Marruecos: Las ciudades amuralladas: Asilah, Azemmour, El Jadida, Safi, Essaouira |
Las conocidas como
"ciudades amuralladas", Asilah, Azemmour, El Jadida, Safi, Essaouira,
impresionan al viajero no sólo por sus construcciones militares, sino también
por sus callejuelas, medinas y actividades culturales. Sus ciudadelas conservan
su aspecto medieval, pero además hay que recordar otros encantos, como las
cercanas playas a algunas de ellas.
Asilah
Ciudad costera de larga historia en la que intervienen fenicios, romanos,
idrisíes, piratas normandos, meriníes, portugueses y españoles, fue la puerta
de entrada del rey Sebastián I de Portugal, que hallaría la muerte (junto a sus
dos oponentes musulmanes) en la célebre Batalla de los Tres Reyes.
La ciudad antigua abre tres puertas en su muralla (Bab Homar, Puerta de Tierra,
Bab el Bahar, Puerta de la Mar y la Puerta de la Casbash), que dan paso a un
laberinto de callejuelas bordeadas de casas blancas. Uno de sus monumentos
destacados es el Palacio de Raisouni, un aventurero que comenzó como bandido,
llegó a ser gobernador y Pachá y terminó prisionero de Abdelkrim.
Con su inmensa playa y sus numerosas manifestaciones artísticas, los veranos de
Asilah son una atracción irresistible para los amantes de unas vacaciones
diferentes.
Azemmour
Situada a poco más de 80 kms. al sur de Casablanca, esta pequeña ciudad
amurallada también es conocida como "Moulay Bou Chaïb", por su santo
patrón. Llena de historia, evocadoras ruinas y playas amplísimas, Azemmour es
una rara joya turística, todavía no descubierta por el turismo masivo.
Antigua factoría frecuentada por los cartagineses fue importante centro comercial
marítimo durante toda su historia. Con la presencia de mercaderes portugueses
en el siglo XV, por su puerto pasaba trigo, caballos y vestidos que éstos
intercambiaban a su vez por oro y esclavos.
Hoy en día, un lento paseo por las calles de la Medina permite apreciar aún
reminiscencias portuguesas en el peculiar estilo de las puertas de las casas. En
la cercana Casbah destacan las ruinas de Dar el Baroud (Casa de la Pólvora),
desde cuya torre se tiene una magnífica vista sobre la ciudad y el río. En el
pasado, las murallas de la Casbah rodeaban también al barrio judío (mellah),
como recuerda una modesta sinagoga, reconocible por sus inscripciones en
hebreo.
Dentro de la visita a la ciudad, es particularmente recomendable realizar un
recorrido por el camino de ronda de las murallas. Tampoco hay que
perderse las cercanas playas de Haouzia, cuyas cálidas temperaturas medias
durante todo el año las hacen ideales para disfrutar, tanto en verano como en
invierno.
El Jadida
Rubisis, citada por antiguos autores ocupó - probablemente - la situación donde
los marinos portugueses establecieron el que sería con el tiempo el más
importante centro comercial de la costa atlántica africana: Mazagán.
Tras su ocupación por el sultán alauí Sidi Mohammed Ben Abdallah, la ciudad
pasa a llamarse El Brija El Jadida (La Fortaleza Nueva) y extramuros comienza a
crecer una nueva ciudad.
La ciudadela conserva hasta hoy su encanto y su estructura original,
típicamente medieval. Y esconde, en sus entrañas, una de las obras maestras de
la arquitectura del s. XVI: la Cisterna Portuguesa.
Esta singular edificación, construida originalmente para servir como almacén,
se convirtió en aljibe al terminarse la construcción de las murallas. Es una
amplia construcción subterránea de 33 por 34 metros, cubierta por bóvedas
sostenidas por cinco hileras de pilares de piedra. Olvidado durante años y
redescubierto por casualidad en 1916, este lugar bello y sorprendente fue
utilizado por el célebre Orson Welles para ambientar algunas escenas de su
película "Otelo".
Merecen también una visita, la calle Mohammed-Al-Hachmi-Bahbah, que corre
paralela a la muralla de la ciudadela portuguesa, y los bastiones del Ángel, de
San Sebastián y de San Antonio, con unas estupendas vistas al mar.
Safi
De origen incierto, Safi puede ocupar el emplazamiento de Mysokaras, citada por
Ptolomeo. Históricamente, la primera mención la realiza el geógrafo El Bekri,
en el siglo XI, llamándola Asfi.
Importante centro pesquero e industrial, destaca - sin embargo - por el
primoroso trabajo de sus alfareros. Por esa razón, dos de sus principales
atractivos son el barrio de los Ceramistas y el Museo de Cerámica, de visita
obligada.
Otros puntos de interés son Dar el Bahr (el Castillo del Mar), la Medina, La
Kachla y la Capilla Portuguesa.
El Castillo del Mar es una pequeña fortaleza construida por los portugueses en
el s.XVI, que conserva viejos cañones fundidos en España, en Holanda, y en
Portugal. La Medina es la parte más antigua de Safi y en su parte sur, detrás
de la Gran Mezquita, alberga la Capilla Portuguesa, instalada en lo que fue el
coro de la Catedral, en 1519. Intramuros se encuentra también la Kachla,
antigua Casbah construida por los Saadianos en la parte más alta de la ciudad.
Essaouira
Una cerámica con el nombre del almirante Magón, fechada en el s. VII a.C.,
certifica la presencia cartaginesa en la región. Pero hay indicios de la
presencia fenicia desde un siglo antes. Las islas de Essaouira fueron famosas
en todo el imperio romano gracias a la producción de púrpura. Codiciada
siempre, Essaouira fue la bereber Amogdul (la bien guardada), más tarde, en
portugués Mogdura, en español Mogadur y en francés Mogador.
Su nombre actual, que significa lugar fortificado, se debe al sultán alauí Sidi
Mohammed Ben Abdallah, que la reformó completamente en 1764. El nombre de este
soberano identifica hoy al Museo de Artes Marroquíes, con interesantes
colecciones de armas, alfombras y marqueterías.
Essaouira, residencia de afamados pintores, escultores, ebanistas, escritores y
vidrieristas, es también un concurrido centro de vacaciones de playa. Su
puerto, bastiones y murallas hablan de su riqueza e importancia. Y la ciudad
antigua, con sus dos medinas, dos casbahs y un mellah (judería), transporta al
viajero actual a la vivencia de otros tiempos.
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