AMERICA

EL DESCUBRIMIENTO

 

Poco o casi nada nuevo se puede decir, que no haya sido dicho ya, sobre lo que históricamente conocemos como el “descubrimiento” de América, sobre su descubridor o redescubridor, Christóforo Colombo o Cristóbal Colón, y sobre la vicisitudes y contratiempos que éste tuvo hasta llegar el 12 de Octubre de 1492 al nuevo continente. También es poco lo que se puede añadir sobre la biografía de los más importantes colonizadores que fueron llegando y las vicisitudes y “gestas” o desastres que cometieron.

La polémica surge a la hora de saber si fue verdaderamente Colón el descubridor de América, o si ésta fue visitada anteriormente por otros navegantes.

Estudios antropológicos indican que los primeros que verdaderamente pusieron pie en territorio americano fueron los euroasiáticos entre los años 30.000 y 10.000 a.c., quienes lo hicieron a través de una lengua de tierra llamada Beringia, que unía Siberia con América el Norte, hoy sumida bajo las aguas que forman el estrecho de Bering, siendo ellos los que poblaron el continente y formaron la población autóctona.

Posteriormente, se ha intentado demostrar que, en un principio fueron los fenicios, pueblo del que no se tiene conocimiento histórico hasta aproximadamente el año 2700 a. C., los primeros que descubrieron el Nuevo Continente.

Este conjunto de pueblos, que se asentaron a los largo de toda la costa que bordea el Mediterráneo, que nunca llegaron a constituir una nación, y que conocemos históricamente como los fenicios, fueron unos intrépidos navegantes que expandieron su cultura y su comercio por todo el Mare Nostrum.

Esta teoría, ante la ausencia de vestigios escritos, se basa sobre  todo, en la similitud de cultos religiosos de los fenicios y egipcios con los de mayas y aztecas. Es muy curioso, que ambos pueblos, separados por el Océano Atlántico, tuviesen dioses similares y ritos en los que se les ofrecían sacrificios humanos; que ambos momificasen a los muertos con técnicas casi idénticas, o que  ambos construyesen impresionantes pirámides.

Comienza a gestarse la idea de que los fenicios visitaron América el 11 de septiembre (curiosa fecha ¿no?) de 1872, cuando el vizconde de Sapuacahy, presidente del Instituto histórico de Río de Janeiro, recibió una carta informándole del descubrimiento, en una plantación de Paraíba, de una piedra (conocida a partir de entonces como la piedra de Paraíba), que se partió en cuatro pedazos durante la operación y que tenía una extraña inscripción cuya copia se adjuntaba. Es significativo que la pista sobre tal piedra, se perdiera para siempre. Sin embargo, algunos investigadores y eruditos creen reconocer en la inscripción copiada la escritura fenicia. Surge la controversia entre partidarios y detractores, quedando aparcada esta teoría, hasta que en 1967, un norteamericano, el presbítero Cyrus Gordon, director del departamento de estudios mediterráneos de la universidad de Brandéis, retoma el texto y afirma entonces, que a la luz de los recientes descubrimientos, la inscripción de Paraiba no podía ser una falsificación e hizo una traducción completa del texto confirmando que el rey Hiram III (552-532 a.c.) puso pié en territorio americano.

Otra teoría, pero ésta ya más documentada, defiende, que mucho antes de que Colón descubriera, sin saberlo, un nuevo Continente, América ya había sido descubierta por otros intrépidos navegantes de la historia de la humanidad, los vikingos. Pueblo que, al igual que los fenicios, nunca llegó a constituir una nación propiamente dicha, y que procedía del norte de Europa, de los fiordos noruegos, de los islotes de Suecia y de la península de Jutlandia.

Hacia el año 981 el caudillo vikingo Erick el Rojo, que había sido desterrado de Islandia, llega hasta Groenlandia, Poco después, hacia el año 986, es decir, casi 500 años antes de que Colón descubriera este continente, un comerciante vikingo, Bjarni Hergolfsson, avista América del Norte, pero se vuelve sin haber podido desembarcar. No es hasta el año 1001 que Leif Erikson, hijo de Eric el Rojo, junto a 35 hombres en una sola embarcación, emprendió una expedición con rumbo hacia las tierras al oeste de Groenlandia que había oído describir a Bjarni Hergolfsson. Parece ser, que la primera tierra que encontraron fue la gran Isla de Baffin, a la cual llamaron Helluland o tierra de la piedra lisa. Pero esta tierra no fue de su agrado y continuaron con rumbo sur y desembarcaron probablemente en la península del Labrador, a la que bautizaron como Marklandia. La expedición continuó viaje siempre con rumbo sur, hasta llegar a una nueva tierra en la cual se adentraron contactando con pobladores autóctonos a los que llamaron "skraellings" (que en nórdico significa enanos), en esta tierra abundaban las verdes praderas, ríos salmoneros e incluso viñedos a la que llamaron Vinlandia, la actual Terranova.

Todo  indica que la experiencia vikinga, en tierras de Norteamérica, no fue todo lo halagüeña que se pretendía y las tierras del nuevo continente descubierto, aún sin saberlo, caen en el olvido colectivo hasta que el 12 de Octubre de 1492, Colón redescubre América.

Por otro lado, realmente, es poco, lo que nos importa si Colón fue el primer descubridor de América, o si, por el contrario, sólo fue un redescubridor. Lo que verdaderamente tiene importancia son las consecuencias que dicho descubrimiento o redescubrimiento originó. Si los primeros descubrimientos (fenicios, vikingos, chinos), caso de haber existido, carecen prácticamente de consecuencias históricas, el de Colón produce efectos gravísimos y catastróficos sobre la población autóctona, de quienes, en un principio, se llegó a decir que no eran verdaderos seres humanos, sino que solamente lo parecían.

 

 

Pero esta aberrante afirmación fue echada por tierra con la bula papal Sublimis Deus del 9 de junio de 1537 (45 años después del descubrimiento) dada por el papa Paulo III, en la cual se consideraba a los indígenas americanos como verdaderos hombres, racionales y dotados de alma. Anteriormente, fue el papa Alejandro VI (de origen español que en realidad se llamaba Rodrigo de Borja, conocido por sus costumbres licenciosas, y que ha pasado a la historia como el Papa Borgia), quien ya había dado el nombramiento de Reyes Católicos a Isabel y Fernando, creadores de la Santa Hermandad o Inquisición Española –que, por cierto, acabó exportándose a la América hispana–, y quien por medio de las bulas "Inter Caetera" aprobó sin reservas la intención de los reyes de España de someter a los indígenas para convertirlos más fácilmente a la religión cristiana, como un acto de piedad religiosa.

Por lo tanto, el descubrimiento o redescubrimiento tiene un carácter dual, pues si los europeos descubren América y sus bonanzas, la población autóctona americana, trágicamente para ellos, descubren a los europeos.

La conquista de América, gracias a las “capitulaciones de conquista” –semejantes a las de descubrimiento–, se efectuó de una forma rápida, ya que la empresa, en lugar de ser responsabilidad de la Corona, era trasladada a manos privadas. Estas capitulaciones consistieron en delegar en un individuo la responsabilidad de la acción para dominar un territorio indígena insumiso, que luego sería propiedad de la Corona. Dicho individuo corría con todos los gastos de la misma y se beneficiaría con una gran parte del botín que pudiera lograr durante ella. La Corona, como dueña potencial del territorio recién dominado, imponía las condiciones (demarcación territorial, plazo en que debía realizarse ésta, ciudades que se asentarían en el territorio, etc.) y otorgaba las mercedes que estimaba oportunas (títulos, nombramientos, derecho a repartir tierras y solares, rebajas de derechos, etc.). Recibiría además lo que se conocía como el “quinto real” o 20% del botín que se capturase. A estos botines, a veces miserables, se añadieron algunos incentivos más. Uno de ellos, que comenzó a utilizarse por Hernán Cortés en la conquista de México, consistía en el secuestro del jefe indio o algún otro personaje importante y exigir una importante cantidad de oro, a cambio de la liberación, liberación que no se produjo en ninguno de los casos que se conocen.  Otros incentivos fueron las “encomiendas”, privilegios por las que cada señor podía disponer de un número determinado de indígenas que trabajaran para él; y los “solares” por la que se les asignaban las tierras que serían de su dominio.

Estas capitulaciones trajeron como consecuencia el que hombres sin escrúpulos, ávidos de poder y riquezas (tipo Francisco Pizarro, quien, para más inri, lo hizo sin firmar antes las debidas capitulaciones), se embarcaran hacía el Nuevo Continente. Con ellos, llevaron la muerte, en forma de espadas de acero toledano, cañones, mosquetes, lanzas, pero sobre todo llevaron con ellos el arma más terrible y que fue la que más diezmó a la población indígena, nuevas enfermedades y virus contra los que éstos no tenían defensa alguna. Detrás de ellos llegó la Iglesia, con su evangelización forzosa como forma de dominación indígena y con El Santo Oficio o Santa Inquisición española que se encargaba de detener, torturar y ejecutar a los herejes que no abrazasen la religión cristinana.

Pero lo que verdaderamente motivó la colonización y conquista del Nuevo Continente, no nos engañemos, fue la ambición, el ansia de riquezas, el oro, la persecución de Eldorado, que a lo largo de la historia ha sido la causa de la fundación de muchos imperios. Casos como el de Pizarro en Perú fueron habituales y les reportaron copiosos beneficios. Pizarro en 1532, valiéndose de un engaño a Atahualpa le hizo prisionero. Éste, le ofrece a cambio de su libertad una habitación llena de oro y dos más llenas de plata. Los españoles aceptaron, pero, cuando ya habían conseguido el rescate, asesinaron a Atahualpa y conquistaron la ciudad. Casos como éste fueron sumamente habituales durante la conquista. Algunos historiadores apuntan que hacia América se dirigían los barcos cargados de hombres sin escrúpulos y regresaban llenos de oro, plata y otros metales preciosos.

Las ocupación colonial durante varios siglos por las potencias europeas dejó en América una estela de subdesarrollo y dependencia. Una vez obtenida la independencia política de las antiguas colonias, éstas no han podido estabilizar sus aparatos productivos, económicos, ni culturales, legados por los colonizadores durante muchos años de ocupación. Al sentido de la ocupación agreguemos los problemas acumulados por los propios pueblos sometidos, debido, sobre todo, a la falta de perspectivas razonables y viables de desarrollo colectivo e individual. Individual, debido a que las burguesías nacionales no han podido desarrollarse de manera independiente dentro de los marcos nacionales, y colectivos, debido a la fuerte influencia de valores, primero del sistema colonial y luego por el sistema capitalista imperialista, que ha sometido sus mercados internos a los intereses de las grandes multinacionales.

Por ello, cualquier explicación sobre la expansión mercantil, el surgimiento del capitalismo y su apogeo, debe incluir la idea de la explotación colonial y el aporte de América Latina al enriquecimiento europeo. Cualquier explicación sobre la historia latinoamericana, inversamente, debe incluir la profunda acción de Europa en el moldeamiento o deformación de la economía colonial.

Este cúmulo de hechos, se traduce en que la población autóctona sea diezmada de forma alarmante. Es difícil y los historiadores no se ponen de acuerdo en la cantidad de muertes que el descubrimiento y la posterior conquista produjo, por lo que las cifras que se expresan han de ser tomadas con la debida cautela. Si bien, es cierto, que la mayoría de los historiadores coinciden en que entre un 70% y un 86% de la población autóctona, dependiendo de las zonas y de la fuente que suministra la información, desapareció para siempre, lo que traducido en números reales supone entre 60 y 70 millones de indios en toda América. Sirva como ejemplo, que en menos de una década después de la primera llegada de Colón, la población nativa de la Isla de la Española, que contaba con miles y miles de habitantes, se redujo a un tercio. Antes de que terminara el siglo XVI, la población nativa de Cuba y de las otras islas del Caribe había sido completamente exterminada.

No obstante, conviene distinguir entre lo que fue la conquista española y la anglosajona, pues, si la primera durante los años de conquista diezmó la población de manera alarmante, durante los años de la colonización, el genocidio se suavizó y aunque continuó oprimiéndola, la conservó como mano de obra esclavizada. Esta convivencia hizo que se mezclara la población española con la indígena produciendo el mestizaje. Por el contrario, la anglosajona tuvo un carácter más racista, fue infinitamente más cruel, sistemáticamente más sangrienta y genocida que la española. Desde Inglaterra, Suecia y Holanda, sobre todo durante los siglos XVIII y XIX, llegaron millones de europeos ávidos de riqueza. El ansia expansionista de estos colonos, les llevó, ante la necesidad de tierras para sus cultivos y su ganado, al mismísimo exterminio de tribus y etnias enteras, con tal de  arrebatarle las tierras a los verdaderos propietarios de ellas, a los indios.

Pero el descubrimiento, la posterior conquista y la colonización que abarca desde el siglo XV hasta el XIX, no ha terminado aún. Hasta el mismo Galeano, afirma con mucha lucidez: "Los indios de las Américas, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Para ellos, la conquista continúa. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio (matar al otro) fueron ejecutados en nombre de Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre de Dios del progreso" y de la falsa integridad nacional.

En síntesis, actualmente, podemos afirmar que las consecuencias que produjo el descubrimiento de América fueron varias y de distinto orden. Una de ellas es que el centro económico pasa del Mediterráneo y del Canal de la Mancha al Océano Atlántico, debido precisamente al incremento del comercio mundial y el desarrollo de la agricultura, además de que la importación de los nuevos productos coloniales (tabaco, patatas, maíz, …) contribuyeron al posterior crecimiento demográfico europeo, lo que se traduce en una mayor demanda de dinero, cuestión que favoreció el desarrollo capitalista. La gran afluencia de oro y plata produjo un alza de los precios lo que hizo que España y Portugal se convirtieron en siglo XVI (Siglo de Oro) en las grandes potencias de Europa. Se produjo una considerable sobreexplotación de las riquezas naturales que se transportan a Europa, lo que conllevó, en un principio, la usurpación de los terrenos a los indígenas, lo que produjo a su vez una disminución considerable de su población (genocidio), y un empobrecimiento y esclavitud de la misma, amén de un desplazamiento de sus propios hábitats naturales. Posteriormente, se da, debido a la convivencia, un mestizaje entre europeos, americanos y africanos. Hubo una expansión del catolicismo por el continente americano, tanto en los territorios castellanos como en los portugueses y del protestantismo en la América anglosajona. Comienza un proceso de europeización del mundo, que se acelera considerablemente en el siglo XVII.

Por último, no quisiera terminar el presente artículo, sin hacer una referencia al Primer Encuentro Continental de Pueblos Indios, celebrado en Quito, en Julio de 1990 y en el que se acordó, ante la celebraciones programadas para el Quinto Centenario, la publicación del siguiente acuerdo:

 

LOS PUEBLOS INDIOS DE AMERICA

  • Rechazamos rotundamente la celebración del Quinto Centenario.
  • Ratificamos nuestro proyecto político de autodeterminación y conquista de nuestra autonomía, en el marco de los estados nacionales, bajo un nuevo orden popular.
  • Exigimos respeto a nuestro derecho a la vida, a la tierra, a la libre organización y expresión de nuestra cultura.
  • Consideramos vital la defensa y conservación de los recursos naturales que están en nuestros territorios, actualmente agredidos por las transnacionales.
  • Reconocemos el importante papel de la mujer indígena en las luchas de nuestros pueblos.
  • Exigimos una educación bilingüe intercultural para la sociedad en su conjunto.
  • Reafirmamos el derecho de practicar nuestras creencias y de tener nuestros lugares sagrados. En vez de celebrar los 500 años, las iglesias deben pedirnos perdón y compartir nuestro dolor.
  • Rechazamos el pago de la deuda externa y exigimos indemnización por el genocidio, masacres y saqueo a nuestros pueblos.
  • Apoyamos la realización de un Tribunal de los Pueblos para enjuiciar los 500 años de invasión.
  • El 12 de Octubre no debe ser más el Día de la Raza o del Descubrimiento, sino Día de Luto por la destrucción de nuestras culturas.

                                                                              Ácrata

 

 

Algunos de los mejores links que he encontrado en la red mientras indagaba para la confección de este artículo.

 

http://www.angelfire.com/extreme/genio/heroes/colonheroe.html

http://lucy.ukc.ac.uk/Sonja/RF/Sppr/spain_t.htm

http://www.temakel.com/losonasqueyanuncamasestara.htm

http://personal.readysoft.es/jmcasasempere/anuario.htm

http://www.logoscorp.com/clientes/oci/cultind1.htm

http://www.fpcn-global.org/tribes/americas/south/ayoreos/history-spanish.html

http://www.jornada.unam.mx/2001/ago01/010808/010n1pol.html

 

 

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