Afrodita

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"Apetito y sexo son los grandes motores de la historia, preservan y propagan la especie, provocan guerras y canciones, influyen en las religiones, la ley y el arte. La creación entera es un proceso ininterrumpido de digestión y fertilidad; todo se reduce a organismos devorándose unos a otros, reproduciéndose, muriendo, fertilizando la tierra y renaciendo trasformados. Sangre, semen, sudor, ceniza, lágrimas y la incurable imaginación poética de la humanidad buscando significado…" |
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"Las manos expresan nuestras intenciones: acarician, confortan, castigan, trabajan. La buena mano para hacer una salsa es como la buena mano para dar un masaje, un atributo valioso escaso. Las salsas sensuales, esas que el amante atesora en secreto junto a los gestos más íntimos y atrevidos, requieren imaginación…" |
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"Gula y lujuria, que tantas locuras nos hacen
cometer, tienen el mismo origen: el instinto de sobrevivencia. El vínculo
ente la comida y el goce sensual es lo primero que aprendemos al nacer. La
sensación del bebé prendido del pezón, inmerso en el calor y el olor de su
madre, es puramente erótica y deja una huella imborrable para el resto de
la vida. Desde la lactancia hasta la muerte, la comida y el sexo tiene la
misma garra. En la madurez, cuando digerir y hacer el amor se convierten
en tareas. la ment |
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"Néctar de los dioses, consuelo de los mortales, el
vino es un maravilloso brebaje que tiene el poder de alejar las
preocupaciones y darnos, aunque sea por un instante, la visión del
Paraíso. No se puede
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"El beso debe ser sonoro. Su sonido, ligero y
prolongado, se eleva entre la lengua y el borde húmedo del paladar,
producido por el movimiento de la lengua y el borde húmedo del paladar, pr Uno beso dado en la superficie de los labios y acompañado por un sonido como el que hacemos para llamar a un gato, no da ningún placer. Tal beso está bien para los niños, o para las manos. El beso descrito antes, y que pertenece a la copulación, provoca una voluptuosidad deliciosa. Te corresponde aprender la diferencia. De El jardín perfumado, traducido al inglés por sir Richard Burton, en 1886.
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"En la década de los cuarenta, Anais Nin y Henry Miller sobrevivieron un tiempo escribiendo cuentos eróticos para un hombre que les pagaba por página. Este cliente, que se hacía llamar el Coleccionista, permaneció siempre anónimo, llenando de indignada curiosidad a los dos grandes autores que prestaron su talento y su pluma para satisfacer sus caprichos. Este coleccionista de pornografía no apreciaba el estilo y en repetidas ocasiones les exigió que “se saltaran la poesía” y se concentraran en el sexo, porque lo demás no le interesaba. Anais Nin le escribió una carta en la que define magistralmente la esencia del erotismo:" "Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es un obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Usted nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar el sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad. No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra. Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sensualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo su llamita extinguirse asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, inventiva, disposición, no hay sorpresas en la cama. Es sexo debe mezclarse con lágrimas, risa, palabras, promesas, escenas, celos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historias, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino. ¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no se permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco dos olores, pero si nos expandimos en esto, usted chilla: ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son las mismas, nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y la inocencia, perversión y arte…! Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted. Si ha negado sus sentidos sed, luz, color, olor, carácter, temperamento, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndolo. Sólo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos puede crear éxtasis."
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