Introducción:
De todos los idiomas inventados por el filólogo y
escritor británico J.R.R.Tolkien
(1892-1973), el más popular ha sido siempre el Quenya. También parece ser el
más desarrollado de todos ellos. De hecho tan solo dos de ellos (el Quenya y el
Sindarin), son tan completos que podríamos desenvolvernos perfectamente con
ellos sin necesidad de recurrir a nuestro propio idioma. Hasta hace poco el
Sindarin era menos conocido, y su compleja fonología podría asustar a los
ocasionales estudiantes noveles (sobre todo a aquellos sin experiencia
lingüística). Mi recomendación a los que quieran estudiar los lenguajes de
Tolkien, sería definitivamente que comenzaran por el Quenya. El conocimiento de
esa lengua, facilitará posteriores estudios de las otras, incluido el Sindarin,
puesto que el Quenya es solamente una rama de la familia de las lenguas de los
Elfos: los idiomas élficos no son entidades independientes, sino que están
desarrollados a partir de una única lengua ancestral y, con todos los respetos,
el Quenya es, de todas ellas, la que más cerca se halla del idioma primitivo
original.
En una realidad totalmente opuesta a este contexto
ficticio, Tolkien sabía muy bien que estilo estaba buscando y diseñó un
primitivo idioma élfico, con ingeniosos giros enfáticos que producían una
lengua con los atractivos deseados: el Quenya fue el resultado de su romance
adolescente con el finlandés; estaba, según sus propias palabras “demasiado intoxicado” con el sonido y
el estilo de ese idioma que había descubierto (Cartas:214).
Sin embargo, el finlandés no pasó de ser una mera
inspiración; el Quenya no es en absoluto una enmarañada versión del finlandés,
y basta con ver algunas palabras del vocabulario para darse cuenta de que no
existe ninguna relación con sus correspondientes finesas (ver el tratado de Harri Peväla, en: http://www.sci.fi/alboin/finn_que.htm).
También citó Tolkien las influencias del griego y el latín, a las que
evidentemente tenemos que añadir las del español.
La historia ficticia o interna del Quenya, se halla resumida en mi habitual artículo en Ardalambion (ver: http://www.uib.no/people/hnohf/quenya.htm),
y no la repetiré aquí. Muy resumidamente, diré que de entre todos los mitos de
Tolkien el Quenya era el idioma que hablaban los Elfos que moraban en el Oeste
Más Lejano; se ubicaba en El Reino
Bendito, y era la lengua “más noble
del mundo”. Más tarde uno de los Clanes Elfos, el de los Noldor, fue exiliado a la Tierra Media, llevando con ellos el
Quenya. En la Tierra Media, pronto cayó en desuso debido a las lenguas que allí
se hablaban habitualmente, pero entre los Noldor se preservó como un idioma
ceremonial que, en tiempos posteriores, aprendieron incluso algunos Hombres Mortales. Así, en El Señor de los Anillos (LotR), nos
encontramos a Frodo pronunciando el
famoso saludo: elen síla lúmenn’ omentielvo
“una estrella brilla sobre nosotros en la hora de nuestro encuentro”,
cuando él y sus amigos se tropiezan con un grupo de Elfos (unos Elfos muy
satisfechos al encontrarse con un “aprendiz
de la Lengua Antigua”). Si uno estudia Quenya hasta el punto de sumergirse
en el mundo de la ficción de Tolkien, puede incluso llegar a verse a sí mismo
como un estudiante Mortal en la Tercera Edad de la Tierra Media, en el período
en el que se desarrollaba El Señor de los Anillos (LotR) (verse como un elfo
nativo, parlante de la Lengua Antigua en Valinor, hacia la Primera Edad, puede
resultar bastante presuntuoso). La forma particular del Quenya ofrecida
intencionadamente en este curso, es precisamente la variante que se hablaba en El Ultimo Exilio o Tercera Edad. Este es
el tipo de Quenya que se escenifica en LotR, en El Lamento de Galadriel (Namárië),
como ejemplo más relevante.
Numerosos entusiastas han llevado adelante el
crecimiento de la literatura Quenya, especialmente con el objeto de crear un
gran vocabulario que, finalmente estuvo disponible con la publicación de El Camino Perdido en 1987, quince años
después de la muerte de Tolkien.
Gracias a esto, y a los otros quince libros que Christopher Tolkien publicó con material
sobre la Tierra Media desde 1977 hasta 1996, extraído de los manuscritos que
dejó su padre, podemos ahora saber mucho más acerca de las lenguas de Tolkien
de lo que nunca se supo mientras vivió. Ciertamente, no seremos capaces de
sentarnos y reescribir las palabras de Shakespeare
traducidas al Quenya, pero disponemos de algunos miles de palabras para
desarrollar las líneas maestras de la gramática que Tolkien inventó. No te será
posible tener un Quenya fluido si no estás dispuesto a estudiarlo con ganas. Es
muy posible que podamos escribir largos textos en Quenya si aprendemos a
rellenar las lagunas que desafortunadamente hay aún en nuestros conocimientos,
y si al menos podemos confiar en que esas lagunas (especialmente en el cuidado
de las formas gramaticales), irán rellenándose en próximas publicaciones. En el
futuro, seremos capaces de desarrollar un Quenya más útil, más coloquial, más
cotidiano. Pero obviamente, comenzaremos por asimilar la información
proporcionada por el material de Tolkien tanto como nos sea posible...
Se han hecho algunos cursos de Quenya tutoriales,
incluso con ejercicios, que han permitido a la gente el estudio del idioma con
relativa facilidad. Uno de los esfuerzos más notables en ese sentido, ha sido
el Basic Quenya de Nancy Martsch. Ese es ciertamente, un
buen trabajo; el hecho de que el material publicado después haya descubierto
ciertos defectos, no puede usarse en detrimento de la autora. Sin embargo,
muchos quisieran disponer de un curso más actualizado, y he sido repetidamente
propuesto como la persona idónea para escribirlo. Es para mí muy gratificante
que los demás me consideren “un experto”
en los lenguajes tolkinianos, pero diría que, actualmente, es muy difícil ser
experto en estas materias debido a la gran escasez de fuentes de donde recoger
información. A pesar de todo, me siento un privilegiado al haber podido emplear
mucho tiempo en el estudio de estas materias (empecé hace más de diez años), y
me veo en la obligación de recordar a tantos que contribuyeron con sus ideas.
Así que, al final me senté y empecé a escribir este curso, especialmente para
principiantes (esto es muy conveniente pues me permite estar a salvo de las
personas con poco criterio, de las mentes vulnerables y de los noveles en
cuanto a mi interpretación de la gramática Quenya, la cual está sustentada
(como es lógico), en las bases más sólidas y cuidadas. ¡Ja, ja, ja..!). Sin
embargo, este curso no se presenta en formato Linguaphone, con largos
diálogos, etc., que tratan de que el estudiante consiga una fluidez básica en diversas situaciones
de la vida diaria. Esto sería contraproducente en el caso de un “idioma-arte” como el Quenya, por lo que
vamos a intentar prepararnos cuidadosamente para la prosa y el verso, en vez de
hacerlo para una charla casual. A lo largo de estas lecciones, tomarán forma
una serie de ensayos en varias partes de la gramática Quenya, revisando y
analizando las pruebas disponibles, con objeto de reconstruir las intenciones
de Tolkien con el apoyo de los ejercicios.
¿Porqué estudiar Quenya?: Obviamente no porque vayas a ir a Valinor de vacaciones y necesites
comunicarte con los nativos. Habrá alguien que quiera estudiarlo para, de
alguna manera, estar en consonancia con el espíritu creativo de Tolkien. Él
decía:
“...lo que principalmente
pienso de mi trabajo es que es una obra completa y, fundamentalmente, una
inspiración lingüística (...) no es una diversión ni un entretenimiento, en el
sentido estricto de hacer algo diferente a tu trabajo para tomarte un respiro.
La invención de las lenguas es el principio. Las historias se crearon con la
intención de dotar a los idiomas de un mundo en el que poder desenvolverse, y
no al revés. Primero se me ocurre un nombre, luego la historia. Hubiera
preferido escribir en élfico pero, por supuesto, y a pesar del trabajo que
supuso El Señor de los Anillos, hay en él muy poca literatura pues pensé que
hubiera resultado más difícil de digerir para los lectores (ahora creo que a
algunos les hubiera gustado más...)(...) De cualquier forma, para mí supone un
enorme ensayo “lingüístico-estético”, como a veces contesto cuando alguien me
pregunta: “¿qué es todo esto?”...” (Cartas:219-220)
Para aligerar estas densas declaraciones del autor y
estudiando sus idiomas, no se puede desechar cierto tipo de tonto escapismo
como para adolescentes románticos. Las creaciones de Tolkien deben considerarse
como una parte esencial de la formación escolar, profundizando en su trabajo en
general: los idiomas construidos por él, son parte de su aportación como
filólogo y no precisamente menos serios que sus trabajos acerca de los orígenes
de lenguas tan serias como el anglosajón; recordemos que rechazó considerar sus
fundamentos lingüísticos como un mero entretenimiento. Se puede decir que el
Quenya y los otros idiomas son obras de arte, pero no es esa la definición que
mejor lo describe. Al final, todo se resume a esto: Tolkien no era un descriptivo de la lengua, explorando y
contemplando pasivamente sus orígenes; él era un creativo de la lengua.
Como es lógico, no es requisito indispensable tener
un Quenya fluido para decir algo inteligente acerca de las narraciones de
Tolkien; está claro que algunos críticos y acólitos están profundamente
molestos por la falta de reconocimiento que sufren los idiomas inventados,
encontrándose ellos mismos incapaces incluso de acatar con completa seriedad
afirmaciones del propio autor, como las citadas más atrás. Para alcanzar a
apreciar por completo la complejidad y la belleza de esta creación, se debería
estudiar activamente por el propio bien de la obra. Deberíamos ser realmente
capaces de mostrar interés por el propio
bien de la propia obra. Hace algunos
años, el reconocido acólito de Tolkien, Tom
Shippey, decía:
“...está claro que los
lenguajes que creó Tolkien, lo fueron por uno de los más prestigiosos filólogos
de todos los tiempos, por eso siempre hay algo interesante en ellos y, creo
también que en ellos falta mucho aún de su pensamiento y sus conocimientos
profesionales (...) Observo a menudo que hay muy destacadas y acreditadas
opiniones acerca de lo que Tolkien pensaba sobre la filología real que subyace
en la ficción y, no sería ninguna sorpresa, si algún día descubriéramos que hay
opiniones igualmente acreditadas subyaciendo en los lenguajes inventados.
Seguro que algo acabará emergiendo de ellos...” (De una entrevista realizada durante el
simposio de Arda, en Oslo del 3 al 5
de Abril de 1987, publicada en el diario Angerthas,
el día 31).
Entonces, si no creemos que puedan haber nuevos
conceptos filológicos esperando a ser descubiertos dentro de la estructura de
los idiomas de Tolkien, no veo porque el estudio detallado de ellos debe
necesariamente considerarse escapismo, o un tonto pasatiempos para gente que no
tiene nada mejor que hacer. Los lenguajes construidos por Tolkien, han sido
comparados con la música; su biógrafo Humphrey
Carpenter, observa que: “si Tolkien
hubiera sentido interés por la música, probablemente hubiera intentado componer
melodías; así que, ¿porqué no desarrollar un sistema personal de palabras donde
se hallara escondida una sinfonía privada?”. Se puede estudiar cualquiera
de las lenguas de Tolkien cuidadosamente desarrollada de la misma manera que se
puede estudiar una sinfonía musical: un complejo trabajo, compuesto de
infinidad de partes interrelacionadas, tejido con una intrincada belleza.
Mientras que una sinfonía es fija en su forma, el lenguaje se puede recombinar infinitamente
dentro de nuevos textos tanto de prosa como de verso, reteniendo sin
disminuirlos, su naturaleza y su aroma. Uno de los mayores atractivos del
Quenya es que nosotros mismos podemos componer música lingüística, siguiendo las instrucciones y reglas de
Tolkien, por eso, la comparación que hace Carpenter es demasiado limitada:
Tolkien no hizo una sinfonía; inventó una nueva
forma de música, y habría sido una verdadera pena que su obra hubiera
muerto con él.
Habrá otros que querrán estudiar Quenya para verse
inmersos en la ficción de Tolkien, sin pretensión alguna de aprendizaje: la
visión de Tolkien de los Elfos (Quendi
y Eldar) es, sin duda, el principal
logro de toda su obra, y el Quenya era (al menos según las opiniones parciales
de los Noldor) “la lengua Elfica por excelencia, la más noble y uno de los más fieles
garantes de la Antigua Lengua de los Elfos” (La Guerra de las Joyas, página
374). El acercarse a ciegas al mundo élfico de forma más profunda, tan solo
conducirá a una inmersión en la ficción. Abandonada felizmente la idea que se
tenía de los Elfos como seres diminutos, excesivamente guapos y encantadores,
Tolkien concibió una visión de los Elfos como algo más: “imagino que los Quendi que
aparecen en estas historias, se parecen muy poco a los Duendes y a las Hadas de
Europa; pero siendo sincero, debería decir que los que realmente representaban
la belleza más grande, los que tienen la vida más larga y los más nobles, son
los niños Eldar” (Cartas, página 176). La quintaesencia de la visión que
tuvo Tolkien de la cultura élfica, se halla principalmente en las lenguas, “ya que la forma de hablar de los Eldar es
la más antigua y más amada de las artes” (Los Pueblos de la Tierra Media,
página 398). De alguna manera, el estudio del Quenya también puede convertirse
en la búsqueda de algo maravilloso y noble, bajo el punto de vista y la
capacidad limitada de nuestros mortales y finitos egoísmos: “Los Elfos representan el arte, la estética y
los aspectos puramente científicos de los Humanos, elevados a un nivel superior que aún no ha sido alcanzado por los Hombres” (Cartas, página 176). La búsqueda de
ese nivel superior trasciende toda
ficción. Tolkien plasmó su visión interior de ese nivel en pinturas, en sus
narraciones (más intensamente), pero (lo más importante para él) donde quedó
verdadera constancia, fue en las palabras y sonidos del idioma. En el Quenya, su visión de La Maravilla sigue viva, esperando a aquellos que sean capaces de
comprenderla y de apreciarla.
En sus páginas web el grupo sueco Mellonath Daeron, estudioso de las
lenguas de Tolkien, intenta justificar sus estudios de la siguiente manera:
“Nuestra actividad se ha
descrito como el último lujo. Estudiamos algo que no existe, solo por
placer. Esto es algo que puedes permitirte cuando tienes cubiertas todas tus
otras necesidades: comida, cobijo, abrigo, amigos y todo eso. Estudiamos las
lenguas de Tolkien por su gran valor estético. Y el conocimiento de estas
lenguas, es fundamental para comprender la belleza de su mejor creación: Arda,
su mundo”
Estoy completamente de acuerdo con la última
frase, pero no puedo estarlo con lo de
que el Quenya o el Sindarin “no existen”. Naturalmente no estamos hablando de
algo físico, de cosas tangibles, pero eso les pasa a todos los idiomas. No hay
lenguajes ficticios, son todos reales como lo puedan ser el Esperanto o
cualquier otro. El mismo Tolkien decía sobre sus lenguas que “tienen cierta entidad, porque hasta que las
hube terminado de crear, ya existían aunque de forma incompleta” (Cartas,
p.175).
Aunque similar al Esperanto, el Quenya está
estrechamente relacionado con una historia interna ficticia (Tolkien dijo una
vez que el Esperanto hubiera tenido más éxito si se hubiera creado a partir de
un mito). Los mitos asociados al Quenya ciertamente le enriquecen y nos ayudan
a entender el tipo de “aroma” que Tolkien buscaba para él; de hecho, este
idioma juega su papel en las más famosas novelas fantásticas que se han
escrito, lo que le da una publicidad gratuita que el Esperanto nunca tuvo.
Debemos recalcar que el Quenya existe como una entidad actual en nuestro propio
mundo, y como ya hemos dicho, ha contribuido a enriquecer la literatura,
principalmente en verso: los textos que se presentan aquí son cientos de miles
de veces más comprensibles que los que escribió Tolkien. Finalmente consiguió
perfeccionar la estructura y la evolución imaginaria de sus idiomas, pero en
ellos sobreviven un manojo de textos sustanciales. A pesar de haber dicho que
“hubiera preferido escribir en élfico” (ver la cita anterior), se limitó a
escribir sobre las lenguas Elficas,
en lugar de escribir en ellas. “El
placer reside en la propia creación”, dice Christopher Tolkien (la Derrota de
Sauron, página 440). Su padre creó las lenguas para que fueran amadas, no por
la necesidad de usarlas para un propósito completo. Tolkien escribió cierto
número de poemas en élfico, pero esa cantidad resulta pequeña comparada con los
miles de páginas que escribió acerca de la estructura de sus lenguas.
Tolkien tenía un fino sentido del humor; ese era su
privilegio de creador original. Sin embargo a mi parecer, algunas personas
tienen la capacidad de obtener mucho placer desde la mera contemplación pasiva
de la estructura de un idioma, o desde la lectura de la gramática de un idioma
inventado como si se tratara de una novela. Imagino que la mayoría de la gente
que quiere estudiar Quenya tiene la intención aunque sea vagamente, de usar los
conocimientos que pueda adquirir, para escribir sus propios textos en Quenya, o
al menos poder leer los textos escritos por otros (como mínimo los escritos por
Tolkien). En cualquier caso, aprender un idioma requiere siempre una
participación activa: aunque no sueñes siquiera con publicar algo en Quenya,
simplemente por poder juzgar el Elfico de Tolkien con propósitos puramente
académicos, trabajarás con los ejercicios para asimilar la gramática y el
vocabulario. Este curso contiene algunos ejercicios.
Mi visión favorita para el estudio de los idiomas de
Tolkien, es probablemente esta (construyendo la analogía musical propuesta por
Carpenter): diría que estamos de alguna manera en la misma situación que un
compositor virtuoso que está inventando una nueva forma de música, escribiendo
mucho acerca de su estructura y dando a conocer solo unas pocas composiciones
(algunas de las cuales no verán la luz en vida del autor. Y esas pocas
composiciones van ganando terreno, afianzándose, creciendo ante la audiencia
internacional, una audiencia que quisiera oir más, mucha más música de ese
tipo). El compositor original muere, ¿qué hacemos ahora? Solo podemos hacer una
cosa: debemos emprender un completo estudio de las composiciones publicadas, a
la vez que de los escritos más teóricos, con el fin de intentar extraer las
reglas y los principios que deben regir ese tipo determinado de música. Solo
entonces podremos empezar a componer por nosotros mismos, creando completas y
nuevas melodías que cumplirán con la estructura general diseñada por el
inventor o creador original.
Esto por supuesto, es solo una analogía aproximada
de lo que podría ser el estilo narrativo de Tolkien.
Su forma de contar historias ha sido adaptada por
generaciones de nuevos autores, dando como resultado el moderno género de
literatura fantástica, aunque no sería incorrecto decir que algunos autores más
antiguos han sido capaces de estar a la altura de las líneas marcadas por el
maestro. También hay que decir que la calidad de muchos textos Quenya
post-Tolkien es muy variable. En el caso de los primeros intentos, donde escaseaban
las fuentes de material disponible, vemos ahora que la interpretación de
algunos textos se halla lejos de lo que Tolkien quería dar a entender. Hoy en
día, con mucho más material a nuestra disposición, diría que es posible
escribir textos que el propio Tolkien reconocería como, al menos, un correcto
Quenya (aunque también pienso que leer textos Quenya que no fueran suyos, le
resultaría una extraña experiencia; sus idiomas son originalmente algo muy
privado y personal).
En cualquier caso, este curso debería serte útil sea
cual sea tu visión del estudio: tanto si quieres aprender Quenya para
sumergirte en la ficción de Tolkien, como si lo haces para apreciar mejor la
parte crucial del autor, para aprender algo sobre las creaciones de un
lingüista virtuoso, para aceptar el desafío intelectual que supone el conocer
al detalle un sistema sofisticado, para meditar acerca de las cuestiones
elficas, o simplemente para divertirte con la estética del Quenya. Por
supuesto, ninguna de estas opciones se excluyen mutuamente. Sea cual sea tu
visión, creo que te gustará formar parte del florecimiento y crecimiento del
Quenya.
Esta es otra anotación de Tolkien: “...ninguna lengua se estudia por el mero
hecho de servir a otros propósitos, pero de hecho, servirá mejor a otros
propósitos filológicos o históricos si se estudia por amor, por sí misma...”
(Monstruos y Críticas..., página 189).
El tema de los Derechos de Autor (Copyright): Este es un tema que debería ocuparnos algún
tiempo y unas cuantas líneas, por mucho que pueda sorprender a los nuevos
estudiantes que nunca hayan pensado en ello. Sin embargo los debates que se
suscitan alrededor de los asuntos del copyright en el entorno de los estudios
lingüísticos de Tolkien, son en su mayoría tristemente provocados por algunos
estudiosos. Dichos debates comenzaron a suscitarse en la lista de correos de TolkLang, en vez de someterlos a la
jurisdicción de Elfling. Si los
familiares de Tolkien o sus abogados leen lo que sigue, espero que no se
molesten. Con todo esto no pretendo robarles nada, se trata más bien de dirigir
la atención hacia una de las partes más importantes del trabajo de Tolkien, y
de ayudar a la gente a que aprenda, así su obra podrá vivir, crecer y
permanecer como un último testimonio a sus esfuerzos y como un tributo dinámico
hacia él mismo. Hablando de su padre, Christopher Tolkien en una entrevista
televisada, describió el Quenya como “el idioma que él quiso, el idioma de su
corazón”. Los estudiantes de Quenya quieren sencillamente que sobreviva esta
especial parte del corazón de Tolkien. Nadie intenta conseguir dinero ni
cualquier otro beneficio con todo esto (si la Fundación Tolkien o mejor dicho Harper
Collins hubiera querido publicar un libro con este curso, yo me hubiera
sentido feliz de que lo hiciesen y no esperaría recibir nada por los derechos).
En 1998 y luego en 1999, en la lista TolkLang el
abogado W.C.Hicklin sostuvo
ruidosamente que la publicación “no autorizada” de las descripciones
gramaticales del idioma de Tolkien, debía considerarse como una flagrante
violación del copyright de la Fundación Tolkien, asegurando que dicha
publicación sería indudablemente contestada por parte de la Fundación con “dinero, pistolas y abogados...” (Espero
que la parte referida a las armas de fuego, fuera solo una forma de hablar).
No puedo estar de acuerdo con esta interpretación de
la ley del copyright, especialmente si consideramos que la mayoría de los
conocimientos que tenemos sobre el Quenya, se desprenden de los ejemplos que
tenemos, y no de la lectura de las especificaciones gramaticales de Tolkien,
que aún no se han publicado. No puedo imaginar como al estudiar los textos
disponibles en Quenya, pueda ser ilegal sacar nuestras propias conclusiones de
lo escrito y darle incluso explicaciones diferentes. Si eso es lo que significa
o defiende el copyright, resultará que todo tipo de comentario escolar de texto
o cualquier crítica literaria, se irán inmediatamente al garete por mor de las
imposiciones legales. Mientras Hicklin hace estas declaraciones, Christopher
Tolkien (que es quien al final detenta el título innegable del apellido) y la
Fundación Tolkien, ya hace tiempo que declinaron manifestarse acerca de los
derechos, incluso cuando se preguntó por ello al moderador de TolkLang, Julian Bradfield. Hay que tener en
cuenta que la ley del copyright no es la especialidad del sr. Hicklin y creo
que se apresuró al definir el concepto de “carácter”, llegando a asegurar que
cada una de las palabras escritas en el idioma inventado, debía considerarse un
carácter literario propiedad de Tolkien, aparentemente refiriéndose a palabras
como Aragorn o Galadriel. Misteriosamente Hicklin estuvo de acuerdo en considerar
legal el escribir nuevos textos en el lenguaje de Tolkien, aunque en el mundo
de Hicklin esto podría parecer una analogía con lo de escribir historias
utilizando los caracteres de Tolkien (lo que todo el mundo podría considerar
como una violación del copyright).
Tanto los problemas de Hicklin para sostener todos
sus argumentos, como las subsiguientes demandas legales hechas por mí mismo y
por otros, me han llevado a la conclusión de que aplicar la ley del copyright a
un idioma, es prácticamente imposible. El idioma en sí mismo no se haya
encadenado a un texto fijo; es un sistema completamente abstracto y, para
proteger algo legalmente, ese algo debe contar con una forma fija a la que
poder proteger. No es válido alegar que mucha de la estructura gramatical y el
vocabulario de un idioma es una forma “fija”, ya que es un sistema abstracto,
no tiene forma. Acerca del texto actual (o en el mismo) un idioma está
internamente protegido, pero no el “lenguaje” en sí mismo. Volviendo a la
analogía de nuestro compositor virtuoso que inventa una nueva forma de música:
su copyright, el de sus propias composiciones y el de sus escritos acerca de
esta nueva forma de música, no puede y no debe ser discutido por nadie. Pero si
él o los suyos, no pueden demostrar fehacientemente que todo lo publicado son
nuevas composiciones, o plenamente las descripciones originales de los principios
de este tipo de música, de alguna manera estarán violando el copyright de las
mismas descripciones.
Este curso se ha escrito y publicado en Internet
(gratis) por mí mismo como persona privada. La Fundación Tolkien no debe pedir
responsabilidades ni hacer comentarios sobre él, ya que no existe vía oficial o
legal para ello, y yo personalmente, asumo toda la responsabilidad por sus
contenidos. No considero una falta de respeto el indicar que todas las
denuncias hechas por la Fundación no han contribuido en modo alguno a
garantizar la calidad, desde el momento en que ciertos nuevos trabajos sobre el
Quenya, que fueron publicados con el permiso expreso de la Fundación, se han
limitado a contener resúmenes obvios e incorrectas interpretaciones. Hay razones
para pensar que los abogados de la Fundación o el mismo Christopher Tolkien
deben ser capaces de juzgar con criterio la calidad de una gramática Quenya
(por lo que no hay razón alguna para que vayan contra ella; aprender Quenya
basándose en las fuentes primarias requiere un largo y laborioso estudio,
reservado para especialistas realmente interesados). Llegados a este punto,
espero y deseo que la Fundación Tolkien reconozca el derecho de los que quieran
estudiarlo, a hacerlo en paz, sin trabas y a poder presentar en su caso los
resultados de sus investigaciones, especialmente si las publicaciones más
importantes al respecto, se hacen sin afán alguno de lucro. A pesar de las
protestas hechas por Hicklin y algunos otros, no existe actualmente ninguna evidencia
concreta que la Fundación o Christopher Tolkien puedan estudiar como una
violación del copyright. Si así fuera, yo mismo me pondría en contacto con
ellos, y hablaríamos.
La interpretación que se ofrece aquí de la gramática
Quenya, se halla basada en el estudio de las fuentes disponibles, en el
análisis de la mayoría de los textos Quenya disponibles, y en una exégesis de
las relativamente pocas y explícitas notas que se hayan disponibles en la
gramática original. Mantengo que esto es, principalmente un trabajo de análisis
y comentario (presentado de forma didáctica), y en términos generales del
copyright, discutir la estructura del Quenya no debe ser muy diferente de la
discusión que pueda derivarse de la estructura de la trama de El Señor de los Anillos: en cualquier
caso he de reconocer que, en última instancia está basada en los escritos de
Tolkien, pero el resultado del estudio no es “un trabajo derivado de...”, en
los términos estrictos de la ley del copyright. Lo que hacemos aquí, no es
“reexplicar” la ficción de Tolkien (aunque nos referimos a ella), sino darle
una perspectiva crítica, o mejor aún: de comentario, para demostrar como la
ficción de Tolkien y la construcción de su gramática están interrelacionadas.
Primeramente estudiaremos uno de los idiomas de Tolkien, cuya entidad es más
actual que ficticia. El hecho de que este idioma se presentara al mundo en el
contexto de una ficción no lo convierte en un “idioma ficticio”, ni
necesariamente su uso o estudio debe ser “derivado de una ficción”. Como ya se
ha mencionado, el mismo Tolkien declaró que algunos de estos lenguajes “tienen
su propia vida y existencia” simplemente porque él los diseñó y, por ese
motivo, no deben considerarse exclusivamente en un contexto ficticio (Cartas,
página 175).
Gran parte de vocabulario Quenya no es completamente
original; Tolkien admitió de buena gana que los vocabularios de los idiomas
élficos estaban inevitablemente llenos de reminiscencias “de las lenguas
anteriores” (Los Pueblos de la Tierra Media, página 368). Aunque con frecuencia
esto no obvia que el exotismo del lenguaje sea una dificultad para los que lo
estudian, y el hecho es que los eruditos encontraran fácilmente correspondencia
entre algunas palabras indoeuropeas
(y a veces, semíticas), y las raíces
que sustentan algunas de las palabras inventadas por Tolkien. Esto no debe
interpretarse como una limitación de la imaginación de Tolkien; él ya advirtió
que “es imposible construir idiomas imaginarios a partir de un número limitado
de sonidos, sin que se produzcan algunas similitudes” (añadiendo que él nunca
intentó crearlas)(Cartas, páginas 384-385).
Aún donde no sería posible que una palabra “real”
sirviera de inspiración para citar una palabra Quenya, el hecho está en que no
existe antecedente legal alguno que permita a alguien que haya inventado
palabras nuevas el reclamarlas como propiedad personal. El propio Tolkien era
consciente de que los nombres no pueden estar sometidos al copyright (Cartas,
página 349), y que uno no puede establecer los derechos sobre nombres comunes,
verbos, adjetivos ni preposiciones, declarando “no autorizado” el uso de los
mismos. Algunas palabras de uso común y cotidiano como “robot”, se generaron
primeramente en un contexto ficticio. Tampoco se pueden reclamar como palabras ficticias,
protegidas por una naturaleza ficticia, e impedir que se usen impresas o
explicadas sin permiso explícito de quien las inventó (o de lo suyos).
Las acciones legales emprendidas tras la
extravagante reclamación de Hicklin, han confirmado que las palabras pasan a
ser automáticamente de completo dominio público al segundo de ser inventadas, y
nadie puede monopolizarlas o reclamar su exclusivo derecho sobre ellas. Puedes
por supuesto, registrar una palabra como marca comercial, pero eso es otra
cuestión: Apple Computers, no puede
impedir a nadie el uso cotidiano de “manzana” (apple). Tampoco sería procedente
que el fabricante de algún juego de fantasía tuviera que cambiar todas las
eventuales referencias a “balrogs”,
ya que no se trataría de la palabra Sindarin balrog, aunque la naturaleza de los balrogs residiera en el copyright de Tolkien. El hecho es que
Tolkien inventó la palabra alda “árbol”, y que esa palabra hace
referencia a los árboles de su naturaleza literaria. Esto no se refiere tan
solo a un árbol que crece en la Tierra Media, sino que si estoy escribiendo un
poema en Quenya, usaré también la palabra alda para definir el árbol que crece
en mi jardín.
Estoy sin embargo de acuerdo en que el Quenya y
otras lenguas disfruten de cierta protección “en su capacidad como partes
integrantes de la Tierra Media”. Si alguien escribiera nuevas historias
fantásticas, relacionando la forma de hablar de los Elfos con un idioma llamado
Quenya, y hubiera pruebas que demostraran que, ciertamente es el Quenya de Tolkien,
lo que obviamente sería el mismo tipo de plagio que si cualquier fantasía
escrita tomara “prestado” el nombre de una ciudad llamada Minas Tirith, y la descripción en el libro indicara claramente que
esa ciudad fue construida en varios niveles y se halla coronada por una torre
blanca. Pero una vez más digo: este curso es mucho más que una deliberada
derivación de una determinada ficción. Este curso trata del uso y estudio de
uno de los idiomas largamente desconsiderados en el contexto de la ficción.
Aunque también aspiro a presentar el Quenya como parte de la creación de
Tolkien, haré mención a algunas de las notas narrativas que se presentan como
meramente técnicas. No obstante, es obviamente falso que los lenguajes de
Tolkien no puedan de ninguna manera separarse de su mundo ficticio (como parece
desprenderse de las quejas de Hicklin). Por ejemplo: Vicente Velasco, fue capaz
de escribir un poema Quenya (Ríanna), como homenaje a la Princesa
Diana de Gales tras su trágica muerte, pero eso no implica que el accidente en
el que murió deba considerarse como un punto interesante de una novela de
Tolkien. De la misma manera, el mismo Tolkien hizo una traducción al Quenya del
Padrenuestro, un texto que,
obviamente, pertenece a nuestra propia realidad y no puede ubicarse en el
desarrollo de la Tierra Media.
Cuando discutimos acerca de los derechos de autor,
debemos distinguir muy claramente entre el contexto ficticio y el “uso actual”
de los sistemas o ideas descritos en la ficción en cuestión; esto último es irrelevante
para la determinación de los derechos. Por poner una comparación: si alguien
escribe una historia fantástica en la que aparece una raza de gente pequeña,
con pies peludos, viviendo bajo tierra en unas edificaciones llamadas smials, tengo que deducir que es un
claro plagio de Tolkien, que posiblemente se estén violando sus derechos. Pero
no puedo comprender que yo esté violando derecho alguno, si cavo un smial en mi propio jardín; y, ¿qué pasa si
decido transplantarme pelo de la cabeza a los pies? Aunque uno no pueda
sentirse completamente libre para escribir historias sobre los Elfos que hablan
en Quenya, el uso de las estructuras lingüísticas soñadas por Tolkien para
escribir textos nuevos que nada tengan que ver con su propia ficción, no puede
ser en absoluto una violación de sus derechos. Los derechos de copyright de los
nuevos textos en Quenya, tan solo pertenecen a sus autores.
Felizmente, los herederos de Tolkien parecen estar
de acuerdo con esto; al menos no han intentado impedir que nadie publique sus
propios textos en Quenya. Si la Fundación no plantea ningún problema, debo
deducir que sus abogados estarán también de acuerdo en que es perfectamente
legal que cualquiera escriba gramáticas Quenya o compile vocabularios Quenya.
Lo contrario, sería tener una absurda noción del uso que debe darse a un
idioma, a la descripción que deben enseñar los expertos. No puedo imaginar que
la Fundación quisiera imponer que el gran número de textos que existen en
Quenya no escritos por Tolkien, fueran rechazados y no pudieran someterse a los
estudios gramáticos o lexicográficos de su ficción, solo por el hecho de estar
escritos en Quenya. Eso sería un intento de obstrucción y de veto al
conocimiento público de una completa y magnífica obra literaria, y no creo que
eso sea sostenible ni legal ni moralmente. No sé si Tolkien estaría de acuerdo
con ellos.
No tengo intención de cualquier forma, de discutir
los derechos de la Fundación sobre los actuales escritos (de los idiomas o de
cualquier otra cosa), y creo que es un ejercicio interesante “la reconstrucción
del Elfico original” que, supuestamente, subyace en algunos de los poemas y
cuentos de Tolkien, en vez de publicar traducciones del Elfico de un montón de
relatos. Todos estos textos si están bajo los derechos de la Fundación, hasta
el final de 2023 (¿o era 2048?), y publicar traducciones sustanciales o pequeños resúmenes de
cualquiera de ellos, debe contar con la autorización expresa de la Fundación:
el asunto no está en cuan extremadamente esotérico sea el objetivo del
lenguaje, ya que cualquier traducción derivada directamente de la propiedad
Tolkien está protegida. Nadie debería escribir historias desarrolladas en el
mundo de Tolkien; eso sería una violación del copyright sin importar el idioma
que se use. Sin embargo, traducir un determinado número de textos (textos
concretos), podría incluso considerarse como un beneficio (pero, por favor: no
publiques un homenaje al Poema del Anillo
en tu propio Quenya...¡ya hay demasiadas versiones..!) No tiene mucho sentido
pensar que la Fundación vaya a tomar medidas contra novelitas en Quenya que se
desarrollen en algún lugar parecido a la Tierra Media, mientras que la
propuesta real que se observe, sea la de demostrar la utilidad del Quenya, y no
la de escribir historias que pudieran competir con la propiedad de Tolkien
(p.e.: no se podrían publicar novelas en ese contexto, concebidas con un
sentido comercial). Los poemas sobre personas o eventos del mundo de Tolkien
(como el Rocalessen de Ales Bican,
o La
Canción de Éowyn), pueden considerarse como ramas de un comentario o
sinopsis, siempre y cuando no incluyan una ficción nueva en sí mismos. Pero,
por favor, no vayamos tan lejos; la gente de Tolkien está en su derecho de
querer proteger sus historias y trabajos.
En los ejercicios que acompañan a este curso, he
añadido (deliberadamente) en cada caso referencias directas a personas, sitios
o situaciones del mundo ficticio de Tolkien (excepto en la referencia a los dos árboles, ya que el Quenya dispone de
numerosos ejemplos para definir el nombre
dual). En vez de hacer referencia a la ficción de Tolkien, he recurrido en
la mayoría de los casos a una tradición genérica global del mundo medieval; no
hay nada que excluya totalmente la posibilidad de que ese sea el mundo creado
por Tolkien, pero tampoco hay nada que lo confirme categóricamente. En estos
ejercicios aparecen Elfos y Enanos y, aunque para definirlos debamos emplear
palabras como Eldar y Naucor, estas se refieren
exclusivamente a Elfos y a Enanos en su sentido genérico.. Si queréis sois
libres de imaginar que estos Elfos son los Eldar de Tolkien, pero no hay nada
que los ate incontestablemente a esos mitos específicos.
A pesar de todo, no creo que la Fundación Tolkien
pudiera legalmente impedir a la gente enriquecer el Quenya más de lo que lo
está actualmente (con independencia de la ficción creada), y desde aquí animo a
todos los interesados a que utilicen para ello cualquier conocimiento que
puedan obtener de forma (eso si) totalmente respetuosa. Deberíamos sentir
cierta gratitud u obligación moral para con Tolkien como creador de este
idioma. El Quenya que conocemos, es el resultado de décadas de concienzudo
trabajo y una elaborada depuración final; su creador intentó dotarlo de un
augusto y sagrado halo, y no debe usarse con propósitos viles o absolutamente
denigrantes (por favor: no publiquéis vuestros textos Quenya en las paredes de
los lavabos!). Existe una vieja entrevista en televisión, en la que Tolkien asegura
que a sus idiomas no les vendrían nada mal otros conocimientos y contribuciones
que los enriquecieran, pero que no le gustaría verlos convertidos en algún tipo
de jerga secreta que sirviera para excluir a algunos. Este es un deseo que
animo a todos los estudiantes a respetar. Como estudiantes y usuarios del
Quenya, deberíamos también comprometernos a preservar la integridad del sistema
de Tolkien, poniendo mucho celo y cuidado en no distorsionarlo ni diluirlo
innecesariamente. En ocasiones tendremos que añadir y crear palabras nuevas,
pero en esos casos deberemos evitar la invención arbitraria, aplicando a
nuestro trabajo el máximo de rigor y las raíces propias y originales de
Tolkien, usando sus métodos de derivación.
Tolkien escribió: “por supuesto, El Señor de los
Anillos no me pertenece. Ha salido adelante y ahora debe buscar su camino y
afianzarse en el mundo, aunque naturalmente tengo un profundo interés por la
suerte que pueda correr, como padre que soy de la criatura. Estoy satisfecho,
sabiendo que tiene buenos amigos que lo defenderán...” (Cartas, páginas
413-414). Quizá pensase lo mismo acerca de los idiomas que inventó y que se
hallan ejemplificados en el libro que nos ocupa: han salido adelante y ahora
deben seguir su camino en el mundo, estudiados y usados por todos, lo que no
quiere en absoluto decir que el Quenya y los otros idiomas deban llevar vidas
separadas de su “padre”, aunque él ya no
viva. Dejemos a los estudiantes e interesados que los usen, que sean sus
“buenos amigos”, esos que deben defender los sistemas empleados por el hombre
que dedicó su vida a desarrollarlos, haciendo realidad esa su visión tan particular de ese su mundo tan especial. Y todo eso, nos devolverá de nuevo a la
estructura del Quenya en sí misma...
¿Cómo es el Quenya? ¿Qué tipo de lengua es esta, estructuralmente
hablando? Parece que el finlandés ejerció una considerable inspiración, pero no
solo por la estructura de los sonidos, sino también por la estructura básica en
sí misma. Tolkien describió el Quenya como “una
lengua muy bien modulada” (El Camino sigue, página 69). Esto se debe a que
las palabras aparecen de muy diferentes formas, dependiendo de su función
concreta en un contexto gramatical determinado. Las diferentes formas se
construyen en su mayor parte, mediante un cúmulo de terminaciones, las cuales
tienen significados que, en cualquier otro idioma, deberían expresarse por
palabras separadas. Así nos encontramos con que en una traducción del Quenya a
otro idioma, necesitamos de un mayor número de palabras que las del texto
original: en los Cuentos Inacabados, páginas 22,51, aprendemos que tres
palabras en Quenya requieren de seis en la traducción: Anar caluva tielyanna “el
Sol brillará sobre vuestro camino”. Vemos así, que evidentemente, el Quenya es
un idioma de lo más eficiente, aunque no tenga demasiada importancia el usar
una palabra larga en lugar de varias cortas para expresar un significado. El
Quenya debe resultarnos agradable por sus propias cualidades, no por la
comparación con otros idiomas. La palabra tielyanna, ilustra la principal
diferencia entre el Quenya y nuestro idioma: las pequeñas palabras
independientes, como: “vosotros”, “sobre”, aparecen frecuentemente expresadas
con terminaciones que, en el ejemplo son: -lya y –nna, respectivamente.
¿Es el Quenya un idioma difícil? Hablando del Quenya
y el Sindarin, los dos idiomas principales de sus mitos, Tolkien escribió: “ambas lenguas son, por supuesto,
extremadamente difíciles...” (Cartas:403). Sin duda, habrá cantidad de
insospechadas complejidades esperándonos a lo largo del vasto material que aún
no se ha publicado. Pero sea mucho o poco nuestro conocimiento actual, lo
cierto es que no se puede decir que el Quenya sea “extremadamente difícil”.
Puede que tenga una enrevesada e intrincada estructura, pero es bastante menos
complicado que el Sindarin, y el llegar a adquirir profundos conocimientos del
Quenya tal y como lo conocemos, no es ni mucho menos una proeza sobrehumana.
Algunos estudiantes, deberían ser capaces de adquirir cierta destreza básica en
los sistemas gramaticales, en un tiempo relativamente corto: semanas e incluso
días, y no meses. El conocimiento general y la facilidad de comprensión en el
campo de los idiomas, sería por supuesto, de gran ayuda para el estudio, sin
apenas más requisitos; en este curso, he intentado hacer las explicaciones tan
simples que, con un ligero asomo de raciocinio adolescente, se pueden entender
(en previsión de que algunos de los que quieran iniciarse en el Quenya sean
bastante jóvenes, y presumiblemente sin conocimientos previos de idiomas,
explicaré cualquier término lingüístico elemental. Espero que los más
preparados sepan perdonarme el lenguaje que, a veces, parece dirigido a bebés).
Debemos entender que esto no es un curso comercial programado
de Esperanto. Tolkien deliberadamente intentó hacer unos idiomas “naturales”;
así que incluso hay algunos verbos irregulares, aunque el número de ellos es
bastante manejable. El Quenya se encuentra a mitad de camino entre un Esperanto
absolutamente regular, y un típico idioma “real”, con su torrente de
complejidades e irregularidades, incluso quizá esté más cerca del primero. De
hecho puede que el Quenya resulte demasiado simple como para ser completamente
“creíble”, como un supuestamente, mal construido lenguaje, al menos si lo
comparamos con los embrollados idiomas de los Hombres Mortales en nuestra
propia época. Pero el Quenya no estaba, en realidad mal construido, bajo el
punto de vista de la historia ficticia; fue creado y depurado por los Elfos, y:
“...los Eldar aprenden la lengua no
palabra por palabra, sino por completo...” (Los Pueblos de la Tierra Media,
página 398). Quizá por eso el Eldar, siendo mucho más consciente de la
estructura de su idioma, tendería a la composición de lenguas con una gramática
relativamente ordenada. Desde el punto de vista de los estudiantes es, sin
embargo, difícil sentir pena por la ausencia de un mayor número de formas
irregulares para memorizar, así que si esta simplicidad hace que el Quenya sea
menos creíble que un lenguaje “normal”, Tolkien queda por nuestra parte
perdonado con absoluta facilidad!
Las Fuentes:
Sabemos que Tolkien escribió literalmente miles de páginas sobre sus idiomas.
Por desgracia, debo pedir a los nuevos que aguanten estoicamente el primer
golpe, aunque ya antes habíamos hecho referencia a ello: tenemos muy poco
material disponible. Sin embargo, Christopher Tolkien parece haber llegado a
ciertos acuerdos para su publicación. Durante la mayor parte de los noventa,
envió fotocopias de los manuscritos de su padre (nunca de manera oficial) a un
grupo de americanos, a los que se refería habitualmente como a los Elfconners (1), aparentemente por ser miembros destacados de las directivas cons (1) de las convenciones de ELF
(Hermandad lingüística de los Elfos). Sin embargo, los más sinceros miembros de
este grupo, parecían estar convencidos (hasta el punto de rehusarlo) de que el
término Elfconners, tenía siempre un
sentido derogatorio, asociado siempre a la decepción. Como señaló en TolkLang su moderador Julian Bradfield,
daba la sensación de que algún miembro del grupo estaba insultándose a sí
mismo, pero por regla general lo políticamente correcto, es dirigirse a este
grupo como a la Editorial Team (ET).
Como quiera que le llamemos, el grupo está integrado por: Christopher Gilson,
Carl F.Hostetter, Patrick Wynne y Arden R.Smith (en los últimos años se les ha
unido Bill Welden). Antes de que empezaran a recibir los manuscritos de
Tolkien, habían publicado regularmente las revistas (dedicadas a la lingüística
de Tolkien), Vinyar Tengwar (editada
por Hostetter), y Parma Eldalamberon
(editada por Gilson), manteniendo generalmente un buen nivel. Esto, debemos
reconocerlo, fue la razón principal por la que Tolkien Jr les buscó para
publicar los manuscritos de su padre.
Lo más extraño y desafortunado, es que en el momento
en que comenzaron a recibir los manuscritos de Tolkien, el nivel de publicación
del grupo cayó drásticamente. Empezaron a recibir los manuscritos en 1991; una
década más tarde tenían en su poder unos cuantos cientos de páginas de nuevo
material para imprimir (la mayoría vocabularios pertenecientes a la primera
época del trabajo de Tolkien, a la etapa de El Señor de los Anillos). A algunos
no nos impresionaron. El poco material que ha aparecido, ha sido acogido con
entusiasmo, pero la realidad es que con las actuales posibilidades para
publicar, el proyecto debería haber culminado hace ya mucho tiempo. En 1996,
Tolkien Jr anunció que “el próximo año” su grupo planeaba publicar gramáticas
“absolutamente comprensibles” de los dos principales idiomas que constituyen el
mito Tolkien. Casi ya en el 2002, publicaron por fin algún material relativo a
ciertos extractos de Gnómico, y un
antiguo antepasado conceptual de un lenguaje de Tolkien que luego se llamó
Sindarin; aún estamos esperando la aparición de un montante importante de
material sobre el Quenya. La mayoría de los otros plazos de entrega que los
miembros del grupo de Gilson se han autoimpuesto, han tenido los mismos pobres
resultados, y desde más o menos 1998, se han abstenido de fijar más fechas. Aún
así esperamos que en diez ( o veinte, o treinta...) años, sabremos más (si la
Editorial Team es capaz de comenzar una eficiente y regular publicación del
material de Tolkien, habrán por fin demostrado que tienen ciertas habilidades).
Debemos pues trabajar con las fuentes que hay
disponibles (fuentes que a menudo tocan el idioma más o menos de pasada). El
aspecto lingüístico de Tolkien como autor, afortunadamente permite a sus
palabras tal extensión que, si pudieran apiñarse todas las piezas desperdigadas
de información y analizarlas en profundidad, seríamos capaces de aprender más
sobre sus lenguas, que accediendo a sus explícitas gramáticas. Por desgracia,
este método de estudio dejaría muchas lagunas en nuestro conocimiento, lo cual
sería irritante para la gente que quiere intentar usar estas lenguas. En otros
casos, el material es tan escaso que podemos formular no una, sino varias
teorías acerca de cómo definir las reglas gramaticales de lo que estamos viendo
en cada momento, y sin tener ejemplos que nos permitan identificar la teoría
correcta. Sin embargo, le damos al Quenya un buen tratamiento, aunque algunos
de nuestros conocimientos son demasiado intuitivos. Hemos puesto aquí un resumen
de las fuentes; al menos explicaremos las abreviaturas que vamos a usar en este
trabajo.
Los primeros trabajos narrativos de Tolkien, El
Señor de los Anillos (LotR, 1954-55) y El Silmarillion (Silm, 1977), no
necesitan ningún tipo de introducción (también está El Hobbit, por supuesto, pero ese libro no contiene apenas
información lingüística y casi nada sobre Quenya). La mayoría de los nombres
élficos de personas y sitios que se encuentran en LotR (como: Aragorn, Glorfindel, Galadriel, Minas Tirith)
son Sindarin, pero hay también ejemplos sustanciales en Quenya. En LotR, se
encuentra uno de los textos en Quenya conocidos más largos: el poema Namárië, casi al final del capítulo VIII
(El Adiós a Lórien), en el Libro Segundo del Primer Volumen: "La Comunidad
del Anillo". También conocido como El
Lamento de Galadriel, este es el poema que comienza con las palabras: "¡Ai!
laurië lantar lassi súrinen..."
Varios ejemplos cortos de Quenya salpican también
LotR, como cuando Frodo habla en la
guarida de Ella Laraña:
"¡Aiya Eärendil Elenion Ancalima!", grita sin saber que está
diciendo; el Elogio a los Portadores del
Anillo que reciben en el campo de Cormallen
(parte en Sindarin y parte en Quenya); la Declaración
de Elendil tal y como la repite Aragorn
en su coronación; y el Saludo de
Treebeard (Bárbol) a Celeborn y Galadriel. La parte Quenya del Elogio de
Cormallen (tal y como ya he referido), se halla en el Volumen Tres, Libro
Sexto, capítulo IV (El Campo de Cormallen), donde dice: "¡A laia te! ¡laita te!
¡Andave laituvalmet!...¡Cormacolindor, a laita tárienna!" (La
Derrota de Sauron (SD), página 47). Esto está traducido en Cartas, página 308: "¡Benditos sean, benditos sean!
¡Grandes alabanzas para ellos!...¡Los Portadores del Anillo sean benditos
largamente!"
En el siguiente capítulo (V) tenemos la Declaración
de Elendil, repetida por Aragorn en su coronación: "Et Eärello Endorenna
utúlien. Sinome
maruvan ar hildinyar tenn' Ambar-metta". Esto
se encuentra traducido en el propio texto como: "He llegado desde el Gran Mar a la Tierra Media. En este sitio
moraremos yo y los míos hasta el fin del mundo".
El Saludo de Treebeard (Bárbol)(2) en el siguiente capítulo (VI), es: "a vanimar vanimálion
nostari", traducido en Cartas, página 308, como: "Oh!, personas maravillosas, padres de
niños maravillosos", y en la Derrota de Sauron, página 73, como: "Oh!, grandes nobles, engendradores de
grandes nobles". Esta última versión es más literal.
El material Quenya (aunque por regla general tan
solo las palabras aisladas), se encuentra también en los apéndices de LotR,
especialmente en el apéndice E.
En el Silmarillion también hay algunas oraciones
Quenya. En el capítulo 20 hay algunos gritos de batalla: "¡Utúlie' aurë!¡Aiya Eldalië
ar Atanatári, utúlie'n aurë!" (los días han llegado! En pie gente
de Eldar, Padres de los Hombres. Los días han llegado!), "¡Auta i lómë!"
(la noche pasa!), "¡Aurë entuluva!" (llegará el día otra vez!). Hacia
el final del capítulo 21, hay un lamento: "¡a TúrinTurambar turun
ambartanen!" (Oh! Turin dominador del destino, por el destino
dominado!), pero en los Cuentos Inacabados, página 138, se indica que turun
debería leerse turún' (evidentemente es
una forma acortada de la forma original turúna, donde desaparece el final -a porque la siguiente palabra empieza
también en a-). En el apéndice de
Silm, titulado Elementos de los Nombres Quenya y Sindarin, también se mencionan
algunas palabras que pertenecen a ambas lenguas.
En el caso de otras fuentes, nos bastará con algún
breve sumario, ya que estos libros y revistas (a diferencia de LotR y Silm), no
han aportado demasiadas ediciones y traducciones. Así que, simplemente haremos
referencia al libro y a la página donde se halle el tema concreto, y esperemos
que esa referencia sea suficiente. A continuación, damos la lista de
abreviaturas que emplearemos de ahora en adelante:
ÿ RGEO
"El Camino debe seguir" (nuestras páginas de referencia son las de la
Segunda Edición de 1978, ISBN 0-04-784011-0). La primera edición se publicó en
1968; esta es por consiguiente, una de las pocas fuentes aparte de LotR que se
publicaron en vida del autor, lo que le concede una autoridad extra (pues
cuando se publicaba algo, él por regla general, lo consideraba como una parte
fija e inmutable de sus mitos). Del mismo modo que RGEO es básicamente una
canción (poemas de Tolkien con música de Donald Swann), Tolkien incluyó
extensas notas en dos poemas élficos de LotR: Namárië y el himno Sindarin A
Elbereth Gilthoniel (RGEO:66-76). Además de escribirlos en la caligrafía Fëanorian, los dotó de una traducción
interlineal; esto nos permite saber con certeza que palabra significa que cosa.
También reestrenó Namárië en una versión en prosa más clara, como una
alternativa a la versión original en verso que figura en LotR
(proporcionándonos una ocasión única de comparar el estilo en verso con el de
la prosa en Quenya. Así que, de vez en cuando, haremos referencia a la
"prosa Namárië".
□ UT "Cuentos
Inacabados" (1980, ISBN 0-04-823208-4). Una colección publicada
póstumamente, de material suplementario rememorando a veces las historias de
LotR y Silm, aunque como implica el título, el autor no siempre lo acababa
todo. Es particularmente interesante para los estudiantes del Elfico, El Juramento de Cirion, que se encuentra
en UT:305: "Vanda sina termaruva Elenna-nórëo alcar enyalien ar Elendil
vorondo voronwë. Nai
tiruvantes i hárar mahalmassen mi Númen ar i Eru i or ilyë mahalmar eä
tennoio". La traducción (no del todo literal) que se
hace de este texto, es: "Este
Juramento permanecerá en la memoria de la Gloria de la Tierra de la Estrella, y
en la confianza de Elendil el Fiel, en el cuidado de estos que se sientan en
los tronos del Oeste y en el Único que está siempre por encima de los
tronos". Tolkien añadió algunas notas interesantes sobre las palabras
Quenya (UT:317), permitiéndonos analizar el Juramento detalladamente.
ÿ CARTAS:
“Las Cartas de J.R.R.Tolkien” (1981,
ISBN 0-04-440664-9). Biografía del propio Tolkien editada por Humphrey Carpenter, que también
contiene alguna información lingüística. Algunos lectores ocasionales de LotR,
remitieron a Tolkien ciertas preguntas referentes a los ejemplos del Quenya y
Sindarin encontrados en el libro y, como quiera que era su favorito, él
contestaba por regla general con detalle y amabilidad. Entre otras cosas, las
Cartas proporcionan traducciones de algnos ejemplos élficos que no se hallan
traducidos en LotR, como: Aiya Eärendil Elenion Ancalima =
“saludos Eärendil, la más brillante luz de las estrellas” (Cartas:385; ya
tenemos señalada la traducción de la Alabanza
de Cormallen en cartas:308).
ÿ MC:
“Monstruos y Críticas de otros Ensayos” (1983,
ISBN 0-04-809019-0). Este libro contiene el ensayo de Tolkien “Un Vicio Secreto” (MC:198-223), en el
que expresa sus sentimientos y teorías sobre la construcción del idioma en
general. También incluye algunos poemas élficos de los que destacaremos como
más notable “Oilima Markirya” (El
Último Arca), el cual aparece en varias versiones. La versión de Markirya más interesante para nosotros,
que se encuentra ejemplificada en LotR, está en MC:221-223 (incluye algunas
valiosas anotaciones).
Habiendo editado y publicado Silm, UT y MC, a partir
de los papeles que su padre le dejó, Christopher Tolkien comenzó lo que sería un
ambicioso proyecto: durante el período 1983-1996, publicó una serie de no menos
de doce volúmenes, dando a conocer como su padre había desarrollado sus
mundialmente famosas narraciones a lo largo de los años. La serie de la Historia de la Tierra Media (HoME), presenta verdaderas “capas” de
manuscritos que van superponiéndose unos a otros, que dan cuenta de cómo se
fueron desarrollando Silm y LotR, hasta convertirse en lo que ahora
conocemos, y presenta también otros materiales relativos a la vasta mitología
de Tolkien. Por cuestiones de espacio, doy a continuación la lista de los
volúmenes de HoME con sus
abreviaturas standard, sin extraer referencias concretas de cada uno de ellos:
· LT1: El
Libro de los Cuentos Perdidos 1 (1983, ISBN 0-04-823231-5)
· LT2: El
Libro de los Cuentos Perdidos 2 (1984, ISBN 0-04-823328-2)
· LB : Los
Poemas de Beleriand (1985, ISBN 0-04-440018-7)
· SM : La
División de la Tierra Media (1986, ISBN 0-04-440150-7)
· LR : El
Camino Perdido (1987, ISBN 0-04-440398-4)
· RS : El Regreso
de la Sombra (1988, ISBN 0-04-440669-X)
· TI : La
Traición de Isengard (1989, ISBN 0-261-10220-6)
· WR : La
Guerra del Anillo (1991, ISBN 0-261-10223-0)
· SD : La
Derrota de Sauron (1991, ISBN 0-261-10305-9)
· MR : El
Anillo de Morgoth (1993, ISBN 0-261-10300-8)
· WJ : La
Guerra de las Joyas (1994, ISBN 0-395-71041-3)
· PM : Los
Pueblos de la Tierra Media (1996, ISBN 0-216-10337-7)
Cada uno de estos libros aporta pistas a la
estructura de las lenguas de Tolkien, aunque de vez en cuando, con alguna variación
incidental (Christopher Tolkien incluyó relativamente pocos escritos
estrictamente lingüísticos de su padre, considerando el poco interés que
tendrían para la gran mayoría de lectores). Para los realmente interesados en
los idiomas tal y como aparecen en LotR, los volúmenes más importantes de HoME son: LR, WJ, SD, los cuales deberían figurar en la biblioteca privada de
cualquier estudioso serio de estas lenguas. El único poema largo que figura en
toda la colección HoME, La Canción de Fíriel, se encuentra en
LR:72, pero lo que es más importante: estos libros reproducen las tres fuentes
esenciales de documentación que citaré siempre por su nombre (como hacen la
mayoría de los estudiosos del tema). Por lo tanto, aquí las describiremos
brevemente: estamos hablando de Las
Etimologías, de los Ensayos Quendi y
Eldar y del Informe Lowdham:
1: Las
Etimologías (Etym), se encuentran
en LR:347-400 (debo explicar que hay diferentes ediciones de LR y, por
consiguiente, diferencias en las referencias de paginación; las referencias que
yo doy son las de la edición que usan generalmente los lingüistas de Tolkien).
Para los lectores causales este es, sin duda alguna, el más desconcertante
documento de toda la serie HoME; para nosotros es la fuente más importante de vocabulario
élfico. Sin embargo, no es un diccionario sin más, es una lista alfabética que
contiene alrededor de 600 raíces o “bases” primitivas. Las variadas entradas
derivadas de estas raíces, son las que aparecen en los más tardíos lenguajes
élficos (a veces también se menciona el ulterior Elfico Primitivo, siendo este el reflejo más fiel de la propia
“base”). Por ejemplo: bajo la entrada álak (LR:348), que está definida
como “precipitando”, encontramos esta serie: alk-w “cisne”: Q alka; T alpa; ON alpha; N alf.
La idea de Tolkien es que la palabra alk-w en Elfico Primitivo, deriva al (Q)uenya en alqa,
al (T)elerin en alpa, al O(viejo)N(oldorin) en alpha y al (N)oldorin en alf.
Las Etimologías se escribieron en la segunda mitad de los años treinta y la ortografía
y los conceptos generales difieren en algunos aspectos del escenario en el que
se desarrollaba LoTR tal y como se publicó a principios de los ’50 (si
tuviéramos que actualizar los ejemplos escogidos, deberíamos leer Sindarin por
Noldorin, y el alqa en Quenya (alf en Noldorin/Sindarin), debería
ser alqua
y alf
respectivamente; ambas palabras están confirmadas en los escritos más
actuales). Aunque en algunos aspectos, las Etimologías reflejan un escenario
lingüístico pasado de moda, Tolkien realizó importantes revisiones después de
escribirlas, lo que aún sigue siendo “una mina de oro” de información (y como
se ha demostrado, todo se puede quedar rápidamente anticuado si se compara con
las últimas ideas de Tolkien). De todas las lenguas que él menciona en Etym, el
Quenya es, sin duda alguna, la única que no se ve seriamente afectada por sus
subsiguientes revisiones (en el caso del Noldorin por otra parte, fue algo
chapucero con la fonética y la evolución imaginaria, alterando drásticamente su
historia interna y produciendo así, el Sindarin que conocemos por LoTR).
2: Quendi y
Eldar (QiE), se encuentra en
WJ:360-417. Esto es un ostensible ensayo de “los orígenes y significados de las palabras élficas propias de los Elfos
y sus variedades, con apéndices de sus nombres para otros Encarnados”. Es
bastante reducido y oscuro, pero afortunadamente (desde nuestro punto de
vista!), hay cantidad de disgresiones, apéndices y notas que proporcionan mucha
información extra acerca de las lenguas élficas tal y como Tolkien las vió en
el período posterior a LoTR: este ensayo data de 1959-60. Christopher Tolkien
sintió que con su publicación perdía una parte sustancial del ensayo en sí, y
suprimió esa parte (ver WJ:359,396).
Por fortuna, la sección omitida se publicó más tarde
en la revista Vinyar Tengwar, número
39. Cuando haga referencia al Quendi y Eldar (QiE), estaré refiriéndome a veces
a WJ y otras veces a Vinyar Tengwar (VT). Aunque la sección que aparece en VT
pueda apartarse del tema, tiene por supuesto, un inmenso interés para los que
estudiamos las lenguas de Tolkien.
3: El Informe
Lowdham (cuyo nombre completo es El
Informe Lowdham sobre el Lenguaje Adunaico),se encuentra en SD:413-440.Como
se deduce por el título, este informe se refiere a otra lengua que no es el
Quenya: el Adunaico (que en los
apéndices de LotR figura como Adûnaico),
la lengua vernácula de Númenor. Sin
embargo contiene también alguna información sobre Quenya, que aquí consta como Avalonio (ambos idiomas son a veces
comparados o contrastados). (Lowdham
es un personaje ficticio de Tolkien. A veces presentaba información técnica de
sus lenguas como si fueran meras alusiones o referencias a las observaciones o
puntos de vista de los personajes de su ficción. Entre sus “fuentes” ficticias
favoritas, encontramos Fëanor el más grande, pero también
el más arrogante de los Noldor, Rúmil
el sabio de Tirion y Pengolodh
el gran maestre de Gondolin: muchos
de los personajes de Tolkien, parecen compartir con él su interés por los
misteriosos escritos y las extrañas lenguas).
Las fuentes que se han citado, han sido publicadas y
editadas por Christopher Tolkien, excepto las Cartas, que lo fueron por
Humphrey Carpenter. Hay además algunos trabajos publicados por otros.Se pueden
extraer también retazos de información de “J.R.R.Tolkien,
Artista e Ilustrador”, editado por Wayne Hammond y Christina Scull. Los
resultados de la Editorial Team, escasos pero no menos importantes e
interesantes, deben también tenerse en consideración. La revista Vinyar Tengwar
(VT), editada por Carl F.Hostetter, tuvo su “edad de oro” en el período
1988-93, cuando podía mantener una publicación bimensual continua. Cuando
comenzaron a recibir el material de Tolkien (de extrema importancia para ser
publicado), a principios de los ’90, el índice de publicación cayó
misteriosamente a “un número por año” y, esta situación continuó en la
siguiente mitad de los ’90, hasta llegar a la nueva década. Los pocos números
que se han publicado no incluyen todo el material nuevo de Tolkien, tan solo algunos
resúmenes muy cortos (son además ejemplos del material más antiguo que,
generalmente, no es compatible con LotR).
Algunos pocos números destacan sin embargo, y uno de
ellos ya lo hemos mencionado: en el número 39 de Julio de 1998, Hostetter
publicó la parte de Quendi y Eldar
que Christopher Tolkien extrajo de WJ, así como el ensayo Osanwe-Kenta (este último
no es estrictamente lingüístico por su forma, pero en él Tolkien menciona
algunas palabras Quenya). También aparece algo de material útil en el número 41
de Julio de 2002, que viene a rellenar algunas lagunas de nuestro vocabulario
(en especial en lo referente al verbo “poder”), y suministra nueva información
interesante para la formación del tiempo presente. En Enero de 2002, se
publicaron en el número 43 sendas traducciones al Quenya del Padrenuestro y la
Salve; el Católico Tolkien produjo más de una versión élfica de estos textos.
Otro de los grandes logros de los esfuerzos
editoriales de ET, consiste en los vocabularios: el Lexicon Gnómico (GL) y el
Lexicon
Quenya (QL) / Qenyaqetsa (QQ). En GL se hace
también mención a algunas palabras Quenya (en la misma medida en que QL
menciona palabras gnómicas; las lenguas se comparan con relativa frecuencia).
Más adelante veremos el Qenya contrastado con el Quenya estilo LotR. Estos dos
“Lexicons”,se publicaron en los números 11 y 12 de la revista Parma
Eldalamberon en 1995 y 1998 respectivamente. Los originales fueron
escritos durante la Primera Guerra Mundial, cuando la concepción más antigua de
los mitos de Tolkien comenzaba a tomar forma: el manuscrito de QL está fechado
en 1915, el de GL en 1917. Ya se publicaron extractos sustanciales en 1983-84,
donde Christopher Tolkien sacó un gran provecho de los “Lexicones” en los
apéndices de LT1 y LT2. Antepuesto a cada Lexicon, Parma publicó también
material relacionado: una inconclusa gramática gnómica en el número 11, y
algunas descripciones fonéticas para Qenya en el número 12.
De los ejemplos mencionados del Quenya actual, me
referiré a menudo a Namárië, El Saludo de Treebeard, La Proclamación de
Elendil, El Juramento de Cirion, La Canción de Fíriel y
Markirya, simplemente por el título o el nombre, no siempre daré la
referencia del libro y la página. Con los datos ofrecidos más atrás, el
estudiante sabrá donde tiene que buscar (si se atreve a fiarse de mis notas!).
En la mayoría de los casos restantes, citaré una referencia cuando señale algo,
ya que por regla general, lo encontraremos en una de las fuentes que nos van a
permitir hacer una referencia exacta de libro y página (puesto que no hay
demasiadas ediciones que tengan diferente paginación). Cuando me refiera a
entradas de las Etimologías (en LR),
simplemente daré la cabecera de la entrada, la cual se podrá localizar
fácilmente en cualquiera de las ediciones (incluso con paginación diferente).
Unas palabras de advertencia acerca de las partes de la recopilación:
Extraída de las fuentes ya citadas, tenemos aquí una recopilación total del
Quenya, que representa unas 150 páginas aproximadamente, si las tenemos todas
(aunque la mayoría no tienen por desgracia, conexiones con el vocabulario; los
ejemplos de texto Quenya real son más raros, y probablemente cabrían en no más
de dos o tres páginas). Quiero hacer una advertencia: si lo que quieres es
aprender Quenya tal y como aparece en LotR, debes saber que no todos los
ejemplos de esta recopilación son completamente fiables (aunque si son
genuinamente Tolkien).Para evitar lo que objetivamente sería un completo
atolladero, deberemos asumir el hecho de que la variante Quenya usada en LotR
no es la única que existe. Si empiezas a analizar todos los ejemplos Quenya que
tenemos, pronto te das cuenta de que no conforman una masa homogénea. Si es cierto
que la mayoría de los ejemplos “se parecen”, sin apartarse demasiado en la
forma de las palabras, de la inspiración finesa, pero gran parte del material
más antiguo (nunca publicado en vida de Tolkien), puede usarse para crear o
presuponer palabras, declinación de terminaciones y reglas gramaticales que
difieren del sistema Quenya de LotR. No significa esto que sea completamente
distinto, pero en el material obtenido a mediados de los ’30, no había ningún
ejemplo que fuera completamente idéntico en estructura.
Tolkien era, así se ha dicho, un prodigio diseñando
idiomas. Hacerlos fijos de forma clara e inalterable era para él poco menos que
imposible. Siempre fluían nuevas ideas que quería incluir en las estructuras,
aunque fueran contradictorias y dejaran obsoleto lo que ya había escrito antes.
Podemos estar seguros de que su personaje Lowdham habla por boca de él, cuando
dice (SD:240):
“Para
inventar una lengua se tiene libertad, demasiada libertad (...) Cuando la estás
inventando, el placer o la diversión se experimentan justo en el momento en que
estás inventando; eres el maestro y marcas la ley; puedes hacerlo más divertido
cada vez, descarado. Puedes quejarte, alterarte, ser refinado, dubitativo, fiel
a tu estilo y a tus cambios de gusto u opinión..., lo que quieras...”
Con la publicación de muchos escritos póstumos de
Tolkien, tuvimos la completa evidencia de su “queja, alteración, refinamiento y
duda”. Ahora tenemos la evidencia de que el Quenya se ha reencarnado de varias
maneras, y mientras conserven el mismo “estilo general”, se parecerán a los
estudiantes primerizos, aunque actualmente difieran en algunos detalles
gramaticales, de vocabulario y de fonética. Una poderosa demostración del valor
y el alcance de las revisiones de Tolkien, se halla en el poema Markirya, del cual existe una versión
fechada en los primeros ’30 (MC:213), y otra de cuarenta años después fechada
en la última década de la vida de Tolkien (MC:221-223). Ambas versiones tienen
(casi) el mismo significado, pero la última es, en el más completo sentido de
la palabra, una “traducción” de la anterior y no una mera repetición: solo unas
pocas palabras y la declinación de las terminaciones son comunes en ambos
textos.
Así como en las fuentes anteriores a LotR Tolkien
usa la forma Qenya en vez de Quenya (aunque la pronunciación sea la misma) yo y
otros, usamos también Qenya (sobre todo en las notas) como nombre de la más
antigua variante de Quenya, que es en alguna medida diferente a la forma que
aparece por primera vez en LotR. La primera versión de Markirya, podría
denominarse como “poema Qenya”; solo
la última versión sería Quenya como
lo conocemos desde LotR. Algunos otros poemas reproducidos en MC (Nieninqe
y Earendel,
páginas 215-216), como el poema alternativo El
Último Arca de significado bien distinto al clásico Markirya (MC:221), son
también decididamente Qenya en vez de Quenya. Estos textos deben ser, por
supuesto, considerados por sus propias cualidades, pero aún debemos poner a
prueba su eficacia como material para estudio del Quenya estilo LotR.
Como era de esperar, el idioma va (en líneas
generales) siendo gradualmente similar a su “forma final”, conforme se va
acercando a la época en la que se escribió LotR. Por ejemplo, el texto
relativamente moderno de la Canción de Fíriel, es casi (aunque no del todo)
igual al estilo de LotR. Sin embargo, no deberíamos tener una visión demasiado
simplista de todo esto, pensando que Tolkien empezó en 1915 con un idioma que
era muy diferente al de LotR, y que gradualmente, se convirtió en su Quenya más
famoso, siguiendo una bella y ordenada línea evolutiva. La escasa cantidad de
material publicado, no nos permite seguir el proceso al detalle, pero es
evidente que Tolkien fue cambiándolo en su mente, no solo haciendo frecuentes
revisiones de lo último que iba escribiendo, sino profundizando además en
algunos de los primeros materiales, escritos durante WWI (3); así obtenemos una impresión general de que son más similares al
Quenya de LotR que los poemas en Qenya de los primeros ’30. Parecería que
Tolkien, en vez de progresar audazmente hacia el estilo LotR, hubiera sufrido
desviaciones en su camino, aventurándose a veces con revisiones radicales y
eventualmente, mostrándose insatisfecho y rehaciéndolo todo. En otras
ocasiones, las revisiones debían parecerle adecuadas, percibiéndolas como
genuinas mejoras, pero el proceso entero debía de ser completamente
impredecible, como en un juego sin un objetivo determinado o imaginable, sin
criterios aparentes que pudieran desembocar en mejoras. Como Tolkien hizo decir
a Lowdham: “...tu capricho es ley...”
Algunas cosas que parecen estar realmente cerca del
estilo LotR, han hecho su aparición en la última mitad de los ’30 con la
escritura de las Etimologías. Esto ni mucho menos significa que todo estuviera
completamente decidido tras la publicación de LotR en la primera mitad de los
’50; de hecho Tolkien aprovechó la
oportunidad para juguetear un poco con algunos de los ejemplos publicados en
ese libro, cuando una edición revisada apareció en 1966 (mientras que los más
quejosos daban la lata entre bastidores). Murió siete años después y hay
razones para creer que dio instrucciones (o una fórmula infalible) para fijar
la estructura del Quenya y sus otros idiomas, de forma definitiva e inamovible,
a salvo de cualquier contingencia o duda. Los miembros de la Editorial Team han
indicado que los últimos manuscritos de Tolkien, actúan por sí mismos como
testigos de una última fase de intensa experimentación, pero aparentemente, no
se desprende de ellos una final o definitiva versión del idioma. Esto no es
necesariamente un error, sino simplemente lo que le podría ocurrir al gran
compositor que nunca acabó su mejor ópera: “los cambios incesantes y las
constantes frustraciones de los que estudiamos estos idiomas, son factores
inherentes a esta obra de arte”, observa Christopher Tolkien (SD:440). En otro
sitio, refiriéndose al trabajo de su padre sobre las lenguas, declara: “de
hecho, parece que los constantes intentos por conseguir una forma definitiva
para el idioma, le produjeron una profunda insatisfacción que se traducía en el
deseo de crear siempre nuevas construcciones: quizá fue eso lo que le empujó a
tratar con tanto desdén a sus maravillosos manuscritos” (LR:342). En la medida
en que “el placer reside en la misma creación”, Tolkien “no podría” conformarse
con crear una forma definitiva. De ser así, se habría acabado muy pronto su
diversión, su placer.
No obstante, si reparamos en la intensa
experimentación de Tolkien en los 20 años siguientes a 1915, el Quenya parece
entrar en una especie de fase “estable” en la segunda mitad de los ’30. En la
década siguiente, escribió LotR en el que incluyó algunos ejemplos del Quenya
tal y como lo conocemos hoy (el ejemplo más notable es Namárië).Con la
publicación de LotR en 1954-55, estas formas se convierten en partes fijas de
su mito (a pesar de que él también jugueteó con esto en una ligera revisión de
1966). Una vez publicado LotR, ya obviamente no podía revisar sus propias obras
con la misma libertad de antes. Según parece hay indicios en los manuscritos
posteriores a LotR, que denotan precisamente eso: que se sentía coaccionado.
Esta relativa estabilidad llegaría a convertirse más tarde en buenas noticias
para los que estamos interesados en este idioma: la decisión de cómo más o
menos debía ser el idioma, nos remite a las edades remotas descritas en sus
narraciones.
Algunos (yo incluido), hemos definido esto como “Quenya maduro”. Otros, encuentran ese término indebido e irrespetuoso para con las antiguas formas del “Qenya”,aunque estas opiniones implican que, de alguna manera, ellos son inmaduros. Artística y subjetivamente, diciendo lo que en realidad pienso, la forma “final” del Quenya es más atractiva que los primeros experimentos de Tolkien, y no hay duda alguna de que este es el modelo de Quenya que deberéis aprender primero (y no las primeras variantes