Creado por Guido Barsi y Nicolas Iaconis                                                    Copyright 2004

 

Distorsionando la Realidad

Por Guido Barsi

 

 

 

Corría por un campo hermoso; era de noche, pero la luz de la luna alumbraba todo el paisaje; era tan bonita la sensación que me causaba esa atmósfera, mezcla de pasividad, miedo y romanticismo.
    Era luna llena, y el cielo estaba despejado sin una sola nube que pudiera cubrir ese bello cielo nocturno de noviembre. El viento soplaba un aire cálido que parecía envolver todo mi ser, olía a jazmines, a frescos frutos, y solo se oía el triste susurro de alguna que otra ave nocturna.

Me senté a la sombra de un árbol, mi favorito, tenía un encanto casi místico, llevaba ahí ya casi de 100 años. Cada noche de luna llena me escapaba de casa para ir hasta ese campo a contemplar la inmensidad del universo, allí me quedaba hasta el alba.

Eran los momentos en los que me inspiraba; escribía poemas o simplemente imaginaba historias de amor que sucedían en todo el mundo, con un mismo escenario: la luna, las estrellas y la oscuridad, cuántos amores habían sido declarados teniendo a la luna como testigo; y cuantos se habrían escabullido para vivir sus amores prohibidos teniendo como cómplice a la noche.

A cuántos poetas ha seducido y a cuántos seguirá seduciendo esa luna brillante llena de misterios, inspirando los más bellos sonetos de amor, como también las más triste canciones, dedicadas tal ves a un amor perdido.

 

-¿Julián? ¿Me estas escuchando?

Una voz me llama...

-Julián debes despertar.

Esa voz me suena familiar, empiezo a despertar de a poco.

-¿Julián?

-¿Dónde estoy?

-En la clínica, estábamos hablando y te quedaste dormido.

Poco a poco mis ojos iban tomando la luz que había en la habitación. Todo lo que podía distinguir era una figura a mi izquierda.

-No es posible, yo estaba en un hermoso árbol, allí escribo mis poemas...

Mi cabeza daba vueltas, de mi boca salían palabras que no pensaba, era una negación para defenderme, lo único que desea era volver al campo.

-Eso es imposible, Julián, hace 5 años que estas acá dentro.

-No, doctor- trato de levantarme pero algo me detiene, creo que estoy atado, miro a mí alrededor, mis ojos recuperan su vista normal puedo distinguir que las paredes están acolchadas, aunque rotas en algunas partes, sangre seca en algunos rincones. De golpe me lleno de rabia, mi cuerpo ya no me responde- ¡¿DONDE ESTOY?!

-Julián, tranquilízate.

-¡NO, YO NO DEBO ESTAR ACA, ESTABA EN UN CAMPO!- había perdido los estribos, lo único que quería era salir de allí.

-Julián, tranquilízate, piensa en el campo...

-¡¿QUE ESTA PASANDO?! ¡¿POR QUE ESTOY ACA?!

-Otra vez...- veo que se levanta de la silla y se da la vuelta hacia la puerta- venga enfermera...- se da vuelta, mi cuerpo sigue sacudiéndose sin control, da un soplido- si, una perdida de tiempo...

Luego perdí el control, comencé a gritar, a maldecir a todo el mundo, tiraba los brazos para romper las ataduras, en mi estado de furia vi por el rabillo del ojo al doctor abrir la puerta para irse. Luego entro una enfermera, traía una inyección, la coloco en mi brazo derecho, luego de unos minutos caí en un profundo sueño, empecé a volver a mi realidad, desperté de mi pesadilla.

 

 

Aún lo veía todo muy borroso. Me costaba mantener los ojos abiertos. Tenía las comisuras de los labios cubiertas de una baba reseca. Intentaba hablar, pero sólo me salía un balbuceo incomprensible.

La vista se me aclaró poco a poco y pude verle frente a mí, con su bata blanca y su plácida sonrisa de misionero, de pie ante mi cama.

-¿Más tranquilo? Ayer perdió usted los nervios, pero eso es normal, no se preocupe. Les pasa a todos -y volvió a sonreír de aquella manera tan dulce, tan serena.

-¿Por qué me hacen esto? -pregunté.

-Está usted enfermo, Julián. Muy enfermo.

-Quiero volver a casa- esta vez estaba mas tranquilo, volví a tener el control de mi cuerpo, y no pensaba perderlo.

-Es natural, pero me temo que eso no será posible. Al menos por un tiempo. Pero no se preocupe, creemos que el tratamiento está llegando a su fin.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?

-Bastante. Casi cinco años.

Tuve que hacer un esfuerzo para no reírme.

-¿Cinco años? -dije-. Es lo más ridículo que he escuchado en mi vida.

-Piense lo que quiera. De hecho, es bueno que se lo tome con humor.

-¿Qué me pasa? -pregunté.

-Buf...- soltó un poco de aire de su boca que me llego hasta la nariz, tenia un olor a menta- esa no es una pregunta fácil. La verdad es que aún no lo sabemos. Tenemos varios diagnósticos, pero ninguno concluyente.

-¿Y es imprescindible mantenerme atado con correas?

-Lamento decirle que sí. Tiene accesos violentos y puede ser peligroso para otras personas.

Al hablar, el doctor ponía una cara triste, compungida, como si me estuviera comunicando la muerte de algún familiar querido.

-Doctor, o lo que sea usted, yo no le he hecho daño a nadie en mi vida. Todas esas cosas que dice son absurdas -dije de forma muy serena-. Debe de haber algún error, se han confundido ustedes y me están dando el tratamiento de otro paciente.

-No hay ningún error, Julián.

-No puede ser, yo estoy sano.

-Julián, vos no lo estas...

-¿Que es lo que hice para estar aquí adentro y atado de esta manera?- estaba perdiendo el control de mi cuerpo, podía sentir un vació oscuro dentro de mí.

-Demasiadas cosas que no puedo decir, no quiero tener que volver a hacer lo que hice.

-¿Que es lo que hizo?

-No puedo, Julián.

-¿QUE ES...

De golpe perdí todo el control de mi cuerpo, todo se nublo dentro de mí. Mis ojos empezaron a arder, solo sentía esa sensación pero ningún dolor, mis sentidos se esfumaron, podía sentir como otra persona o ser había tomado el control de mi cuerpo. Por un momento, veía pequeñas imágenes de lo que pasaba... pequeños vistazos del mundo exterior, algo estaba haciendo porque pude ver  sangre que salpicaba mi rostro, luego escuche un grito que congelo mi cuerpo entero, gracias a eso pude recuperar mi cuerpo o volver a la realidad, no quedaban rastros de lo que me había apoderado.

Cuando volví de golpe, me tomo por sorpresa y caí al suelo.

Mi sorpresa inicial fue que no estaba atado a la cama y la otra era muy tenebrosa, el doctor estaba en el suelo y tenia el cuello lleno de sangre, su bata blanca estaba manchada por el brote que salía de la herida que tenia allí.

-¿Doctor?

No hubo respuesta, tuve el reflejo de pasar la lengua por mi labio, sentí algo amargo. Luego pase por allí mi mano derecha, la mire... tenia sangre,  el horror se adueño de mi cuerpo empecé a arrastrarme hasta que mi espalda toco la pared. Fue uno de mis peores errores, descubrí lo que le faltaba al doctor, un pedazo de carne que toque con mi mano. No aguante mas esto, me acurruque en el suelo.

-Yo estaba en un campo, poetas, poemas, quiero salir... quiero ¡¡SALIR!!.

 

 

Nuevamente mi mente se traslado a los recuerdos del pasado, mis hermosos momentos en el campo, anulé por completo lo que había pasado; ese no era yo, era otro Julián, yo estaba en el campo; yo estaba oliendo flores, yo...

 

Yo... desperté de golpe, se había borrado todo el campo y aparecí en una habitación. Lo primero que vi era una maquina y algunos hombres con batas, quise hablar pero tenia algo en la boca, lo quise sacar pero estaba atado.

-3... 2... 1... ahora.

De golpe empecé a recibir corrientes de electricidad en mi cerebro, los voltios estaban apretando a mi cerebro, mi cabeza estaba por explotar, mi cuerpo ya no me respondía solo daba espasmos para demostrar como la electricidad gobernaba mi mente, y como vinieron
se fueron.

-¿Cuantos con esa?

-Mmm... nueve.

-Bien, una mas dentro- miro su reloj- cinco minutos.

-Bien, señor.

El medico se acerco hacia mi, no podía moverme, solo podía ver, ni siquiera pensar. Él acerco su mano a mi ojo y me reviso con su vista levantando mi párpado, no reaccione, estaba muerto mentalmente, de repente se dio vuelta y miro a su compañero que estaba zambullido en la computadora sin prestarle atención al mundo exterior. Se volvió hacia mi, me miro, se acerco a mi oreja y me dijo algo que se quedo grabado.

-Espero que lo disfrutes tanto como yo, nunca te voy a dejar salir de acá, vas a pagar todo lo que hiciste. Lo que me hiciste- vuelve a mirar su reloj y se da vuelta- ahora, Juan.

Volví a sentir que mi cabeza se apretaba, mi cuerpo volvió a dar espasmos y de mi boca empezó a salir una espuma amarga. Todo se puso negro.

 

 

-Julián, ¿sos feliz?

-Claro que sí, y más con vos a mi lado.

La oscuridad se trasformo en día, mi cuerpo se volvió aire y podía verme junto a una linda chica rubia, de unos 24 años. Al lado de ella me encontra a mí mismo pero más joven, seguramente unos 25 años de edad. De golpe el hermoso día de campo que podía ver fue interrumpido por un trueno que irrumpió la paz que estaba disfrutando. Seguido del trueno comenzaron a caer gotas.

-Mierda- dijo mi yo de 25 años, el y la chica comenzaron a correr a una pequeña casa de campo que había a unos pocos metros de allí.

Yo me quede allí, contemplando la lluvia hasta que empezaron a venir imágenes de mi cabeza, caían como el trueno, las podía distinguir solo por unos segundos, era un recuerdo que estaba muy dentro de mi cabeza. En esos truenos de memoria podía ver el cuerpo mutilado de la chica estaba desnuda, tenia cortado la pierna izquierda, un gran corte en el estomago, tan grande que mostraba a su intestino y su hígado, luego tenia pequeños cortes en toda la cabeza, estaba repleta de sangre por todos lados. Otro trueno, ahora estaba él yo de 25 en el suelo llorando sin compasión mientras abrazaba a la chica, no le importaba el asco que producía el cuerpo mutilado de ella, estaba llorando sin pausa, balbuceaba algo que apenas se le podía entender.

-Romina... oh Dios... porque ella... ¡DIOS!... es un sueño, ¡ROMINA!

Otro trueno, ahora había otra persona detrás de él, era... ¡El Doctor! El hijo de puta que me había dados las ordenes para que me dieran corriente hasta mi desmayo o mas, el mi de 25 no se había dado cuenta de el ni de la hacha que tenia en su mano izquierda hasta que hizo notar su presencia.

-Julián- se dio vuelta y el doctor le dio con el mango en la cara, se pudo escuchar como le partió alguno de sus dientes- dormí.

Hubo un ultimo trueno y luego todo se volvió oscuro.

 

Volví a despertar en mi habitación, esta vez no estaba atado solo tenia el chaleco que inmovilizaban mis brazos. Sentía mi garganta ceca, necesitaba un trago de agua, salí de mi cama para poder pedirlo.

-Sentate.

El reflejo del susto, que me provoco escuchar la voz del doctor asesino, hizo que cayera a la cama.

-Así me gusta.

-Hijo de puta, vos me pusiste acá.

-¿En serio?- estaba en un rincón fumándose un cigarrillo- luego de 5 años dándote corriente por la boca veo que te acordar de todo.

-¿5?- no podía creer que haya pasado 5 años de mi vida dentro de este lugar.

-Si, cuando te traje acá por locura y asesinato de tu esposa de alguna manera te resistías a todos los diagnósticos y pruebas que te hacia con los métodos antiguos de violencia, todo esto lo hacia para volverte un patético vegetal conciente y que sufras por todo...

-¿5 años?

-Pero no funciono, de alguna manera quebraste tu realidad, lograste distorsionarla. Creaste otro Julián para que recibiera el castigo, dejando al original en algún lugar sin enterarse de nada.

-No puede ser...

-Vos te metiste muy profundamente en tu mente, al crear un nuevo mundo para vos perdiste todo recuerdo de lo que había pasado. Mientras que el otro Julián era una parte de vos, era la parte que recordaba algo de lo pasado y, por ende, violento. Pasabas meses sin decir nada y cuando alguien se acercaba tan solo lo atacabas, a veces no y otra si. Con varios tratamientos, por ejemplo el de electricidad, pude traerte de tu pequeño mundo interior, para dejarte conciente de lo que vas a vivir, del castigo por sacarme la mujer que amo- una sonrisa apareció en su rostro- te vas a pudrir acá dentro.

Con esta charla y durante ella recobre la memoria de todo lo que había pasado. Vino a mi mente la noche en que había asesinado a mi novia, Romina, sin compasión y cuando la encontré me golpearon en la cabeza. Luego de un largo viaje en que no podía distinguir nada, era un sueño infantil en donde volaba por lo cielos y todo era de colores llamativos, era el sueño de un bebe durmiendo. Seguramente era una especie de droga porque recuerdo a alguien inyectándome algo y diciendo algo que no pude entender.

Pase un largo tiempo en ese sueño y cuando al fin se termino desperté en esta habitación, me dio miedo y pensé que era otro sueño pero más adulto, comencé a golpear la puerta con mis piernas llamando a alguien. La persona que acudió era el doctor, el ex de mi novia, Federico Calvo llevaba una larga sonrisa en su rostro y luego se fue de allí. Pasaron unas dos semanas en donde recibía electricidad, drogas y otras cosas que ya ni sabia, al empezar la tercera semana todo se borro y aparecí en un campo.

Deje de lado los recuerdos, volví al presente donde Federico se estaba yendo de mi habitación. Me levante de un salto y corrí hacia él, no podía dejar que se vaya, si él salía iba a lograr su cometido. Cuando estaba a un metro de él, se dio vuelta y me vio, fue demasiado tarde, di un impulso y salte hacia él para golpearlo con mi hombro, lo había logrado, pude darle en el estomago y empujarlo hacia atrás, donde se golpeo la nuca con la puerta de metal y cayo al suelo. Me levante haciendo un gran esfuerzo ya que la cabeza me dolió por el golpe, empuje la puerta con la pierna para que se terminara de cerrar, luego mire  Federico.

-¡Hijo de puta!- grito el doctor, mientras trataba de golpearme con una de sus inyecciones en mi pie desnudo.

En el ultimo instante corrí el pie hacia la izquierda, la inyección se clavo en el suelo acolchonad a dos centímetros de mi pie. Me quede viendo a la aguja clavada en el suelo, no podía creer lo cerca que había estado, escuche un grito y cuando levante la mirada vi a Federico y luego el techo.

-Te vas a morir, hijo de la gran re-mil puta, te voy a matar por haberme robado a mi novia.

Y allí empecé a ver un puño, lo veía subir y bajar, al principio limpio y luego con sangre. Creo que recibí cinco golpes en el rostro hasta que pude reaccionar.

-Ella no tenia dueño- levante mis piernas y las lleve contra su cuello, luego de haber recibido el sexto golpe que me abrió una herida arriba del ojo izquierdo.

Con mis piernas en su cuello lo lleve para atrás, y cuando llegue al suelo escuche un pequeño sonido. Trate de levantarme para darle patas hasta que se muera pero el dolor apareció en mi rostro, podía sentir como las heridas se enfriaban y aparecía dolor en ellas, sentía a la sangre deslizarse por mi cara hasta llegar al suelo.

Vi a Federico levantarse, tenia otra inyección en su mano, era mi fin.

-Se acabo, te morís acá.

Se tiro hacia mí con la punta de la inyección apuntando a mi cuello, allí se clavo.

 

Todo se puso blanco en el fondo pude ver a Romina con los brazos extendidos, me estaba esperando, empecé a correr hacia ella, luego de un largo tiempo iba a estar con ella.

 

Quedan todos los derechos resevados a los autores de las obras que aqui se publican. Prohibida la total o parcial reproduccion de las obras sin el consentimiento del autor/es. 2004.
1