio de
los intereses que las patrocinan o apetecen. La principal manipulación descansa
en la gradual transformación en un sistema único y globalizado de información y
entretenimiento con unas características particulares.
El auge de los medios audiovisuales se vincula al
fenómeno del desinterés por la política, a la extensión de la desconfianza
hacia los gobernantes y los partidos, y al riesgo de desaparición de una
ciudadanía informada y preocupada por el interés general y las grandes
cuestiones nacionales.
En los últimos tiempos, reprobar a la política y a los
políticos se ha convertido en una industria muy benéfica. sólo
quien argumenta la incapacidad y la falta de escrúpulos de los políticos tiene rating.
Estos mensajes provienen de sectores poco comprometidos con otros
intereses que no sean los suyos, que cuestionan la existencia misma de la
democracia, intensificando el desencanto de los ciudadanos para promover de la
deserción de la actividad política.
Además...
El campo periodístico produce e impone una
visión extremadamente especial del campo político que nace de la estructura del
campo periodístico y de sus intereses específicos... En un universo que está
dominado por el temor de resultar aburrido la política está llamada a aparecer
como un tema ingrato que conviene hacer interesante a cualquier precio... De ahí que [las empresas de comunicación]
tiendan a producir y proponer, tanto por el tono de sus comentarios políticos
como por las preguntas de sus entrevistas, una visión cínica del mundo como una
especie de circo entregado a las manipulaciones de unos ambiciosos carentes de
convicciones... [así] obran como auténticos grupos de presión y contribuyen
cada vez más a crear a los políticos y su reputación. (Bourdieu, 1996: 128/130)
estos dispositivos contribuyen a crear un efecto general de
despolitización o, más precisamente, de desencanto de la política. La especatacularización de la realidad
dispone a desviar la atención hacia lo divertido toda vez que la política
plantea un problema importante, pero aburrido.
La necesidad de convertir en entretenidos
estos fenómenos, hace que se reduzcan al absurdo, a lo inmediato, y que se disocien de todos sus antecedentes
y sus consecuencias. Esta visión
ahistórica y atomizada tiene como muestra estereotípica los noticieros de televisión,
marcha incesante de personas miserables, de realidades
que no entendemos y que desaparecerán sin que las recordemos pero que tallan
lenta pero incansablemente los esquemas
con que interpretamos los mensajes, es decir, las representaciones
sociales. Hoy el Riesgo País, ayer
Mosconi, mañana Afganistán. tragedias
o medidores que no llegamos a distinguir de las inundaciones bonaerenses, ni
afectan directamente a quien vamos a votar, pero que premoldean
significativamente los estados de ánimos con que enfrentamos la cosa pública.
Así pues, las presiones de la competencia se
conjugan con las rutinas profesionales para llevar a las [empresas de
comunicación] a producir la imagen de un mundo lleno de violencia y delitos, de
guerras étnicas y odios raciales, y a proponer a la contemplación cotidiana un
entorno amenazador, del que conviene retraerse y protegerse. Así se introduce hábilmente [mediante el
Aparato Ideológico del Mercado], poco a poco, una filosofía pesimista de la
historia que estimula más el retraimiento y la resignación que la rebelión y la
indignación, y que lejos de movilizar y politizar sólo puede contribuir a
aumentar los temores, para estimular, especialmente en las personas menos
politizadas, una desvinculación fatalista, evidentemente favorable a la
conservación del orden establecido (Bourdieu, 1996: 135).
A riesgo de ser reiterativos, vale la pena repetir ahora
las palabras de Jarol Manheim para comprender desde un enfoque psicosocial las
relaciones intrínsecas al desencanto generado por aim que mediatizan la comunicación social:
El aprendizaje de la información política en
condiciones de baja implicación psicológica facilita la manipulación del
comportamiento y reduce la comprensión cognoscitiva de los individuos sobre su
propio comportamiento... Un número
creciente de ciudadanos confía en los contenidos de las noticias televisivas y
de la televisión en general sobre temas de dominio público para su información
política e indirectamente para su comportamiento político (Citado por Vilches,
1993: 127)
a modo de conclusion
Al igual que lo plantea Eliseo Verón para su libro Construir el Acontecimiento (Verón,
1995), este trabajo habrá alcanzado su objetivo si llega a agudizar la
percepción del consumidor de mass-media y si logra convencerlo de que
son algo más complicados de lo que suponen los apocalípticos y también algo menos transparentes y dóciles de lo
que se complacen en imaginar quienes los controlan.
en la comunicación madiatizada por los mass-media se altera totalmente el ciclo de la comunicación, porque
los medios de comunicación se transforman en el ambiente condicionante del
mensaje (McLuhan) y las empresas de
comunicación se erigen en alter-emisor,
en cuanto filtros del mensaje del emisor real, con un gran poder de influencia.
Es
conveniente destacar que, a pesar de que en todo el trabajo se intentó no dar
una visión apocalíptica de la
relación que se da entre ciudadanía y mass-media,
no podemos dejar de tener en cuenta cuestiones tan reales como las relacionadas
con el dominio de las empresas de comunicación por parte de capitales
multinacionales. Lo que sí podemos
decir es que la formación de estos oligopolios tiene una estrecha relación con
la política comunicativa de los responsables del gobierno que permiten la
formación de grupos monopólicos de la información. Cabría preguntarse si los Estados están en condiciones reales de
afectar los intereses de las empresas de comunicación.
Es un hecho que las comunidades actuales estén
atravesadas por las empresas de comunicación.
En ese contexto, es necesario analizar al ciudadano, a la comunicación
social y a la democracia desde nuevos puntos de vista, por lo que es
imprescindible acoger nuevas visiones o perspectivas para realizar un estudio
de la realidad. Hay que tener presente
que las conveniencias del mercado han impulsado al aim a relacionar el concepto de ciudadanía con el de cliente
y consumidor en desmedro de la defensa de los derechos y deberes. Los
mass-media que pueden considerarse como causantes principales de esta
modificación, aunque no sean los únicos.
Los mecanismos de representación se han modificado frente a la pantalla
de televisión, la política se ha adaptado a la lógica comunicacional
capitalista pero en un terreno que no le es propio.
En ese estado de cosas, los contenidos de los medios
parecen cambiar la dirección que les atribuyó la modernidad como formadores de
la opinión pública. Entre el en vivo y en directo, las entradas en la
privacidad, la supeditación al consumo, la fragmentación de las audiencias, las
discusiones con el Estado, los cruces entre información y entretenimiento, van
apareciendo preguntas e incógnitas que ya tienen forma y campo al comenzar el
nuevo milenio. No cabe duda de que a
los medios les cabe una responsabilidad central en los errores o aciertos de la
sociedad que nos espera.
Por todo ello, no debe imputarse el desencanto por la
política sólo al menoscabo de la vida pública y al aislamiento de los
individuos en la cultura a domicilio;
sin embargo, estos cambios en lo público y lo privado y en el consumo cultural,
determinan una transformación de las formas en que tendrá que llevarse a cabo
un nuevo tipo de responsabilidad ciudadana.
Los medios no son capaces de decidir a quien votamos pero sí de
determinar nuestra percepción sobre los hechos y valores de la comunidad
mediante la presentación selectiva y a través del énfasis de algunos temas.
Los medios son parte esencial de los procesos
de la comunicación en las sociedades modernas.
En sus descripciones e informes aportan interpretaciones de la realidad,
que son internalizadas por sus públicos.
Las personas pueden desarrollar construcciones subjetivas y compartidas
de la realidad, a partir de lo que leen, escuchan o miran. Por tanto, su conducta personal y social
puede ser moldeada en parte por las interpretaciones aportadas por los medios
ante hechos y temas sociales, con respecto a los cuales las personas tienen
pocas fuentes alternativas de información.
Este es uno de los paradigmas más complejos pero más importantes que se
utilizan en la investigación sobre la comunicación. (De Fleur, 1982: 45)
La era de la información puede ser también la de la
producción de los estados mentales. Por
ese motivo, es necesario analizar desde otra perspectiva las cuestiones que
tienen que ver con las empresas de comunicación, la libertad y la
democracia. La libertad no puede
entenderse sólo como el derecho a ejercer la voluntad propia. Debe extenderse al derecho de que esa
voluntad sea realmente propia, a la
potestad de que cada ciudadano tenga efectivo control en el proceso de
formación de su voluntad.
Indice
Introducción
|
Pag.
1
|
¿Quién dice qué por qué canal a quién y con qué
efecto?
|
Pag.
3
|
Emisor o fuente
|
Pag.
4
|
Medio o canal
|
Pag.
4
|
Mensaje
|
Pag.
6
|
Receptor
|
Pag.
7
|
Medio-emisor
|
Pag.
9
|
Un enfoque psicosocial
|
Pag.
11
|
Representaciones colectivas
|
Pag.
13
|
Aparato Ideológico del Mercado
|
Pag.
14
|
Industria del desencanto
|
Pag.
15
|
a modo de conclusion
|
Pag.
18
|
Indice
|
Pag.
20
|
Bibliografía
|
Pag.
21
|
|
|
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