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Marruecos: Las ciudades imperiales:Rabat, Meknés, Fez, Marrakech


Reciben el nombre de ciudades imperiales las cuatro ciudades que han sido, a lo largo de los siglos, capitales de Marruecos. Cargadas de historia y monumentos, cada una de ellas posee un carácter propio y diferente.

 

Rabat

Capital de Marruecos desde 1912, es una ciudad elegante y tranquila, que contrasta con su excitante pasado. Fundada en el siglo X como ribat (monasterio fortificado), fue la capital de Yacub Al-Mansur en el siglo XII y de Sidi Mohammed ben Abdallah en el siglo III a.C. Albergó un puerto fenicio, más tarde cartaginés y finalmente romano.


Ningún viajero deseoso de profundizar en Rabat debe olvidar acercarse al Palacio Real y visitar el Mausoleo de Mohammed V, la Medina (y su zoco), protegida al sur por la Muralla de los Andaluces, la Alcazaba de los Oudaias (con su puerta monumental, el Museo de Artes Marroquíes, el Museo Nacional de Artesanía y el Café Moro, ideal para descansar tomando un té a la menta y un exquisito cuerno de gacela), la Torre Hassan (y su explanada, restos de la mezquita inacabada de Al Mansur), la Necrópolis de Chellah (que guarda también las ruinas romanas de Sala) u el Museo Arqueológico.


Hoteles de todas las categorías, campings, restaurantes de cocina marroquí, francesa, italiana y hasta china o japonesa aseguran estancias confortables y diversiones nocturnas.


Salé, situada en la orilla derecha del Bou Regreg, frente a Rabat, tiene a pesar de ello una historia propia. De todas las épocas quedan monumentos y ruinas, que hoy conforman parte del atractivo de la ciudad, como la Gran Mezquita, la medersa aneja, la puerta Bab el Mrisa, el santuario de Sidi Ahmed el Tijani y el morabito de Sidi Abdallah ben Hassoun, patrono de Salé.


En los alrededores de Rabat, es recomendable una visita a los Jardines de Buknadel (a unos 12 kms. de Rabat), con más de 1.500 especies exóticas. Para disfrutar de una playa muy especial, cercana a una antigua casbash, es necesario dirigirse a Temara (a 16 kms. de Rabat). También al norte de Rabat se encuentra la célebre Playa de las Naciones. Y en Skhirat, el domingo es día de mercado, que acentúa aún más los encantos de este pequeño pueblo y su magnífica playa.



Fez

Es la primera de las ciudades imperiales, ya que se remonta al siglo VIII. Es también la primera ciudad de culto musulmán de Marruecos y posee una de las universidades más antiguas del mundo. Todas estas primicias hacen de Fez una ciudad particularmente atractiva por su potencia cultural, aún hoy viva e influyente. 


Entre sus monumentos, ocupan un lugar muy destacado las Mezquitas Karaouine y de los Andaluces, construidas, según la leyenda, por dos herederas de un kairuaní exiliado, en el siglo IX. También las numerosas Medersas (Escuelas coránicas), como Chahrij, Bouinania (con su relij de pared con carrillón de 1357) y, especialmente, Attarin, construidas entre los siglos XIII y XVII por tres dinastías diferentes. Merecen, además, una visita, los museos de Arte Marroquí (Batha) y el de Armas (Bordj Nord).


En los alrededores de Fez se encuentran Sefrou (Fiesta de las Cerezas, en junio; Moussem en agosto), Ifrán (deportes de invierno, montañismo), Immouzer (fiesta bereber de la miel, en mayo), Azrou (el más bello bosque de cedros de Marruecos) y Taza (primera capital almohade y polo de atracción de la espeleología).




Meknés

Meknassa ez-Zeitoun (Meknasa de los Olivos) es una fundación bereber del siglo IX, pero hasta 1069 no toma su verdadero carácter, cuando los almorávides construyen un bastión y una alcazaba. Tras pasar por asedios, conquistas, abandonos y reconstrucciones, Meknés alcanza su apogeo bajo el reinado de Mulay Ismail. Este sultán alauí, contemporáneo del rey Sol, Luis XIV de Francia, embelleció Meknés dotándola de murallas con puertas monumentales, jardines, mezquitas, alcazabas, y su primer palacio, Dar Kebira. El resultado es una de las ciudades más bellas y fascinantes de Marruecos.


Además de recorrer las murallas, perderse en la medina y regatear en los zocos, el viajero debe dirigir sus pasos hacia el Mausoleo de Mulay Ismail, las puertas de Bab El Mansur, Bab Berdain y Bab El-Jemis, el Estanque de Adgal, la Medersa Bou Inania, los fabulosos Jardines de los Sultanes, los graneros (Heri es-Suani), las gigantescas caballerizas y el Museo de Arte Marroquí en Dar Jamai.


En las cercanías de Meknés (26 kms.) se alza Moulay Idriss. Esta ciudad es el escenario de uno de los moussems más concurridos. Cada año, en los meses de agosto y septiembre, miles de fieles peregrinan a Moulay Idriss, atrayendo también a viajeros interesados y dando lugar a un animadísimo evento con mucho color tradicional.


A 27 kms. de Meknés se encuentran las ruinas de la ciudad romana de Volubilis, residencia de los procuradores de la Mauritania Tingitana, desde el siglo I d.C.


También se aconseja visitar Ifrane, con su cercana estación de esquí de Michlifen.



Marrakech

Una de las ciudades preferidas por los turistas españoles, y la que ha dado su nombre a todo el país. Los orígenes de la ciudad son oscuros, pero se acepta comúnmente que comenzó siendo un campamento militar establecido por Abu Bekr, un gran jefe almorávide, en 1070.


Su primo y sucesor, Yusef Ben Tachfin es quien comienza la tarea de convertir el oasis primitivo en una capital digna de su imperio, que se extendía desde el Atlántico hasta Argelia y desde el Sáhara al Ebro. La conquista almohade hizo casi desaparecer las primeras construcciones, que fueron reemplazadas por otras, muchas de las cuales podemos admirar aún hoy.


La enumeración de los lugares y monumentos de Marrakech puede ser interminable. Pero puede darse una idea de su riqueza y variedad mencionando la Plaza de Jemaa el Fna (absolutamente indispensable sumergirse en ella y en el cercano zoco), la Mezquita y el Alminar de la Koutoubia (gemela de la Giralda de Sevilla), la Medersa Ben Yussef, la Menara, el Museo de Dar Si Said, el Jardín del Agdal, las Tumbas de los Saadianos y los Palacios Badi y de la Bahía. Si el viaje coincide con el mes de junio, no puede perderse el Festival Nacional de Folklore que reúne las mejores expresiones de la música, el canto y la danza popular en Marrakech.


Como capital turística que es, Marrakech ofrece desde uno de los mejores hoteles del mundo (el celebérrimo La Mamounia), hasta camping y albergues juveniles; desde lujosos restaurantes de especialidades marroquíes con espectáculos folklóricos y fantasía, hasta cocina francesa, italiana, judía e internacional. Discotecas, casino y salas de fiesta completan la oferta de ocio nocturno.


La ciudad es también punto de partida para numerosas excursiones de gran interés arquitectónico, cultural y paisajístico. Los Palmerales, las rutas del Alto Atlas y numerosos pueblos como Tameslouht, Amizmiz o Asni brindan variadas posibilidades de disfrute al viajero curioso.


También están cercanas la estación de esquí de Ouikameden y el Valle del Ourika.

 



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