Tetuán,
Chaouen, Larache
Tánger es una ciudad poblada
por historias, mitos y leyendas. La mitología la supone fundada por Anteo, la
historia la reconoce poblada desde el paleolítico y fue el centro de
inspiración para toda una generación de artistas y políticos, durante su época
de ciudad colonial.
Sus
calles, sus hoteles y sus cafés han visto pasar a Tennessee Williams, a Samuel
Beckett, a Jean Genet... sus palacios vivieron las fiestas mundanas de Barabara
Hutton o de Malcolm Forbes... su luz inspiró a Matisse y su misterio a Paul
Bowles; la ciudad blanca ha sabido siempre enamorar a los genios.
Dispuesta como un anfiteatro sobre el Estrecho de Gibraltar, se asoma al
Atlántico y al Mediterráneo. Su ubicación, su historia y las comodidades
hoteleras que ofrece hacen de Tánger un destino privilegiado para los viajeros
en busca de románticos recuerdos.
En Tánger es indispensable recorrer el Petit Socco, llamado también souk
Dakhil, el corazón de la medina y uno de los lugares más atractivos y
característicos de la ciudad.
También es preciso conocer sus museos: el de Arte Marroquí en Dar el Makhzen y
las colecciones de arte expuestas en el antiguo Consulado Americano.
Y por supuesto, hat que hacer una pausa en el café Hafa, cuya decoración es una
inigualable vista sobre el estrecho y la costa española. En los alrededores,
son interesantes las visitas a los Cabos Espartel y Malabata, las Grutas de
Hércules y las ruinas romanas de Cotta.
A sólo 14 kms. de Tánger, el cabo Espartel marca el
extremo noroccidental del continente africano. Y muy cerca, se encuentran las
espectaculares Grutas de Hércules, cavidades naturales que el mar invade con
marea alta.
La ruta costera entre Tánger y Ceuta ofrece espectaculares vistas sobre el
Estrecho, playas solitarias y pequeñas calas.
El cabo Malabata, además de las vistas de la bahía de Tánger y el Estrecho de
Gibraltar, permite admirar un curioso edificio de aspecto medieval - el
castillo de Malabata - construido a principios de siglo.
La pequeña ciudad romana de Cotta, con sus granjas y sus fábricas de conservas
de pescado y de "garum" habla al viajero curioso de los modos de vida
de los primeros siglos de nuestra era.
Tetuán
Ciudad hispano morisca, llamada "La Blanca", su arquitectura recuerda a la de
muchos pueblos andaluces. Fueron, precisamente, musulmanes y judíos huidos de
España tras la caída de Granada en 1492 quienes reconstruyeron la ciudad. La
dedicación a la piratería, que había ocasionado la primera destrucción de
Tétouan por Enrique III de Castilla, volvió a causar su decadencia tras el
bloqueo de Felipe II.
Bajo Moulay Ismail, la ciudad conoció un nuevo periodo de esplendor con
construcciones tales como la muralla o el Palacio del Califa, que aún hoy
pueden admirarse. También debe visitarse el Museo Arqueológico, el Museo de
Artes Marroquíes y la
Medina. De la variada artesanía de Tétouan, gozan de especial
reconocimiento los bordados y la alfarería.
Chefchaouen (Chaouen)
Fundada en 1471 como plaza fuerte para oponerse a los avances extranjeros, la
ciudad estuvo prohibida muchos años a los cristianos. Sin embargo, tres
occidentales consiguieron acceder a Chaouen entre 1883 y 1892.
Las plazas El Makhzen y Uta el Hamman y la Medina son los puntos más destacados de la
ciudad, proclamada santa y con más de 20 mezquitas y santuarios. Toda ella, sin
embargo, con su juego de alturas y volúmenes y con decoraciones que recuerdan
su origen andalusí, es digna de una detallada visita.
Larache
Bella ciudad de gran encanto, cuya casbash avanza sobre el mar como la proa de
un barco. De aspecto andaluz en sus barrios modernos y cautivadoramente árabe
en su medina, se asienta a orillas del río Loukkos.
La vista desde la playa es magnífica y también hay que visitar el original
Boulevard Mohammed V, en la parte, el puerto, el zoco, la casbash y, por
supuesto, la cercana Lixus. Fundada por los tirios en el 1100 a.C., conserva
numerosos edificios y ruinas romanas.